| El silencio mediático sobre los intereses reales de EEUU en el mundo árabe |
| Escrito por Florence Oppen/ La Voz de los Trabajadores |
| Lunes 11 de Julio de 2011 22:23 |
![]() Parte 1
La verdad oculta sobre la relación EEUU- Egipto. Egipto: un aliado clave de EEUU en Oriente Medio.
Mientras las noticias sobre las revoluciones en Egipto, Túnez, Libia y otros países llenan los televisores y periódicos de EEUU, se mantiene un silencio interesado sobre la naturaleza de las relaciones entre EEUU y Egipto. El ruido de las masas pues, es utilizado para generar un silencio imprescindible para el imperialismo americano: el del papel de la superpotencia mundial en la región.
Para poder apoyar realmente la revolución árabe dentro y fuera de EEUU, debemos primero desvelar el papel estratégico de Egipto y Arabia Saudí para el proyecto del imperialismo estadounidense, y enfrentar las fuerzas sociales que lo sustentan.
Desde el inicio de la revolución egipcia en febrero del 2011, no se ha cuestionado públicamente en EEUU el origen y las razones del apoyo de los sucesivos gobiernos estadounidenses (demócratas y republicanos) al régimen de Mubarak. Un apoyo que duró 37 años.
No se explica ni se cuestiona en los supuestos medios de información y análisis, que la ayuda de EEUU al aparato militar egipcio se haya iniciado en 1979, con los Acuerdos de Camp David en los que Egipto aceptó la frontera del Estado colonial de Israel, abandonando la lucha de liberación colonial de sus hermanos árabes palestinos, y que desde esa fecha Egipto ha recibido ya casi 62 000 millones de dólares de ayuda (dividida en la ayuda económica a través del Economic Support Fund y ayuda militar de la partida de Foreign Military Financing) (Egypt, The Moment of Change, “Mubarak in the International Arena”, 2009). Ese fue el precio para comprar el silencio impuesto al pueblo árabe egipcio sobre la masacre diaria que ocurre en el país vecino.
Lo más clarividente es la respuesta del portavoz del Departamento de Estado de EEUU cuando el New York Times preguntó sobre la reacción del gobierno vista la corrupción de la burocracia militar, cuando desveló que la ayuda militar “ayuda a Egipto a mantener unas fuerzas de defensa fuertes y disciplinadas, lo que es imperativo en estos tiempos, y crítico para asegurar la continuación del papel que tiene Egipto en la región como un país líder capaz de actuar como una fuerza moderadora.” (New York Times, 5 de marzo del 2011).
¿Y cuál es ese papel de Egipto en la región? Según James Phillips, investigador sobre el Medio Oriente para la Heritage Foundation en Washington, el perder la relación con Egipto sería “un desastre estratégico”, ya que “no sólo dañaría nuestra capacidad para movilizar fuerzas navales y otras para ayudar a contener a Irán, sino que también debilitaría nuestra estrategia de defensa y de relaciones en Oriente Medio”. (Politics Daily, 5 de febrero del 2011).
¿Quién controla el ejército egipcio?
La realidad, es que aunque EEUU no tenga bases militares propias en Egipto, tiene a su disposición los numerosos recursos del ejército egipcio que financia y controla parcialmente no sólo a través de la ayuda exterior, sino también a través del programa bianual Bright Star de operaciones militares conjuntas de las fuerzas armadas estadounidenses y egipcias iniciado en 1981. En el 2001, Bright Star involucró 70 000 tropas, 23 000 de ellas vinieron de los EEUU. (Egypt, The Moment of Change, “Mubarak in the International Arena”, 2009).
EEUU tiene acceso directo a las bases navales egipcias en Alexandria y a la base aérea Cairo West, así como el derecho de sobrevolar el espacio aéreo egipcio y el derecho de tránsito garantizado para buques de guerra estadounidenses a través del canal de Suez. (Politics Daily, 5 de febrero del 2011).
