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Edición del periódico junio-julio

Trump sigue con su ataque contra los trabajadores y los oprimidos: Desde el ataque a los derechos de voto hasta el impacto medioambiental de la guerra contra Irán, pasando por los derechos al aborto y las luchas de los trabajadores inmigrantes de las plantas cárnicas en los piquetes, esta edición está repleta de análisis perspicaces sobre cómo los trabajadores se enfrentan a los horrores del capitalismo bajo el mandato de la administración Trump. En este número también podrás leer sobre los trabajadores migrantes en África, la lucha contra los centros de datos y el significado de las recientes elecciones en Hungría.
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Mundial 2026: ni la FIFA logra lavarle la cara a Trump
Por Cristian Verite
La FIFA, organismo que administra el fútbol a nivel mundial, está a las puertas de un nuevo evento.
Un evento que, sin dudas, para grandes sectores de la clase obrera y de los sectores populares —en particular en América y Europa— genera mucha expectativa.
Lo que para la mayoría significa pasión, sentimiento o identificación, para quienes conducen el fútbol representa grandes ganancias, apoyo político y enormes beneficios para unos pocos.
La FIFA trumpista y xenófoba
El objetivo de realizar el Mundial en Estados Unidos por parte de Trump se remonta a su primer gobierno, en 2017, cuando logró que el país fuera elegido como sede junto con México y Canadá. Esto no estuvo exento de polémicas, ya que, al igual que ocurrió con la elección de Qatar, hubo denuncias de sobornos relacionados con la FIFA.
Desde entonces hasta hoy, la FIFA encabezada por Gianni Infantino funciona prácticamente como una secretaría del gobierno de Trump: le entrega premios por su supuesta lucha por la paz mundial y le organiza reuniones con figuras del fútbol mundial como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Además, la FIFA no hace más que avalar las prohibiciones que impone Trump a distintos países para ingresar a Estados Unidos, como viene sucediendo en los últimos días, a horas del comienzo del Mundial.
Más de 50 países de Asia y África están sujetos a una fianza de visado. Esto significa que sus ciudadanos deberán pagar entre 5.000 y 13.000 dólares para ingresar a Estados Unidos, además de someterse a la revisión previa de sus redes sociales.
La “fiesta” que prepara el ICE
Hace algunas semanas, el gobierno anunció que la seguridad durante el Mundial en los estadios contará, entre otros organismos, con la participación destacada del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, por sus siglas en inglés). Si bien se informó que la tarea del ICE será colaborar en la detección de falsificaciones de entradas y reventa, no sería extraño que las deportaciones masivas por ingresos irregulares terminen predominando durante la Copa.
Sin embargo, ni siquiera este intento de disimular el papel del ICE logra mejorar su imagen. Según una encuesta del The Washington Post y la Universidad de Maryland, el 65% de los encuestados está en contra de la presencia del ICE en los estadios durante el Mundial. Cerca de ocho de cada diez afroamericanos e hispanos rechazan la presencia de agentes de ese organismo.
La facturación, por debajo de lo esperado
Trump había anunciado con bombos y platillos que la realización del Mundial aportaría 17.200 millones de dólares al PBI del país. Sin embargo, esa proyección viene cayendo y los datos están muy por debajo de lo esperado por varias razones.
En primer lugar, el valor de las entradas: rondan los 600 dólares en la fase de grupos y llegan hasta los 13.000 dólares para la final. Todos los indicios señalan que serán pocos los partidos con estadio lleno. Solo en comparación con el Mundial de Qatar 2022, las entradas son siete veces más caras. Además, el tren para llegar al MetLife Stadium —donde se jugará la final— costará 150 dólares, muy por encima de la tarifa actual de 12,90 dólares.
En segundo lugar, está la preocupación que representa para los extranjeros visitar Estados Unidos. Esto no solo se refleja en los datos de este Mundial, sino que parece comenzar a convertirse en una tendencia: en 2025, Estados Unidos fue el único país considerado “grande” que registró una caída abrupta en la llegada de turistas. Además, más de 120 organizaciones de derechos humanos emitieron una alerta de viaje para los asistentes, advirtiendo que podrían enfrentar graves violaciones a sus derechos.
Por último, llegan datos poco alentadores para Trump y la FIFA. Según Tourism Economics, “el 80% de los hoteles en las ciudades sede informa que la demanda de alojamiento está por debajo de lo esperado”.
La misma consultora prevé que más de 1,2 millones de personas llegarán al país para el evento, aunque las últimas actualizaciones muestran cifras inferiores a esa proyección.
Malestar social y clima político
Los datos del Mundial, el rechazo creciente hacia las fuerzas de seguridad y las movilizaciones actuales —como “No Kings” en Estados Unidos y las protestas de maestros en México— expresan que este Mundial difícilmente logre frenar el malestar con el gobierno de Trump y mucho menos contener la movilización social en la región.
Esto incluye, de manera central, al continente americano, donde se vienen desarrollando procesos de lucha crecientes en países como México, Bolivia, Colombia, Chile y Argentina.
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Bolivia: Paz promulga la ley de estado de excepción y recrudece la represión contra los dirigentes de las luchas sociales.
Solidaridad internacional con la lucha boliviana!
Por LENA SOUZA
La promulgación de la nueva Ley de Regulación de Estados de Excepción por parte del gobierno de Rodrigo Paz significa la profundización de la represión del Estado en la crisis política y social que atraviesa Bolivia. Aunque el Ejecutivo aún no ha decretado formalmente el estado de excepción, la aprobación de una norma que amplía las facultades del Gobierno y de las fuerzas represivas ocurre en medio de un escenario de ampliación de las movilizaciones populares, bloqueos y protestas. La ley constituye una advertencia sobre el rumbo que pretende adoptar el gobierno frente al creciente descontento popular. Mientras se prepara el marco legal para una eventual intervención más dura de las fuerzas de seguridad, hay una fuerte persecución y aprehensión de dirigentes sindicales, campesinos e indígenas.
La ley de estado de excepción: licencia para matar
Las organizaciones sindicales, populares, indígenas y numerosos defensores de los derechos democráticos afirman que la nueva ley representa la impunidad para la represión a la protesta. La norma amplía las atribuciones del Ejecutivo para intervenir en conflictos internos y modifica los límites que anteriormente regulaban la actuación de las Fuerzas Armadas y de la Policía.
Una de las diferencias más perceptibles entre la nueva Ley de Regulación de Estados de Excepción y la anterior Ley 1341 radica en la ampliación de las facultades del Órgano Ejecutivo y en las mayores garantías otorgadas a las fuerzas represivas del Estado. Mientras la ley anterior establecía que las Fuerzas Armadas solo podían intervenir de manera complementaria a la Policía cuando esta hubiera sido efectivamente rebasada y mantenía la responsabilidad penal, civil y administrativa individual de sus efectivos, la nueva normativa incorpora la figura de la “insuficiencia operativa sobreviniente” para justificar la actuación conjunta de policías y militares y, además, en su artículo 26 establece que las actuaciones de las Fuerzas Armadas y de la Policía durante el estado de excepción gozarán de una presunción de legalidad. Asimismo, el artículo 27 garantiza patrocinio legal estatal a los efectivos procesados por hechos ocurridos durante los operativos.
Para los sectores movilizados, la ley constituye una verdadera «licencia para matar», al priorizar la defensa del orden establecido por encima de las libertades democráticas y del derecho del pueblo a protestar.
La represión aumenta y se detiene a varios dirigentes
Aunque el estado de excepción todavía no ha sido declarado, las denuncias sobre persecución política y represión continúan creciendo. La escalada represiva se ha profundizado a medida que el gobierno prepara las condiciones para una eventual declaración del estado de excepción. Según datos difundidos en los últimos días, al menos 365 personas fueron arrestadas durante las más de cinco semanas de conflicto social que atraviesa el país.
Entre las detenciones más recientes se encuentran la de Justino Apaza, presidente de la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE), secuestrado por encapuchados, en un vehículo sin placa y enviado a prisión preventiva bajo acusaciones de terrorismo, asociación delictuosa e instigación pública a delinquir; la de Bernabé Gutiérrez, dirigente de los Ponchos Rojos; y la aprehensión de cinco dirigentes nacionales de la COB ocurrida el 7 de junio. Según la denuncia de la Central Obrera Boliviana, los dirigentes fueron interceptados mientras circulaban por la vía pública en un vehículo particular en la ciudad de El Alto por individuos encapuchados, vestidos de civil y armados, quienes no se identificaron ni exhibieron órdenes de aprehensión. Durante el operativo se lanzó gas lacrimógeno al interior del vehículo para obligar a los ocupantes a descender y posteriormente, los dirigentes fueron trasladados a dependencias de la FELCC.
Esta política busca generar miedo entre los sectores movilizados y desarticular la organización popular. De esta forma, la aprobación de la nueva ley de estado de excepción es parte de una estrategia ya en marcha para contener el movimiento social mediante la fuerza.
Paz sigue el libreto de la derecha y Trump
Durante la promulgación de la nueva Ley de Estados de Excepción, el presidente Rodrigo Paz ha justificado la represión con el discurso ya conocido al asociar las movilizaciones y bloqueos a una estructura vinculada al “narcoterrorismo”. Esta retórica no es nueva en América Latina En los últimos años los gobiernos de derecha y los sectores alineados con la política exterior de Estados Unidos han utilizado etiquetas como “terroristas”, “subversivos” o “narcoterroristas” para desacreditar y criminalizar las luchas sociales, justificar la intervención de las fuerzas represivas y restringir las libertades democráticas. Al presentar a los sectores movilizados como una amenaza para la seguridad nacional, el gobierno busca deslegitimar reivindicaciones que tienen origen en la crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida y el descontento popular. La supuesta lucha contra el narcotráfico, el terrorismo o el crimen organizado está siendo utilizada reiteradamente como argumento para aumentar la injerencia política, diplomática y militar de Estados Unidos en América Latina. En este contexto, el discurso de Paz constituye un intento de preparar a la opinión pública para una mayor escalada represiva, legitimar las detenciones de dirigentes sindicales, campesinos e indígenas y convencer la población de la necesidad de injerencia imperialista en el país.
De esta forma, más una vez repudiamos la posición de Lula, que bajo el argumento de “respeto a las instituciones democráticas y al estado de derecho” se ha puesto al lado del gobierno Paz, en contra la movilización de los trabajadores.
¡Libertad para los presos por luchar! ¡Llamamos a la más amplia solidaridad internacional!
La lucha que hoy se desarrolla en Bolivia trasciende las fronteras nacionales. Su desenlace tendrá consecuencias para el conjunto de los pueblos trabajadores, campesinos e indígenas de América Latina, que enfrentan una ofensiva cada vez más agresiva de los gobiernos de derecha, las grandes corporaciones transnacionales y el imperialismo sobre los derechos democráticos, los recursos naturales y las condiciones de vida del pueblo pobre y trabajador.
Una victoria de la movilización popular en Bolivia fortalecería las luchas de los pueblos de toda América Latina contra los planes de ajuste, la represión y el saqueo de los recursos naturales; del mismo modo, una derrota abriría el camino para nuevas ofensivas contra las conquistas sociales y democráticas en toda la región.
