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  • El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

    El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

    La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.

    Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».

    En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.

    La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.

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  • La nueva política del imperialismo norteamericano hacia América Latina

    La nueva política del imperialismo norteamericano hacia América Latina

    Por EDU ALMEIDA y FLORENCE OPPEN

    En noviembre de 2025, el gobierno de Trump publicó el documento “Estrategia de Seguridad Nacional”, en el que anunció los nuevos fundamentos estratégicos de la acción imperialista en este periodo para imponer su hegemonía en el “hemisferio occidental”. Este plan no es ninguna sorpresa, ya que Trump, en su discurso de inauguración, anunció que “los EE. UU. volverán a considerarse como una nación en crecimiento —que aumenta nuestra riqueza, expande nuestro territorio, construye nuestras ciudades, eleva nuestras expectativas y lleva nuestra bandera a nuevos y bellos horizontes.”

    En este artículo queremos enfocarnos en las consecuencias de esta nueva política para América Latina, que se concretó de manera brutal con la invasión y el secuestro de Maduro a principios de enero de 2026. Con esa agresión, el gobierno de los EE. UU. retomó la práctica de las invasiones militares directas en América Latina, que no se producían desde hacía décadas.

    El documento publicado por la Casa Blanca detalla, con el descaro típico de Trump, la estrategia del gobierno de extrema derecha que está al frente de la potencia imperialista aún hegemónica pero decadente, y que busca por todos los medios consolidar una base regional para competir y enfrentar a China. Esta política, a su vez, profundiza cada vez más la crisis del orden imperialista mundial y la polarización social, económica y política.

    De la Doctrina Monroe al «Corolario Trump»

    El documento reivindica explícitamente la Doctrina Monroe y afirma un «Corolario Trump» a dicha doctrina. La Doctrina Monroe, anunciada por el presidente de los Estados Unidos, James Monroe, en 1823, establecía la definición de «América para los americanos». En ese momento, se trataba de una expresión defensiva contra la intervención de los países europeos hegemónicos en América, en un contexto de países recién liberados de la dominación de Inglaterra, España y Portugal.

    Posteriormente, esta doctrina fue cambiando de carácter, expresando la transformación del país en un imperialista, con una postura ofensiva y intervenciones militares a finales del siglo XIX y principios del XX. La guerra hispanoamericana de 1898 marcó ese giro. EE. EE. UU. no solo se apoderó de las antiguas colonias españolas (Guam, las Filipinas, Puerto Rico) e impuso un protectorado en Cuba, sino que también anexó Hawái, inició la exploración de lo que sería el canal de Panamá y, en los meses siguientes, adquirió más de 7,000 islas en el Pacífico, a más de 10,000 km de distancia de California, estableciendo una presencia militar en la región de más de 100,000 tropas.

    En 1904, el «corolario Roosevelt» (presidente Theodore Roosevelt) de la doctrina Monroe defendía sin rodeos una política imperialista agresiva, apodada «Big Stick» (gran garrote). Esta política se expresó en las sucesivas intervenciones militares para el control del Canal de Panamá entre 1903 y 1925, así como en las más de 6 intervenciones en Honduras entre 1903 y 1925, y en las ocupaciones militares en Nicaragua (1912-33), Haití (1915-34) y la República Dominicana (1916 y 1924). Con este giro, EE.UU. inició su campaña ideológica para postularse como un “poder policial internacional”, con la potestad moral y militar para reprimir las “malas conductas” de los demás gobiernos y defender los valores de la “civilización” cristiana y de la democracia liberal.

    Estados Unidos se convirtió en hegemónico después de la Primera Guerra Mundial, en la que entró al final, asociado al imperialismo inglés (hasta entonces hegemónico). Estados Unidos se aprovechó de su proceso expansivo y de no haber sufrido grandes pérdidas en la guerra.

    El imperialismo estadounidense consolidará su hegemonía mundial tras la Segunda Guerra Mundial. Para ello, fueron clave los acuerdos de Yalta y Potsdam, un pacto contrarrevolucionario de EE. UU. con la burocracia soviética de Stalin que garantizó la hegemonía estadounidense.

    Durante más de 5 décadas, la hegemonía económica de Estados Unidos se basó en su dominio tecnológico, financiero y militar. Sus oligopolios industriales utilizaban ideologías como el «libre comercio» para exponer las frágiles industrias de otros países a su dominio. El «estilo de vida americano», difundido por Hollywood y la democracia burguesa norteamericana, era la base de la dominación política e ideológica. Las instituciones económicas y financieras internacionales, como el FMI y la OMC, operaban a nivel internacional como expresión de la hegemonía económica estadounidense.

    El acuerdo de Yalta y Potsdam, junto con el papel de la burocracia estalinista, aseguró innumerables derrotas en las grandes luchas de la posguerra. Aun así, algunas revoluciones fueron victoriosas y generaron nuevos estados obreros, pronto burocratizados, como Yugoslavia, China, Cuba y Vietnam.

    La combinación entre el freno de las direcciones y el desvío de las revoluciones hacia la democracia burguesa nunca fue una política exclusiva del imperialismo. Cuando esto no era suficiente, el imperialismo recurría a golpes de Estado e invasiones militares. En las décadas de 1960 y 1970, el gobierno de los Estados Unidos promovió innumerables golpes de Estado en América Latina, como los ocurridos en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y otros países.

    En las décadas de los 80 y 90, la globalización, los planes neoliberales y la restauración del capitalismo en los antiguos estados obreros hicieron posible un nuevo ascenso del capitalismo. Entonces se impusieron los planes neoliberales, la apertura de las fronteras económicas de los países y la formación de cadenas internacionales de valor.

    China y Rusia, tras restaurar el capitalismo, se integraron de forma subordinada a la curva ascendente del imperialismo. Pero luego, en este siglo, se convirtieron en nuevas potencias imperialistas emergentes.

    EE. UU. busca frenar la penetración de China en la región

    Desde principios del siglo XXI, el imperialismo norteamericano ha mostrado signos crecientes de decadencia. Si bien sigue siendo la potencia imperialista hegemónica en los ámbitos económico, financiero, tecnológico y militar, su hegemonía ha ido disminuyendo, perdiendo importantes espacios económicos, en particular frente a China. Desde 2010, China ha superado a Estados Unidos en producción industrial y hoy representa el 31,8 % del PIB industrial mundial. En la lista de las 500 mayores empresas del mundo de la revista Fortune Global de 2025, las empresas chinas (147) ampliaron su ventaja sobre las estadounidenses (134) por quinto año consecutivo.

    El documento Estrategia de Seguridad Nacional respondió a esta realidad. El imperialismo estadounidense sigue siendo hegemónico, pero está en decadencia y su hegemonía se va disminuyendo. Lejos de abandonar la lucha por la hegemonía mundial, el «corolario Trump» de la Doctrina Monroe es una expresión agresiva, el «Big Stick» del imperialismo hegemónico decadente para recomponer su dominio global frente al imperialismo chino en ascenso.

    Si bien América Latina no es el lugar donde China acumula la mayoría de sus inversiones y disputa por la hegemonía, como lo son Asia del Suroeste y África, la inversión de China en la región que los EE. UU. consideraban su patio trasero; ha dado un salto cualitativo en las dos últimas décadas.

    En primer lugar, los lazos comerciales de la región con el gigante asiático han aumentado: “En el año 2000, el mercado chino representaba menos del 2 % de las exportaciones de América Latina, pero el rápido crecimiento de China y la demanda resultante impulsaron el posterior auge de las materias primas en la región. Durante los ocho años siguientes, el comercio creció a una tasa anual del 31 %. En 2021, el comercio superó los 450 000 millones de dólares, una cifra que, según los medios de comunicación estatales chinos, creció hasta alcanzar un récord de 518 000 millones de dólares en 2024, y algunos economistas predicen que podría superar los 700 000 millones de dólares en 2035.”

    Obviamente, se trata de un comercio altamente desigual que beneficia al imperialismo asiático: mientras América Latina exporta soja y otros productos vegetales, productos cárnicos, cobre, petróleo, litio y otros minerales clave para el desarrollo chino, la región importa productos manufacturados de alto valor añadido, proporcionando así un mercado para la industria china y arruinando la industria nacional en la región. En este marco, Beijing ya logró imponer acuerdos de libre intercambio con 5 países: Chile, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua y Perú. En el caso de algunos países, como Chile, la dependencia comercial con China es muy significativa, ya que en 2023 el 38% de sus exportaciones totales fueron a ese país.

    Más allá del comercio desigual, China ha aumentado su inversión directa ($8 500 millones en 2024) en los más de 20 países latinoamericanos que ha incorporado a la Ruta de la Seda (BRI). Dicha inversión se centra en sectores estratégicos, como los recursos energéticos, o en infraestructuras de “uso doble” (comercial y militar) que preocupan cada vez más a Washington. Es ya sabida la inversión estratégica de China en el Triángulo del Litio (Chile, Bolivia, Argentina), ya que la región alberga entre el 60% y el 70% de las reservas mundiales de litio, esenciales para las baterías eléctricas. Entre 2018 y 2024, las multinacionales mineras chinas han invertido más de $16.000 en su explotación. En Argentina, China es propietaria o socia de seis de los dieciséis proyectos de litio activos, incluidos cuatro de los más avanzados. En 2023, un consorcio chino (CATL, BRUNP, CMOC) cerró un acuerdo por valor de 1000 millones de dólares para construir plantas de carbonato de litio en los salares de Uyuni y Coipasa en Bolivia, el primer proyecto comercial de litio liderado por extranjeros en el país. Se estima que las empresas chinas controlan casi el 40 % de la producción mundial de litio a través de sus operaciones en Sudamérica.

    China tiene hoy inversiones y el control total o parcial de más de 40 puertos en la región, algunos en sectores estratégicos clave, como el puerto de Abaco, en las Bahamas (cerca de Florida), o el del Beagle Channel, en Argentina, en el Antártico. A esto se suman la docena de instalaciones satelitales chinas y el hecho de que China proporciona equipamiento militar a varios países. Es el caso de Venezuela, por ejemplo, que tenía un embargo a la compra de armas por parte de los EE. UU.  desde 2006, pero también el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Cuba.

    Además, desde 2005 los monopolios bancarios chinos han prestado más de $120.000 millones a los países latinoamericanos. De especial relevancia son los préstamos solicitados por Venezuela, el principal acreedor de China en la región, que ha recibido casi $60,000 millones en préstamos, más del doble que Brasil, el segundo acreedor. También hay que resaltar el último crédito SWAP de $5,000 millones que Milei, en Argentina, contrató con China en abril de 2025, a pesar de su infeudación a Trump.

    Trump busca imponer gobiernos títeres en la región

    El documento explica la estrategia de imponer gobiernos títeres en el hemisferio occidental para lograr sus objetivos económicos y militares:

    «Queremos garantizar que el hemisferio occidental siga siendo razonablemente estable y esté lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que siga libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye las cadenas de suministro críticas; y queremos garantizar nuestro acceso continuo a lugares estratégicos clave. En otras palabras, afirmaremos y aplicaremos un «corolario Trump» a la Doctrina Monroe.”

    Y el caso de Venezuela es, en este momento, el foco central de esta política. Contrariamente a lo que difunde la propaganda estalinista, Maduro ha sido un gobierno entregado al imperialismo norteamericano. Chevron seguía presente, con toda su fuerza, en la explotación del petróleo venezolano. De hecho, en octubre del 2025, Maduro, según un reportaje del New York Times, ofreció “abrir todos los proyectos petroleros y auríferos existentes y futuros a las empresas estadounidenses, otorgar contratos preferenciales a las empresas estadounidenses, revertir el flujo de las exportaciones petroleras venezolanas de China a Estados Unidos y recortar los contratos energéticos y mineros de su país con empresas chinas, iraníes y rusas” a cambio de permanecer en el poder. Pero Trump no aceptó porque su objetivo no es solo el petróleo, sino también implementar una estrategia de seguridad nacional más global. El gobierno de Maduro, a pesar de ser proimperialista, no era un gobierno títere, sino que reflejaba los intereses contradictorios y oportunistas de la boliburguesía corrupta construida a partir del Estado. Trump, al contrario, quiere un gobierno completamente sometido a sus intereses en la región y, por eso, invadió y secuestró a Maduro.

    Esta invasión puede abrir la puerta a que se repita en otros países, como Colombia, Cuba u otros. Y supone una grave amenaza para los nuevos procesos revolucionarios de la región.

    El significado de «reclutar y comprometer» a gobiernos aliados es muy preciso: no basta con los gobiernos burgueses proimperialistas; se necesitan gobiernos títeres de extrema derecha. Como lo afirma el documento:

    «La política estadounidense debe centrarse en reclutar a líderes regionales capaces de contribuir a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios. Estas naciones nos ayudarían a detener la migración ilegal y desestabilizadora, neutralizar los cárteles, fomentar la fabricación cercana a la costa y desarrollar las economías privadas locales, entre otras cosas. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y nuestra estrategia. Pero no debemos pasar por alto a los gobiernos con perspectivas diferentes, con quienes, no obstante, compartimos intereses y que quieren trabajar con nosotros.”

    Para ello, Trump utiliza abierta y cínicamente la presión económica, condicionando los préstamos a las victorias electorales de sus aliados, como Milei en Argentina y Nasry Asfura (del Partido Nacional, en Honduras).

    Es innegable que Trump ha obtenido resultados con esta política. Aprovechando los desastres cometidos por los gobiernos de colaboración de clases, como los de Xiaomara (Honduras), Boric, Petros y otros, la ultraderecha está avanzando mucho en América Latina. Ya cuenta con los gobiernos de Milei (Argentina), Kast (Chile), Bukele (El Salvador) y Asfura (Honduras), y con la victoria en las elecciones de 2026 en Colombia.

    El caso de Lula en Brasil es diferente. Se trata de un gobierno proimperialista, con el que Trump negocia bajo la presión de su propia base burguesa estadounidense, rebelada por las consecuencias negativas de la guerra arancelaria. Aun así, Trump ayudará a construir una alternativa de derecha pos-Bolsonaro para intentar derrotar a Lula en 2026.

    Algo similar ocurre con Sheinbaum (México), que se ha adaptado por completo a la presión de Trump, ya que la economía mexicana está totalmente subordinada a su relación con EE. UU.: alrededor del 80 % de las exportaciones de México, el 55 % de sus importaciones y el 41 % de su inversión extranjera directa dependen de Estados Unidos.

    En este contexto, es imprescindible luchar en todos los países latinoamericanos contra esta nueva agresión de Trump, que busca anexarse el continente. Para ello, es importante que todos los partidos que realmente luchan por el socialismo levanten un programa por la Segunda Independencia de América Latina que plantee enfrentar a todos los imperialismos, tanto al estadounidense como a los europeos y al imperialismo chino que se presenta como “amigo”. Debemos buscar la más amplia unidad de acción que logre movilizar a la clase trabajadora y sus aliados, como los pueblos indígenas, contra las intervenciones militares, como la de Venezuela, contra los proyectos extractivistas o de sobreexplotación, y contra los demás ataques a la soberanía nacional, como el endeudamiento y los acuerdos comerciales desiguales, sea quien sea el imperialismo que los propone e impone. Una vez más, debemos mostrar que sólo una salida independiente de la clase trabajadora puede lograr una verdadera independencia que garantice los derechos sociales y políticos de la clase trabajadora y pare la destrucción del medio ambiente.

    El «corolario Trump» en la política: bonapartismo, ultraderecha y xenofobia

    Trump, para imponer su plan en Estados Unidos y en el mundo, necesita el bonapartismo: la política descarnada del imperialismo decadente. Una de las principales diferencias entre la Doctrina Monroe de inicios del siglo 20 y la política de Trump hoy es que ya no se disfraza con el falso discurso “civilizador” que utilizaron los colonialismos del siglo pasado, que buscaban defender una moral y una legalidad universales y promovían un relato de prosperidad, modernidad y progreso. Hoy Trump busca someter a otros países con el discurso de “EE. UU. primero”, y asumiendo desencarnadamente que sobrepone sus propias necesidades económicas a las de otras naciones, simplemente porque tiene la relación de fuerzas para hacerlo.

    Trump es un gobierno bonapartista en Estados Unidos, en choque con el régimen democrático burgués, que quiere convertirlo en un régimen autoritario bonapartista. Está en conflicto permanente con la justicia. Envía tropas a los estados gobernados por los demócratas. Ha reforzado enormemente la Guardia de Frontera (ICE) para la represión de los inmigrantes.

    En el mundo, Trump sigue un camino similar: deja de lado las instituciones internacionales y los acuerdos que antes expresaban la dominación imperialista (ONU, OMC, FMI) y recurre a la fuerza para imponer su dominio. Los valores de la democracia burguesa, el «estilo de vida americano», han quedado atrás. La dominación se ejerce mediante la fuerza militar, la presión económica directa y el bonapartismo.

    La crisis del orden imperialista mundial se va estrechando cada vez más en torno a dos bloques: uno directamente subordinado al imperialismo norteamericano y otro que se está formando en torno a China.

    Al mismo tiempo, en los países se afirma una tendencia creciente al bonapartismo, lo que profundiza la crisis de la democracia burguesa. No sólo eso, el documento expresa explícitamente el apoyo directo al crecimiento de la extrema derecha a nivel mundial:

    “Nuestros objetivos para el hemisferio occidental pueden resumirse en «reclutar y expandir”. Reclutaremos a amigos consolidados en el hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y reforzar la estabilidad y la seguridad en tierra y en mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevas alianzas, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra propia nación como socio económico y de seguridad preferido del hemisferio».

