Home

  • El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

    El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

    La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.

    Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».

    En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.

    La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.

    Haz clic en la imagen para leer el periódico o envíanos un mensaje para recibir una copia impresa:

  • California intenta compartir sus datos de registración de licensias de conducir con el gobierno federal

    California intenta compartir sus datos de registración de licensias de conducir con el gobierno federal

    Por HERMAN MORRIS

    Este artículo se basa en un discurso que el autor pronunció en una concentración celebrada el 1 de mayo en Mountain View, California.

    La demonización y los ataques contra los inmigrantes siguen siendo una iniciativa bipartidista. Un ejemplo claro de ello es que, la semana pasada, la oficina del gobernador de California anunció que transferirá los datos de los permisos de conducir de todos los 1 millón de conductores inmigrantes indocumentados del estado a una base de datos federal en la que se podrán consultar sus nombres, datos e direcciones.

    En respuesta a la presión del Departamento de Seguridad Nacional, California va a compartir los registros del DMV a la Asociación Americana de Administradores de Vehículos Motorizados, que los introducirá en SPEXS, una base de datos nacional utilizada para buscar permisos duplicados que podrían servir para denegar los Real ID. Dado que estos registros están a disposición de los empleados y contratistas estatales, no hay forma de garantizar que el DHS no los utilice para localizar y deportar a trabajadores indocumentados. La información de la base de datos que revele que una persona no tiene número de la Seguridad Social podría indicar a las autoridades del DHS que está sujeta a deportación.

    Aunque la implementación pueda depender de que la legislatura apruebe los fondos para el proceso, esta decisión aún no ha sido impugnada legalmente y, hasta el momento, no se han celebrado manifestaciones en contra.

    ¡Esto viene del Partido Demócrata, el partido que dice que esta del lado de los inmigrantes! Si están dispuestos a hacer esto hoy, ¿qué harán después? ¿Enviar una lista de las minorías del estado al Gobierno federal? ¿Crear una base de datos nacional de quienes abortan o solicitan atención sanitaria de reafirmación de género? El Partido Demócrata hace esto porque, en última instancia, es responsable ante los mismos grandes empresarios y donantes que los republicanos. La única salida para nosotros es recordar el legado y las victorias de los primeros de mayo pasados, construir un movimiento en las calles y en los lugares de trabajo, plantear exigencias al Gobierno y defender colectivamente nuestros derechos.

    Una vez más, surge la cuestión de la solidaridad internacional. Quién es y quién no es ciudadano es algo que el Gobierno de EE. UU. ha definido y redefinido desde que existe —ampliando drásticamente el concepto en diversos momentos cuando necesitaba más trabajadores, y restringiéndolo en épocas de crisis política. Nos encontramos actualmente en un momento de restricción, en cual los trabajadores indocumentados son vilipendiados por los dos grandes partidos de EE. UU., que han contribuido a construir el muro fronterizo entre Estados Unidos y México y a ampliar el poder del ICE, convirtiéndolo en la policía secreta que es hoy en día.

    El ICE es ahora un perro de presa desatado que tiene como objetivo a los inmigrantes indocumentados, a los inmigrantes documentados e incluso a los ciudadanos estadounidenses de pleno derecho, como vimos de forma dramática en Minneapolis con los tiroteos de Renée Nichole Good y Alex Pretti. Esto plantea un desafío a la clase trabajadora: ¿pueden convertirse en ciudadanos estadounidenses los trabajadores de otros países que vienen aquí en busca de un salario digno y de la libertad de vivir sus vidas como mejor les parezca? ¡Debemos decir que SÍ! Y esto solo puede lograrse mediante el desmantelamiento de ICE y otras formas de control migratorio, así como mediante la ampliación de un proceso rápido y sin complicaciones para que todos puedan obtener la ciudadanía estadounidense.

    Sin la garantía de estas dos reivindicaciones, la cuestión de quién tendrá los derechos de un ciudadano estadounidense siempre será manipulada por las élites gobernantes que dirigen este país. El tema seguirá utilizándose para dividir a los trabajadores, a quienes intentan engañar haciéndoles creer que el trabajador de otra nación no es su amigo ni su aliado.

    La traición del Partido Demócrata a los inmigrantes en California es un ataque devastador contra nuestras comunidades. Defendernos de los ataques y la vigilancia sin límites del Gobierno nos exige ir más allá de elegir demócratas, quienes nos traicionan en cuanto les conviene políticamente. Los sindicatos y las organizaciones comunitarias de California deben unirse y debatir qué hay que hacer para proteger a nuestras comunidades de los ataques del Gobierno, y a nivel nacional coordinar nuestros esfuerzos y superar los escombros corruptos del Partido Demócrata.

    Foto: Christopher Reynolds / Los Angeles Times

  • La flotilla Global Sumud confirma las denuncias de tortura tras el traslado de los civiles secuestrados a centros de detención israelíes

    La flotilla Global Sumud confirma las denuncias de tortura tras el traslado de los civiles secuestrados a centros de detención israelíes

    Mar Mediterráneo / Askalan (Palestina ocupada) — Mientras miles de Palestinos permanecen encarcelados sin cargos y sometidos a abusos sistemáticos, la Global Sumud Flotilla confirma que Saif Abukeshek y Thiago Ávila han sido trasladados a la prisión de Shikma en Askalan, al norte de Gaza, en la Palestina ocupada, tras su secuestro ilegal en aguas europeas por fuerzas israelíes.

    La prisión es conocida por haber sido utilizada para detener a prisioneros palestinos en condiciones muy duras, y más recientemente para encarcelar a civiles secuestrados enGaza como parte de la campaña genocida de Israel contra el pueblo palestino.

    Este hecho supone una escalada crítica, agravada ahora por informes confirmadosde tortura bajo custodia. A pesar de las urgentes intervenciones legales y los numerosos llamamientos internacionales, los países europeos incumplieron sus obligaciones legalesy permitieron el traslado de los dos civiles, poniéndolos en riesgo inmediato.

    Tras su traslado forzoso, han surgido nuevos testimonios alarmantes a través de canalesdiplomáticos que alertan sobre el trato que reciben los detenidos.

    Según la embajada brasileña, Thiago Ávila denunció haber sido sometido a torturas, palizas y malos tratos. Durante una visita vigilada, en la que estuvo separado por un cristal y no pudo comunicarse libremente, los funcionarios de la embajada observaron marcas visibles en su rostro. Refirió un dolor intenso, especialmente en el hombro.

    A pesar de haber sido examinado por un médico, no recibió la atención médica adecuada. La embajada ahora insiste en que reciba tratamiento inmediato y apropiado.

    Thiago se encuentra en huelga de hambre desde su secuestro, consumiendo únicamente agua. No se le han notificado los cargos en su contra, y la embajada no ha recibido ninguna aclaración sobre el fundamento legal de su detención. Se espera que un abogado lo visite próximamente.En un nuevo gesto de solidaridad, Thiago comunicó que se niega a ser liberado amenos que Saif Abukeshek también sea liberado, insistiendo en que salgan juntos.

    Abukeshek también se encuentra actualmente en huelga de hambre. Lo que se informa en este caso refleja, de forma concentrada, las condiciones a las que los palestinos han estado sometidos durante años bajo asedio, ocupación y detención.

    Estos hechos se basan en testimonios previos de testigos presenciales, participantes liberados, que indican que Saif Abukeshek fue sometido a torturas y abusos graves mientras estuvo detenido a bordo del buque militar antes de su traslado, un trato que coincide con los informes de larga data sobre abusos a detenidos palestinos bajo

    custodia israelí.

    Saif Abukeshek, de nacionalidad hispano-sueca y origen palestino, y Thiago Ávila, de nacionalidad brasileña, fueron los únicos dos participantes que no fueron liberados tras la interceptación de la Global Sumud Flotilla en aguas internacionales cerca de Creta. Su detención prolongada suscita serias preocupaciones sobre la detención arbitraria, la denegación del debido proceso y las violaciones de la prohibición absoluta de la tortura según el derecho internacional.

    La Global Sumud Flotilla reitera que el traslado forzoso de civiles desde aguas internacionales y europeas a centros de detención, junto con denuncias creíbles de tortura y la ausencia de las debidas garantías procesales, constituye una grave violación del derecho internacional y debe ser sancionado con la correspondiente rendición de cuentas.

    Hacemos un llamamiento urgente a los gobiernos, las organizaciones de derechos humanos, las instituciones jurídicas, los medios de comunicación y la sociedad civil de todo el mundo para que exijan:

    Los gobiernos de España, Suecia y Brasil deberán tomar medidas acciones diplomáticas inmediatas para asegurar la liberación de sus nacionales

    Organizaciones internacionales y órganos jurídicos deben intervenir urgentemente para garantizar la seguridad y los derechos de los detenidos

    Los gobiernos y las instituciones públicas deben rechazar y cuestionar las acusaciones infundadas que ponen en peligro a los civiles detenidos.

    Las autoridades competentes deben garantizar la rendición de cuentas por violaciones que incluyen tortura, detención ilegal y traslado forzoso

    Declaración de principios generales y derechos humanos

    El trato que reciben los detenidos en cualquier contexto debe regirse por normas jurídicas internacionales vinculantes, incluida la prohibición absoluta de la tortura y la obligación de garantizar el debido proceso y un trato humano.

    El trato que reciben los detenidos bajo custodia israelí, sumado a la escalada de retórica y las acusaciones infundadas, suscita una profunda y urgente preocupación en la comunidad internacional. Cualquier política o práctica que ponga en riesgo la vida de los presos constituye un desafío directo a los principios fundamentales del derecho internacional, la dignidad humana y la justicia.Saif y Thiago no son abstracciones, son seres humanos con derechos inviolables. Tienen derecho a la protección, al debido proceso y a la plena preservación de sus vidas y dignidad. Son padres, hijos y pilares de comunidades que dependen de su regreso sanos y salvos. Su secuestro constituye una grave violación de las normas internacionales y exige una acción global urgente, firme y coordinada.

    Su secuestro exige una acción internacional inmediata y decisiva, no solo para lograr su liberación, sino también para hacer frente al sistema más amplio de asedio, detención y deshumanización impuesto a los palestinos, en particular en Gaza.

    CONTACTO PARA APOYO A BÚSQUEDA Y RESCATE:

    rescue@globalsumudflotilla.org

    CONTACTO PARA MEDIOS:

    Correo electrónico: media@globalsumudflotilla.org

    Correo electrónico ESPAÑA G.S. : gmtgcomunicacionspain@proton.me

    Teléfono:

    Coord. Prensa ESPAÑA GLOBAL SUMUD : +33 651 19 13 73

    Coordinación de Impacto Político:

    Elena Zurita Baone : +34 697 39 70 92

    Sitio web: globalsumudflotilla.org

    Sigue nuestros anuncios en Telegram

    Redes sociales: @globalsumudflotilla @spain_GlobalSumudy https://www.instagram.com/wavesofsumud/

  • Flotilla hacia Gaza interceptada por Israel en aguas internacionales

    Flotilla hacia Gaza interceptada por Israel en aguas internacionales

    Secretariado internacional LIT

    La flotilla Global Sumud, que transportaba ayuda humanitaria hacia Gaza, fue atacada por las fuerzas armadas israelíes en una zona de búsqueda y rescate griega, a 35 millas de Creta (Grecia) y a 1.200 km de Gaza. El gobierno genocida de Netanyahu utilizó drones, tecnología de bloqueo de comunicaciones y lanchas armadas en aguas internacionales para secuestrar a los integrantes de la flotilla.

    Según la información, ya han sido secuestrados 22 barcos de la Flotilla. Entre ellos se encuentra el que llevaba a Mandi Coelho (militante del PSTU y de Rebeldia) y a Thiago Avila (activista internacionalista), y otro que llevaba a Andriy, de la delegación ucraniana. Otros barcos de la flotilla se dirigen a Creta por motivos de seguridad.

    La acción del gobierno genocida de Israel, respaldada por el imperialismo estadounidense, es abiertamente ilegal, un acto de piratería y terrorismo en aguas internacionales. Tiene el mismo contenido colonial que el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, el asesinato del ayatolá Ali Khamenei y de 2 mil iraníes (entre ellos 175 niños en una escuela) en Irán, por el ataque conjunto estadounidense e israelí. Es la continuidad de los mismos métodos de genocidio contra el pueblo de Gaza

    Exigimos a todos los gobiernos del mundo una declaración inmediata contra este acto de piratería y genocidio, y en defensa de la liberación inmediata de los activistas. Israel no tiene ningún derecho a bloquear Gaza y menos aún a secuestrar activistas en aguas internacionales. El silencio de cualquier gobierno es un acto elocuente de complicidad con el gobierno sionista genocida de Israel.

