Por JAMES MARKIN
Desde que los emisarios de Trump cerraron el acuerdo entre Netanyahu y varios grupos armados palestinos, la situación en Gaza ha sido contradictoria y confusa. Por un lado, los palestinos celebraron poder salir de los odiados campos de refugiados y regresar a sus hogares. Por otro lado, las matanzas no han cesado e Israel ha aprovechado la oportunidad para lanzar una campaña de bombardeos contra el Líbano.
Desde una perspectiva diplomática, la situación actual tiene dos elementos claves. Los bloques imperialistas de Estados Unidos y Europa dedicaron los meses antes de la apertura de la ONU en Nueva York a negociar una visión conjunta de la «paz» en Gaza. Se trata de un plan de colonización total bajo el dominio del verdugo imperialista Tony Blair. Luego, Trump obligó a Israel a aceptar un acuerdo de «alto el fuego» con Hamás que les exigía retirarse y permitir la entrada de alimentos en Gaza en cambio por la liberación bilateral de prisioneros. Este acuerdo de alto el fuego no contiene algunas de las partes más objetables del «plan de paz» general, como el desarme de Hamás o la creación de una autoridad internacional que gobierne Gaza en su lugar.
Israel nunca cumplió plenamente su parte del acuerdo, ya que continuó con los bombardeos, que están explícitamente prohibidos por el acuerdo, y no permitió la entrada de ayuda en Gaza, otro requisito claro del acuerdo. De hecho, Israel no ha abierto el paso fronterizo de Rafah, lo que constituye otra violación.
El 18 de octubre, ocho días después de la entrada en vigor del «alto el fuego», la Oficina de Medios de Comunicación de Gaza registró 47 violaciones israelíes del acuerdo. Entre ellas se incluye el asesinato de toda una familia de 11 habitantes de Gaza el 17 de octubre, cuyo unico delito fue cruzar la «línea amarilla», una línea imaginaria trazada por el ejército israelí y no publicada, que marca los límites de su zona de operaciones actual. Durante el fin de semana del 18 de octubre, tras los enfrentamientos en Rafah que provocaron la muerte de dos soldados israelíes, Israel anunció que suspendería toda la ayuda humanitaria y lanzó una serie de brutales bombardeos contra la población civil de la Franja de Gaza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, al menos 40 personas murieron.
El 28 de octubre, en una sola noche, al menos 104 habitantes de Gaza fueron masacrados en una oleada de bombardeos israelíes. El 3 de noviembre, el número de muertos en Gaza desde que se acordó el «alto el fuego» había alcanzado al menos los 236. Las matanzas perpetradas por el ejercito israelí son especialmente graves a lo largo de la «línea amarilla».
Aunque el plan de paz a largo plazo de Trump exige que el ejercito israelí se retire finalmente fuera de las fronteras de la Franja de Gaza (sin la zona de amortiguación), la historia sugiere que el ejercito israelí pueda insistir en permanecer dentro de esta línea amarilla, dejando esencialmente la mitad de la Franja de Gaza bajo ocupación israelí directa. Estos temores se han hecho más reales en las últimas semanas, ya que el ejercito ha comenzado a instalar marcadores amarillos que indican dónde creen que está la frontera.
Aunque Hamás y sus fuerzas aliadas aún no han aceptado el plan completo de Trump, el 14 de octubre acordaron permitir que un «comité palestino temporal» de tecnócratas independientes administrara las partes de la Franja de Gaza que Israel no controla directamente. Durante las recientes visitas de Trump y Vance a Israel, anunciaron la formación del Centro de Coordinación Civil-Militar, un comando militar internacional dirigido por Estados Unidos con sede en Israel. El plan es que la fuerza internacional que ocupará Gaza esté bajo el mando del CCCM.
Aún no están claros los detalles de cómo se intenta llevar a cabo el «desarme» de Hamás por parte de la fuerza armada internacional. Sin embargo, está claro que el objetivo final de esta política es convertir Gaza en una colonia estadounidense, bajo la ocupación de esta fuerza internacional liderada por Estados Unidos. Está claro que, si esto se lleva a cabo, Estados Unidos habrá hecho lo que Israel no pudo hacer: eliminar la resistencia armada en la Franja de Gaza.
Por eso Estados Unidos quiere mantener vivo el acuerdo de alto el fuego: tanto para mantener el prestigio de Donald Trump como para permitir la aplicación del plan de toma de control internacional de Gaza. La pregunta es si Trump mantendrá la presión sobre Netanyahu que permitió que se anunciara el acuerdo en primer lugar.
Está claro que Israel no mantendrá la letra del acuerdo en cualquier caso. Pero siguen existiendo importantes dudas sobre si Israel realmente tiene la intención de salir de Gaza. Está claro que Israel ha sufrido un duro golpe diplomático durante el último año y que la aprobación del público hacia el Estado sionista entre la clase trabajadora de los patrocinadores imperialistas del país está en su punto más bajo. Es posible que intenten mantener solo las partes del acuerdo que les benefician, como hicieron con éxito en las anteriores conversaciones de paz en Cisjordania, gran parte de la cual ha sido ahora anexionada de facto. La cuestión de si su guerra genocida termine siendo una victoria o una derrota dependerá de los términos acordados al final de este nuevo proceso de negociación entre Estados Unidos, los Estados árabes, la Autoridad Palestina, Hamás, otros grupos armados y el Estado de Israel.
Ya hemos visto el impacto de la heroica ola de huelgas llevadas a cabo por los trabajadores italianos como parte del movimiento «Blocchiamo Tutto» (Bloqueemos todo) contra el apoyo italiano a Israel. En última instancia, los trabajadores deben mantener la presión sobre los gobiernos imperialistas mediante manifestaciones masivas y, cuando sea posible, huelgas como las de Italia.
Foto: Mahmoud Isleem / Anadolu