    Para ello, Trump utiliza todos los recursos del Estado estadounidense, incluyendo la presión económica, política y militar. Pero no debe pasarse por alto la base ideológica y política, común a toda la ultraderecha. Esto incluye la lucha contra la inmigración, tan importante para la ultraderecha en los países imperialistas:

    «La era de la migración masiva ha terminado: quiénes son admitidos en las fronteras de un país, en qué número y de dónde proceden, definirá inevitablemente el futuro de esa nación.”

    “Cualquier país que se considere soberano tiene el derecho y el deber de definir su futuro. A lo largo de la historia, las naciones soberanas prohibieron la migración descontrolada y rara vez concedieron la ciudadanía a extranjeros, quienes además tenían que cumplir con criterios muy exigentes. La experiencia de Occidente en las últimas décadas confirma esta sabiduría perdurable. En países de todo el mundo, la migración masiva ha agotado los recursos nacionales, aumentado la violencia y otros delitos, debilitado la cohesión social, distorsionado los mercados laborales y socavado la seguridad nacional. La era de la migración masiva debe terminar.”

    Del mismo modo, difunde ideologías, como la «guerra contra el narcotráfico», que se vinculan a la explotación electoral de la extrema derecha del tema de la violencia urbana, tan bien capitalizada por gobiernos como los de Bukele (El Salvador) y Noboa (Ecuador), y por toda la extrema derecha latinoamericana. En Brasil, la extrema derecha se hace eco de Trump y promueve la calificación de los delincuentes comunes como «terroristas».

    El documento defiende otro punto ideológico fundamental para la extrema derecha, tanto en los países imperialistas como en los semicoloniales (como los latinoamericanos, por ejemplo), que es la defensa de la opresión contra las mujeres, los negros y las personas LGBTQ.

    Este conjunto ideológico puede tener una importancia política fundamental para unificar a la extrema derecha internacional alrededor de Trump y debilitar la conciencia antiimperialista, producto de las acciones del gobierno de Trump contra los países latinoamericanos, por ejemplo. Esta es una hipótesis que puede o no confirmarse en el próximo período.

    Es importante señalar que los llamados “gobiernos burgueses de colaboración de clases”, también denominados “progresistas”, tienen una responsabilidad directa en la ascensión de la ultraderecha. La aplicación de planes neoliberales contra las masas por parte de esos gobiernos provoca un desgaste que aprovecha la ultraderecha.

    El caso del régimen chavista es una expresión particular de ese proceso, porque no era de colaboración de clases, sino una dictadura burguesa odiada por las masas y originada por la “izquierda”. Las encuestas posteriores a la invasión muestran que la mayoría de la población latinoamericana, inclusive en Venezuela, apoya el derrocamiento de Maduro por el imperialismo norteamericano, lo que evidencia el retroceso de la conciencia antimperialista.

    Es esencial que las organizaciones de la clase trabajadora hagan suyas las reivindicaciones por los derechos de los migrantes y de los pueblos indígenas e originarios a su soberanía nacional, combatan activamente el racismo y la xenofobia, y luchen por defender y ampliar los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT. Es tarea de los socialistas revolucionarios buscar la combinación de las luchas por los derechos democráticos con la lucha por el socialismo, y la necesidad de que sea nuestra clase la que llegue al poder.

    Las consecuencias de la agresión a Venezuela para Cuba

    La crisis de la economía cubana se agrava cada día que pasa, y después de la destitución forzada de Maduro por los EE. UU., la isla podría sumirse en un caos social. Según las estadísticas del gobierno, en los últimos 5 años, más de un millón de cubanos (10% de la población), la mayoría jóvenes, emigraron al extranjero en busca de mejores condiciones de vida. Desde 2020, el PIB del país cayó 11 %, la red energética se está desintegrando y los salarios son muy bajos. Fuera de La Habana, donde viven los sectores de la burguesía extranjera y de la burguesía nacional incrustada en el aparato de Estado cubano, los cortes de electricidad, de hasta 18 horas diarias, son comunes.  Es obvio que las nuevas sanciones impuestas por Trump en 2019 han contribuido grandemente a ahogar a la isla, con fuertes restricciones a los viajes y al envío de remesas de los inmigrantes cubanos en EE. UU.

    En este contexto, el nuevo control que Trump ejerce sobre lo que queda del régimen chavista, a cargo de Delcy Rodríguez, puede provocar el colapso económico total de Cuba. Cuba necesita 100.000 barriles de petróleo diarios para garantizar el funcionamiento mínimo de su economía, y solo logra producir un cuarto de ese volumen. Si bien Venezuela, hace una década, le enviaba el restante, hoy sólo envía 35.000 barriles al día, en parte por las presiones de EE. UU., y en parte, por la frustración del régimen chavista, que no lograba recibir los pagos a tiempo. Lo mismo pasa con México, que enviaba 22.000 b/d, pero bajó sus envíos a 7.000 b/d a finales de 2025. La política criminal de Trump es clara, ya que escribió el 11 de enero en su red social: “¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA, ¡NADA!!

    Frente a las amenazas de Trump, es fundamental oponerse rotundamente a cualquier intervención de EE. UU. UU. en Cuba y exigir el fin inmediato de las sanciones y del bloqueo económico contra la isla. Construir la mayor unidad de acción posible de nuestra clase contra el ataque a Venezuela y un posible ataque a Cuba no implica dar ningún tipo de apoyo político a los gobiernos de Rodríguez o de Díaz-Canel. Al contrario, en Cuba, como en Venezuela, nuestra solidaridad política y material es con el pueblo que se moviliza por sus derechos, y nuestro objetivo es lograr que se organice de manera independiente del gobierno y de cualquier injerencia de los imperialismos extranjeros, para postularse como una alternativa de clase, independiente y democrática, que pueda avanzar hacia un verdadero socialismo.

    Las contradicciones de la “Donroe Doctrine”

    Si bien el gobierno de Trump está decidido a ejercer con firmeza la dominación despótica sobre el continente, ello no significa que el triunfo de su política esté garantizado. Por un lado, esta nueva política se encontrará con la resistencia de las masas; por otro, deberá lidiar con limitaciones inherentes, es decir, lo que podemos llamar los “corolarios ocultos” de esta doctrina imperialista.

    Primero, hay que considerar que la explotación del petróleo en Venezuela no es una tarea fácil ni automática. La producción de petróleo de Venezuela está en caída: a finales de los 90 se producían 3,5 millones de barriles diarios y hoy apenas 800.000. Los analistas afirman que se necesitan al menos 5 años de inversiones masivas para recuperar una producción equivalente. La consultora Rystad Energy, por ejemplo, afirma que se necesitarían al menos $53,000 millones durante los próximos 15 años para aumentar la producción a 1,1 bpd. Para ser rentable, la operación que hoy Trump vende como fácil y rápida requiere asegurar tanto la inversión económica como el control político del país durante, al menos, las dos próximas décadas. Muchos de los yacimientos petroleros ya habían sido concedidos a China mediante contratos legales, y estas multinacionales imperialistas van a exigir que sus derechos sean reconocidos o que sean indemnizadas.

    También no basta con invertir en el petróleo y los recursos mineros para lograr expulsar a China de la región. De hecho, como hemos mostrado, China ha logrado insertarse en las cadenas de producción del continente y en los sectores energéticos y de infraestructura digital. Para lograr “reconquistar” el continente, EE. UU. va a necesitar invertir mucho más que sólo en los sectores que le convengan y proponerse como alternativa económica en otros sectores.

    Segundo, esta repetición de Monroe no ocurre en un vacío histórico. Al contrario, los EE.. UU. ya tienen la experiencia de la dificultad de mantener una dominación económica y militar sobre otros territorios: una vez uno se entrometer, acaba también entrometido, lo que conlleva destinar recursos a la dominación neocolonial. El primer caso que mostró el coste de tal política fue el de las Filipinas, porque, si bien la administración de McKinley pensó que instalar un gobierno títere en el país garantizaría su control, pronto se dio cuenta de que los EE. UU. no podían simplemente retirar sus tropas y mantener un gobierno afín. De hecho, los EE. UU. tuvieron que mantenerse ahí durante décadas y las Filipinas solo lograron su independencia en 1946. La misma situación se repitió recientemente con las guerras de Irak y Afganistán, que resultaron en desastres similares.

    Tercero, existe un “corolario” nacional: la mayoría de los estadounidenses no apoyan otra guerra prolongada. Encuestas realizadas en enero de 2026 muestran que sólo el 33% de los estadounidenses concuerda con la acción militar diseñada para secuestrar a Maduro, mientras que el 72% teme que dicha intervención lleve a una intervención prolongada en Venezuela. De hecho, el Congreso estadounidense, controlado por el Partido Republicano, ha adoptado medidas para limitar cualquier intervención militar adicional.

    Otro riesgo de la profundización de esta política agresiva de EE. UU. hacia el continente americano (y Europa) es que aumente la popularidad de China entre las masas, como factor de equilibrio y desarrollo. Si bien sabemos que China es otra potencia imperialista y saqueadora, el hecho de encontrarse en una dinámica emergente y de poseer más capital para invertir le permite aparecer como la potencia que ofrece “desarrollo económico” a sus aliados semicoloniales, mientras que los EE. UU. sólo ofrecen coerción y opresión.

    La contradicción más importante es que va a ampliar la polarización social y política en Latinoamérica, así como en Estados Unidos. El movimiento de masas no está derrotado y, más temprano o más tarde, habrá grandes movilizaciones y, incluso, explosiones revolucionarias. Eso apunta a un periodo más convulsivo de la lucha de clases.

  • Cuba: soberanía popular, democracia y responsabilidad histórica

    Cuba: soberanía popular, democracia y responsabilidad histórica

    Por SOCIALISTAS EN LUCHA (CUBA)

    Desde Socialistas en Lucha (SeL) rechazamos la intensificación de las políticas coercitivas del gobierno de Estados Unidos contra Cuba. Las disposiciones recientes orientadas a penalizar a terceros países que comercien petróleo o derivados con la isla constituyen medidas unilaterales de presión económica, de carácter extraterritorial, que afectan de forma directa las condiciones materiales de vida de la población. Estas políticas no son instrumentos de democratización: son mecanismos de castigo colectivo que trasladan disputas geopolíticas al terreno social.

    La aplicación de estas medidas coincide con un momento de extrema vulnerabilidad. La interrupción del suministro energético proveniente de Venezuela —cercano a los 30 mil barriles diarios, entre el 30 y el 40 % de las necesidades nacionales— dejó a Cuba sin uno de sus principales soportes operativos. En enero, el país recibió apenas 84 900 barriles en una única entrega desde México, muy por debajo del promedio diario de 37 mil barriles registrado durante 2025. El resultado es una crisis energética profunda, con apagones prolongados, deterioro productivo y afectaciones severas a los servicios básicos.

    En este contexto, es necesario reconocer un hecho social ineludible: el agotamiento material y político ha llevado a sectores crecientes de la población a percibir la presión externa —e incluso la intervención— como una posible salida. Esta percepción no surge de una adhesión al poder extranjero, sino de la ausencia de horizontes internos creíbles, de la clausura del debate político y de la falta de mecanismos efectivos para incidir en el rumbo del país. Comprender esta deriva es una condición indispensable para deslegitimarla.

    Desde una perspectiva de izquierda democrática, afirmamos con claridad que ninguna transformación emancipadora puede provenir de la coerción externa. Las potencias no actúan en nombre de los derechos de los pueblos, sino de sus propios intereses estratégicos. La historia latinoamericana demuestra que la presión económica y la tutela política generan dependencia, fragmentación social y nuevas formas de subordinación, no democracia ni justicia social.

    Pero del mismo modo, sería políticamente estéril atribuir la crisis cubana exclusivamente a factores externos. La responsabilidad del actual bloque gobernante es central. Durante décadas se consolidó un modelo de poder altamente centralizado, con escasa rendición de cuentas, hostil al pluralismo político y cada vez más desconectado de las dinámicas sociales reales. La reducción del socialismo a la administración burocrática y control político vació de contenido el proyecto emancipador que alguna vez movilizó a amplios sectores de la sociedad.

    La soberanía no puede sostenerse solo como rechazo a la injerencia extranjera. La soberanía es inseparable de la democracia política, de los derechos civiles y de la participación popular efectiva. Cuando la ciudadanía no dispone de canales reales para deliberar, organizarse y disputar decisiones estratégicas, la soberanía se convierte en una fórmula retórica administrada desde arriba.

    Las políticas de sanciones, restricciones financieras y aislamiento comercial impuestas por Estados Unidos son reales y profundamente dañinas. Pero su impacto se ve amplificado por un bloqueo interno hecho de rigideces económicas, falta de transparencia, penalización del disenso y una cultura política que confunde estabilidad con parálisis. Este entramado explica por qué amplios sectores sociales no perciben salidas endógenas y terminan depositando expectativas —contradictorias y desesperadas— en factores externos.

    Hoy Cuba enfrenta una crisis multidimensional: una población envejecida que supera el 20 %, pensiones que no cubren el costo básico de la vida, un sistema de salud deteriorado, una educación en retroceso, servicios públicos intermitentes, infraestructura colapsada y un proceso de dolarización informal que profundiza desigualdades. A ello se suma la persistencia de la represión política, con más de 1 185 personas privadas de libertad por ejercer derechos fundamentales, lo que erosiona aún más la confianza social.

    Desde Socialistas en Lucha (SeL) sostenemos que la mejor manera de cerrar el paso a la intervención extranjera no es el inmovilismo, sino la democratización profunda. Solo una apertura real de derechos políticos, el reconocimiento del pluralismo social, la legalización de la organización independiente y la restitución de la soberanía popular pueden reconstruir un horizonte compartido y restituir legitimidad al proyecto socialista.

    Cuba no enfrenta una disyuntiva entre coerción externa o continuidad autoritaria. La verdadera alternativa es entre dependencia y democracia, entre administración burocrática y protagonismo popular.

    Nuestra posición es inequívoca: rechazo a toda forma de dominación externa y oposición al orden interno que ha clausurado la participación social. Defendemos un socialismo democrático, basado en derechos, deliberación pública y control popular del poder.

    Ni coerción imperial ni clausura burocrática.
    Por soberanía popular, democracia política y socialismo desde abajo.

    Socialistas en Lucha.

  • El legado de Victor Berger y los socialistas de los albañales

    El legado de Victor Berger y los socialistas de los albañales

    Por JAMES MARKIN

    Últimamente ha habido cierto debate en la izquierda estadounidense sobre el legado de los «socialistas de los albañales» del siglo XX. La actividad del Partido Socialista (PS) a principios del siglo XX en Milwaukee, Wisconsin, liderada por el congresista inmigrante transilvano Victor Berger, recibió este peculiar apodo por su enfoque en cuestiones locales (como los albañales). Los socialistas de los albañales tendían a abogar por un camino reformista, electoral y gradual hacia el logro de una sociedad socialista, en contraposición a los revolucionarios más militantes del Partido Socialista, que favorecían la construcción de un movimiento obrero capaz de luchar por el poder estatal y derrocar el capitalismo.

    La historia de Berger y los Socialistas de los Albañales, una parte poco famosa de la historia socialista, ha sido presentada como un modelo para el movimiento socialista moderno por el escritor de Jacobin Eric Blanc. Al indicar Blanc como el modelo a seguir, ha provocado algunas reacciones negativas por parte de su público en los Socialistas Democráticos de América (DSA), ya que a Berger se conoce más por sus opiniones racistas que por sus logros como socialista en el Congreso o en el gobierno local.

    En respuesta a las críticas, Blanc ha argumentado que, aunque Berger tenía opiniones censurables sobre los inmigrantes de Ásia y los negros a principios del siglo XX, en el periodo de entreguerras el evolucionó. Por lo tanto, según Blanc, no deberíamos «cancelar» a Berger y a los socialistas de las albañales, sino admirarlos por su evolución hacia opiniones más aceptables.

    Al final de su artículo, Blanc señala que muchos socialistas a los que admiramos hoy en día también tenían opiniones personales que nos parecerían abominables. Esto es cierto; sin embargo, la cuestión de si Victor Berger era personalmente racista o si evolucionó personalmente en ese tema tiene menos importancia que el análisis de la política del partido que lideró y de la política que el representaba dentro de ese partido.

    La posición que adoptó el Partido Socialista del siglo XX sobre las cuestiones raciales y de inmigración era una cuestión fundamental. Esta cuestión era más importante que el propio Berger y abarcaba a todo el Partido Socialista bajo el liderazgo de figuras como Victor Berger y Morris Hilquitt. La triste realidad es que, bajo ese liderazgo, en lugar de ser una vanguardia que impulsara a la clase trabajadora en cuestiones de raza e inmigración, creando conciencia de clase y preparándola para la victoria, la dirección del PS repitió la idea de que la inmigración asiática sería económicamente perjudicial para la clase trabajadora, aunque pareciera cambiar de opinión cuando se trataba de los inmigrantes europeos. También toleró el racismo y la intolerancia abiertos contra los negros entre las filas de su propia organización. Esto acabó teniendo consecuencias terribles para el partido y para el movimiento socialista estadounidense en su conjunto.