    Llamamos a movilizaciones en todas las capitales del mundo en defensa de la Flotilla y en solidaridad con el pueblo palestino en Gaza. Proponemos que las movilizaciones del 1 de mayo en todo el mundo asuman la defensa de la Flotilla y de sus integrantes.

  • Juez condena a Zé María por discurso contra el Estado de Israel

    Juez condena a Zé María por discurso contra el Estado de Israel

    Por el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado de Brasil (PSTU)

    Este martes, 28, la 4ª Vara Criminal Federal condenó al  presidente del PSTU, Zé María, a 2 años de prisión por el crimen  “racismo”. Lo más sorprendente es que la decisión ocurre por un discurso de Zé María en defensa del pueblo palestino, denunciando el genocidio y el régimen colonialista impuesto por el Estado de Israel sobre la Palestina ocupada.

    El proceso fue motivado por entidades sionistas, como la Conib (Confederación Israelita de Brasil) y la Fisesp (Federación Israelita del Estado de San Pablo). Mismas entidades que, ante el desgaste político sufrido por el Estado de Israel con el avance del genocidio que ya victimizó más de 67 mil personas en Gaza, la mayoría mujeres y niños, desató una campaña de persecución y asedio judicial contra periodistas y figuras públicas que se pusieron contra esta masacre.

    Para Zé María, esa decisión “no tiene sustento, sea histórico, político o legal”. La decisión parte de una tergiversación sustentada por organizaciones sionistas que equiparan falsamente “sionismo” con “judaísmo”. “El sionismo nada tiene que ver con religión o con un grupo étnico, es una ideología de extrema derecha que no representa al pueblo”, resalta el presidente del PSTU.

    “Decir que el Estado de Israel tiene que acabar no tiene nada que ver con hacer predicación contra el Pueblo judío, es lo mismo que decir que el Estado de Apartheid de Sudáfrica tenía que terminar, y eso no significa pregonar la muerte de los blancos sudafricanos, sino la defensa del fin de un Estado de segregación racial”, argumenta. No hay, de hecho, ninguna ley en el país que dé base legal a una decisión como esa, habiendo Zé María apenas expresado su opinión contra una masacre repudiada massivamente no mundo todo.

    Según Zé María, “el argumento utilizado por esas entidades sionistas parte de la desesperación de intentar defender lo indefendible, ya que el mundo entero está viendo el genocidio del pueblo palestino perpetrado por ese Estado racista, colonialista y genocida de Israel”. Vale recordar que, esta misma mañana de martes, el propio Itamaraty confirmó la muerte de una familia incluido un niño, en el sur del Líbano, víctima de los bombardeos israelíes.

    Palestina Libre, del río al mar

    Ante una decisión sin base legal, el PSTU va a apelar ante el Tribunal Federal de San Pablo (TRF3). Más allá de eso, el partido no va a retroceder ni un milímetro de su denuncia del Estado de Israel y de los sucesivos crímenes contra la humanidad que viene perpetrando bajo la mirada del mundo. “Vamos a mantener nuestra lucha en defensa del pueblo palestino, contra el genocidio y por el fin del Estado sionista, racista y colonialista de Israel, por una Palestina laica, democrática y no racista, donde todos los pueblos, judíos, árabes y de todas las etnias y regiones puedan convivir pacíficamente”, afirma Zé. “Palestina libre, desde el río hasta el mar”, reafirma.

  • India: El levantamiento de los trabajadores en Noida

    India: El levantamiento de los trabajadores en Noida

    Por MAZDOOR INQUILAB

    Este artículo se publicó por primera vez aquí en New Wave. Ha sido ligeramente reeditado para su publicación en La Voz de los Trabajadores.

    Acontecimientos del 10 al 13 de abril

    Apenas unos meses antes, los trabajadores subcontratados de Indian Oil Company (La Compañía de Petroleo de India) se habían rebelado con una huelga espontánea. Protestaban por las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados. El levantamiento inspiró a los trabajadores petroquímicos de Surat, donde se repitieron las mismas condiciones.

    Ahora, el fuego se extiende desde Panipat, en Haryana, hasta las calles de Noida, en Uttar Pradesh. Noida es la llamada «ciudad del milenio» de la India, un ejemplo paradigmático del crecimiento neoliberal. Las protestas militantes de los trabajadores han dejado en evidencia esta ilusión del desarrollo capitalista neoliberal.

    Los trabajadores de Noida protestaban pacíficamente contra la estructura salarial básica en Uttar Pradesh, donde los salarios medios oscilan entre 11 000 y 13 000 rupias y la mayoría de los trabajadores ganan alrededor de 13 000 rupias, mientras que gastan 5000 en alquiler. La reivindicación de los trabajadores es un salario mínimo de al menos 20 000 rupias. Se trata del mínimo indispensable que un trabajador necesitaría para sobrevivir en un contexto de aumento de los costes, especialmente del combustible y el alquiler.

    Los trabajadores vieron cómo se producían aumentos salariales en Haryana, poco después del levantamiento de los trabajadores petroleros y los trabajadores subcontratados que se extendió por el norte y el oeste de la India. Esto inspiró a los trabajadores de Noida a emprender el camino de la lucha. Al principio, las protestas por el aumento salarial fueron pacíficas, pero una vez que la policía comenzó a reprimir a los trabajadores, las protestas tomaron un giro violento, y se alega que algunos trabajadores atacaron e incendiaron coches, irrumpieron en oficinas y agredieron a periodistas. Cuarenta mil trabajadores de todo el cinturón industrial se movilizaron para esta huelga.

    El Estado desplegó toda su fuerza represiva para contener la agitación, deteniendo arbitrariamente al menos a 50 trabajadores e hiriendo a varios más. A pesar de esta represión, las protestas continúan. El Estado intentó apaciguar a los trabajadores con concesiones. El ministro principal de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, es una de las figuras más reaccionarias de la India actual; poco después de que la protesta tomara un giro violento, salió a condenar las protestas alegando que, de alguna manera, estaban patrocinadas por agentes pakistaníes. Al mismo tiempo, anunció aumentos salariales para los trabajadores.

    La verdad es que los líderes reaccionarios que intentan demostrar que son los únicos que se preocupan por el país solo se preocupan realmente por el dominio del capital. Las empresas extranjeras pueden explotar y pagar mal a los trabajadores, incluso matarlos, y eso no es antinacional, pero ¿los trabajadores que exigen un salario digno para llevar una vida digna se convierten en «naxalitas» y «agentes de Pakistán»?

    Los trabajadores no habrían recurrido a la violencia si el Estado hubiera escuchado sus quejas y hubiera hecho al menos algún esfuerzo sincero por aumentar los salarios. En cambio, el Estado recurrió a la represión como respuesta a las demandas de los trabajadores. El resultado fue que los trabajadores se defendieron.

    La huelga

    Las protestas que estallaron en Noida comenzaron en realidad diez días antes en Manesar, en la empresa Motocicletas Suzuki, donde los trabajadores empezaron a protestar para exigir salarios más altos. Esto tuvo eco entre los trabajadores del cinturón industrial de Noida, en los sectores 62 y 84. Haryana tiene un salario mínimo de hasta 19 000 rupias, muy superior al salario más alto disponible en Noida, Uttar Pradesh. El 6 de abril comenzó en Manesar una huelga por salarios más altos que continuó de forma pacífica, extendiéndose rápidamente por todo el cinturón industrial hasta llegar finalmente a Noida.

    La ira y la frustración empezaban a desbordarse, agravadas por el aumento del coste de la vida debido a la escasez de GLP y gas, provocada por la guerra en Irán. Años de salarios estancados, aumento de las horas de trabajo y pagos irregulares acabaron desbordándose en agitación. Las protestas pacíficas comenzaron el día 10, y tomaron un giro violento el 13 de abril. Uno de los focos de protesta fue la fábrica de la empresa Motherson, donde los salarios llevaban años estancados.

    El carácter desorganizado y espontáneo de la movilización creó las condiciones para que se produjeran naturalmente algunos actos de violencia. La ira de los trabajadores se dirigió una vez más contra los medios de comunicación «Godi» (perros falderos) del Gobierno, acusados de parcialidad. Por su parte, los medios pasaron de ofrecer inicialmente una cobertura más o menos comprensiva hacia los trabajadores, a centrarse únicamente en la violencia cometida por unos pocos, para acabar repitiendo como loros la propaganda del Gobierno de que el estallido era una conspiración contra el Gobierno del BJP, destinada a «reavivar el naxalismo».

    La respuesta inmediata del Estado fue desplegar a miles de agentes de policía para contener la agitación. Dispararon granadas de gas lacrimógeno y utilizaron cañones de agua. Se denunciaron casos de cargas con lathis [cargas policiales con palos largos], en las que resultaron heridas decenas de trabajadores. A la represión le siguió rápidamente la propaganda y, a continuación, los esfuerzos de pacificación por parte del Gobierno de Uttar Pradesh. Se anunciaron aumentos salariales, que, sin embargo, no alcanzaron a satisfacer las demandas de los trabajadores.

    Tras las detenciones, las protestas se calmaron en cierta medida. Ningún partido importante de la oposición estuvo presente durante los días de las protestas. El CITU [Centro de Sindicatos de la India] y el CPIM [Partido Comunista de la India (Marxista)] sí se manifestaron en apoyo de los trabajadores, pero días después de las protestas. Los partidos burgueses de la oposición no solo no apoyaron la huelga, sino que algunos, como el Partido Samajwadi (SP), el mayor partido burgués de la oposición de Uttar Pradesh, condenaron la protesta de los trabajadores. Para Akhilesh Yadav, líder del SP, este fue simplemente otro pretexto que pudo utilizar para atacar al ministro principal del estado.

    Desde el levantamiento del día 13, la represión no ha hecho más que endurecerse. En el momento de redactar este artículo, se ha detenido a cerca de 1000 trabajadores y se han cancelado 43 licencias de contratistas, lo que ha supuesto la pérdida de empleo para miles de personas. Las protestas continúan, aunque de forma más moderada. Los actos de violencia y el bloqueo de autopistas clave atrajeron la atención de los medios de comunicación hacia la lucha de los trabajadores; ahora que se han levantado los bloqueos, los medios de comunicación han vuelto a ignorar las protestas y las cuestiones que planteaban.

    Los antecedentes

    La India es hoy una de las mayores economías del mundo, pero al mismo tiempo su población se encuentra entre las más pobres del mundo. La mayor parte del crecimiento económico de la India se alimenta de la sangría sistemática de mano de obra y recursos de su vasto campo. El capitalismo indio se beneficia principalmente del proceso de proletarización. Esto significa la destrucción constante y sistemática de los pequeños empresarios propietarios, los agricultores y los artesanos rurales, que quedan reducidos a esclavos asalariados. Los millones de jóvenes que tienen que vender su mano de obra para ganarse la vida inundan las ciudades de la India en busca de empleo en las fábricas, a menudo como trabajadores contratados mal pagados y con exceso de horas, lo que alimenta el «auge» de la India. Este «auge» se limita al 1 % más rico de la población, los multimillonarios y los millonarios con un elevado patrimonio neto.

    Desde la década de 1980, algunas ciudades se convirtieron en nuevos centros industriales y nuevos polos de atracción para los trabajadores recién proletarizados. A medida que los antiguos centros industriales de Bombay, Calcuta, Kanpur y otros comenzaron a declinar, surgieron los nuevos centros industriales; entre ellos destacaban Noida y Gurgaon, en la Región de la Capital Nacional de Delhi. Con la liberalización de la economía india, se incorporó capital extranjero a la mezcla. La proletarización se aceleró y la expansión industrial de la India se disparó; con ella, las ciudades en proceso de industrialización crecieron rápidamente.

    La nueva ola de proletarización se produjo en un momento en el que se observaba un declive de la militancia laboral, el declive de los partidos de izquierda y el auge de la política reaccionaria del Hindutva. El nuevo orden político y económico de la India tenía ahora como objetivo permitir un crecimiento capitalista desenfrenado, y el coste lo acabó pagando, en última instancia, la clase trabajadora.

    Un sindicalismo militante y fuerte garantizaba mejores condiciones laborales, actuando como barrera contra la descarada explotación por parte de los propietarios de las fábricas, y aseguraba que al menos algunos sectores organizados proporcionaran puestos de trabajo estables y permanentes. El debilitamiento del movimiento sindical, junto con la expansión de la privatización y la liberalización, permitió el auge del empleo por contrato. El sistema de trabajo por contrato crea un sistema de delegación en el que la responsabilidad del empleador se desvía hacia los contratistas, quienes a su vez pueden desviarla hacia los subcontratistas. El trabajador se ve a menudo obligado a ir de un lado a otro exigiendo el salario más básico, solo para que se le niegue con la excusa de que pagarle no es responsabilidad del contratista ni del empleador. El cinturón industrial de Delhi NCR se sitúa en el centro de este sistema opresivo.

