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El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.
Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».
En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.
La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.
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Un informe de la ONU muestra el fracaso del Acuerdo de París y que nos encaminamos hacia un colapso climático


Científicos y ambientalistas hablan de desastre climático al referirse al grado de
destrucción ambiental en el planetaPor Jefferson Choma
Mientras los jefes de Estado y los negociadores llegan a Belém para la 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 30), resuena una advertencia de la ONU: el mundo está a punto de superar, de forma definitiva, el límite de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, un umbral considerado extremadamente peligroso para el calentamiento global. Según el nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), incluso si se cumplen todos los compromisos asumidos desde el Acuerdo de París, la temperatura media del planeta aumentará entre 2,5 °C y 2,9 °C hasta finales de siglo. En otras palabras, el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C ha fracasado. Y, con él, también se ha derrumbado la creencia de que bastaría con «ajustar el rumbo» del capitalismo verde para salvar el planeta.
Las cifras son contundentes. El PNUMA estima que las posibilidades de contener el calentamiento en 1,5 °C son hoy nulas; de mantenerlo por debajo de los 2 °C, solo del 8 %. Incluso los objetivos «mínimos» de mitigación solo reducirían las posibilidades de colapso a niveles estadísticamente irrelevantes. En resumen, avanzamos hacia un escenario de calentamiento de entre 2,3 °C y 2,5 °C, incluso si se cumplen todas las promesas actuales.
El capitalismo, como indica una lectura atenta del informe, es incapaz de detener la catástrofe que él mismo ha provocado.
El motor fósil sigue acelerando
El contraste entre el discurso diplomático y político y la realidad es evidente. En lugar de reducir la producción de combustibles fósiles, las potencias económicas están ampliando la producción. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la producción mundial de petróleo alcanzará los 105,8 millones de barriles diarios en 2025 (2,7 millones más que en 2024) y llegará a los 107,9 millones en 2026.
El Informe sobre la brecha de producción 2025, también de la ONU, confirma el abismo: los países planean producir un 120 % más de petróleo, gas y carbón hasta 2030 de lo que sería compatible con el objetivo de 1,5 °C. Mientras los líderes hablan de una «transición energética justa», la maquinaria fósil avanza, impulsada por ganancias multimillonarias.
Al borde del colapso
Los efectos ya son visibles. Por primera vez, en 2024, la temperatura global superó de manera permanente la marca de 1.5 °C con respecto a los niveles preindustriales. En camino hacia los 2 °C, el planeta se acerca a un punto de inflexión irreversible: el derretimiento acelerado de los casquetes polares, el deshielo del permafrost (liberando gases y patógenos milenarios), el colapso de la biodiversidad y la destrucción de ecosistemas clave.
La Amazonía, uno de los principales reguladores climáticos del planeta, también se encuentra al borde del abismo. Los científicos advierten que, si entre el 20 % y el 25 % de la selva se destruye, dejará de absorber carbono y comenzará a emitir gases de efecto invernadero. Hoy en día, ya ha perdido alrededor del 17 % de su cobertura original. El colapso de la Amazonia significaría el fracaso de la regulación hídrica de América del Sur, la multiplicación de fenómenos extremos y el avance de pandemias provocadas por desequilibrios ecológicos.
Nos enfrentamos a una crisis civilizatoria que amenaza con desintegrar sociedades, destruir fuerzas productivas e imponer un retroceso histórico sin precedentes.
El discurso de Lula en la COP 30
La elección de Belém como sede de la COP 30 debería simbolizar un nuevo protagonismo ambiental brasileño. Pero el país llega al evento en medio de contradicciones flagrantes.
Por un lado, la extrema derecha bolsonarista sigue siendo una enemiga declarada del medio ambiente, defendiendo abiertamente la invasión de tierras indígenas, el desmantelamiento de la legislación ambiental y la reanudación de la «boiada» si vuelve al poder.
Por otro lado, el gobierno de Lula, aunque adopta un discurso supuestamente «progresista», ha reforzado políticas que profundizan la destrucción ambiental. En su discurso de apertura de la COP, Lula afirmó: «Acelerar la transición energética y proteger la naturaleza son las dos formas más efectivas de contener el calentamiento global. Estoy convencido de que, a pesar de nuestras dificultades y contradicciones, necesitamos hojas de ruta para, de manera justa y planificada, revertir la deforestación, superar la dependencia de los combustibles fósiles y movilizar los recursos necesarios para estos objetivos». Bonitas palabras, pero alejadas de la práctica. ¿Cómo conciliar el compromiso con la transición energética con el entusiasmo del propio gobierno por la explotación petrolera en la Amazonía? Los estudios muestran que, si se extrajera y quemara todo el petróleo de la región, se liberarían entre 4 y 13 mil millones de toneladas de CO₂, equivalentes a las emisiones combinadas de China y Estados Unidos en 2020. Las contradicciones no terminan ahí. Lula saludó a la Amazonía y a sus pueblos en su discurso, diciendo: «En el imaginario global, no hay mayor símbolo de la causa medioambiental que la selva amazónica. Aquí corren los miles de ríos y arroyos que conforman la mayor cuenca hidrográfica del planeta. (…) Por eso, es justo que sea el turno de los amazónicos de preguntar qué está haciendo el resto del mundo para evitar el colapso de su hogar». Pero, en la práctica, el gobierno defiende políticas que llevan a la Amazonia cada vez más cerca del colapso. Lula apoya la pavimentación de la BR-319, que será un corredor de deforestación que atravesará el corazón de la selva, y la construcción de Ferrogrão, un ferrocarril que conectará Mato Grosso con Pará para transportar la soja de la agroindustria, atravesando zonas indígenas y unidades de conservación. Además, avanza la privatización de las vías navegables de los ríos Madeira, Tocantins y Tapajós, transformando los mayores cursos de agua amazónicos en autopistas fluviales para la exportación de materias primas.
Estos proyectos forman un paquete de bombas climáticas que amplían la deforestación, perpetúan el modelo extractivista y someten al país a los intereses del capital internacional. Mientras tanto, el gobierno negocia con los Estados Unidos de Trump la explotación de minerales críticos y tierras raras, y concede exenciones fiscales multimillonarias a centros de datos que consumen enormes volúmenes de energía y agua, sin ningún retorno social.
Entre el discurso y el abismo
El contraste entre el discurso verde y la práctica negacionista revela el estancamiento estructural de la política ambiental brasileña y global. El capitalismo, dependiente de la expansión infinita del consumo y la extracción de recursos finitos, no puede resolver la crisis climática sin negarse a sí mismo. La COP 30, por lo tanto, será una vez más un escaparate de promesas vacías. Mientras los líderes posan para las fotos y proclaman compromisos, la máquina fósil sigue girando, acelerada, lubricada por las ganancias y la retórica
«progresista».Belém será el escenario simbólico de una elección: mantener el modelo que empuja al planeta al colapso. El tornado de categoría F3 que destruyó una ciudad en Paraná fue una pequeña demostración más de que el futuro ya ha llegado. O tomamos las riendas de la historia y superamos el capitalismo, o la humanidad se enfrentará a una catástrofe sin precedentes.
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La represión estatal egipcia fue formado por el occidente


By M.A. AL GHARIB
La liberación de Alaa Abdel Fattah de una prisión egipcia a finales de septiembre volvió a poner de relieve uno de los regímenes más brutales del mundo, un Estado que impone el encarcelamiento y la represión política a un amplio sector de la sociedad.
Todos los revolucionarios celebran la liberación de Alaa y expresan su respeto por su resistencia disciplinada, así como por las luchas sociales desde abajo que presionaron al régimen para que lo liberara. Como socialistas revolucionarios, también es nuestro deber seguir denunciando los horrores del estado carcelario egipcio y solidarizarnos con los miles de otros presos políticos que siguen languideciendo en sus mazmorras. Una parte fundamental de esta tarea, especialmente para los revolucionarios de los países imperialistas, consiste en denunciar que la represión del Estado egipcio es producto del imperialismo occidental. Si esa represión no sirviera a los intereses imperialistas occidentales, como mínimo se vería seriamente debilitada y ofrecería mayores oportunidades a los revolucionarios egipcios para derrocarla.
Los presos políticos en Egipto
Desde que ayudó a liderar la revolución egipcia de 2010-2011, Alaa Abdel Fattah ha sido objeto de repetidos ataques por parte del Estado egipcio. A pesar de todo lo que ha sufrido durante la última década y media, sigue siendo un activista dedicado a la democracia. Ha sido encarcelado en numerosas ocasiones y ha pasado la mayor parte de los últimos 12 años en prisión, cumpliendo recientemente una condena de seis años por cargos falsos de «difusión de noticias falsas».
Para llamar la atención no solo sobre su caso, sino también sobre el de los miles de presos políticos en Egipto, así como sobre el carácter brutal del régimen de Abdel Fattah al-Sisi, Alaa emprendió valientemente una serie de huelgas de hambre. La más notable de ellas coincidió con la Cumbre del Clima COP27 celebrada en Egipto en 2022. Encarcelado en el complejo penitenciario de Tora, fue sometido a un trato brutal, se le negó la luz del sol, el aire fresco, la representación legal y las visitas. Su liberación fue el resultado de años de trabajo solidario, liderado por su familia y sus compañeros activistas, tanto en Egipto como a nivel internacional.
Tras la liberación de Alaa, miles de personas siguen en prisión. De hecho, la magnitud de los encarcelamientos políticos bajo el régimen de Al-Sisi eclipsa la de sus brutales predecesores, y se ha disparado al transformar el procedimiento administrativo rutinario de la prisión preventiva en una maquinaria de detenciones masivas. Los métodos de las fuerzas de seguridad incluyen el uso generalizado de la desaparición de personas de la calle sin informar a sus familiares o abogados, junto con acusaciones infundadas y sin pruebas de actividades terroristas. Los encarcelados pasan meses o incluso años en prisión.