La solidaridad internacional no es solamente un acto de apoyo al pueblo boliviano, sino también una forma de defender los intereses comunes de los pueblos latinoamericanos frente a la dominación imperialista y las políticas al servicio de las élites económicas.
Por ello, es fundamental desarrollar la más amplia unidad de acción en defensa de la lucha del pueblo boliviano y la libertad de los detenidos y perseguidos políticos.
Hacemos un llamado a la solidaridad internacional a las centrales sindicales, organizaciones campesinas, movimientos indígenas, organizaciones democráticas y de derechos humanos de América Latina y del mundo. La defensa de las libertades democráticas en Bolivia es una causa que concierne a todos los trabajadores y pueblos que enfrentan políticas de ajuste, persecución y criminalización de la protesta.
Es necesario impulsar pronunciamientos, campañas de denuncia, actos públicos y acciones de solidaridad ante las embajadas bolivianas en distintos países para exigir el respeto a los derechos democráticos y la libertad de todos los detenidos.
La historia demuestra que cuando los gobiernos intentan resolver las crisis sociales mediante la represión, la solidaridad nacional e internacional se convierte en un arma fundamental de los pueblos. Frente a cualquier intento de imponer una salida autoritaria a la crisis boliviana, respondamos con más organización, más unidad y más solidaridad.
¡Libertad inmediata para todos los presos por luchar! ¡Abajo la criminalización de la protesta social! ¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores y los pueblos! ¡Todo poder a la COB!
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Sobre la acusación de EE.UU. contra Raúl Castro
Por YUSEF RAMIREZ
Los Estados Unidos intensificó su agresión en contra del pueblo cubano con la acusación de homicidio de Raúl Castro. Esta acusación se remonta al derribamiento de dos avionetas yanquis en zona aérea cubana por parte de las fuerzas armadas cubanas en el 1996. Estas avionetas operaban en nombre de la organización Brothers to the Rescue (BTTR) que volaba sobre el espacio aéreo cubano para provocar al gobierno y depositar propaganda anti-comunista para fomentar un levantamiento en contra del regimen.
Brothers to the Rescue surgió entre la comunidad cubana anti-comunista en los años después de la Revolución de 1959. El gobierno cubano dejó saber a la FFAA de los EEUU sobre las incursiones de BTTR en terreno cubano pero se negó a frenar sus actividades. José Bastos respondió a las advertencias de la FFAA diciendo que estaba llevando a cabo ‘actos de desobedencia civil’ en contra del gobierno cubano.
Aunque las administraciones norteamericanas desde Clinton hasta Trump han condenado el derribamiento como un ataque no provocado hacia una aeronave civil, la realidad es más profunda. José Basulto era un operativo de la CIA que, como muchos como él, buscaban desestabilizar y derrocar a la revolución cubana a través de propaganda, sabotaje, y terrorismo. Aunque en el 2023 los EEUU reclasificó a Cuba como país terrorista, la realidad es inversa: los EEUU ha invadido, enviado bacterias, asesinado, bombardeado, e intentado eliminar a los líderes de la Revolución. El mismo José Basulto es veterano de la fallida invasión de la Bahía de Cochinos en 1963 y participó en el bombardeo de un hotel habanero en 1962 en donde lanzó cañones desde una lancha.
Esta agresión es un paso en el esfuerzo de forzar un cambio de regimen en Cuba o de doblegar al regimen para aceptar la hegemonía norteamericana. EEUU busca recolonizar a América Latina para frenar el crecimiento del imperialismo chino que continua su intervención económica y diplomática. Es un reconocimiento de que han surgido otros imperialismos – el ruso y el chino – que desafían la hegemonía norteamericana en europa oriental, el asia central, y el asia oriental, una nueva realidad mundial que fuerza una reorientación de los yanquis hacia su histórico ‘patio trasero’.
Trump está siguiendo el mismo patrón que utilizaron en preparación para la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. La acusación legal, la presión económica, y la amenaza militar fueron utilizadas para aislar al regimen y arrestar a Maduro con una incursión de fuerzas especiales. Con el secuestro de Nicolás Maduro y la sumisión del estado venezolano bajo Delcy Rodriguez, Trump le mandó un mensaje a toda América Latina – que había llegado el patrón para poner las cosas en orden.
Con el bloque energético hacia cuba, los EEUU está sumiendo a los cubanos a una crisis profunda, en la cual escasean el agua, la comida, el transporte, la atención médica, y todas los servicios esenciales que hacen a una sociedad funcionar. Desde la acusación a Raúl Castro, EEUU ha impuesto nuevas sanciones, todo con el plan de estrangular a la isla y aumentar la desesperación de la población cubana.
La presión militar, económica, y política hacia cuba señala que los EEUU tiene el objetivo de terminar con o hacer doblegar al regimen cubano. El 14 de mayo el director de la CIA, John Ratcliffe, hizo una visita inédita a la isla, en donde le comunicó sin tapujos al gobierno cubano que los EEUU estaba dispuesto a suavizar las sanciones y permitir apoyo económico si el gobierno realizaba “cambios fundamentales,” cambios que apuntan hacia un regimen que acata las ordenes del imperialismo yanqui.
No es ninguna coincidencia que los estados unidos intensifiquen sus ataques hacia cuba en este momento. Justo antes de las elecciones intermedias en los EEUU – en las cuales Trump mantiene su poder como lider del partido republicano pero con un apoyo popular en declive – Trump pretende aumentar su legitimidad con una victoria de política extranjera hacia uno de los enemigos politicos de larga data del imperialismo norteamericano. La humillación que los EEUU se enfrente ante Irán le impulsa a atacar a Cuba, que es un país más débil, para así fortalecer su imagen como jefe imperialista.
La acusación hacia Raúl Castro también es una concesión a la rabiosa comunidad de cubanos de derecha que llevan decadas soñando poder volver y retomar las propiedas expropiadas por la revolución de 1959. El anti-comunismo cubano en la Florida está estrechamente ligado al movimiento MAGA y que ven en este movimiento la posibilidad de terminar con el Partido Comunista Cubano y el legado de la revolución cubana.
Además, el ataque no se limita a cuba; el gobierno federal pretende realizar investigaciones en contra del movimiento en solidaridad con cuba en los eeuu. Forma parte de su programa autoritario para silenciar a toda la disidencia, en particular la que reivindica el legado de la revolucion cubana, la solidaridad internacional, y el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
Los socialistas en los EEUU tenemos una responsabilidad en luchar en contra de los ataques del gobierno de Trump hacia Cuba. Nos oponemos a las sanciones economicas, las maniobras jurídicas en contra de sus líderes, y el cercamiento militar sin brindar apoyo político al régimen cubano. Solo la clase trabajadora cubana, en alianza con los obreros de los EEUU y Latinoamérica, puede ofrecer una salida digna, soberana, y democrática para el pueblo cubano.
Foto: Raúl Castro (AP)
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CSP-Conlutas lucha por la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil
Por COCO SMYTH
CSP-CONLUTAS, el Centro Sindical y Popular – Coordinación Nacional de Luchas, celebró su VI Congreso del 18 al 21 de abril en São Paulo, Brasil. CSP-CONLUTAS representa a 2 millones de trabajadores y cuenta con docenas de organizaciones de movimientos sociales afiliadas, además de una importante participación del movimiento socialista en Brasil.
Este Congreso marcó el 20.º aniversario de la fundación de la federación, cuando se separó de la federación sindical CUT del Partido de los Trabajadores (PT). La CSP-CONLUTAS rompió con la CUT para construir un movimiento militante y con conciencia de clase, independiente del PT, en un período de creciente colaboración de clases y acomodación al capitalismo por parte de los elementos dirigentes del PT y de la CUT.
Asistí al Congreso como uno de los 36 delegados internacionales que acudieron para observar y apoyar los esfuerzos de la CSP-CONLUTAS por construir una formación revolucionaria e internacionalista del movimiento social y obrero en Brasil.
Lo primero que oí mientras hacía cola para inscribirme en el Congreso el primer día fue el sonido de los músicos tocando los berimbaus. El Grupo Raça e Clase, una organización de movimiento social afiliada a CSP-CONLUTAS que lucha por los derechos de los negros brasileños, ofrecía una actuación de capoeira dirigida por niños y jóvenes. La capoeira, un arte marcial desarrollado por los africanos esclavizados en Brasil para resistir a sus opresores, aunque se adaptó a la cultura brasileña dominante en el siglo XX, sigue siendo un símbolo de lucha y resistencia colectiva para los afrobrasileños.
Tras la inscripción, comenzaron las sesiones. Gran parte de la agenda de los dos primeros días se centró en el debate sobre la situación política internacional desde una perspectiva revolucionaria de la clase trabajadora. Decenas de ponentes de diversos sindicatos afiliados y organizaciones revolucionarias expusieron y debatieron perspectivas sobre el estado del imperialismo, desde la decadencia del imperialismo estadounidense hasta el auge de China y Rusia. Los organizadores defendieron posiciones firmes a favor de la liberación de Palestina y en contra de la agresión estadounidense-israelí contra Irán y el Líbano, así como en apoyo de la lucha de Ucrania por la autodeterminación frente a Rusia.
El primer día, una declaración en vídeo de Mandi Coelho, organizadora de Rebeldia Juventude, la sección juvenil del Partido Socialista Unificado de los Trabajadores (PSTU), una organización influyente dentro de CSP-CONLUTAS, fue recibida con entusiasmo por los 1500 asistentes. Coelho hablaba desde la Flotilla Global Sumud, que reunió a cientos de activistas de todo el mundo para intentar romper el bloqueo de Gaza y llevar ayuda humanitaria vital a la franja. Los cánticos por una Palestina libre resonaban mientras las banderas palestinas ondeaban en la abarrotada sala de conferencias. No había duda de cuál era la postura de la organización sobre esta y muchas otras cuestiones vitales de la política internacional.
A mí, junto con delegados de otros 19 países, se nos dio la oportunidad de hablar ante el Congreso sobre las condiciones y las luchas en nuestros países y la importancia de la labor de CSP-CONLUTAS. Toda la sala escuchó con atención a los oradores de todo el mundo, con el claro reconocimiento de que nuestras luchas están interrelacionadas y de que formamos parte de un mismo movimiento internacional. El tiempo significativo dedicado en el Congreso a examinar la situación política mundial demostró lo fundamental que es el internacionalismo para CSP-CONLUTAS —no solo por convicción moral, sino por la naturaleza global de la explotación capitalista y la opresión imperialista, y por la naturaleza global de la lucha de la clase trabajadora.
Pero el Congreso no fue solo una reunión motivadora o una reafirmación de principios. A lo largo de los cuatro días, los delegados hablaron apasionadamente sobre las prioridades y la orientación de la organización y debatieron con entusiasmo la estrategia y el enfoque de su federación. Entre los debates claves se encontraba la relación entre el movimiento social y las organizaciones sindicales afiliadas a CSP-CONLUTAS. A la hora de votar, los delegados aprobaron un ambicioso programa de lucha que incluía una campaña contra la semana laboral 6×1 (6 días de trabajo, 1 de descanso) a favor de una semana laboral 4×3, en contraste con la labor legislativa del gobierno de Lula a favor de un horario 5×2. También aprobaron campañas contra la epidemia de feminicidios en Brasil, así como en apoyo a la lucha indígena, que se ha intensificado en el país en los últimos años.
