La guerra de «poca monta» de Trump

Por TABITHA MAE

Los fracasos de EE. UU. con Irán: La guerra de «poca monta» costó 37,5 mil millones de dólares —y muchas vidas humanas

Han transcurrido varias temporadas desde el contra-ataque iraní con misiles y drones del 28 de febrero contra las instalaciones navales estadounidenses en Bahrein, el complejo logístico naval más importante de EE. UU. en la región. Las autoridades estadounidenses afirman ahora que no solo no pueden decir cuando se va a restaurar la Base de Apoyo Naval de Baréin, sino que se estima que el costo ascendería a 400 millones de dólares —si es que se atreven a hacerlo.

A pesar de que durante meses el Pentágono mantuvo su discurso de que las fuerzas navales de EE. UU. no sufrieron daños significativos a causa de los ataques de febrero, a principios de septiembre aparecieron noticias de que el secretario interino de la Marina, Hung Cao, había realizado declaraciones que presentaban un panorama muy contradictorio con el que había elaborado el Pentágono. Su mensaje fue que, de hecho, las fuerzas iraníes «destrozaron por completo» la base naval en Baréin. El oficial naval de más alto rango, el almirante Daryl Caudle, declaró: «No volveremos allí pronto».

En marzo, el presidente Trump afirmó que las dos naciones solo estarían en guerra por «cuatro o cinco semanas». Si bien esto ha sido innegablemente falso desde hace ya siete meses, y no se le dio mucho crédito desde el principio, esta falsedad puede verse ahora como una de las primeras de muchas declaraciones públicas que no reflejan la realidad que surge cada vez más evidente: Estados Unidos subestimó gravemente al ejército iraní y los líderes de la administración Trump no están dispuestos a admitirlo. Y ahora, en octubre, la guerra que les ha costado a los contribuyentes estadounidenses más de 37,5 mil millones de dólares está siendo restada de importancia por Trump, quien ahora ha manifestado su apoyo a la postura de J.D. Vance de negar que lo que sucede sea una guerra. Trump afirma que se trata simplemente de un «conflicto militar», que es «poca cosa».

Contrariamente a esta actitud despreocupada, oficiales de la Armada de EE. UU. han declarado a los medios de comunicación que la guerra con Irán está ejerciendo una presión significativa sobre Estados Unidos, ya que los buques de guerra y las bases en el Medio Oriente han sido objeto de una avalancha de ataques por parte de las fuerzas militares iraníes, agravada por graves problemas de moral entre las tropas y la disminución de los suministros de municiones defensivas. Irán ha atacado con éxito 15 bases militares estadounidenses a lo largo de este año, y esos ataques no han pasado desapercibidos ni han dejado de sentirse.

El apocalipsis que no llego

El 24 de agosto, la administración de Trump lanzó la Operación «Economic Outcast», que se autodefine como una «campaña sin precedentes para cortar todos los hilos de vida económicos que aún sostienen a la República Islámica de Irán». La declaración oficial de la Casa Blanca sobre la operación afirma además que Donald Trump y el «poderío abrumador» de las fuerzas militares estadounidenses habían desmantelado la capacidad de Irán para contraatacar militarmente, y que con esta operación —«la mayor ofensiva financiera jamás lanzada contra un adversario»— se ha marcado el «final de la partida» de la guerra.

Además de su nombre oficial, Trump y el secretario del Tesoro, Scott Bessent —quien anunció la operación— también la han denominado «Día del Juicio Final Económico». Las sanciones apuntan al transporte marítimo, los activos digitales, el oro, la tecnología y la aviación, y se amenazó con sanciones secundarias a las naciones que mantengan relaciones económicas con Irán. Bessent declaró: «Las naciones que faciliten cualquier interacción con el régimen deben prestar atención de inmediato a nuestro mensaje. Quienes se mantengan del lado de Estados Unidos cosecharán los beneficios de nuestra alianza; quienes se vinculen al régimen iraní deben esperar compartir el aislamiento de un régimen en decadencia».

Por otro lado, economistas y analistas tienen una perspectiva diferente sobre este supuesto «Día». Sin restar importancia a la realidad de las dificultades económicas que enfrentan los iraníes, los expertos señalan que las medidas de esta administración a través de la Operación «Economic Outcast» están lejos de constituir un golpe fatal.

El analista Daniel Fried escribe: «No es insignificante, pero tampoco es un Día D. … Las sanciones anunciadas están dirigidas a empresas iraníes, chinas y de otros países… Pero ninguna de las medidas supuso un punto de inflexión. La retórica fue feroz, pero el impacto, no tanto». La defensa que hace Bessent de la «Operación Marginación Económica» —que es más una advertencia que una acción decisiva— se basa en el argumento de que no deseaba «hacer estallar el sistema financiero mundial». Existen indicios de que Estados Unidos está lanzando amenazas contra las naciones que no están dispuestas a romper relaciones económicas con Irán, al tiempo que se mantiene reacio a enfrentar los riesgos asociados con disparar la arma con cual amenaza.