Durante la misma semana en que Alaa fue liberado, las fuerzas de seguridad egipcias detuvieron al periodista Ismail Alexandrani, al sindicalista Shady Mohamed y al dibujante Ashraf Omar. Estos son solo algunos de los más destacados entre las decenas de miles de personas que se encuentran en prisión como parte del incesante proyecto de Al Sisi para aplastar a los disidentes.
Según el informe de fin de año de Amnistía Internacional para 2024, el Estado egipcio detuvo a 1594 personas consideradas presos políticos durante ese año. Entre los detenidos se encontraban «periodistas, abogados, manifestantes, disidentes, políticos de la oposición y personas críticas con el historial del Gobierno en materia de derechos humanos y su gestión de la crisis económica». Las desapariciones forzadas y la tortura son habituales, y las condenas a muerte y las ejecuciones son comunes tras «juicios manifiestamente injustos».
Además: «Las mujeres y las niñas, las minorías religiosas y las personas LGBTI sufrieron discriminación, violencia y persecución por ejercer sus derechos humanos. Las autoridades no protegieron los derechos económicos y sociales durante la crisis económica, no ajustaron adecuadamente las medidas de seguridad social ni garantizaron que las empresas privadas cumplieran con el requisito del salario mínimo. El Gobierno introdujo una nueva legislación que pone en peligro la asequibilidad de la atención sanitaria. Continuaron los desalojos forzosos de los asentamientos informales. Miles de refugiados y solicitantes de asilo, la mayoría procedentes de Sudán, fueron detenidos y expulsados arbitrariamente».
Entre los casos más conocidos se encuentran el del político Yehia Hussein Abdelhady, acusado de difundir «noticias falsas», detenido el 31 de julio de 2024 tras publicar en Facebook mensajes críticando Al Sisi y el ejército y en apoyo del cambio de régimen; Rasha Azab, activista por los derechos de las mujeres y periodista que ha sufrido un acoso constante por parte del régimen por sus críticas a la respuesta del Estado al genocidio israelí en Gaza; Ashraf Omar, detenido en julio tras publicar una viñeta en la que criticaba el plan del Gobierno de vender activos estatales; y Khaled Mamdouh, periodista del sitio web de noticias Arabic Post. Tanto Omar como Mamdouh están acusados, al igual que Alaa Abdel Fattah y tantos otros, de «difundir noticias falsas». Se trata de personas de clase media, más privilegiadas. Es aterrador pensar en el trato brutal que el régimen inflige a la mera clase trabajadora.
Las detenciones llueven sobre quienes participan en los actos más inocuos. En 2022, The New York Times informó de que las fuerzas de seguridad detuvieron a un político por «considerar» presentarse a las elecciones en oposición a Al Sisi. Dos mujeres en el metro de El Cairo, a las que se oyó quejarse del aumento de las tarifas, fueron encarceladas. Un joven recluta militar que publicó en Facebook un meme de Al Sisi con orejas de Mickey Mouse fue detenido por los matones de la seguridad y encerrado en una celda.
Según informó Jacobin en 2020, las prohibiciones de viajar también son habituales y se cuentan fácilmente por cientos, si no por miles. Según el informe, a la mayoría de los activistas ya no se les permite salir de Egipto, ya sea por vacaciones o por motivos profesionales. Los destacados activistas y periodistas Aida Seif al-Dawla, Gamal Eid y Hossam Bahgat se encuentran entre los más perseguidos.
El mencionado artículo del Times de 2022 da una idea del proceso de desaparición. En 2018, Waleed Salem, estudiante de doctorado de la Universidad de Washington-Seattle que estudiaba el poder judicial egipcio, fue detenido y acusado de «unirse a un grupo terrorista [y] difundir noticias falsas». Salem describió ambos cargos como «absurdos, fáciles de refutar» y carentes de pruebas. Sin embargo, en realidad, «estaba atrapado».
«Detenido en prisión preventiva, el Sr. Salem nunca fue juzgado ni acusado formalmente de ningún delito. En cambio, cada vez que agotaba el período de detención legal, un fiscal prolongaba su encarcelamiento en una audiencia que duraba unos 90 segundos. «Los primeros cinco meses, intentas convencerte a ti mismo de que solo son cinco meses», dijo el Sr. Salem. «Pero cuando pasan los cinco meses y sigues allí, empiezas a temer lo peor».
El papel del imperialismo occidental
El presidente Biden, justo después de las elecciones de 2020 y tras prometer durante la campaña electoral «ostracismo» a los dictadores por violaciones de los derechos humanos, normalizó las relaciones tanto con Muhammad Bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, como con Sisi. La represión estatal en Egipto no solo sirve para aplastar la oposición interna a un régimen burgués brutal, sino que también sirve al imperialismo occidental. Los servicios que el Estado egipcio ofrece al Occidente incluyen la compra de armamento y tecnología de «seguridad nacional», el suministro de una fuerza subimperial rentable para garantizar la «estabilidad» (es decir, aplastar los movimientos progresistas desde abajo en toda la región de Oriente Medio y África del norte) y la creación de un amortiguador para Israel, colonial y genocida.
La historia de la condición de cliente de Egipto en relación con el imperialismo occidental se remonta al final de la era de Nasser a finales de la década de 1960. Cuando Estados Unidos se unió a la URSS para poner fin sin ceremonias al intento británico-francés-israelí de invadir el canal de Suez tras el intento de Nasser de nacionalizarlo en 1956 (la llamada crisis de Suez), las dos «superpotencias» anunciaron su llegada como nuevas potencias hegemónicas mundiales. Sin embargo, no fue hasta que los israelíes aplastaron a los ejércitos árabes liderados por Nasser en la Guerra de 1967 cuando Estados Unidos comenzó a ver a Israel como útil en el proyecto de hegemonía imperialista occidental en Oriente Medio y el Norte de África. En la Guerra de Octubre de 1973, Israel ya se encontraba firmemente en el bando estadounidense.
También fue durante la década de 1970 cuando el sucesor de Nasser, Anwar Sadat, comenzó a alejar a Egipto de la política anticolonialista del nasserismo, al ver los beneficios —al menos para la burguesía egipcia— de una orientación prooccidental. Fue durante esta época cuando Sadat inició la llamada Infitah («apertura»), un giro neoliberal que aún hoy sigue destripando la sociedad egipcia. El acuerdo de Camp David de 1979 con Israel, bajo la tutela de Estados Unidos —considerado por el Sur Global, en particular Palestina, como una traicionera paz separada— fue la culminación de la política de Sadat. Egipto se consolidó entonces como cliente de Estados Unidos. La avalancha de ayuda financiera occidental y el consiguiente aumento de la vigilancia estatal interna, bajo el control del odioso Mubarak, a partir de entonces oscurecerían el horizonte de Egipto.
Los trabajadores y los refugiados pueden «comer heno»
El Estado egipcio puede contar con el apoyo financiero fiable del Occidente. Como se analiza en el informe anual de Amnistía Internacional de 2024, para evitar la crisis económica y financiera en Egipto durante ese año, el Fondo Monetario Internacional, la UE, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos prometieron alrededor de 57 000 millones de dólares en inversiones, préstamos y ayuda financiera. En marzo del mismo año, la UE anunció un paquete de financiación de 7400 millones de euros (8000 millones de dólares) para Egipto y, en septiembre, Estados Unidos proporcionó al régimen de Al Sisi 1300 millones de dólares en ayuda.
Tanto el paquete de Estados Unidos como el de la UE venían acompañados de exenciones en materia de derechos humanos. Todo ello en beneficio del aparato estatal represivo egipcio. Mientras tanto, los trabajadores de Egipto, al igual que sus homólogos estadounidenses y europeos, pueden «comer heno», como dice el refrán árabe. Los trabajadores egipcios, por ejemplo, se enfrentaron a una crisis galopante del coste de la vida, con una inflación anual que en otoño de 2024 alcanzó un impresionante 24,9 %.
Aunque la UE justifica sus acuerdos con el Estado egipcio como una forma de promover «la democracia, las libertades fundamentales, los derechos humanos y la igualdad de género», los detalles reales son reveladores. La mayor parte de la ayuda de la UE se destina a «fortalecer las fronteras», en lo que Egipto, junto con Túnez y Mauritania, tiene la tarea de controlar a los migrantes que se dirigen a Europa, especialmente los procedentes de Libia y Sudán. El acuerdo entre la UE y Egipto de 2023, que lleva el nombre orwelliano de «Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional» (NDICI), se justificó como una contribución a «la erradicación de la pobreza y la promoción del desarrollo sostenible, la prosperidad, la paz y la estabilidad», pero en realidad se trataba de otro acuerdo de seguridad fronteriza. Como han señalado los Socialistas Revolucionarios con sede en Oriente Medio y Norte de África, el verdadero objetivo de estos acuerdos es mantener a los refugiados fuera de la UE.
Estados Unidos financia la explosión del estado carcelario egipcio
El apoyo de Estados Unidos al Estado egipcio ha sido, como casi todo bajo el régimen burgués estadounidense, un compromiso bipartidista. Aunque Trump se ha referido a Al Sisi como «mi dictador favorito», fue Obama quien supervisó el cambio hacia una mayor represión de la disidencia interna.
Fue justo después del golpe de Estado de 2013, que llevó a Al Sisi y al ejército al poder dictatorial, cuando Estados Unidos desplazó este apoyo del material militar hacia tecnologías de represión interna, como software de vigilancia, drones y seguridad fronteriza. Esto ha supuesto una gran ventaja para la industria de la «seguridad nacional» estadounidense. Esto también implica una explosión de la vigilancia y la represión internas: Egipto ha construido casi un tercio de sus sesenta y dos prisiones desde 2011. Se trata de prisiones en las que están recluidos más de 60 000 presos políticos, lo que representa alrededor del 60 % del total de presos.