Además, las FFAA egipcias tienen un emprendimiento común con la empresa Chrysler para producir dos modelos del famoso Jeep Wrangler, uno para uso civil, vendido por todo el Oriente Medio y otro para el uso del ejército egipcio. (New York Times, 5 de marzo del 2011).
Así pues la ayuda militar de EEUU tiene un objetivo geo-político y económico clave: se trata por un lado de intervenir en el conflicto Israelo-Palestino apoyando al estado colonial sionista y dividiendo geográficamente al pueblo árabe para poder contenerlo mejor, y por otro el garantizar el acceso a los recursos energéticos en la región.
Palestina y Egipto
La firma de los acuerdos de Camp David en 1973 entre Egipto y Israel por el gobierno de Sadat fueron el principio de una serie de nuevos acuerdos bilaterales entre otras naciones árabes e Israel (como el acuerdo de paz entre Jordania e Israel firmado en 1994) que acabaron abandonando la lucha del pueblo palestino, debilitándola y aislándola de sus hermanos árabes de la región.
Fue un gigantesco paso para atrás. El objetivo de tal acuerdo fue asegurarse la “neutralidad” de Egipto en la guerra de liberación del pueblo palestino, es decir la prohibición de ningún tipo de apoyo (militar, político o económico) a la resistencia palestina, y la “normalización” de las relaciones entre Egipto e Israel. La “neutralidad” comprada de Egipto en el conflicto le permitió a Israel invadir el Líbano en 1978, y en 1982 masacrar impunemente a refugiados civiles palestinos en la matanza de Sabra y Shatila.
En el 2007, 50 000 Palestinos vivían en Egipto, una cifra elevada pero muy inferior a los 400 000 Palestinos que viven exiliados en el Líbano, o los 460, 000 que viven en Síria o el 1,8 millones que están esperando en Jordania la posibilidad de poder regresar algún día a su país que hoy está bajo la sangrienta ocupación militar de Israel. (Egypt, The Moment of Change, “Mubarak in the International Arena”, 2009).
Desde el 2002, el papel de Egipto en Oriente Medio como agente del imperialismo americano ha salido claramente a la luz: por un lado el gobierno egipcio se encarga de mediar y representar los intereses de Israel y EEUU, frente a la Autoridad Palestina, por el otro el vigilar y entrenar los servicios de seguridad palestinos durante la retirada parcial de la franja de Gaza. En junio del 2004, una declaración conjunta de las principales organizaciones políticas palestinas (incluyendo Fatah y Hamas) acusaba a Egipto de participar “en una política de engaño y fraude cuyo objetivo es el encarcelamiento del pueblo palestino en una cárcel gigante en Gaza mientras se asegura el control del mar, el aire y las fronteras y simultáneamente extiende la ocupación de los territorios palestinos con asentamientos y el muro de separación.” (Ha’aretz, June 9th 2004), y recordaba al gobierno egipcio y jordano que el pueblo palestino esperaba que “la nación árabe actúe según la lógica de apoyo al pueblo palestino y no según la lógica de la seguridad” (Al-Ahram Weekly, 24-30 de junio del 2004).
Entre el 2006 y el 2007 con la creciente influencia de Hamas, los EEUU empezaron a apoyar directamente a la dirección burguesa de Al Fatah y a la AP a través de sus aliados egipcios: en el 2006 Egipto empezó a suministrar armas y municiones a las fuerzas de Fatah, y también a entrenarlas militarmente.
La colaboración del régimen egipcio con el proyecto colonizador de Israel llegó a su paroxismo en el 2008. Por un lado en febrero Egipto firmó un acuerdo energético para los próximos 15 años para vender 60 000 millones de pies cúbicos anuales de gas al año a Israel ( y ahora le suministra el 40% del gas que necesita) por 2 000 millones de dólares anuales. Por el otro, en diciembre del 2008, cuando Iael atacó de nuevo la franja de Gaza y Egipto se negó a abrir sus fronteras para permitir la entrada de refugiados palestinos que querían evitar la masacre.