    El racismo contra los negros

    Dado que Berger era más conocido en la izquierda por sus opiniones antiinmigrantes, gran parte de las protestas contra Blanc en Internet se centraron en los comentarios racistas de Berger contra los negros. De hecho, Blanc está de acuerdo en que la postura de Berger sobre la raza antes de la guerra era «vil», pero sostiene que había comenzado a cambiar de opinión sobre el tema al entrar en el período de 1912-1918. Reconoce que, al principio, Berger había repetido mentiras de que la presencia de personas negras en una zona aumentaba las tasas de violencia sexual y había republicado artículos de miembros del PS del sur que intentaban sintetizar la llamada «ciencia racial» con el socialismo. Sin embargo, Blanc señala que, en años posteriores, Berger comenzó a condenar la ciencia racial y a reeditar artículos antirracistas de socialistas negros.

    Si bien el análisis de Blanc podría demostrar que Berger efectivamente tuvo una «evolución» en lo que respecta a sus opiniones personales y a lo que se publicó en el Milwaukee Leader, esto no demuestra realmente el verdadero daño de las posiciones retrógradas adoptadas por Berger y otros líderes de su facción, como el líder socialista de la ciudad de Nueva York, Morris Hilquitt. Para ello, debemos considerar el legado de Berger, no solo como pensador, escritor o editor socialista, sino como líder socialista. De hecho, uno de los mayores problemas a los que se enfrentaba el PS a la hora de reclutar y consolidar a socialistas negros era la tolerancia de su ala sureña, a menudo abiertamente segregacionista.

    Para entender esto, podemos fijarnos en las obras del radical negro Hubert Harrison. A principios de la década de 1910, Harrison era un miembro entusiasta del PS en la ciudad de Nueva York y partidario de su ala izquierda, liderada por el radical «Big Bill» Haywood, de la IWW (Industrial Workers of the World, lit. Los Trabajadores Industriales del Mundo). Harrison tenía la perspectiva de empujar al Partido Socialista hacia la izquierda en cuestiones raciales, con el objetivo de convertirlo finalmente en el hogar político de un gran número de trabajadores negros. Con este fin, formó el Coloured Socialist Club (Club Socialista de Color) y se convirtió en colaborador habitual del principal periódico del PS de la ciudad, The Call (El Llamado). Su serie de artículos en ese periódico, titulada «Prejuicios Raciales», desencadenó un importante debate en el partido sobre el tema.

    Sin embargo, la verdadera explosión sobre el tema se produjo en respuesta, no a uno de los artículos de Harrison, sino al escrito de Mary White Ovington, una activista blanca de la NAACP en Nueva York. En un artículo de 1913 en la publicación socialista de izquierda New Review, Ovington analizó el trabajo de los grupos de izquierda basándose en su labor en la lucha contra las leyes discriminadoras del Jim Crow. Aunque Ovington se refirió con aprobación al trabajo de su propia NAACP y de la IWW, escribió que, aunque le gustaría «citar al Partido Socialista, el partido que tanto amo, como la tercera fuerza que defiende agresivamente los derechos plenos de los negros», en su opinión solo los grupos locales de Oklahoma habían hecho un trabajo realmente digno de mención. Relató que en otros estados, como Luisiana y Texas, la situación era aún peor; los miembros del PS «han mostrado, en ocasiones, un prejuicio racial insuperable por los Demócratas más virulentos».

    En el artículo también informó sobre la convención del PS de 1912, en la que la facción liderada por Victor Berger y Morris Hilquitt derrotó a la facción izquierdista liderada por «Big Bill» Haywood: «En la última Convención Nacional Socialista, mientras los delegados pasaban horas y horas discutiendo frenéticamente sobre enmiendas a enmiendas de mociones que nadie recordaba, nadie, salvo Haywood, pronunció una sola palabra en reconocimiento de la existencia de esta raza tan explotada. Había un delegado negro presente, pero no se le dio la oportunidad de hablar. En esta convención, los negros de Estados Unidos, que constituyen una quinta parte de todos los trabajadores del sindicato, no existían».

    Tras el artículo de Ovington, la secretaria de Estado del PS de Misisipi, Ida Raymond, publicó una respuesta titulada «Un socialista sureño sobre la cuestión negra». Este artículo estaba lleno de odio racista contra los negros. Era abiertamente segregacionista y afirmaba que el KKK (Ku Klux Klan) había sido necesario para oponerse al «período de dominación negra» en el sur que había seguido a la Guerra Civil.

    En respuesta a este artículo, Hubert Harrison escribió una carta a los editores de New Review —que se negaron a publicar— en la que afirmaba que artículos como el de Raymond en New Review y otros similares publicados en The Call demostraban que «los socialistas sureños son primero «sureños» y solo «socialistas» después. Y el Partido Socialista, en su loable ambición de aumentar el número de afiliados y votos entre todas las clases de la población, tiende a mantener en segundo plano cualquier implicación de su doctrina que pueda ofender y ahuyentar a los elementos deseados. Puede que sea una táctica acertada, pero ¿no esconde acaso un peligro evidente? Yo creo que sí. Por lo tanto, mientras los restos destrozados de los movimientos Granger y Populista se unan a sus reivindicaciones en el sur, tendremos que abstenernos de decir que el socialismo defiende la plena igualdad cívica y política de todos los trabajadores, como mínimo… Me pregunto ahora si algún socialista, sureño o de otro lugar, podría culparme por unirme a la IWW».

    A medida que Harrison se volvía cada vez más crítico en público con la dirección del PS por tolerar a estos reaccionarios sureños en el partido, comenzó a sufrir represalias como miembro del PS. Finalmente, Morris Hilquitt lo expulsó del partido y él renunció a su afiliación en 1918.

    El ejemplo de Harrison demuestra el coste de las acciones de Berger y Hilquitt como líderes, no solo sus opiniones personales. Al no tomar medidas sobre la cuestión de la justicia racial y tolerar abiertamente a los elementos racistas del partido, perdieron a importantes activistas negros como Harrison. De hecho, esta actividad incluso llevó a la condena de W.E.B. Dubois en ese momento, un hombre cuyo apoyo podría haber transformado radicalmente la relación entre los trabajadores negros y el Partido Socialista. Esto sigue siendo una mancha no solo en el legado de figuras como Hilquitt y Berger, sino también en el de Debs, quien, a pesar de tener un historial mucho mejor en cuanto a opiniones personales antirracistas, tampoco supo desafiar adecuadamente el racismo de los miembros sureños del PS durante sus períodos de liderazgo en el partido.

    La oposición a la inmigración asiática

    La primera parte del artículo de Blanc repite gran parte de la horrible postura que adoptó Berger sobre la inmigración procedente de Asia. Al igual que el racismo contra los negros, esta intolerancia no era solo una cuestión personal para Berger, sino que era una característica del liderazgo del PS de esa época. El liderazgo del Partido Socialista de Berger y Hilquitt propuso argumentos tanto económicos como raciales contra la inmigración asiática y europea. Como ejemplo del argumento económico, tomemos la resolución que Hilquitt presentó en el congreso de 1907 de la Segunda Internacional, que pedía lo siguiente:

    «Por lo tanto, el Congreso declara que es deber de los socialistas y los trabajadores organizados de todos los países: 1. Asesorar y ayudar a los trabajadores inmigrantes de buena fe en sus primeras luchas en el nuevo territorio: educarlos en los principios del socialismo y el sindicalismo: acogerlos en sus respectivas organizaciones e integrarlos en el movimiento obrero del país de acogida lo antes posible. 2. Contrarrestar los esfuerzos de las representaciones engañosas de los promotores capitalistas mediante la publicación y amplia difusión de informes veraces sobre las condiciones laborales de sus respectivos países, especialmente a través de la oficina internacional. 3. Combatir con todos los medios a su alcance la importación deliberada de mano de obra extranjera barata con el fin de destruir las organizaciones sindicales, reducir el nivel de vida de la clase trabajadora y retrasar la realización definitiva del socialismo».

    Esta resolución fue rechazada en el congreso no solo por los delegados de Japón y Argentina, sino también por los delegados de Hungría, Austria e incluso el rival Partido Laborista con sede en Estados Unidos. Basta decir que fue rotundamente rechazada.

    Está claro que, a pesar de que en ocasiones criticaba incluso la inmigración europea, hay indicios de que Berger había dado un giro en esta cuestión incluso antes de la década de 1920. En un debate del congreso del Partido Socialista de 1910 citado por Blanc, Berger sostiene que, si bien Estados Unidos es capaz de «digerir» a inmigrantes europeos como él, «es completamente diferente con otras razas. Tienen su propia historia de unos cincuenta mil años. Eso no se puede deshacer en una generación, ni en dos, ni en tres». De hecho, en 1924 ya había adoptado plenamente esta postura. Blanc cita un artículo del Milwaukee Leader de ese año, en el que Berger elogia el trabajo realizado por los trabajadores irlandeses, italianos, polacos y finlandeses. Hasta se toma la molestia de añadir «incluso los negros» a esta lista, que lindo.

    Por eso parece acertado el argumento de Blanc de que, en la década de 1920, Berger había evolucionado más allá de los argumentos puramente raciales o civilizatorios contra la inmigración. Sin embargo, siguió proponiendo argumentos económicos contra la inmigración, casi exclusivamente en lo que respecta a los inmigrantes asiáticos. Blanc cita un artículo de 1921 del Milwaukee Leader como prueba de sus nuevos ideales progresistas en lo que respecta a los inmigrantes japoneses. Sin embargo, en el artículo, Berger escribió: «Sin duda, es necesario impedir la inmigración japonesa sin restricciones a Estados Unidos durante algunos años, pero no hay por qué mostrar tanta beligerancia al respecto».

    Continuó declarando que el racismo contra los japoneses no es digno de un socialista, pero luego aclaró: «La única razón legítima por la que se debe excluir principalmente a los japoneses radica en el hecho de que ponen en peligro el bienestar económico de los estadounidenses. Esto debe entenderse sin rodeos, y no basar la exclusión en motivos falsos. Debido a que ponen en peligro el bienestar económico de los estadounidenses, los estadounidenses de la costa no pueden llevarse bien con ellos. Si se permitiera la entrada de hordas de ellos, el resultado serían disturbios raciales, con un precio muy alto que pagar». Esto no es más que una recapitulación del argumento económico contra la inmigración asiática del proyecto de resolución de la Segunda Internacional del PS de 1907 y los comentarios de Berger en la convención socialista de 1910, lo que demuestra que no hubo prácticamente ninguna evolución en esta cuestión, ¡ni siquiera en una fecha tan tardía como 1924!

    La ruptura del Partido Socialista: ¿la verdadera fuente de la «evolución» de Berger?

    Lo que Blanc omite al comparar las citas de Berger antes y después de la guerra es la enorme caída de la posición del Partido Socialista provocado por la crisis de 1919. Tras la Revolución Rusa, quedó claro que había una nueva energía de izquierda en el partido que buscaba quitar a Berger y Hilquitt y sustituirlos por líderes más afines al modelo bolchevique. Al ver que esto se avecinaba, la dirección del PS, incluidos Berger y Hilquitt, actuó antes del congreso de 1919 para expulsar a los órganos del partido de izquierda y los que no hablaban inglés, incluida la totalidad de la sección de Michigan.

    Sin embargo, esto no logró impedir el ajuste de cuentas de la izquierda. En junio de 1919, los miembros del partido votaron a favor de incorporar una nueva dirección de izquierda. John Reed, el periodista que presenció y narró la Revolución Bolchevique, recibió cuatro veces más votos que Berger, el único congresista electo del partido. En respuesta, Berger, Hilquitt y la dirección de derecha simplemente ignoraron los resultados de las elecciones y organizaron un congreso de emergencia en Chicago. El antiguo Comité Ejecutivo Nacional se aseguró de que las secciones de izquierda del PS no pudieran participar en este congreso, expulsando a secciones enteras antes del congreso y, en un momento dado, incluso pidiendo a la policía que expulsara a John Reed de la sala.

    El resultado del congreso amañado estaba predeterminado, y Hilquitt, Berger y sus aliados lo utilizaron como justificación para hacerse con el control de los activos del partido. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, lejos de este congreso ficticio, algunos antiguos miembros de la izquierda del PS fundaron el Partido Comunista (PC). Esto provocó una enorme escisión y el colapso del PS, ya que muchos miembros lo abandonaron para unirse al PC.

    Los acontecimientos del verano de 1919 significaron que, aunque él y sus aliados habían logrado mantener el liderazgo oficial del PS, resultó ser una victoria pírrica para Berger y sus aliados. Según los datos disponibles sobre la afiliación, a principios de año el partido tenía 104 822 miembros, pero a finales de año se había reducido a 34 926. Aunque Berger finalmente logró conservar su escaño en el Congreso a pesar de los intentos de los partidos de la clase dominante de expulsarlo del Congreso en 1919, él y su operación partidaria en Wisconsin eran un bastión cada vez más aislado del PS, que se descomponía a nivel nacional.

    En este contexto, los intentos de la facción dirigente del PS de evolucionar la línea del partido sobre la raza y la inmigración tras este colapso aparecen bajo una luz diferente. Muchos líderes negros consideraron que era demasiado poco y demasiado tarde. De hecho, Hubert Harrison fue uno de estos críticos. En un artículo de 1920 en su periódico, New Negro, Harrison escribió sobre su antiguo partido:

    «Ahora que su partido ha perdido considerablemente el apoyo y el sentimiento popular, están dispuestos a defender nuestra causa. Bueno, agradecemos a los blancos honestos de todas partes que defienden nuestra causa, pero queremos que sepan que ya la hemos defendido nosotros mismos. Mientras ellos se negaban a diagnosticar nuestro caso, nosotros lo diagnosticamos por nuestra cuenta. Ahora que hemos prescrito el remedio, la solidaridad racial, ellos han venido con su propia receta, la solidaridad de clase. ¡Es demasiado tarde, señores! … Podemos respetar a los socialistas de Escandinavia, Francia, Alemania o Inglaterra por su trayectoria. Pero su trayectoria hasta ahora no les da derecho al respeto de aquellos que pueden ver todos los aspectos de un tema. Decimos «la raza primero» porque ustedes mismos siempre han insistido en «la raza primero y la clase después», cuando no necesitaban nuestra ayuda».

    Harrison continuó citando párrafos de un artículo contemporáneo de The Call, que demuestran que había seguido defendiendo públicamente la ciencia racial, incluso cuando el partido supuestamente había ya mejorado. La experiencia de Harrison habla del problema de la «evolución» en materia racial y del impacto que este tipo de posturas pueden tener en un partido. Cuando se produjo la evolución, muchos activistas negros que podrían haber sido aliados clave para el partido ya no estaban dispuestos a darle otra oportunidad.

    Es en materia de inmigración donde las acusaciones, como las de Harrison, de cambiar oportunistamente la línea del partido parecen más condenatorias. La realidad es que la crisis de 1919 provocó un cambio total en la composición de los miembros del partido. Antes de la crisis, en 1912, solo el 15 % de los miembros del PS habían nacido fuera del país; sin embargo, después, en 1920, la mayoría de los miembros del partido eran inmigrantes. En consecuencia, ya no era posible para personas como Hilquitt y Berger mantener su postura inicial contra la inmigración, incluso la europea, aunque parece que habían abandonado estas posiciones antes de que se produjera este cambio.

    No obstante, no está claro si Berger y la dirección del PS, de la que formaba parte, evolucionaron mucho en lo que respecta a la inmigración asiática. Es posible que se alejaron de los argumentos raciales contra la inmigración, pero los artículos citados por el propio Eric Blanc apuntan al hecho de que Berger y su periódico continuaron proponiendo argumentos económicos contra la inmigración japonesa, incluso en la década de 1920, cuando votaba en contra de las prohibiciones de inmigración en el Congreso.

    ¿Victor Berger como ejemplo a seguir?

    Entonces, ¿podemos seguir aprendiendo de Victor Berger y los socialistas de los albañales a pesar de su bagaje racial, como sostiene Eric Blanc? Por supuesto. Podemos y debemos aprender siempre de la historia del movimiento socialista en Estados Unidos. En cierto modo, Berger hasta puede seguir siendo un modelo positivo. Sería muy bueno tener un socialista independiente de los partidos Demócrata y Republicano que defendiera la independencia de clase y el socialismo en el Congreso, como hizo Berger. En el mismo sentido, su lucha por mantener su escaño frente al esfuerzo bipartidista por expulsarlo del Congreso también nos ofrece muchas lecciones positivas.

    Sin embargo, un análisis crítico de Victor Berger y los socialistas de los albañales también puede enseñarnos muchas lecciones. Por un lado, un análisis del desastroso liderazgo de Berger y Hilquitt en 1919, y su represión burocrática del ala izquierda del Partido Socialista, podría llenar un artículo completamente en si. Más relevante aún, podemos y debemos aprender mucho de un análisis crítico de las posiciones de la dirección del PS sobre la raza y la inmigración. Esto demuestra que, si bien es mejor tener opiniones antirracistas que racistas, se necesita algo más que un simple cambio para reparar el daño causado por las posiciones racistas públicas en el pasado.

    De Berger, Hilquitt y los líderes del Partido Socialista de principios del siglo XX, debemos extraer la lección de que ser los principales opositores al racismo y la intolerancia contra los inmigrantes no es solo una cuestión moral, sino que puede marcar la diferencia entre la relevancia o el colapso de nuestro movimiento entre amplios sectores de la población durante décadas, después de que nuestras acciones y palabras ya se hayan desvanecido.