La colaboración de Egipto con Israel durante el genocidio de Gaza
Mientras tanto, los mismos Estados Unidos y la Unión Europea, especialmente Alemania, son responsables de la gran mayoría de los suministros de armas a Israel. La colaboración con Israel es otro servicio esencial que prestan los regímenes árabes reaccionarios. Egipto desempeña un papel destacado en este sentido, por ejemplo, vigilando la frontera con Rafah, garantizando que el hambre de los habitantes de Gaza y la impunidad de Israel sigan sin cuestionarse, y contribuyendo al mismo tiempo a la economía israelí como importante importador de su gas natural.
En los últimos años, a pesar de las protestas simbólicas contra el genocidio de Israel, Egipto, Qatar, Bahréin, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, junto con Israel, han profundizado su participación en las estructuras de «seguridad» lideradas por Estados Unidos. Un ejemplo es la denominada Estructura de Seguridad Regional, inspirada en la alianza imperialista de intercambio de información «Five Eyes» (Los Cinco Ojos: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos). Además de compartir datos de radares y sensores entre ellos, uno de los objetivos clave de la estructura es la búsqueda y destrucción de los túneles subterráneos de Hamás, un elemento clave para la supervivencia de los habitantes de Gaza durante años de genocidio y décadas de desmodernización de la Franja de Gaza impuesta por Israel y Estados Unidos. Todo ello se basa simplemente en el papel que desempeñaba Egipto antes del genocidio, proporcionando una zona de amortiguación para la impunidad israelí en la Franja. A nivel nacional, el Gobierno de Al Sisi, al igual que el de sus aliados en la estructura de seguridad, aplasta cualquier protesta espontánea en favor de Palestina, utilizando muchas de las prácticas de represión mencionadas anteriormente.
La importancia de las luchas desde abajo
La represión de los disidentes egipcios e incluso de muchas personas apolíticas se lleva a cabo en gran medida en Occidente. Estados Unidos y la UE financian la represión, suministran las herramientas para llevarla a cabo y miran hacia otro lado. Al igual que en otras partes del Sur Global poscolonial, esta represión sirve tanto a los intereses del imperialismo como a los de la burguesía nacional.
En Estados Unidos, las gigantescas «Días Sin Reyes» recientes ofrecen una importante oportunidad para construir un movimiento de masas a favor de un cambio radical. Si bien estas protestas son un importante indicador del estado de ánimo de las masas, también se caracterizan por la confusión política. En particular, muchas de las consignas de las protestas exigían el restablecimiento del orden liberal anterior a Trump. Muchas pancartas celebraban a los «padres fundadores» o denunciaban cómo Trump, Miller y otros supuestamente contradicen los «valores estadounidenses». Se nos dice que Trump está tomando prestado de «un manual autoritario».
Todo esto confunde tanto la dinámica material de los giros autoritarios de Estados Unidos a Alemania, Reino Unido, Francia y otros países, como borra el papel del imperialismo occidental en el auge de la extrema derecha. Además, normaliza la democracia liberal como el límite de las luchas de clases: la demanda más audaz que permite a nuestros movimientos es la restauración de la democracia burguesa, que fue en sí misma un terreno fértil para la extrema derecha. «Estados Unidos ya es grande», como dijo Hillary Clinton.
La idea de que los presidentes de Estados Unidos, la CIA y el FBI, etc., necesitan lecciones de autoritarismo de los países semicoloniales es ridícula. Como socialistas, debemos educar a nuestros movimientos en el hecho de que Occidente tiene un interés permanente en el autoritarismo y que Estados Unidos y la UE contribuyen de manera desmesurada a las tendencias de extrema derecha y a la represión a escala internacional, especialmente en la periferia semicolonial e imperial.
Los tipos de autoritarismo y tácticas fascistas utilizados «en el extranjero» tienen una larga historia en el núcleo imperial, especialmente en Estados Unidos. Como muchos revolucionarios negros han reconocido desde hace tiempo, existía y existe una profunda conexión entre la segregación de Jim Crow, los genocidios coloniales europeos y estadounidenses de los indígenas y los métodos de los nazis y los regímenes fascistas.
Además, ¿qué otra cosa son las colonias de colonos blancos y europeos del apartheid de Sudáfrica, Rodesia, Israel, las colonias portuguesas en África, etc., sino magníficos ejemplos de los «valores occidentales»? Como dijo el ex primer ministro israelí Ehud Barak, quien los liberales consideran como una «paloma», sobre Israel: Es una villa civilizada en la «jungla» de la «barbarie» árabe. Escuchen las palabras de cualquier colono portugués, afrikáner o rhodesiano hablando de lo que hacían en el sur de África y de lo empapados que estaban de la arrogancia de llevar la «civilización» europea a los «violentos y atrasados bárbaros africanos».
Lo más importante es que lo que se oculta es la relación dialéctica entre el capitalismo, el autoritarismo y el fascismo. El capitalismo es intrínsecamente autoritario incluso en tiempos de funcionamiento «normal»: antisindical, hostil a la democracia directa y a cualquier independencia de la clase trabajadora, totalmente cómodo recurriendo al racismo y otras formas de opresión para afianzar la desorganización de la clase trabajadora. La clase capitalista recurrirá al fascismo cuando el capitalismo, como inevitablemente sucederá, caiga en crisis y si se permite que esos momentos de crisis se extiendan. Cuando la clase capitalista no tiene otra alternativa para reactivar la rentabilidad que la destrucción total de las capacidades de reproducción social de la clase trabajadora, como los sindicatos y todos los demás ámbitos de la vida independiente de la clase trabajadora, recurrirá al fascismo.
Lejos de ser utópico, el énfasis de los socialistas revolucionarios en la independencia y la militancia de la clase trabajadora desde abajo es la única forma en que nuestros movimientos pueden defendernos eficazmente contra los ataques de la derecha y ofrecer alguna esperanza para la transformación del capitalismo en socialismo. Así lo subrayan nuestros compañeros de la Red de Solidaridad del Medio Oriente y África del Norte, que escriben sobre la liberación de Alaa de la cárcel: «Desde los sindicatos y las conferencias hasta las protestas y vigilias frente al Hospital St. Thomas de Londres, la presión colectiva mantuvo vivo su caso… El indulto de Al Sisi no es un acto de buena voluntad. Es un derecho constitucional impuesto por la solidaridad internacional y el temor a una nueva revuelta. El régimen sigue gobernando mediante la represión, tratando de borrar el espíritu de 2011».
El espíritu de 2011 es, en última instancia, lo que asusta al Estado egipcio y a sus patrocinadores imperialistas. Los movimientos de masas desde Egipto hasta Siria, pasando por el Golfo y Yemen hasta el norte de África, se atrevieron entonces a asaltar los cielos. Han pagado muy caro por su valentía y, aunque ese espíritu revolucionario puede estar en declive, sus brasas aún titilan. Para adaptar una metáfora de Marx, el capitalismo genera poderes radicales, que son como un viejo topo, excavando «a menudo sin ser detectado, bajo la superficie». El topo sabe bien cómo trabajar bajo tierra, «para aparecer de repente: la revolución».
Foto: El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi.
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La administración Trump revoca el Estatus de Protección Temporal de los refugiados


Por JAMES MARSH
La administración de Trump ha decidido que las limitadas protecciones humanitarias que ofrece el Estatus de Protección Temporal (TPS) a millones de refugiados son «contrarias al interés nacional». Esto incluye las protecciones que se ofrecían anteriormente a los refugiados de una lista de países víctimas del imperialismo estadounidense, entre ellos Haití, Honduras y Afganistán, junto con el más reciente país en el punto de mira de la maquinaria bélica imperialista, Venezuela.
El 7 de noviembre, unos 250 000 venezolanos perdieron su protección TPS en Estados Unidos. La medida se deriva de una decisión del Tribunal Supremo del 3 de octubre, que revocó una decisión de un tribunal inferior y se puso del lado de la administración Trump, abriendo el camino para la eventual expiración del estatus TPS de al menos 350 000 exiliados venezolanos que viven en este país. Sin el TPS, estas personas pierden no solo su protección contra la deportación, sino también sus permisos de trabajo y sus licencias de conducir.
Esto forma parte de una contrarreforma más amplia del sistema de inmigración que ignora el derecho humanitario y sirve para aumentar la vulnerabilidad de las comunidades de inmigrantes de clase trabajadora. Si bien el Estatus de Protección Temporal solo ofrece protecciones limitadas a los refugiados y comparte los defectos del sistema de inmigración estadounidense en general, este retroceso en las protecciones humanitarias tendrá efectos desastrosos en las comunidades de inmigrantes y volverá a sumir a los refugiados en condiciones de vida peligrosas. El movimiento obrero debe estar preparado para defender a las comunidades de inmigrantes y avanzar en la lucha por los derechos de los inmigrantes hacia la libertad de movimiento para todos.
¿Qué es el Estatus de Protección Temporal?
El TPS ofrece protección humanitaria a los inmigrantes en los casos en que la deportación los devolvería a condiciones peligrosas. A diferencia del estatus de refugiado reconocido legalmente, que tiene un límite en el número de visados concedidos, y del estatus de asilo, que se concede tras la llegada a Estados Unidos, el TPS surgió de las luchas políticas sobre el estatus de refugiado.