    La ola de militancia laboral en esta región no es nueva; las históricas huelgas en Manesar-Gurgaon, en Suzuki [2011-2012] y Honda [2019], marcaron el patrón de la lucha de clases en toda la región. Ambos casos involucraron a empresas extranjeras, concretamente al capital japonés, que fue pionero en las prácticas de explotación que sirvieron de modelo en la Región de la Capital Nacional de Delhi.

    Muchas de las cuestiones planteadas en aquellas huelgas siguen resonando hoy en día, como la jornada laboral fija de ocho horas, unas condiciones de trabajo dignas y salarios dignos. También pusieron de relieve la militancia de la clase obrera industrial, particularmente en este nuevo cinturón industrial del norte de la India que se extiende desde el Punjab hasta el oeste de Uttar Pradesh. Es muy significativo que muchos de los trabajadores implicados se hubieran proletarizado recientemente, al proceder del campo o de pequeñas localidades de la India y haber sido empujados a los centros industriales para sobrevivir.

    Las huelgas de Manesar no solo enfrentaron a los trabajadores contra la dirección concreta de Honda y Suzuki, sino que los enfrentaron contra todo un sistema de explotación. El enfrentamiento se saldó con la victoria del capital y el mantenimiento de los métodos de explotación. Sin embargo, las huelgas también demostraron el potencial de los trabajadores para plantar cara a los capitalistas más acérrimos. Demostraron cómo se libra una lucha militante y que es posible librarla. A pesar de la derrota, los trabajadores del principal cinturón industrial del norte de la India se impregnaron de una nueva confianza.

    Las luchas que han estallado han tenido repercusión más allá del norte, con trabajadores subcontratados de la industria petrolera de Surat en huelga, inspirados por sus compañeros de la refinería de Indian Oil en Panipat. Una vez más, asistimos a la confrontación de los trabajadores subcontratados, que se rebelan contra el opresivo sistema del trabajo subcontratado.

    Las fuerzas motrices: (la proletarización, la acumulación de capital, la crisis mundial, la inflación, la crisis agrícola)

    Las protestas en Noida no fueron un hecho aislado, sino parte de una ola más amplia de luchas que están surgiendo en todos los cinturones industriales de la India. Desde las huelgas en Manesar en las fábricas de Suzuki y Honda, la región ha sido un semillero de lucha de clases, con los trabajadores industriales a la vanguardia. Históricamente, los sindicatos vinculados al CPIM u otros partidos socialistas estuvieron al frente de la agitación organizada. El vínculo directo entre la representación política, la ideología y la lucha de clases fue un rasgo definitorio de las luchas obreras indias a lo largo del período previo a la independencia, y siguió siéndolo durante las cuatro primeras décadas tras la independencia.

    Tras la liberalización, la clase capitalista se envalentonó, empoderada por los partidos reaccionarios al mando, el debilitamiento del movimiento socialista tras el colapso de la Unión Soviética y la mayor degeneración de los sindicatos establecidos y los partidos estalinistas que los dirigían. Esta combinación tóxica creó las condiciones que permitirían a las nuevas industrias explotar a los trabajadores de forma más descarada, con poca o ninguna rendición de cuentas.

    El capital indio dependía en gran medida del sector público, [con un] régimen de aranceles elevados y licencias que garantizaba el mantenimiento del monopolio de las principales casas capitalistas. Si bien esto ralentizó la economía, también proporcionó una vía para la creación de empleo estable en un amplio sector público. A lo largo de las décadas, el sector público se ha visto debilitado, primero por la mala gestión burocrática y la corrupción, y luego por una privatización constante y sistemática. Las condiciones de trabajo en el sector público apenas son mejores que en el sector privado, y se está produciendo una generalizada subcontratación del trabajo.

    La apertura de la economía india aceleró la caída del sector público de la India. El debilitamiento de la normativa laboral permitió a los empleadores trasladar más trabajo a la subcontratación, lo que añadió otro obstáculo a la organización de los trabajadores. Los antiguos sindicatos, que ya sufrían una degeneración política, no estaban preparados para hacer frente a este desafío. El nuevo modelo capitalista, más explotador, ha impuesto peores condiciones de trabajo, como única vía de escape viable de una situación cada vez más grave en el campo. Aquí vemos en acción la maquinaria básica del Estado capitalista indio: la maquinaria de la proletarización.

    La destrucción de la agricultura, la pequeña producción y el trabajo artesanal empuja a cada vez más jóvenes a abandonar las pequeñas ciudades y aldeas hacia nuevas y emergentes ciudades industriales como Noida, donde se les ofrece el único trabajo que les da un sueldo. La afluencia de nuevos trabajadores jóvenes, cuyo número crece en decenas de miles cada año, proporciona una abundante mano de obra barata que deprime el nivel salarial en toda la industria. El proceso ha cobrado impulso bajo el gobierno del BJP, que ha demostrado ser un enemigo implacable tanto de los trabajadores como de los agricultores. Desde que llegó al poder, el Gobierno ha aplicado políticas que benefician descaradamente a sus propios compinches; ha impuesto los Códigos Laborales y ha desmantelado las protecciones para los agricultores y las poblaciones tribales, facilitando el desplazamiento y la explotación del campo. Por mucho que Modi lo deseara, no pudo imponer las leyes agrícolas, gracias exclusivamente a la enérgica resistencia de los agricultores de todo el país.

    El aumento del coste de la vida, especialmente en combustible y electricidad, el estancamiento de los salarios y la creciente precariedad se han sumado a las frustraciones de los jóvenes trabajadores. Las empresas se han vuelto más audaces a la hora de contratar y despedir, mientras que las oportunidades de conseguir buenos empleos fijos disminuyen o se estancan. Una de las trabajadoras en huelga, Babita Singh, lo expresó muy bien: «Mi salario oscila entre 11 000 y 13 000 rupias por un turno de 10 o 12 horas en una fábrica textil. No me han dado ningún aumento en los últimos dos años. Es difícil sobrevivir y ayudar a la familia con este salario. Estamos mal pagadas y explotadas. Muchas veces, nuestro salario se retrasa dos meses» (fuente: Tras la pandemia, hemos sido testigos de un aumento de la militancia. Los salarios se estancaron o cayeron, se perdieron muchos meses de trabajo e ingresos, pero el coste de la vida siguió aumentando. Apenas se había asentado el polvo de la pandemia y los confinamientos, cuando el mundo se vio sumido en otra crisis, tras la guerra entre Rusia y Ucrania. Ahora, no solo subieron los costes del combustible, sino también los de los alimentos, ya que se cortó de hecho una fuente vital de exportación agrícola.

    Los trabajadores industriales no fueron inmunes al impacto de estos acontecimientos. De hecho, se vieron profundamente afectados. La huelga en la fábrica de Samsung en Sriperambudoor se debió en gran parte a las condiciones creadas por la pandemia y al aumento de los costes provocado por la guerra. En los cinco años transcurridos desde que terminaron los confinamientos, las condiciones de la clase trabajadora no han mejorado ni siquiera ligeramente. El Gobierno indio ha redoblado sus políticas antiobreras. Lo vemos en la insistencia con la que el Gobierno aprobó los Códigos Laborales y, ahora, en su disposición a reprimir a los trabajadores en Noida.

    La necesidad de la solidaridad: (el apoyo internacional)

    El actual Gobierno indio ha encontrado un nuevo hombre del saco en los llamados «naxalitas urbanos», y una nueva excusa para coartar los derechos de los trabajadores. El crecimiento económico se santifica; cualquier crítica a Modi y al BJP convierte automáticamente a quien la formula en un «agente pakistaní». La maquinaria propagandística del Gobierno se puso en marcha a toda máquina; desplegaron a sus medios de comunicación serviles para amplificar sus tonterías, ¡tachando a los trabajadores que luchaban por un aumento salarial de agentes de un país hostil!

    Miles de trabajadores se movilizaron en el levantamiento de Noida, miles se declararon en huelga en Manesar, en la vecina Gurgaon. Sin embargo, no hubo ningún esfuerzo organizado o consciente por vincular estos dos movimientos. Se han librado luchas por aumentos salariales y por poner fin al abuso de los trabajadores contratados en todo el norte y el oeste de la India, en todo el sur de la India y en su cinturón industrial.

    Los trabajadores del sector público y de los programas sociales también han hecho huelga para protestar contra los abusos y los salarios miserables que los gobiernos les han pagado por los servicios más esenciales. Si observamos con atención las tácticas de represión, veremos que el gobierno se encontraba a la defensiva mientras los trabajadores avanzaban. A pesar del carácter espontáneo de la huelga, a pesar de la aparente ausencia de liderazgo durante las movilizaciones, los trabajadores plantaron cara e interrumpieron el funcionamiento normal del sistema capitalista en la región de Delhi NCR.

    La acción militante bastó para asustar al archirreaccionario gobierno del BJP en Uttar Pradesh, bajo el mando de Yogi Adityanath, y obligarlo a conceder concesiones a los trabajadores. Por escasas que fueran estas concesiones, supusieron una derrota para el gobierno de Yogi Adityanath. Estos esfuerzos de pacificación pueden traer una paz momentánea a la región, pueden permitir al gobierno intensificar la represión, pero no traerán ningún tipo de paz duradera. Mientras los trabajadores sigan siendo explotados, mal pagados y sobrecargados de trabajo, habrá motivos de sobra para rebelarse.

    Hoy, los trabajadores de Noida necesitan nuestra solidaridad, no solo dentro del país, sino en todo el mundo. La lucha no se limita a los lugares de trabajo del norte, sino que se dirige contra un sistema diseñado para exprimir la vida de los trabajadores y enriquecer a un puñado de élites adineradas. ¡Una victoria aquí puede inspirar luchas en todas partes!

    ¡APOYO TOTAL A LOS TRABAJADORES DE NOIDA! ¡POR UN SALARIO DIGNO! ¡UNA ESCALA SALARIAL PROGRESIVA! ¡FIN A LA SUBCONTRATACIÓN! ¡FIN A LA REPRESIÓN!

    https://www.indiatoday.in/india/story/noida-faridabad-workers-protest-live-updates-salary-hike-traffic-jam-violent-labour-protests-2895315-2026-04-13

    https://www.thehindu.com/news/national/uttar-pradesh/noida-workers-protest-violent-updates-delhi-border-april-13-2026/article70856363.ece

  • 25 de abril en Filadelfia: Conferencia «La solución es el socialismo»

    25 de abril en Filadelfia: Conferencia «La solución es el socialismo»

    25 de abril, de 10:00 a 16:00

    Una jornada completa de conferencias llena de camaradería y aprendizaje

    Todas las sesiones tendrán lugar en la Philadelphia Ethical Society, 1906 Rittenhouse Square, Filadelfia

    ¡Enlace para inscribirse AQUÍ!

    El capitalismo se encuentra en una profunda crisis. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la clase trabajadora y los pueblos oprimidos se han enfrentado a un ataque implacable tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. La llegada del segundo mandato de Trump ha traído consigo un ataque sin precedentes contra los trabajadores, los inmigrantes, los derechos de las mujeres, los derechos civiles, la educación y los derechos democráticos. Ahora Trump está librando otra guerra en el extranjero. El nivel de vida de la clase trabajadora se ha visto degradado por casi 50 años de guerra de clases unilateral librada por Wall Street. Los trabajadores se ven afectados por los bajos salarios, los altos alquileres y los elevados precios de los alimentos. El empleo es más precario y es probable que los trabajadores se vean obligados a desempeñar más de un empleo a tiempo parcial para poder simplemente sobrevivir. El elevado coste de la deuda estudiantil es un yugo que oprime a toda una generación. Estos temas se abordarán en la conferencia educativa «El socialismo es la solución», que tendrá lugar en Filadelfia el 25 de abril. Únase a nosotros para una jornada de debate y formación.

  • La huelga en la planta cárnica de JBS puso de manifiesto el potencial de las luchas a mayor escala

    La huelga en la planta cárnica de JBS puso de manifiesto el potencial de las luchas a mayor escala

    Por ERNIE GOTTA

    Una huelga de tres semanas en Greeley, Colorado, en la que participaron unos 3.800 trabajadores sindicalizados de la planta de envasado de carne Swift Beef Co., propiedad de JBS USA, fue la primera huelga importante en el sector desde el cierre de Hormel en Austin, Minnesota, que duró todo el año 1985. A pesar de las amenazas y la intimidación por parte de los directivos de la empresa con sede en Brasil, los trabajadores de JBS votaron por un 99 % el 4 de febrero a favor de autorizar una huelga por prácticas laborales injustas.