Al término del Congreso, la CSP-CONLUTAS aprobó planes de acción y resoluciones, entre las que se incluyen:
- Acabar con la semana laboral 6×1 a favor de la 4×3
- Reducción de la semana laboral sin reducción salarial
- Oposición al Marco Fiscal
- Fin de la privatización y la precarización
- Independencia de clase respecto al gobierno de Lula
- Unificar los movimientos sociales y sindicales
- Movilizaciones del Primero de Mayo orientadas a la clase
- Resoluciones contra el machismo, la fobia a las personas LGBT, el racismo y la violencia contra las mujeres
- Apoyo a la lucha indígena
- Apoyo a Palestina y solidaridad contra el imperialismo
- Condena de la invasión rusa de Ucrania, así como del papel de la OTAN.
Ver a CSP-CONLUTAS en acción
Más allá de la sala del Congreso, pude ver en la práctica el trabajo de CSP-CONLUTAS. Asistí a una manifestación liderada por estudiantes en la Universidad de São Paulo (USP) en apoyo a la huelga tanto de estudiantes como de trabajadores de la universidad. La USP, con 97 000 estudiantes, es la mayor y una de las universidades más prestigiosas de Brasil. A pesar de ello, la situación de los estudiantes, el profesorado y el personal es grave. El personal inició la huelga para luchar contra la externalización, la desigualdad y los bajos salarios y prestaciones. Los estudiantes apoyaron las reivindicaciones de los trabajadores al tiempo que planteaban sus propias demandas para mejorar las condiciones en la universidad. Las reivindicaciones de los estudiantes incluían abordar la escasez de viviendas y las becas insuficientes, que empujan al límite a miles de estudiantes de clase trabajadora que intentan completar sus estudios sin fondos.
Una multitud de estudiantes y trabajadores se adueñó de las concurridas calles para impulsar esta lucha. La manifestación iba encabezada por un camión con un sistema de megafonía y una banda de tambores, que mantuvieron el ánimo y la energía. Los miembros de CSP-CONLUTAS y las organizaciones afiliadas se hicieron visibles con sus banderas entre la multitud de casi 1000 estudiantes y trabajadores universitarios. Tras mi breve experiencia en la manifestación, la huelga siguió intensificándose y ampliándose, y aún continúa.
En los días siguientes, junto con otros delegados internacionales, fui a São José dos Campos, donde CSP-CONLUTAS ha establecido una base sólida, especialmente entre su base tradicional de trabajadores metalúrgicos. A primera hora de la mañana, antes del inicio de su turno, asistimos a una reunión masiva de trabajadores metalúrgicos, que estaban decidiendo si aceptar o no las concesiones ofrecidas por la dirección para evitar una huelga. Gracias a su enfoque militante y a la actividad de los trabajadores, el acuerdo ofrecido por la dirección cedía en casi todas las reivindicaciones fundamentales de los trabajadores, por lo que fue aprobado con entusiasmo. Esta reunión fue una pequeña muestra de lo que se puede lograr cuando los sindicatos cuentan con una base activa y con líderes que no temen adoptar un enfoque militante en la lucha contra la dirección.
Más tarde ese mismo día, fuimos a Quilombo Coraçao Valente (Corazón Valiente), una comunidad de unas 350 familias a las afueras de Jacarei, cerca de São José dos Campos. Las líderes de la comunidad, todas mujeres, nos contaron su lucha de años contra el gobierno por su derecho a vivir en la tierra. Tras siete años de lucha, finalmente obligaron al gobierno a reconocer sus derechos colectivos sobre la tierra.
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África como vertedero de migrantes
— La Voz por la liberación negra—
Por BRIAN CRAWFORD
En abril, la República Democrática del Congo comenzó a acoger a ciudadanos de terceros países deportados desde Estados Unidos. Es uno de los muchos países africanos que acogen a estos deportados. La Administración Trump ha expulsado por la fuerza a migrantes y solicitantes de asilo sin informarles de su destino. Se intenta llevar a cabo la deportación masiva mediante la repatriación, y cuando esto no es posible porque los detenidos se niegan a ser repatriados o su país de origen se niega a recibirlos, los «acuerdos de cooperación en materia de asilo» o los acuerdos con «terceros países» se han convertido en la alternativa preferida de la administración. Para Trump y su banda de intolerantes, nada es demasiado duro para llevar a cabo la deportación masiva.
La amenaza de la deportación a «terceros países» también se utiliza para presionar a los solicitantes de asilo a que renuncien a sus derechos y abandonen los EE. UU. «voluntariamente». Incluso cuando los detenidos cuentan con órdenes judiciales de protección, los funcionarios de inmigración han incumplido dichas órdenes. La Associated Press documentó 250 casos de incumplimiento.
La Ley de Refugiados de 1951 y la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura obligan a los países a tener en cuenta la posibilidad de que los refugiados sufran malos tratos a manos del Estado que los acoge. La protección se aplica independientemente de la situación legal. Es ilegal enviar a un detenido a un país donde pueda sufrir abusos contra los derechos humanos. Pero a la administración de Trump claramente no le importa la legalidad. Su enfoque ha consistido en negar a las personas el derecho a un proceso justo. Negocian acuerdos secretos y se llevan a los detenidos en vuelos secretos.
Una comisión de relaciones exteriores del Senado descubrió que la administración Trump había enviado más de 32 millones de dólares a países africanos. Estos pactos entre países también se conocen como «acuerdos de tercer país seguro». Sin embargo, no hay nada «seguro» en los países en cuestión. Eswatini sigue manteniendo a 19 hombres en detención ilegal tras su llegada desde EE. UU. Sudán del Sur sufre la guerra y la hambruna, y la violencia contra la población civil es rampante. También existe la amenaza de que la guerra en Sudán se extienda desde el norte. Funcionarios estadounidenses se dirigieron al Gobierno de Sudán del Sur para que aceptara a ocho deportados, de los cuales solo uno era originario de Sudán del Sur. A cambio, el Gobierno pidió a EE. UU. que eliminara las restricciones de visado y levantara las sanciones a los ciudadanos de Sudán del Sur, según Politico. EE. UU. había revocado los visados en abril de 2025 tras exigir al país que aceptara el retorno de sus ciudadanos.
Camerún recibió a 17 hombres y mujeres procedentes de otros países africanos. El Gobierno detuvo a los 17 y los presionó para que regresaran a sus países de origen. Aunque algunos de los detenidos no reunían los requisitos para obtener asilo en EE. UU., estaban bajo una orden de protección de los tribunales. EE. UU. deportó a africanos occidentales a Ghana, quienes posteriormente quedaron abandonados en Togo sin documentación. A la Administración Trump no le importa especialmente adónde se les envíe, siempre y cuando ya no esten en Estados Unidos.
La administración ha recurrido al soborno. Eswatini ha aceptado 5 millones de dólares para acoger a los deportados, incluso a aquellos designados como «criminales y terroristas». Guinea Ecuatorial recibió 7 millones de dólares. La Sociedad Jurídica de Uganda actúa en nombre de los detenidos que han sido reducidos a «poco más que muebles, en beneficio de intereses anónimos, a ambos lados del Atlántico» (según «Externalizing Asylum»). El acuerdo entre Uganda y EE. UU. publicado no revela si hubo alguna compensación monetaria.
La administración de Trump convirtió a Ruanda en un destino específico (o vertedero) para la deportación masiva. El país aceptó acoger a 250 deportados. A pesar de las afirmaciones del anterior Gobierno británico, Ruanda, según la mayoría de los informes, no es ningún país seguro. En respuesta a una pregunta sobre el asesinato de refugiados, un funcionario ruandés declaró: «Puede que haya ocurrido, ¿y qué?» (Cristiano d’Orsi, externalizingasylum.info). Las fuerzas de seguridad actúan con impunidad y las fuerzas de la oposición son aplastadas. Además de las muertes bajo custodia, se producen desapariciones forzadas y amenazas a los ruandeses que viven en el extranjero. Sin embargo, el compromiso de Trump con la mayor deportación masiva de la historia de EE. UU. pesa más que las preocupaciones por los derechos humanos. Todo respeto por los derechos civiles y humanos se deja de lado para llevar a cabo la limpieza étnica y racial de la administración.
Al igual que Trump, el proyecto sionista de limpieza étnica también se avanza. El gobierno de Netanyahu ha propuesto a múltiples naciones africanas como destino para la población de Gaza. El año pasado, Israel reconoció al estado separatista de Somalilandia. La motivación era doble: establecer un punto de apoyo en África Oriental y reasentar a los palestinos. Israel también planteó la idea de enviar a la población superviviente a Egipto y Sudán.
África es ahora un vertedero para los refugiados de las guerras, la persecución racial y étnica, el cambio climático y la hambruna. Las condiciones en gran parte del mundo están contribuyendo a un éxodo de proporciones bíblicas a escala mundial. Mientras tanto, los imperialistas rivales siguen explotando los recursos de África. Los países ricos no son la solución, sino la fuente del problema.
¿Qué lugar ocupa África en la economía mundial? El mismo que siempre ha ocupado: el de proveedor de materias primas. Sigue estando subdesarrollada y dependiendo de la industria extractiva.
La relación de Europa y Estados Unidos con el continente es prueba de la naturaleza bárbara del capitalismo. Tras cientos de años de cazar y secuestrar a su población y saquear sus recursos, ahora utilizan África como receptáculo para los apátridas.
Contener a la clase trabajadora africana mediante la explotación, la opresión y el fomento de una burocracia corrupta es el modus operandi del imperialismo. Los trabajadores y oprimidos de África deben rechazar estos tratados de deportación imperialistas y deshumanizantes, y organizarse contra los gobiernos compradores que los aceptan. Los trabajadores del mundo deben exigir el fin de las políticas de inmigración racistas y bárbaras a ambos lados del Atlántico.
Foto: Spencer Platt / AFP / Getty Images
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Bolivia: Fuera Paz!
Por Lena Souza
Los antecedentes del actual estallido
La profunda crisis política y económica y el estallido popular que atraviesa la Bolivia actual no pueden comprenderse sin analizar el ciclo histórico abierto hace más de dos décadas. Las calles, que hoy vuelven a ser escenario de enfrentamientos, heredaron las lecciones y las contradicciones de procesos revolucionarios, como del 2003 y del 2005, que no transformó de raíz la estructura del sistema capitalista ni destruyó el Estado burgués, sino que apenas significó un recambio en el mando político.
a) La insurrección del 2003 y la caída del gobierno de Sánchez de Lozada
El año 2003 marcó el inicio de una profunda crisis de hegemonía para el modelo neoliberal implantado en 1985. El segundo mandato de Gonzalo Sánchez de Lozada (“Goni”) inició bajo una rigorosa crisis fiscal, altas tasas de desempleo y un profundo descontento social heredado de la privatización previa de las empresas públicas. El detonante de la insurrección fue el proyecto estatal de exportar gas natural hacia los mercados de Estados Unidos y México, a través de puertos de Chile. Se trataba de frenar el saqueo de los recursos estratégicos por parte de corporaciones transnacionales (como el consorcio Pacific LNG), las cuales robaban el Estado boliviano pagando regalías de 18%.
