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Seminario web del 9 de abril: «Guerras contra el pueblo»: la represión y la resistencia en el país y en el extranjero

La PLATAFORMA DE IZQUIERDA UNIDA, una alianza de organizaciones socialistas revolucionarias, los invita a un seminario web el 9 de abril con un panel de activistas que abordará el terror y los ataques contra los inmigrantes y los derechos democráticos en el país, así como los crímenes imperialistas de EE. UU. en todo el mundo.
Esta charla presentará algunas de las experiencias más relevantes de los movimientos emergentes que se resisten a los ataques nacionales y globales del imperialismo estadounidense bajo la administración Trump, con perspectivas sobre cómo estas luchas pueden llegar a ser poderosas, unificadas y políticamente independientes. Desde la derrota del terror de ICE en Minneapolis hasta la oposición a las guerras de EE. UU. e Israel contra Palestina, Irán y el Líbano, y las amenazas de EE. UU. a Cuba y América Latina, vemos la necesidad crítica de unir las luchas con el propósito común de la liberación colectiva.
Los ponentes debatirán cómo las experiencias concretas de la organización del Primero de Mayo pueden conectar la resistencia nacional al autoritarismo de MAGA con la oposición a las guerras de EE. UU. y al imperialismo en su conjunto. Los ponentes ofrecerán breves respuestas iniciales a preguntas estratégicas específicas, seguidas de un debate abierto. ¡ÚNETE A NOSOTROS!
Jueves, 9 de abril, 20:00 h (hora del Este); 17:00 h (hora del Pacífico)
PONENTES:
• Kip Hedges – conductor de autobús escolar y activista sindical desde hace mucho tiempo en Minneapolis
• Avery Wear – Tempest, Socialistas de San Diego, LSAN
• Omid Rezaian – Organización Internacional del Marxismo Humanista
• Dan Piper – La Voz de los Trabajadores, Coalición de Libertades Civiles de Connecticut
• Meg C – Speak Out Socialists
• Ashley Smith – Colectivo Tempest de Vermont
MODERADORA: Blanca Missé, La Voz de los Trabajadores
INFORMACIÓN SOBRE LA INSCRIPCIÓN:
https://us02web.zoom.us/webinar/register/WN_R702vOe8QluM7Mha7LVF5g
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El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.
Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».
En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.
La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.
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Por un 8M internacionalista, de clase, anticapitalista y de solidaridad entre los pueblos

Por la SECRETARIA DE MUJERES DE LA LIGA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES – CUARTA INTERNACIONAL (LIT-CI)
Este 8 de marzo — Día Internacional de la Mujer Trabajadora — levantamos nuestras voces como parte de la clase trabajadora mundial contra el sistema capitalista imperialista, responsable de producir explotación y opresión a escala global.
El capitalismo no es apenas un régimen de explotación de la fuerza de trabajo. Se sostiene alimentando el machismo y todas las formas de opresión para dividir a nuestra clase, intensificar la superexplotación y preservar los privilegios de una minoría parasitaria. La opresión de las mujeres no es un residuo arcaico ni una desviación moral: es parte del propio funcionamiento del sistema.
La precarización laboral, la doble jornada, el desempleo, los bajos salarios y la informalidad revelan este engranaje. Los planes de ajuste, deslocalizaciones, cierres de empresas y despidos por la crisis y la incorporación de las nuevas tecnologías a la producción, nos afectan de forma desproporcionada por ser mano de obra precaria y descartable
El aumento de los femicidios, de la violencia doméstica, del acoso en el trabajo, de la mercantilización de los cuerpos y de la impunidad generalizada demuestra que, en la lógica de la ganancia, la vida de las mujeres trabajadoras vale menos que la estabilidad de los mercados. Somos sobrecargadas en la reproducción social cuando los Estados recortan derechos y servicio como la sanidad y la educación, donde la mano de obra es mayoritariamente femenina; somos superexplotadas en los lugares de trabajo; somos violentadas en nuestras casas y territorios; y cuando reaccionamos, enfrentamos un aparato institucional que protege a los poderosos.
Junto con ello, el capitalismo significa también destrucción de la naturaleza. Las mujeres sufrimos especialmente la catástrofe ambiental que se profundiza al compás de la crisis capitalista pese a las promesas de todos los gobiernos. Somos nosotras las primeras en sufrir con las enfermedades, el desempleo y la violencia social que se intensifica con el colapso ambiental y es por esto que estamos también en primera línea de resistencia contra la destrucción ambiental.
Crisis del orden mundial y rearme imperialista
La crisis capitalista global y del orden mundial que se concentra en la disputa entre EEUU como imperialismo hegemónico y China como imperialismo emergente, se expresa también en un impulso inédito del rearme y la carrera armamentística por parte de todas las potencias imperialistas
Esto, no solo constituye una amenaza para los pueblos del mundo, sino que el aumento del gasto militar se lleva a cabo desmantelando los ya exiguos servicios públicos; fundamentales para el conjunto de la clase trabajadora, pero cuya destrucción, tiene un especial impacto para nosotras.
Extrema derecha y ofensiva imperialista
Este escenario se agrava con el avance de la extrema derecha en el mundo, expresión de un salto reaccionario ante la crisis del capitalismo. Gobiernos abiertamente autoritarios atacan derechos democráticos elementales de las mujeres y de todos los sectores oprimidos. En Estados Unidos, el gobierno de Trump sintetiza esta ofensiva: combina misoginia, racismo y xenofobia con ataques a los derechos laborales; arremete contra el derecho al aborto, contra la autodeterminación de las personas trans y convierte a las y los inmigrantes en objetivo permanente de persecución y chantaje político.
La escalada contra Venezuela, Irán y el llamado plan de “paz” para Palestina revelan el contenido real de esta política: reforzar la dominación imperialista, negar la autodeterminación de los pueblos y profundizar guerras, bloqueos y ocupaciones, como en Gaza y Donbass, en Ucrania, que se transforman en campos de concentración, en que recaen de manera brutal sobre la clase trabajadora — especialmente sobre las mujeres y niños. Las deportaciones masivas, la militarización y cierre de las fronteras y los centros de detención, tanto en Estados Unidos como en Europa, muestran un capitalismo que recurre abiertamente a la violencia estatal para disciplinar pueblos enteros y ampliar la explotación.
Gobiernos de colaboración de clases y falsas alternativas
Pero la extrema derecha no avanza sola. Los gobiernos burgueses que se presentan como “progresistas” o “democráticos” no constituyen una alternativa estratégica. Administran el mismo orden social, preservan la propiedad privada de los grandes medios de producción, garantizan los pagos a los banqueros y mantienen acuerdos con o entre los imperialismos. Aplican ajustes fiscales, recortan políticas sociales y precarizan los servicios públicos mientras discursan sobre igualdad.
Para las mujeres trabajadoras esto significa menos guarderías, menos políticas contra la violencia, mayor sobrecarga doméstica y más dependencia económica. Estos gobiernos celebran fechas simbólicas mientras mantienen intactas las estructuras que producen femicidio, hambre y desempleo. Cuando la crisis política se profundiza, su prioridad es contener la movilización popular y preservar la estabilidad del régimen. La conciliación de clases no derrota a la extrema derecha — prepara el terreno para su fortalecimiento.
Poder, trata e impunidad: de la explotación sexual a las redes de las élites
Tampoco podemos ignorar el papel directo de las élites en la industria global de explotación sexual. El escándalo que involucró a Jeffrey Epstein expuso ante el mundo una red que conectaba magnates, políticos y representantes del alto escalón imperialista en esquemas de trata y abuso de niñas y mujeres. No fue un caso aislado, sino la punta visible de un mecanismo arraigado en la estructura del poder capitalista.
La trata internacional de mujeres y niños, la prostitución forzada y los circuitos privados de explotación sexual mueven miles de millones y operan bajo protección de Estados e instituciones. La impunidad que rodea estos casos expresa un sistema judicial que protege a los de arriba y castiga selectivamente a los de abajo. Para mujeres trabajadoras y pobres — especialmente migrantes, negras y jóvenes precarizadas — esta estructura significa vulnerabilidad constante, coerción económica y violencia permanente. El capital convierte nuestros cuerpos en mercancía, ya sea como fuerza de trabajo barata o como objeto directo de lucro en la industria de la violencia.
Contra las ilusiones del feminismo burgués y el separatismo
Frente a esta realidad proliferan propuestas que prometen emancipación sin romper con el sistema. Feminismos institucionales y políticas de inclusión empresarial intentan reducir la desigualdad a un problema de representatividad. Defienden más mujeres en los gobiernos y en los consejos de administración, pero no cuestionan el carácter de clase de esas estructuras. Celebran el ascenso individual de algunas mientras la mayoría continúa sometida a la superexplotación.
Otras corrientes trasladan el eje de la lucha a una oposición abstracta entre hombres y mujeres, profundizando la fragmentación de la clase trabajadora y oscureciendo el antagonismo entre explotadores y explotados. No negamos la necesidad de la organización autónoma de las mujeres trabajadoras para enfrentar el machismo dentro y fuera de nuestras propias filas. Por el contrario, es fundamental. Pero debe estar anclada en la independencia de clase y en la perspectiva socialista, no en la adaptación al régimen ni en la sustitución de la lucha contra el capital por disputas identitarias fragmentadas.
La liberación de las mujeres no vendrá de la integración a este sistema ni de la humanización de sus instituciones. Vendrá de destruir las bases materiales de la opresión: la propiedad privada de los grandes medios de producción, el Estado burgués y el dominio imperialista.
Independencia de clase y revolución socialista
Reafirmamos: no hay salida progresiva dentro de este orden. La emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de la movilización independiente de la clase trabajadora, de la construcción de sus propias organizaciones y de la lucha consciente por una transformación revolucionaria de la sociedad. Llamamos a obreras, campesinas, migrantes, racializadas, jóvenes precarizadas y desempleadas a fortalecer sus sindicatos, movimientos y partidos revolucionarios; a exigir que la lucha contra el machismo esté orgánicamente ligada a la lucha general contra el capital; a enfrentar tanto a la extrema derecha como a los gobiernos que administran el mismo sistema con otra retórica.
Defendemos un programa que ataque las bases materiales de la opresión: empleo con derechos y salario digno; reducción de la jornada sin reducción salarial; socialización del trabajo doméstico mediante servicios públicos de calidad; combate efectivo a la violencia contra las mujeres con recursos bajo control social; derecho irrestricto al aborto legal y seguro; plenos derechos para migrantes y personas LGBTI+; ruptura con el imperialismo y con el pago de las deudas que desangran a los pueblos.
Ninguna conquista será estable mientras el poder económico y político permanezca en manos de la burguesía. Vinculamos cada reivindicación inmediata a la perspectiva estratégica de derrocar el capitalismo y construir una sociedad socialista, basada en la planificación democrática de la economía bajo control de la clase trabajadora.
Este 8 de Marzo reafirmamos su carácter internacionalista y es por ello que mandamos nuestra solidaridad de clase a todas las mujeres que luchan. A las trabajadoras ucranianas que desde el frente y la retaguardia combaten la invasión de Putin, pero también el machismo y las medidas anti obreras de su gobierno. A las mujeres palestinas en su resistencia heroica contra el genocidio sionista y el falso plan de paz de Trump. A las mujeres iraníes que enfrentan el régimen opresivo de los Ayatolas y la injerencia imperialista. A las trabajadoras que en Cuba o Venezuela repudian el chantaje, las amenazas y la intervención de EE.UU. mientras siguen en primera línea en defensa de derechos democráticos y condiciones de vida dignas para su pueblo.
Si la opresión es global — nuestra resistencia también debe serlo. Desde las fábricas hasta las escuelas, desde los barrios hasta el campo, levantamos una misma bandera: independencia de clase, solidaridad entre los pueblos y revolución socialista.
No queremos apenas sobrevivir en este sistema. Queremos derrotarlo.
¡Viva el 8 de Marzo internacionalista!
¡Viva la lucha de las mujeres trabajadoras!
¡Abajo el capitalismo y el imperialismo!
¡Por socialismo y liberación! -
Trump amenaza con desviar las elecciones al Congreso

Por JOHN LESLIE
Muchos activistas y observadores han pronosticado que Trump intentará subvertir las elecciones intermedias de 2026 para frustrar las posibilidades electorales de los demócratas. The Washington Post ha informado de que personas cercanas a Trump «están difundiendo un borrador de 17 páginas de una orden ejecutiva que afirma que China interfirió en las elecciones de 2020 como base para declarar una emergencia nacional que desbloquearía un poder presidencial extraordinario sobre la votación». Aunque la afirmación sobre China no es creíble, Trump podría utilizarla como base para lo que sería esencialmente un autogolpe, lo que le permitiría profundizar en su giro autoritario.
Desde que recuperó la Casa Blanca, Trump ha lanzado ataques militares contra Irán y Venezuela, ha iniciado un asalto a las libertades civiles, ha socavado el debido proceso, ha atacado los derechos sindicales y ha tratado de desmantelar el «Estado administrativo». La ofensiva antiinmigrante de Trump incluye la expansión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como una policía política nacional que no rinde cuentas y con un presupuesto mayor que el ejército de algunos países.
La clase trabajadora sigue sufriendo los altos precios y la incertidumbre del mercado laboral. Aunque la bolsa va bien, estamos viviendo lo que algunos economistas denominan un «auge sin empleo». Mientras tanto, Trump se ha visto salpicado por la controversia y los escándalos. Se ha enfrentado a preguntas sobre su papel en el escándalo de tráfico sexual de Epstein y su índice de popularidad ha tocado fondo.
Trump: «¡Me van a destituir!».
El Partido Demócrata ha tratado de justificar su débil respuesta a la ofensiva reaccionaria de Trump declarando que una victoria en las elecciones de mitad de mandato de 2026 será esencial para sus esfuerzos por detener a Trump. En enero, en una reunión del Partido Republicano en la Cámara de Diputados, Trump dijo: «Tienen que ganar las elecciones de mitad de mandato porque, si no lo hacemos, simplemente… Es decir, encontrarán una razón para destituirme. Me van a destituir».
En este contexto, Trump ha redoblado su postura con respecto a la integridad de las elecciones y ha repetido afirmaciones falsas sobre el fraude electoral, sin presentar ninguna prueba real de votos ilegales.
El Departamento de Justicia ha exigido los censos electorales de casi todos los estados. Según el Centro Brennan, «al menos 47 estados y Washington D. C. han recibido solicitudes de sus listas completas de registro de votantes. La mayoría de los estados han proporcionado una versión disponible públicamente (que no incluye los números de la Seguridad Social ni los números de los permisos de conducir) o no han proporcionado las listas de registro de votantes en absoluto. El Departamento de Justicia ha demandado a Washington D. C. y a 24 estados por negarse a proporcionar sus listas de registro de votantes estatales con los números de licencia de conducir y de la Seguridad Social… Los casos de California, Míchigan y Oregón han sido desestimados».
A pesar de las afirmaciones de Trump y sus lacayos, el fraude electoral en Estados Unidos es muy poco frecuente. En Pensilvania, por ejemplo, la Heritage Foundation afirma que, según datos de 30 años, durante los cuales se celebraron 32 elecciones, solo se identificaron 39 casos de fraude electoral de entre más de 100 millones de votos emitidos en esas elecciones.
La retórica de Trump y sus seguidores ha aumentado el temor de que intentan robarse las elecciones de mitad de mandato o utilizar la fuerza para intimidar a los votantes. El exasesor de Trump, Steve Bannon, sugirió el uso de agentes del ICE para «rodear» los centros de votación el día de las elecciones y, el 18 de febrero, Trump sugirió enviar tropas de la Guardia Nacional a Atlanta, diciendo: «Podríamos ocupar a Atlanta muy rápido». Las tropas de la Guardia permanecen en Washington D. C., Memphis y Nueva Orleans, todas ellas ciudades con una importante población negra.