A pesar de que el anuncio de la Operación «Economic Outcast» se presentó como la etapa final de la guerra con Irán y del conflicto posmilitar, Estados Unidos atacó el sur de Irán a principios de septiembre con una serie de ataques, lo que provocó represalias por parte de Irán. Las bases estadounidenses en Irak, Jordania y Bahrein fueron blanco de ataques, mientras aumentaban las tensiones en el estrecho de Ormuz. Kuwait, un aliado de Estados Unidos, también fue blanco de ataques. A pesar de esta intensificación de los combates, J.D. Vance afirmó que, en ese momento, «no había tiroteos activos».

De una forma u otra

A medida que avanzaba septiembre, surgieron más amenazas y declaraciones del régimen de Trump sobre cómo planean manejar la guerra con Irán. A pesar de los informes generalizados sobre la drástica disminución de las reservas de municiones, Trump se jactó de manera flagrante —y sin sinceridad— de que Estados Unidos cuenta con suministros tan abundantes que es imposible imaginar que se agoten, y que Estados Unidos pondrá fin a la guerra, «de una forma u otra».

En una pregunta retórica sobre cómo proceder, Trump se preguntó: «¿Se llegará a un acuerdo con Irán que les permita reconstruirse y crear un país mucho más grande de lo que jamás fue, tal vez uno de los más grandes de Oriente Medio o incluso del mundo? ¿O debo aniquilar a la República Islámica y hacerlo rápidamente, sin darles nunca la oportunidad de volver a matar y destruir a personas y países? ¿Los arrastro al infierno sin posibilidad de sobrevivir y sin esperanza de grandeza futura ni de generaciones venideras?»

El 27 de septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró a NBC News que Irán no tiene motivos para confiar en una solución diplomática a la guerra. Si bien existe la esperanza de la diplomacia, las acciones erráticas de la administración de Trump durante los últimos dos años han inspirado poca confianza. Araghchi afirmó que, si llega el momento, estará preparado para una «guerra apocalíptica».

Estas declaraciones se produjeron a raíz del rechazo de Trump a un nuevo plan de paz que habría dispuesto la reapertura del Estrecho de Ormuz en una semana. Tras el rechazo, Trump anunció que los bombardeos contra Irán continuarían una vez concluidas las elecciones de medio período. Días más tarde, funcionarios del gobierno informaron a CNN que, si Teherán demostraba «avances concretos» para satisfacer los deseos de Estados Unidos respecto al programa nuclear iraní, Donald Trump estaría dispuesto a liberar los fondos que habían sido congelados y a ofrecer un alivio en las sanciones impuestas. Esto demuestra una gran maleabilidad por parte de lo que se afirmaba que era una fuerza inquebrantable de destrucción económica.

La moral decae, tanto en tierra como en el mar

Y así, la guerra continúa. Durante siete meses de grandilocuentes afirmaciones sobre la aniquilación militar de Irán y el poder infinito de las Fuerzas Armadas de EE. UU. proferidas por Trump y sus allegados más cercanos, las encuestas muestran que el presidente carece de la confianza de la clase trabajadora estadounidense. Las encuestas realizadas por Fox News indican que siete de cada diez votantes no confían en que Trump y su administración cuenten con una verdadera estrategia o plan para llevar a buen término la guerra con Irán.

En abril de 2026, el 39 % de los votantes creía que una guerra con Irán reduciría la seguridad dentro de Estados Unidos. Cuando se les volvió a encuestar a finales de septiembre, esta cifra aumentó al 47 % de los votantes. Aproximadamente el 60 % de los votantes en la encuesta de Fox News considera que Estados Unidos no debería haberse involucrado en una guerra con Irán en primer lugar. En agosto, el Instituto de Asuntos Globales publicó los resultados de una encuesta que mostraban que ocho de cada diez estadounidenses consideraban que la guerra con Irán había elevado su costo de vida.

¿Son estas las «recompensas» que, como era de esperarse, se han obtenido al alinearse con Estados Unidos y su grandeza? ¿Un aumento en el costo de vida y una disminución de la moral pública?

Además, la baja moral no es un problema que se sienta únicamente entre la clase trabajadora del territorio continental de Estados Unidos. Los marineros estadounidenses están enfrentando el descuido directo por parte de las fuerzas armadas y su incapacidad para proporcionar una vida segura y adecuada a quienes se alistan. A principios de este año, el U.S.S. Gerald Ford sufrió daños extensos por un incendio y múltiples víctimas a causa de un incendio en la lavandería y un sistema defectuoso de extinción de incendios. Sin embargo, quienes salieron salvos del incendio tampoco han tenido, de manera inequívoca, un viaje tranquilo. Graves problemas de plomería provocaron que cientos de inodoros se obstruyeran y se llenaran de desechos humanos.

La tripulación del U.S.S. Abraham Lincoln pasó un período de nueve meses en el mar sin hacer escala en ningún puerto, y en agosto se dieron a conocer informes sobre condiciones de vida insuficientes: moho, comida escasa y suministros de higiene cada vez más escasos, como jabón y otros artículos necesarios para la higiene, el confort básico y la salud. Solo entre la tripulación del Lincoln se han registrado al menos ocho intentos de suicidio.