A los refugiados que huían de la represión estatal en El Salvador y Guatemala en los años 80 y 90 no se les ofreció el estatus de refugiado o asilo debido a los estrechos vínculos entre el gobierno de Estados Unidos y las dictaduras de esos países. El TPS se ofreció como una medida provisional para que los refugiados pudieran permanecer en los Estados Unidos temporalmente, incluso mientras el gobierno estadounidense seguía respaldando la violenta represión llevada a cabo por los escuadrones de la muerte en sus países de origen. El TPS proporcionaba una suspensión de la deportación durante 18 meses, susceptible de prórroga, y, aunque no ofrecía una vía para obtener la ciudadanía, podía ir acompañado de otras vías legales para obtenerla.
Sin embargo, el hecho de que el TPS no ofrezca una vía para obtener la ciudadanía es un defecto crítico a la hora de ofrecer protección humanitaria. En lugar de ofrecer una vía estable para la integración, el TPS mantiene a los refugiados en la condición de trabajadores invitados, sometidos a un estado permanente de vigilancia, vulnerabilidad e incertidumbre tras años.
Es esta falla de incertidumbre perpetua la que fue explotada por la administración Trump al revocar este estatus temporal de forma masiva para los refugiados de Afganistán, Honduras, Nicaragua, Haití, Camerún, Nepal, Siria y Venezuela. Si bien la legalidad de algunas de estas decisiones fue impugnada en los tribunales de distrito, el Tribunal Supremo dictaminó el 3 de octubre que se podía proceder a la supresión de las protecciones del TPS.
¿Por qué se está revirtiendo el TPS?
La narrativa presentada para justificar esta reversión del TPS es la de la «criminalidad», que asocia la inmigración indocumentada con la infracción de la ley y, al mismo tiempo, con la violencia criminal. Es una narrativa que las administraciones demócratas también adoptaron con su lógica de utilizar el sistema de deportación para separar a los inmigrantes buenos de los malos, lo que implica que algunos inmigrantes sean totalmente malos e inherentemente criminales. Esta afirmación está siendo impulsada ahora por la administración Trump para privar a los inmigrantes de sus derechos básicos. Se basa en afirmaciones manifiestamente falsas, ya que los inmigrantes indocumentados tienen índices de criminalidad relativamente bajos en comparación con la población general, y además utiliza la categoría de criminalidad para privar a las personas de sus derechos humanos al huir de una violencia que pone en peligro su vida.
La revocación del TPS y su justificación forman parte de un proyecto más amplio de la deportación masiva con un flagrante desprecio por los derechos humanos. La devastación causada en las comunidades de clase trabajadora por las redadas del ICE ha provocado manifestaciones masivas, lo que a su vez ha llevado a la administración Trump a intentar utilizar la Guardia Nacional para silenciar esta disidencia, como ocurrió con la ocupación de Los Ángeles tras las protestas por los derechos de los inmigrantes.
Este aumento de deportaciones masivas forma parte de una contrarreforma más amplia del sistema de inmigración estadounidense liderada por la extrema derecha. En los casos en que se mantienen las vías legales para los inmigrantes, los derechos que ofrecen estas vías son más limitados y temporales. Esta contrarreforma ha recurrido a programas de trabajadores invitados y a pagos exorbitantes por los visados, al tiempo que rechaza las protecciones humanitarias para los refugiados. Esto incluye la exorbitante tasa anual de 100 000 dólares impuesta el 18 de septiembre al visado H-1B para trabajadores de sectores especializados, como el tecnológico. También incluye la defensa por parte de Trump de los programas de trabajadores invitados, inspirados por los que se utilizan en los Estados del Golfo para importar trabajadores sin ofrecerles una vía para obtener la ciudadanía, lo que haría que los trabajadores inmigrantes dependieran de sus empleadores para permanecer en el país.
Estas restricciones a los derechos de los inmigrantes forman parte de una larga historia de restricción de los derechos de los inmigrantes en beneficio de la clase capitalista. Los acuerdos de libre comercio como el TLCAN, puesto en marcha en 1994, ofrecen libertad de movimiento para el capital, no para los trabajadores o los refugiados. Los ataques contra las comunidades de inmigrantes en Estados Unidos y Europa las han situado en primera línea del retroceso autoritario de los derechos que caracteriza el auge de los gobiernos populistas autoritarios de extrema derecha tras la Gran Recesión, mientras que la clase capitalista las utiliza como campo de pruebas para la expansión del encarcelamiento masivo y la vigilancia política.
Las políticas que restringen los derechos de los inmigrantes sirven para aumentar la vulnerabilidad de los trabajadores inmigrantes y profundizar su explotación. Los trabajadores inmigrantes tienen menos capacidad para defender sus derechos laborales y se les disuade de organizarse públicamente por miedo a llamar la atención, lo que los hace más vulnerables a la explotación y debilita la capacidad de organización de toda la clase trabajadora en su conjunto. Este estado perpetuo de precariedad se vio en cierto modo creado por el TPS como medida temporal, pero su derogación hace que esta precariedad sea aún más grave.
¿Qué podemos hacer?
Las preocupaciones inmediatas por el retroceso de los derechos de los inmigrantes por parte de la administración Trump deben entenderse como un ataque a la clase trabajadora en su conjunto. Estos ataques a las comunidades de la clase trabajadora exigen un movimiento masivo de la clase trabajadora, con una respuesta unificada de las organizaciones de inmigrantes en solidaridad con los sindicatos y los grupos activistas de base, y con la participación democrática de los trabajadores inmigrantes.
Debemos exigir el fin de las deportaciones y de todos los ataques del Gobierno contra los inmigrantes. Las personas a quienes les importan las libertades civiles básicas deben luchar por la libertad de movimiento como un derecho humano. Una sociedad sin fronteras es posible bajo un gobierno de la clase trabajadora.
Foto: Protesta por los refugiados salvadoreños frente a la Casa Blanca en 2018 (Pablo Martínez Monsiváis / AP)
Fuentes:
• «Protección temporal, contradicción duradera: los significados controvertidos y contradictorios del estatus migratorio temporal», Miranda Cady Hallett, Law & Social Inquiry 39, n.º 3, 2014. http://www.jstor.org/stable/24545672.
• «Trump quiere poner fin a la protección temporal para más de un millón de inmigrantes. ¿Qué significa eso?», Tim Sullivan, Associated Press, 20 de mayo de 2025. https://apnews.com/article/immigration-temporary-protected-status-parole-trump-8a1358964032129ba84f10aab071ba68
• «Miedo e incertidumbre ante la decisión de la Administración Trump de poner fin al TPS para varios países», Shelby Bremer, NBC San Diego, 18 de julio de 2025. https://www.nbcsandiego.com/news/local/trump-administration-ends-tps-for-several-countries/3871875/
• «Cómo funciona el sistema de inmigración de Estados Unidos», American Immigration Council, 24 de junio de 2024. https://www.americanimmigrationcouncil.org/fact-sheet/how-united-states-immigration-system-works-fact-sheet/
• «Los clientes de un grupo de San José demandan a la administración Trump por una tasa de 100 000 dólares para el visado H-1B, calificada de «extorsión»», Ethan Baron, The Mercury News, 3 de octubre de 2025. https://www.mercurynews.com/2025/10/03/san-jose-sue-trump-100000-h-1b-fee-extortion/
• «Cómo hacer que la inmigración sea aceptable en una era populista», The Economist, 22 de octubre de 2025. https://www.economist.com/finance-and-economics/2025/10/22/how-to-make-immigration-palatable-in-a-populist-age
• «Anti-Blackness and the Criminalization of Immigrants» (La anti-negrura y la criminalización de los inmigrantes), Sarah Hamilton-Jiang, podcast The Other Side of the Water: Immigration, and the Promise of Racial Justice (El otro lado del agua: la inmigración y la promesa de la justicia racial), 6 de octubre de 2020. https://www.jeanvnelson35.org/anti-blackness-and-the-criminalization-of-immigrants-part-one
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La Voz – Edición noviembre-diciembre 2025

Los nuevos giros en la situación política de Estados Unidos plantean importantes desafios para el pueblo. Estas cuestiones se abordan en la edición de noviembre-diciembre de 2025 del periódico Workers’ Voice:
El pésimo acuerdo de alto el fuego en Gaza ya se ha roto. ¿Qué significan las nuevas hostilidades para los palestinos que luchan por la liberación en la Franja de Gaza? La lucha contra el terror de la migra en nuestras comunidades sigue siendo una prioridad en la lucha por defender las libertades civiles. ¿Qué significa la elección de Zohran Mamdani en Nueva York? ¿Cómo se aplicará el memorándum represivo antidemocrático de Trump NSPM-7, que va en contra de los derechos de libertad de expresión? ¿Qué dicen los socialistas de Venezuela y Colombia frente las amenazas imperialistas a sus países?
En este número también se puede leer sobre la fantasía reaccionaria de la «tradwife», la «crisis en el campo» y la lucha por reincorporar al Dr. Tom Alter como profesor de la Universidad Estatal de Texas tras haber sido despedido injustamente.
La edición de noviembre-diciembre de 2025 de nuestro periódico ya está disponible en formato impreso y en línea en formato pdf. ¡Lea hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en pdf! Como siempre, agradecemos cualquier donación para ayudar con los gastos de impresión.
Haga clic en la imagen para leer el periódico en español e ingles, o envíenos un mensaje para obtener una copia impresa.
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El nuevo album de Rosalía: una meditación multilingue sobre el amor, sagrado y profano


Lux, de Rosalía, ofrece un magnífico asemblaje de pop operístico multilingüe entremezclado con meditaciones católicas sobre la divinidad y la corporalidad, el amor y la venganza
Por Carlos Sapir
De principio a fin, Lux, el último álbum de la cantante catalana Rosalía, pasa de una altura operística a otra. Ya sea con el coro maximalista y la orquesta de violines de la canción inicial «Sexo, Violencia y Llantas» y su sencillo previo al lanzamiento «Berghain», las alegres alturas pop de «Reliquia» o los estilos cromáticos trap de «Porcelana», Rosalía es experta en fusionar con suavez los varios géneros musicales en un hermoso y opulento tapiz.