Además, Trump ha pedido al Partido Republicano que se haga cargo o «nacionalice» las elecciones en 15 estados. Algunos han dado la voz de alarma sobre la posibilidad de que se confisquen las máquinas de votación en noviembre, tal y como hizo el jefe de espionaje de Trump, Tulsi Gabbard, en Puerto Rico en febrero. Trump declaró a The New York Times en enero que lamenta no haber confiscado las máquinas en los estados indecisos en 2020.
La Ley SAVE
La denominada Ley SAVE es otro paso hacia la privación del derecho al voto de los votantes elegibles mediante requisitos más estrictos de identificación de los votantes, restricciones a las campañas de registro de votantes, la posible reducción de los días de votación anticipada, restricciones al voto por correo y la purga de los censos electorales, lo que afectará a los electores más propensos a votar por los demócratas: los votantes afroamericanos y las mujeres. Dado que la aprobación de la Ley SAVE se ha estancado, Trump ha intentado obtener los mismos resultados mediante un decreto ejecutivo.
Algunos demócratas de la Cámara de Representantes votaron a favor de la Ley SAVE. La ineficacia de los demócratas como oposición se ha demostrado en repetidas ocasiones. Desde el regreso de Trump, el historial de los demócratas ha sido de aquiescencia combinada con retórica de oposición. Por ejemplo, los demócratas han criticado la actuación de ICE por ser dura y violenta, pero se han negado a votar a favor de su disolución.
¿Por qué defender las elecciones contra la derecha?
Todos los derechos que tienen los trabajadores en términos de derechos sindicales, la libertad de expresión y de reunión están siendo atacados. Se trata de un esfuerzo bipartidista que comenzó bajo Biden, pero que tiene raíces más profundas en la llamada Guerra contra el Terrorismo (GcT). La GcT supuso el crecimiento y la consolidación del estado de seguridad nacional. Esto incluye la formación y expansión del ICE como fuerza policial política nacional. Los demócratas ayudaron a crear el ICE y ahora solo se comprometen a «reformarlo». Pero las cámaras corporales y las placas no resolverán el problema institucional fundamental.
Como socialistas, no nos hacemos ilusiones sobre las elecciones burguesas. Entendemos que las elecciones no cambian nada fundamentalmente. Ninguna reforma conseguida a través de las elecciones es permanente mientras los partidos capitalistas controlen el sistema político. También entendemos que los dos partidos principales, que son instituciones políticas capitalistas, nunca pueden servir a los intereses de los oprimidos y explotados. No estamos de acuerdo con la idea de que los socialistas puedan capturar o realinear al Partido Demócrata. Al asimilarse al Partido Demócrata, los radicales deben necesariamente adaptarse a ese partido.
Sin embargo, las elecciones son un derecho democrático básico que debe protegerse. La clase trabajadora y los pueblos oprimidos necesitamos nuestro propio partido político, un partido que lidere la lucha todos los días del año en los lugares de trabajo, en las calles y en las elecciones.
Las elecciones por sí solas no impedirán que Trump instaure su programa reaccionario o que trate de robarse las elecciones. La lucha que nos espera requerirá métodos de la clase trabajadora: huelgas, boicots, ocupaciones de fábricas o lugares de trabajo y, lo que es más importante, acciones masivas de frente único organizadas por los sindicatos y otras organizaciones populares.
Ha habido resistencia en las calles a la represión y la persecución de los inmigrantes por parte de Trump, primero en Los Ángeles, Washington D. C. y Chicago, y luego en Minneapolis.
Podemos aprender de estas protestas y dar pasos aún más allá. La construcción de un amplio movimiento popular contra Trump y el autoritarismo requiere que construyamos un movimiento sobre una base democrática con asambleas populares en los lugares de trabajo y los barrios. En última instancia, necesitamos un congreso amplio de los trabajadores y sus aliados entre los oprimidos para movilizar a los trabajadores de todo el país.
Foto: Patrick Semanski
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Los federales, la policía, la misma porquería

Por ERWIN FREED
Se dice que tres mil agentes federales encargados de aterrorizar a Minneapolis están retirandose de la región. Al mismo tiempo, Wired y otros medios informan de que el ICE está comprando o ampliando nuevos espacios de oficinas burocráticas y también su red de campos de concentración «a una velocidad vertiginosa». El espectáculo de la ocupación de Minneapolis por parte de la policía federal oscurece las operaciones de control de la inmigración en todo el país, y también aclara cuestiones básicas para que la clase trabajadora y las comunidades oprimidas comprendan el terreno en cual luchamos. En particular, las acciones de la policía y del Partido Demócrata, desde arriba hasta abajo, están iluminando exactamente para quién trabajan estas organizaciones.
Kieran Frazier Knutson, presidente de CWA 7250 en Minneapolis, lo expresó claramente en una publicación de Facebook: «El alcalde, el gobernador y otros funcionarios describieron al ICE como una “ocupación” que, según ellos, debería “largarse”, pero en realidad comenzaron a trabajar con el ICE en un “nivel de cooperación sin precedentes”, que incluía específicamente la protección de los agentes del ICE y del edificio federal Whipple frente a la resistencia.
«Vi con mis propios ojos cómo la policía de Minneapolis y los alguaciles del condado de Hennepin protegían el flanco de ICE mientras que ellos disparaban cientos de rondas de gas lacrimógeno, balas de goma y granadas aturdidoras contra la resistencia inmediatamente después de la ejecución de Alex Pretti. La policía de Minneapolis y el Departamento del Sheriff abrieron más tarde un corredor (ellos mismos utilizando sus mazas, el gas lacrimógeno y la munición «menos letal») para que los asesinos del ICE pudieran escaparse. »
Estos casos de colaboración entre los funcionarios del Partido Demócrata, la policía local y estatal, y los federales no son ninguna coincidencia. El Partido Demócrata está completamente integrado en el aparato represivo de la clase dominante. La policía local es, en realidad, la tropa más fuerte y activa de los grandes capitalistas. De los más de 1300 asesinatos cometidos por los policías que se denuncian cada año, la mayoría no son cometidos por los federales.
La fusión de inteligencia y una infinidad de policías
El aparato policial moderno de Estados Unidos se basa en los principios de la «fusión de inteligencia» y la «policía basada en la inteligencia» («intelligence-led policing»). Sencillamente, significa que todas las distintas agencias policiales se comunican y se organizan entre sí utilizando métodos de vigilancia masiva, redes de informantes y participación comunitaria para hacer cumplir el orden social capitalista. Las formas en que se organiza esta comunicación y organización son concretas y fáciles de identificar, pero en gran medida no son discutidas por los políticos y la prensa burguesa. También son más amplias que la policía, o incluso que el Estado, ya que incluyen en sus redes a grandes empresas y otras formas de vigilancia privada, así como a ejecutivos y otras élites.
Los medios básicos de «la fusión de inteligencia» incluyen grupos de trabajo policiales y centros de fusión. Los grupos de trabajo federales incluyen los Grupos de Trabajo Conjuntos contra el Terrorismo (Joint Terrorism Task Forces, JTTF) del FBI, las Áreas de Alta Intensidad de Tráfico de Drogas (High Intensity Drug Trafficking Areas, HIDTA) de la DEA/DHS (Drug Enforcement Administration/Department of Homeland Security, Administración de la Aplicación de Drogas/Departamento de la Seguridad de la Patria), varios programas de la oficina de Alcól, Tabaco, y Armas (Alcohol, Tobacco and Firearms, ATF), los Grupos de Trabajo contra Fugitivos de los Alguaciles de los Estados Unidos (U.S. Marshal’s Fugitive Task Forces) y muchos otros organismos similares. Para dar un ejemplo del alcance de los grupos de trabajo federales, hay más de 200 JTTF, con oficinas locales en todo el país. Los centros de fusión son muy similares a los grupos de trabajo, pero en teoría se supone que deben coordinarse entre sí, así como organizar el intercambio de información y la coordinación operativa entre la policía local y federal y la «comunidad de inteligencia». La «comunidad de inteligencia» es una forma elegante de referirse a la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), la Agencia de Seguridad Nacional (National Security Agency, NSA) y otras agencias de espionaje que llevan a cabo las tareas sucias del imperialismo estadounidense.
La forma en que están estructurados tanto los centros de fusión como los grupos de trabajo federales es que cuentan con la participación de agentes de los departamentos de policía federales y locales, así como con acuerdos de trabajo para el intercambio de datos e información. Se puede suponer que cualquier información recibida por un grupo de trabajo está disponible no solo para todo el sistema policial, sino también para el ejército. Muchos grupos de trabajo y centros de fusión incluyen en sus filas a agentes de la Guardia Nacional y del NORTHCOM (las fuerzas armadas estadounidenses activas en América del Norte).
La relación general entre la policía local y la federal no es nueva. Un ejemplo es lo que podría considerarse la primera «base de datos biométrica». Fue organizada por la Oficina Nacional de Identificación Criminal (National Bureau of Criminal Identification, NBCI), una agencia privada creada por la Unión Nacional de Jefes de Policía (ahora conocida como Asociación Internacional de Jefes de Policía, National Police Chiefs Union) en 1896. La NBCI recopiló una amplia gama de fotografías de sospechosos de delitos, incluidas huellas dactilares. Cuando se creó la Oficina de Investigaciones (precursora del FBI) en 1907, la NBCI y sus registros se integraron en la nueva agencia. Por lo tanto, no fueron las acciones del gobierno federal, sino más bien la acción colectiva de los jefes de policía locales lo que creó la base burocrática para la vigilancia masiva por parte del gobierno federal.
Hoy en día, organizaciones privadas como la Asociación Internacional de Jefes de Policía, fundaciones policiales y grupos de interés empresarial colaboran con los Departamentos de Justicia y Seguridad Nacional para estructurar y establecer políticas en torno a la vigilancia masiva y la estrategia policial. No hay nada particularmente excepcional en todo esto, y el hecho de que haya organizaciones específicas que proponen políticas y estrategias no significa que están separadas del Estado capitalista – forman parte del aparato completo.
Son simplemente los grupos asignados por la clase dominante para organizar la represión y la vigilancia en nombre de toda la clase dominante. Estas redes de vigilancia de alta tecnología adoptan la forma de asociaciones público-privadas entre grandes empresas, organizaciones comunitarias, la policía local y las agencias federales. El caso más destacado es el de las cameras de placas automáticas Flock, que son utilizados no solo por las agencias policiales locales y estatales, sino también por organizaciones «privadas» como las asociaciones de propietarios.
Todos las cameras privadas, así como la videovigilancia y otros sistemas de vigilancia electrónica, están vinculados a programas policiales locales y federales que reúnen enormes cantidades de datos.
La Operación Escudo de la Fundación de la Policía de Atlanta, por ejemplo, es una «red de más de 20 000 cámaras del sector público y privado, [que] vigila los barrios, los centros de negocios, los principales espacios públicos y las vías públicas de Atlanta. Las cámaras están integradas en el Centro de Videovigilancia [del Departamento de Policía de Atlanta], que proporciona vigilancia en tiempo real y envía a la policía a los puntos conflictivos. Alrededor del 80 % del costo lo asume el sector privado». En todo el país se llevan a cabo programas similares, a menudo con el nombre de Connect [Ciudad].
La gestión de crisis y el orden burgues
Los centros de fusión y los grupos de trabajo federales se han desarrolladoa través de largos períodos de tiempo e incluyen en su génesis las experiencias del genocidio indígena, las bandas terroristas antinegras, la represión violenta contra huelgas laborales y la ocupación colonial. Se basan en una estrategia de larga data que se en los círculos burgueses se ha llamado «la contrainsurgencia». La idea básica es identificar, aislar y «neutralizar» a los posibles líderes de movimientos sociales que puedan organizar a los trabajadores y a los oprimidos.
Como declaró el director de la CIA, Allen Dulles, en un discurso pronunciado en 1955 en una reunión de la Asociación Internacional de Jefes de Policía en Filadelfia, en opinión de la CIA, las fuerzas del orden «deben ser, en general, la primera línea de defensa… para descubrir a los agentes de la subversión… y mantener la paz interna… sin… recurrir a las fuerzas militares para hacer frente a una revuelta abierta». Continuó diciendo que «cuando necesito ayuda […] [a nivel nacional] recurro al [FBI] y, a nivel local, a muchos de ustedes para que me presten ayuda y asistencia».
La ampliación de los poderes policiales siempre tiene como objetivo fundamental atacar a la organización de los negros, los otros pueblos oprimidos y los trabajadores en su conjunto. A menudo esto se justifica mediante el pánico moral capitalista en torno al «crimen» y/o el «terrorismo». Las Fuerzas Conjuntas contra el Terrorismo del FBI se crearon en parte debido al fracaso de J. Edgar Hoover para capturar a Weather Underground y al creciente deseo de la clase dominante estadounidense de ampliar las actividades de vigilancia y «contrainteligencia» en las comunidades musulmanas. También formaban parte de un proyecto más amplio para crear las condiciones del «conocimiento total de la información» en nombre de la policía secreta. La clase dominante estaba planeando cómo subvertir las restricciones nominales impuestas a las agencias de espionaje nacionales tras los escándalos COINTELPRO, Watergate y MKULTRA, al tiempo que utilizaba las nuevas tecnologías informáticas para reprimir a las comunidades negras y migrantes, así como a los activistas antiimperialistas.
Los centros de fusión tienen una larga trayectoria. El primer centro de fusión oficial es el Centro de Inteligencia de El Paso (El Paso Intelligence Center, EPIC). Creado por agentes de la CIA bajo la cobertura de la recién formada DEA, el EPIC creó una vasta base de datos informatizada para las fuerzas del orden de todo el país. Justificado bajo el pretexto de la «guerra contra las drogas», el EPIC era también, de forma explícita y consciente, una herramienta para la vigilancia fronteriza. En realidad, el EPIC fue la importación de un modelo y las técnicas de «contrainsurgencia» desarrolladas a lo largo de siglos de guerras y ocupaciones coloniales y formalizadas plenamente por el Programa Phoenix en Vietnam. Esto también incluía tecnologías probadas por primera vez en Vietnam, como un programa integrado de vigilancia fronteriza aérea con sensores y radares conocido como IGLOO WHITE.
Cabe destacar que uno de los principales organizadores tanto del Programa Phoenix como del programa de formación policial de la Oficina de Seguridad Pública fue el agente de la CIA Robert «Blowtorch» Komer. Komer estaba a cargo de las Operaciones Civiles y el Apoyo al Desarrollo Revolucionario (Civil Operations and Revolutionary Development Support, CORDS), que era básicamente un escuadrón de asesinato que, se dice, mató al menos a 20 000 vietnamitas, al tiempo que organizaba a jefes de policía de Estados Unidos para entrenar a policías de todo el mundo en los métodos de brutalidad perfeccionados contra las comunidades negras y de clase trabajadora de Estados Unidos.
Más importante que cualquier tecnología concreta fue la construcción de un sistema policial a nivel nacional, primero de forma ad hoc a través de la Fuerza Conjunta contra el Terrorismo y otros grupos de trabajo como las HIDTA, y luego de forma sistemática con la creación del DHS. Los ataques del 11 de septiembre se utilizaron para justificar la reconstrucción de todo el sistema policial federal según el modelo de las ocupaciones nacionales. El modelo más directo para ello fue, una vez más, el Programa Phoenix, pero el propio Programa Phoenix se desarrolló a partir de una serie de conversaciones organizadas por la Rand Corporation en 1962, que reunieron a oficiales británicos, franceses, australianos, estadounidenses y de otros países con experiencia directa en ocupaciones coloniales y «contrainsurgencia», especialmente en Malasia y Argelia.