    (Foto superior) Los líderes del Partido Socialista Eugene V. Debs (izquierda) y Victor Berger en 1897.

  • Minneapolis lucha contra la ocupación federal

    Minneapolis lucha contra la ocupación federal

    Por N. IRAZU

    Minneapolis está bajo una ocupación paramilitar por parte del gobierno federal. Desde diciembre, la «Operación Metro Surge» ha desplegado más de 3000 hombres armados y enmascarados de varias agencias del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), incluyendo ICE y CBP, más que en cualquier otra ciudad. Se está secuestrando a personas en la calle, se las mete en camiones sin distintivos y desaparecen. Se encuentran coches abandonados con las llaves aún en el contacto, recuerdos de las redadas del ICE. Están derribando puertas sin órdenes judiciales e interrogando a las familias para que revelen la ubicación de sus vecinos inmigrantes. Se utiliza a los niños como cebo para atraer a los miembros de la familia y deportarlos.

    Hasta ahora, dos activistas han sido asesinados, otros dos han recibido disparos y muchos otros han sido atacados con gases lacrimógenos y brutalmente maltratados. En respuesta, la gente de Minneapolis se ha organizado calle por calle y manzana por manzana para apoyarse mutuamente y hacer frente a la violenta ocupación de su ciudad. En sus organizaciones comunitarias y sindicatos, han salido a organizar acciones locales y masivas en la lucha por expulsar al ICE de sus comunidades.

    Anatomía del terror de Estado

    El 7 de enero, Jonathan Ross, un agente armado y enmascarado del ICE, disparó tres tiros a la cabeza de Renée Good y la llamó «puta de mierda». Sus compañeros se aseguraron de que muriera negándole atención médica, haciendo caso omiso de las súplicas de un médico que se encontraba en el lugar. Por si fuera poco, la reacción inmediata del gobierno federal fue defender al pistolero a capa y espada, presentándolo como una persona que «temía por su vida». Cómo un veterano de 10 años del militarista ICE como Ross podía tener tanto miedo de una madre desarmada de tres hijos que acababa de dejar a su hijo en la escuela y que simplemente observaba su operación, sería desconcertante si no fuera una patética invención inventada para encubrir un asesinato patrocinado por el Estado.

    Esta espantosa secuencia de acontecimientos se repitió el 24 de enero, cuando seis agentes del ICE rodearon y golpearon a Alex Pretti, un enfermero de 37 años, antes de asesinarlo. Pretti se encontraba en el lugar de una redada documentando al ICE e intentando ayudar a una mujer que había sido tirada al suelo por los mismos agentes. A continuación, tiraron a Pretti al suelo, lo golpearon y le rociaron con spray pimienta. Mientras estaba cegado por el spray pimienta y tirado en el suelo, un agente del ICE le disparó diez balas, matándolo. Aunque Pretti estaba armado, en ningún momento desenfundó su arma ni representó ninguna amenaza para los agentes, y de hecho fue desarmado por los mismos agentes antes de ser disparado. Minnesota es un estado en el que se permite el porte abierto de armas.

    Una vez más, el gobierno federal calificó a una víctima asesinada por el Estado como «terrorista nacional». El 14 de enero, agentes del ICE intentaron asesinar a Julio César Sosa-Celis. Le dispararon en la pierna delante de su casa y, de nuevo, los agentes mintieron sobre las circunstancias, hasta que salió a la luz un vídeo que demostraba que Sosa-Celis no había supuesto ninguna amenaza para ellos.

    En Minneapolis, los trabajadores sufren a diario represión y persecución. Los agentes del ICE han lanzado gases lacrimógenos a una familia de ocho personas en su coche, incluido un bebé que necesitó reanimación cardiopulmonar. Han invadido escuelas y secuestrado autobuses escolares para secuestrar a niños. Liam Conejo Ramos, de cinco años, y su padre fueron secuestrados cuando regresaban del preescolar y enviados rápidamente al otro lado del país, a un campo de concentración de Texas. Los detenidos en este mismo campo protestaron contra su encarcelamiento, coreando «¡Libertad!».

    Hay informes procedentes de trabajadores sanitarios de Minneapolis que hablan de agentes enmascarados que vigilan clínicas y hospitales y siguen a los pacientes hasta las instalaciones, así como de profesionales que tratan lesiones incompatibles con lo que informan las autoridades (léase: el ICE secuestró a personas, las maltrató y mintió sobre las circunstancias).

    La oleada de agentes del ICE en Minneapolis ha dado lugar al secuestro de más de 2400 personas en las ciudades gemelas de Minneapolis-St. Paul desde el inicio de la operación. Con miles de agentes recorriendo las calles, el Departamento de Guerra ha amenazado ahora con enviar 1500 soldados adicionales para participar en la ocupación.

    El liderazgo político

    Renée Good y Alex Pretti fueron asesinados por agentes del ICE que ocuparon Minneapolis en parte debido a un bulo en Internet en el que se basó la administración Trump para llevar a cabo la «Operación Metro Surge». El bulo se hizo viral gracias a Nick Shirley, una personalidad de Internet de 22 años que hizo afirmaciones falsas sobre una estafa multimillonaria en los servicios de guardería gestionados por inmigrantes somalíes.

    Todas las operaciones del ICE se basan de alguna manera en una realidad falsa que presenta a los trabajadores inmigrantes como delincuentes, distorsionando la imagen de lo que realmente son los inmigrantes: una parte esencial de la clase trabajadora, integral a la vida cultural y económica de este país. Sin esta cobertura ideológica, no sería posible que el gobierno mantuviera el apoyo al secuestro y la desaparición de personas.

    Hay que engañar a millones de personas. Los aliados de los inmigrantes contra este régimen terrorista, como Good y Pretti, corren el riesgo de ser asesinados y de que el Departamento de Seguridad Nacional los tilde de «terroristas» por no someterse a esta narrativa. Trump dijo que, dado que Good era «muy irrespetuosa con las fuerzas del orden», merecía morir. Lo mismo se ha dicho de Pretti.

    Tras el asesinato de Good, el vicepresidente J.D. Vance afirmó que Jonathan Ross tenía «inmunidad absoluta». Esto pretendía ser una luz verde concedida a los agentes del ICE por el Gobierno federal que decía: «No teman asesinar a activistas, adelante, comete actos violentos contra la población de este país, nosotros los respaldaremos». El Gobierno federal está en pie de guerra contra los trabajadores, tanto en el país como en el extranjero.

    Al otro lado del «espectro» político dominante, los líderes políticos electos de la ciudad han abandonado a la población a su suerte. Tim Walz, gobernador de Minnesota, ha movilizado a la Guardia Nacional. Sin embargo, cualquier ilusión de que lo hace para enfrentarse a la ocupación federal es errónea. Está movilizando a la Guardia Nacional porque recuerda la explosión popular de 2020 que tuvo su epicentro en Minneapolis. No quiere que se repita esta experiencia que enfrentó a las masas trabajadoras contra los políticos demócratas y republicanos por igual. Una y otra vez, insta a los que están en las calles a «mantener la calma».

    Walz nos asegura que, aunque apoya las protestas pacíficas, busca una solución a este caos a través de los canales institucionales burgueses. Le dice a la gente de Minneapolis que «vayan a votar, lucharemos en los tribunales, etc.». Su intención es llevar a un callejón sin salida al movimiento que tiene el potencial de enfrentarse a todo el aparato estatal asesino. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, ha dicho muchas palabrotas contra el ICE, pero en un mundo en el que las acciones hablan más que las palabras, ¡el silencio de sus acciones hace que sus mandatos sean meros susurros!

    La Orden Fraternal de Policía de Minnesota emitió un comunicado en el que dice que «apoya al ICE», y los informes sobre el terreno indican que el Departamento de Policía de Minneapolis cubre las espaldas de los agentes del ICE mientras estos lanzan gases lacrimógenos a los manifestantes. Esto no debería sorprendernos si entendemos que el trabajador que cruza la línea para convertirse en policía (o en agente del ICE, para el caso) traiciona y abandona a su clase al servicio del Estado capitalista. No habrá salvación por parte de los políticos o las instituciones que se basan en la misma explotación y opresión capitalistas que el ICE y Trump. Los trabajadores y los oprimidos deben confiar en sí mismos y en sus aliados cercanos en su lucha.

    Organización de base

    Las calles de las Ciudades Gemelas se han convertido en un campo de batalla político y físico entre las fuerzas de ocupación y las masas de personas que consideran la ciudad su hogar. Los informes sobre el terreno indican que, dentro de la contraofensiva generalizada, hay un fervor por la acción que ha conectado y reconectado a trabajadores, estudiantes y comunidades para luchar, lo que recuerda a la respuesta de la ciudad tras el asesinato de George Floyd en 2020.

    Las organizaciones con mayor reconocimiento y recursos pueden llevar a cabo diariamente entrenamientos de respuesta rápida contra el ICE para miles de personas. Los grupos de respuesta rápida se han extendido por barrios enteros y calles individuales, con chats de Signal de cientos de vecinos. Estos están interconectados con otros chats de vecinos, creando una red de organización que permite una respuesta inmediata a la actividad del ICE en cualquier parte de la ciudad. Cuando el ICE aparece en un barrio, la gente puede estar allí en un minuto y, en ocasiones, salen cientos de personas.

    En una reunión de May Day Strong, un organizador informó de que al menos el 4 % de cada barrio participaba en estas redes. Esto significa que se han sentado las bases para una sólida organización comunitaria de base. Como activistas, debemos organizarnos para aumentar el tamaño de estas redes y avanzar hacia su consolidación mediante asambleas locales masivas abiertas a todos los miembros de nuestras comunidades. Podríamos elegir líderes, votar nuestras demandas, coordinar la ayuda mutua y defender eficazmente nuestras comunidades contra las bandas itinerantes de hombres armados y enmascarados que ocupan Minneapolis. Estas redes, si se pueden consolidar en asambleas comunitarias de abajo hacia arriba, vinculadas entre sí, podrán coordinar la lucha en toda la ciudad.

    El terror de Estado está a la orden del día. La administración no dará marcha atrás a menos que se enfrente al verdadero poder de la clase trabajadora. Dado que son las manos de los trabajadores las que hacen funcionar la economía, también son las manos de los trabajadores las que pueden paralizarla. La clase trabajadora organizada tiene el poder de poner palos en las ruedas de la producción y la circulación capitalistas, golpeando el corazón de la clase capitalista dominante que apoya al régimen de Trump. El Día de Acción del 23 de enero en Minneapolis nos dio una idea de este potencial.

    El poder de los sindicatos: 23 de enero

    Con temperaturas que alcanzaron los -20 grados Fahrenheit con sensación térmica, decenas de miles de trabajadores, estudiantes, pequeños comerciantes y miembros de la comunidad marcharon por el centro de Minneapolis para repudiar la ocupación de su ciudad. Aunque las estimaciones oscilan entre 50 000 y 100 000 personas en las calles, fue, según todos los indicios, una demostración de fuerza monumental. «Todo el mundo acudió», informó In These Times.

    La insoportable persecución, los secuestros y los asesinatos llevados a cabo por el Gobierno federal en las Ciudades Gemelas aumentaron el número de personas que sienten que es su deber hacer algo, lo que sea, para poner fin a esta barbarie. En los sindicatos, los líderes sintieron la presión de sus bases para participar en el movimiento.

    El Día de Acción nació de una reunión de organizaciones comunitarias, religiosas y sindicales tras el asesinato de Good. Convocaron el Día de la Verdad y la Libertad: «Sin trabajo, sin colegio, sin compras». SEIU Local 26, UNITE HERE Local 17, CWA Local 7250, ATU 1005 y otros sindicatos locales y organizaciones comunitarias respaldaron la convocatoria del Día de Acción, con una manifestación a las 2 de la tarde en el centro de Minneapolis.

    También fue respaldado por la federación sindical AFL-CIO, que declaró: «Los trabajadores, nuestras escuelas y nuestras comunidades están siendo atacados. Los miembros de los sindicatos están siendo detenidos cuando van y vienen del trabajo, lo que está destrozando familias. Los padres se ven obligados a quedarse en casa, los estudiantes no pueden ir a la escuela por temor a perder la vida, mientras que la clase patronal permanece en silencio. Nuestras federaciones sindicales animan a todo el mundo a participar el 23 de enero. Es hora de que todos los habitantes de Minnesota que aman este estado y la noción de verdad y libertad alcen sus voces y profundicen su solidaridad con nuestros vecinos y compañeros de trabajo que viven bajo esta ocupación federal».

    El Día de Acción del 23 de enero fue, en efecto, una huelga masiva, tal y como expresó el presidente de CWA Local 7250, Kieran Knutson, en una llamada con el autor de este artículo. Especificó que, aunque el sindicato animaba a sus miembros a tomarse un día libre por enfermedad y participar, no estaba convocando una huelga. Otros sindicatos hicieron lo mismo. ATU 1005 aclaró en su página de Facebook que, aunque apoyaban la acción, no podían decir a sus miembros que se tomaran un día libre en el trabajo.

    Pero eso no debe llevarnos a subestimar la importancia de este día. Los sindicalistas y organizadores sobre el terreno informan de que algunos lugares de trabajo cerraron por completo, mientras que en otros se produjo un 30 % de absentismo laboral, y los directivos tuvieron que realizar el trabajo de los trabajadores para mantenerlos abiertos. En el aeropuerto de Minneapolis, la principal vía por la que se deporta a los inmigrantes secuestrados, un representante de UNITE HERE declaró a In These Times: « Muchos trabajadores del aeropuerto afiliados a su sindicato no acudieron al trabajo el viernes para apoyar el cierre, y muchos de ellos se dieron de baja por enfermedad».

    Aunque la baja masiva y la protesta no paralizaron la economía, ahora se está debatiendo la posibilidad de organizar una verdadera huelga general política. El Día de Acción abre el espacio para hablar con nuestros compañeros de trabajo sobre nuestro poder colectivo y para formar comités de trabajadores que presionen a los líderes de nuestros sindicatos para que pongan a estos en primera línea de esta lucha.

    La imaginación se ha disparado: podríamos organizar reuniones masivas de miles de trabajadores, en representación de cientos de miles de trabajadores, en una conferencia masiva del movimiento obrero, para debatir y decidir cómo llevar a cabo una huelga general. Los sindicatos pueden y deben ser tanto la lanza como el escudo de nuestras comunidades contra la ocupación. Hay mucho que aprender de la histórica huelga general de Minneapolis en 1934, cuando el sindicato Teamsters Local 544 lideró una batalla contra los patrones, la policía y las bandas fascistas para convertir Minneapolis de una ciudad sin sindicatos en una ciudad sindical.

    Convocada por el movimiento sindical, una huelga general política sería una fuerza seria que detendría en seco al ICE y a la administración Trump. Pondría en tela de juicio todo el podrido sistema capitalista que está desapareciendo y asesinando a nuestros vecinos. ¿Quién merece dirigir la sociedad: gente como Trump, Vance y Miller, o las heroicas masas trabajadoras que salen a la calle todos los días para defenderse unas a otras?

    Foto: Tim Evans / MPR News

  • En la línea de piquete en Nueva York: las enfermeras y su lucha determinada

    En la línea de piquete en Nueva York: las enfermeras y su lucha determinada

    Por LENA WANG

    Hoy, 27 de enero, se cumple el decimosexto día de la mayor huelga de enfermeras en la historia de la ciudad de Nueva York. El 12 de enero, más de 15 000 enfermeras de 10 hospitales de los sistemas NewYork-Presbyterian, Mount Sinai y Montefiore se declararon en huelga junto con la Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York (NYSNA) para exigir mejoras en la seguridad de los trabajadores y los pacientes, así como mejores prestaciones sanitarias, condiciones laborales y salariales.

    En el piquete de Mount Sinai-West, Mary, una enfermera de la UCI que lleva más de siete años trabajando en el hospital, declaró a La Voz de los Trabajadores que «lo principal por lo que luchamos es por unas ratios de personal seguras y por la asistencia sanitaria».

    «Las enfermeras también necesitan asistencia sanitaria», afirmó Mary. «Estoy intentando formar una familia, y tener un hijo es muy caro». Aunque trabaja en Mount Sinai, su actual plan de salud no cubre los servicios del sistema hospitalario de Mount Sinai. Mary señaló que una mejor atención sanitaria es una demanda especialmente importante para las numerosas enfermeras veteranas de más edad, que llevan décadas trabajando en el hospital.

    Muchas enfermeras de más edad en el piquete coincidieron con ella, incluida Julie, una mujer cercana a la jubilación que lleva más de 30 años trabajando como enfermera. Julie destacó que las ratios de personal seguras son igualmente cruciales para su bienestar. «Normalmente, podríamos atender a los pacientes en una ratio de 1 a 2, y algunos incluso necesitan atención individualizada, especialmente los bebés en la UCI», dijo. «Pero a veces nos asignan el cuidado de cuatro o cinco pacientes a la vez, y ni siquiera podemos tomarnos un descanso».

    Varias enfermeras denunciaron haber sido acosadas y agredidas por pacientes insatisfechos y por sus familias, que consideraban que no recibían suficiente atención por parte del personal, sobrecargado de trabajo. Según la NYSNA y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH), la violencia en el lugar de trabajo ha ido en aumento en los entornos hospitalarios, y las enfermeras y los auxiliares de atención directa son las víctimas más comunes.