La población civil identificó la exportación del gas bajo esas condiciones como una reedición del despojo histórico de la plata de Potosí y del estaño de principios del siglo XX. La consigna unificadora del movimiento obrero, campesino y vecinal pasó a ser la defensa y recuperación de los recursos naturales para la industrialización soberana del país.
La revuelta popular adoptó métodos de lucha radicales y comunales:
El cerco a las ciudades: Las comunidades indígenas del Altiplano, lideradas por Felipe Quispe («El Mallku»), cercaron los accesos de la sede de gobierno mediante el bloqueo de caminos estratégicos, exigiendo la anulación del proyecto gasífero y la liberación de dirigentes detenidos.
La insurrección armada en El Alto: La ciudad de El Alto, de composición mayoritariamente migrante y aymara, se convirtió en el epicentro de la resistencia. Organizados a través de las Juntas Vecinales (FEJUVE) y la Federación de Trabajadores de El Alto, miles de pobladores paralizaron la ciudad con barricadas, zanjas y comisiones de vigilancia vecinal para repeler el avance de los blindados militares.
La respuesta del gobierno de Sánchez de Lozada fue el enfrentamiento militar de la protesta, promulgando el «Decreto de la Muerte» (Decreto Supremo 27209), que eximía de responsabilidad penal a los militares que participaran en el control del orden público. En octubre de 2003, el intento del ejército de romper los bloqueos vecinales en El Alto mediante convoyes militares cargados de gasolina para abastecer a La Paz desató la llamada «Masacre de Octubre». Las tropas emplearon armas de guerra y francotiradores contra civiles desarmados.
La brutal represión del Estado dejó más de 60 personas muertas y por lo menos 400 heridas. Pero, al contrario de doblegar la resistencia, la masacre de civiles generó una ola de indignación nacional que sumó el apoyo activo de las clases medias de La Paz, estudiantes universitarios y sectores profesionales pidiendo el juicio penal para el mandatario. Con un gabinete ministerial fragmentado, sin apoyo político parlamentario y desautorizado por la opinión pública internacional, Sánchez de Lozada huyó en helicóptero hacia los Estados Unidos el 17 de octubre de 2003.
Tras la huida de Goni, correspondía la sucesión constitucional al vicepresidente, el historiador y periodista Carlos Mesa. En las calles de La Paz y El Alto, la masa movilizada debatía si avanzar hacia la toma directa del poder o permitir la transición institucional.
La Central Obrera Boliviana (COB), dirigida en ese momento por líderes como Jaime Solares, adoptó una postura que resultó decisiva: decidió levantar el bloqueo humano y el cerco militar-popular que rodeaba el Palacio de Gobierno. Al dar una tregua y viabilizar la posesión de Carlos Mesa, la dirección de la COB contuvo la fuerza insurreccional de las bases. Esto otorgó un respiro a la burguesía boliviana bajo la promesa de Mesa de convocar a una Asamblea Constituyente y realizar un referéndum sobre el gas, desviando la crisis de las calles hacia los canales institucionales.
b) Desviación electoral del proceso y la elección de Evo Morales
La tregua de 2003 no resolvió las demandas estructurales. En 2005, una nueva oleada de protestas contra Carlos Mesa (quien se negaba a nacionalizar los hidrocarburos) forzó también su renuncia. El movimiento popular exigía la nacionalización total sin indemnización y una Constituyente soberana.
Sin embargo, la energía revolucionaria que amenazaba con disolver el Estado burgués fue canalizada hacia la vía electoral. El Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el dirigente cocalero Evo Morales, se presentó como la única alternativa institucional viable para pacificar el país. En las elecciones de diciembre de 2005, Morales capitalizó el descontento y ganó con un histórico 53,7% de los votos. Este triunfo electoral operó como una desviación del proceso insurreccional: la lucha por el poder en las calles se transformó en la gestión del aparato estatal existente.
c) El desvío del proceso insurreccional
Una vez en el poder, el gobierno de Evo Morales implementó reformas que respondían a la presión de la Agenda de Octubre de 2003, logrando una estabilidad económica inédita en la historia del país.
Nacionalización de las empresas de petróleo y minería: En mayo de 2006, se decretó la «nacionalización» de los hidrocarburos (Decreto Héroes de Chaco). Mediante la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), el Estado pasó a controlar la propiedad de los recursos y a exigir la renegociación de contratos con las multinacionales, capturando hasta el 82% de los ingresos petroleros en los campos más grandes. De igual forma, se reactivó la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y se recuperaron fundiciones estratégicas como la de Vinto.
Distribución de la renta petrolera: El masivo ingreso de divisas por la exportación de gas (favorecido por el bum de las materias primas), en parte, se destinó a la inversión pública y a la creación de bonos sociales universales. Programas como el Bono Juancito Pinto (para reducir la deserción escolar), el Bono Juana Azurduy (para mujeres gestantes) y la Renta Dignidad (una pensión para la vejez) sacaron a millones de bolivianos de la extrema pobreza y dinamizaron el mercado interno.
A pesar de la retórica antiimperialista y la proclamación del «Estado Plurinacional», el gobierno de Evo Morales operó como un factor clave de contención social. En lugar de avanzar hacia la destrucción del Estado terrateniente y capitalista, el MAS, en los hechos, mantuvo la continuidad del capitalismo dependiente y extractivista. Lo que hizo el gobierno de Evo Morales fue aprovechar el bum de las materias primas para capturar mayores rentas y otorgar concesiones asistenciales a las masas, logrando amortiguar la lucha de clases sin tocar las ganancias de la oligarquía terrateniente ni de las corporaciones transnacionales.
La movilización independiente de los sindicatos y comunidades originarias fue sistemáticamente desalentada o cooptada. Cada vez que las bases intentaban desbordar los límites de la propiedad privada o de las leyes vigentes, el gobierno utilizaba su prestigio revolucionario para pacificar los conflictos, argumentando que «atacar al gobierno era hacerle el juego a la derecha». De este modo, la participación obrera quedó subordinada a la burocracia estatal.
d) Evo Morales proporciono grandes beneficios a los terratenientes y a la banca
Detrás del discurso socialista, la gestión del MAS consolidó la estructura del poder económico tradicional, sellando pactos de convivencia con la oligarquía del Oriente boliviano (Santa Cruz) y el sector financiero.
Alianza con la agroindustria: El gobierno frenó la reforma agraria radical en las tierras bajas. Leyes como la de Función Económico-Social (FES) fueron flexibilizadas y hubo “perdonazos” a los desmontes (deforestación) ilegales garantizando la propiedad de los grandes latifundios ganaderos y soyeros. Se promovió el uso de transgénicos y se ampliaron las fronteras agrícolas mediante decretos que permitían quemas controladas, lo que benefició directamente a los terratenientes tradicionales a cambio de paz política.
Récords para la banca: El sector financiero privado vivió su época de mayor bonanza económica. El gobierno garantizó la seguridad jurídica de los bancos privados, los cuales multiplicaron sus ganancias año tras año gracias a la liquidez de la economía y al consumo interno, sin sufrir jamás intentos de estatización.
e) El ataque al movimiento por parte del gobierno del MAS en contra de la conquista de la jubilación en el 2011 y la entrega de las áreas de minería a transnacionales
Las contradicciones del modelo estallaron cuando la clase trabajadora chocó de frente con los intereses del gobierno y sus aliados corporativos.
Conflicto por la jubilación (2011-2013): En la reglamentación de la nueva Ley de Pensiones, la COB y sectores mineros salieron a las calles exigiendo una jubilación con el 100% de los últimos salarios y una reducción en la edad laboral. El gobierno de Evo Morales calificó las protestas de «golpistas» y «egoístas», movilizando a sectores afines para contrarrestar las marchas obreras.
Entrega minera a transnacionales: Pese a la retórica de la nacionalización, la Ley de Minería y Metalurgia consolidó el control de empresas extranjeras (como la japonesa Sumitomo en la mina San Cristóbal o la estadounidense Coeur Mining) sobre los yacimientos más ricos del país. Además, se otorgaron enormes prerrogativas a las cooperativas mineras tradicionales —que operan bajo lógicas de explotación laboral privada— en detrimento de la minería estatal y de los derechos ambientales de las comunidades locales.
f) El desgaste de Evo y la recuperación de la derecha
Hacia finales de la década de 2010, el modelo empezó a dar señales de agotamiento debido a la caída de los precios internacionales del gas. Al mismo tiempo, el empecinamiento de Evo Morales por reelegirse indefinidamente provocó un severo desgaste político.
El desconocimiento del resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 (21F), donde la mayoría votó en contra de una nueva postulación, le restó legitimidad democrática y alienó a amplios sectores de las clases medias urbanas. Este escenario de descontento fue hábilmente capitalizado por las fuerzas de la derecha tradicional y los comités cívicos empresariales, que reorganizaron sus fuerzas, utilizando la bandera de la «defensa de la democracia» para preparar el asalto al poder.
g) Golpe de estado en el 2019
La crisis política alcanzó su punto de quiebre en las elecciones de octubre de 2019. Tras denuncias de fraude electoral promovidas por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la interrupción del sistema de conteo rápido, la derecha radical desató violentas movilizaciones urbanas.
La insurrección reaccionaria se consolidó cuando la Policía Boliviana se amotinó y las Fuerzas Armadas «sugirieron» la renuncia del mandatario. El 10 de noviembre de 2019, Evo Morales dimitió y se exilió en México (y luego en Argentina). Dos días después, la senadora derechista Jeanine Áñez asumió la presidencia interina en una sesión legislativa sin quórum, inaugurando un régimen tutelado por militares que persiguió a dirigentes sindicales y perpetró masacres contra la resistencia popular en Sacaba y Senkata.
h) La derrota del golpe y la ascensión de Luis Arce
El régimen de Áñez se desmoronó rápidamente debido a su violenta represión, escándalos de corrupción en plena pandemia y una desastrosa gestión económica. La resistencia de las bases obreras e indígenas se reorganizó de manera independiente y en agosto de 2020, mediante un bloqueo nacional de carreteras que paralizó el país, obligó al gobierno a fijar una fecha para las elecciones.
En octubre de 2020, el MAS regresó al poder por la vía de las urnas. Luis Arce Catacora, exministro de Economía de Evo Morales, ganó las elecciones presidenciales con el 55,1% de los sufragios, reflejando el rechazo unánime del pueblo a la derecha golpista.
i) El Gobierno de Luis Arce
El gobierno de Luis Arce asumió el mandato bajo la promesa central de aplicar la «reconstrucción económica». Como exministro de Economía y considerado el «arquitecto» del bum económico previo, su estrategia se basó en inyectar liquidez de inmediato a las bases mediante el Bono Contra el Hambre y lanzar el ambicioso Modelo de Industrialización con Sustitución de Importaciones (ISI). Este plan estatal proyectó la construcción de más de 150 plantas industriales públicas (plantas de biodiésel, fertilizantes NPK, refinadoras de zinc, y procesadoras de litio y alimentos) con el objetivo de procesar las materias primas locales, reducir la dependencia de manufacturas extranjeras y evitar la fuga de divisas.