La estructura básica de ese modelo consiste en una jerarquía geográfica de intercambio de información, que parte de lo local y asciende a lo nacional, cada uno con su propia CIA o supervisor similar. En Estados Unidos, esto se traduce en centros de delincuencia en tiempo real y/o centros de fusión municipales (distritales/locales) y centros de fusión respaldados por el DHS (estatales/provinciales), todos ellos combinados en diversas redes, en particular la división de Inteligencia y Análisis del DHS.
Estas entidades policiales tienen el objetivo oficial de luchar contra la delincuencia y el terrorismo, pero en realidad se dedican casi exclusivamente a vigilar a las comunidades oprimidas y a los activistas políticos, al tiempo que crean propaganda falsa que aviva el pánico moral y que se transmite a todos los departamentos de policía de un estado concreto. Un ejemplo de esto último fue un boletín de mayo de 2024 enviado por el Centro de Inteligencia de Connecticut en el que se afirmaba que el 14 de mayo, el día antes del Día de la Nakba, estaba siendo promovido por «cuentas de redes sociales» como un «Día de la Quema» antiisraelí. Esto era completamente falso, pero sirvió para dar una razón plausible por la que la policía local debía estar alerta ante posibles «extremistas violentos nacionales» el Día de la Nakba.
Informantes confidenciales
Se supone que cada agencia tiene sus propios programas de «inteligencia humana», que es una forma bonita para referirse a los informantes. El FBI cuenta con más de 15 000 informantes confidenciales oficiales, y se espera que por cada informante remunerado «oficial», haya dos o tres veces más «extraoficiales». El ICE también tiene sus propios informantes, a pesar de que, según una auditoría del Congreso, básicamente no cuenta con mecanismos para supervisar sus informantes, ni tiene ninguna política coherente para mantenerlos.
La policía local tiene sus propias operaciones encubiertas y de informantes, aunque seguramente haya solape entre las agencias. Juntas son el «corazón» de la policía moderna y la parte más obviamente corrupta. No hay investigaciones sin informantes y agentes encubiertos, y las investigaciones con informantes y agentes encubiertos implican necesariamente la participación de la policía en actividades criminales. En New Brunswick, Massachusetts, por ejemplo, una importante investigación del Boston Globe («Spotlight: Snitch City») reveló que el exjefe de policía Paul Oliveira no solo hizo carrera cultivando relaciones con traficantes de drogas, sino que el FBI ayudó a encubrirlo.
Los informantes pueden ser utilizados para «recabar información». Sin embargo, también se utilizan para acosar y tender trampas a personas de color y activistas. El trabajo de los informantes contribuye en gran medida a crear el mito de las «amenazas terroristas», en nombre de la «lucha contra el terrorismo». Un informe de 2012 del Proyecto Salam estima que al menos el 93 % de los casos de «terrorismo» son completamente inventados y que muchos de ellos son «el FBI frustrando sus propias tramas de trampa, a menudo después de haber seleccionado a acusados con enfermedades mentales». Muchas de las llamadas «operaciones antiterroristas» se deben a la extrema penetración de las redes de informantes de las unidades «antiterroristas» del FBI y de la policía local en las comunidades musulmanas y negras. La Liga de Justicia Musulmana descubrió, a través de una encuesta de base, que uno de cada diez musulmanes de Boston había recibido o conocía a alguien de la comunidad a quien el FBI había visitado.
Todo el sistema policial de Estados Unidos está diseñado para crear y mantener grandes redes de informantes. Por eso, por ejemplo, la gran mayoría de las «condenas» en todos los niveles, en algunos lugares prácticamente el 100 %, se deben a acuerdos con la fiscalía. El objetivo es hacer que las personas se sientan tan incómodas e inseguras que acepten un acuerdo y se conviertan potencialmente en informantes, incluso si son inocentes.
La coacción para que las personas se convirtieran en informantes se hizo pública en Minneapolis, donde ciudadanos estadounidenses detenidos sin cargos denunciaron que los llevaban a salas de interrogación y les daban la opción de trabajar para el ICE a cambio de protección. Esto debe considerarse en línea con las prácticas policiales en todas partes. Eso incluye Minneapolis, donde la policía del condado y la estatal llevaron a cabo un extraño programa durante el movimiento Occupy, en el que les dieron drogas a los activistas, según informa, principalmente marihuana, en un almacén junto al aeropuerto e intentaron convertirlos en informantes.
¡Conectar los puntos y movilizar contra el aparato policial nacional!
Estados Unidos es un país cuya historia incluye una limpieza étnica antiindígena en curso, un autoritarismo fronterizo creciente y la mayor población encarcelada del mundo. Muchas de las peores atrocidades de los últimos 100 años fueron cometidas por las fuerzas estadounidenses o por grupos armados entrenados y dirigidos por ellas. La policía estadounidense a menudo está en primera línea de estas atrocidades.
Las «reformas» del sistema policial no solo son ineficaces, sino que, en general, aumentan el poder de la policía. Las camaras automáticas de placas y las cámaras corporales son dos ejemplos de este fenómeno. Del mismo modo, los intentos de ocultar los numerosos mecanismos de cooperación entre la policía local y federal sin abordar los hechos básicos del aparato policial estadounidense tienden a crear ilusiones en la policía local, que en la realidad no es ningún amigo de los trabajadores y los pueblos oprimidos.
En lugar de seguir el camino trazado por los políticos capitalistas de los partidos Demócrata y Republicano, que apoyan a la policía hasta la última instancia, los millones de personas que luchan en las calles contra el terror del ICE y el FBI deben reconocer lo que la comunidad migrante siempre ha dicho en español: «¡La policía, la migra, la misma porquería!».
Eso significa responder políticamente a cada acto de violencia policial y a cada intento de incriminar a los miembros de nuestra comunidad y a nuestros hermanos y hermanas en la lucha. Construir un movimiento capaz de derrotar la agenda de MAGA y el terrorismo interno llevado a cabo por la policía federal implica tener clara la inseparabilidad entre todos los brazos violentos del Estado capitalista.
Foto: The Columbus Dispatch
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Contra la guerra imperialista liderada por Estados Unidos y por la autodeterminación de Irán

Por FLORENCE OPPEN y FABIO BOSCO
Nota: Algunas expresiones ambiguas de este artículo podrían dar lugar a una interpretación errónea de cómo se combinan las tareas de liberación nacional contra la ofensiva imperialista con las tareas democráticas en Irán. Explicamos esta conexión en el siguiente artículo, «Las crisis se multiplican, pero Trump continúa con su agresión». En él, escribimos: «Si bien la guerra actual en Irán combina dos tareas —la liberación nacional y la lucha contra el régimen burgués dictatorial—, no equiparamos ambas. No podemos oponernos a EE. UU., a Israel y al régimen iraní de la misma manera, creando un bando imaginario formado por las masas iraníes que se mantendrían al margen de la guerra. Hoy en día, la defensa de Irán no puede reducirse a la defensa de «las masas iraníes», sino que adopta la forma de apoyo material al frente militar liderado por el régimen reaccionario de Jamenei en todas sus acciones defensivas».
Fabio Bosco y Florence Oppen – 26 de marzoEstados Unidos e Israel atacan Irán
Durante el fin de semana del 28 de febrero al 1 de marzo de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar coordinada contra Irán, lo que agravó drásticamente las tensiones que desde hace tiempo existen en Oriente Medio. La operación, denominada «Operación Furia Épica» por el Pentágono estadounidense y «Rugido del León» por las autoridades israelíes, consistió en ataques aéreos y con misiles contra al menos 14 ciudades y emplazamientos estratégicos iraníes, entre ellos Teherán, Isfahán, Qom y Karaj.
Las declaraciones de Estados Unidos y sus aliados han presentado objetivos contradictorios para el ataque: paralizar la infraestructura militar, los sistemas de misiles y las instalaciones nucleares de Irán y, posteriormente, lograr un «cambio de régimen» en ese país. Estos cambios se hacen eco de anteriores justificaciones infundadas de Estados Unidos para la guerra, en particular, los argumentos de la administración Bush para invadir Irak en 2003. En aquel momento, la Casa Blanca presentó la acción militar como necesaria para eliminar las supuestas «armas de destrucción masiva», una afirmación que más tarde se demostró falsa; sin embargo, se utilizó un nuevo motivo, la «promoción de la democracia», para continuar la guerra en Irak y justificar la prolongada ocupación de Afganistán. Desde el 11 de septiembre de 2001, las sucesivas administraciones estadounidenses han utilizado un lenguaje defensivo, haciendo hincapié en las amenazas inminentes y la estabilidad regional, para construir la legitimidad pública y encubrir los verdaderos objetivos económicos y geopolíticos de Estados Unidos.
El actual ataque a Irán parece seguir la conocida estrategia de manipular y engañar a los trabajadores estadounidenses para justificar una maquinaria militar cada vez mayor con el fin de alcanzar la superioridad militar sobre China, asegurar su amenazada influencia en Oriente Medio y encubrir los fracasos de la política interna de Trump, desde la revocación de los aranceles hasta la creciente vergüenza en torno al caso Epstein antes de las elecciones de mitad de mandato. Sin embargo, las últimas encuestas sugieren que Trump ha juzgado mal el sentir de los Estados Unidos, ya que el 43 % de los estadounidenses desaprueba esta agresión militar y el 29 % no está seguro.
A primera vista, Estados Unidos e Israel parecen tener objetivos diferentes. Mientras que la administración Trump se esfuerza por mantener un discurso coherente y convincente, Israel nunca ha ocultado que este ataque tenía como objetivo destruir a Irán y a su pueblo, calificado como una «amenaza existencial», y continuar su guerra genocida por un «Gran Israel» contra los palestinos y el resto de los pueblos de la región. Sin embargo, ambos países están unidos en su estrategia de dominación, luchando contra la autodeterminación de todos los pueblos de la región, ya sean palestinos, iraníes, libaneses o cualquier otro que se interponga en su camino. Estados Unidos, en particular, está interesado en impedir que Irán se convierta en un futuro puesto avanzado de China y Rusia en la región, o que lleve a cabo cualquier iniciativa independiente por su cuenta.Irán tiene derecho a defenderse
Estados Unidos e Israel no están llevando a cabo estos ataques para defenderse ni para defender los derechos democráticos de los iraníes. Muy al contrario, se trata de una guerra de agresión motivada por los intereses políticos y económicos de Estados Unidos, ajenos al pueblo iraní. Independientemente de las atrocidades y la represión cometidas por el régimen iraní contra su pueblo, la agresión imperialista de Estados Unidos e Israel amenaza el derecho fundamental a la autodeterminación de Irán como nación legítima. La destitución del régimen es un derecho que pertenece al pueblo iraní, y solo a él. Y, en particular, dada la naturaleza de la ofensiva israelí y estadounidense contra Irán, que consiste únicamente en bombardeos generalizados, la posibilidad de que la clase trabajadora iraní se organice contra el régimen se ha visto hasta ahora gravemente mermada, y no reforzada, por la perturbación del espacio público y la creciente militarización de las fuerzas gubernamentales.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, murió durante los primeros ataques, un hecho confirmado por los medios de comunicación estatales iraníes y reconocido por los líderes estadounidenses e israelíes. Jamenei había dirigido la República Islámica desde 1989, y su muerte supone una rara decapitación de un jefe de Estado en ejercicio por una acción militar extranjera. Las Fuerzas de Defensa de Israel y el Pentágono informan que también han matado a 49 altos dirigentes iraníes.
Más preocupante aún es que, como de costumbre, ya hay informes de importantes pérdidas civiles consideradas como meros «daños colaterales» por la maquinaria bélica estadounidense. Según un informe preliminar de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, el primer día de los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán se saldó con un mínimo estimado de 333 víctimas civiles (entre muertos y heridos) en al menos 18 provincias, una cifra que sigue evolucionando a medida que surge más información a pesar de la censura gubernamental y los bloqueos de las comunicaciones. La Media Luna Roja iraní informa cifras mucho más elevadas: 555 muertos. Entre ellos se encuentran más de 108 niños asesinados en la escuela primaria de niñas de Minab, y muchos más heridos. Las potencias occidentales también bombardearon el Hospital Gandhi de Teherán.
La respuesta inicial de Irán, dado que el gobierno oficial fue atacado, provino de sus líderes religiosos: el gran ayatolá Makarem Shirazi, de 99 años, dijo que la venganza de Jamenei es el «deber religioso de todos los musulmanes del mundo para erradicar el mal de estos criminales del mundo», según la agencia de noticias estatal Tasnim. Otro clérigo destacado, el ayatolá Nouri Hamedani, emitió una fatwa en la que declaraba obligatoria para todos los musulmanes la «venganza de sangre» de Jamenei.
El domingo 1 de marzo, uno de los principales líderes supervivientes del régimen, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, rechazó la advertencia del presidente estadounidense Donald Trump de no tomar represalias contra los bombardeos masivos de Estados Unidos e Israel, alegando que el país no respetará ningún límite en su legítimo derecho a la autodefensa: «Nadie puede decirnos que no tenemos derecho a defendernos. Nos defendemos, cueste lo que cueste, y no vemos ningún límite para defender a nuestro pueblo, para proteger a nuestro pueblo», declaró Araghchi a ABC News.
En esto, y probablemente solo en esto, el representante del régimen iraní dice una verdad fundamental: el pueblo iraní tiene el derecho ilimitado de defenderse, por cualquier medio necesario, de esta agresión extranjera. El reto es que este régimen no puede «defender a su pueblo» mientras continúa con la brutal represión contra él. Para poder oponerse verdaderamente a la agresión estadounidense e israelí, el régimen debería detener todos los procedimientos judiciales contra los manifestantes, detener las ejecuciones, liberar a los presos políticos y disolver las fuerzas responsables de los asesinatos en masa. Un régimen que mata y silencia a su propio pueblo no puede defenderse de los ataques extranjeros.
Un riesgo creciente de guerra regional
A pesar de las delirantes declaraciones del secretario de Guerra estadounidense Hegseth, que afirma que «esto no es Irak, esto no es infinito», la dinámica actual de la guerra, como era de esperar, es de rápida escalada y de regionalización. En menos de tres días, más de 14 países se han visto envueltos en un conflicto militar que podría descontrolarse, y ahora nos esperan «al menos» cuatro o cinco semanas de guerra.
Irán respondió con ataques de represalia con misiles y drones contra posiciones estadounidenses e israelíes. Ocho países árabes han informado de ataques con misiles: Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Arabia Saudita, Irak, Jordania, Omán y Qatar. Además, la Guardia Revolucionaria también reivindica ataques contra petroleros estadounidenses y británicos, y la destrucción de algunos cruceros y destructores estadounidenses.
Sin embargo, algunos de estos ataques ya han provocado bajas entre las filas militares. Cuatro militares estadounidenses perdieron la vida en combate y varios resultaron gravemente heridos. El 2 de marzo, Kuwait derribó accidentalmente tres aviones de combate estadounidenses, lo que evidencia el caos y la confusión de un conflicto con tantos participantes. Las declaraciones de Trump sobre la cuestión sugieren que el ejército estadounidense prevé muchas más bajas entre sus soldados.Además, algunas de las acciones defensivas iraníes pueden alcanzar objetivos civiles y desencadenar conflictos regionales. En los Emiratos Árabes Unidos, que hasta ahora han soportado 165 misiles balísticos procedentes de Irán, se ha informado de la muerte de tres personas y de 58 heridos. El Ministerio del Interior de Baréin confirmó que el hotel Crowne Plaza de Manama había sufrido daños en un ataque, sin que se registraran víctimas, lo que demuestra que este conflicto puede descontrolarse en cualquier momento. También hay informes de que una base militar británica en Chipre, miembro de la UE, ha sido alcanzada por un misil iraní.