    «Ocurre constantemente», dijo Julie. «Empiezan a gritarte y a pegarte, y ni siquiera puedes defenderte. Y cuando llamamos a seguridad, la enfermera ya está herida y no hay apoyo. A veces, incluso se culpa a la enfermera».

    Los jefes de los hospitales han respondido a las demandas de los huelguistas con tácticas antisindicales y deshonestidad. Los hospitales ofrecieron a 1400 enfermeras temporales hasta 9000 dólares a la semana por cruzar el piquete, mientras que la dirección de Mount Sinai y Montefiore difundió información errónea para presentar a las enfermeras en huelga como codiciosas, exigiendo aumentos salariales del 40 % y un salario medio de 250 000 dólares. El sindicato respondió que las cifras eran engañosas y exageradas, ya que incluían el coste de la asistencia sanitaria y las prestaciones y no tenían en cuenta la diferencia en las escalas salariales de las enfermeras con títulos avanzados y certificaciones especializadas.

    El Consejo Central Laboral de Nueva York informa de que «la dirección amenaza con recortar la asistencia sanitaria de las enfermeras de primera línea, se niega a aceptar medidas de protección contra la violencia en el lugar de trabajo, a pesar de los dos recientes incidentes de violencia en los hospitales de la ciudad de Nueva York, y trata de deshacer las normas de seguridad en la dotación de personal que las enfermeras consiguieron para los neoyorquinos cuando se declararon en huelga hace tres años».

    Los huelguistas de la NYSNA acudieron a la manifestación del 23 de enero en Union Square en solidaridad con Minneapolis, uniéndose a más de una docena de sindicatos para vincular su lucha laboral con la lucha por los derechos de los inmigrantes. «Como parte de nuestras reivindicaciones contractuales, pedimos a los hospitales que hagan lo que les corresponde para garantizar la seguridad de nuestros pacientes inmigrantes», dijo un representante de la NYSNA, dirigiéndose a los asistentes a la manifestación. «Eso incluye mantener al ICE fuera de los hospitales y negarse a colaborar con él».

    El 25 de enero, la NYSNA también compartió en Instagram una declaración de National Nurses United en la que exigía justicia por el asesinato de Alex Pretti, enfermero titulado, a manos de agentes de la CBP: «Las enfermeras del país, cuya misión es cuidar y salvar vidas humanas, están horrorizadas e indignadas por el hecho de que los agentes de inmigración hayan vuelto a cometer un asesinato a sangre fría de un observador público que no representaba ninguna amenaza para ellos. … Los agentes del ICE han estado secuestrando a personas trabajadoras —madres, padres e hijos— y ahora han asesinado a una enfermera titulada, una de las profesiones más respetadas del país.

    «National Nurses United pide que se vote en contra del proyecto de ley de asignaciones para la Seguridad Nacional que se someterá a la aprobación del Senado la próxima semana y exige al Congreso que elimine por completo el ICE».

    El movimiento por los derechos de los inmigrantes es inseparable de la lucha laboral. Más de una cuarta parte de las enfermeras de la ciudad son inmigrantes y, como han demostrado las enfermeras de Nueva York en huelga, los trabajadores están dispuestos a aprovechar su poder laboral para defenderse a sí mismos y a sus comunidades. Los proyectos de base para defender Nueva York de las medidas represivas contra la inmigración, como Hands Off NYC, deben mostrar una clara solidaridad con el movimiento sindical. ¡Imaginemos que los miles de asistentes a las manifestaciones, las sesiones de «Conoce tus derechos» y los cursos de formación sobre la vigilancia del ICE se unieran, fueran puerta por puerta y llevaran a todos nuestros vecinos al piquete de las enfermeras!

    Foto: AP

  • ¡Manos fuera de Groenlandia! ¡Abolición de la OTAN!

    ¡Manos fuera de Groenlandia! ¡Abolición de la OTAN!

    By M.A. Al GHARIB

    Las amenazas de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia en las primeras semanas del nuevo año siguen siendo inquietantes. Consideradas al principio de su segundo mandato como una broma o como un intento de «negociar» con Europa, hoy en día las amenazas no son ninguna broma. Antes de que diera marcha atrás, existía un temor palpable, sobre todo en Groenlandia, pero también en Europa, Norteamérica y, en realidad, en todo el mundo, de que Trump pudiera iniciar otra guerra mundial. Ahora ha rebajado la amenaza militar, pero solo después de una sorprendente demostración de fuerza en el Foro Económico de Davos, en Suiza.

    Trump dio marcha atrás tras declarar que había conseguido «todo lo que queríamos» en las conversaciones con el secretario de la OTAN, Mark Rutte, en Davos el 21 de enero. Los términos del «marco de un futuro acuerdo» siguen siendo confusos, aunque, según se informa, concederían a Estados Unidos la propiedad de las bases militares en Groenlandia y ciertos derechos para extraer minerales allí. El 25 de enero, una alta funcionaria de Groenlandia, Naaja Nathanielsen, insistió en que su Gobierno aún no había «recibido ninguna propuesta» y que «renunciar a la soberanía de Groenlandia no está sobre la mesa por ahora».

    No nos equivoquemos, la amenaza contra Groenlandia sigue vigente, aunque es muy fácil imaginar que el siempre errático Trump se despierte un día y decida dar un giro de 180 grados. Al igual que el ataque de Trump a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Celia Flores, las amenazas contra Groenlandia demuestran que el imperialismo estadounidense se ha vuelto cada vez más disfuncional, más personalizado y, en consecuencia, más peligroso.

    El imperialismo estadounidense siempre ha sido una amenaza para el mundo

    Todavía existe mucha nostalgia liberal por una supuesta era anterior y mejor del imperialismo estadounidense, aunque los liberales utilizarían palabras como «orden basado en normas» en lugar de «imperialismo». A continuación, analizamos cómo la versión MAGA y ultraderechista del imperialismo estadounidense está tomando una trayectoria cualitativamente diferente en comparación con las iteraciones pasadas. Sin embargo, aquí debemos hacer una pausa para destacar que los indigenas y los pueblos de innumerables países con mayoría negra y morena en todos los continentes señalarían que Estados Unidos nunca ha tenido ningún problema en violar la soberanía nacional y masacrar a millones de personas para servir a los intereses del capitalismo estadounidense.

    Al igual que en anteriores ejercicios del imperialismo brutal por parte de Estados Unidos, los líderes de la administración, en este caso, están motivados en última instancia por intereses materiales y políticos. También en este caso hablan abiertamente de la riqueza mineral de Venezuela y Groenlandia, y de los combustibles fósiles y los minerales «raros» en enormes cantidades. Las amenazas del secretario de Estado Rubio de un cambio de régimen en Cuba son una escalada del asedio que el imperialismo yanqui ha impuesto a la nación insular durante las últimas seis décadas.

    Otra continuidad es el intento de asegurar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental. Incluso el secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset, una persona poco inclinada a criticar el discurso sobre los «valores occidentales» y «la importancia de la alianza de la OTAN», lo admitió recientemente en un artículo de opinión del New York Times: «El temor es que una Groenlandia independiente pueda algún día acercarse a la órbita de Rusia o China, colocando sus armas a las puertas de Estados Unidos. Sería una repetición ártica de la Bahía de Cochinos».

    ¿Es diferente esta vez?

    Se trata de la misma vieja paranoia estadounidense sobre cualquier país, especialmente uno con una población mayoritariamente indígena, que siquiera contemple la independencia. Pero también sería una tontería estratégica descartar las diferencias entre la expresión actual del imperialismo estadounidense y las anteriores. Si bien hay continuidades en cuanto al contenido del imperialismo estadounidense bajo Trump, la diferencia en la forma es de gran importancia.

    Esto está relacionado con la profunda crisis de ese proyecto imperialista. Los anteriores presidentes de Estados Unidos rara vez, o nunca, dejaron de encubrir sus acciones depredadoras con el lenguaje de los fines superiores: promover la democracia, hacer el mundo más «pacífico» o «libre», «liberar a las mujeres morenas de los hombres morenos», etc. Esta vez, el presidente y sus colaboradores más cercanos admiten abiertamente la verdad de lo que están haciendo.

    Y lo que es más importante, tal y como prevén los nuevos documentos de estrategia nacional publicados a finales de 2025, Estados Unidos ve ahora el mundo en términos de la «supervivencia del más apto» schmittiana o darwinista social.

    Como dijo Stephen Miller, el ideólogo más abiertamente fascista de la administración, en una entrevista con la CNN a principios de enero, «vivimos en un mundo, en el mundo real… que se rige por la fuerza, que se rige por la violencia, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo». En otras palabras, Estados Unidos, incapaz de mantener su hegemonía global, recurrirá ahora cada vez más al lado duro de su poder.

    Un reciente artículo de Erwin Freed en La Voz de los Trabajadores resume bien las implicaciones de estos documentos: «En conjunto, los tres informes pintan un panorama en el que la posición internacional del imperialismo estadounidense pasa de un dominio indiscutible a verse obligado a negociar su lugar en un nuevo orden mundial. Aunque Estados Unidos conserva su superioridad económica y militar, los grandes avances tecnológicos de China y su control de sectores estratégicos están reduciendo rápidamente la brecha. Todos los informes apuntan a un sistema económico mundial que se enfrenta al estancamiento y a conflictos cada vez más agudos entre las grandes potencias.

    La OTAN en crisis; el imperialismo chino en primer plano

    Otra novedad profundamente inquietante es el lenguaje bélico —tanto en el ámbito comercial como en el literal o «cinético»— entre los aliados de la OTAN. Antes de que Trump retirara sus amenazas militares, los funcionarios europeos discutían abiertamente la imposición de sanciones a las empresas tecnológicas estadounidenses. Los boicots a los productos y servicios estadounidenses se están convirtiendo en la norma entre la población de Europa y Canadá.

    La historiadora y bloguera estadounidense Heather Cox Richardson también señaló lo siguiente en su boletín diario, con fecha del 18 de enero: «A pesar de todas las bravuconadas de Trump sobre el comercio estadounidense, el mundo parece seguir adelante sin Estados Unidos». El primer ministro de Canadá, Mark Carney, visitó Pekín esta semana, la primera visita de un primer ministro canadiense a China desde 2017. El viernes, Canadá rompió con Estados Unidos y llegó a un importante acuerdo con China, reduciendo sus aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos a cambio de que China bajara sus aranceles sobre las semillas de canola canadienses. Carney publicó en las redes sociales: «La relación entre Canadá y China ha sido distante e incierta durante casi una década. Estamos cambiando eso, con una nueva asociación estratégica que beneficia a los pueblos de ambas naciones».

    Poco después, Carney pronunció un discurso en Davos en el que habló sin rodeos de una «ruptura» en la alianza de la OTAN causada por la malicia de Trump y pidió a las «potencias medias» —aquellas potencias secundarias tradicionalmente bajo la hegemonía de Estados Unidos, China o Rusia— que se unieran y propusieran una alternativa al dominio fascista de MAGA y al imperialismo chino. Sin embargo, la política de Carney, que promueve el capital financiero y la industria de los combustibles fósiles de Canadá, es incapaz de abordar —y mucho menos resolver— las contradicciones que generan las crecientes crisis y toxicidades de nuestro tiempo. Solo una lucha socialista masiva e internacional contra el imperialismo puede hacerlo. Pero el grado en que el discurso puso de manifiesto una profunda y probablemente irreparable fractura dentro del imperialismo occidental fue sorprendente, aunque no inesperado.

    Autodeterminación para Groenlandia

    A menudo se pierde en los debates sobre la OTAN, Trump, Estados Unidos, Europa y China el hecho de que casi el 90 % de los 60 000 habitantes de Groenlandia son de ascendencia indígena inuit groenlandesa. Las amenazas absolutamente despreciables de Trump muestran en toda su ignominia el racismo y la mentalidad colonialista que impregna cada fibra de este hombre y que él y sus seguidores glorifican. Pero el tono más suave de Dinamarca contradice su propia historia de colonialismo.

    La colonización de Groenlandia por parte de Dinamarca se remonta a principios del siglo XVIII. Durante la mayor parte de ese tiempo hasta la actualidad, la primera trató a la segunda de una manera típica de la colonización de pobladores, incluyendo, hasta la década de 1990, un programa de anticoncepción forzada de cientos de mujeres groenlandesas. A pesar de la disculpa oficial del Gobierno danés y del intento de indemnizar a las víctimas de este crimen, las comunidades groenlandesas siguen viviendo con el trauma y el daño físico que esto les causó.

    El movimiento independentista groenlandés presionó al Reino de Dinamarca para que concediera a Groenlandia el estatus de autonomía en 1979. En 2024, justo antes de las amenazas de Trump, el movimiento independentista contaba con el apoyo del 60 % de la población en las encuestas. El año pasado, y especialmente en los últimos meses, se ha producido un retroceso en la demanda de independencia total, y la mayoría de los groenlandeses afirma ahora que, si tuvieran que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca, preferirían a Dinamarca, con su red de seguridad social y su previsibilidad en los asuntos internacionales.

    La idea de la independencia total, por ahora, ha quedado en segundo plano, ya que los groenlandeses han llegado a la conclusión, bastante razonable, de que su escasa población y su falta de capacidad defensiva los convertirían en presa fácil de la insaciable bestia colonial estadounidense.

    Por una abolición emancipatoria y obrera de la OTAN

    Si el momento actual supone una crisis existencial para la OTAN, nosotros, como socialistas revolucionarios, no lamentaremos la desaparición de esta banda imperialista de gánsteres. Fundada como una alianza de países imperialistas con el objetivo de hacer retroceder a la Unión Soviética —y, en términos más generales, a una alternativa socialista— después de la Segunda Guerra Mundial, el verdadero papel de la OTAN durante los últimos 80 años ha sido el de la principal organización anticomunista del mundo. Se ha posicionado como el enemigo implacable de la emancipación de los pueblos colonizados y anteriormente colonizados del mundo, como un caballo de Troya del imperialismo estadounidense.

    Por lo tanto, aunque luchamos junto a cualquiera que luche contra Trump y su movimiento ultraderechista MAGA, también dejamos claro que apoyamos la abolición de la OTAN. Pero la abolición de la OTAN solo puede evitar que el mundo se hunda en más ciclos de violencia y guerra si es liderada por movimientos de masas desde abajo, como parte de una visión emancipadora y socialista de la sociedad. Si se permite que el colapso de la OTAN se produzca al estilo trumpista, esto significará simplemente aceptar el reparto del mundo en «esferas de influencia». Esto no es un mal menor en relación con el statu quo, sino que significa exacerbar sus peores aspectos.

    Como argumentamos en nuestro llamamiento a la abolición de la OTAN en el momento de la invasión rusa de Ucrania, «al igual que la clase trabajadora es la única clase que produce la riqueza de la sociedad, es la única fuerza social que puede poner fin a las guerras de forma permanente».

    ¡Manos fuera de Groenlandia! ¡Manos fuera de Venezuela! ¡Por la abolición de la OTAN!

    Foto: Un niño sostiene un mapa tachado de Groenlandia coronado por un peluquín que simboliza al presidente estadounidense Donald Trump, durante una protesta contra la política de Trump hacia Groenlandia frente al consulado estadounidense en Nuuk, Groenlandia, el 17 de enero. (Evgeniy Maloletka / AP)

  • Reseña musical: «What of Our Nature»

    Reseña musical: «What of Our Nature»

    Por EMMA GRACE

    Yo ya era fan de Haley Heynderickx. Su último álbum, What of Our Nature («Que de nuestra naturaleza»), realizado con su colaborador habitual Max García Conover, me gusto al nivel musical tanto como al nivel político.

    Heynderickx, filipino-estadounidense, y Conover, puertorriqueño-estadounidense, intentaron escribir el álbum «al estilo de Woody Guthrie», una leyenda de la música folklórica, famoso por canciones como «This Land is Your Land» (Esta Tierra Es Tu Tierra), con una etiqueta en el frente de su guitarra que decía «esta máquina mata fascistas».

    Aunque nunca fue miembro formal del Partido Comunista, Guthrie contaba con el favor de su prensa y de las importantes instituciones culturales de la época, y algunas de sus piezas más famosas encajaban perfectamente con la estrategia del «frente popular» del PC de los años 30 y 40, adoptando acercamientos a los líderes capitalistas de Washington (por ejemplo, «Dear Mrs. Roosevelt») junto con conmemoraciones de la lucha de clases (por ejemplo, «1913 Massacre»). En consecuencia, sus canciones se escuchan en los eventos de la derecha igual como en los de la izquierda (aunque los que les escuchan Guthrie desde la derecha se saltan las estrofas incómodas que se identifican con la clase trabajadora y los oprimidos).

    No diría que las canciones de Heynderickx y Conover sean tan emblemáticas como las de Guthrie, pero profundizan bien en temas como la inmigración, las penurias del capitalismo y la historia del trabajo.

    La música folklórica norteamericana proviene de los trabajadores y los pequeños agricultores. A menudo se deriva de las canciones de trabajo, que los trabajadores cantaban mientras trabajaban, incluso si estaban acorralados con cadenas de presos. Los «hollers» (literalmente “llantos”, canciones de trabajo) afroamericanos constituyeron la base para el nacimiento del blues, que se convirtió en una influencia importante para la música folk estadounidense. La idea de la música folklórica como categoría musical diferenciada no comenzó realmente hasta los años veinte y treinta, cuando Alan Lomax, un folclorista estadounidense, comenzó a grabar canciones folklóricas del sur. Las canciones de trabajo desaparecieron en gran medida con los últimos «Gandy dancers» en la década de 1970. Eran trabajadores ferroviarios conocidos por cantar y bailar mientras colocaban las vías. Sin embargo, el folklórico como categoría despegó.

