La Universidad Estatal de Ohio ataca las protestas estudiantiles y la libertad de expresión

Por COCO SMYTH

En 2024, el genocidio de Israel contra el pueblo palestino, llevado a cabo con el apoyo inquebrantable del gobierno de EE. UU., impulsó un movimiento sin precedentes a favor de la liberación palestina en Estados Unidos. Los campus universitarios se convirtieron en el epicentro de este terremoto. Millones de personas se rebelaron contra el régimen genocida de apartheid de Israel y cientos de miles se sumaron al movimiento de solidaridad con Palestina en todo el país.

Lamentablemente, ninguna buena acción queda impune en «el país más libre» del llamado Mundo Libre. Temiendo este descontento masivo contra el imperialismo estadounidense, el gobierno federal liderado por los demócratas inició una ofensiva para aplastar el movimiento por la fuerza. Más de 3100 estudiantes fueron detenidos en la ola de represión desatada en los campus.

El gobierno, en coordinación con las autoridades universitarias, logró desorganizar un movimiento estudiantil que no estaba preparado para la magnitud de la represión desatada. A pesar de haber vencido al movimiento pro-Palestina organizado en los campus, el establishment no le dio ningún golpe serio a la nueva conciencia en torno al imperialismo.

Para adelantarse a los movimientos del futuro, las universidades de todo el país modificaron discretamente sus normas y reglamentos relativos a la libertad de expresión y los derechos de protesta. La Universidad Estatal de Ohio (OSU) se ha situado a la vanguardia de este nuevo enfoque hacia las movilizaciones estudiantiles.

El nuevo «Acuerdo»

El 30 de julio, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) envió una carta al rector de la Universidad Estatal de Ohio, Ravi V. Bellamkonda, exigiendo que la universidad retirara su prohibición de escribir con tiza, instituida tras la represión del movimiento masivo de solidaridad con Palestina de 2024.

Escribir con tiza en los espacios públicos ha sido una larga tradición para los estudiantes de la OSU y en los campus de todo el país: usar tiza para garabatear mensajes en el suelo con el fin de promover protestas, eventos, consignas o incluso mensajes simplemente divertidos. En 2025, la OSU estableció nuevas normas que prohibían toda forma de escribir con tiza. Con un enfoque de presentarse como si fueran neutral, la administración hizo creer que la prohibición tenía como objetivo ahorrar costos de limpieza; a pesar de que la tiza se borra con la lluvia.

Dado el momento en que se produjo la prohibición y la imposición simultánea de una serie de otras restricciones a los derechos de los estudiantes a manifestarse tras la represión del movimiento a favor de Palestina, quedó claro para los activistas que la prohibición de escribir con tiza era otro intento de obstaculizar la solidaridad con Palestina.

A través de una serie de solicitudes de acceso a registros públicos, la ACLU demostró lo que ya sospechábamos: la prohibición de escribir con tiza, a pesar de su formulación neutral, se impuso en realidad para reprimir el discurso a favor de Palestina. Esto constituye la base de la demanda de la ACLU: el ataque contra el derecho de los estudiantes a expresarse sobre Palestina constituye una violación de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

La demanda de la ACLU ha sido bien recibida por los estudiantes y profesores de la OSU, quienes han sentido los efectos de la represión contra la libertad de expresión; organizaciones como la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios y Juventud de Ohio por la Justicia Climática han expresado su apoyo al caso.

Lamentablemente, la prohibición de escribir con tiza no es ni el ataque más odioso ni el de mayor impacto contra los estudiantes de la OSU. El núcleo de la ofensiva de la administración contra los derechos de protesta queda plasmado en su versión actualizada del «Acuerdo de Uso del Espacio (SUA) 2024». El Acuerdo es una norma obligatoria tanto para los estudiantes y trabajadores a título individual como para las organizaciones estudiantiles.