Netanyahu continúa una guerra genocida sin límitesLos líderes israelíes, especialmente el primer ministro Benjamin Netanyahu, han instado pública y constantemente a Estados Unidos a emprender acciones militares contra Irán durante años, presentando a Teherán como una amenaza existencial debido a sus programas nucleares y de misiles de largo alcance. Esta narrativa fue una justificación central para el ataque conjunto realizado por los funcionarios israelíes, como parte de la colonización de pobladores. Los funcionarios estadounidenses ya han indicado su apoyo a Israel para que anexione cualquier territorio que desee en Oriente Medio y Estados Unidos proporciona la columna vertebral y la infraestructura logística para todas las operaciones militares aéreas israelíes. Es difícil creer que Israel pueda llevar a cabo por su cuenta cualquier ofensiva militar en la región que no haya sido previamente acordada con Estados Unidos. Aunque los ataques de Israel contra Irán no son aún genocidas en sí mismos, se producen en el contexto de la destrucción de cualquier fuerza política que haga el más mínimo esfuerzo por frenar sus campañas genocidas contra los palestinos en Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria, mientras que la extrema derecha israelí trama abiertamente un Gran Israel que podría incluir Jordania, el Sinaí o más.
Los ataques con misiles de represalia de Irán alcanzaron el centro de Tel Aviv, causando al menos una víctima mortal entre la población civil, una mujer de unos 50 años, y además hay varias personas que resultaron heridas de gravedad o leves cuando el misil impactó en el corazón de la ciudad, lo que provocó la activación de las sirenas, la respuesta de emergencia y la declaración del estado de emergencia. También hay informes de que cinco personas murieron tras un impacto directo de un misil en un edificio residencial cerca de Jerusalén, según informó la policía israelí en un comunicado el domingo por la tarde.
En respuesta, el ejército israelí anunció el domingo 1 de marzo de 2026 que se está preparando para movilizar a unos 100 000 reservistas como parte de su campaña contra Irán para lograr un Gran Israel. Hezbolá ha lanzado cohetes y Israel ha llevado a cabo otra ronda de bombardeos contra el Líbano, que hasta ahora han causado la muerte de 52 personas.
Otra prueba de que el ataque de Israel contra Irán forma parte de la misma ofensiva colonial para exterminar a los palestinos y expandir el régimen racista y sionista es el reciente y rápido aumento de los asentamientos. En los últimos tres meses, el gobierno israelí ha legalizado muchos de los asentamientos más importantes, como la aprobación, en diciembre de 2025, de 19 nuevos asentamientos. Estos precedentes sentaron las bases para acelerar la actividad de los asentamientos y reforzar el control israelí sobre los territorios de Cisjordania, con la aprobación, en febrero de 2026, del registro de tierras, que autoriza a las autoridades a clasificar las tierras de Cisjordania como «propiedad del Estado» por primera vez desde 1967. Se trata de un paso histórico hacia la ampliación efectiva del control israelí y allana el camino para la legalización de la violenta actividad de asentamiento y de despojo de los palestinos. Estas nuevas regulaciones son una estrategia de anexión de facto, que transfiere las zonas administradas por el ejército a marcos normativos civiles que favorecen la construcción y el control de los asentamientos.
Junto a los violentos esfuerzos de colonización en Cisjordania, se encuentra el nuevo intento de estrangular la resistencia palestina en Gaza. A principios de febrero de 2026, tras más de dos años de cierre casi total, Rafah reabrió de forma limitada bajo condiciones de alto el fuego. Un pequeño número de palestinos, incluidos pacientes que buscaban atención médica, pudo cruzar a Egipto, aunque las cifras fueron muy inferiores a las necesidades debido a los estrictos controles y procedimientos de investigación. Sin embargo, ahora, tras los ataques, Israel volvió a cerrar el paso fronterizo de Rafah el 1 de marzo. Israel ha vuelto a cerrar su frontera con Egipto, aislando a Gaza de su única frontera exterior que no atraviesa Israel. El Ministerio de Salud de Gaza informó de que al menos 600 personas han muerto desde que entró en vigor el alto el fuego en octubre del año pasado.El dilema para China y Rusia
El actual ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán no puede entenderse sin situarlo también en el contexto de las crecientes rivalidades interimperialistas en un periodo de crisis capitalista mundial y de fuerte decadencia de la hegemonía estadounidense. Hasta ahora, China y Rusia, dos potencias imperialistas rivales de Estados Unidos, se han limitado a denunciar verbalmente el ataque contra Irán. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, calificó el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel de «inaceptable» y condenó lo que describió como el asesinato de un jefe de Estado soberano y los movimientos hacia un cambio de régimen. Del mismo modo, el presidente Vladimir Putin calificó el asesinato del líder supremo de Irán como un acto «cínico» que violaba los «principios morales» y el derecho internacional, según TASS.
Sin embargo, las políticas de estas dos potencias no pueden analizarse a partir de su retórica vacía de internacionalismo pacífico. Su cuidadosa y compleja posición en este conflicto no está exenta de contradicciones, ya que ha invertido en relaciones económicas paralelas tanto con Irán como con Israel.
En las últimas décadas, Irán se ha visto cada vez más atraído hacia la órbita de China. Un marco central para esta cooperación es la Asociación Estratégica Integral de 25 años firmada en 2021, que esboza una colaboración ampliada en las esferas económica, política, regional y de seguridad, aunque muchas de sus disposiciones siguen sin revelarse. Lo que es seguro es que China representa ahora aproximadamente el 30 % del comercio total de Irán, en gran parte a través de los flujos de energía: petróleo y gas iraníes a cambio de productos manufacturados chinos. Después de que Washington se retirara del acuerdo nuclear de 2015 y volviera a imponer sanciones, la dependencia de Teherán de los mercados chinos se intensificó. Sin embargo, la relación es asimétrica: Pekín se asegura de la energía a precios reducidos y de una mayor influencia geopolítica, mientras que Irán obtiene un desarrollo estructural limitado. Las empresas chinas han contribuido a mantener las exportaciones de petróleo iraní mediante la denominada «flota fantasma», mitigando las sanciones sin transformar fundamentalmente la posición de dependencia de Irán. Las relaciones militares, incluidos los simulacros conjuntos dentro de la Organización de Cooperación de Shanghái y los ejercicios como el Sahand-2025, siguen siendo cautelosas. Días antes de los ataques, China entregó a Irán armas «ofensivas» de menor importancia, así como armas «defensivas» adicionales, como drones kamikaze. También hubo informes de que Irán estaba a punto de cerrar un acuerdo para comprar misiles de crucero antibuque CM-302 de fabricación china, con un alcance de unos 290 kilómetros, diseñados para evadir las defensas de los barcos al volar a baja altura y a gran velocidad. La República Islámica también está en conversaciones para adquirir sistemas de misiles tierra-aire chinos, llamados MANPADS, así como armas antibalísticas y antisatélite. Esta compra de misiles estaría entre las piezas de armamento militar más avanzadas que China haya transferido a Irán y violaría el embargo de armas impuesto por las Naciones Unidas a Irán en 2006.
Sin embargo, si Pekín evita la participación militar directa del lado de Irán, prefiriendo un compromiso estratégico cauteloso y a largo plazo, y es muy poco probable que intervenga militarmente en este conflicto, es también porque está desarrollando rápidamente relaciones económicas con Israel. China es el segundo socio comercial más importante de Israel a nivel mundial, después de Estados Unidos. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, el comercio bilateral entre China e Israel de enero a octubre de 2025 alcanzó aproximadamente 27 440 millones de dólares. Esto representa un aumento en comparación con años anteriores y subraya el crecimiento continuo de los lazos económicos: en diciembre de 2025, las exportaciones de China a Israel fueron aproximadamente un 29 % más altas que en diciembre de 2024, y las importaciones chinas procedentes de Israel fueron un 98 % superiores a las de diciembre de 2024. Además, en 2021, el Grupo Portuario Internacional de Shanghái se adjudicó un contrato de 25 años para operar parte de la nueva terminal de Haifa Bayport, un proyecto que atrajo la atención de Washington, ya que Haifa es un puerto visitado por la Marina de los Estados Unidos. Las empresas chinas también han participado en proyectos de construcción de ferrocarriles y trenes ligeros en Israel, así como en el proyecto del puerto de HaDarom, la nueva principal puerta de entrada marítima de Israel, situada en Ashdod, al sur del país, y que es el proyecto de transporte insignia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) en el país. La licitación del proyecto fue adjudicada a China Harbour Engineering Company (CHEC) y las obras fueron ejecutadas por su filial israelí, Pan Mediterranean Engineering Company (PMEC).
Una dinámica paralela configura las relaciones entre Irán y Rusia. Tras las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea relacionadas con la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, Moscú y Teherán formalizaron su alineación mediante un Tratado de Asociación Estratégica Integral firmado en enero de 2025, que se prevé que guíe las relaciones durante unos veinte años. El acuerdo proporciona un marco para ampliar el intercambio comercial, coordinar posiciones en la diplomacia regional y reducir la vulnerabilidad a las sanciones occidentales. El comercio entre los dos países ha aumentado de manera constante; de enero a octubre de 2024, el comercio bilateral creció alrededor de un 15,5 %, alcanzando aproximadamente 3770 millones de dólares, lo que refleja la intensificación de los intercambios bajo la presión económica compartida. La cooperación incluye sistemas de pago alternativos, coordinación energética y colaboración en materia de defensa, entre ellas un acuerdo por valor de 500 millones de euros para la adquisición de miles de cohetes avanzados lanzados desde el hombro. La defensa de Putin de la «estabilidad» iraní durante las protestas internas subraya aún más que Moscú da prioridad a la continuidad del régimen y a la consolidación del bloque.
A pesar de las crecientes relaciones entre China e Irán, el pueblo iraní no puede confiar en que China o Rusia apoye plenamente su lucha por la liberación nacional contra Estados Unidos e Israel. Está claro que ambos países, especialmente China, están más comprometidos con su propia expansión económica en la región, junto a todos sus socios, que con los derechos del pueblo iraní, por lo que su principio rector será la estabilidad política a cualquier precio, incluido el coste de vidas iraníes, en lugar de una guerra en toda regla y costosa que los arrastre.
El papel de Arabia Saudí y los Estados del Golfo
La ofensiva actual se desarrolla en el marco de los Acuerdos de Abraham y de la consolidación de un bloque contrarrevolucionario regional alineado con el imperialismo estadounidense. Los acuerdos de normalización firmados entre Israel y varios regímenes árabes —que comenzaron en 2020 con los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, se extendieron posteriormente a Marruecos y Sudán, y se profundizaron mediante la coordinación informal en materia de seguridad con Arabia Saudí— nunca tuvieron que ver con la «paz». Se trataba de reestructurar el equilibrio de poder regional a favor de la hegemonía estadounidense, integrar abiertamente a Israel en una arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos y consolidar una alianza de regímenes autoritarios contra Irán y sus propias clases trabajadoras.
Hoy en día, esta alineación es directamente responsable de la escalada contra Irán. Incluso cuando los gobiernos del Golfo piden públicamente moderación, su posición estructural es clara. Su espacio aéreo, sus bases, sus corredores logísticos y sus redes de inteligencia están profundamente entrelazados con las operaciones militares estadounidenses. Décadas de acoger flotas y comandos aéreos estadounidenses —desde la Quinta Flota de Baréin hasta la base de Al-Udeid en Qatar y las instalaciones de los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait— han transformado el Golfo en una plataforma operativa avanzada para la guerra de Estados Unidos.
Informes de The Washington Post y otros medios indican que el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, animó en privado al expresidente estadounidense Donald Trump a considerar una acción militar contra Irán. Según esta información, el príncipe heredero argumentó que no enfrentarse a Teherán le permitiría ampliar su influencia regional y aumentar los riesgos de seguridad a los que se enfrentan Arabia Saudita y sus vecinos. Sin embargo, los mensajes públicos de Arabia Saudita seguían haciendo hincapié en la diplomacia y la moderación, advirtiendo contra una escalada regional más amplia.
Esto supone un giro de 180 grados respecto a la posición de Ben Salman en enero, que inicialmente se opuso a la acción militar estadounidense al negarse a permitir que Estados Unidos utilizara su espacio aéreo para un ataque. Tras los recientes ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, Arabia Saudita respaldó en privado, mientras que Riad denunció públicamente los ataques con misiles de represalia de Irán contra los países del Golfo y expresó su apoyo a las medidas defensivas coordinadas entre los Estados árabes. Cabe destacar que sus declaraciones oficiales se centraron en criticar las acciones de Teherán, en lugar de respaldar abiertamente la ofensiva original de Estados Unidos e Israel.
La guerra contra Irán revela el verdadero contenido de los Acuerdos de Abraham: una alianza militar preparada para la confrontación, no para la reconciliación. Frente a este bloque contrarrevolucionario, la única alternativa progresista es la solidaridad entre los trabajadores y los oprimidos de toda la región para derrotar primero la agresión imperialista occidental y luego abrir el camino para una liberación más completa de la región, lo que implica la recuperación del territorio palestino de 1948 para su pueblo, así como la caída de las numerosas monarquías capitalistas y dictaduras clericales y militares que oprimen a los trabajadores, especialmente a las mujeres, los jóvenes y las minorías nacionales y religiosas de la región. Solo a través de la lucha independiente de la clase trabajadora se podrá desmantelar la arquitectura reaccionaria construida por los Acuerdos de Abraham y sustituirla por una federación de pueblos libres en todo Oriente Medio.
Reacciones mixtas en Irán
Las reacciones entre el pueblo iraní parecen profundamente divididas e intensas, ya que este ataque se produce un mes después de la brutal represión de las protestas masivas iraníes por parte del régimen. La agresión occidental se produjo cuando el país aún lloraba la represión sangrienta perpetrada por Jamenei y presenciaba la lenta muerte de al menos 50 manifestantes.
La respuesta del Estado a las amplias y generalizadas manifestaciones populares en favor de los derechos democráticos en el país, iniciadas hace tres meses, ha sido recibida con una violencia extrema por parte del gobierno. Según los informes, las fuerzas de seguridad y las unidades militares dispararon directamente contra los manifestantes, realizaron detenciones masivas e impusieron una represión generalizada, incluyendo cortes de Internet y de electricidad para suprimir la comunicación y la coordinación. La represión más brutal se produjo los días 8 y 9 de enero, cuando se llevaron a cabo masacres contra los manifestantes. Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, hasta el 13 de febrero se habían confirmado 7,008 muertes, con 11,730 fallecimientos aún en proceso de revisión a medida que la información sale a la luz lentamente a pesar de la censura del gobierno, y 53,344 manifestantes habían sido detenidos. El alcance de la represión se describe ampliamente como comparable en intensidad a la que se desarrolló durante la revolución de 1979.
Esto es clave para entender por qué hubo informes de celebraciones en algunas ciudades iraníes por la muerte del muy odiado Jamenei, incluyendo imágenes que circulaban de iraníes bailando y expresando abiertamente su apoyo a los ataques contra los líderes clericales, una escena extraordinaria, dadas las restricciones de larga data a las manifestaciones públicas de ese tipo de sentimientos. Sin embargo, la mayoría de estas celebraciones también estuvieron marcadas por un profundo dolor y temor, y muchos de los manifestantes opuestos al régimen se han opuesto abiertamente a cualquier intervención militar estadounidense, ya que saben que también serán víctimas probables de las bombas estadounidenses e israelíes. Muchos iraníes entrevistados han expresado su firme oposición a los ataques, al tiempo que esperan la paz y el fin del sufrimiento, especialmente ante las noticias de muertes de civiles, como las de los escolares asesinados en Minab.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, columna vertebral del régimen
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), la Fuerza Quds y sus redes afiliadas constituyeron la columna vertebral del régimen islámico de Jamenei desde 1979, tras la Revolución Islámica. La eliminación de una figura emblemática o incluso de una facción dirigente no desmantelaría el sistema en general, ya que se trata de una estructura institucional estrechamente entrelazada que se ha ido configurando a lo largo de décadas.