    Parece más apropiado comparar What of Our Nature con artistas folklóricas como Lead Belly (Hudie William Ledbetter), Phil Ochs o Joan Baez. Lead Belly era un artista negro del folklórico y el blues, que cantaba sobre el racismo, la vida en prisión y el pastoreo de ganado, y fue descubierto por Alan Lomax y su padre, John. Phil Ochs y Joan Baez se hicieron famosos como cantantes protestantes, acompañando manifestaciones contra la guerra, manifestaciones por los derechos civiles y eventos sindicales durante la época de la Guerra de Vietnam. Estos son artistas que, en mi opinión, se acercan un poco más a la forma en que Heynderickx y Conover escriben sobre política.

    «Solo ganan dinero con nuestras luchas» es una frase de la canción «To Each Their Dot» («A cada uno su puntito»). What of Our Nature contiene letras hermosas y poéticas que expresan lo que es vivir en un mundo en el que el capitalismo ha fallado por repetido a los trabajadores. Donde la gente está encerrada «sin juicio, sin cargos y sin condena» («Song for Alicia»). Donde parece que tenemos que vender nuestra alma para triunfar en el mundo del arte, y en un mundo de «policías asesinos y salarios de miseria en las minas de carbón» («Cowboying»). Estos temas no son nuevos en el género folklórico, pero para la escena musical indie de la que proceden, son un respiro de aire dulce.

    Heynderickx y Conover expresan estos sentimientos de aflicción de una manera que es a la vez pegadiza y extrañamente reconfortante. Mientras la migra sigue secuestrando a personas en la calle y se despide a gente de sus puestos de trabajo por sus creencias políticas sin el debido proceso, es importante que la música y el arte reflejen lo que ocurre en la vida real. El único aspecto que falta en el álbum fue la cuestión de cómo debemos luchar y organizarnos. Sin embargo, aunque no impartan directamente lecciones de estrategia política, Heynderickx y Conover expresan con elocuencia y franqueza las opresiones a las que nos enfrentamos y las luchas que libramos.

    Foto: Haley Heynderickx

  • Intervencionismo norteamericano en Venezuela, control político y sed de petróleo

    Intervencionismo norteamericano en Venezuela, control político y sed de petróleo

    Por LEONARDO ARANTES

    El imperialismo norteamericano ha concretado un bombardeo a Venezuela, secuestrando además al dictador Nicolas Maduro, presidente del país. Este gravísimo hecho constituye un acto de guerra, que amenaza y afecta no sólo a Venezuela sino al resto de Latinoamérica, y que nada tiene que ver con la razón esgrimida por el ultraderechista presidente de los EE.UU. Donald Trump de “combate al narcotráfico”.

    Cuáles son las verdaderas razones de esta ofensiva intervencionista en Venezuela?, cuál ha sido el marco previo?, cómo evolucionaron los hechos?, cuáles son sus implicaciones y consecuencias?, cuál es la estrategia de conjunto del imperialismo norteamericano para Venezuela y el resto de la región?, qué perspectivas se abren?, cuál es la dinámica del régimen chavista a partir de estos hechos?, qué programa, política y cómo debemos actuar los revolucionarios para enfrentar la estrategia del imperialismo norteamericano?; son cuestiones que intentaremos abordar en el presente artículo.

    Presión política y despliegue militar

    Consideramos que es pertinente describir y analizar el contexto político y los acontecimientos que antecedieron los eventos suscitados en los primeros días del mes de enero de 2026.

    Desde la primera quincena de agosto de 2025, los EE.UU., bajo el argumento de la supuesta “lucha contra el narcotráfico”, inició un desproporcionado despliegue armamentístico en las costas del caribe y Latinoamérica, con especial cercanía a las costas venezolanas. Previo a esto, el jefe de Estado norteamericano, Donald Trump, emitió una orden autorizando el uso de las fuerzas armadas para la “lucha contra carteles de drogas extranjeros, con el objetivo de defender a su nación”, de la misma manera, el gobierno norteamericano duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que condujese al arresto de Nicolás Maduro, acusado de liderar una presunta organización criminal denominada “El Cártel de los Soles”, dedicada al narcotráfico y al terrorismo. De manera simultánea fueron decomisados dinero, joyas, bienes y propiedades atribuidas a Maduro como producto de su actividad criminal.

    En semanas anteriores, la administración Trump había desarrollado un proceso de negociación con el gobierno de Maduro, el cual incluyó el canje de prisioneros norteamericanos por migrantes venezolanos retenidos por el gobierno de Bukele en cárceles de El Salvador, la liberación de algunos presos políticos en territorio venezolano y el otorgamiento de una nueva licencia que autorizaba a Chevron para operar en el país, extraer y comercializar petróleo venezolano.

    Desde entonces, se inició por parte de los Estados Unidos, un inusitado despliegue militar, el cual incluyó en principio, tres buques de guerra (destructores dotados del sistema de defensa aérea Aegis, armados con misiles guiados Tomahawk para atacar objetivos en tierra, de última tecnología en la Marina de EE.UU.), un submarino nuclear con capacidad misilística y operaciones de inteligencia, además de aeronaves de patrulla marítima P-8 Poseidón y un personal militar que sobrepasaría los 4000 efectivos marines. Tal maniobra fue incrementándose con el paso de los meses, adicionándose cada vez más buques de guerra, aviones F-35 y bombarderos estratégicos B-52, junto al envío al Caribe del portaaviones, más grande de las fuerzas armadas norteamericanas, el USS Gerald Ford, además del aumento a aproximadamente 10.000 del número efectivos militares, incluyendo tropas de asalto. En resumen, todo un despliegue fuerzas y recursos bélicos que, desde el principio se mostró más característico de guerras y/o invasiones militares que de acciones de combate al narcotráfico.

    El imperialismo norteamericano, durante meses (desde septiembre 2025), llevó adelante una ofensiva militar, expresada en acciones de guerra, como más de 25 ataques a pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de más de una centena de muertos, pescadores de varias nacionalidades (venezolanos, colombianos, trinitarios, entre otros), incautación de cargueros petroleros provenientes de Venezuela, con el robo de las toneladas de petróleo que contenían, además de un ataque cibernético contra Pdvsa, afectando las operaciones de la empresa y poniendo en peligro a las trabajadoras y trabajadores petroleros y un supuesto ataque con drones a “una gran instalación en la costa venezolana” (presuntamente en los muelles de Maracaibo, estado Zulia), esto último no confirmado, pero que el mismo Donald Trump asegura haber llevado a cabo. «No sé si lo has leído o visto, pero tienen una gran planta, unas instalaciones grandes de las que salen los barcos, y hace dos noches las destruimos» (BBC News Mundo 29/12/2025), afirmó Trump en una llamada telefónica que hizo a la emisora radial WABC para hablar con el multimillonario John Catsimatidis.

    A esto hay que agregar la declaración de un bloqueo naval total a los petroleros que entrasen o saliesen del país, con el claro propósito de asfixiar la economía venezolana, cortando el comercio del principal recurso de la misma, y con ello el ingreso de dólares; y la orientación de un bloqueo aéreo contra el país que fue parcialmente acatado por diversas aerolíneas a nivel internacional.

    Luego de los bombardeos contra territorio venezolano del pasado 03/01/2026, toda esta fuerza bélica continúa apostada en las costas del Caribe, en las cercanías de Venezuela, como mecanismo de amenaza y coacción.

    Una agresión bélica criminal contra un país oprimido

    Como es sabido, aproximadamente a la 1:50 am del sábado 03 de enero de 2026, se inició un bombardeo con helicópteros y drones por parte del gobierno del ultraderechista Donald Trump, las fuerzas militares norteamericanas bombardearon varios puntos de la ciudad de Caracas, a saber, Fuerte Tiuna, la Base Aérea de la Carlota, el Cuartel de la Montaña (donde reposan los restos de Chávez), la Comandancia General de la Milicia y la Academia de la Armada (Escuela Naval en la Meseta de Mamo, estado La Guaira). Además de esto también fueron atacados aeropuertos civiles como el de Higuerote (estado Miranda), el puerto de La Guaira (el principal del país) y se reportan ataques en instalaciones militares del vecino estado Aragua.  Todos estos objetivos, se encuentran o en la ciudad de Caracas (capital del país) o en estados cercanos a la capital, en zonas con alta densidad poblacional, algunos rodeados de edificios y áreas residenciales.

    Así pues, mientras aeronaves sobrevolaban y bombardeaban sostenidamente la ciudad de Caracas y otros puntos del territorio venezolano, mientras se registraban explosiones en las inmediaciones de objetivos militares, puertos, aeropuertos y zonas urbanas; fuerzas especiales llevaban a cabo la operación de secuestro del dictador Nicolás Maduro y su esposa y primera dama Cilia Flores; hecho que pocas horas más tarde fue anunciado por Donald Trump en su red social Truth Social y ratificado luego en una conferencia de prensa en Mar-a-Lago. Lo mismo fue también confirmado por voceros oficiales del gobierno venezolano, quienes exigieron al gobierno norteamericano fe de vida del jefe de Estado secuestrado y su esposa.

    Tales hechos constituyen una agresión bélica criminal, contra la soberanía de un país oprimido, siendo una intromisión imperialista inaceptable por parte del gobierno norteamericano, con el ultraderechista Donald Trump a la cabeza, y que lejos de representar ninguna lucha contra el narcotráfico y/o el terrorismo, se enmarca en la estrategia del imperialismo estadounidense, de aplicar la conocida Doctrina Monroe, acrecentada con el denominado “Corolario Trump”, en el contexto de las disputas y negociaciones por territorios, mercados y áreas de influencia entre las potencias imperialistas.

    Se trata de un ataque sin precedentes contra Venezuela perpetrado por Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo. El mismo constituye una amenaza no sólo para este país, sino para el conjunto de Latinoamérica; siendo la primera intervención militar directa, es decir, haciendo uso de sus propias fuerzas armadas, del imperialismo norteamericano en los últimos 36 años en el continente[1] y la primera en toda la historia contra un país sudamericano. De esta manera, EE.UU., reinaugura en el continente la modalidad de llevar a cabo intromisiones en los asuntos políticos internos de los países vía la intervención militar directa, retomando abiertamente la diplomacia de las cañoneras, el chantaje y la militarización.

    El objetivo estratégico es profundizar brutalmente la condición semicolonial de Venezuela, subordinando su régimen político, su economía y sus recursos estratégicos a los dictados de la Casa Blanca, al tiempo que se intenta disciplinar al conjunto de los pueblos de América Latina. Este operativo bélico, con características similares a la intervención de 1989 – 1990, en Panamá, forma parte de una política global de Donald Trump que persigue revertir la crisis de dominación de Estados Unidos, como principal potencia imperialista, en un contexto más general de crisis económica global del capitalismo, la más grande de la historia.

    Estrategia de recolonización. Documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional

    Resulta evidente que en medio de la crisis económica global del capitalismo y la disputa interimperialista con potencias emergentes como China y Rusia, el imperialismo norteamericano pretende recuperar su dominio hegemónico en un continente que siempre ha considerado su patio trasero, “revivificando” la Doctrina Monroe y extendiéndola al hemisferio occidental de conjunto.

    Esto ha sido anunciado formalmente en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025. Documento publicado por la administración Trump, el 05/12/2025, donde se presenta este objetivo como prioridad central de la política exterior estadounidense, afirmando que el hemisferio occidental es la principal área de interés estratégico de Washington.

    No se trata apenas de un plan gubernamental, ni de un documento de perspectivas políticas más, sino del anuncio formal de todo un cambio radical en la intervención estadounidense en la contienda interimperialista, una elevación del nivel de agresividad y proteccionismo del imperialismo norteamericano para recuperar el terreno perdido, basándose en un control más férreo y directo de Latinoamérica, un área geográfica que consideran históricamente como su colonia y su expansión al resto del hemisferio occidental (Europa, Groenlandia), tal como lo señala el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe.

    “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro Hemisferio.

    Este “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, en consonancia con los intereses de seguridad estadounidenses. “Nuestros objetivos para el Hemisferio Occidental se pueden resumir en “Reclutar y Expandir”.

    Reclutaremos a aliados consolidados en el Hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra propia nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio” (La Estrella de Panamá, 26/12/2025)[2].

    Posterior a la publicación del mencionado documento, el Secretario de Guerra Pete Hegseth declaró:

    “Las actividades del departamento en todo el hemisferio occidental no se limitan a eliminar a los narcoterroristas, sino que también incluyen la disuasión y la defensa de los intereses de nuestra nación contra otras amenazas en el hemisferio. […] Esto incluye garantizar el acceso militar y comercial de EE. UU. a zonas estratégicas como el Canal de Panamá, el Caribe, el Golfo de América, el Ártico y Groenlandia” (Revista Opera, 19/12/2025)[3]. Una declaración que reafirma los objetivos estratégicos del imperialismo norteamericano, con el ultraderechista Trump a la cabeza.

    Así pues, es este el marco estratégico, político, geopolítico y militar en el que el imperialismo norteamericano desarrolla el ataque a Venezuela y amenaza al resto del continente, dejando explícito el objetivo del gobierno Trump de tener gobiernos títeres en toda Latino América; no bastando para sus intereses hegemónicos y colonizadores gobiernos pró imperialistas, que apliquen los planes neoliberales; sino que pretenden gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump y sus intereses.

    Para esto realizan presiones económicas, políticas y militares, buscando imponer este tipo de gobiernos en el continente. En este sentido mediante presiones económicas y políticas, y ayudados por los desastres cometidos por los gobiernos de conciliación de clases han logrado imponer vía elecciones, gobiernos como el de Milei en Argentina, Kast en Chile, Bukele en El Salvador, Asfura en Honduras y persiguen continuar ese avance con el uribismo en Colombia (de ahí las amenazas y presiones a Petro).

    Ahora, mediante la invasión militar, depusieron a Maduro, pese a que, este venía entregando la soberanía del país y haciéndole grandes concesiones tanto en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), como en el Arco Minero del Orinoco (AMO).

    El objetivo es robar el petróleo venezolano e imponer un gobierno títere del imperialismo, por ahora a través de la hasta entonces Vicepresidente Ejecutiva en funciones Delcy Rodríguez, ahora investida como Presidente de la República, mientras Trump afirma que gobernará directamente a Venezuela, que llevará adelante una nueva incursión militar si el reciclado “nuevo gobierno” venezolano no hace lo que ellos dicen, impone condiciones y mantiene a María Corina Machado a la reserva para un eventual gobierno títere si la formula Delcy no les resulta adecuada.

    Sin embargo, las acciones ejecutadas hasta ahora por el gobierno Delcy, sus anuncios, los compromisos adquiridos y acuerdos suscritos dejan en evidencia un colaboracionismo propio de los gobiernos títeres que pretende Trump.

    Toda esta estrategia de Trump y el imperialismo norteamericano, en el contexto de la crisis capitalista mundial y la disputa interimperialista, el ataque contra Venezuela, la pretensión explicita de colonizar este país y saquear sus recursos para posicionarse mejor en esta crisis y disputa, hacen prever también ataques más duros contra los trabajadores inmigrantes, venezolanos, latinoamericanos y de otras latitudes en EE.UU., así como a la clase trabajadora de conjunto,  además de nuevas presiones, amenazas e intervenciones en otros países de la región y del mundo. Por lo cual es necesario construir estrategias unificadas para enfrentar y derrotarlas las pretensiones y los ataques del imperialismo norteamericano y de sus rivales en sus respectivas áreas de influencia.

    Complicidad interna elemento clave de la operación norteamericana

    El operativo desplegado contra Venezuela la madrugada del 03 de enero del año en curso, encontró una casi nula resistencia por parte de las fuerzas armadas y los organismos de defensa venezolanos, alrededor de un centenar de aeronaves (entre aviones, drones y helicópteros) sobrevolaron el cielo caraqueño, mientras que aproximadamente doce helicópteros artillados cruzaron la frontera desde La Guaira a Caracas, burlaron los radares sin un sólo disparo de advertencia, bombardearon Fuerte Tiuna, sede de la comandancia general y del Ministerio de la Defensa y otros tres centros militares, además del parlamento. Uno de esos helicópteros se posó sobre el palacio, capturando a Nicolás Maduro y a Cilia Flores sin grandes aspavientos y los sacaron del país. Apenas en el nivel de seguridad más cercano a Maduro se reportaron enfrentamientos, dejando un saldo de al menos treinta y dos efectivos cubanos que hacían parte de la guardia de seguridad personal de este, fallecidos.

    Nada de esto puede ocurrir sin colaboración de los aparatos militares y de seguridad interior, menos en un país cuyo gobierno ha afirmado poseer defensas antiaéreas que incluye radares, sistemas de misiles, cohetes y cañones comprados a China y Rusia. Esto, aunado a declaraciones posteriores por parte de Donald Trump, Marco Rubio y otros voceros del gobierno norteamericano, así como actitudes y medidas de Delcy Rodríguez, dejan en evidencia la complicidad interna para que la operación yankee consiguiese sus objetivos, y que Maduro ha sido traicionado y entregado por el mismo chavismo para su captura.