En cierto modo, Lux es una vuelta a sus orígenes, mucho más similar a los dos primeros álbumes de Rosalía, Los Ángelesy El mal querer, que a Motomami, su carta de amor al reguetón. A pesar de la variedad de los estílos músicos del álbum, Lux huye en gran medida de los ritmos latinoamericanos que caracterizaban a Motomami.
Por otro lado, vuelven las palmas y los giros vocales flamencas que eran el centro de su sonido en El mal querer, aunque su peso es menor en comparación con los grandiosos solos operísticos, los coros de iglesia y las composiciones claramente clásicas que dominan a Lux.Temas de contradiciones
Temáticamente, las meditaciones de Rosalía sobre la divinidad, la blasfemia, el amor y la venganza también son similares a las de sus dos primeros álbumes, aunque esta vez con matices católicos más pronunciados. Desde la portada del álbum, que muestra a la cantante vestido de monja y luciendo la expresión y los labios pintados de oro de una estatua romana, hasta los títulos de las canciones que hacen referencia a reliquias religiosas, pasando por la meditación de la primera canción «quién pudiera venir de esta tierra/y entrar en el cielo y volver a la tierra», hasta la afirmación directa en «De Madrugá» de que «la cruz en el pecho calibra mi cuerpo» contra la tentación de la venganza. Esto no quiere decir que el álbum sea un esfuerzo por evangelizar: A Rosalía le encanta jugar con las contradicciones del amor sagrado y profano. En «Berghain», que lleva el nombre de la legendaria discoteca gay de Berlín, un coro de iglesia alemán que suena como si acabara de terminar de cantar el Himno a la Alegría de Beethoven anuncia un peán de comunión, Björk declara que «the only way to save us is through divine intervention» («la única forma de salvarnos es a través de la intervención divina»), y luego es interrumpida bruscamente por Yves Tumor gritando repetidamente «I’ll fuck you ’til you love me» («Te voy a follar hasta que me ames») como una amenaza violenta. En otra parte, Rosalía expresa su necesidad de perseguir a su amante como un imperativo divino en la canción titulada «Dios es un stalker».
Una mezcla de lenguas
Además de mezclar géneros sin miedo, Lux traspasa las fronteras lingüísticas. Aunque predominantemente cantado en el español peninsular característico de Rosalía, con influencias del vocabulario calé (romaní andaluz), el álbum también incluye versos y estribillos cantados por Rosalía en catalán, inglés, alemán, árabe, ucraniano, japonés, latín, portugués e italiano. En entrevistas, Rosalía expresó su ambición de haber incluido «todos los idiomas del mundo» si hubiera podido; al fin y al cabo, Rosalía sigue siendo humana y el álbum cabe en una duración económica de 50 minutos. El abanico lingüístico de Rosalía es único y encantador, aunque en última instancia su alcance global parece ser más «viajera mundial» que «internacionalista». Mientras que algunos idiomas (portugués e italiano) tienen canciones completas y el inglés aparece salpicado por todo el álbum, otros idiomas tienen menos presencia. Un estribillo en latín por aquí, una palabra en ucraniano por allá… La interpretación de Rosalía de algunas de estas frases es tan rápida y operística que puede resultar difícil de entender, incluso si se conoce el idioma en cuestión y se escucha con atención. Las seis líneas de poesía japonesa de Rosalía en «Porcelana» son un poco más complejas que los llantos de North West «こんにちは私の名前はノースちゃん!カリフォルニア!から!東!京!イエス様王様» («¡Hola, me llamo North-chan! ¡De California! ¡To! ¡Kio! ¡Señor Jesús, Señor Rey!»), en el “Childish Things” de FKA twigs a principios de este año, pero aún así suena un poco extraño. Rosalía, a pesar de sus inflexiones globales, no aborda mucho la política mundial, aunque cabe destacar que reserva sus expresiones más profundas de venganza para el ucraniano en «De Madrugá», con el estribillo «Я не шукаю помсту, помста шукає мене» (Yo no busco venganza, la venganza me busca a mí). Su uso del árabe para expresar una lealtad que desgarra el mundo es más oscuro (من أجلك أدمر السماء، من أجلك أهدم الجحيم، فلا وعود ولا وعيد | «por ti destruiría los cielos, por ti derribaría el infierno, sin promesas ni amenazas», cantado con una interpretación operística que es casi imposible de entender a pesar de su belleza musical). Otras combinaciones son más obvias: «Berghain» se canta en alemán, porque Berghain está en Alemania.
Sin embargo, si la mayor crítica a un álbum es que su artista no domina más de diez idiomas, significa que se trata de un álbum bastante sólido. Rosalía debería ser elogiada por intentar algo que ninguna otra estrella del pop de su talla ha hecho en los últimos tiempos, si es que lo ha hecho alguna vez, aunque su alcance global sea más católico que internacionalista. En un momento global en el que las potencias imperialistas están redoblando sus ideologías chovinistas de superioridad nacional, el arte que traspasa fronteras y abraza otros idiomas es aún más valioso.
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Mamdani gana victoria fuerte en Nueva York


Por Tony Stabile
Zohran Mamdani, miembro de la DSA (Socialistas Democráticos de América) y asambleísta del estado de Nueva York en representación de partes de Queens, ha ganado las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Nueva York. Mamdani recibio más que un millón de votos, que incluyeron grandes cantidades en los barrios obreros, tanto como en los centros liberales o “progresistas” de clase media. Su elección demuestra un gran apoyo a las políticas de izquierda y puede marcar un nuevo capítulo en la política interna del Partido Demócrata. Para la clase trabajadora, su elección supone una nota esperanzadora, pero también ambivalente.
Mamdani’s victory came in the midst of strong Democratic Party gains in many other areas of the country in the Nov. 4 election. Polls of voters in New York City, as in other places, showed that most saw the rising cost of living as the major issue that motivated their choice in the election. Many media commentators view the Democratic victories as an explicit rejection of President Trump’s policies.
La victoria de Mamdani viene junto con avances del Partido Democrata en muchas otras areas del país en la elección de 4 de noviembre. Las encuestas en la Ciudad de Nueva York, tanto como en otros lados, mostran que la mayoría identifico el crecimiento de sus gastos de vida cómo la cuestión central que motivó sus votos. Muchos comentadores de la prensa identifican las victorias de los demócratas como el repudio explicito de las políticas de Trump.
Mamdani se aleja de sus políticas anteriores
Mamdani se presentó a las elecciones a la alcaldía como un candidato prácticamente desconocido. Con poco más del 1 % de los votos en febrero de este año, el enfoque de Mamdani en las reformas económicas cotidianas y su experiencia en las redes sociales le ayudaron rápidamente a saltar a la fama. Mientras Cuomo y Adams seguían envueltos en diversos escándalos sexuales y financieros, Mamdani esbozó una visión socialdemócrata para abordar cuestiones como la crisis de la vivienda en Nueva York, el alto coste del cuidado infantil, la falta de financiación del transporte público y el aumento de los precios de los alimentos.
Mamdani ganó las primarias demócratas contra todo pronóstico. La cúpula del Partido Demócrata se opuso enérgicamente a su candidatura. Líderes demócratas como el senador Chuck Schumer y el representante Hakeem Jeffries se negaron a apoyar a Mamdani en las primarias, mientras que los representantes de Nueva York Laura Gillen y Tom Suozzi atacaron directamente a su política. Gillen calificó a Mamdani como «la opción absolutamente equivocada para Nueva York», y Suozzi expresó su «grave preocupación» por el asambleísta. Por no hablar de los decenas de millones de dólares de los principales donantes demócratas (entre ellos el multimillonario Michael Bloomberg) que se destinaron al intento del Super PAC de Cuomo de derrotar a Mamdani en las primarias.Tras conseguir la nominación del Partido Demócrata, la estrategia de Mamdani en las elecciones generales supuso un marcado retroceso con respecto a sus audaces propuestas políticas. Mamdani declaró a Steven Colbert en el Late Show que apoyaba el derecho de Israel a existir, un sentimiento que también transmitió al director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, en reuniones a puerta cerrada. Se ha alejado de las críticas sustantivas a la altamente militarizada policía de Nueva York, manteniendo a Jessica Tisch, heredera multimillonaria y comisionada de la policía de Nueva York bajo Eric Adams, en su cargo actual. Mamdani también ha insinuado en reuniones privadas que tiene la intención de transigir en su propuesta de «impuesto a los millonarios», una política básica de su campaña en las primarias.
Crisis en el Partido Demócrata
Tras las desastrosas elecciones presidenciales de 2024, así como dos años de cobarde inacción ante el ataque de Donald Trump a los derechos civiles de los inmigrantes, la comunidad LGBTQ y las mujeres, el Partido Demócrata se encuentra una vez más en un momento de crisis. Ni los demócratas ni los republicanos pueden afirmar que representan a la clase trabajadora. Aparte de sus políticas capitalistas contrarias a los intereses de los trabajadores, la mayoría de los trabajadores no votan habitualmente en ninguna elección. El escaso apoyo que los demócratas tenían entre la clase trabajadora, la población negra y los latinoamericanos se está erosionando día a día. Su intento de cortejar a los votantes ricos y con títulos universitarios también ha fracasado, ya que su programa político a favor del genocidio y la austeridad ha alcanzado niveles históricos de impopularidad.