El IRGC comenzó como una fuerza armada de élite y un componente constitucionalmente reconocido del ejército iraní. Opera junto con el ejército regular del país, pero responde directamente al líder supremo. Está compuesto por tropas terrestres, navales y aéreas e incluye una milicia paramilitar de seguridad interna conocida como Basij. También cuenta con una fuerza de operaciones externas llamada Fuerza Quds, centrada en operaciones especiales fuera del territorio iraní. Desempeña un papel clave en la defensa, las operaciones exteriores y la influencia regional de Irán, con unos 190 000 efectivos en activo y una fuerza de combate total de 600 000 si se incluyen las reservas.
Sin embargo, lo más importante es que el IRGC no es simplemente una fuerza militar, sino una institución política, económica y de seguridad paralela que depende directamente del Líder Supremo. A nivel militar, domina los sectores estratégicos más críticos (misiles, guerra asimétrica e inteligencia). Sin embargo, el IRGC también está profundamente arraigado en las estructuras políticas y económicas de Irán. Su papel económico se amplió durante la guerra entre Irán e Irak de 1980-1988, ya que se encargó de la ingeniería y la logística para sostener el esfuerzo bélico de Irán. Según se informa, las empresas afiliadas al IRGC tienen contratos en sectores clave, como los recursos naturales, el transporte, las infraestructuras, las telecomunicaciones y la minería de Irán. Los funcionarios iraníes lo denominan «economía de resistencia».Dos caminos opuestos para el «cambio de régimen» y la autodeterminación
Solo una minoría de iraníes respaldó la ofensiva estadounidense y, sin embargo, también solo una minoría de iraníes apoya al régimen de la República Islámica. La mayoría de la población está tratando de encontrar una salida a las semanas de bombardeos anunciadas y a las garras del sangriento régimen. Esta salida no puede suponer el retorno a la monarquía respaldada por Estados Unidos ni un nuevo statu quo con una nueva capa del IRGC que permanezca en el poder.
El cambio de régimen en Irán puede producirse por dos vías muy diferentes, con resultados opuestos. Una posibilidad es que los elementos independientes del movimiento democrático y popular, que se han articulado desde 2017 a través de sucesivas oleadas de protestas y represión, construyan una alternativa política que asuma la lucha contra la invasión estadounidense e israelí y contra el régimen local, abriendo un nuevo camino en Irán.
Por otra parte, es posible que Estados Unidos e Israel lleven a cabo un cambio de régimen mediante tropas sobre el terreno o mediante una operación encubierta de la CIA y el Mossad, alineándose con los elementos reaccionarios de la diáspora iraní y los sectores monárquicos pro-Pahlavi en Irán.
Por supuesto, solo la primera vía de cambio de régimen garantizará la verdadera autodeterminación política y económica de los iraníes.
Cualquier alianza con los sectores antirregímenes respaldados por Estados Unidos hoy en día solo conducirá a un mayor empobrecimiento y a una mayor opresión de los iraníes.
Al final, el único camino duradero y fiable hacia la verdadera liberación de esta pesadilla multifacética es la autoorganización independiente del pueblo iraní, a través de comités de trabajo, consejos de huelga, asambleas vecinales y órganos democráticos de autodefensa. Y estas fueron precisamente las formidables fuerzas de las que se nutrió la anterior ola de levantamientos. Los colectivos feministas organizados han seguido llevando adelante el legado de Mujeres, Vida, Libertad y desafiando el control estatal sobre los cuerpos de las mujeres y su vida cotidiana. Los estudiantes universitarios —de Teherán, Shahid Beheshti, Allameh Tabataba’i y otros campus importantes— han desempeñado un papel dinámico en la movilización de manifestaciones, la elaboración de comunicados y el mantenimiento de redes de resistencia. Es fundamental señalar que algunos sectores de la clase trabajadora organizada han expresado su solidaridad, entre ellos el Sindicato de Jubilados, el Consejo para la Organización de los Trabajadores Petroleros Contratados, el Consejo Coordinador de Protestas de Enfermeras, el Consejo Coordinador de Sindicatos de Docentes y el Sindicato de Trabajadores del Autobús. Figuras intelectuales y culturales, en particular la Asociación de Escritores Iraníes, perseguida desde hace mucho tiempo, también han expresado su apoyo, vinculando la lucha a las batallas de larga data contra la censura. Las organizaciones de minorías étnicas y regionales —kurdas, baluchis, luri y otras— se han movilizado o han hecho llamamientos a la democratización y la igualdad de derechos, mientras que los comerciantes y los pequeños actores económicos han participado mediante cierres y manifestaciones públicas de apoyo. En algunos sectores, especialmente entre los trabajadores del transporte y los conductores de autobús, ha surgido explícitamente la cuestión del liderazgo independiente de la clase trabajadora, con llamamientos en ciudades como Arak a favor de consejos de trabajadores y de barrio, basados en tradiciones anteriores de autoorganización de base en Irán.
Quienes están dentro o fuera de Irán y apoyan la guerra, o un golpe de Estado contra el régimen, están profundamente equivocados. La guerra imperialista nunca ha sido un camino hacia la liberación. Todos los ejemplos recientes, desde Irak hasta Libia y Afganistán, demuestran que el cambio de régimen impulsado por Estados Unidos conlleva devastación, fragmentación sectaria y nuevas formas de dictadura. El bombardeo de Irán ya ha asesinado a civiles, destruido infraestructuras y fortalecido a los sectores más reaccionarios del régimen. La guerra consolida la represión. Permite al IRGC reforzar su control, silenciar la disidencia y presentarse como el guardián de la supervivencia nacional. Por lo tanto, la intervención estadounidense-israelí no es un atajo hacia la libertad, sino un obstáculo directo para la movilización independiente de los trabajadores, los jóvenes, las mujeres y las minorías oprimidas que se han levantado repetidamente contra la República Islámica.
Por la derrota de la agresión imperialista y por un Irán libre y obrero
La línea divisoria central en esta guerra es nítida. Estados Unidos e Israel han lanzado un ataque imperialista contra un país soberano, exigiendo abiertamente un cambio de régimen y matando a cientos de civiles en el proceso. Sean cuales sean los crímenes que la República Islámica haya cometido contra su propio pueblo —y son muchos—, esto no da a Washington ni a Tel Aviv el derecho a bombardear Irán, asesinar a sus líderes o determinar su futuro político. El derecho a derrocar al régimen pertenece únicamente al pueblo iraní.
Por esa razón, la clase obrera internacional debe tomar partido. No del lado de la República Islámica, sino del lado de Irán contra la agresión imperialista. Los trabajadores de Estados Unidos, Europa y de toda la región deben negarse a ser arrastrados por la maquinaria bélica de sus gobiernos.
Se debe construir un movimiento contra la guerra, un frente único amplio, basado en sólidos principios políticos, arraigado en la clase obrera, que ponga en el centro la retirada inmediata de todas las fuerzas estadounidenses y el desmantelamiento de la vasta red de bases militares estadounidenses que rodean Oriente Medio. Este movimiento exigir también el levantamiento de todas las sanciones y oponerse a cualquier invasión terrestre, a cualquier operación encubierta o a cualquier otro intento de someter a Irán al dominio imperialista.
Los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, los grupos feministas, las corrientes socialistas, las redes de solidaridad con Palestina, las comunidades de migrantes e inmigrantes y las organizaciones antirracistas deben unirse en manifestaciones masivas y acciones coordinadas contra la guerra imperialista y la represión. Solo a través de movilizaciones unidas, visibles y militantes, que vinculen la lucha contra la guerra en el extranjero con la lucha contra la explotación, el racismo y la austeridad en el país, podremos crear una fuerza capaz de desafiar tanto la agresión imperialista como los regímenes reaccionarios que esta sostiene en todo el mundo.
Al mismo tiempo, oponerse a la agresión imperialista no significa apoyar políticamente a la clase dominante iraní. El IRGC y el aparato clerical-militar no tienen nada de verdaderamente antiimperialista. Durante décadas, han supervisado la reestructuración neoliberal, las oleadas de privatizaciones y la consolidación de vastos conglomerados paraestatales para su propio enriquecimiento. Bajo la bandera de una «economía de resistencia», han afianzado los monopolios, reprimido las organizaciones sindicales, aplastado las huelgas y profundizado la desigualdad social. Han erosionado la base material para una verdadera autodeterminación económica al fusionar los activos estatales con imperios semiprivados, protegidos de la rendición de cuentas democrática y de la propiedad de una oligarquía corrupta. Este régimen es un obstáculo, no solo para los derechos democráticos, sino también para la soberanía real basada en el control popular sobre los recursos.
Por lo tanto, para los revolucionarios, la tarea es doble: oposición militar al imperialismo, plena solidaridad con el derecho de autodefensa del pueblo iraní e independencia política del régimen. Rechazamos cualquier «golpe blando» respaldado por Estados Unidos o Israel, proyecto de exilio o plan de la diáspora de derecha que instale un gobierno complaciente bajo dominio extranjero. No al cambio de régimen impuesto desde arriba con bombas o mediante manipulación encubierta. No a la restauración monárquica ni a las alternativas tecnocráticas neoliberales vinculadas al capital occidental. El futuro de Irán no puede decidirse en Washington, Tel Aviv, Riad o Pekín.
A nivel internacional, el lema debe ser claro: derrotar la agresión imperialista, defender el derecho de Irán a la autodeterminación y luchar por una alternativa obrera y popular a la República Islámica. La lucha contra la guerra debe estar vinculada a la lucha contra la austeridad, la represión y la explotación en el país. Los trabajadores de Estados Unidos y Europa no pueden oponerse a la guerra en el extranjero mientras toleran a las mismas multinacionales y a las élites políticas que se benefician del rearme y de la crisis en el país.
Solo la movilización independiente de la clase trabajadora —contra el imperialismo, contra la oligarquía clerical-militar y contra todas las formas de dominación capitalista— puede abrir el camino hacia un Irán libre, democrático y socialista. Las bombas del Pentágono y los misiles de las Fuerzas de Defensa de Israel no traerán la liberación. Tampoco el arraigado aparato del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica proporcionará una soberanía real.
El futuro pertenece a los trabajadores y oprimidos de Irán, que luchan en su propio terreno, en solidaridad con los trabajadores de todo el mundo. -
¡En defensa de Irán frente al ataque genocida de Israel y el imperialismo estadounidense!

Declaración de la LIGA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES (LIT-CI)
El imperialismo estadounidense e Israel están atacando Irán en este momento. Se trata de un ataque preparado para ser mucho mayor que el de junio de 2025.
Los bombardeos ya han alcanzado varias ciudades iraníes, como Teherán, Isfahán, Qom, Tabriz y otras. Abiertamente, tanto Trump como Netanyahu se proponen eliminar a Kamenei y a la dirección de Irán.
Buscan no solo aniquilar las instalaciones nucleares y las bases militares iraníes, sino también imponer un régimen sumiso a Trump.El imperialismo estadounidense invadió Venezuela, secuestró a Nicolás Maduro y se apoderó del petróleo venezolano. Ahora quiere repetir eso en Irán. Con ello legitimarían el control de todo Oriente Medio por parte de Israel y del genocida Netanyahu. Irán es un aliado de China, para quien exportaba 80% de su petróleo. Trump, con ese ataque busca también avanzar en su enfrentamiento con China, y en su control del petróleo mundial.
Hasta ahora, más una vez, ni China ni Rusia hicieron nada, a no ser declaraciones diplomáticas.
Trump también busca distraer la atención interna en Estados Unidos, en un momento en que hay movilizaciones directamente contra él y su represión de los inmigrantes, a partir de Minneapolis.
Irán ha reaccionado militarmente, atacando bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Jordania, Kuwait, Irak y del lanzamiento de misiles también contra Israel. A pesar de ser una guerra brutalmente desigual, de dos potencias atómicas contra un país semicolonial, existe una reacción militar iraní.
¡Defendemos a Irán contra el ataque imperialista e israelí! Defendemos el derecho iraní a la defensa, e incluso a tener armamento atómico.
Esto no significa ningún tipo de apoyo político a la dictadura de los ayatolás en Irán. Hemos defendido las movilizaciones de las masas contra la dictadura iraní. Pero es el pueblo iraní, y no el imperialismo estadounidense y el sionismo genocida de Netanyahu, quien debe decidir el futuro del país.
¡Convocamos a movilizaciones en todo el mundo contra este ataque imperialista y sionista contra Irán!
¡En defensa de Irán contra el ataque imperialista y de Israel!
¡Trump fuera de Irán, Palestina y América Latina!
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Cuatro Años de Guerra en Ucrania

Por Tarás Shevchuk
Pasados cuatro años de la invasión en gran escala el 24 de febrero de 2022 y la ocupación de Ucrania por el ejército de una de las mayores potencias militares del mundo, independiente del desenlace que tenga esta guerra, constatamos que Putin ha sufrido una derrota estratégica. Porque su objetivo era conquistar Kiev en “unos pocos días”, derrocar e Zelensky y colocar en su lugar un gobierno al servicio del Kremlin.
Pero la resistencia desarmada de hombres y mujeres, surgida desde las barriadas populares, inició el enfrentamiento a los tanques con cócteles Molotov. Y las multitudes se fueron agolpando ante los arsenales, exigiendo fusiles o las armas que sirvieran. Miles y miles se alistaron voluntarios. Sólo había armas para una pequeña parte. Y los veteranos fueron un factor decisivo para organizar y coordinar la resistencia de las “Defensas Territoriales”… Sólo después empezaron a empalmar con tropas regulares y brigadas especiales. Y así, no sólo se salvó a la ciudad de Kiev y se rescató toda la región Noroeste, sino que se obligó a los invasores a replegarse y a desocupar vastos territorios de las regiones de Chernigov, Sumy y Jarkov y después de seis meses se logró liberar la ciudad de Jersón.
El declarado objetivo de Putin fue “desmilitarizar” Ucrania. El resultado es que desde febrero de 2022, aquellas 80 mil tropas mal entrenadas y precariamente armadas, hoy han crecido 10 veces. Ucrania tiene ahora un ejército de 800 mil efectivos, mayoría de los cuales antes de la guerra eran obreros, maestros o empleados y hoy están fogueados en duros combates y diestros en el manejo de drones, armas modernas, artillería y misiles.
Es decir, hoy Ucrania cuenta con uno de los mayores y más experimentados ejércitos de Europa. Y esa poderosa fuerza armada es un logró del estoico sacrificio del pueblo ucraniano en su lucha por la independencia nacional y no un mérito de los gobiernos “socios” o “aliados extranjeros y menos aún de la OTAN. Es necesario subrayar esto porque la narrativa del Kremlin sobre “su invasión es para defenderse de la OTAN”, repetida por los miles de sus blogueros a sueldo y ampliada por el patético coro de estalinistas y autodenominados “trotskistas” ha instalado la falsificación de la “guerra proxi”.