    Esta complicidad interna, junto a la evidente superioridad militar estadounidense, que destruyó el 90% de las señaladas defensas antiaéreas del país y la incompetencia de los militares venezolanos responsables de la defensa del país, explican la relativa facilidad con la que las fuerzas norteamericanas llevaron a cabo de manera exitosa su operativo de incursión en Venezuela[4].

    ¿Delcy Rodríguez fue partícipe de la traición?

    Resulta obvio, que la complicidad interna basada en una negociación previa, devino en la entrega – captura de Nicolás Maduro (entrega por parte del chavismo, captura por parte de las fuerzas norteamericanas), vale citar las declaraciones de Eric Rojo general retirado del ejército norteamericano y asesor de Marco Rubio en América latina; quien afirmó “…a Maduro lo entregaron los venezolanos a las fuerzas armadas de EE.UU….”[5], ahora bien, ¿Qué dirigentes y sectores del chavismo negociaron la entrega y salida de Maduro del poder?

    Las claras respuestas de Trump, cuando se le preguntó acerca de qué personaje habría sido el facilitador desde Caracas, afirmando: “…las negociaciones se realizaron con Delcy Rodríguez…”[6] , y agregando: “Marco Rubio está negociando con Delcy Rodríguez la transición. La vice habló con Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos”; dejan clara la participación de esta en las negociaciones para la entrega del depuesto presidente y aparte de su colaboracionismo con el imperialismo norteamericano.

    Todo esto lo refuerza su reconocimiento, finalmente y sin ninguna objeción inmediata por parte de EEUU, por el Tribunal Supremo de justicia venezolano como sucesora legal de Maduro, además de su investidura ante la Asamblea Nacional ( AN, parlamento venezolano), presidida desde 2021 por su hermano Jorge Rodríguez.

    El reconocimiento de Delcy Rodríguez se produjo a costa de las ambiciones de protagonismo de la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado y de la reivindicación de poder de Edmundo González Urrutia, quienes hasta entonces parecían los favoritos de Trump para encabezar la transición.

    Así pues, el tándem Delcy – Jorge, ahora conocido como “Los Rodríguez”, sería el sector chavista que habría negociado con el gobierno de EE.UU. los términos y condiciones de colaboración que este último impondría para la continuidad del régimen chavista al frente del Estado tutelado por el gobierno de EE.UU. Este sector habría arrastrado hacia sus objetivos a otro liderado por el Ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quién se habría replegado ante el acoso de la CIA. Un tercer sector, liderado por Diosdado Cabello, sería el menos potable y más resistido por los estadounidenses[7].

    Delcy Rodríguez ha construido una reputación de astuta operadora en el manejo de los asuntos de política y económica del país, así como en aspectos administrativos, pero carece de la suficiente ascendencia en el partido para garantizar la unidad del chavismo. Por tal razón busca rodearse de un sector duro en lo político, mientras se pliega al tutelaje de Washington en lo económico. En el discurso al país, recurre a alusiones a Bolívar y a Chávez, así como a referencias a Maduro como Presidente de Venezuela, para conformar a la base chavista (aunque tienden a ser cada vez menos), mientras que con la administración Trump, habla de trabajar “de manera conjunta” con Estados Unidos, calla ante la decisión de Washington de controlar los recursos energéticos y obligar a comprar solo productos estadounidenses con ese dinero.

    Entonces al interior del país, el poder ejecutivo y legislativo se concentra en los Rodríguez, con el auxilio de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, ministros de interior y justicia y de defensa respectivamente, es decir, garantes del poder militar y policial, para acentuar el modelo represivo que sigue vigente, mientras que el imperialismo norteamericano con Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth, dictan, controlan y regulan las decisiones económicas y políticas trascendentales para los destinos del país, en una relación colonial sin precedentes en la historia reciente del país.

    La dinámica del régimen chavista, un régimen colaboracionista y un gobierno títere. Los acuerdos en materia petrolera.

    El régimen chavista conserva parte importante de sus características, sobre todo en lo que respecta a su carácter represivo contra el movimiento obrero y de masas, en la centralidad del poder ejecutivo apoyado fundamentalmente en las fuerzas armadas y los cuerpos represivos policiales y parapoliciales, en el carácter ajustador contra la clase trabajadora y el pueblo humilde; así como también preserva la continuidad administrativa en la gestión del Estado. Sin embargo, lo que ha cambiado esencialmente es su relación con el imperialismo norteamericano, pasando de estar encabezado, en los últimos veinticinco años, por gobiernos (el de Chávez antes y el de Maduro luego) entreguistas y dependientes, pero con roces con los distintos gobiernos estadounidenses a estar comandado por uno totalmente colaboracionista, potencial títere del imperialismo norteamericano y el gobierno de Donald Trump y que consiente una relación de tipo colonial entre dicho imperialismo y Venezuela.

    Una contundente evidencia son las declaraciones emitidas por Trump y reseñadas por diversos medios internacionales, afirmando ser el quien está al mando de Venezuela y que el gobierno norteamericano dirigirá el país sudamericano en lo inmediato, aceptando y aprobando tratar con Delcy Rodríguez como nueva presidenta en funciones y bajo una combinación de aval y presión.

    El de Rodríguez, es a todas luces un gobierno inestable y de crisis, sin apoyo popular a quien solo lo sostiene el apoyo imperialista gringo en la medida que cumpla a cabalidad (según los criterios de Trump y cia.), con su rol colaboracionista y su papel títere.

    La mayor prueba de esta relación de colaboracionismo (por parte del gobierno Delcy) y tutelaje (por parte de Donald Trump y el imperialismo yankee), son los acuerdos suscritos en materia petrolera luego de que el presidente norteamericano anunciase que el administraría los recursos petroleros venezolanos.

    Dichos acuerdos, que fueron anunciados por Donald Trump[8] y confirmados luego por el propio gobierno venezolano y la directiva de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) a través de un comunicado oficial[9], consisten en que el gobierno de Delcy entregará a EE.UU. entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.

    Tal comunicado de PDVSA, explícita que, tal negociación con las transnacionales petroleras estadounidenses se dará en los términos ya establecidos con la Chevron – Texaco, es decir, sin obligación por parte de la transnacional de pagar impuestos y/o regalías al Estado venezolano por las ganancias obtenidas y pagando salarios a discreción.

    Pero el Departamento de Energía de EE.UU., explica más detalladamente el acuerdo petrolero anunciado por Trump:

    “El petróleo se venderá en el mercado global para beneficio de Estados Unidos, Venezuela y los aliados; todo el dinero de la venta del petróleo llegará primero a una cuenta estadounidense en bancos reconocidos para garantizar la integridad y la legitimidad de la última distribución; los fondos serán destinados al beneficio de los estadounidenses y de los venezolanos bajo la dirección del gobierno de EEUU, la venta de este petróleo empieza de inmediato y continuará de manera indefinida, el petróleo que se transporte hacia y de Venezuela ser hará únicamente a través de canales legítimos y autorizados consistentes con la seguridad nacional de EEUU, EEUU está selectivamente retirando sanciones para permitir el transporte y la venta de este petróleo, venezolano en el mercado global, El petróleo ligero estadounidense irá a Venezuela, según lo requerido, para optimizar la producción y el transporte del muy pesado petróleo venezolano, como parte de la modernización, expansión y desarrollo, EEUU autorizará la importación a Venezuela de equipamiento petrolero y servicios para subsanar décadas de malos manejos y corrupción, esto involucrará tecnología, expertos e inversión, EEUU trabajará en la red eléctrica venezolana, para también corregir la destrucción que ha sufrido” (Departamento de Energía EE.UU. 06/01/2026)[10] [11] [12].

    Aparte de esto el gobierno de Estados Unidos establece condiciones tales como prohibir la venta de petróleo venezolano a potencias imperialistas rivales, como China y Rusia, suspender los envíos de petróleo a Cuba y exige que la compra de insumos y productos realizada con el dinero de la venta petrolera sea exclusivamente a EE.UU.

    Habría que remontarse a los tiempos del dictador Juan Vicente Gómez para encontrar condiciones de tutelaje y colonialismo tan aberrantes en los cien años de historia de la explotación petrolera venezolana.

    Otros ejemplos del colaboracionismo de Delcy y el carácter potencialmente títere de su gobierno son los pasos en función de reabrir la embajada norteamericana en el país, así como el hecho de que ya se anuncia que las cuatro principales corporaciones bancarias estadounidenses JP Morgan Chase & Co., Bank of América (BofA), Wells Fargo y Citigroup (Citi) planean iniciar operaciones a partir de la semana del 12/01/2026 en Caracas, bajo el control del Departamento del Tesoro de los EE.UU., y que sería a través de estos bancos que los EE.UU. maneje todas las transacciones en Venezuela. Adicionalmente se especula que los empleados públicos cobrarían los salarios a través de estos bancos, según reseña la cuenta de X, ElObservadorBinario, además de portales web como Forbes.com.mx y Bancaynegocios.com que lo plantean como una posibilidad. Y así otro conjunto de anuncios que se han realizado en los últimos días.

    La situación de las masas venezolanas

    En medio de toda esta vorágine colonialista y este empeño colaboracionista del gobierno venezolano, surge la interrogante cuál es la situación de la clase trabajadora y las masas venezolanas.

    Estas siguen padeciendo los rigores del ajuste propatronal y antiobrero, que el gobierno de Maduro, al menos formalmente desde 2018 (porque en los hechos ya se aplicaba desde antes), descarga sobre sus hombros, el salario mínimo devengado por los trabajadores apenas es de 0.39$ mensuales, y los bonos que otorga el gobierno, sin incidencia salarial, como el de alimentación y el denominado son de 40 y 120$ mensuales respectivamente (aunque nunca alcanzan tales cantidades debido a la devaluación), lo que hace un ingreso mínimo mensual de 160,39 $ (ingreso no salario, debido a que de esto solo es salario 0.39$), frente a una canasta básica familiar que según datos del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas – FVM) y la Cámara de Comercio de Maracaibo (CCM), supera los 630$ mensuales.

    La inflación golpea duramente los bolsillos de los trabajadores venezolanos, según el portal BloombergLinea, la tasa de inflación se ubicó en 556% en los 12 meses del año 2025, haciendo palidecer el 45% del año 2024.[13]

    Las masas y los trabajadores venezolanos siguen padeciendo hambre y miseria sobreviviendo en gran parte gracias a las remesas de familiares en el exterior, mismas que se ven cada vez más mermadas por efectos de la devaluación y la inflación. Aunado a esto servicios básicos como la electricidad, el gas, el agua, la telefonía y el internet, avanzan en un proceso de privatización o de encarecimiento y son una calamidad permanente.

    Aunado a esto los derechos laborales, contractuales y sindicales han sido conculcados a través de mecanismos como el Memorándum 2792 y el instructivo Onapre[14], que hacen parte del programa de ajuste aplicado por el gobierno de Maduro, bautizado con el pomposo nombre de “Programa de Recuperación y Reactivación Económica”, nada de esto ha cambiado y se prevé siga así durante el gobierno de Delcy Rodríguez tutelado por Donald Trump.

    Otro aspecto que siguen padeciendo los trabajadores venezolanos, es la sistemática violación de las libertades democráticas, cientos de presos políticos abundan en las prisiones venezolanas padeciendo aislamiento, torturas y violaciones a los derechos más elementales, así como a todas las normas y procedimientos jurídicos establecidos en la legislación. También cientos de dirigentes sindicales, delegados de prevención o trabajadores sin cargos de representación se encuentran detenidos o con procesos judiciales abiertos solo por protestar en defensa de derechos laborales que les han sido transgredidos o por expresar alguna opinión política. Además, la mayoría de los partidos de oposición se encuentran ilegalizados o arrebatados a sus legítimas direcciones, imponiendo el gobierno otras afectas a sus intereses.

    Los recientes anuncios de excarcelaciones de presos políticos realizados por el presidente de la AN, Jorge Rodríguez se han limitado a presos emblemáticos y dirigentes políticos reconocidos, mientras que una gran cantidad de personas de a pie, detenidas durante las protestas contra el fraude electoral del 28 de octubre de 2024, permanecen tras las rejas.

    Las reacciones del movimiento obrero y de masas

    La brutal crisis económica que golpea a la economía venezolana desde al menos 2013 y que es descargada sobre los hombros de los trabajadores y las masas populares a través del ajuste antiobrero y antipopular aplicado por el gobierno del depuesto dictador Nicolás Maduro, mantiene a los trabajadores y al pueblo humilde del país en condiciones de pobreza y miseria; esto aunado al deterioro de los servicios básicos como salud, educación, electricidad, agua, entre otros aumentan la desesperación y la desesperanza del pueblo trabajador venezolano.

    Adicionalmente la política entreguista de los recursos minerales y energéticos a transnacionales norteamericanas, chinas y rusas principalmente, entre otras (en menor medida), la grosera corrupción del régimen chavista, factor clave para el surgimiento y enriquecimiento abyecto de la boliburguesía, la desigualdad social (también se ha incrementado el enriquecimiento de la burguesía tradicional), los salarios miserables, el despotismo de los jerarcas y burócratas gubernamentales, además de las continuas violaciones de las libertades democráticas y los derechos humanos, sociales, sindicales y políticos más básicos, propio esto del carácter dictatorial del régimen, a lo que se le agrega la brutal represión contra el movimiento obrero y de masas. Son todos elementos que han contribuido para que los trabajadores y las masas venezolanas mayoritariamente llegasen a la conclusión que en Venezuela nada tenían o tienen que defender y celebren la intervención imperialista, viendo la misma con expectativas de democratización y reivindicación social.

    El justificado desprecio al régimen dictatorial chavista y a su política hambreadora, corrupta y represiva, hace que los planteamientos de rechazo a los ataques del gobierno norteamericano contra el país y contra la injerencia del imperialismo en los asuntos políticos internos de Venezuela sean vistos como una defensa al odiado régimen chavista y esto se expresa tanto en la mayoría de la población, como en sectores sindicales y políticos que se reivindican de izquierda e incluso revolucionarios.

    El hecho cierto es que la política de ajuste, empobrecedora, corrupta y represiva del gobierno de Maduro y el chavismo, no ha hecho más que cumplir un papel facilitador para los planes injerencistas y la intromisión imperialista que se han desarrollado con una nula resistencia de masas e incluso con una reivindicación mayoritaria por parte de estas.

    Desde la madrugada del sábado 03/01/2026, no se tienen registros de manifestaciones de masas en la calle de manera espontánea e independiente para rechazar los ataques militares yanquis, aunque tampoco para reivindicarlos (creemos que esto último por miedo a la represión y/o a ser detenidos), sin embargo, las redes sociales de la mayoría de los ciudadanos venezolanos, tanto dentro como fuera del país, abundaron en expresiones de celebración.

    A primeras horas de la mañana del día del ataque, sectores del oficialismo intentaron movilizar a los denominados “colectivos” armados, así como a parte de su aparato, tanto en la ciudad capital, como en las principales ciudades del país, sin embargo, en todos los lugares, esto no pasó de algunos centenares de militantes y milicianos (grupos de reserva militar), en su mayoría asalariados de organismos públicos centrales, así como de gobernaciones y alcaldías, que son regularmente utilizados para nutrir las movilizaciones gubernamentales.

    En el estado Aragua, a una hora de Caracas, la gobernadora convocó a las milicias, barrios y a militares frente a la base aérea de Maracay que fue bastión anti golpista en 2002. Pasadas las horas y en los días subsiguientes gobernadores de estados y alcaldes de los varios municipios del país convocaron algunas movilizaciones que no pasaron de lo antes descrito.

    Ninguna de estas acciones fue acompañada masivamente por trabajadores o habitantes de los sectores populares, ni ha habido manifestaciones de importancia social y ni tan siquiera los disminuidos sectores de base del chavismo salieron de manera significativa.

    Sectores de la burocracia chavista han intentado, mediante su discurso y con las acciones antes descritas emular la situación actual con la acontecida en el año 2002, en ocasión del golpe contra el fallecido presidente Hugo Chávez, sin embargo, la situación es completamente diferente.

    Una comparación necesaria

    Como es conocido, en 2002, un sector de las fuerzas armadas venezolanas, aliado con casi la totalidad de los partidos de la oposición burguesa, ONG’s como SUMATE, dirigida por María Corina Machado ( con el apoyo financiero y político de George Bush), sectores gerenciales de PDVSA, la mayoría de los grandes medios de comunicación (principalmente los grandes canales de TV y emisoras de radio), Fedecámaras (principal gremio empresarial del país), otros gremios empresariales y la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV –  la burocrática principal central sindical del país, dirigida para entonces por el partido Acción Democrática, en la persona de Carlos Ortega)  entre otras fuerzas políticas y sociales, llevaron adelante un golpe de estado contra el entonces presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. Todo esto impulsado y respaldado política, logística y financieramente por el imperialismo norteamericano, bajo el gobierno de George W. Bush, presidente de los Estados Unidos para aquel momento.

    Luego de semanas de presiones, marchas, masivas movilizaciones y concentraciones en las calles, principalmente de Caracas, aunque también de otras importantes ciudades del país, finalmente el día once de abril, una masiva marcha opositora fue dirigida al Palacio de Miraflores con la pretensión de ocuparlo, esto produjo enfrentamientos, a la altura de Puente Llaguno, entre sectores de la policía metropolitana y grupos armados aliados al golpe de Estado en curso, con sectores afectos al gobierno que defendían el palacio, dejando como resultado un saldo importante de heridos y fallecidos. Mientras esto ocurría sectores de las fuerzas armadas, vinculados a la intentona golpista secuestraron a Chávez, trasladándolo a la isla de la Orchila, horas después, ya en la madrugada del día doce de abril, el para entonces General en Jefe del Ejército, Lucas Rincón Romero, aparecía en los medios televisivos anunciando que, en nombre del Alto Mando Militar venezolano, habían solicitado la renuncia a Chávez y que éste había aceptado.