    Kim Cordova, presidenta de la sección local 7 del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación y el Comercio (UFCW), declaró: «Esta autorización de huelga es el resultado directo de la conducta ilegal y de mala fe de JBS». A lo largo de la negociación de un nuevo convenio, el sindicato ha presentado múltiples denuncias por prácticas laborales injustas contra JBS. Estas van desde la negociación regresiva, pasando por amenazas de retener una bonificación propuesta y el pago de una pensión a tanto alzado si los trabajadores ejercen su derecho democrático a la huelga, hasta la intimidación ilegal y las represalias contra los trabajadores y los miembros del comité de negociación».

    Entre el lunes 16 de marzo y el sábado 4 de abril, una plantilla compuesta en su mayoría por inmigrantes paralizó una de las mayores plantas de procesamiento de carne de vacuno del país. Más allá de las cuestiones básicas de salarios, asistencia sanitaria y seguridad, esta huelga tuvo implicaciones políticas mucho más amplias sobre la capacidad de los trabajadores inmigrantes para organizarse y defenderse frente a los ataques de los empleadores y el Gobierno en el lugar de trabajo y la comunidad. Sin duda, la huelga planteó interrogantes sobre las dificultades a las que se enfrentan los trabajadores para conseguir convenios que ofrezcan importantes paquetes económicos y logren avances significativos a largo plazo. Pero lo que le faltó a la huelga en impacto financiero lo compensó como ejemplo de miembros sindicales intrépidos que se unieron, procedentes de docenas de orígenes étnicos diferentes, para levantarse y luchar.

    Este artículo trata de analizar qué papel puede desempeñar una fuerza de trabajo industrial inmigrante movilizada en el sector cárnico a la hora de construir una respuesta más amplia contra la agenda de los patrones y de Trump. También queremos examinar algunas de las difíciles cuestiones sobre estrategia y táctica a las que se enfrenta todo el movimiento obrero, y qué lecciones podemos extraer del pasado para ayudarnos a desarrollar todo el potencial del poder de la organización, tanto hoy como en el futuro.

    Solidaridad internacional, los empresarios y Trump

    Uno de los aspectos más destacados de esta huelga es cómo una plantilla sindicalizada del sector industrial, compuesta por docenas de etnias diferentes, con diversos grados de estatus migratorio, se enfrentó bajo el represivo gobierno de Trump a los hermanos Batista, que dirigen JBS. Los hermanos son uno de los principales donantes corporativos y aliados de Trump y, en el clima político actual, representan sin duda un peligro añadido para los trabajadores inmigrantes. JBS revocará los visados de los trabajadores inmigrantes tal y como hizo en Ottumwa, Iowa, en 2025, cuando se pidió a 200 trabajadores de Haití, Cuba, Venezuela y Nicaragua que se autoexpulsaran después de que Trump pusiera fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de 500 000 refugiados de esos países.

    Sin embargo, un antídoto contra el terror que Trump y el ICE infunden a las comunidades de inmigrantes es abandonar colectivamente el trabajo y sumarse a los piquetes para plantar cara a los patrones y a los políticos. Los trabajadores inmigrantes afiliados a sindicatos que luchan por mejoras económicas y protecciones en el trabajo pueden proporcionar a la comunidad inmigrante un poderoso vehículo para librar una lucha política más eficaz contra los ataques a las libertades civiles. Cualquier logro conseguido en esta huelga también supone un golpe a la narrativa de que la situación de los trabajadores inmigrantes es desesperada. Antes de la huelga, la sección local 7 del sindicato UFCW se asoció con la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes de Colorado y otros grupos defensores de los derechos de los inmigrantes para abordar los abusos contra los trabajadores de JBS, tras la llegada de nuevos miembros procedentes de Haití y de países africanos francófonos.

    ¡Solidaridad con la huelga!

    Muchos de los vídeos publicados por la sección local 7R del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación y el Comercio (UFCW Local 7) en las redes sociales resultaron inspiradores. El movimiento sindical y los círculos de izquierda se vieron llenos de emoción ante la primera huelga en el sector cárnico desde que los trabajadores del P-9 cerraron la planta cárnica de Hormel en Austin, Minnesota, durante un año en 1985. La solidaridad llegó de miembros de la UFCW de todo el país, incluyendo a United Latinos of UFCW. También hubo declaraciones de políticos destacados como Bernie Sanders, y saludos en vídeo del Teamsters Local 1150 Pride Caucus. Grupos de defensa de los derechos de los inmigrantes como Stamford Norwalk United With Immigrants (SNUI) publicaron mensajes de vídeo de apoyo en las redes sociales, y la federación sindical brasileña CSP Conlutas, que también organiza a los trabajadores de JBS, realizó un vídeo de solidaridad.

    Una declaración de CSP Conlutas afirma: «La lucha de los trabajadores en Estados Unidos refleja una realidad similar a la que viven los trabajadores de JBS en Brasil, donde la empresa también es objeto de denuncias por imponer ritmos de producción agotadores, prácticas de acoso moral, el ocultamiento de accidentes y enfermedades profesionales, además de mantener salarios bajos en las plantas de envasado de carne. Este escenario revela un patrón global de funcionamiento basado en la búsqueda de beneficios a costa de la superexplotación y las condiciones laborales precarias. Por lo tanto, la huelga de los trabajadores estadounidenses forma parte de una lucha más amplia de la clase trabajadora contra la explotación y la codicia capitalistas. CSP-Conlutas reafirma su pleno apoyo a la huelga de los trabajadores de JBS en Greeley y hace un llamamiento a la solidaridad internacional para denunciar la postura arbitraria e ilegal de la empresa y fortalecer la lucha de los trabajadores».

    Una vez que se calman las aguas, se revelan los detalles del contrato

    En un comunicado de prensa, la sección local 7 de la UFCW describió el contrato de dos años de la siguiente manera: «Este acuerdo provisional es un testimonio de la increíble determinación de nuestros miembros en la planta de JBS en Greeley», afirmó Kim Cordova, presidenta de la sección local 7 de la UFCW. «Estos trabajadores permanecieron unidos en el piquete durante tres semanas, soportando condiciones climáticas extremas, porque conocían su valor y se negaron a que se les faltara al respeto. Hoy, ese sacrificio ha sido recompensado. Así es como se manifiesta el poder sindical».

    La declaración continuaba: «El nuevo acuerdo garantiza aumentos salariales líderes en JBS, defiende a los trabajadores frente al incremento de los costes sanitarios y les protege de tener que pagar por equipos de protección individual que deberían correr a cargo de la empresa. Al mantenerse unidos, los trabajadores han conseguido en este acuerdo provisional unos aumentos salariales para los próximos dos años un 33 % superiores a los que JBS había ofrecido a los trabajadores de Greeley en su oferta final previa a la huelga».

    La huelga en Greeley, Colorado, también debe entenderse en el contexto nacional. El sindicato de Greeley decidió no adherirse al convenio nacional negociado por la UFCW con JBS en 2025, que abarcaba a unos 26 000 trabajadores y establecía un plan de pensiones nacional. La decisión de la sección local 7 de la UFCW de no adherirse permitió al sindicato luchar para que la empresa subvencionara un mejor equipo de protección en lo que es un entorno extremadamente inseguro. Sin embargo, el acuerdo nacional debilitó la lucha del sindicato al permitir que JBS trasladara el sacrificio de 6000 cabezas de ganado diarias a otras plantas, como la de Cactus, Texas, tal y como se señaló en un artículo del 16 de marzo en The Wall Street Journal. Esto obligó a los miembros del sindicato a actuar, en esencia, como esquiroles en la huelga de Greeley.

    Estamos conociendo algunos de los detalles del contrato después de que los miembros del UFCW Local 7 volvieran al trabajo el 4 de abril, antes de leer el acuerdo o votar. Una semana más tarde, con muy poco tiempo para asimilar los términos del acuerdo provisional y debatirlo colectivamente, los trabajadores votaron. A pesar de que el 93 % de los miembros votó a favor del acuerdo, parece que se podría haber conseguido más de JBS, que cuenta con una sólida valoración de mercado de alrededor de 19 000 millones de dólares.

    El valor final del acuerdo, tal y como lo señala JBS, es mejor, pero similar a su «última, definitiva y mejor oferta». Los medios de comunicación corporativos dieron a entender que el sindicato había renunciado a una pensión a cambio de escasos aumentos salariales inmediatos. Una declaración de JBS afirma: «JBS USA discrepa rotundamente de la decisión de la dirección del Local 7 de renunciar a la histórica pensión que se había garantizado a los trabajadores de otras grandes instalaciones de JBS en todo el país. La pensión se diseñó en colaboración con UFCW International para reforzar la seguridad de la jubilación a largo plazo de la plantilla. En cambio, el Local 7 optó por destinar esos fondos a aumentos salariales a corto plazo, un enfoque que parece dar prioridad a la agenda inmediata de la dirección del Local 7 frente al futuro financiero a largo plazo de los miembros del equipo».

    Los medios de comunicación corporativos no pierden ocasión de promover una narrativa que hace que los sindicatos parezcan débiles. ¿Por qué aceptó el sindicato un contrato que eliminaba la pensión a cambio de lo que supone 10 céntimos más por hora y el reembolso del equipo de protección individual (EPI)? La realidad es que, cuando el Local 7 de la UFCW decidió no adherirse al contrato nacional, también rechazó la pensión. Nunca hubo una pensión en la planta de Greeley. En su lugar, el sindicato optó por continuar con el plan 401K heredado y destinar el dinero que se habría destinado a una pensión a EPI, aumentos salariales y una modesta bonificación por ratificación. También es una realidad que muchos trabajadores se han creído la idea de que los planes 401K son mejores que las pensiones. A menudo, los trabajadores más jóvenes no ven el valor de luchar por una pensión y prefieren que el dinero se destine a salarios más altos. En cambio, a través de aplicaciones como Robinhood, ven una forma de utilizar el mercado de valores para salir adelante. La verdadera pregunta para estos trabajadores es: ¿por qué no puede la clase trabajadora tenerlo todo —salarios más altos, una pensión, un plan 401K complementario y condiciones de trabajo seguras? ¿Qué tipo de lucha se necesitaría para conseguir todas las reivindicaciones? Intentaremos responder a esto más adelante.

    En cuanto a las condiciones de seguridad, resulta inconcebible que el EPI no sea ya algo habitual en un sector en el que el aumento del ritmo de trabajo puede provocar lesiones graves, incluida la pérdida de dedos. Las garantías sobre el EPI son quizás uno de los logros más significativos del acuerdo y otro ejemplo de lo que estaba en juego para los trabajadores en esta huelga. Los recuerdos de trabajadores mutilados y fallecidos en la planta de producción son una realidad reciente.

    El 27 de marzo de 2025, un miembro del sindicato falleció en las instalaciones de Swift en Greeley mientras manipulaba productos químicos peligrosos. A este suceso le precedieron varios otros incidentes que la OSHA citó en una investigación sobre las prácticas de seguridad de la empresa. El informe de la OSHA afirma: «La muerte se produjo tras varios otros incidentes en las mismas instalaciones, entre ellos el de un trabajador de JBS que sufrió la amputación de un brazo tras quedar atrapado en una cinta transportadora; otro trabajador que sufrió laceraciones mientras retiraba una piel; y un tercer trabajador que estuvo expuesto a un riesgo de quemaduras térmicas. Como resultado, la OSHA sancionó a la empresa por 11 infracciones graves, entre ellas no garantizar la protección adecuada de las máquinas y no implementar procedimientos de proceso seguros».

    La directora de área de la OSHA, Amanda Kupper, declaró: «Las lesiones son demasiado comunes entre los trabajadores de la industria cárnica, pero la mayoría se pueden prevenir si se siguen las normas de seguridad y salud exigidas».

    No debería sorprender, pues, que JBS sea una de las empresas más corruptas del sector. En los últimos años se han producido numerosos escándalos de soborno bajo el liderazgo de los hermanos Batista. En un artículo de Forbes del 14 de mayo de 2025, Chloe Sorvino escribe que hay «más de tres docenas de incidentes de soborno en Brasil, según sus acuerdos de cooperación de 2017 con el Gobierno brasileño. El Departamento de Justicia y la SEC encontraron pruebas de unos 150 millones de dólares en comisiones ilegales».