Sin embargo, el ambicioso plan de industrialización estatal tropezó de frente con los límites estructurales e insalvables del modelo extractivista boliviano. El sostenimiento de todo el aparato estatal y los subsidios dependía históricamente de la exportación de gas natural a Brasil y Argentina. Décadas de falta de inversión en exploración hidrocarburífera provocaron el agotamiento crítico y declive de las reservas de gas.
Este declive de la principal fuente de ingresos del país desencadenó un efecto dominó catastrófico:
La crisis de escasez de dólares: Al contraerse drásticamente las exportaciones de gas, el flujo de divisas que alimentaba a las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central se secó. Esto provocó una escasez crónica de dólares estadounidenses en el mercado formal.
El desabastecimiento de combustibles: Históricamente, Bolivia subsidia internamente el precio de la gasolina y el diésel para mantenerlos artificialmente baratos. Al no producir suficiente petróleo crudo, el Estado se vio obligado a importar volúmenes cada vez mayores de carburantes a precios internacionales. Sin dólares suficientes en las arcas públicas para pagar a los proveedores internacionales, la estatal YPFB comenzó a retrasar los pagos. Esto derivó en un desabastecimiento crónico de diésel y gasolina, obligando a transportistas, productores agrícolas y ciudadanos a realizar filas kilométricas de días enteros en las estaciones de servicio.
Al cierre de su gestión, su gobierno terminó atrapado en un callejón sin salida de déficit fiscal y estanflación, dejando un escenario de profunda vulnerabilidad económica y fractura social que allanó el camino para el conflictivo panorama político posterior.
j) Las divisiones en el MAS
El ciclo político del Movimiento al Socialismo (MAS) ingresó a su fase terminal debido a una fractura interna irreversible. La violenta pugna por el liderazgo del partido entre el ala «evista» (leal a Evo Morales) y el ala «arcista» (leal al presidente Luis Arce) dividió a las principales organizaciones sociales del país.
Ambos bandos se enfrentaron en los tribunales, congresos paralelos y bloqueos de carreteras para inhabilitarse mutuamente. La falta de consenso provocó la proscripción virtual de sus candidaturas unificadas o llamados a la abstención. Esto dejó a las bases trabajadoras e indígenas fragmentadas y sin una opción política cohesionada.
k) Las elecciones del 2025
En un escenario cruzado por la profunda crisis del MAS y una gran crisis económica, se celebraron las elecciones generales en agosto de 2025. El proceso electoral estuvo condicionado por una recesión abierta que el país arrastraba desde 2024, detonado por el agotamiento de las reservas internacionales, la escasez crónica de combustibles y una severa falta de dólares que disparó el mercado paralelo. Este colapso demostró que la bonanza previa no fue más que un periodo sustentado en el bum de las materias primas que al disiparse los altos precios internacionales, el modelo del MAS dejó al descubierto la persistencia del capitalismo dependiente, extractivista y subordinado que Morales y Arce se encargaron de preservar.
En este contexto, la primera vuelta del 17 de agosto dio la ventaja al senador Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), con un 32,1% de los sufragios, seguido por el exmandatario conservador Jorge «Tuto» Quiroga, de la Alianza Libertad y Democracia (Libre), con el 26,8%, consolidando un viraje hacia la derecha tradicional como consecuencia del desvío y el fracaso histórico del reformismo gubernamental.
l) La victoria de Paz
El 19 de octubre de 2025 se llevó a cabo la segunda vuelta presidencial. Contra muchos pronósticos de las encuestas iniciales, Rodrigo Paz Pereira (hijo del expresidente Jaime Paz Zamora) y su fórmula vicepresidencial, Edmand Lara, alcanzaron la victoria al obtener el 54,5% de los votos frente al 45,4% de Quiroga.
Paz logró imponerse moderando su discurso en la campaña final para captar el voto del centro y del progresismo desencantado, presentándose como una alternativa institucional frente a la crisis económica.
El voto histórico del MAS se pulverizó. El electorado, castigado por la inflación, las filas por combustible y la falta de dólares, castigó duramente al partido en las urnas.
La sigla oficial del MAS-IPSP obtuvo un histórico y marginal 2,48%, y pasó de tener una bancada mayoritaria de 96 asambleístas electos en 2020 a conservar un único diputado en el Parlamento tras el conteo oficial de 2025.
m) Las medidas de Paz
Bajo el lema de abrir la economía e implementar un «capitalismo para todos», el gobierno de Rodrigo Paz no tardó en sellar alianzas políticas con los gobiernos de la ultraderecha internacional, manifestando un rápido e incondicional apoyo a Donald Trump adoptando rápidamente un agresivo paquete de reformas de corte neoliberal y en sintonía con su programa económico:
Ajuste cambiario y fiscal: Creación de un Fondo de Estabilización Cambiaria para unificar el mercado del dólar, acompañado de una liberalización total de exportaciones e importaciones junto a una reconfiguración impositiva para bajar tributos a las empresas.
Apertura internacional: Un giro diplomático inmediato para estrechar lazos financieros y políticos con Estados Unidos y organismos de crédito internacionales.
Reformas estructurales: Propuestas de reforma agraria de libre mercado en las regiones productivas y el planteamiento de una reforma constitucional que la oposición denunció como el inicio de la privatización de los recursos naturales estratégicos.
Ofensiva judicial: El anuncio de una profunda reestructuración de la justicia con advertencias directas de que se procesaría penalmente a los líderes del gobierno anterior, especialmente a Evo Morales.
n) De las luchas aisladas del 2025 a la rebelión de enero de 2026: La primera derrota de Paz
Durante el año 2025, la resistencia de las masas bolivianas frente a la crisis cambiaria y la recesión heredada de 2024 comenzó manifestándose a través de una serie de luchas aisladas, sectoriales y fragmentadas a lo largo del país. Las protestas de gremiales contra la inflación, los paros de choferes por la falta de combustible, las huelgas de maestros por presupuesto y los bloqueos campesinos locales operaron inicialmente de forma dispersa. Sin embargo, este escenario cambió radicalmente con la promulgación del violento paquete neoliberal del Decreto Supremo 5503, el cual eliminó los subsidios a los combustibles, congeló salarios públicos, recortó el gasto del Estado y desreguló la economía para abrir los recursos estratégicos al capital transnacional. El decreto funcionó como el detonante definitivo que unificó la rabia acumulada de todas las bases explotadas. Rompiendo el aislamiento sectorial y desbordando a sus propias dirigencias, los diferentes sectores en lucha centralizaron sus fuerzas en la gran movilización nacional de enero de 2026, la cual congregó a más de 500 mil personas en las calles y paralizó el país mediante bloqueos y huelgas obreras. Esta colosal acción directa de masas impuso su primera gran derrota al gobierno de Rodrigo Paz al obligarlo a derogar por completo el decreto.
o) El estallido de mayo del 2026
La fragmentación social se rompió definitivamente en mayo de 2026, confluyendo en un masivo estallido social de alcance nacional. La persistente escasez de carburantes, los bajos salarios devorados por la inflación y el rechazo rotundo a la privatización encubierta de los recursos naturales unificaron a los comités cívicos populares, sindicatos independientes y comunidades agrarias.
Las principales carreteras del país se encuentran bloqueadas, paralizando el tránsito logístico y cortando los accesos clave a la ciudad de La Paz. Mientras el presidente Rodrigo Paz insiste públicamente en que existen «grupos radicales que no quieren dialogar» y criminaliza las marchas, la clase trabajadora, los indígenas y sectores populares de Bolivia ha vuelto a recuperar sus métodos históricos de acción directa, abriendo un nuevo capítulo de confrontación en las calles que recuerda las jornadas insurreccionales de 2003 y pone en jaque la estabilidad del nuevo régimen capitalista.
¡FUERA RODRIGO PAZ! ¡CONSTRUIR UNA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA PARA EL PAÍS!
El escenario de confrontación que hoy paraliza a Bolivia marca el agotamiento definitivo de las ilusiones reformistas. La experiencia histórica demostró que los gobiernos de conciliación de clases, como los de Evo Morales y Luis Arce, constituyeron un engaño estratégico para la clase obrera: cambiar el mando político del Estado burgués sin transformar de raíz el sistema socioeconómico solo sirvió para oxigenar a la burguesía terrateniente y a las transnacionales y facilitar el posterior retorno de planes neoliberales brutales como el de Rodrigo Paz.
Las lecciones acumuladas dejan una enseñanza irrefutable a los sectores en lucha: las masas solo triunfan cuando unifican sus demandas dispersas en las calles, desbordan a las burocracias sindicales y confían exclusivamente en sus propias fuerzas de manera independiente. Por lo tanto, la tarea del momento ante el actual estallido nacional no es negociar migajas o nuevos pactos institucionales, sino, como ya planteado por los luchadores/as, derribar al gobierno hambreador de Paz.
Al mismo tiempo es imprescindible la edificación de una alternativa revolucionaria propia, para que la clase trabajadora, junto con los campesinos, indígenas y sectores populares pueda tomar las riendas del país, resolver las tareas democráticas e institucionales pendientes y fundar, sobre las ruinas del Estado burgués, una Bolivia socialista.
Primera publicación aquí por la LITCI
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El futuro del Líbano y el impasse en el Golfo
Por FABIO BOSCO
Desde el 2 de marzo, el Estado de Israel se ha dedicado a promover ataques devastadores contra el Líbano, en particular contra la región sur y el sur de Beirut. Ya son más de 3.100 muertos, más de un millón de desplazados y muchas zonas devastadas. ¿Hasta dónde llegará Israel?
Para entender estos ataques, es necesario comprender cuál es la visión histórica de los sionistas respecto al Líbano. El 16 de mayo de 1955, el primer ministro israelí Moshe Sharett describió en su diario la reunión que tuvo con David Ben-Gurion, entonces ministro de Defensa, y con su jefe del Estado Mayor, Moshe Dayan:
“Según él [Dayan], todo lo que se necesita es encontrar un oficial, aunque sea apenas un mayor. Debemos conquistar su corazón o comprarlo con dinero, para lograr que acepte declararse salvador de la población maronita. Entonces el ejército israelí entrará en el Líbano, ocupará el territorio necesario y creará un régimen cristiano aliado con Israel. El territorio desde el Litani hacia el sur será totalmente anexado a Israel…”.
Ese plan fue puesto en práctica en 1978, cuando Israel invadió el sur del Líbano y constituyó un ejército títere dirigido por el mayor Saad Haddad, sustituido tras su muerte por el general Antoine Lahad, ambos cristianos maronitas. Cuatro años después, las fuerzas israelíes avanzaron hasta la capital, Beirut, para expulsar a las fuerzas palestinas, derrotar a las fuerzas de izquierda e imponer a su aliado Bashir Gemayel en la presidencia.
Gemayel defendía una agenda israelí: la expulsión de los palestinos, a quienes consideraba una “población excedente”, y la imposición de un gobierno autoritario para garantizar los intereses de la burguesía cristiana libanesa.