Por su parte, Mamdani no oculta su plan para revitalizar el decrépito Partido Demócrata. Durante la campaña electoral, Mamdani dijo a los residentes de color y a los inmigrantes de Nueva York que votaron a Trump debido al apoyo de los demócratas al genocidio en Gaza, su política exterior belicista y la inflación, que quería que el Partido Demócrata «volviera a trabajar para ellos». Y su retórica se ha ido desplazando gradualmente hacia la derecha, en consonancia con este objetivo.
Queda por ver si la elección de Mamdani cambiará la estrategia general del Partido Demócrata. Sin embargo, es probable que cualquier cambio de este tipo sea superficial. La creciente dependencia de Mamdani del apoyo de los multimillonarios de Nueva York y del aparato del Comité Nacional Demócrata (DNC) indica que la política de su administración seguirá el consenso del Partido Demócrata, en lugar de liderarlo.
¿Qué significa esto para los trabajadores?
Desde la primera campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016, los trabajadores de Estados Unidos han sido testigos de un auge de las campañas demócratas supuestamente antisistema. El movimiento de Sanders dio lugar a la representante Alexandria Ocasio-Cortez, quien, a su vez, inspiró a innumerables candidatos locales, estatales y federales. Es raro ver cualquier primaria demócrata sin algún candidato de este tipo «progresista». Mientras tanto, a pesar de esta oferta casi ilimitada de políticos que profesan políticas antirracistas y a favor de la clase trabajadora, persiste en Estados Unidos un movimiento creciente y peligroso de populismo de derecha.
Estos políticos «progresistas» que se presentan como demócratas, a pesar de sus buenas intenciones, se ven obligados por las exigencias de los ricos donantes del Partido Demócrata y la presión política de los altos cargos del partido a dar la espalda a los intereses de la clase trabajadora a costa de su carrera política. Por ejemplo, Ocasio-Cortez votó a favor de romper la huelga de los ferroviarios en 2023, y Sanders hizo una intensa campaña para elegir a Biden, que apoyó incondicionalmente el genocidio en Gaza con ayuda financiera y militar. Más recientemente, Sanders ha llegado incluso a expresar un cauteloso apoyo a las catastróficas políticas de inmigración de Trump.
La elección de Mamdani es una poderosa señal de la popularidad de las políticas de izquierda. Sin embargo, los trabajadores no necesitan otro político que se comprometa con los patrones y los terratenientes. El Partido Demócrata los ha producido a un ritmo vertiginoso durante más de un siglo.
En la ciudad más grande de nuestro país, los trabajadores y los inmigrantes sufren alquileres astronómicos, violencia policial e infraestructuras degradadas. Mamdani, que hizo campaña para resolver estos problemas, llega a acuerdos secretos con los mismos capitalistas, policías y propietarios que se benefician de ellas. Como siempre, la tarea de los trabajadores y sus aliados es crear sus propias organizaciones independientes y luchar directamente contra la clase capitalista, no poner su destino en manos de otro político más que se presenta por un partido capitalista.
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El «alto el fuego» en Gaza: un pésimo acuerdo, ya roto


Por JAMES MARKIN
Desde que los emisarios de Trump cerraron el acuerdo entre Netanyahu y varios grupos armados palestinos, la situación en Gaza ha sido contradictoria y confusa. Por un lado, los palestinos celebraron poder salir de los odiados campos de refugiados y regresar a sus hogares. Por otro lado, las matanzas no han cesado e Israel ha aprovechado la oportunidad para lanzar una campaña de bombardeos contra el Líbano.
Desde una perspectiva diplomática, la situación actual tiene dos elementos claves. Los bloques imperialistas de Estados Unidos y Europa dedicaron los meses antes de la apertura de la ONU en Nueva York a negociar una visión conjunta de la «paz» en Gaza. Se trata de un plan de colonización total bajo el dominio del verdugo imperialista Tony Blair. Luego, Trump obligó a Israel a aceptar un acuerdo de «alto el fuego» con Hamás que les exigía retirarse y permitir la entrada de alimentos en Gaza en cambio por la liberación bilateral de prisioneros. Este acuerdo de alto el fuego no contiene algunas de las partes más objetables del «plan de paz» general, como el desarme de Hamás o la creación de una autoridad internacional que gobierne Gaza en su lugar.
Israel nunca cumplió plenamente su parte del acuerdo, ya que continuó con los bombardeos, que están explícitamente prohibidos por el acuerdo, y no permitió la entrada de ayuda en Gaza, otro requisito claro del acuerdo. De hecho, Israel no ha abierto el paso fronterizo de Rafah, lo que constituye otra violación.
El 18 de octubre, ocho días después de la entrada en vigor del «alto el fuego», la Oficina de Medios de Comunicación de Gaza registró 47 violaciones israelíes del acuerdo. Entre ellas se incluye el asesinato de toda una familia de 11 habitantes de Gaza el 17 de octubre, cuyo unico delito fue cruzar la «línea amarilla», una línea imaginaria trazada por el ejército israelí y no publicada, que marca los límites de su zona de operaciones actual. Durante el fin de semana del 18 de octubre, tras los enfrentamientos en Rafah que provocaron la muerte de dos soldados israelíes, Israel anunció que suspendería toda la ayuda humanitaria y lanzó una serie de brutales bombardeos contra la población civil de la Franja de Gaza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, al menos 40 personas murieron.
El 28 de octubre, en una sola noche, al menos 104 habitantes de Gaza fueron masacrados en una oleada de bombardeos israelíes. El 3 de noviembre, el número de muertos en Gaza desde que se acordó el «alto el fuego» había alcanzado al menos los 236. Las matanzas perpetradas por el ejercito israelí son especialmente graves a lo largo de la «línea amarilla».
Aunque el plan de paz a largo plazo de Trump exige que el ejercito israelí se retire finalmente fuera de las fronteras de la Franja de Gaza (sin la zona de amortiguación), la historia sugiere que el ejercito israelí pueda insistir en permanecer dentro de esta línea amarilla, dejando esencialmente la mitad de la Franja de Gaza bajo ocupación israelí directa. Estos temores se han hecho más reales en las últimas semanas, ya que el ejercito ha comenzado a instalar marcadores amarillos que indican dónde creen que está la frontera.
Aunque Hamás y sus fuerzas aliadas aún no han aceptado el plan completo de Trump, el 14 de octubre acordaron permitir que un «comité palestino temporal» de tecnócratas independientes administrara las partes de la Franja de Gaza que Israel no controla directamente. Durante las recientes visitas de Trump y Vance a Israel, anunciaron la formación del Centro de Coordinación Civil-Militar, un comando militar internacional dirigido por Estados Unidos con sede en Israel. El plan es que la fuerza internacional que ocupará Gaza esté bajo el mando del CCCM.
Aún no están claros los detalles de cómo se intenta llevar a cabo el «desarme» de Hamás por parte de la fuerza armada internacional. Sin embargo, está claro que el objetivo final de esta política es convertir Gaza en una colonia estadounidense, bajo la ocupación de esta fuerza internacional liderada por Estados Unidos. Está claro que, si esto se lleva a cabo, Estados Unidos habrá hecho lo que Israel no pudo hacer: eliminar la resistencia armada en la Franja de Gaza.
Por eso Estados Unidos quiere mantener vivo el acuerdo de alto el fuego: tanto para mantener el prestigio de Donald Trump como para permitir la aplicación del plan de toma de control internacional de Gaza. La pregunta es si Trump mantendrá la presión sobre Netanyahu que permitió que se anunciara el acuerdo en primer lugar.
Está claro que Israel no mantendrá la letra del acuerdo en cualquier caso. Pero siguen existiendo importantes dudas sobre si Israel realmente tiene la intención de salir de Gaza. Está claro que Israel ha sufrido un duro golpe diplomático durante el último año y que la aprobación del público hacia el Estado sionista entre la clase trabajadora de los patrocinadores imperialistas del país está en su punto más bajo. Es posible que intenten mantener solo las partes del acuerdo que les benefician, como hicieron con éxito en las anteriores conversaciones de paz en Cisjordania, gran parte de la cual ha sido ahora anexionada de facto. La cuestión de si su guerra genocida termine siendo una victoria o una derrota dependerá de los términos acordados al final de este nuevo proceso de negociación entre Estados Unidos, los Estados árabes, la Autoridad Palestina, Hamás, otros grupos armados y el Estado de Israel.
Ya hemos visto el impacto de la heroica ola de huelgas llevadas a cabo por los trabajadores italianos como parte del movimiento «Blocchiamo Tutto» (Bloqueemos todo) contra el apoyo italiano a Israel. En última instancia, los trabajadores deben mantener la presión sobre los gobiernos imperialistas mediante manifestaciones masivas y, cuando sea posible, huelgas como las de Italia.
Foto: Mahmoud Isleem / Anadolu
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Como enfrentar a la migra


Por Valentina Salgado
En las últimas semanas, Los Angeles, Washington DC, Memphis, Portland, Chicago y otros centros urbanos han sido el blanco de redadas de la migra, respaldadas por tropas federales movilizadas so pretexto de combatir el crimen. El violento operativo en Chicago iniciado el 8 de septiembre demostró que ni las leyes, ni los tribunales, ni la constitución impedirán que el gobierno de Trump agudice sus ataques a inmigrantes, trabajadores, juventudes, y oprimidos. Esa madrugada, cientos de efectivos de ICE, CBP y la Guardia Nacional con el Operativo Midway Blitz (una clara referencia a la letal guerra relámpago nazi – blitzkrieg –en la segunda guerra mundial) saltaron de helicópteros de guerra sobre edificios del barrio obrero de Southshore, derribando puertas y rompiendo ventanas, agrediendo a los habitantes con gases lacrimógenos y granadas de estruendo, maniatando a niños aterrorizados, y disparando balas de goma por doquier. Hasta la fecha, Midway Blitz continúa con sus brutales ataques, y ha detenido a más de 3000 inmigrantes que el gobierno califica de “criminales” y varios ciudadanos.