    Los problemas de JBS con la SEC parecieron resolverse tras la reelección de Trump y una donación de 5 millones de dólares a su campaña electoral. En Estados Unidos, JBS también ha sido declarada culpable de trabajo infantil y de fijación de precios. Kate Gibson escribe en un artículo de la CBS del 11 de noviembre de 2022: «Los niños realizan trabajos peligrosos en las plantas de procesamiento cárnico de JBS en Minnesota y Nebraska, contratados ilegalmente para turnos nocturnos y tareas que provocaron a un niño de 13 años quemaduras químicas cáusticas».

    La realidad es que la industria cárnica siempre ha sido peligrosa y corrupta. A la empresa no le importa si usted resulta mutilado, muerto o es detenido por el ICE. Solo quieren exprimir hasta la última gota de beneficio de los trabajadores. Las negociaciones de convenio giran en torno a las dinámicas de poder. Esta huelga muestra a una clase trabajadora cada vez más preparada para una lucha real contra los patrones que consiga avances reales. Esto queda patente por el número de trabajadores en todo Estados Unidos que afirman que se afiliarían a un sindicato si pudieran. Una estrategia sindical que negocia un convenio nacional sin recurrir a la huelga para conseguir estándares que marquen la pauta en el sector en materia de salarios, salud y seguridad no es una estrategia ganadora.

    Los trabajadores de Colorado hicieron lo correcto al rechazar el convenio nacional y luchar por más, pero hay margen de mejora. También fue inteligente negociar un convenio de dos años que vence cerca del 1 de mayo de 2028. Esto podría posicionar al sindicato para lanzar otra huelga en un momento en que los trabajadores del automóvil de la UAW en las Tres Grandes podrían estar en huelga y otros sindicatos —siguiendo la estrategia del presidente de la UAW, Shawn Fain— de fijar el vencimiento de sus convenios y declararse en huelga todos juntos. La UFCW podrá volver a las negociaciones con una posición más fuerte, mientras que el acuerdo nacional entre la UFCW y JBS los habría dejado atados hasta 2029. En última instancia, habría sido mejor para la UFCW convocar una huelga en las más de 14 plantas que ahora están cubiertas por el acuerdo alcanzado en mayo de 2025.

    La huelga en Greeley demuestra el potencial de una clase trabajadora movilizada. Las estrategias que no ponen en marcha toda la fuerza de los trabajadores en sus plantas, no logran forjar la solidaridad entre sectores y se apoyan en la legislación como muletilla suelen quedarse cortas a la hora de conseguir cambios significativos.

    La organización sindical en la industria cárnica siempre ha sido difícil y a menudo lleva años. En Carolina del Norte, los trabajadores de la planta de procesamiento cárnico de Smithfield tardaron 17 años en conseguir el sindicato. En 1904, una huelga militante de 50 000 cortadores de carne terminó en derrota, al igual que la huelga P-9 de un año de duración mencionada anteriormente. Con todas las circunstancias en contra de los trabajadores del sector cárnico, ¿qué se necesitará para obtener logros duraderos frente a los empresarios?

    1933: Los trabajadores se enfrentan a Hormel y ganan

    En La Voz de los Trabajadores, a menudo señalamos la huelga de los Teamsters de 1934, liderada por los trotskistas, en las instalaciones de carbón de Minneapolis como un ejemplo a seguir para los trabajadores. Al mismo tiempo que los hermanos Dunne y Carl Skoglund se organizaban en las Ciudades Gemelas, a una hora y 45 minutos por carretera, los trabajadores liderados por el antiguo militante de la IWW Frank Ellis organizaban a los trabajadores de las plantas cárnicas en una fábrica de Hormel en Austin, Minnesota. Las dos iniciativas de organización unirían fuerzas para conseguir estándares salariales, de seguridad y de prestaciones hasta entonces desconocidos en estas industrias. Las victorias de esta época dieron a una numerosa mano de obra inmigrante, procedente en su mayoría de países escandinavos, una ventaja en su lucha contra los empresarios.

    ¿Qué tuvo de especial la lucha contra Hormel en 1933? Los trabajadores de este periodo se enfrentaban a salarios bajos, condiciones inseguras y abusos por parte de los empresarios. Con el fin de cambiar las prácticas de Hormel, Frank Ellis organizó a los trabajadores para que emprendieran una acción audaz. Cuando los trabajadores se dieron cuenta de que habían esquiroles que estaban permitiendo que la producción continuara, cientos de ellos irrumpieron en la planta y expulsaron a los directivos, y ya fuera o convencieron o expulsaron a los trabajadores esquiroles. Esto se considera ampliamente como la primera huelga de brazos caídos en los Estados Unidos, una táctica que definiría el auge del sindicalismo industrial bajo el Congreso de Organizaciones Industriales y las oleadas de huelgas de antes y después de la guerra.

    La huelga terminó tras un asedio de tres días a la planta. El resultado fue la formación del Sindicato Independiente de Todos los Trabajadores, organizado sobre una base industrial, y supuso importantes avances económicos tanto para los hombres como para las mujeres que trabajaban en la planta. Quizás lo más importante fue la capacidad de los trabajadores para paralizar la producción por cualquier motivo. Este precedente del poder de los trabajadores en la planta contribuyó a mantener a raya los abusos de los patrones. En «Organizing ‘Wall-to-Wall’», de Peter Rachleff, se cita a Frank Ellis diciendo: «La mayoría de nuestras huelgas eran de brazos caídos, sentados en el puesto de trabajo y sin hacer ni un maldito trabajo hasta que lo resolviéramos. … Teníamos huelgas todos los días. Joder, si un compañero se tiraba un pedo mal, hacíamos huelga por eso».

    Contratado en 1928 en la planta de Hormel como capataz, Ellis fue capaz de mantener un perfil bajo y ayudar a que contrataran a socialistas y sindicalistas veteranos. Rachleff cita de nuevo a Ellis: «Enviaba a buscar a rebeldes que conocía de otras ciudades para que vinieran a trabajar, y los ponía a trabajar durante la temporada alta, ¿entiende? Luego, cuando llegaba la época de despidos, en lugar de despedirlos, iba a ver a algún otro jefe y le decía: “Mire, tengo a un buen hombre. Y detesto tener que despedirlo. ¿Le puede servir? Y lo volveré a contratar tan pronto como el negocio se reponga”. Y lo colocaba en la planta y lo distribuía por ahí. Bueno, era un viejo sindicalista. Sabía lo que tenía que hacer. No tuve que decírselo. Sabía que la idea era integrarse en el grupo y conmoverlos emocionalmente para que estuvieran listos para organizarse cuando llegara el momento».

    Las victorias en el sector cárnico en la década de 1930 revertirían las décadas de abusos sufridos bajo la familia Hormel, conocida como los «dictadores benevolentes». La capacidad de los trabajadores de base para hacerse con el control de la lucha y derrotar a los patrones estaba directamente relacionada con su capacidad para organizarse utilizando un modelo sindical independiente, militante y democrático construido desde la propia planta de trabajo. ¿Qué significa esto para la lucha de los trabajadores del sector cárnico y de todos los trabajadores sindicalizados hoy en día?

    Algunas breves reflexiones finales

    La perspectiva de los socialistas y los militantes sindicales con conciencia de clase que se proponen organizar un taller y desarrollar la militancia en la base, la democracia sindical y la politización de la fuerza de trabajo es una parte esencial del desarrollo de la lucha de clases. Esto es lo que genera logros duraderos y significativos para la clase. El hecho de que hoy en día tantos socialistas —desde La Voz de los Trabajadores hasta el DSA— estén desarrollando perspectivas para el movimiento obrero y tratando de ponerlas en práctica es importante. Todos estos esfuerzos diferentes se pondrán a prueba en el proceso de desarrollar una izquierda de lucha de clases en el movimiento sindical, y la clase trabajadora comenzará a utilizar los mejores ejemplos que sean eficaces y a construir piquetes de huelga masivos que los esquiroles no puedan cruzar.

    ¿Qué sería posible si los trabajadores inmigrantes sindicalizados dispuestos a la huelga se unieran a los millones de personas de todo el país que se movilizan contra los ataques de Trump a los inmigrantes y las libertades civiles? La poderosa combinación del movimiento sindical y el movimiento de masas podría asestar un golpe a la agenda «MAGA» y, al mismo tiempo, conseguir mejoras significativas en materia de salarios, seguridad y prestaciones de jubilación en la peligrosa industria cárnica.

    Unas palabras de precaución. Para lograr un impacto duradero, un movimiento de este tipo no puede ser empujado hacia el Partido Demócrata cuando lleguen las elecciones. Los demócratas han demostrado una y otra vez que su partido es belicista, antiinmigrante y antiobrero. Empujar a las masas en época de elecciones a votar por los demócratas llevaría nuestros esfuerzos al cementerio de todos los movimientos sociales. Debemos mantener el movimiento independiente y en las calles, y seguir trabajando a través de la lucha común para construir un partido político de la clase trabajadora y para la clase trabajadora.

    Foto: Jerilee Bennett / The Gazette / AP

  • Se intensifican las luchas contra los centros de datos de IA

    Se intensifican las luchas contra los centros de datos de IA

    Por M. A. AL-GHARIB

    La explosión de la inteligencia artificial en los últimos dos años ha sido impresionante. De repente se ha convertido ahora en el vehículo no solo de las fantasías más descabelladas de las grandes empresas tecnológicas, sino también del capital en general. Las afirmaciones de sus más fervientes defensores —que sustituirá a la mayor parte del trabajo humano y que marcará el inicio de una nueva era de crecimiento capitalista ilimitado— inevitablemente quedarán por debajo de las expectativas. Pero aunque no anticipamos en un futuro próximo corporaciones multimillonarias dirigidas solamente por agentes de IA, el futuro que el capital de la IA prevé para el resto de la humanidad se revela en sus nuevas «fábricas satánicas», los centros de datos de IA que surgen ahora por todo Estados Unidos. Marx escribió en su día que la mecanización en la sociedad de clases proporciona nuevas armas con las que la clase dominante puede dominar a la clase trabajadora.

    El papel cada vez mayor de la IA en el capitalismo estadounidense y mundial

    Empresas como Apple, Meta, Alphabet, Microsoft, Nvidia y Amazon, «todas las cuales han apostado su futuro por el uso de la inteligencia artificial», constituyen ahora alrededor del 30 % del S&P 500. El gasto en IA no solo es uno de los principales motores de la rentabilidad mundial, sino que está sosteniendo la economía real tanto en Estados Unidos como a nivel global. El gasto de las empresas tecnológicas en infraestructura de IA ascendió a 375 000 millones de dólares a nivel mundial en 2025 y se prevé que aumente hasta superar los 700 000 millones de dólares en 2026. Además, tal y como The New York Times informó el verano pasado, las empresas de gestión de activos estiman que dicho gasto alcanzará los 7 billones de dólares en la próxima década.

    Las industrias auxiliares que prevén un crecimiento relacionado con los centros de datos de IA incluyen el análisis de infraestructuras y la imagenología, los proveedores de energía (por ejemplo, los fabricantes de baterías) y los servicios de almacenamiento, la energía nuclear, la construcción y los materiales de construcción, así como los servicios de electricistas, la ingeniería y las empresas de maquinaria pesada. Sin embargo, todo este entusiasmo ha llevado a los expertos del sector a advertir ya de un colapso inminente.

    Al igual que otros ciclos de «exuberancia irracional», el auge de la IA se sustenta en un castillo de naipes: deuda, especulación y artimañas financieras. En realidad, el sector se está hundiendo bajo el peso de cientos de miles de millones de dólares de deuda. Los gigantes tecnológicos están acumulando esta deuda a través de los mismos instrumentos financieros «altamente titulizados» que provocaron el estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008. Es un eufemismo decir que sus expectativas de beneficios son muy optimistas y que una crisis devastaría no solo a las industrias mencionadas anteriormente que prestan servicios al sector, sino también a la economía real en general.

    La oposición a los centros de datos se está extendiendo e intensificando

    Se prevé que las principales empresas tecnológicas, o «hiperescaladores», como se les denomina en la jerga del sector, gasten aproximadamente 710 000 millones de dólares en centros de datos en toda Norteamérica en 2026. Para superar a sus rivales, los hiperescaladores deben construir centros de datos lo más rápido posible. La potencia informática necesaria para ello es gigantesca, lo que supone una carga enorme para las redes eléctricas y las fuentes de agua existentes. Como alternativa, los hiperescaladores pueden optar por construir sus propias instalaciones de generación de energía in situ. Pero, en cualquier caso, normalmente se les exige pasar por los procesos locales de solicitud de permisos.