El nuevo SUA abandona el enfoque anteriormente liberal de la administración —que consistía en ignorar las protestas estudiantiles o derivarlas a comités y reuniones sin poder de decisión— en favor de métodos represivos. Entre los elementos más destacados del nuevo SUA se incluyen la exigencia de permiso previo para protestas o reuniones en edificios como el Ohio Union —un lugar de reunión que ha sido un centro neurálgico de la protesta estudiantil desde su construcción en 2010—, así como restricciones al uso de sonido amplificado, como megáfonos o cánticos que puedan escucharse a más de 50 pies de distancia fuera de un breve intervalo de tiempo entre las 5:30 p. m. y las 10 p. m.

Actualmente, durante las protestas, grupos de entre cinco y diez administradores y agentes de la policía del campus se mantienen a 25 yardas de distancia observando —ya sea que haya 500 participantes o solo cinco. Si se utiliza un megáfono o se producen cánticos, estos observadores intervienen para informar a los manifestantes sobre la posibilidad de que se les impongan sanciones por conducta estudiantil o de que sean detenidos. Las severas restricciones a los derechos de protesta han sofocado temporalmente los movimientos estudiantiles y han inculcado un clima de miedo y paranoia entre la población universitaria respecto a la expresión de opiniones.

Ataques del gobierno contra la universidad

Lamentablemente, la restricción de los derechos de expresión y protesta por parte de la OSU no es ningún accidente ni  política momentánea; forma parte de campañas de represión a nivel estatal y federal destinadas a acabar con los movimientos de oposición en el país.

A nivel estatal, el proyecto de ley del Senado n.º 1 (SB1), impuesto por el gobierno de extrema derecha de Ohio, socava el derecho de los académicos a organizarse y a hacer huelga como trabajadores, deroga las políticas de DEI (diversidad, equidad e inclusión) y somete a los profesores a evaluaciones de permanencia en el cargo motivadas políticamente.

Ohio se encuentra a la vanguardia de una campaña nacional de represión encabezada por el Partido Republicano de Trump. La OSU ha servido de laboratorio para los intentos de la derecha política de vaciar de contenido y tomar el control de las universidades, utilizando el mismo guion que en otros países, como la India bajo el gobierno de extrema derecha liderado por el BJP. El objetivo es destruir los vestigios del pensamiento libre, el debate y la investigación intelectual, lo que permite que las universidades se conviertan en un espacio recurrente de movilizaciones de trabajadores y estudiantes y, en ocasiones, de pensamiento y movimientos políticos radicales. Al controlar el financiamiento, intervenir en los planes de estudio, imponer medidas disciplinarias al personal y colocar a ideólogos progubernamentales sin calificaciones en puestos de autoridad, los republicanos buscan convertir a las universidades en nuevas correas de transmisión para su proyecto político reaccionario.

Uno de los experimentos clave en este modelo de toma de control por parte de la derecha en Ohio ha sido la creación del Chase Center. El gobierno de Ohio destinó 24 millones de dólares en 2023 para establecer los ridículamente mal denominados «centros de diversidad intelectual» en cinco universidades públicas del estado. El objetivo explícito ha sido introducir la «diversidad intelectual» mediante la incorporación de propagandistas de derecha poco calificados para romper la supuesta hegemonía de las ideas liberales y de izquierda en la universidad.

El Chase Center es independiente tanto de las estructuras tradicionales de gobierno universitario como de la supervisión. El Senado Académico de la OSU votó por mayoría en contra de la creación del Centro, pero esta decisión fue revocada unilateralmente por la administración. Desde entonces, los mercenarios que integran el nuevo «departamento» son contratados con salarios significativamente más altos que los de sus pares, sin que se les exija cumplir con las expectativas tradicionales de sus cargos.

Un nuevo Movimiento por la Libertad de Expresión

Es necesario combatir los ataques del Estado y de los administradores universitarios contra la libertad de expresión y el derecho a la protesta. La visión de la universidad como un espacio para la libre investigación y el debate —aunque siempre haya sido en parte vacía bajo el capitalismo— enfrenta una amenaza existencial.