La relación entre EEUU, Arabia Saudita y Bahrein
El Golfo Pérsico: una región clave para el imperialismo estadounidense La política del imperialismo estadounidense en la región no se limita al control y tutelaje de Egipto, Arabia Saudita y Bahrein tienen también un papel clave. Para entender la estrategia en su conjunto, hay que empezar por establecer las bases objetivas que determinan la política exterior de EEUU. Una de ellas, quizás la más importante, es el control de los recursos energéticos como el petróleo.
La región del Golfo Pérsico contiene el 65% de las reservas de petróleo probadas en el mundo, el 35% de esa porción está en Arabia Saudita. Las reservas de Asia Central y el Medio oriente no solo son las más importantes del mundo, sino también las más lucrativas, ya que el petróleo allá es más barato de producir y extraer que en otras regiones.
Esa es una de las principales realidades que explica la política exterior del imperialismo estadounidense, que es en parte un imperialismo del petróleo, por el papel que juega ese recurso en el consumo de energía, en la producción industrial y más generalmente en el desarrollo de los medios de producción bajo el capitalismo contemporáneo. Pero el negocio del petróleo juega un segundo rol para el imperialismo americano, quizás más importante pero también más difícil de ver. Se trata de un freno artificial a la devaluación del dólar y otro instrumento para llevar a cabo desde los 70 una guerra de cambio con las demás potencias imperialistas.
No sólo los EEUU estaban preparados de antemano para enfrentar la subida del precio del petróleo generada por la OPEC, sino que “a pesar del uso subsecuente que se hizo del choque petrolero de la OPEC como un artilugio retórico para contener y controlar los villanos Estados de Oriente Medio, los EEUU aconsejaron a la OPEC que tomara estas medidas para asegurarse que el dólar americano pueda proteger su hegemonía frente al poder creciente de las monedas del Europa Occidental y Japón.” (Tyler Shipley, “Guerras de cambio: petróleo, Irak y el futuro de la hegemonía de EEUU”, Studies in Political Economy, 2007).
Durante la guerra fría, la política exterior de la primera potencia imperialista en Oriente Medio estaba dictada por tres factores principales: la aseguración del control de recursos estratégicos como el petróleo, la defensa y armamento incondicional de Israel como agente del imperialismo en la región, y sobre-todo la lucha “anti-comunista” de contención del régimen soviético.
Dos importantes variables han cambiado desde entonces, aunque la estrategia general de EEUU sigue siendo la misma: en 1979, el régimen iraní del Shah fue derrocado por una revolución, y los EEUU perdieron uno de sus principales aliados en la región, lo que les obligó a reforzar sus lazos con los restantes (Israel y Arabia Saudí) y asegurarse a otros nuevos (Egipto).
Luego en 1991, la clase obrera de los países de Rusia y Europa del Este salió a las calles para derribar a un ya descompuesto régimen soviético: y aunque lograron tirar abajo esa burocracia, no lograron conservar ni desarrollar las conquistas socialistas de la revolución del 17, al contrario, el imperialismo impartió una victoria crucial para su campo al restaurar el capitalismo en toda la antigua URSS. Se finalizó entonces la guerra fría y el imperialismo estadounidense se declaró hegemónico.
La situación pues hoy es que los intereses del imperialismo americano en la región quedan más al desnudo: ya no pueden argüir la “guerra ideológica” contra el comunismo para justificar la dominación y el expolio neo-colonial de los recursos energéticos de la región. Y su afán por construir un nuevo demonio “el Islam radical”, es cada vez más sospechoso, como lo mostraron las manifestaciones millonarias en las principales capitales del mundo en contra de las guerras de Irak y Afganistán. Queda más claro, hoy, que la presencia de EEUU en la región no tiene ninguna justificación moral, cultural, política o ideológica más allá de los intereses económicos del imperio.
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Continua…
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