Para ello, Gemayel necesitaba tiempo para expulsar a los palestinos y a las fuerzas sirias antes de normalizar las relaciones con el Estado sionista. Ese fue el pacto entre Gemayel y el general israelí Ariel Sharon en Bikfaya, dos días antes de su ejecución mediante la explosión del edificio donde se encontraba la sede de su partido.
Posteriormente, en 1983, la resistencia libanesa hegemonizada por los partidos de izquierda expulsó a las fuerzas israelíes de Beirut hacia el sur. En 2000, la resistencia libanesa, ya bajo hegemonía de Hezbollah, expulsó a las fuerzas israelíes y a su ejército fantoche.
El segundo intento de imponer un plan colonial sobre el Líbano comenzó en octubre de 2024 con ataques devastadores contra el territorio libanés, particularmente el sur y el sur de la capital, pero también aldeas y ciudades del valle de la Bekaa. Esa agresión fue suspendida por imposición de Donald Trump, pero el alto el fuego fue violado por Israel 15.000 veces hasta el 2 de marzo de 2026, cuando Israel retomó la agresión a gran escala.
En las negociaciones impuestas por el imperialismo estadounidense, los objetivos israelíes son claros: obligar al gobierno libanés a impulsar una guerra civil para desarmar a Hezbollah, mientras las fuerzas israelíes ocupan el sur del país y pueden atacar cualquier punto del territorio libanés en cualquier momento. El plan israelí transformaría al gobierno libanés en un representante de sus intereses de colonización de las tierras árabes.
Israel como puesto avanzado del imperialismo estadounidense
Ese plan de Israel depende directamente de su principal patrocinador: el imperialismo estadounidense. Desde 1973, el imperialismo estadounidense convirtió al Estado de Israel en su puesto avanzado para controlar toda la región del Levante, Irak y la península arábiga. Para ello, Israel recibe gratuitamente armamento moderno superior al de cualquier otro país de la región, mientras que Estados Unidos vende al resto armamento insuficiente para enfrentar a los sionistas. Desde el gobierno de Barack Obama, Israel recibe 3.800 millones de dólares anuales, e incluso más cuando es necesario, como ocurrió durante el genocidio contra los palestinos en Gaza.
Además, el imperialismo estadounidense desarrolló una serie de estrategias diplomáticas para obligar a los países árabes a normalizar relaciones con Israel. Así ocurrió en 1979 con Egipto, y después con Jordania. También en 1993, los Acuerdos de Oslo transformaron a la OLP en administradora de la ocupación israelí; y en 2020, los Acuerdos de Abraham con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán impulsaron procesos de normalización con casi todos los regímenes árabes, con excepción de Argelia, Túnez y Kuwait.
Ese proceso de normalización ampliada fue interrumpido por la acción de la resistencia palestina, liderada por Hamas, el 7 de octubre de 2023, que volvió a colocar la cuestión palestina en la agenda internacional, congeló las negociaciones de normalización —en particular con Arabia Saudita— y quebró la autoconfianza sionista en su esquema de seguridad.
Desde entonces, Estados Unidos, bajo Joe Biden y Trump, brinda apoyo incondicional al Estado de Israel en el genocidio en Gaza, la limpieza étnica en Cisjordania y el apartheid en los territorios palestinos ocupados desde 1948.
Los objetivos fracasados en la agresión contra Irán
Tras una agresión de 12 días en 2025, el imperialismo estadounidense y las fuerzas israelíes iniciaron una brutal agresión contra Irán el 28 de febrero.
Su plan era imponer un gobierno aliado para atender los objetivos estadounidenses en la disputa interimperialista con China y eliminar las ambiciones regionales del régimen iraní, dejando el camino libre para las ambiciones hegemónicas de Israel.
Ese plan fracasó debido al éxito de la estrategia iraní de bloquear el estrecho de Ormuz y estrangular la economía internacional. En este momento existe un impasse y Trump busca una salida para reabrir Ormuz y evitar una caída mayor de la economía mundial, afectando los intereses de las corporaciones y de la población estadounidense, así como de los países aliados.
Simultáneamente, Estados Unidos impulsa un “plan B” a través de su representante Tom Barrack, quien visita todas las capitales árabes con el objetivo de construir una alianza regional contra Irán. Ese objetivo ya avanzó con la alianza militar en negociación entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, y con el reemplazo del primer ministro iraquí.
Las ambiciones sauditas y la construcción de una tercera vía
Sin embargo, ese plan enfrenta resistencias. En primer lugar, por parte del líder de la Liga Árabe, el régimen saudita, que tiene sus propias ambiciones de convertirse en la potencia regional hegemónica, como alternativa tanto a Irán como a Israel.
Hace once años, el régimen saudita inició una guerra contra los hutíes yemeníes sin éxito, que terminó después de que dos drones alcanzaran el principal complejo petrolero del país en 2019.
Al mismo tiempo, el régimen lanzó el proyecto 2030 para diversificar la economía saudita y hacerla menos dependiente del petróleo. Sin embargo, ese plan no logró reunir todos los recursos necesarios para concretarse y ahora se encuentra cuestionado a partir de la agresión imperialista contra Irán, que golpeó de lleno a los países del Golfo.
Hoy el régimen saudita busca una alianza regional alternativa tanto a Israel como a Irán, combinando sus enormes recursos económicos con Turquía y su industria armamentística, Egipto y su enorme población, y Pakistán y sus bombas atómicas: una alianza explosiva. Esa alianza se mantiene como aliada de Estados Unidos, pero conserva excelentes relaciones con el imperialismo chino.
Una de sus banderas es congelar la normalización con Israel subordinándola a la llamada iniciativa árabe de 2002, que exige el reconocimiento de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967. El régimen saudita ya actúa en el Líbano buscando impedir la normalización de relaciones con Israel.
Líbano dividido
La opinión mayoritaria de la burguesía libanesa y de la población libanesa es contraria a la normalización plena con Israel. Pero está dividida por grupos religiosos respecto a cómo terminar con la agresión israelí.
La burguesía cristiana quiere un acuerdo de alto el fuego con Israel y el desarme de Hezbollah. La burguesía chiita rechaza las negociaciones con Israel porque representan la subordinación colonialista del Líbano, y apoya la resistencia armada hoy liderada por Hezbollah, que necesita armas para llevarla adelante. Entre esas dos posiciones se ubican la burguesía sunita y drusa: quieren un alto el fuego con Israel sin que eso implique normalización, y un desarme negociado de Hezbollah.
La división entre la población es algo diferente. Según una encuesta de opinión pública realizada por el canal local Al-Jadeed, la mayoría de los cristianos, drusos y sunitas quieren el desarme de Hezbollah, mientras que el 87% de los chiitas se opone. Respecto a las negociaciones directas con Israel, cristianos y drusos apoyan en más de un 70%. Los sunitas están divididos: el 52% apoya la paz con Israel, pero el 46% la rechaza. Y el 53% de los sunitas rechaza una negociación entre Benjamin Netanyahu y el presidente libanés Joseph Aoun.
Entre los chiitas, el 93% rechaza cualquier negociación, demostrando que el divorcio entre Hezbollah y la población chiita no ocurrió, aunque exista descontento respecto a las políticas del partido desde la invasión de Siria en 2013 hasta los recientes ataques israelíes al país.
En cuanto a la normalización con Israel, solo los drusos son mayoritariamente favorables: el 70% apoya la apertura de una embajada israelí en Beirut. Ese acercamiento de la comunidad drusa con Israel ocurrió después de los conflictos en Suwayda entre las fuerzas del gobierno sirio y las fuerzas lideradas por el sheikh al-Hijri. Resulta interesante el divorcio entre el principal dirigente druso, Walid Jumblatt, y la población drusa. Jumblatt defiende un reacercamiento entre el gobierno sirio y la población drusa en Suwayda, así como un alejamiento de Israel.
La relación de la izquierda con Hezbollah también es compleja. El académico Ziad Majed considera que la izquierda libanesa está dividida en cuatro grupos: el primero apoya a Hezbollah por su papel de resistencia contra Israel. El segundo critica duramente a Hezbollah por su política interna, pero coloca la lucha contra Israel por encima de los desacuerdos. El tercer grupo se opone a Hezbollah por su relación con Irán y la invasión de Siria, pero no se alinea con las fuerzas anti-Hezbollah y entiende que Israel es la mayor amenaza para el Líbano. El cuarto grupo cree que es necesario un acuerdo con Israel para terminar con la agresión.
Otros países imperialistas
En el plano internacional, el imperialismo europeo, que antes tenía gran influencia en Medio Oriente, hoy se limita a declaraciones diplomáticas criticando los excesos israelíes —por ejemplo, la acción israelí en el Líbano—, pero en general se omite frente al genocidio palestino y mantiene todos los canales diplomáticos y comerciales con el Estado de Israel.
China se presenta simultáneamente como aliada de Israel, Irán y Arabia Saudita, y no tiene interés en la caída de los regímenes de ninguno de esos países. Rusia, por su parte, mantiene relaciones importantes tanto con Irán como con Israel, aunque actualmente tiene limitada su capacidad de acción debido al enorme esfuerzo bélico en Ucrania.
Expulsar a Israel y derribar el régimen sectario
En esta situación, es importante identificar cuál es la orientación política para la clase trabajadora libanesa, que necesariamente comienza por la necesidad de expulsar a las fuerzas israelíes del territorio libanés y participar, de la forma que sea posible, en la resistencia. Para concretar eso, el principal obstáculo es el Estado sectario y la mayoría de sus partidos burgueses.
El Estado sectario fue producto de una maniobra imperialista destinada a dividir a la clase trabajadora libanesa en ilusorios intereses comunitarios dirigidos por los respectivos sectores burgueses. Ese Estado sectario estuvo cerca de ser derrotado al inicio de la guerra civil libanesa, algo que no ocurrió debido a la intervención militar siria en 1976, que impidió la derrota de la extrema derecha cristiana.
Ese Estado capitalista sectario es responsable de la decadencia económica del país. Es incapaz de garantizar servicios básicos como la recolección de basura o el suministro eléctrico durante 24 horas. Además, en 2019, la burguesía libanesa retiró sus capitales del país, provocando una caída abrupta de la libra libanesa y de la economía en general, seguida de una criminal explosión en el puerto de Beirut que, además de destruir completamente la zona, causó la muerte de 300 personas.
Contra el Estado sectario se levantó, una vez más, la rebelión del 19 de octubre de 2019. Ese levantamiento defendía el fin del Estado sectario y reunió sectores diferentes, desde un sector proletario radicalizado, centrado en la ciudad de Trablous (Trípoli), hasta sectores medios concentrados en Beirut. La orientación para el movimiento obrero debe partir de la lucha contra Israel, construyendo un campo independiente de la clase trabajadora y de la juventud, separado de los partidos sectarios e inspirado en la juventud proletaria de Trablous (Trípoli).
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Inmigrantes detenidos en huelga en Delaney Hall: «¡No desistan!»