    Ahí es donde ha surgido la resistencia en lugares tan diversos como el Valle Central de California, Georgia, Maine, Pensilvania, Virginia y Wisconsin, además de en territorios indígenas soberanos. Hasta la fecha, hay proyectos de ley de moratoria en más de una docena de legislaturas estatales, y se prevé que el número aumente. Una encuesta de Pew Research reveló recientemente que los estadounidenses tienen una opinión más negativa de la IA que los habitantes de cualquier otro país en el que se haya realizado la encuesta.

    En 2025, las protestas locales en EE. UU. lograron bloquear 48 proyectos por un valor superior a los 150 000 millones de dólares. Las protestas locales de base han endurecido la postura de los ayuntamientos y los órganos legislativos, que han impuesto obstáculos legislativos cada vez más disruptivos (desde la perspectiva de las grandes empresas tecnológicas) a los nuevos centros. Un experto del sector, Aniket Shah, director general del banco de inversión Jefferies, prevé una resistencia aún mayor y un creciente rechazo legislativo en el futuro.

    La legislación más extensiva hasta la fecha proviene de Maine, donde la legislatura controlada por el Partido Demócrata aprobó una moratoria estatal de 18 meses. La prensa ha calificado esto, de forma exagerada, como la «primera prohibición estatal», pero se trata más bien de una moratoria y solo afecta a los centros «grandes», aquellos que consumen más de 20 megavatios de energía. No obstante, el alcance y la duración de la moratoria son un indicio de la resistencia de los habitantes de Maine. Localidades de todo el estado se han opuesto no solo a los posibles impactos medioambientales de los centros propuestos, sino también a los posibles cortes de suministro eléctrico y a la falta de transparencia y participación de la comunidad. Sin embargo, en el momento de redactar este artículo, la gobernadora demócrata Janet Mills aún no se ha pronunciado sobre si vetará o no el proyecto de ley y ha realizado declaraciones sobre la importancia de los centros para generar empleo en el estado.

    Virginia es otro ejemplo revelador. Este estado fue uno de los primeros lugares de EE. UU. donde se construyeron centros de datos —destinados a satisfacer las demandas de computación en la nube del Gobierno federal—. Sin embargo, a medida que las enormes demandas de electricidad y agua de los centros, junto con sus impactos negativos —como el aumento de los niveles de ruido y el empeoramiento de la calidad del aire—, se hicieron más evidentes para las comunidades locales, estas se levantaron en resistencia, «una de las más feroces», según un reciente artículo del New York Times. Una consigna destacada en las protestas contra los centros de datos de Virginia se ha centrado en el control comunitario de la política local.

    Los numerosos perjuicios de los centros de datos

    No es solo su consumo de electricidad lo que está irritando a estas comunidades, aunque las cifras sean desorbitadas. Uno de estos centros consume tanta energía como 100 000 hogares, y los más grandes, hasta 2 millones. Estas «necesidades» energéticas promueven indirectamente otras formas de energía contaminantes y peligrosas, como el carbón y la energía nuclear. Estos centros generan un calor extremo y requieren cantidades ingentes de agua: se estima que, para 2028, los centros de datos consumirán tanta agua como las necesidades domésticas de 18,5 millones de hogares estadounidenses (hay que recordar que un hogar estadounidense ya contribuye de por sí de forma enormemente desproporcionada a la huella de carbono global). Los residentes de un condado de Georgia prevén que sus facturas de agua aumenten más de un 33 % en los próximos dos años. Un aumento anual típico es del 2 %.

    La contaminación atmosférica, vertida por centros ubicados en comunidades de clase trabajadora y racializadas; el agotamiento de los fondos públicos debido a las exenciones fiscales de las legislaturas estatales «favorables a las empresas»; los residuos electrónicos y los metales pesados que probablemente se verterán sobre los trabajadores de los países semicoloniales y del Sur Global; el deterioro y la inminente devastación de las condiciones laborales —materiales y psicológicas— entre los trabajadores de oficina. Estos son solo algunos de los daños que los centros de datos y la moda de la IA ya están causando.

    El racismo medioambiental y el colonialismo

    Como resultado de la resistencia antes mencionada, las empresas tecnológicas se están enfocando cada vez más en las comunidades racializadas, rurales e indígenas más vulnerables como los sitios para nuevos centros de datos.

    En Misisipi y Tennessee, la NAACP ha demandado a X, la empresa de Elon Musk, cuyos centros de datos xAI están vertiendo cantidades masivas de metano y otras toxinas en comunidades históricamente negras con una larga experiencia de racismo medioambiental. Los centros de datos «Colossus» y «Colossus II» de la región, que funcionan con centrales eléctricas improvisadas, son instalaciones gigantescas. Colossus II ocupa 93 000 metros cuadrados en Southaven, Misisipi. The Guardian señala que Colossus I, en la zona industrial de Memphis, Tennessee, se encuentra a solo unos kilómetros de «barrios residenciales que llevan mucho tiempo lidiando con una contaminación nociva, incluido Boxtown, un barrio fundado por personas que habían sido esclavas tras la emancipación en el siglo XIX». Las más de dos docenas de turbinas de gas de Southaven, «cada una del tamaño de un autobús grande», como señala el informe de The Guardian, tienen en conjunto una capacidad para emitir 1700 toneladas al año de sustancias químicas, entre ellas óxidos de nitrógeno y formaldehído. Los miembros de la comunidad y los organizadores han estado movilizando protestas en ambos emplazamientos en torno a consignas como el derecho al aire limpio.

    Las empresas de hiperescala también se centran en las comunidades nativas americanas que han sufrido siglos de violencia colonial y racismo medioambiental. Estas empresas ven las prácticas y leyes de soberanía indígena como oportunidades para eludir la resistencia legislativa mencionada anteriormente. Aunque las empresas prometen generar nuevos puestos de trabajo en dichas comunidades, en realidad estos centros amenazan con el desplazamiento y el menoscabo de los sistemas indígenas de alimentación y cuidados. Tal y como se informa en un artículo reciente de Mother Jones, esta ha sido la experiencia de la Nación Muskogee (Creek) en Oklahoma, cuyo rancho Looped Square, «una parcela de 5570 acres donde la tribu lleva a cabo su iniciativa de soberanía alimentaria», se encuentra actualmente amenazada.

    Los activistas de Honor the Earth, una organización indígena sin ánimo de lucro, explican que actualmente hay «al menos 106 proyectos de centros de datos propuestos cerca o en tierras nativas». Los activistas nativos consideran que los centros de datos propuestos forman parte de la larga historia del colonialismo en curso, del despojo indígena y de la expoliación de las tierras indígenas, siendo un ejemplo reciente el oleoducto Dakota Access en 2016.

    Al igual que en otras partes de Estados Unidos, las comunidades indígenas se han organizado para luchar contra lo que, con razón, consideran invasiones coloniales. Además de fundar la coalición Stop Data Colonialism, Honor the Earth ha ayudado a organizar movimientos de resistencia indígenas locales con cierto éxito: bajo la presión del movimiento, se han conseguido moratorias o prohibiciones directas aprobadas tanto en Tulsa y Coweta (Oklahoma) como en la Nación Seminole, en la parte norte del estado.

    Algunas tesis generales y provisionales

    Desde 1980, hemos asistido a una brecha cada vez mayor entre los trabajadores asalariados profesionales  y los obreros manuales. A medida que el proyecto imperial estadounidense comenzó a declinar en la década de 1970, este último grupo se vio especialmente afectado, sufriendo un estancamiento salarial e incluso una regresión, junto con descensos masivos en la sindicalización. Los primeros, los trabajadores asalariados profesionales, se beneficiaron de hecho como sector de la clase trabajadora, participando en el auge de la financiarización (deuda) para impulsar su acreditación en las universidades y su consumismo. Sin embargo, desde la crisis financiera de 2008, los profesionales también han comenzado a ver cómo sus ganancias desaparecen bajo el régimen neoliberal, con cada vez más miembros de este sector sumidos en una deuda impagable y en el desempleo.

    Ahora, con la aparición de la IA como tecnología de consumo masivo en los últimos dos o tres años, asistimos a perturbaciones cada vez más gravosas del proceso laboral y a amenazas de desempleo masivo inminente en el sector de los trabajadores de oficina. Figuras como Sam Altman, director de OpenAI, se están mostrando cada vez más abiertas y elocuentes sobre su objetivo final: corporaciones valoradas en miles de millones y gestionadas íntegramente por agentes de IA.

    Los trabajadores profesionales ven ahora un futuro próximo, si no un presente, de descalificación, desempleo masivo y devastación material y mental. A medida que este sector se proletariza, pierde el lugar privilegiado que una vez ocupó bajo el neoliberalismo y se une a los trabajadores manuales, ya maltratados por décadas de desindustrialización neoliberal. Esto abre la posibilidad de un movimiento unido verdaderamente poderoso de ambos sectores, en torno a consignas como el control «democrático» o «comunitario» de la tecnología, el control democrático de la economía, la primacía de las necesidades humanas sobre los beneficios, la sanidad socializada universal y otros cuidados, etc.

    A pesar de las divisiones que el trumpismo ha estado provocando entre los dos partidos de la clase dominante y de las contradicciones reales entre las respectivas bases sociales de dichos partidos, la clase capitalista estadounidense y los partidos burgueses están unidos en su promoción de la inteligencia artificial y del sector tecnológico en general como armas en el conflicto interimperialista con China. Nos referimos a armas tanto en sentido literal como metafórico: la IA está a la vanguardia del desarrollo de tecnologías militares y de vigilancia para su uso en enfrentamientos militares actuales y futuros, y la clase dominante estadounidense la considera además un instrumento para el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. Fenómenos distópicos como los agentes o policías de IA y la guerra «predictiva» han traspasado las fronteras de la ficción especulativa para convertirse en una realidad contemporánea para los pueblos colonizados y la clase trabajadora.

    Marx sostiene en El Capital, vol. 1, que es posible trazar una «historia completa» de las innovaciones en maquinaria desde los primeros días de la revolución industrial «como medios bélicos del capital contra los
    amonamientos obreros». Esta idea resuena con el nivel existencial de amenaza que siente toda la clase trabajadora, independientemente de sus credenciales, en nuestros propios tiempos. Pero más allá de esto, los centros de datos y la mayor explosión de entusiasmo en torno a la IA son sintomáticos de una crisis más general, una crisis que se manifiesta no solo en la devaluación del trabajo, sino también en los ataques a las comunidades locales y al medio ambiente, junto con los ataques a las comunidades indígenas y racializadas.

    En El Capital, Marx ya veía la emergente «ruptura metabólica» causada por la maquinaria y la industria a gran escala como la contradicción más profunda del capitalismo. Esto se manifestaba en la época de Marx, y en gran medida también en la nuestra, en la industrialización de la agricultura y en las crisis de sobreproducción en los bastiones capitalistas que, a su vez, impulsan a las potencias capitalistas a dedicarse al colonialismo.

    Podemos extrapolar directamente de la mecanización agrícola del siglo XIX a la robótica y la IA de nuestra época. Como escribe Marx en El Capital: «La producción capitalista concentra a la población en grandes centros y hace que la población urbana adquiera un peso cada vez mayor. Esto tiene dos consecuencias. Por un lado, concentra la fuerza motriz histórica de la sociedad; por otro, perturba la interacción metabólica entre el hombre y la tierra […] La producción capitalista, por lo tanto, solo desarrolla las técnicas y el grado de combinación del proceso social de producción al socavar simultáneamente las fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el trabajador». Con gran perspicacia, Marx vio que esta dinámica, desatada por el modo de producción capitalista, conduciría inevitablemente a crisis cada vez más devastadoras.

    Es bien conocida la tendencia inherente del capitalismo hacia las crisis, junto con las crisis mucho más frecuentes y graves desde la década de 1970, en comparación con los «trente glorieux» keynesianos de la posguerra. La dinámica que observamos hoy con la IA no solo se hace eco de la era posterior a la década de 1970. Al igual que, aparentemente, todo lo demás que toca la IA, la acelera: ya hay economistas y estrategas empresariales más sensatos que advierten de un colapso inminente. La locura de los defensores de la IA y la sensatez de sus escépticos son casi simultáneas. Los ataques que la IA inflige a las comunidades, a la clase trabajadora y al planeta —las profundas perturbaciones que tan obviamente benefician solo a la minoría rica— son tan amplios y se sienten tan ampliamente que tienen el potencial de unir a todos los sectores de la clase trabajadora junto con las comunidades indígenas y racializadas a través de regiones nacionales dispares y fronteras internacionales.

    La tarea de los revolucionarios es aclarar estas conexiones y articular estos sentimientos en una lucha unificada. Solo la unificación de estas luchas bajo un programa revolucionario para el derrocamiento del capitalismo y su sustitución por un sistema que anteponga las necesidades humanas y la salud del planeta a los beneficios de una minúscula minoría puede sacar a nuestra clase, y a nuestro planeta, de la crisis.