¿Cuál fue la respuesta de Trump y Hegseth ante esta noticia de última hora? Noticias falsas.

De hecho, ¡Trump llegó incluso a afirmar que estos marineros no han estado en el mar el tiempo suficiente! La senadora de Nueva York, Kirsten Gillibrand, respondió: «Es totalmente inaceptable que esta administración pueda destinar una cantidad ilimitada de dinero de los contribuyentes a bombas, salones de baile y multimillonarios, pero no pueda cuidar a nuestros miembros del servicio».

Los representantes del gobierno de EE. UU. siguen vinculando repetidamente el cronograma de esta próxima etapa de la guerra con las elecciones intermedias estadounidenses —un cronograma que al gobierno iraní ya ha declarado que no le importa, en defensa de sus propios intereses nacionales. Con el apoyo público en descenso, el costo de vida en aumento y la violencia entrando en su séptimo mes, el tiempo dirá cuándo terminará realmente esta guerra. Sin embargo, algo que se ha vuelto cada vez más evidente es que a Estados Unidos y a la administración de Trump no les ha resultado fácil manejar el conflicto, a pesar de lo que quieran hacer creer a la clase trabajadora y a los estudiantes.

Cambios en la región

Tras décadas de presencia militar estadounidense en Irak, se ha puesto en marcha la implementación de una decisión de la era Biden para retirar las tropas. Quedan muchas preguntas sin respuesta. ¿Creará esto el espacio para que la clase trabajadora y los campesinos iraquíes luchen por la autonomía? ¿Se considerará esto una posible amenaza en el Medio Oriente, dado que Trump busca someter a Irán a un estrangulamiento económico y militar?

Si bien es evidente que millones de iraquíes han esperado con ansias el fin de la ocupación estadounidense, la gran pregunta sigue siendo: ¿qué seguirá? No hay duda de que la política imperialista de Estados Unidos desestabilizó a Irak y que las repercusiones de la ocupación se sentirán durante algún tiempo.

El camino hacia la retirada durante la era de Biden significó un giro táctico del ejército estadounidense, alejándose de Oriente Medio y dirigiéndose hacia Asia —en particular, hacia China—. Sin embargo, las cosas han cambiado desde que Biden dejó el cargo y Trump ha convertido la guerra en Irán en un eje central de su gobierno.

¿Qué queda claro? Los trabajadores y trabajadoras de Irak, y de todas las naciones de Oriente Medio, tienen derecho a la autodeterminación sin interferencia de Estados Unidos. Un componente clave que falta a los iraquíes en su lucha es un movimiento obrero independiente en Irak y un movimiento internacional de masas contra la guerra que se oponga a la maquinaria bélica imperialista.

Llenando las calles

Es una realidad increíble que no exista un movimiento de masas en oposición a la guerra de Estados Unidos contra Irán. No hay duda de que incluso entre los votantes de Trump existe un fuerte sentimiento contra la guerra. La clase dominante aún no ha logrado convencer al público en general de que la guerra sea algo positivo. Esta es una de las razones por las que el índice de aprobación de Trump es tan bajo.

La clase trabajadora estadounidense se enfrenta cada vez más a un aumento en el costo de vida, de modo que el poder imperialista estadounidense, que se encuentra en crisis, se mete en una crisis aun peor tratando de reafirmar su dominio hegemónico del pasado.

¿Por qué esta situación aún no se ha traducido en una acción masiva en las calles? Una razón importante, por supuesto, son los esfuerzos del Partido Demócrata —y de los sindicatos, las ONG y otras organizaciones que apoyan al partido— por desviar a la oposición de las calles hacia las urnas. Su mensaje electoral se ha intensificado especialmente a medida que nos acercamos a las elecciones de mitad de mandato y los republicanos parecen más vulnerables en las encuestas.

Si bien en 2026 los ataques contra las libertades civiles, la destrucción del medio ambiente, la guerra, la caída de los salarios, los derechos y otros aspectos son drásticos, la respuesta que se requiere de la clase trabajadora dista mucho de ser algo sin precedentes. Necesitamos volver a las estrategias y tácticas de los movimientos contra la guerra del pasado, que demostraron con toda claridad cómo la gente, al trabajar en conjunto en coaliciones masivas, podía oponerse eficazmente al imperialismo estadounidense.

También podemos fijarnos en los movimientos por los derechos de los inmigrantes de principios de la década de 2000, que culminaron en lo que fue, en la práctica, una huelga general durante la acción «Un día sin inmigrantes» del 1 de mayo de 2006. Tomando eso como modelo, ¿qué podría suceder si los trabajadores estadounidenses se unieran y se negaran a trabajar en la maquinería de la guerra?

Con estos modelos a nuestra disposición, la tarea que nos queda hoy es organizarnos con amigos, vecinos, compañeros de trabajo y camaradas para construir movimientos masivos de protesta y resistencia.

Foto: Trump sirve puré de papas a las tropas estadounidenses en Afganistán en noviembre de 2019. (O. Douliery / AFP / Getty Images)

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