Escenarios similares se repiten por todos los centros urbanos “santuario” para inmigrantes y donde haya oposición a las políticas de Trump, lo cual se suma a las redadas “de rutina” por todo el país. Según el DHS (Ministerio de Seguridad Nacional, que incluye a ICE) en lo que va del año, ya deportaron a 548.000 personas, la mayoría sin antecedentes delictivos sin proceso legal alguno, mientras que en los centros de detención tienen a unas 60.000 personas en condiciones inhumanas. Todo esto es posible gracias al aumento dramático del presupuesto y reclutamiento para ICE y CBP: más de 85 mil millones de dólares (compárese con el presupuesto anual total de Guatemala, de 19 mil millones) para más armas, servicios de biometría, centros de detención, y miles de nuevos agentes reclutados entre la escoria de la sociedad.
Las comunidades inmigrantes no se han quedado cruzadas de brazos ante esta escalada brutal. Han respondido de dos maneras, en general: formando Redes de Respuesta Rápida (RRR) y cabildeando a favor de leyes en municipios y estados que prohíban la colaboración de las policías locales y agencias públicas con ICE, con un modelo como el del Immigrant Trust Act en varios estados. Las RRR dan talleres sobre derechos civiles que en teoría tenemos todos, mantienen líneas telefónicas de emergencia donde llamar cuando aparece ICE, despachan patrullas con activistas que intentan ahuyentar a los agentes, documentando su conducta y asesorando a los afectados.
Este modelo de RRR se ha difundido por todo el país gracias a ONGs (organizaciones no gubernamentales) como NDLON (National Day Laborer Organizing Network), Resistencia en Acción, Movimiento Cosecha, Raíces, Mijente, Sagrado Corazón, Amigos de Guadalupe, El Concilio y muchas más, que actualmente dirigen el movimiento inmigrante. Las RRR atraen a cientos de activistas, desde estudiantes a amas de casa, nativos o ellos mismos también inmigrantes, promoviendo la solidaridad y la capacidad de lucha. Sin embargo, los resultados de este modelo son desiguales: a veces, las RRR logran impedir las detenciones, e infunden fuerzas a las familias inmigrantes al verse apoyadas. Pero al ser pequeños equipos móviles de composición cambiante, no constituyen una presencia ni constante ni numerosa en los barrios, y por ello difícilmente puedan contribuir a la autoorganización y movilización defensiva de estas vecindades.
La segunda estrategia de las ONGs, la de cabildear a políticos Demócratas y presionar a los consejos municipales y legislaturas para que aprueben medidas que amparen a los inmigrantes impidiendo colaboraciones entre agencias locales y ICE, al igual que RRR ha servido para convocar y movilizar activistas. Eso debe celebrarse. Al mismo tiempo, ¿de qué sirve una ley, sea la que sea, que no tenga mecanismos o recursos para su ejecución? ¿Quién obligará a la policía y las agencias gubernamentales locales a rehusarse a colaborar con ICE? Y, si la policía y la migra “son la misma porquería”, ¿no se alinearán más o menos disimuladamente llegado el momento? Pero el problema fundamental con esta estrategia es que se limita a pedir la “protección”, por un lado, y por otro lado en que la pide a políticos e instituciones que jamás podrán representar nuestros intereses porque pertenecen a los partidos de los ricos, los Demócratas y Republicanos.
Esos enormes esfuerzos de movilización a las reuniones de los consejos y legislaturas, ese tiempo y esos recursos gastados en cabildear a esa gente para un objetivo limitado de “protección”, ¿no valdría la pena redirigirlos a construir ese movimiento de masas con nuestros compañeros de clase nativos, los trabajadores de acá, con o sin sus sindicatos, con los estudiantes, con los activistas de solidaridad con Palestina que sea capaz de conquistar los papeles para todos, e incluso, la abolición de ICE y las agencias represivas que atacan a todos los que luchamos por un mundo mejor?
Para esto, el reto que enfrenta el movimiento inmigrante es la formación de dirigentes propios, que sean capaces de elaborar un programa político, estrategias y tácticas de lucha que sirvan para conquistar nuestros plenos derechos. Esto es difícil de lograr cuando la dirección del movimiento inmigrante, incluyendo las RRR, son las ONGs. Primero, porque, aunque estas organizaciones surjan de sinceros luchadores de las propias comunidades, muchas dependen de donaciones y subsidios de agencias y fundaciones que les impiden enfrentarse verdaderamente al sistema capitalista que crea la desigualdad y explotación, aun siendo críticas de él. Y segundo, porque las ONGs generalmente no son democráticas internamente. Las gobiernan juntas directivas que no son electas por la comunidad, y que transmiten este modo de funcionamiento al movimiento, dificultando así su desarrollo político y capacidad para encabezar la formación de frentes de lucha masivos con otros sectores sociales.
Por mas bienintencionados que sean sus directivos, las ONGs nunca podrán prepararnos para enfrentar operativos con decenas de agentes armados hasta los dientes que irán atacando nuestras comunidades y lugares de trabajo más y más a medida que ICE se equipe y reclute más y más. La fórmula de las ONGs de las RRR y el cabildeo, y los actos de heroísmo individual en arrestos de desobediencia civil no sólo no bastarán, sino que nos impedirán convocar un movimiento de masas unificado que a partir de los inmigrantes movilice también a los sindicatos y otras organizaciones obreras para decidir democráticamente una política y tácticas capaces de frenar la agresión gubernamental primero y conquistar los plenos derechos después. Entonces, ¿No sería importante que convoquemos grandes asambleas en nuestras comunidades inmigrantes para discutir a fondo y votar democráticamente qué objetivos políticos queremos, cómo queremos organizarnos para ello, con cuáles estrategias y tácticas, con quién, y quienes serán nuestros dirigentes? ¿Donde podamos discutir y votar si nos contentamos con pedir “protección” o queremos exigir el derecho a la ciudadanía para todos? En la Voz de los Trabajadores creemos que sí, y apoyaremos a quien quiera luchar por esto.
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El FBI recibe la orden de perseguir y desarticular a los grupos «anticapitalistas y anticristianos»


Por ERWIN FREED
El Memorándum de Política de Seguridad Nacional n.º 7 (NSPM-7) deja clara la postura antidemocrática, contraria a la libertad de expresión y hostil hacia los trabajadores de los grandes multimillonarios y sus títeres políticos. El asesinato de Charlie Kirk fue utilizado descaradamente por sus aliados políticos y supuestos amigos para dar «justificación» a un documento que criminaliza las creencias políticas, culturales y sociales de la gran mayoría de los que viven en Estados Unidos.
Publicado el 25 de septiembre, el NSPM-7 ordena a las ocultas unidades del FBI «Joint Terrorism Task Force» (JTTF) a «investigar, perseguir y desarticular entidades e individuos» que puedan ser indicados por «antiamericanismo, anticapitalismo y anticristianismo… extremismo en materia de migración, raza y género; y hostilidad hacia quienes sostienen opiniones tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad».
Como ha señalado el periodista Ken Klippenstein desde que dio a conocer la noticia (reproducida en Truthout, 29 de septiembre de 2025), los medios de comunicación convencionales y los políticos del Partido Demócrata han sido extremadamente lentos y vacilantes a la hora de darse cuenta y luego pronunciarse en contra de la NSPM-7. En una de las primeras y únicas investigaciones convencionales sobre estos acontecimientos, los periodistas de Reuters identificaron nueve organizaciones liberales específicamente señaladas por la Casa Blanca. Entre ellas se encontraban las Open Society Foundations de Soros, ActBlue, Indivisible y la Coalition for Humane Immigrant Rights (CHIRLA). Incluso en ese artículo, los autores no mencionan la NSPM-7 por su nombre.
Las declaraciones de muchos portavoces de alto nivel del Partido Republicano y de MAGA muestran que están intentando crear una narrativa política que racionalice el control estricto de las organizaciones liberales. En particular, Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, calificó las manifestaciones del 18 de octubre Día Sin Reyes como «manifestaciones contra Estados Unidos» y describió a los asistentes como «anarquistas, defensores de Antifa [y] pro-Hamás». Esta última caracterización tiene un doble efecto. Por un lado, estas declaraciones ocultan el hecho de que ser anarquista, defensor de Antifa o pro-Hamás no es ilegal. Por otro lado, al enmarcar el Día Sin Reyes de esta manera, la extrema derecha está presionando a organizaciones liberales como Indivisible para que tracen una línea divisoria entre ellas y las personas que tienen opiniones más izquierdistas. La administración espera que, en lugar de movilizarse contra la represión, los activistas de clase media del Partido Demócrata comiencen a participar en la caza de comunistas o, al menos, mirar para otro lado en que se cazen.
Los memorandos de política de seguridad nacional tienen una larga historia en la construcción bipartidista de la vigilancia masiva y la policía política militarizada. Memorandos y dictámenes jurídicos similares, a menudo completamente secretos, dieron luz verde a la vigilancia por parte de la NSA de prácticamente todo el uso del teléfono y de Internet en Estados Unidos. Al hacer público este memorándum, la administración Trump está dejando claro a todos los oponentes reales e imaginarios de su programa hiperreaccionario, proausteridad y antiobrero que son objeto de acoso policial, infiltración y perturbación.
Bajo Trump, el FBI, el ICE y otras agencias federales están trabajando abiertamente para implementar y racionalizar las medidas establecidas en el documento de derecha Proyecto 2025, que establecía las perspectivas para la presidencia de Trump. La clase dominante ha llenado todos los cargos importantes con partidarios del «ejecutivo unitario», al tiempo que organiza la vigilancia masiva y recorta los programas de bienestar social y de protección de los trabajadores que aún quedan. Para impulsar estas políticas increíblemente impopulares y destructivas, el capital está movilizando al Estado para reprimir a la clase trabajadora y a la juventud y aterrorizar a ciudades enteras con el pretexto de «deportar a los ilegales» y «luchar contra la delincuencia».