Por MICHAEL SCHREIBER
El 22 de mayo, unos 300 inmigrantes detenidos en la cárcel de Delaney Hall, en Newark (Nueva Jersey), iniciaron una huelga de trabajo y de hambre. Esta valiente acción se organizó para llamar la atención sobre las condiciones inhumanas a las que se enfrentan en el centro y para protestar por la falta de garantías procesales que condujo a su encarcelamiento por parte de ICE. Denuncian que los jueces de inmigración están ignorando sus casos y que se les ha denegado la fianza, tácticas que, según ellos, se emplean para obligar a los migrantes a la autodeportación.
El martes 26 de mayo, Eyes on ICE New Jersey, un grupo de solidaridad con los inmigrantes, confirmó que unos 200 detenidos seguían en huelga.
Delaney Hall en Newark. (Reena Rose Sibayan / New Jersey Monitor) A lo largo de una semana, los huelguistas han publicado tres cartas en las que exponen sus quejas y reivindicaciones. En las cartas, han pedido la liberación inmediata de los detenidos de edad avanzada, las embarazadas, los jóvenes o los enfermos; una «revisión significativa» de los casos de inmigración y de las solicitudes de hábeas corpus; y que se ponga fin a la presión que se ejerce sobre ellos para que firmen los documentos de deportación.
Las condiciones descritas por los huelguistas, y atestiguadas por varios miembros del Congreso que visitaron las instalaciones, son pésimas. Los detenidos afirmaron que se les había servido comida en mal estado que contenía gusanos y larvas. Carecían de acceso a agua potable y tenían que lidiar con atascos de alcantarillado dentro de las instalaciones.
Amy Torres, directora ejecutiva de la New Jersey Alliance for Immigrant Justice, una coalición de grupos de defensa de los derechos de los inmigrantes en Nueva Jersey, afirmó que las condiciones de cual han informado los detenidos habían empeorado en los últimos meses. «Según nos han contado los propios huelguistas de hambre, hay personas con problemas de salud muy graves que no están recibiendo tratamiento», dijo Torres. «Hay un brote de piojos. Hay un brote de gripe adentro. Cuando las personas detenidas se quejan de cualquier tipo de dolor o síntoma, se les da una pastilla de Tylenol».
La dirección de la prisión ha tomado represalias contra los huelguistas limitando su derecho a hablar con personas del exterior, así como apagando los televisores, reteniendo el acceso a las cuentas de la tienda de la prisión, dejando las luces encendidas toda la noche y cortando el agua con frecuencia.
Los huelguistas también han sido víctimas de actos violentos. El jueves 8 de mayo, Kathy O’Leary, de Pax Christi USA, declaró a CBS News: «Empezamos a recibir llamadas desde dentro de la cárcel diciendo que los guardias, unos 40, estaban entrando en dos de las unidades, golpeando a la gente con porras y lanzando botes de gas lacrimógeno al pasillo».
Otra persona dijo: «Eran las 1:35 cuando mi marido me llamó gritando, y todos los chicos de allí gritaban, porque les estaban golpeando». Se vieron varias ambulancias en las instalaciones.
Cientos de manifestantes se han reunido día y noche frente a las puertas de la prisión para expresar su solidaridad con los presos. Se ha instalado una tienda de campaña que sirve como «zona de hospitalidad radical», donde los familiares y amigos de los detenidos pueden reunirse con relativa comodidad. En su interior, familiares y activistas solidarios hablaban con los presos de Delaney por teléfono y tabletas, hasta que los guardias les cortaron el acceso a sus dispositivos de comunicación.
A partir del lunes, Día de los Caídos, los agentes de ICE situados fuera de las instalaciones, armados con pistolas de balas de goma, porras y spray de pimienta, intensificaron considerablemente sus violentos ataques contra los manifestantes. Ese día, el senador estadounidense Andy Kim y la gobernadora Mikie Sherrill encabezaron una delegación de dirigentes del Partido Demócrata de Nueva Jersey que intentaban visitar las instalaciones. A Sherrill se le denegó la entrada, pero a Kim, en su calidad de representante federal, se le permitió entrar para hablar con los presos. Tras salir del edificio, Kim fue alcanzado por gases lacrimógenos y bombas de pimienta durante el ataque de los agentes de ICE. «En lugar de dialogar conmigo y con los demás sobre las malas condiciones, ICE envió un vehículo blindado y una fila de agentes armados que solo echaron más leña al fuego», publicó Kim en las redes sociales tras los enfrentamientos del lunes.
Las noticias y los vídeos han mostrado escenas de manifestantes golpeados repetidamente con porras, tirados al suelo y rociados con spray de pimienta. A última hora de la noche del miércoles 27 de mayo, tal y como captaron AMNY y otros medios de comunicación y cámaras de móvil, un agente de ICE empujó a una persona hacia la trayectoria de un camión en marcha, que le atropelló la pierna. A continuación, otro agente empujó a un segundo hombre entre las ruedas del camión; el manifestante estuvo a punto de ser aplastado.
Delaney Hall, que forma parte de la creciente red de centros de detención de ICE, cuenta con 1000 camas y está gestionado por la empresa penitenciaria privada GEO Group, que tiene un contrato de 15 años y 1000 millones de dólares para gestionar el complejo. Se trata de un edificio tipo almacén situado junto a hileras de tanques de petróleo en un lúgubre barrio industrial a orillas del río Passaic. El centro penitenciario del condado de Essex se encuentra justo al final de la calle.
La huelga de los detenidos de Delaney Hall y los ataques de ICE contra los activistas solidarios fuera del edificio han recibido atención a nivel nacional. El presidente Trump, al tiempo que ignoraba los informes de violencia extrema por parte de los agentes de ICE, comentó: «Estos no son manifestantes; esta gente es falsa, a todos les pagan».
En una reunión del gabinete celebrada el 27 de mayo con el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, Trump se jactó: «Tenemos las mejores instalaciones [de detención de migrantes] de este tipo en todo el mundo». Mullin restó importancia de manera similar a los relatos sobre las condiciones miserables en Delaney, al tiempo que insistía: «Esto no es el Holiday Inn».
¡Cerrar Delaney Hall! ¡Libertad para los detenidos! ¡Abolir el ICE!
Una carta desde Delaney Hall: «¡No desistan!»
Fecha: 26 de mayo de 2026
Lugar: Centro de Detención Delaney Hall – ICE
Comunicado
Nosotros, los detenidos en el Centro de Detención de Delaney Hall, deseamos expresar nuestra protesta por la violación de nuestros derechos como seres humanos inmigrantes. Nosotros, los detenidos, exigimos nuestra puesta en libertad progresiva, basándonos en el hecho de que nuestras detenciones fueron ilegales; los inmigrantes en este país tenemos derecho a esperar nuestros procedimientos de inmigración pendientes fuera de la cárcel; por lo tanto, exigimos ser puestos en libertad bajo fianza o en libertad condicional para que podamos completar nuestros procedimientos.
Además, pedimos una mayor eficiencia en nuestros procesos judiciales, así como una mayor eficacia y urgencia para aquellos que solicitan y firman su puesta en libertad voluntaria; creemos que es injusto mantener en dentención hasta tres meses a personas que desean marcharse por su propia voluntad.
Además de la detención ilegal y forzosa de la mayoría de nosotros que nos encontramos encerrados aquí, existe el trato inhumano que todos los detenidos en este centro sufren a diario. La empresa encargada (GEO) no cumple con las condiciones básicas necesarias para proteger nuestra salud y nuestras vidas. A su incompetencia administrativa, debemos añadir las siguientes injusticias e irregularidades perpetradas por ICE y GEO:
- Comida que contiene gusanos o en estado de descomposición.
- Problemas que no se resuelven, especialmente en relación con los baños, que se encuentran en condiciones terribles e inhumanas.
- Problemas de la ventilación.
- Graves problemas de salud: la mayoría de las personas padecen una gripe persistente con flemas que no desaparecen; muchas tienen conjuntivitis, infecciones del tracto urinario, fiebre y tos.
- Problemas de atención médica:
- Si estás enfermo, tienes que presentar una solicitud, cuya respuesta tarda dos semanas en llegar, o incluso puede no llegar.
- Las enfermeras se niegan a atenderte de inmediato
- Solo recetan Tylenol para todas las dolencias
- Las palabras exactas de las enfermeras: «No somos una FARMACIA»
- Los agentes de ICE coaccionan a los detenidos para que firmen órdenes de deportación
- No existe un protocolo de emergencia: en casos de caídas o agresiones, la respuesta de emergencia llega con una hora de retraso
- Las resoluciones de los jueces son muy cuestionables; la mayoría de las solicitudes de fianza son denegadas sin fundamento legal
- Los detenidos son obligados a trabajar, en la mayoría de los casos sin remuneración, o por 1 dólar la hora
- Agradecemos el apoyo de todos los que protestan fuera del centro. Queremos que sepán que nos dan la fuerza y la determinación para seguir adelante. Por favor, ¡NO SE RINDEN!
- Pedimos a todas las autoridades pertinentes una respuesta urgente y esperamos tener noticias suyas.
Con el máximo respeto, los detenidos en el centro de Delaney Hall.¡Que Dios los bendiga!
Foto superior: Un agente del ICE frente a Delaney Hall empuja a un manifestante solidario con los inmigrantes bajo un camión en marcha la noche del 27 de mayo. (Dean Moses / AMNY)
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Manifestantes enfrentan a Trump en la Academia de la Guardia Costera
Por TABITHA MAE
En la mañana del 20 de mayo, unos 200 residentes de New London (Connecticut) y sus alrededores se reunieron en el pasto del parque McKinley, justo frente a la Academia de la Guardia Costera de los Estados Unidos (U.S.G.C.). Se vio a la mayoría portando diversos carteles en protesta contra la llegada del presidente Donald Trump, quien estaba programado como orador de la ceremonia de graduación de la U.S.G.C.
Aunque había entre 10 y 15 personas entre la multitud que lucían gorras y atuendos de MAGA, estos contramanifestantes quedaron en gran medida borrados por los cánticos que pedían la destitución de Trump, la democracia y la libertad para Palestina. También asistieron varios agentes del Servicio Secreto y una fuerte presencia policial de los departamentos circundantes. Mientras que la policía se mantuvo en gran medida en un papel de observadora, los agentes del Servicio Secreto interrogaban a cualquier miembro de la multitud que llevara un cartel o mostrara en su ropa la frase «8647», una referencia a la destitución de Trump que a menudo se distorsiona para que se interprete como una llamada a la violencia.
Esta concentración en McKinley Park el día de la ceremonia de graduación de la Guardia Costera de los Estados Unidos no era nada nuevo para New London. Durante más de 25 años, las protestas contra la industria bélica y el complejo militar de los Estados Unidos se han reunido aquí para manifestarse, a menudo con llamamientos específicos a la acción en función del orador invitado a la ceremonia de graduación. Aunque Trump puede considerarse parte de la última encarnación de una tendencia de líderes capitalistas mundiales que proponen políticas autoritarias, está lejos de ser el primer presidente de EE. UU. al que se le atribuye tal descripción. Muchos estadounidenses aún no están al tanto o están empezando a conocer los problemas estructurales que hacen necesario que líderes como Trump, y sus partidarios, surjan y se infiltren en la política estadounidense.