Recordemos que la agresión de Putin comenzó en el 2014 con la anexión violenta de Crimea y la invasión a Donbass, camuflada como una lucha de separatistas rusoparlantes de las auto denominadas repúblicas populares DNR y LNR. Esa agresión fue la respuesta contrarrevolucionaria del Kremlin al triunfo de las masas en la rebelión del Maidán contra el intento autoritario del presidente Yanukovich. Putin llamó falsamente a esa rebelión “Golpe de Estado”. Pero no sólo Putin falsificó los hechos. Los imperialistas occidentales también, porque la llamaron “Euromaidán”. ¡Nadie en Ucrania la llama así!
¿Y qué hicieron en ese momento los gobiernos de países de la OTAN? ¡De hecho, dejaron pasar la agresión de Putin! A cambio de seguir aprovechando su gas y petróleo útil para los negocios capitalistas europeos, se limitaron a declarar su “profundo desagrado”. Sin embargo, con sus acciones desnudaron su verdadera política: Obama, Merkel y Macrón… Estos últimos encerraron a Ucrania en las “rondas de negociaciones y acuerdos de Minsk”, que de hecho apuntaban a legitimar la anexión rusa de Crimea y la escisión del Donbass. Por ahí pasaron los representantes semicoloniales de la oligarquía ucraniana: Poroshenko y después Zelensky.
En estos cuatro años Putin arrastró a la muerte o la mutilación a más de un millón doscientos mil de sus tropas, entre ellas 270 mil de las mejor entrenadas y no lograron ocupar parte de los territorios del Donbass y del Sudeste de Ucrania – que supuestamente llegaban a “liberar” y ya incluyeron desde hace dos años como propios, modificando para ello la Constitución de la FR. Hoy, al no lograr ningún avance significativo en el frente, Putin se ensaña martirizando y asesinando a la población civil, bombardeando jardines de infantes, maternidades, escuelas… Golpea masivamente las viviendas con misiles balísticos y drones. En medio de uno de los inviernos más crudos el pueblo ucraniano sobrevive sin luz y sin calefacción. ¡Pero no se rinde!
La economía rusa también da señales de alarma. Cada vez más su población ve que esta guerra imperialista – que tiene el seudónimo de “Operación Militar Especial” – los lleva a los cementerios y a la ruina. A Putin no le sobra el tiempo y quiere aprovechar la estadía de Trump en la Casa Blanca para que presione al gobierno de Ucrania a entregar en la mesa de negociaciones lo que Rusia no puede conquistar en el campo de batalla. Por eso desde Alaska hasta Miami viene intentando seducir al clan de Trump (Kushner, Witkoff) con repartirse el botín ucraniano entre otros.
Agresión desde Moscú, chantajes desde Washington y medidas antipopulares desde Kiev
En el marco de la agresión contrarrevolucionaria del régimen de Putin a Ucrania desde el 2014 y, más aún desde la invasión en gran escala a Ucrania, el gobierno y la Rada siguen actuando al servicio de los oligarcas y de los propietarios capitalistas. ¡Con las reglas de la economía de mercado sin ninguna regulación estatal en medio de una guerra contra la invasión! A la vez que se orientan según los dictados de la política exterior de EEUU.
Por otro lado, aprovechando la ley marcial y la situación de guerra, refuerzan su ofensiva reaccionaria contra los trabajadores y otros sectores oprimidos, suprimiendo leyes que reconocían derechos progresivos o beneficios sociales y “reformas” en las leyes laborales y sindicales. Imponen un retroceso en todas las libertades democráticas, que durante años fueron conseguidos por las luchas de organizaciones sindicales, sociales y estudiantiles. Pero el impulso del Maidán aún está latente en las masas y cuando el gobierno y la Rada intentaron disciplinar los organismos autónomos anticorrupción (NABU y SAP) se produjo una movilización espontanea con la juventud urbana a la cabeza que los obligó a retroceder.
En cuatro años de guerra el gobierno no ha movilizado la economía ni la ha orientado al servicio de la defensa nacional. Sin embargo, a pesar de las políticas del gobierno, las fuerzas armadas de Ucrania han logrado contragolpear la producción energética de Rusia y también sus aeródromos y bases militares. Ucrania produce drones aéreos y navales con los que daño a una gran parte de la Flota rusa del Mar Negro, desalojándola de sus Base en Sebastopol. Y aunque aún en pequeña escala también logra producir misiles como el Neptuno y el Flamingo con los que golpea objetivos militares en territorio de Rusia, a varios miles de kilómetros de Ucrania.
Medidas urgentes para reforzar la resistencia
Estos cuatro años reafirman la necesidad urgente nacionalización de las principales ramas de la industria y recursos naturales y energéticos y la movilización de toda la economía y los recursos humanos bajo el control obrero y social. Sin una retaguardia sólida el frente no puede sustentarse y sin un frente armado para la defensa la retaguardia queda totalmente vulnerable ante los bombardeos. Es un hecho que el carácter del gobierno ucraniano: dependiente de los EEUU, pro imperialista y populista, produce oscilaciones que debilitan la resistencia y produce daños a los trabajadores, que en el frente y la retaguardia, son los únicos están ofrendando todas sus energías y sus vidas para defender la independencia de Ucrania, a pesar del lastre que significan las políticas erradas de la conducción político-militar del país.
Por eso nuestra política y mensaje se orienta a los pueblos del mundo, que realmente apoyan la resistencia ucraniana. Es el caso de la mayoría del pueblo de EEUU y esa es la causa de fondo por la que Trump y su clan, a pesar de su interés de negociar con Putin a costa de territorios ucranianos para “terminar la guerra cuanto antes”, aún no concretaron la entrega. Porque esa evidencia traería aún más rechazo en sus propios seguidores.
La victoria de Ucrania significará un enorme impulso favorable para los trabajadores y naciones oprimidas de todo el mundo. Un ejemplo de resistencia para todos los que enfrentan dictaduras, invasiones imperialistas y genocidios como el pueblo palestino a manos del estado sionista de Israel. Es muy importante lograr esa victoria, que tendrá como probable consecuencia el derrumbe del régimen dictatorial del FSB en Rusia, que es una cárcel para centenares de pueblos de Eurasia, obligados a servir como carne de cañón por la oligarquía de Moscú. Y nuestra tarea debe ser apelar al apoyo solidario de todos ellos con la resistencia armada del pueblo ucraniano, en los aspectos moral, político y material. Y también apelar a la ayuda de los trabajadores de EEUU, Europa y de otros países oprimidos, sin depositar ninguna confianza en sus gobiernos.
Una significativa parte del pueblo ucraniano tiene la aspiración de que esta guerra –que ya se prolongó más que la invasión nazi a la URSS, 1941-1945– termine pronto, aunque rechaza que sea de cualquier manera, que pueda significar la humillación y sometimiento de Ucrania. No tenemos certeza cuando será. Sin embargo, debemos comprender que conseguir ese objetivo no será virtud de los “negociadores” sino de la fuerza de la resistencia del pueblo ucraniano en el campo de batalla y en la retaguardia.
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Ucrania sigue en pie

Declaración de solidaridad en el cuarto aniversario de la invasión rusa.
Por LA RED de SOLIDARIDAD POR UCRANIA (EEUU)
Ahora que la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania entra en su quinto año el 24 de febrero, la Red de Solidaridad por Ucrania (EE. UU.) hace un llamado a las personas progresistas y pacifistas para que renueven su apoyo moral, político y material al pueblo de Ucrania en su resistencia a la invasión rusa y en su derecho a la autodefensa y la autodeterminación.
Debemos recordar a Ucrania incluso mientras luchamos contra tantos otros desafios que merecen nuestra atención: el genocidio respaldado por Estados Unidos en Gaza, los ataques militares estadounidenses contra Venezuela, Irán, Irak, Siria, Yemen, Somalia, Nigeria y pequeñas embarcaciones civiles en el mar Caribe y el océano Pacífico, y el ataque de la administración Trump contra los inmigrantes, la salud, el medio ambiente y los derechos sociales y democráticos.
Bajas masivas
La guerra de agresión de Rusia ha sido tan mortífera como cualquier otra guerra en el mundo en los últimos cuatro años. Desde que comenzó la invasión a gran escala de Rusia el 24 de febrero de 2022, las bajas en el campo de batalla (muertos, heridos, desaparecidos) alcanzaron una cifra estimada de 1,8 millones a finales de 2025, incluyendo 1,2 millones de rusos y 600 000 ucranianos. Solo el número de muertos en el campo de batalla se estima en alrededor de 460 000 combatientes: 325 000 rusos y 140 000 ucranianos.
Además de las bajas en el campo de batalla, las bajas civiles en Ucrania han superado las 53,000, incluyendo más de 14,500 muertos. La tasa de mortalidad civil en Ucrania aumentó un 31 % en 2025, a medida que Rusia intensificaba sus tácticas terroristas de atacar con misiles y drones viviendas civiles e infraestructuras energéticas alejadas del frente de batalla.
Las constantes ofensivas de Rusia en el frente han provocado la muerte de soldados rusos a un ritmo de 1000 o más al día durante los últimos dos años. Con alrededor de 30 000 al mes, cada mes mueren en Ucrania el doble de soldados rusos que los casi 15 000 que murieron en los 10 años de guerra de Rusia en Afganistán en la década de 1980.
Los horrores de Ucrania se suman a los de otras guerras y al hambre y las enfermedades asociadas que han asolado nuestro planeta durante los últimos cuatro años en Palestina, Sudán, Myanmar y la República Democrática del Congo. Las personas que luchan por la paz y la democracia en todos estos países merecen nuestra solidaridad activa.
Una guerra estancada
Contrariamente a la narrativa del Kremlin sobre la inevitable victoria rusa, Ucrania ha luchado contra Rusia hasta llegar a un punto de empate. En el primer año de la guerra, en 2022, Ucrania recuperó casi la mitad del territorio que Rusia ocupó en su ofensiva inicial, expulsando a Rusia de las regiones septentrionales de Kiev, Chernihiv, Sumy y la mayor parte de Járkov y gran parte de Jersón, en el sur. Desde entonces, el frente ha permanecido prácticamente congelado. A pesar de las enormes pérdidas de personal y material, Rusia solo ha ganado el 1,5 % del territorio ucraniano en los últimos tres años.
Los gobernantes rusos están afligiendo a su pueblo con una guerra interminable que no han elegido. Rusia lleva ahora más tiempo atacando Ucrania que el que tardó la Unión Soviética en hacer retroceder al ejército nazi de Hitler hasta Berlín en la Segunda Guerra Mundial.
Las finanzas de la guerra de Rusia están en problemas. Los ingresos por petróleo y gas, que representaron entre el 30 % y el 50 % de los ingresos estatales rusos durante la última década, cayeron casi un 50 % en 2025, hasta alcanzar su nivel más bajo en cinco años. Las «sanciones cinéticas» ucranianas han afectado a las refinerías de petróleo, los puertos y los petroleros rusos, y se han combinado con la caída de los precios mundiales del petróleo y las sanciones occidentales para empezar a desfinanciar la maquinaria bélica rusa. El presupuesto militar de Rusia para 2025 era el 40 % de su presupuesto nacional, lo que significa que unas sanciones más duras podrían paralizar el ejército ruso.
Crímenes de guerra indescriptibles
Los crímenes de guerra cometidos por Rusia son indescriptibles. En marzo de 2023, la Corte Penal Internacional (CPI) dictó órdenes de arresto contra el presidente ruso Vladimir Putin y su comisionada para los Derechos del Niño, Maria Llova-Belova, por el crimen de guerra de secuestrar a decenas de miles de niños ucranianos y llevarlos a Rusia para someterlos a una educación rusificada y militarizada. La CPI ha dictado nuevas órdenes de arresto contra cuatro altos mandos militares rusos por el crimen de guerra de bombardear a civiles. El terrorismo aéreo ruso contra viviendas civiles e infraestructuras energéticas en Ucrania ha aumentado desde que se dictaron estas órdenes de arresto de la CPI.
En una escalada ominosa, Rusia ha estado atacando subestaciones que alimentan los sistemas de refrigeración de las centrales nucleares desde noviembre y, más recientemente, a principios de este febrero, con el riesgo de provocar una mortal desastre nuclear a escala de Chernóbil.
Rusia está entrenando a sus operadores de drones en «safaris humanos» que tienen como objetivo a civiles ucranianos en Jersón. Una de cada veinte personas que permanecían en la ciudad de Jersón fue víctima de los drones rusos en 2025.
En los territorios ocupados, los ucranianos son objeto de represión política y rusificación forzosa. Si se niegan a aceptar pasaportes rusos, se les niega el acceso a los servicios públicos y a la banca. A menudo se separa a los niños de sus padres que quieren seguir siendo ucranianos y se confiscan sus hogares y propiedades. Muchos son objeto de detención e interrogatorio, reclutamiento forzoso en el ejército ruso, tortura, violencia sexual y/o ejecución sumaria.
La alianza Trump-Putin
La política de la administración Trump se ha aliado con Rusia contra Ucrania en sus acciones y postura negociadora. Desde que la administración Trump llegó al poder, la ayuda militar a Ucrania se ha reducido en un 99 %. Poco después de asumir el cargo, recortó toda la ayuda humanitaria a Ucrania destinada a educación, salud, vivienda, calefacción y electricidad, personas desplazadas por la guerra, medicamentos contra el VIH, servicios de salud mental para niños, familias y veteranos afectados por la guerra, y otros servicios. En diciembre, Estados Unidos restableció una suma simbólica de 2000 millones de dólares del antiguo presupuesto de 63 000 millones de dólares de la USAID para programas de ayuda humanitaria, que ahora se gasta a través de programas de la ONU que tratan de ayudar a Ucrania y otros países devastados por la guerra, como Palestina, Siria, Yemen, Myanmar, Etiopía y la República Democrática del Congo.
Además, al asumir el cargo, la administración Trump cerró los programas del Departamento de Justicia de EE. UU. para supervisar y aplicar sanciones contra los activos rusos congelados, las operaciones de influencia en EE. UU. y otras sanciones contra Rusia por su invasión de Ucrania. Trump recortó la financiación de los programas estadounidenses para documentar los crímenes de guerra rusos, incluida la cooperación con el Centro Internacional para el Enjuiciamiento del Crimen de Agresión contra Ucrania y el Laboratorio de Investigación Humanitaria de Yale, que había identificado y documentado a unos 35 000 niños ucranianos secuestrados por la fuerza por Rusia.
Después de votar repetidamente a favor de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU desde que comenzó la invasión a gran escala de Rusia el 24 de febrero de 2022, que afirmaban la soberanía de Ucrania y exigían a Rusia que detuviera sus operaciones militares y se retirara a su territorio, en febrero de 2025, Estados Unidos cambió de rumbo bajo la administración Trump en el tercer aniversario de la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania. Estados Unidos y sus satélites, incluido Israel, votaron junto con Rusia en contra de una resolución similar que condenaba la invasión de Rusia y exigía la retirada de las tropas rusas.
Aunque Trump sigue permitiendo a los europeos comprar armas que pueden enviar a Ucrania, los retrasos en los envíos estadounidenses han dejado a los cruciales lanzamisiles de defensa aérea ucranianos sin misiles para disparar contra los misiles rusos entrantes en las últimas semanas.
La alianza de Trump con Putin se basa en su afinidad ideológica de extrema derecha por un mundo de esferas de influencia imperial, gobierno autoritario y «valores tradicionales» racistas, misóginos y homofóbicos. Los estafadores de ambos bandos han estado negociando para dividirse Ucrania entre ellos como si fuera una propiedad inmobiliaria. El lado ruso ha estado liderado por Kirill Dmitriev, un veterano de McKinsey y Goldman Sachs formado en Stanford y Harvard que dirige el fondo soberano de Rusia y que hace 15 años estafó a los compradores de apartamentos en una promoción inmobiliaria en Kiev, quedándose con sus inversiones. Por el lado estadounidense están Steve Witkoff, Jared Kushner y Donald Trump, todos ellos involucrados desde hace tiempo en el lavado de dinero de las inversiones inmobiliarias de oligarcas rusos y otros vínculos comerciales con Rusia.