    Foto: NBC News

  • La guerra contra Irán: una catástrofe medioambiental a escala mundial

    La guerra contra Irán: una catástrofe medioambiental a escala mundial

    Por B. COOPER

    En la guerra imperialista iniciada por EE. UU. e Israel, las consecuencias medioambientales han sido especialmente nefastas para el pueblo iraní. Aunque, en el momento de redactar este artículo, se ha acordado un alto el fuego temporal y frágil, estas consecuencias perdurarán durante décadas y afectarán a toda la región. De hecho, en un futuro próximo cabe esperar que el imperialismo estadounidense libere más guerras destructivas para el medio ambiente y, en última instancia, inútiles, impulsadas por la IA y justificadas por una retórica genocida.

    El bombardeo del depósito de petróleo de Teherán

    El bombardeo israelí del depósito de petróleo de Teherán el 8 de marzo será recordado como uno de los peores desastres medioambientales y crímenes de guerra de la historia. Cuatro instalaciones de almacenamiento y un centro logístico fueron alcanzados, lo que provocó que enormes cantidades de petróleo se quemaran y se elevaran al cielo en forma de espeso humo negro. Luego volvió a la tierra como lluvia ácida de petróleo. Esto se debe a que el petróleo se transforma químicamente en compuestos de azufre y nitrógeno al mezclarse con la lluvia.

    Esto tuvo efectos inmediatamente letales para la población trabajadora, a la que las autoridades sanitarias y medioambientales iraníes aconsejaron refugiarse en el interior para protegerse de la lluvia ácida, proteger o desechar los alimentos expuestos y llevar mascarillas si era necesario salir al exterior. Los terribles relatos de la población trabajadora (solo Teherán en si tiene una población de 10 millones de habitantes) se quejan de lluvia negra, dificultad para respirar y ardor en los ojos y la garganta. Una mujer afirmó que era «apocalíptico» y «un crimen contra la humanidad».

    Gran parte de la ciudad quedó cubierta por una fina capa de hollín. Existen riesgos de cáncer asociados a la exposición pulmonar y cutánea a los combustibles fósiles y sus subproductos, especialmente si estos subproductos penetran en el sistema de agua municipal o en las aguas superficiales expuestas (un problema para las comunidades situadas cerca de la producción petrolera en EE. UU.). Este ataque también provoca daños medioambientales a más largo plazo. Toda la región tendrá que hacer frente a los posibles efectos a largo plazo sobre la agricultura. Varios residentes observaron la desaparición de la fauna local, principalmente aves.

    La conflagración en Oriente Medio propaga el ecocidio

    Debido a los ataques de represalia contra la producción petrolera regional por parte de Irán (al no estar en condiciones de tomar represalias militares directas contra EE. UU.), estos daños medioambientales directos han envuelto a Oriente Medio. Se han atacado las instalaciones de producción de combustible en Baréin, Irak, Catar, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, así como múltiples petroleros en el Golfo Pérsico. Así pues, además de los daños medioambientales directos a las personas descritos anteriormente, esta guerra —cuya responsabilidad recae totalmente en Estados Unidos e Israel— añade niveles inaceptables de emisiones de CO₂ a la atmósfera terrestre en su conjunto, y por lo tanto representa un ataque a la salud de todo el planeta, no simplemente a una nación concreta o a un conjunto de naciones.

    Se estima que el ejército estadounidense ha liberado más de 2000 millones de toneladas métricas de CO2 durante la guerra, hasta la fecha. Esto corresponde a los gastos de las operaciones militares, sin incluir las emisiones mucho más elevadas de los petroleros que han explotado. En un momento en el que todas las naciones del mundo deberían trabajar de forma concertada para reducir las emisiones de combustibles fósiles y salvaguardar la vitalidad de las generaciones futuras, la locura del capitalismo nos lleva a hacer lo contrario; la contaminación por combustibles fósiles se dispara, al igual que caen las bombas israelíes, sobre las cabezas de los niños de Oriente Medio.

    Otros contaminantes: ¿Plásticos, caucho, metales y lluvia radiactiva?

    Las explosiones y los incendios en la industria o la agricultura pueden liberar innumerables compuestos químicos a la atmósfera o al suelo. Los expertos están preocupados por las posibles implicaciones a largo plazo de atacar plantas de amoníaco, la producción de caucho, los almacenes de fertilizantes, la quema de materiales de construcción (como el amianto), etc. Hasta la fecha, EE. UU. ha atacado más de 16 000 objetivos distintos en Irán, y este, a su vez, ha tomado represalias contra miles de objetivos en toda la región.

    La cuestión del material nuclear sigue pendiente. Al fin y al cabo, la ronda anterior de ataques contra Irán en junio de 2025 tenía como objetivo declarado poner fin al programa nuclear iraní (¡un programa que tienen todo el derecho a llevar a cabo!), lo cual solo tuvo un éxito cuestionable. Tras esos ataques, Trump afirmó absurdamente en «Truth» Social que «las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear de Irán han sido completa y totalmente destruidas» y que «¡AHORA ES EL MOMENTO DE LA PAZ!».

    Infraestructura hídrica vital amenazada

    Hoy, en 2026, tanto las autoridades iraníes como Trump (en varias diatribas en Truth Social) han proferido amenazas contra la infraestructura civil, en particular las plantas desalinizadoras y las centrales eléctricas. La población de los Estados del Golfo, incluido Irán, vive en climas áridos, y es un logro técnico y cultural en sí mismo que millones de personas puedan obtener agua potable en un desierto. Para ello se necesitan plantas desalinizadoras, que toman agua de mar y la convierten en agua potable, así como la energía que las mantiene en funcionamiento. Cualquiera que ataque una planta desalinizadora estaría cometiendo un crimen de guerra.

    Lo peor es que los Estados del Golfo Pérsico, incluido Irán, se enfrentan a una sequía histórica. Irán ya afirma que EE. UU. ha atacado una planta desalinizadora, hasta el momento. Un ataque masivo contra las plantas desalinizadoras y sus centrales eléctricas en Irán por parte de EE. UU. e Israel constituiría un ataque directo contra la vida del pueblo iraní. Además, dada la actual posición militar de Irán y su táctica predominante de atacar a los aliados de EE. UU. en la región, tal medida por parte de la administración Trump podría provocar un contraataque de Irán contra las plantas desalinizadoras de la región.

    Constituiría una de las peores crisis humanitarias de la historia, que recaerá de nuevo sobre los hombros de EE. UU. e Israel. ¡Los trabajadores de EE. UU. deben oponerse a esto con todas sus fuerzas!

    La fauna silvestre bajo ataque; las selvas tropicales en la mira

    Además de los seres humanos, los animales y las plantas que habitan la región también sufren a causa de la guerra. Los biólogos marinos están preocupados por varias especies de fauna marina en peligro crítico de extinción, tanto en el Mar Rojo como en el Golfo Pérsico. El mero tráfico habitual de contenedores y petroleros ya genera mucho ruido y colisiones que hieren o matan a los animales marinos.

    Pero las bombas que explotan y los barcos en la superficie del agua producen enormes ondas de choque que causan lesiones, desorientación e incluso sordera en los animales. Por supuesto, si los barcos transportan petróleo, fertilizantes u otros compuestos químicos que no se encuentran normalmente en el ecosistema, esto pone en peligro la vida.

    Varias especies que utilizan el estrecho de Ormuz como ruta migratoria, como ballenas, manatíes, tiburones, tortugas y dugongos, se encuentran en peligro. Las especies de peces vitales para la pesca local también pueden estar en riesgo. El ecosistema del golfo Pérsico también alberga manglares y pastos marinos.

    Peor aún es cómo la guerra provoca que la economía del capitalismo vaya devorando el medio ambiente, algo que vemos con la deforestación global que se está produciendo a causa de la guerra de Irán. ¿Cómo es eso? Debido al aumento de los costes del combustible a raíz de la guerra (y a la volatilidad del mercado provocada por los aranceles que afectan a los agricultores estadounidenses), la administración Trump está imponiendo un aumento de la producción de biocombustibles. Los biocombustibles requieren el cultivo de más cosechas como la soja y el maíz, cultivos que generalmente exigen la tala de bosques (y la invasión de praderas) para hacerles espacio. Estados Unidos no cuenta con suficiente producción nacional de aceite vegetal, por lo que debe importarlo. Las investigaciones revelan que esto provocará 7 millones de acres adicionales de deforestación a nivel mundial. Y aquí está el quid de la cuestión: eso generaría más emisiones de carbono de las que se ahorrarían con los biocombustibles añadidos.

    Bajo el capitalismo global, la naturaleza se considera una especie de «almuerzo gratis», ajena a la producción, en lugar de un componente vital de la reproducción. Así pues, los empresarios ambiciosos ven cualquier guerra como otra oportunidad para obtener beneficios, algo que nuestro gobierno fomenta. Dado que la gente común —la clase trabajadora— no controla la producción de forma democrática, las consecuencias sociales y medioambientales de la producción capitalista se descontrolan continuamente.

    La respuesta organizada de los trabajadores puede detener esta locura

    Uno de los males evidentes del imperialismo y el sionismo es que estos horrores no les preocupan desde su punto de vista. Su objetivo es la derrota estratégica del «enemigo», y la devastación de la vida civil (entre la que Israel y Trump no hacen distinción alguna) o de la salud de la Tierra en su conjunto no entra en sus cálculos.

    A nuestra clase dominante inmoral solo le importan los cálculos estratégicos estrechos. Su perspectiva y sus acciones conducirán, por necesidad, a nuestra destrucción mutua y colectiva. El mundo moderno no puede sobrevivir mucho tiempo a esta falta de sabiduría y de respeto por la naturaleza.

    Estas preocupaciones ecológicas y humanitarias son razón suficiente para que los trabajadores de Estados Unidos se organicen con el fin de desmantelar la maquinaria militar y poner fin a toda ayuda a Israel. Al mismo tiempo, los trabajadores iraníes deben movilizarse en defensa de su país. Los belicistas que han sembrado la muerte en Irán y que desean saquear sus recursos y devastar su medio ambiente deben ser derrotados para garantizar cualquier tipo de libertad o liberación real.

    • ¡Detengan la guerra contra Irán! ¡Fuera EE. UU. de Oriente Medio!

    • ¡Desmantelen el ejército estadounidense! ¡No a la IA militar!

    • ¡Acaben con toda la ayuda estadounidense a Israel! ¡Palestina Libre! ¡Líbano Libre!

    • ¡Victoria para el pueblo trabajador de Irán contra la agresión estadounidense e israelí! ¡Mujeres, vida, libertad!

    • ¡No a los ataques contra las infraestructuras vitales! ¡El agua es un derecho humano!

    • ¡Protejan la fauna y los ecosistemas de la Tierra! ¡Por el control y la gestión públicos de todas las tierras y mares bajo el control de los trabajadores, los agricultores y los pueblos indígenas para lograr una sostenibilidad real!

  • Los trabajadores están pagando los costes de la guerra contra Irán

    Los trabajadores están pagando los costes de la guerra contra Irán

    Trump: «Estamos librando guerras. No podemos ocuparnos de cuidar niños».

    Por JOHN LESLIE

    Seis semanas después del inicio de la gran aventura iraní de Trump, los precios del combustible y los alimentos se están disparando debido a las enormes interrupciones en la cadena de suministro provocadas por el ataque estadounidense-israelí contra Irán. En el contexto de la guerra entre EE. UU. e Israel y los ataques de represalia iraníes, el precio del petróleo subió en todo el mundo.

    El estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado sin que se vislumbre un final. Aproximadamente 20,3 millones de barriles de petróleo y crudo, el 25 % de los envíos marítimos de petróleo del mundo, pasaban a diario por el estrecho de Ormuz. En la actualidad, alrededor del 95 % de todo el tráfico a través de esa vía marítima vital se encuentra paralizado.

    Son los trabajadores de todo el mundo quienes pagarán el precio de esta guerra elegida por el imperialismo estadounidense y su Estado satélite israelí. El precio medio de un galón de gasolina normal supera ahora los 4 dólares en Estados Unidos, un dólar más que al inicio del conflicto. El aumento de los precios del petróleo tiene un efecto dominó en la economía, provocando el incremento de los precios de los bienes de consumo, los billetes de avión y los alimentos. Los precios al consumo en EE. UU. subieron en marzo hasta alcanzar un incremento medio anual del 3,3 %, el mayor repunte de la inflación en los últimos dos años.