Esta manifestación también fue la última versión de una jornada de protesta de larga tradición. Históricamente, muchos de los manifestantes han sido veteranos que se habían vuelto firmemente antibélicos.
Pero este año las cosas fueron diferentes. La agenda de esta administración y su arrolladora destrucción de las salvaguardias en el camino hacia su consecución han hecho difícil que la gente ignore la velocidad a la que se están atacando y pisoteando los derechos humanos y constitucionales. Debido a esto, hubo una urgencia compartida en las redes de Connecticut y Rhode Island para formar una coalición. Bajo el lema «Unify & Resist», la coalición de base fue formada por 14 grupos distintos, de diverso tamaño e ideología. Entre los grupos presentes en la red se encontraban 50501, New London Civil Liberties Defense, New London Immigrant Defense, ‘Lil Rhody Visibility Brigade y el Working Families Party (NL).
A pesar de las pequeñas diferencias en las expectativas para la jornada, los delegados de estos grupos trabajaron para crear un mensaje que resultara eficaz. En este grupo central, se tomó la decisión de adoptar principalmente una actitud de felicitación hacia los cadetes que se graduaban de la Academia de la Guardia Costera de los Estados Unidos, al tiempo que se hacía hincapié en la protección constitucional, compartiendo el mensaje «Recuerda su juramento». Se crearon y distribuyeron fanzines a los cadetes y a sus familias, una acción que tuvo una respuesta positiva por parte de los destinatarios. En su interior, los lectores podían encontrar servicios de apoyo para militares que sintieran que habían recibido órdenes ilegales o tuvieran dilemas éticos con las órdenes dadas. Se destacaron el artículo 92 y el caso U.S. v. Calley (relativo a la masacre de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses en Vietnam), que marcan la normativa y el precedente histórico para la ejecución de órdenes ilegales.
Entre los próximos pasos que destacaba la revista se incluía sumarse a los esfuerzos para «des-ICE» al Citizens Bank, que ha aportado más de 2.500 millones de dólares para la construcción de campos de detención y la financiación de corporaciones penitenciarias con ánimo de lucro, y sugerir a los lectores que apoyaran a grupos como Veteranos por la Paz.
Muchos destacaron las actuales actividades del ejército estadounidense en Palestina, Irán, América Latina y a nivel mundial, así como la búsqueda de una agenda para pisotear los derechos a nivel nacional. La Guardia Costera de los Estados Unidos ha sido llamada a actuar frente a las costas de Venezuela a través de la Operación Lanza del Sur, una operación responsable de la muerte de unas 340 personas, entre ellas pescadores. Fueron asesinados en lo que el régimen de Trump califica como un ataque contra el tráfico de drogas por mar y para promover el restablecimiento de la seguridad en el hemisferio occidental, pero crece el reconocimiento entre la opinión pública de que los ataques fueron de naturaleza imperialista. Aunque representantes como el demócrata de Connecticut Jim Himes se han pronunciado en contra de la Operación Lanza del Sur, en el fondo nadie en el Congreso plantea una oposición real a la política exterior de Trump. A través de esta operación, la Guardia Costera también ha ayudado a vigilar y confiscar dos petroleros.
La multitud reunida en New London era muy consciente del uso que hace Trump de las fuerzas armadas para impulsar su agenda, de su reasignación ilegal de fondos para satisfacer objetivos políticos y de su subversión de la separación de poderes: un retorno a la diplomacia de las cañoneras, tal y como se describe en la estrategia de seguridad nacional de Trump.
En la protesta se hicieron llamamientos para apoyar a la comunidad LGBTQ+, con especial énfasis en la protección de las personas transgeneras, que han sido blanco de una serie de cambios políticos desenfrenados que los ponen en peligro directo. También se percibió un fuerte sentimiento anti-ICE, lo cual no fue ninguna sorpresa teniendo en cuenta la presencia de miembros inmigrantes en la comunidad de New London. Hubo una serie de pancartas, banderas y camisetas que destacaban la conexión de Trump con Jeffrey Epstein y su repetida negación de los vínculos evidentes, duraderos e íntimos. Por supuesto, el reconocimiento de los males del capitalismo y la explotación de la clase trabajadora fueron temas recurrentes, y varias personas llevaban pancartas con el lema «Gravar a los ricos».
La participación en la manifestación del 20 de mayo fue menor de lo previsto por los organizadores, y sin duda inferior a lo esperado, probablemente debido a una combinación de factores, entre ellos la celebración del evento a primera hora de un día laborable, las directrices establecidas por el Servicio Secreto que limitaban la circulación en New London y sus alrededores, y el breve plazo transcurrido entre el anuncio de la llegada de Trump y el momento de la acción. En ese mismo sentido, sin embargo, a pesar de las expectativas, puede considerarse un éxito para esta región que el parque se llenara de gente, incluso con los obstáculos mencionados.
El evento obtuvo una cobertura significativa en los medios locales, y los periodistas comenzaron a publicar reportajes preliminares y entrevistas el día anterior. Entre la multitud de periodistas se encontraban equipos de las delegaciones locales de NBC, WFSB y Fox, y se publicaron artículos en una redacción de New London, The Day, y en el Hartford Courant. Esta cobertura, sin embargo, se limitó a breves fragmentos de audio o a unas pocas frases citadas que, aunque fieles al mensaje de la manifestación, no captaron ni de lejos el alcance del descontento y la ira que se podían ver —y oír— ese día. Afortunadamente, se circulan vídeos y fotografías que muestran la energía del día y la variedad de mensajes presentes, tanto por las cadenas de noticias como por las redes.
Otra elemento del éxito de la manifestación del 20 de mayo es el recuerdo compartido, tanto por muchos organizadores como por participantes, de la importancia de crear coaliciones para apoyar el objetivo común de revitalizar a la clase trabajadora, empoderándonos mutuamente para utilizar nuestro poder colectivo con el fin de proteger y promover las libertades civiles, los derechos humanos y la calidad de vida.
El esfuerzo colaborativo surgió de la necesidad de los miembros de la comunidad local de plantar cara a la administración Trump, a la degradación deliberada de la democracia, y de denunciar los peligros del capitalismo y la impunidad de las guerras en el extranjero. Para lograr una movilización verdaderamente impactante de la clase trabajadora estadounidense, debemos ser numerosos y hablar con una sola voz.
Aunque la concentración de unos doscientos personas en New London es un éxito a nivel local, no es más que una gota en el océano comparado con la escala de participación generalizada necesaria para catalizar un cambio real. La protesta en McKinley Park es un paso en la dirección correcta, y debemos avanzar con vigilancia y determinación hacia un movimiento colectivo con reivindicaciones viables.
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Colombia: Carta abierta de la madre de Carolina Garzón Ardila al Presidente Petro
El 28 de abril de 2012, Carolina Garzón Ardila desapareció mientras estaba de vacaciones con sus compañeros de clase en Quito, Ecuador. Nacida en Colombia, Carolina era estudiante de la Universidad del Distrito de Bogotá, además de una comprometida activista política y miembro del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Colombia. Desde el primer momento, la investigación sobre la desaparición de Carolina se llevó a cabo de forma chapucera. Ante la falta de avances por parte de los investigadores, la familia, los amigos y los compañeros de Carolina en el PST se unieron para exigir una investigación seria y la intervención de las autoridades tanto de Ecuador como de Colombia para encontrar respuestas en el caso de Carolina.
Con cada nuevo gobierno, tanto en Ecuador como en Colombia, los seres queridos y compañeros de Carolina han redoblado sus esfuerzos para presionar a los gobiernos a fin de que investiguen seriamente y determinen que paso con Carolina. Esta carta (reproducida a continuación) de la madre de Carolina, quien ha encabezado la campaña, exige que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, dé un paso al frente donde los gobiernos anteriores se han negado a hacerlo.
La elección de Petro como el primer presidente que se autodenomina de izquierda en la historia de Colombia despertó la esperanza entre los colombianos de que finalmente se abordara el delito de las desapariciones. Petro ha apoyado públicamente diversas iniciativas para localizar a las más de 100 000 personas desaparecidas en Colombia como parte de su plan de paz más amplio, destinado a poner fin a la guerra de medio siglo en el campo entre grupos guerrilleros de izquierda, paramilitares y escuadrones de la muerte de extrema derecha, y el Estado colombiano reaccionario, con el fin de lograr la verdad y la reconciliación. Sin embargo, a pesar de estas promesas, Petro y su administración aún no han reconocido ni actuado en el caso de Carolina.
La búsqueda de respuestas en el caso de Carolina no es un caso aislado. En toda América Latina, las desapariciones de activistas políticos, así como la violencia contra las mujeres, han sido un punto central de la lucha social durante décadas. La campaña por la justicia para Carolina forma parte de una lucha mucho más amplia para poner fin a la violencia, la impunidad y los encubrimientos que constituyen la norma tanto en las dictaduras como en las democracias de toda la región. — LOS EDITORES DE LA VOZ DE LOS TRABAJADORES
Por Alix Mery Ardila
Señor presidente Gustavo Petro, mi hija, Carolina Garzón, desapareció en Quito, Ecuador, el 28 de abril de 2012 mientras estaba de vacaciones con otros compañeros de la Universidad Distrital de Bogotá, donde estudiaba. Ella, de 22 años entonces, era activista estudiantil y militante del Partido Socialista de los Trabajadores.
En ese entonces, el presidente de Ecuador era Rafael Correa y el de Colombia, Juan Manuel Santos. Los dos en cada país nos atendieron: el presidente Correa directamente en su despacho de Quito y el presidente Santos a través de su canciller.
El gobierno de Correa aprobó una recompensa de 20.000 dólares para quien supiera del paradero de mi hija y hubo coordinación entre fiscalías de ambos países.
Después del cambio de presidentes, en Ecuador Lenín Moreno y en Colombia Iván Duque, no hubo ningún interés por parte de ellos en el caso de desaparición de mi hija. Desde hace 14 años, cada 28 de abril vamos a la Cancillería colombiana a intentar hablar con quien esté en el cargo para solicitar ayuda del gobierno colombiano para buscar coordinación con el gobierno de Ecuador.
Del presidente Iván Duque no esperamos nada; sabíamos que, como buen uribista, no le interesaban las víctimas de desapariciones, menos si eran activistas estudiantiles y militantes de una organización de izquierda. Pero de su gobierno, del que sí esperábamos al menos que nos atendiera, pasados más de tres años, no hemos recibido ningún apoyo y cuando vamos a la cancillería a buscar apoyo, se limitan a decirnos que la dejemos en correspondencia.
El senador y candidato presidencial Iván Cepeda, como integrante del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), estuvo también pendiente del caso de mi hija y organizaciones como el Colectivo José Alvear Restrepo y el senador Alirio Uribe.
Una vez más, tal vez como última oportunidad en su gobierno, mi familia y el PST esperamos que nos pueda escuchar, directamente o a través de su canciller. Los funcionarios que han estado al frente de la Cancillería no saben el dolor de tener un ser querido desaparecido; usted, que sí lo ha vivido con compañeros y compañeras del M-19, lo comprenderá.
Cordial saludo,
Alix Mery Ardila
Madre de Carolina Garzón
Bogotá, 28 de abril de 2026
Republicado del sitio de la LIT-CI