Rusia está proponiendo al equipo de Trump un acuerdo comercial de 14 billones de dólares que depende de que Estados Unidos obligue a Ucrania a aceptar las demandas de negociación de Rusia. Esto implicaría el levantamiento de las sanciones occidentales a Rusia, la explotación conjunta de petróleo y gas en el Ártico, el regreso de Rusia al sistema de pagos basado en el dólar, el acceso preferencial de Estados Unidos al mercado ruso, la compensación por los activos corporativos estadounidenses perdidos en Rusia durante la guerra, la ayuda estadounidense para la modernización de la aviación rusa, la extracción conjunta de litio, cobre, níquel y platino, y la cooperación en centrales nucleares para alimentar centros de datos de inteligencia artificial. Todas estas intrigas se están llevando a cabo a espaldas de los ucranianos.
Negociaciones sobre el Plan DimWit
En las negociaciones patrocinadas por Trump, Estados Unidos ha presionado a Ucrania para que capitule ante Rusia en lo que se ha denominado el Plan DimWit (por el negociador ruso Dmitriev y el negociador estadounidense Witkoff). Rusia exige que Ucrania ceda los territorios ocupados en Crimea, además de los territorios que Rusia no controla en las provincias parcialmente ocupadas de Lugansk, Donetsk, Zaporizhia y Jersón. Además, Rusia exige recortes profundos en el ejército ucraniano, que no haya garantías de seguridad internacional para Ucrania y que se celebren elecciones anticipadas con la esperanza de que se forme un nuevo gobierno ucraniano que se convierta en vasallo de Rusia.
El presidente Zelensky ha mostrado una renuente disposición a comprometerse con un alto el fuego y la congelación de las líneas del frente actuales, así como a renunciar a la adhesión a la OTAN, pero solo si Ucrania recibe garantías de seguridad internacional creíbles contra nuevas agresiones rusas. La opinión pública ucraniana parece estar de acuerdo.
A pesar de la apertura de Ucrania al compromiso y la intransigencia de Rusia, el presidente Trump repite constantemente que Putin quiere la paz y que Zelensky es el obstáculo. El año de negociaciones de Trump ha sido el más mortífero hasta ahora en la guerra, tanto para los civiles ucranianos como para los soldados rusos, en su mayoría pobres y pertenecientes a minorías étnicas.
Contradicciones campistas
La alianza entre Trump y Putin pone fin a la falsa narrativa de la guerra por poder de esos geopolíticos campistas y pacifistas privilegiados de la izquierda occidental que están muy lejos de las tropas de asalto, los misiles y los drones rusos que siembran el terror en Ucrania.
Los campistas han afirmado que Ucrania es simplemente una fuerza proxy que lucha contra Rusia en nombre del imperialismo occidental, como si los ucranianos no tuvieran sus propias razones para luchar por su derecho a existir. La afirmación de la guerra por poder siempre fue una patraña. Ahora que Trump ha alineado a Estados Unidos con Putin, la narrativa se derrumba por sus propias contradicciones. Es más absurda que nunca.
Como explicó Artem Chapeye, escritor ucraniano, activista progresista y ahora soldado, a una audiencia estadounidense el pasado mes de agosto: «Si se trata de una guerra por poder entre Rusia y Estados Unidos, ¿por qué siguen luchando los ucranianos después de la alianza entre Trump y Putin?».
La autodeterminación de Ucrania
La Red de Solidaridad con Ucrania apoya totalmente la lucha ucraniana por la autodefensa, la seguridad y la autodeterminación, al igual que la mayoría de los estadounidenses, por un amplio margen de dos a uno, según una reciente encuesta. Depende de los ucranianos decidir democráticamente qué es una paz aceptable. No nos quedaremos de brazos cruzados mientras los oligarcas rusos y estadounidenses intentan vender Ucrania y dividirla entre ellos para su propio beneficio y sus objetivos ideológicos de extrema derecha.
Continuaremos con nuestra ayuda material y la educación pública en coordinación con los sindicatos y las organizaciones progresistas de Ucrania.
Seguiremos trabajando con los ucranianos y rusos progresistas y apoyando sus demandas:
- Retirada total y completa de las tropas rusas de toda Ucrania.
- Apoyo internacional a la resistencia armada y desarmada de los ucranianos contra la invasión rusa.
- Sanciones económicas internacionales contra la maquinaria bélica de Rusia, incluida su élite política, militar y económica, su acceso al sistema financiero internacional, sus importaciones de tecnología relacionada con las armas y sus exportaciones de combustibles fósiles que financian y alimentan la maquinaria bélica rusa.*
- El regreso a Ucrania de decenas de miles de niños ucranianos trasladados por la fuerza a Rusia y Bielorrusia.
- Libertad para las decenas de miles de civiles ucranianos en los territorios ocupados por Rusia encarcelados por oponerse a la ocupación y resistirse a la rusificación genocida.
- Libertad para todos los rusos encarcelados por resistirse a la guerra y por disidencia política.
- Asilo en países extranjeros para ucranianos, rusos, bielorrusos, palestinos, sudaneses, haitianos, venezolanos, afganos y todas las personas que buscan refugio de la represión política y la guerra.
- No a la amnistía para los criminales de guerra rusos.
- Cancelación de la deuda externa de Ucrania.
- Confiscación de los activos rusos en el extranjero para utilizarlos en apoyo de la autodefensa militar, los servicios sociales y la reconstrucción posguerra de Ucrania.
- Reparaciones de Rusia para ayudar a financiar la reconstrucción total de Ucrania después de la guerra.
- El fin de la política imperialista occidental de imponer un programa neoliberal de privatización, desregulación, dependencia de la deuda, extracción minera explotadora y recortes a los servicios públicos y los derechos laborales en la Ucrania actual y para su reconstrucción después de la guerra.
* La cuestión de las sanciones es complicada y controvertida entre los activistas comprometidos con la lucha de Ucrania. Es especialmente importante en Estados Unidos que no aceptemos la política depredadora del Estado imperialista estadounidense. La Red de Solidaridad con Ucrania debatirá estas cuestiones con nuestros compañeros ucranianos, cuyas vidas y libertad nacional están en juego.
La Voz es miembro activo de la Red de Solidaridad con Ucrania. Nuestra opinión sobre las sanciones imperialistas contra Rusia se resume en el siguiente artículo: https://workersvoiceus.org/es/2022/07/26/why-we-oppose-sanctions-on-russia/
Foto: Unas 16 000 personas se manifestaron en París en solidaridad con Ucrania en el primer aniversario del inicio de la guerra, hace tres años.
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Reseña del álbum: «Days of Ash» de U2

Bueno, por lo menos esta vez pidieron permiso…
Por CARLOS SAPIR
Los veteranos rockeros irlandeses U2 regresan con un EP de 23 minutos y seis canciones que llega para hacer frente a los tiempos oscuros y caóticos en los que nos encontramos. O al menos, eso es claramente lo que U2 cree y quiere que pienses. La realidad es que la política liberal, pacifista y religiosa de U2 es menos conmovedora que nunca, y la banda repite un sonido similar al de canciones anteriores, que es menos capaz de compensar las debilidades de sus letras que en los años 80.
U2 no es ajeno a la música política. «Sunday Bloody Sunday», el éxito que le dio fama a la banda en 1983 del álbum War (“Guerra”), es una expresión directa de la conmoción y la indignación por las acciones de los soldados británicos que dispararon contra una protesta desarmada en Derry, Irlanda del Norte. El icónico ritmo de tambores militares y la composición sinfónica de guitarras eléctricas de la canción la convirtieron en un éxito instantáneo, ya que su letra tocó la fibra sensible del público.
Pero incluso entonces, como jóvenes que vivían en el epicentro geográfico del conflicto (aunque no se puede decir que ellos mismos sufrieran mucha opresión, ya que la banda se formó en una escuela pública protestante y la mitad de sus miembros son de origen británico), su política era esencialmente pacifista, y lo más parecido que tiene la canción a una llamada a la acción es un llamamiento a la hermandad cristiana (« How long/How long must we sing this song?/How long, to win the war that Jesus won?» – ¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo debemos cantar esta canción/Cuánto tiempo, para ganar la guerra que ganó Jesús?).
La banda, y en particular su líder, Bono, seguiría denunciando abiertamente el apartheid en Sudáfrica y criticando la opresión y la guerra en varias canciones, incluida una condena de la intervención estadounidense en Nicaragua en «Bullet the Blue Sky» (“Bala el Cielo Azul”). Con frecuencia se han involucrado en el activismo en torno al VIH/SIDA, además de pronunciarse abiertamente contra la pobreza y el hambre en todo el mundo. Sin embargo, su principal modo de acción política es claramente propio de la clase dominante: donar dinero y llevarse bien con las celebridades y los líderes de los países imperialistas.
Así que tal vez no sea sorprendente que U2 se pronuncie sobre la situación política actual. En cierto sentido, es posible que merezca la pena aplaudir que superestrellas tan conocidas escriban canciones sobre el asesinato de Renee Good en Minneapolis. Pero el mensaje de la canción de U2 al respecto, «American Obituary», es «I love you more/than hate loves war» (Te amo más/de lo que el odio ama la guerra) y «The U.S. will rise/against the people of the lie» (Estados Unidos se levantará/contra el pueblo de la mentira). No creo que ninguna de estas frases se convierta en el próximo «el pueblo unido, jamás será vencido».
Lamentablemente, el contenido político solo va a peor tras la primera canción. «The Tears of Things» (Las Lagrimas de Cosas) hace alusión repetidamente a la Biblia para rezar a dios (el cristiano) por el fin de las guerras santas, pero por alguna razón, el único conflicto específico que Bono menciona en la letra, además de David y Goliat, es… el Holocausto, con «Seis millones de voces silenciadas en solo cuatro años». Después de más de 50 años, la banda de rock de estadio más icónica de los 80 finalmente ha abordado el genocidio más conocido de la historia. ¡Que temblen los antisemitas de todo el mundo, su reino ya se acaba!
Quizás nada resume mejor la política insulsa de Days of Ash que su cuarta canción, «Wildpeace», basada en un poema escrito por el soldado israelí convertido en poeta Yehuda Amichai en 1971, que puede significar que el álbum en una violación del BDS en sí. «Al menos él quería la paz», se podría decir, y Amichai estaba sin duda cansado de la guerra. Pero ¿es de extrañar que un antiguo soldado de una ocupación militar quisiera «una paz / sin el gran ruido de convertir las espadas en arados / sin palabras, sin / el golpe sordo del pesado sello de goma: que sea / ligera, flotante, como espuma blanca y perezosa»? ¡Qué bonito sería para un soldado a pie del apartheid poder simplemente olvidar y dejar que todo se desvaneciera en el pasado!
Se trata de la misma paz, «la ausencia de tensión», que Martin Luther King nombró y denunció hace tantas décadas. Pero a U2 le parece convincente, al parecer, y visten el poema con un paisaje sonoro electrónico que podría calificarse generosamente de «experimental», y hace que las palabras sean recitadas por la cantante nigeriano-francesa Adeola.
¿Compensa Days of Ash sus debilidades políticas con composiciones musicales atractivas? En una palabra, no. Aunque nada en el álbum es deliberadamente terrible, la música suena como una remezcla de los momentos más aburridos de los últimos 30 años de U2. No hay ningún toque en este álbum que no hayas escuchado antes, si no en un álbum anterior de U2, entonces en un álbum de Muse. La única excepción es la última canción, «Yours Eternally», en la que participan Ed Sheeran y el artista ucraniano Taras Topolia, y que de alguna manera consigue sonar más como una canción de One Direction que cualquiera de las producciones más variadas que Sheeran ha producido en la última década.
En definitiva, Days of Ash no vale la pena. Si bien, en cierto sentido, es bueno que grupos músicos muy famosos escriban y lancen música que critica la crisis política actual y que apela a la idea de que las masas deben luchar contra la autoridad, al menos de manera abstracta, eso no significa que sea importante que escuches este album en particular. Al menos esta vez, U2 tuvo la amabilidad de darle al público esa opción, en lugar de incluirla automáticamente en todos los iPhone y bibliotecas de iTunes, como la última vez.
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Acuerdos y reformas legales para profundizar la entrega del petróleo y la soberanía nacional.

Por Leonardo Arantes, UST, enero 2026
Luego del criminal ataque perpetrado contra el país durante la madrugada del 03 de enero de 2026, Donald Trump, jefe del imperialismo norteamericano, realizó varios anuncios dejando claras sus reales pretensiones y las verdaderas razones por las cuales mantuvo meses de asedio militar y finalmente perpetró la incursión bélica en Venezuela, secuestrando al hasta entonces jefe de Estado, el dictador Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores.
Así, poco después de la incursión militar en Venezuela, Trump, dejando de lado sus argumentos sobre libertades democráticas y lucha contra el narcotráfico, pasó a afirmar que el gobierno de EE.UU. pasaría a administrar y tutelar directamente el petróleo venezolano, sobre el que antes había expresado que le habría sido robado por Venezuela a EE.UU, asegurando que estarían recuperando lo que les pertenecía. Anunciando, a continuación, que Venezuela entregaría a EE.UU. entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.
Tales aseveraciones del mandatario estadounidense fueron respaldadas posteriormente por el secretario de Energía norteamericano, Chris Wright. Quién afirmó: “Estados Unidos controlará la venta de petróleo de Venezuela por tiempo «indefinido» y depositará el dinero que resulte de esas transacciones en cuentas controladas por Washington” (DW 07.01.2026).
Al respecto detalló Chris Wright, en una conferencia energética de Goldman Sachs en Miami: «…vamos a poner en el mercado el crudo que esté saliendo de Venezuela, primero este petróleo atascado, y entonces, indefinidamente, hacia adelante, nosotros venderemos la producción que salga de Venezuela en el mercado» (DW 07.01.2026); añadiendo, «… estamos trabajando directamente en cooperación con los venezolano, tras el anuncio del pasado martes del presidente Donald Trump, de que Venezuela entregará a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo para su venta en el mercado norteamericano, EE.UU. permitirá la venta de crudo de Venezuela a las refinerías estadounidenses y alrededor del mundo, pero esas ventas las hará el Gobierno estadounidense y se depositarán en cuentas controladas por este, entonces, a partir de ahí, esos fondos pueden volver a Venezuela para beneficiar al pueblo venezolano, pero necesitamos tener ese poder y ese control de las ventas de petróleo para impulsar los cambios que simplemente deben ocurrir en Venezuela… ” (DW 07.01.2026).
Además de esto, el gobierno de Estados Unidos establece condiciones tales como limitar, controlar y dado el caso, directamente prohibir la venta de petróleo venezolano a potencias imperialistas rivales, como China y Rusia, suspender los envíos de petróleo a Cuba y garantizar que la compra de insumos y productos realizada con el dinero de la venta petrolera sea exclusivamente a EE.UU.
Estos anuncios públicos de negociaciones con el gobierno venezolano, encabezado ahora por Delcy Rodríguez y del colaboracionismo del mismo, fueron confirmados mediante un comunicado público emitido por la estatal petrolera Pdvsa, donde además de corroborar que Venezuela vendería a EE.UU. volúmenes de petróleo entre 30 y 50 millones de barriles, se deja claro que las negociaciones con las transnacionales petroleras estadounidenses se dará en los términos ya establecidos con la Chevron – Texaco.