Las justificaciones básicas para la vigilancia y la policía antidemocrática están integradas en la propaganda de la clase dominante estadounidense, incluidos los medios de comunicación y el sistema educativo. La lucha contra el «anarquismo» y el «comunismo» ha sido la justificación de las tácticas represoras desde que se formo la policía en este país. La creación del mito de los «extremistas violentos» que amenazan un imaginario «orden capitalista» encubre la violencia cotidiana de la pobreza, el subdesarrollo y la actuación policial racista que sufren las comunidades de clase trabajadora, en particular las mujeres y las personas LGBT+, negras, inmigrantes, indígenas y discapacitadas de esas comunidades.
La clase dominante estadounidense se ve obligada a recurrir a formas tan descaradas de represión política y corrupción oficial porque el país se enfrenta a la decadencia imperial. La rentabilidad estaba en declive mucho antes incluso de la pandemia de COVID, y Estados Unidos es incapaz de competir con China en muchos sectores y lugares a nivel internacional. A nivel nacional, el gran capital está intentando darse más espacio para la acumulación recortando drásticamente el sector público, intentando reiniciar una versión del programa Bracero y poniendo a todos los sindicatos del país a la defensiva.
Para impulsar estos cambios drásticos, la clase dominante está tratando de intimidar a la población para que no proteste y de establecer más infraestructura de «seguridad nacional». El NSPM-7 es parte de una larga historia de la llamada guerra global contra el terrorismo. Esa misma «guerra» es la que dio lugar al ICE y desarrolló todas las tecnologías de control social que utiliza actualmente la administración Trump.
Si bien los ataques son muy reales, también lo son las posibilidades de construir una oposición pública y amplia contra ellos. El 18 de octubre, día en que se celebró el Día Sin Reyes, fue uno de los días de acción más importantes de la historia de Estados Unidos. Las ciudades que se enfrentaron directamente a la ocupación militar movilizaron a cientos de miles de personas. El ICE se enfrenta a una oposición diaria en todo el país.
Los métodos y tácticas básicos para construir esta oposición no son nuevos para la clase trabajadora estadounidense. Ernest DeMaio, jefe del Distrito 11 de United Electrical Workers Midwest, con sede en Chicago, dio un ejemplo de su propia vida durante el apogeo del macartismo: «El gran susto fue en 1952 en Chicago. El 2 de septiembre, hicimos huelga en la cadena International Harvester. Ese fue el día en que me llamó la HUAC. La huelga estaba prevista para medianoche. A las nueve de la mañana, estoy en el Comité de Actividades Antiamericanas. Unos tres mil de nuestros compañeros abandonaron el piquete, rodearon el juzgado y, mientras yo prestaba juramento, irrumpieron en el juzgado cantando…».
La construcción de un movimiento sindical que responda a los ataques del Estado con movilizaciones masivas tiene la posibilidad de crear la autoorganización y la independencia necesarias para ganar demandas políticas reales. Esto significa hacer un seguimiento, denunciar y organizarse contra todo intento de limitar aún más los derechos democráticos de la clase trabajadora.
Foto: Protesta en Minneapolis en 2010 contra la redada del FBI a grupos pacifistas. (Craig Lassig / AP)
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Declaración conjunta de trabajadores socialistas de Venezuela, Colombia, y los Estados Unidos


Declaración conjunta de trabajadores socialistas revolucionarios de Venezuela, Colombia, y los Estados Unidos
Nosotros, organizaciones de trabajadores socialistas revolucionarios de Venezuela, Colombia y los Estados Unidos, repudiamos totalmente los asesinatos injustificables de marineros y pescadores de Venezuela, Colombia y Trinidad por la armada yanqui. Igualmente, las asquerosas y mortíferas amenazas y provocaciones del gobierno de Trump contra los pueblos de Venezuela y Colombia, que implican un ataque imperialista y un riesgo mortal para toda la región de América Latina. El gobierno de Trump ha reconocido 10 ataques contra embarcaciones sospechosas de contrabando de drogas procedentes de Sudamérica, en los que han muerto al menos 57 personas como reseña The New York Times, sumando el ataque del viernes 27/10/2025, que dejó un saldo de catorce fallecidos.
Los argumentos de la “guerra contra las drogas” son solo un pretexto para configurar una maniobra vacía imperialista. Siendo que no se ha mostrado ninguna prueba de que los que han sido asesinados por los EE. UU. en las últimas semanas sean narcotraficantes — haciendo notar que incluso si fuese verdad, esto no justifica su asesinato aleatorio por un escuadrón militar. El historial de las intervenciones yanquis muestra que su política no tiene la menor intención de combatir el narcotráfico. Por el contrario, las agencias federales de EE. UU. han colaborado con los carteles narcotraficantes en México y Colombia, y sus intervenciones no han servido para parar el tráfico, sino para reorganizarlo bajo control yanqui.
Al acusar, sin mostrar pruebas, a Nicolás Maduro y recientemente a Petro, como un líder de los narcos, Trump claramente prepara el pretexto para una intervención militar contra Venezuela y no se puede descartar también contra Colombia. Por su parte, el intento de Trump de presentar a Maduro y Petro como inmorales e ilegales “lideres del tráfico de drogas” ignora la propia participación de su gobierno y gobiernos anteriores de EE. UU. en el narcotráfico, tanto como sus conexiones personales con el famoso traficante de mujeres, Jeffrey Epstein.
Trump, o cualquier presidente estadounidense, no tienen ninguna autoridad moral para denunciar a presidentes o incluso países enteros de América Latina como traficantes de cualquier tipo. El intento del gobierno estadounidense es utilizar la “diplomacia de cañoneras”—que puede llegar a ser invasión plena— para avanzar en una política imperialista de rapiña y opresión para todos los pueblos de nuestra América.
En los Estados Unidos, identificamos como estos ataques imperialistas están directamente ligados a los ataques del gobierno de Trump contra la clase trabajadora norteamericana, e igualmente con el largo historial de intervenciones de EE. UU. contra América Latina y la clase trabajadora en general, y alentamos la movilización de masas para frenarlo totalmente, incluyendo la anulación sin pago de todas las deudas neocoloniales que controla EE. UU.
Nuestra posición
Como socialistas que nos organizamos en Estados Unidos, Venezuela, y Colombia reconocemos que necesitamos movilizarnos para enfrentar la maquinaria de guerra imperialista con el poder de la clase trabajadora organizada. No tenemos ningún compromiso con los gobiernos burgueses de Maduro y Petro.
Situación en Venezuela y Colombia
En Venezuela, sabemos que Maduro no tiene nada de socialista, que mantiene a su pueblo sumido en la pobreza y que incluso está dispuesto a entregar toda la riqueza natural del país para satisfacer las demandas de Trump. En Colombia, a pesar de sus denuncias correctas ante la hipocresía y la injerencia imperialista, Petro sigue en el marco de pagar la deuda externa, y de ser socio global de la OTAN, atado a compromisos que mantienen a Colombia bajo el control del imperialismo.
Nuestro compromiso es con la clase trabajadora de Venezuela y Colombia, reconociendo que el intento de derrocar a Maduro con la presión militar imperialista no va a hacer nada para mejorar las condiciones de vida del pueblo venezolano; cualquier sanción de Trump contra Colombia afectará a los trabajadores; la injerencia imperialista solo dejará a los países más empobrecidos y dominados por el imperialismo. Tal como lo muestra el largo historial de intervenciones militares yanquis en nuestro continente y en el mundo.
Una intervención militar en Venezuela, Colombia o cualquier otro país del continente, de última lo que persigue es reinstalar el método del garrote y de las incursiones militares directas para determinar los rumbos políticos de nuestros países según la conveniencia del imperialismo norteamericano y reforzar el resguardo de sus intereses políticos, económicos y militares, en una región históricamente estratégica para el imperialismo yanqui y que consideran su patio trasero.
Demandas y llamamientos
Por tales razones, en Venezuela, llamamos a la acción política unificada para derrotar la amenaza de los ataques imperialistas. El pueblo obrero necesita movilizarse en esta lucha, y desde allí avanzar y organizarse para derrotar los ajustes antiobreros y antipopulares del gobierno de Maduro. Mientras que en Colombia, llamamos a no pagar la deuda externa imperialista, salir de la OTAN y al rechazo de cualquier chantaje imperialista. En toda América Latina y en todo el mundo, rechazamos la intervención militar imperialista y exigimos el retiro de la presencia militar yanqui en el Mar Caribe y el Océano Pacífico.
Llamamos a la más amplia unidad de acción internacional, de la clase trabajadora, los oprimidos y el pueblo en general, para derrotar la ofensiva imperialista. Es un hecho que el pueblo estadounidense ya se moviliza contra su gobierno, con los 7 millones de personas que se tomaron las calles el 18 de octubre, y se necesita profundizar y organizar este sentimiento popular para que tenga la fuerza de la clase de hacer huelga general; y en los países latinoamericanos es necesario movilizarse ampliamente de la misma manera para defenderse tanto de los ataques yanquis como de los amos de nuestros países que nos entregan a los mismos imperialistas. Estas luchas de nuestra clase incluso necesitan incorporar la lucha de los inmigrantes por el derecho de vivir en paz y unirse a la lucha mundial contra el saqueo imperialista en general.
- ¡Manos yanquis fuera de América Latina!
- ¡Abajo la deuda externa!
- ¡Trump tiene que pagar por todos los asesinados!
- ¡La lucha contra el imperialismo se gana con la movilización y dirección de la clase obrera internacional!