En la OSU, hemos sido testigos de diversos intentos de resistir estos nuevos ataques. Uno de los primeros intentos de resistir la ola de represión fue la campaña para reincorporar a los Socialistas Revolucionarios del Centro de Ohio (CORS), una organización estudiantil socialista afiliada a La Voz de los Trabajadores, después de que organizaran un evento a favor de Palestina en el campus en diciembre de 2023. Una campaña sionista de difamación que tachaba la defensa de la causa palestina de antisemita presionó a la administración de la OSU para que suspendiera al grupo en espera de una investigación, bajo el argumento de que este representaba «un riesgo significativo de daño sustancial» para la comunidad universitaria.

Los organizadores de CORS respondieron lanzando una campaña de peticiones y forjando una amplia base de apoyo en el campus y en Columbus en defensa del derecho a abogar por la liberación palestina. La petición reunió 1000 firmas y la iniciativa logró contrarrestar los ataques sionistas. La administración de la OSU retiró entonces la investigación y los cargos, y reincorporó a CORS en 2024. Aunque de menor importancia en comparación con la erosión generalizada de los derechos, la campaña demostró que la acción unida puede triunfar en la OSU.

De manera similar, grupos como la AAUP y la Asociación de Estudiantes de Ohio construyeron un movimiento contra la SB 1 en 2025, el cual, aunque no tuvo éxito, movilizó a 800 personas en una sola manifestación y demostró el potencial de una orientación hacia la acción masiva en defensa de nuestros derechos.

Los estudiantes y trabajadores de la OSU han demostrado una y otra vez a lo largo de los años que tienen la capacidad de defender sus derechos y oponerse a la injusticia. Es solo cuestión de tiempo antes de que la lucha vuelva a surgir.

Hoy en día, es esencial unir a los grupos activistas y a las organizaciones culturales que reúnen a miles de estudiantes, así como a los sindicatos y a los grupos de docentes, en torno a un programa básico en defensa de los derechos democráticos y la autonomía de la universidad, a fin de construir una base organizativa y elevar la conciencia de toda la población universitaria. La variedad de campañas y luchas en curso debe encontrar solidaridad y puntos en común, y mantenerse unida contra la intervención del gobierno y los administradores millonarios que parasitan a quienes realmente dirigen la universidad, mientras parlotean hipócritamente sobre democracia, diversidad y justicia social.

Una vez reunida la capa activa de estudiantes y trabajadores, se deben convocar asambleas democráticas masivas para llegar a los 61 500 estudiantes y los 44 000 miembros del cuerpo docente y del personal que constituyen el núcleo de la universidad. En ellas se pueden debatir los temas clave que enfrentan las personas en la universidad y se puede decidir y poner en práctica cómo organizar la lucha.

Los movimientos de masas, desde Occupy Wall Street hasta Black Lives Matter y la lucha por Palestina, han sacudido a la OSU en repetidas ocasiones durante la última década; sin embargo, hasta ahora estos movimientos no han logrado consolidar sus organizaciones y su poder para hacer valer sus demandas y ejercer una influencia real sobre el rumbo de la universidad. En este período en que la universidad enfrenta graves amenazas por los ataques reaccionarios del gobierno, es vital que el movimiento se dedique a reunir a decenas de miles de personas para desplazar el control rígido del gobierno y de los administradores universitarios que colaboran con él, y sustituirlo por una universidad que se administre de manera democrática y ética con el propósito del progreso social.

Una universidad libre y democrática, dedicada por completo al conocimiento y a los intereses colectivos de la humanidad, es posible, pero solo se podrá lograr cuando los trabajadores y los estudiantes que conforman la universidad la administren ellos mismos.

Estudiantes y profesores se manifestaron en el campus de la Universidad Estatal de Ohio en noviembre de 2025 para protestar contra las medidas antidemocráticas de la universidad, entre ellas la prohibición de escribir con tiza y su acatamiento a la represiva Ley 1 del Senado de Ohio. Foto: (Jayden Zhu / The Lantern)

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