Posteriormente, el viernes 09 de enero, Donald Trump se reunió en la Casa Blanca con los principales CEO de las transnacionales petroleras para explicarles tales condiciones, proponerles que invirtiesen el equivalente a 100.000 millones de $ en el sector en Venezuela y tomar decisiones sobre los destinos del petróleo venezolano.
Adicional a esto, se está encaminando el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la reapertura de la embajada de este país en Venezuela; así como también está planteada la posibilidad de que Delcy Rodríguez viaje a EE.UU. a reunirse con Trump.
Una reforma legal para concretar y profundizar el entreguismo petrolero
El reciente 22 de enero de 2026, la Asamblea Nacional, controlada casi exclusivamente por el chavismo aprobó en primera discusión una reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, con el voto favorable de un sector de la ínfima y potable minoría de los diputados de la oposición patronal; abriendo el camino para una profunda transformación en los manejos de la industria petrolera en el país, acelerando y profundizando la deriva privatizadora que se inició incluso desde el gobierno de Chávez.
Tal reforma, es llevada adelante por un gobierno totalmente colaboracionista y que actúa bajo la tutela y a las órdenes del gobierno norteamericano, quien por su parte no tiene el menor interés en el bienestar ni de los trabajadores petroleros, ni del conjunto de los trabajadores y el pueblo venezolano, ni mucho menos en el desarrollo nacional, al contrario, sólo persigue satisfacer sus pretensiones políticas, geopolíticas, económicas y militares; para lo cual precisa subordinar a Venezuela y al resto del continente, en función de reafirmar su hegemonía imperialista.
Esta modificación de la Ley de Hidrocarburos, realizada con el pretexto de «modernizar la industria petrolera” y “atraer inversiones”, constituye un salto cualitativo en el curso hacia la privatización de la industria y el negocio del petróleo en Venezuela, debido a que apunta hacia una total apertura del sector petrolero a las inversiones privadas nacionales y/o extranjeras, las cuales, ya no estarán bajo la obligación de operar en asociación con Pdvsa a través de las empresas mixtas. A partir de ahora, los socios, nacionales o foráneos participarán directamente y tomarán decisiones en la exploración y extracción y comercialización de petróleo mediante los llamados «Contratos de Participación Productiva» (CPP). Contratos que otorgan al capital extranjero de transnacionales imperialistas (y al capital minoritario nacional) autonomía operativa y de gestión en el negocio petrolero, sin el control de Pdvsa. De esta manera, se elimina el control que el país ejercía, a través de la estatal petrolera , sobre las operaciones y la comercialización del crudo.
Vale decir que, aunque el esquema de empresas mixtas, establecido por Chávez, significo el inicio de una apertura al proceso privatizador (debido a que las empresas transnacionales de ser simples contratantes con el estado pasaban a ser socias en el negocio petrolero) de la industria petrolera, bajo el que las transnacionales asociadas se lucraban enormemente; la legislación del sector hidrocarburos, bajo el cual estaba regido este esquema, garantizaba hasta ahora, el control estatal directo de la exploración, explotación, comercialización y venta del petróleo, bien sea a través de Pdvsa o de las empresas mixtas.
La Ley de Hidrocarburos obligaba a una mayoría accionaria de la estatal petrolera (más del 50% de las acciones, aunque por lo general era más del 60%); aunque esta legislación venía siendo arbitrariamente infringida y violentada, por el gobierno de Maduro desde 2015 y de manera más acentuada desde la aprobación de la denominada Ley Antibloqueo, en octubre de 2020.
La reforma, llevada adelante por el colaboracionista gobierno de Delcy Rodríguez, contraria a lo previsto en la Ley de Hidrocarburos de 2006, posibilita que las empresas privadas nacionales o extranjeras puedan operar de manera directa y sin control estatal, en el sector primario petrolero, es decir, en la exploración y producción, y además comercializar directamente el producto de estas actividades, pasando a mediante el control de la producción y la venta el negocio petrolero y la apropiación de la renta.
Así aunque el Estado formalmente pueda mantener una mayoría accionaria en las empresas mixtas, el capital privado nacional o extranjero asociado podrá manejar la ejecución operativa, tomar decisiones técnicas y manejar la comercialización de hidrocarburos según sus criterios, lo que en los hechos implica entregarles el control estratégico de la industria y el negocio. Ampliando al resto del sector petrolero el esquema bajo el cual ya se operaba con la transnacional Chevron durante el gobierno de Maduro.
El marco político de la reforma, otros aspectos claves y sus consecuencias
Esta reforma legal, se contextualiza dentro de las pretensiones imperialistas hegemónicas de EE.UU. en el continente y en Venezuela, en la disputa interimperialista con sus competidores en la región, es decir, en los objetivos de EE.UU. de hacer prevalecer sus intereses políticos, geopolíticos, económicos y militares en la región. Es en este marco en el que debemos entenderla.
Además del aspecto estratégico de la reforma que señalamos anteriormente, y que digamos, es lo más relevante en el espíritu de la misma, esta incluye otros aspectos claves, tales como: la reducción de las regalías que transnacionales y empresas nacionales deben pagar al Estado venezolano, pasando estas del 33,3% a un 15%, y en algunos proyectos, a un 20%. De otro lado se contempla la no obligatoriedad de resolver litigios y controversias con las empresas en tribunales nacionales, permitiendo que estos casos sean llevados directamente ante instancias internacionales, en una muestra de entreguismo sin precedentes.
Igualmente, es preciso destacar que, siendo las regalías un impuesto que las empresas cancelan al Estado por su participación en la actividad petrolera, la reducción de las mismas significa, por un lado, mayores ganancias para las transnacionales petroleras, y, por otro lado, menos ingresos para el país.
Con esta entreguista y neocolonial reforma, se concreta el pacto colaboracionista y abiertamente proimperialista entre el régimen chavista, encabezado ahora por el gobierno de Delcy Rodríguez y el gobierno norteamericano dirigido por Donald Trump; dando paso a una profunda y estructural modificación del régimen de propiedad y control de los estratégicos recursos petroleros del país, en beneficio de los intereses del capital transnacional y del imperialismo estadounidense. Profundizando y ahora legalizando el rumbo privatizador y entreguista de la industria petrolera del país y avanzando hacia la liquidación de la soberanía nacional. Proceso iniciado en años y gobiernos anteriores.
Un curso privatizador y entreguista que se viene desarrollando desde hace años y hoy se profundiza y legaliza abiertamente. Es la consolidación de un rumbo que liquida la soberanía sobre el recurso más estratégico del país y entrega las palancas de la producción y comercialización a intereses internacionales de las grandes corporaciones.
La continuidad de una entrega
Lo que acabamos de afirmar, no es más que la continuidad y un salto de calidad de un proceso que se viene dando desde el gobierno del fallecido presidente Chávez. Basta recordar que en el año 2007, con el llamado plan “Plena Soberanía Petrolera” las empresas transnacionales en Venezuela pasaron a ser socias de Pdvsa en el negocio petrolero, vía la constitución de empresas mixtas, que vinieron a reemplazar los convenios operativos y asociaciones estratégicas por un esquema de hasta 51%/49% de participación accionaria. Es importante recordar que las empresas transnacionales nunca se fueron de Venezuela.
Bajo este esquema de negocios se constituyeron empresas mixtas con Chevron, Repsol, Shell, Total, China National Petroleum, Statoil, Eni, Petrobras, entre otras; luego se adicionaron Mitsubishi, Lukoil, Gazprom y Rosneft. Quedando por fuera del negocio Exxon Mobil y Conoco Phillips, porque decidieron no participar, en el caso de la primera emprendió demandas legales contra Venezuela ante el Centro Internacional de Arreglo de Disputas de Inversiones (CIADI).
Como parte de esta política, Chávez, en 2010, entregó a las transnacionales varios bloques de la Faja Petrolífera del Orinoco, la reserva de crudo más grande del mundo, profundizando así la entrega de nuestro petróleo.
Como consecuencia de esto, los enormes recursos que ingresaron al país, fueron a parar a las arcas de las transnacionales petroleras y de otros sectores, a la banca internacional vía pagos de deuda externa y a los bolsillos de la corrupta boliburguesía. Y a los pocos años en contradicción con la enorme cantidad de recursos que recibió, el país entró en la mayor crisis conocida de su historia reciente.
Posteriormente, a partir de 2018, Maduro, empezó a implementar políticas que flexibilizaban los controles estatales sobre el negocio petrolero, saltándose aspectos como la obligatoriedad de la mayoría accionaria en las empresas mixtas o poniendo en garantía de deudas recursos y activos petroleros, saltándose aspectos y establecidos en la legislación de hidrocarburos, otorgando a las transnacionales control de determinados aspectos del negocio reservados exclusivamente para el Estado, siendo la mayor expresión del esto los acuerdos del Arco Minero del Orinoco (AMO) y el “modelo Chevron”.
Esta dinámica entreguista y privatizadora del petróleo tendrá nocivos impactos sobre la vida de millones de venezolanos. La entrega de la industria petrolera y la colonización del país significarán la expoliación y el saqueo de nuestros recursos y bienes, en beneficio del capital privado, tanto nacional como mayormente extranjero, y en detrimento de las necesidades de los trabajadores y del pueblo humilde.
Por lo tanto, es necesario preparar la lucha contra la entrega y el saqueo del petróleo, y derrotar la agresión imperialista de conjunto, que solo persigue imponer sus intereses económicos, políticos, geopolíticos y militares sobre la soberanía de Venezuela y Latinoamérica, así como contra la clase trabajadora del país y del continente.
Para derrotar estas pretensiones imperialistas es necesario construir la más amplia movilización obrera y popular, tanto en el país como en el resto del continente y el mundo, así como una extensa solidaridad internacional.
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India: Recordando el motín naval de 1946

Por MAZDOOR INQUILAB
El 19 de febrero de 2026 se cumple el 80.º aniversario del motín naval, el acontecimiento que sacudió los cimientos del Raj británico e hizo imposible el dominio británico en la India. La importancia de este acontecimiento y las luchas que lo rodearon no solo han caído en el olvido, sino que apenas hay algun recuerdo del evento, ni de los principales protagonistas que lo hicieron. Solo hay un monumento al motín naval, una estatua de tamaño natural de un marinero anónimo en un rincón de Bombay, fuera de la vista. El levantamiento de los marineros de filas de la Armada Británica de la India no fue un incidente aislado, sino la culminación de la creciente conciencia de clase del pueblo indio y el punto álgido del crecimiento de la lucha de clases en la India británica.
A lo largo de la lucha, un hindú, un musulmán y un sij lideraron el motín de los marineros. Esto rompió con la creciente sectarismo cultural de la política india, ya que la burguesía conspiró con los imperialistas para dividir al pueblo indio. Los marineros comenzaron a tomar el control del territorio y lucharon contra las autoridades británicas en batallas campales a través de Bombay, el fuego del motín se extendió más allá de su epicentro en los muelles de Bombay a todas las ciudades portuarias desde Karachi hasta Calcuta. El levantamiento de los marineros se combinó con la huelga de los trabajadores de los telares en Bombay. El fuego del levantamiento de los jóvenes y los estudiantes en Calcuta no se había apagado cuando llegó la tormenta del motín naval.
De hecho, llamarlo solo «motín naval» sería perder de vista el panorama general; los acontecimientos que se desarrollaron el 19 de febrero fueron el comienzo de un proceso revolucionario indio. El levantamiento trajo consigo la promesa de una India diferente a la que finalmente se produjo. Los disturbios comunales que estallarían unos meses más tarde y la posterior partición del subcontinente acabaron con esta nueva India unida, en la que hindúes, musulmanes, sijs y cristianos podían unirse bajo una misma bandera de lucha contra el imperialismo. En cambio, la burguesía y los imperialistas conspiraron para asegurar la división de la India; se contentaron con que los trabajadores, los campesinos y los jóvenes de la India lucharan entre sí en lugar de luchar unidos contra el imperialismo.
Para la burguesía victoriosa, el motín fue un vergonzoso recordatorio de sus propios fracasos. El motín había unido al Congreso y a la Liga Musulmana, no en apoyo de este levantamiento revolucionario, sino del lado de los imperialistas, ayudándoles a desarmar a los marineros y a sofocar el motín. El llamado «hombre de hierro de la India», Sardar Vallabhbhai Patel, estuvo al frente de la llamada a los marineros para que depusieran las armas. Las promesas de seguridad frente a los procesos judiciales no se cumplieron, y todos los marineros fueron juzgados por un tribunal militar.
El motín y sus consecuencias son también un claro recordatorio de lo que ocurre con los procesos revolucionarios cuando no hay un liderazgo revolucionario. Los líderes del motín naval en el HMS Hindustan habían pedido al Partido del Congreso, a la Liga Musulmana y al Partido Comunista que les proporcionaran liderazgo. El Partido Comunista, guiado por la ideología estalinista y siguiendo las órdenes de la burocracia de Moscú, demostró su inutilidad en la situación. No pudieron movilizarse en apoyo de los marineros, limitando su postura a inútiles llamamientos a los dos principales partidos burgueses indios, el Congreso y la Liga Musulmana, para que se unieran. Aunque era el único partido importante que apoyaba a los marineros, su papel no sirvió para nada.
Mientras tanto, el Congreso y la Liga ya habían dejado muy claros sus planes para el futuro de la India. La Liga quería una patria separada para los musulmanes indios; el Congreso pretendía construir una India capitalista, de acuerdo con el imperialismo británico, en lugar de luchar contra él. El sueño de una India socialista unida se vería destrozado por la espeluznante violencia que se apoderó de la India en 1946 y 1947.
La única alternativa revolucionaria disponible en ese momento era el Partido Bolchevique Leninista de la India, que, a pesar de su pequeño tamaño y de haber sufrido una severa represión por parte del gobierno británico, logró movilizar a los trabajadores de los telares de Bombay. Durante un breve momento, los trabajadores, los agricultores, los jóvenes y los estudiantes de la India estallaron en protestas contra los británicos. Las fuerzas sociales que podían provocar un cambio revolucionario estaban activas; lo que se necesitaba era un programa y un partido que pudiera galvanizarlo todo. Desgraciadamente, ese no iba a ser el destino histórico de la India.
A lo largo de las décadas, el legado revolucionario del motín naval quedó enterrado. La Liga Musulmana, que gobernaba Pakistán, no quería ni oír hablar de una India unida, que pudiera cuestionar la propia existencia de su proyecto nacional. El Partido del Congreso, tras tomar el poder, nunca permitió que se supiera la verdad sobre su papel contrarrevolucionario durante el motín; cuando la verdad finalmente salió a la luz y la gente pudo ver la realidad en la obra de Utpal Dutt «Kallol» en 1965, se produjeron disturbios en las calles de Calcuta y el gobierno del Congreso perdió el poder en Bengala Occidental en las siguientes elecciones de 1967.
Hoy en día, la Armada india se ha apoderado del legado del «levantamiento naval» y lo ha reformulado en términos nacionalistas. El hecho de que fue un motín ha sido encubierto, llamándolo en su lugar un levantamiento. El motín representaba un desafío a la autoridad imperial, la ruptura de una jerarquía racial impuesta, algo que resultaría profundamente incómodo para la Armada de una potencia capitalista con ambiciones de poder global.
Las personas de mentalidad revolucionaria deben defender el verdadero legado del motín naval de 1946, el legado de la lucha de clases revolucionaria. Demostró que el pueblo de la India no se dejaba intimidar por la pasividad, que aquí había potencial revolucionario y que puede haber otra revolución en la India. El motín naval despertó la conciencia revolucionaria entre las masas y quebró la espalda del Imperio Británico en la India, expulsándolo para siempre. La próxima revolución hará lo mismo con la burguesía de la India, Pakistán y toda Asia meridional.
Foto: El HMIS Hindustan. (Wikimedia Commons)