    El ataque imperialista contra Irán ha beneficiado a los inversores, ya que han apostado por la volatilidad del mercado utilizando mercados de predicción como Polymarket y Kalshi, o han desviado fondos hacia empresas de fabricación de armas altamente rentables. De hecho, la precisión y el momento en que se han realizado algunas de estas apuestas han dado lugar a especulaciones sobre la existencia de información privilegiada sobre las decisiones bélicas de la Administración. En algunos casos, cuentas de reciente creación obtuvieron enormes beneficios, en el momento oportuno, con apuestas de alto riesgo justo antes de anuncios importantes o ataques militares. Entre ellas se incluyen apuestas realizadas antes de los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán en febrero de 2026 y antes del anuncio de un alto el fuego de dos semanas el 8 de abril de 2026.

    De hecho, el «alto el fuego», que no ha detenido los ataques de Israel contra el Líbano, supone un respiro muy necesario para el ejército del imperio estadounidense, que estaba agotando rápidamente sus reservas de armas y puso de manifiesto las debilidades de las cadenas de suministro de la industria manufacturera estadounidense. El sector manufacturero, que depende de fuentes extranjeras para obtener materias primas y componentes, se ha visto afectado. Los fabricantes, según informa el Center for American Progress, «dependen de complejas cadenas de suministro para obtener insumos, como materiales y componentes, para producir en Estados Unidos. Según una encuesta reciente, se esperaba que los fabricantes estadounidenses vieran aumentar los precios de los insumos en marzo de 2026 a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento desde las crisis de suministro de la era de la pandemia. Las industrias que dependen de materiales producidos a gran escala en la región del Golfo Pérsico probablemente se enfrentarán a los retos más graves e inmediatos». Aún no se han dejado sentir todos los efectos de esta guerra en la economía estadounidense.

    La situación de los hogares de clase trabajadora es muy diferente. Muchos ya sufren una crisis de «asequibilidad» en una economía que ha sido despojada de cualquier sensación real de seguridad, y algunos tienen que compaginar más de un trabajo solo para sobrevivir. Ahora, el impacto de la inflación causada por esta guerra significa que los trabajadores y los agricultores están pasando aún más apuros. Los precios del combustible son solo un aspecto de este problema. Las facturas de la compra, el seguro médico y la asistencia sanitaria, los tipos hipotecarios y los costes de los fertilizantes también se han disparado.

    La clase trabajadora se ve obligada a elegir entre las reparaciones del hogar, los gastos de transporte, el pago de las facturas de los servicios públicos y la alimentación. El mecánico Justin Thaemert declaró al St Cloud Times que su taller de reparación de automóviles ha experimentado una reducción sustancial de la actividad. «Todo el mundo se está apretando el cinturón… La gente está posponiendo las reparaciones y haciendo otras cosas solo para llegar a fin de mes. Todo está estancado». Thaemert continuó: «No podemos hacer muchas cosas en este momento… Simplemente no hay dinero».

    Una bibliotecaria de Massachusetts declaró a The Guardian que su marido «trabaja actualmente como repartidor, utilizando su propio vehículo y teniendo que pagar la gasolina, que su empresa no le reembolsa en su totalidad. Entre el aumento de los precios del combustible, un alquiler desorbitado, el encarecimiento de los alimentos, el seguro médico, los servicios públicos y otros gastos básicos de subsistencia, nos estamos ahogando. En las últimas semanas, ha tenido que aceptar turnos en una segunda empresa de reparto solo para que podamos llegar a fin de mes». Continuó diciendo: «A veces trabaja entre 12 y 14 horas al día. Yo también trabajo a tiempo completo y, a pesar de contar con dos ingresos a tiempo completo, apenas llegamos a pagar el techo que nos cobija y la comida que ponemos en la mesa. … Olvídese de la jubilación, me preocupa que ni siquiera podamos sobrevivir los próximos años».

    Un hombre de Pensilvania que se vio obligado a cerrar su negocio de tatuajes por falta de demanda declaró a The Guardian: «Parece que nuestro presidente está empeñado en encarecerlo todo, desde los alimentos hasta la gasolina y la energía. Y ahora tengo que preocuparme por mi plan de pensiones 401k y por si mis hijos podrían ser reclutados para luchar en una guerra que es completamente innecesaria».

    El aumento de los costes de los fertilizantes para los agricultores se trasladará inevitablemente a los precios en los estantes de los supermercados. Según The American Prospect, «El cierre efectivo del estrecho de Ormuz tiene implicaciones no solo para el petróleo, sino también para los fertilizantes, justo en pleno apogeo de la temporada de siembra de primavera. Aproximadamente un tercio de los fertilizantes del mundo se transporta a través del estrecho, y sin acceso a él, los precios se han disparado y los agricultores están preocupados. Sin embargo, en Estados Unidos hay suficientes recursos naturales —nitrógeno, fosfato, potasio— para satisfacer todas nuestras necesidades de fertilizantes; de hecho, en las décadas de 1930 y 1940, uno de los mayores productores de fertilizantes del mundo era la Tennessee Valley Authority. Esta producción se redujo en la década de 1970; hoy en día, el sector está dominado por entre dos y cuatro empresas, y eso podría acabar teniendo implicaciones existenciales para las personas que padecen hambre en todo el mundo».

    El Pentágono inchado

    El coste diario de la guerra con Irán hasta ahora ha superado los 1.600 millones de dólares al día; se gastaron al menos 11.300 millones de dólares en la primera semana. Esta cifra, basada en una sesión informativa del Pentágono ante el Congreso, podría estar muy subestimada. ¿Qué significan esos 1.600 millones de dólares gastados a diario para el ciudadano medio? Por ejemplo, el coste medio de una escuela primaria de nueva construcción oscila entre 20 y 50 millones de dólares; eso equivale al coste de 32 escuelas nuevas al día que se están utilizando para masacrar a civiles iraníes y bombardear infraestructuras críticas. Mientras tanto, el Pentágono solicita entre 80 000 y 100 000 millones de dólares adicionales (una reducción respecto a la solicitud original de 200 000 millones) para sufragar los costes de la guerra, además de los ya astronómicos 800 000 millones de dólares asignados al gasto militar.

    El 3 de abril, un F-15E Strike Eagle estadounidense fue derribado por las fuerzas iraníes, dejando a dos soldados varados en territorio iraní. Estados Unidos puso en marcha lo que se ha descrito como la operación de búsqueda y rescate más cara de la historia, con un coste superior a los 2.000 millones de dólares si se incluyen las aeronaves y el equipo destruidos o dañados. Según el sitio web Defense Security Asia, «Al final de la misión, Estados Unidos había perdido un F-15E Strike Eagle, al menos dos aviones de rescate HC-130J Combat King II, un helicóptero MH-6 Little Bird (posiblemente dos), un A-10 Thunderbolt II y posiblemente varios drones MQ-9 Reaper, mientras que dos helicópteros de rescate HH-60 resultaron dañados y, según se informa, varios otros aviones declararon situaciones de emergencia».

    Las estimaciones del coste de la guerra no incluyen los gastos de Israel desde el inicio de la campaña contra Irán y la invasión ilegal de Israel al Líbano. Israel recibió 21 700 millones de dólares en ayuda estadounidense entre el 7 de octubre de 2023 y septiembre de 2025. Durante los primeros 20 días de la guerra contra Irán, Israel gastó 6400 millones de dólares.

    ¿Cómo lo van a pagar?

    Vale preguntarse cómo se financiará esta guerra. Cada vez que se propone algún programa o gasto que ayude a la clase trabajadora, los políticos preguntan con cinismo: «¿Cómo lo van a pagar?». Es una pregunta que casi siempre se olvidan de hacer cuando se trata de la guerra. El escenario más probable es más austeridad y recortes presupuestarios. ¿Educación, Seguridad Social, Medicare y Medicaid? ¡Olvídense de eso, tenemos una guerra que librar!

    Según The Hill, «Trump, durante un almuerzo de Pascua en la Casa Blanca, dijo que los estados deberían asumir plenamente la responsabilidad del cuidado infantil, y añadió que los estados [deberían] subir los impuestos para compensar el coste. “Estados Unidos no puede hacerse cargo de las guarderías. Eso tiene que ser competencia de los estados. No podemos ocuparnos de las guarderías. Somos un país grande. Tenemos 50 estados. Tenemos a toda esta gente”, dijo el presidente.

    «“Estamos librando guerras. No podemos ocuparnos de las guarderías. Hay que dejar que los estados se ocupen de las guarderías, y ellos también deberían pagarlas. Deberían pagar. Tienen que subir sus impuestos, pero deberían pagarlas. Y nosotros podríamos bajar un poco nuestros impuestos para compensarlo», añadió. El cuidado infantil, Medicare y Medicaid deberían ser gestionados por los estados, mientras que el Gobierno federal se centra en la «protección militar», afirmó el presidente».

    Branko Marcetic informó en Jacobin («Trump le está robando para pagar su estúpida guerra»): «La solicitud presupuestaria de Trump para 2027 —elaborada por el director de su Oficina de Gestión y Presupuesto, el fanático antigobernamental de toda la vida Russell Vought— prevé un enorme aumento del 44 % en el gasto militar, lo que elevaría el presupuesto de defensa a la increíble cifra de 1,5 billones de dólares. Con el presupuesto militar de Trump de casi un billón de dólares del año pasado, Estados Unidos ya gastaba más en el ejército que los nueve siguientes países con mayor gasto militar del mundo juntos. Pero este aumento significaría que los contribuyentes estadounidenses tendrían que pagar la factura de un presupuesto militar que es más del doble que el de los cinco países siguientes juntos».

    El secuaz de Trump, Marco Rubio, demostró carecer por completo de sentido de la ironía al afirmar: «Imaginen si, en lugar de gastar miles de millones en armas, Irán destinara ese dinero a su pueblo. Tendrían un país muy diferente».

    El coste humano de la guerra

    Irán está sufriendo numerosas bajas civiles; según informa la organización de derechos humanos HRANA, «3540 personas han perdido la vida desde que estalló la guerra. Según la organización, 1616 de ellas eran civiles, entre los que se contaban al menos 244 niños». Además, las fuerzas militares iraníes han sufrido más de 6000 bajas mortales y 15 000 heridos. Se estima que los ataques aéreos estadounidenses e israelíes han provocado el desplazamiento interno de 3,2 millones de iraníes, ya que las infraestructuras civiles y las viviendas han sido blanco de los ataques. Otros 1,6 millones de refugiados afganos que se refugiaron en Irán se enfrentan a graves dificultades.

    La expansión regional de la guerra ha supuesto más muertes en Irak (108 muertos), Líbano (1.461 muertos, incluidos 124 niños; sin contar los cerca de 300 muertos por los bombardeos israelíes en los últimos días) e Israel (19 muertos, sin contar las 10 bajas de las FDI en el Líbano), así como más víctimas en los Estados del Golfo. Al menos 1,3 millones de personas han sido desplazadas por la invasión israelí del Líbano. Muchos de estos refugiados ya eran refugiados de Palestina o de la guerra civil siria. Israel ha estado bombardeando infraestructuras civiles, como hospitales, escuelas, puentes y viviendas, en una campaña que recuerda a su destrucción de Gaza.

    ¡Defendamos al pueblo, recortemos los fondos al Pentágono!

    Décadas de una guerra de clases unilateral librada contra los trabajadores y los oprimidos por la clase capitalista y sus servidores políticos han dejado a la clase trabajadora con una vida cada vez más precaria. Los alquileres son demasiado altos, los alimentos son más caros y la asistencia sanitaria tiene, con demasiada frecuencia, un precio inalcanzable. Estados Unidos es el único país industrializado donde una enfermedad grave puede llevar a la quiebra a las familias. Trump hizo campaña prometiendo poner fin a las guerras interminables, pero rompió esa promesa. Ninguno de los partidos políticos del establishment, ni los republicanos ni los demócratas, luchará por la clase trabajadora.

    La clase trabajadora y sus aliados deben librar una lucha unida contra el autoritarismo y el belicismo de Trump. Necesitamos una alternativa al statu quo que anteponga los intereses de los trabajadores y los oprimidos. Necesitamos una política que anteponga a las personas a los beneficios y las necesidades humanas a las de los más ricos. Necesitamos educación, vivienda, asistencia sanitaria y empleo, no más sistemas de armamento.

    ¡Acabemos con las guerras en nuestro país y en el extranjero!

    ¡Pongamos fin ya a toda ayuda a Israel!

    ¡Dinero para empleo, educación, asistencia sanitaria y vivienda, no para la guerra!

    ¡Defendamos al pueblo, recortemos los fondos al Pentágono!

    Foto: Preparativos de guerra a bordo del portaaviones estadounidense Gerald Ford.