    «Los miembros del Alto Mando Militar de la República Bolivariana de Venezuela deploran los lamentables acontecimientos sucedidos en la ciudad capital en el día de ayer. Ante tales hechos, se le solicitó al señor Presidente de la República la renuncia de su cargo, la cual aceptó. Los integrantes del Alto Mando ponen sus cargos a la orden los cuales entregaremos a los oficiales que sean designados por las nuevas autoridades». (12-04-2002 hs. 03:20 a. m. Inspector General del Ejército Lucas Rincón Romero)[15]

    El golpe se había concretado, Pedro Carmona Estanga, para entonces presidente del gremio patronal Fedecámaras, fue investido y juramentado como presidente de la República ante el parlamento nacional donde realizó una serie de anuncios al país.

    Luego de unas primeras horas de desconcierto las masas trabajadoras y populares del país comenzaron a reaccionar, sectores sindicales, barriales, populares, estudiantiles, entre otros comenzaron a ocupar las calles de las principales ciudades del país y a recorrer los barrios y localidades para explicar la invalidez de la supuesta renuncia de Chávez y llamar a la gente a las calles para exigir fuese traído de vuelta. Tales llamados resultaron en masivas movilizaciones en las principales ciudades del país, en Caracas la población de los barrios más populosos ocupó el centro de la ciudad y rodeó las inmediaciones del Palacio de Miraflores exigiendo el regreso de Chávez, ante esto la dirigencia chavista comenzó a reaparecer y a ocupar sus puestos de gobierno, la tropa y la media y baja oficialidad se puso de lado de las masas, no reprimió, aplaudía y alentaba las movilizaciones alrededor del palacio, los altos oficiales afectos al gobierno reaparecieron y asumieron el mando de las tropas, la presión popular hizo huir en estampida del Palacio de Miraflores a la dirigencia golpista y factores aliados, el para entonces presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello fue investido presidente a finales del día doce de abril y ya en la madrugada del día trece de abril, Chávez fue traído de vuelta y reinstalado en su cargo de presidente de la República.

    Enormes diferencias existen entre aquel momento y el actual, fundamentalmente, para entonces Chávez, más allá de las diferencias que, desde su elección en 1998, tuvimos tenido con él y su gobierno, era un presidente legítimamente electo y así era percibido por las masas, contaba además, y en consecuencia de esto con un enorme prestigio y respaldo del movimiento de masas, mayoritariamente de los sectores populares, pero también de sectores de considerable peso en el movimiento sindical y estudiantil. Esto explica las masivas movilizaciones para derrotar el golpe y traerlo de vuelta a la presidencia.

    Nada de esto ocurre con Maduro hoy, al contrario, este es un presidente fraudulento, que fue derrotado en el último proceso electoral presidencial y ocupó el cargo desconociendo la voluntad de las masas, esto una amplísima mayoría de la población venezolana y de factores políticos en el país, Maduro no cuenta con ningún respaldo popular y de ahí que las masas y la clase trabajadora no se movilicen en su defensa.

    Total el rechazo a la intervención imperialista, ningún respaldo político a Maduro y al régimen chavista

    El rechazo que sectores de vanguardia, en su mayoría organizaciones de izquierda y revolucionarias, expresamos contra la intervención imperialista en Venezuela e incluso contra el secuestro de Maduro y su esposa Cilia Flores, no puede ser confundido con un respaldo político a este. Al contrario, denunciamos su carácter propatronal, enemigo de los trabajadores, dictatorial, corrupto y entreguista.

    Lo que defendemos es la soberanía venezolana, que está siendo atacada por el imperialismo norteamericano en un nivel de colonialismo infinitamente superior al entreguismo de Maduro a la misma. Denunciamos el secuestro de Maduro como un acto de injerencismo por parte de los EE.UU. que se abroga el derecho a decidir sobre los destinos políticos de Venezuela y a imponer gobiernos en este país, estamos en contra de eso en este y en cualquier país del mundo, los destinos políticos de los países y sus gobiernos los deben decidir sus propios pueblos no tiene Estados Unidos ningún derecho ni autoridad política ni moral para inmiscuirse en esto y menos por la vía de las armas. En consecuencia, rechazamos y denunciamos también el pacto colaboracionista para imponer el gobierno de Delcy Rodríguez y el tutelaje impuesto por el gobierno de Trump en la dirección política y económica del país.

    Rechazamos la estrategia del imperialismo norteamericano de reinaugurar la “diplomacia de las cañoneras”, así como sus pretensiones coloniales continentales y hemisféricas expuestas en el Documento de Seguridad Nacional de EE.UU. 2025.

    Una política y un programa para enfrentar los planes imperialistas y el colaboracionismo gubernamental

    Como hemos dicho a lo largo de este artículo, existe un pacto de tutelaje – colaboracionismo, entre el imperialismo norteamericano y el régimen chavista, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, que, ha convertido al chavismo pasó de un régimen entreguista, con roces con el imperialismo norteamericano a uno totalmente colaboracionista con este último. Esto hace impensable e imposible cualquier tipo de unidad política con dicho régimen para enfrentar los planes del imperialismo estadounidense.

    Este pacto arranca del objetivo de profundizar el saqueo de nuestro petróleo y recursos, que ha sido desde siempre el objetivo de Donald Trump como máximo representante del principal imperialismo del planeta, además de esto dicho pacto se enmarca en una estrategia más general de profundizar el control político, geopolítico, económico y militar de todo el continente latinoamericano y del hemisferio occidental.

    La tarea entonces, que se nos impone en Venezuela es la de construir una amplia unidad de acción con los sectores que se oponen al intervencionismo yankee, a sus pretensiones coloniales en el país y adversamos al régimen chavista, que no damos ningún apoyo político a este régimen ni cuando estuvo encabezado por Maduro ni ahora por Rodríguez, para derrotar dichas pretensiones coloniales en el país, pero también a nivel continental y hemisférico.

    Consideramos que un programa para derrotar este pacto y esta política del imperialismo norteamericano pasa por rechazar categóricamente los ataques imperialistas contra Venezuela y la intromisión en los asuntos políticos del país, defender el derecho soberano de Venezuela a darse su propio gobierno.

    Igualmente se deben rechazar los recientes acuerdos petroleros que profundizan la entrega de nuestro petróleo y recursos energéticos, por parte del chavismo a EE.UU. y el saqueo y la rapiña del gobierno de este país imperialista sobre los mismos, rechazar desde ya la posible extensión de estos acuerdos a otros sectores como el de minerales.

    Es preciso, nacionalizar la industria petrolera en un 100%, poniendo fin a los acuerdos de empresas mixtas con las transnacionales y expulsando a las mismas del negocio petrolero, fuera Trump y las transnacionales del negocio petrolero.

    El no pago de la deuda externa debe ser una consigna central también de este programa, al igual que rechazar la intervención de la banca privada norteamericana en el manejo de los recursos y operaciones financieras de la nación.

    Aunado a esto se debe exigir aumento del salario mínimo y las pensiones al nivel de la canasta básica, indexado al aumento de esta y de la inflación, fin de la bonificación del salario, así como exigir la derogación del memorándum 2792 y el instructivo Onapre, la restitución de todos los derechos, laborales, contractuales, sindicales y sociales conculcados.

    Por la restitución y respeto de la libertades democráticas, políticas y sindicales, cese a la represión, no a la criminalización de la protesta laboral y social, por el respeto al derecho a manifestarse políticamente, legalización de los partidos y organizaciones políticas hoy proscritas por la dictadura.

    Libertad inmediata y plena de todos los presos políticos y todos los activistas sindicales, sociales y populares detenidos por luchar en defensa de sus derechos, libertad para todos los detenidos por las protestas del 28,29 y 30 de octubre de 2024. No a las excarcelaciones por goteo ni a los mecanismos de puerta giratoria[16].

    Armas para los trabajadores para enfrentar la agresión bélica imperialista.

    No a la colonización de Venezuela, derrotemos las pretensiones colonizadoras de Donald Trump y el imperialismo yankee en el país, en América Latina y el hemisferio occidental.

    Fuera Trump y el imperialismo yankee de Venezuela y Latinoamérica.        


    [1] La última había sido a finales de 1989, exactamente a partir del 17 de diciembre de 1989, cuando tropas norteamericanas ocuparon Panamá, luego de trece días de ocupación el para entonces Presidente del país Manuel Noriega fue capturado, trasladado a EE.UU. y juzgado bajo cargos de narcotráfico.

    [2] https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/ee-uu-declara-el-regreso-de-la-doctrina-monroe-IL18643694

    [3] https://revistaopera.operamundi.uol.com.br/2025/12/19/a-nova-estrategia-nacional-de-seguranca-de-trump/

    [4] La incompetencia y la traición explican la falta de resistencia de Venezuela ante EEUU.

    https://noticias.uol.com.br/opiniao/coluna/2026/01/05/incompetencia-e-traicao-explicam-nula-resistencia-da-venezuela-aos-eua.htm?utm_source=whatsapp-network&utm_medium=compartilhar_conteudo&utm_campaign=organica&utm_content=geral

    [5] ¿Quién entregó a Maduro? https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/quien-entrego-a-maduro/

    [6] Idem

    [7] La incompetencia y la traición explican la falta de resistencia de Venezuela ante EEUU.

    https://noticias.uol.com.br/opiniao/coluna/2026/01/05/incompetencia-e-traicao-explicam-nula-resistencia-da-venezuela-aos-eua.htm?utm_source=whatsapp-network&utm_medium=compartilhar_conteudo&utm_campaign=organica&utm_content=geral

    [8] Venezuela transferirá 50 millones de barriles de petróleo a EEUU.

    https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2026/01/06/delcy-entregara-50-milhoes-de-barris-de-petroleo-aos-eua-diz-trump.htm?cmpid=copiaecola

    [9] PDVSA confirma la negociación con Estados Unidos.

    [10] https://www.politico.com/news/2026/01/05/trump-venezuela-oil-fields-00710893

    [11] https://t.me/jhormancruznoticias/72751

    [12] https://serviciodeinformacionpublica.com/

    [13]Inflación en Venezuela supera 500% ante mayor presión de Donald Trump https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/venezuela/inflacion-en-venezuela-supera-500-ante-mayor-presion-de-donald-trump/

    [14] El memorándum 2792, deja las manos libres a los patronos públicos y privados para modificar condiciones laborales y eliminar beneficios establecidos a discreción y según su conveniencia, por su parte el instructivo Onapre, elaborado por la Oficina Nacional de Presupuesto, rebajó la base de cálculo para primas y bonificaciones, la cual pasó de ser el salario efectivamente percibido por los trabajadores de acuerdo a la escala salarial, al salario mínimo; igualmente estableció tablas salariales que tienden igualar hacia abajo los salarios de los trabajadores de la administración pública.

    [15] https://es.wikipedia.org/wiki/Lucas_Rinc%C3%B3n_Romero

    [16] Nombre dado a la práctica de que conforme se libera a unos presos políticos se detiene a otros.

  • Irán reprime las protestas masivas; Trump renueva sus amenazas de intervención militar

    Irán reprime las protestas masivas; Trump renueva sus amenazas de intervención militar

    El colapso económico y la represión política provocaron manifestaciones masivas en todo el país

    Por MAURICE MILLER

    Desde finales de 2025, una amplia ola de protestas se extendió por todas las provincias de Irán. Las movilizaciones crecieron hasta alcanzar grandes proporciones y comenzaron a sacudir el régimen teocrático iraní. La respuesta del Estado fue una represión violenta y sangrienta.

    El 13 de enero, Iran International, en un informe publicado en muchos de los principales medios de comunicación, afirmó que fuentes del Gobierno iraní habían revelado que al menos 12 000 personas habían muerto en la represión gubernamental contra los manifestantes. El 23 de enero, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Washington, estimó que había más de 5000 muertos, al tiempo que informaba de que otras 9787 muertes estaban «bajo investigación». Otras fuentes han dado estimaciones aún más altas.

    El 22 de enero, el presidente Trump dijo que se había enviado una «armada» de buques de guerra estadounidenses a la zona para intervenir militarmente si Irán seguía matando a manifestantes. «Tenemos muchos barcos yendo en esa dirección, por si acaso», dijo Trump a los periodistas en su avión presidencial, mientras regresaba de Davos, Suiza. «Prefiero que no pase nada, pero los estamos vigilando muy de cerca».

    En respuesta a las protestas, el Gobierno intensificó el control sobre las comunicaciones, cortando el acceso a Internet y otras fuentes de información. Este endurecimiento represivo no expresa fuerza, sino debilidad: un régimen que ya no puede gobernar y que recurre cada vez más a la coacción y la violencia para preservar su autoridad. Aun así, la revuelta popular no ha sido completamente contenida, aunque ha disminuido en intensidad.

    El bazar rompe con el régimen

    La combinación de una inflación explosiva, la pobreza masiva, la desigualdad persistente y el colapso medioambiental, agravada por las sanciones económicas internacionales, ha puesto de manifiesto la incapacidad estructural del régimen iraní para garantizar las condiciones mínimas de supervivencia material a amplios sectores de la población, incluso en un país extremadamente rico en recursos naturales.

    El motivo inmediato de las protestas fue el colapso de la moneda iraní, el rial. En solo un mes, perdió alrededor del 20 % de su valor. Desde mediados de 2025, la devaluación ha alcanzado el 40 %. El resultado ha sido un aumento generalizado de los precios, una fuerte disminución del poder adquisitivo y la expansión de la inseguridad social.

    Las protestas comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, un hecho políticamente decisivo. Los bazares están controlados por la pequeña burguesía comercial, un sector social que ha sostenido al régimen durante décadas. Este grupo desempeñó un papel central en la Revolución de 1979 y mantuvo una alianza histórica con la República Islámica.

    Cuando esta capa social comienza a romper con el Gobierno, se hace evidente que la crisis no es superficial. Se trata de una crisis profunda, en la que el régimen comienza a perder el apoyo de sectores sociales que históricamente garantizaban su estabilidad. Desde el bazar, las manifestaciones se extendieron rápidamente por todo el país.

    Las consignas coreadas por los manifestantes expresan un cambio político cualitativo. Las reivindicaciones ya no se limitan a los precios o los salarios. Consignas como «muerte al dictador» y «mujer, vida, libertad» cobran fuerza. Las reivindicaciones económicas comienzan a fusionarse con las políticas y democráticas, revelando cómo la lucha por la supervivencia material se convierte cada vez más en una confrontación directa con el régimen.

    Irán ha vivido un ciclo continuo de movilizaciones durante casi una década. Desde 2017, el país ha experimentado una secuencia de luchas, que incluyen huelgas de trabajadores, protestas contra el aumento del precio del combustible, revueltas por la escasez de agua en Teherán y, en 2022, la gran explosión del movimiento «Mujer, vida, libertad» tras el asesinato de la joven kurdo-iraní Gina Mahsa Amini por parte de la llamada «policía moral». Ninguna de estas crisis se resolvió. Todas se acumularon y convergieron en este nuevo levantamiento nacional.

    Riqueza para unos pocos, pobreza para muchos

    La paradoja iraní es clara y típica de los países capitalistas semicoloniales. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), (fuente: https://www.eia.gov/international/overview/country/IRN) Irán posee las segundas reservas de gas más grandes del mundo y las terceras reservas de petróleo.

    Sin embargo, los indicadores sociales revelan un panorama dramático. Con una inflación anual del 39,5 %, un aumento de los precios de los alimentos del 42,9 % y más del 36 % de la población viviendo por debajo del umbral de pobreza de 8,30 dólares al día, la crisis económica está empujando a millones de iraníes a las calles (datos del «Banco Mundial, Informe sobre pobreza y equidad: República Islámica de Irán», octubre de 2025, https://documents1.worldbank.org/curated/en/099640404212584734/pdf/IDU-707990f6-e879-41c1-9d99-c93c15967845.pdf). La inflación anual ha registrado repetidos picos y se ha mantenido en niveles elevados en los últimos años, lo que ha contribuido a la erosión del poder adquisitivo y al aumento de la tensión social (https://www.statista.com/statistics/294320/iran-inflation-rate/).

    Se anticipa que la pobreza siga aumentando en 2026, hasta alcanzar el 38,8 %, lo que empujaría a otros 3 millones de personas a la pobreza. El salario mínimo es extremadamente bajo y la inflación ha aumentado considerablemente desde 2017. Solo el 41 % de la población en edad de trabajar participa en el mercado laboral formal. Al mismo tiempo, un tercio de toda la riqueza del país se concentra en manos de solo el 1 % de la población.

    Este 1 % constituye la clase capitalista iraní: una burguesía profundamente entrelazada con el Estado, el aparato represivo, el alto clero y el capital internacional. Es una clase incapaz de desempeñar ningún papel progresista. El régimen no gobierna para la mayoría de la población, sino para esta minoría, utilizando la represión sistemática como mecanismo central para preservar el orden social.

    La clase obrera entra en escena

    Un elemento decisivo de la coyuntura actual es la entrada más organizada de la clase obrera y sus organizaciones. Docentes, enfermeras, camioneros, metalúrgicos y mineros llevan meses protestando. Esto representa una extraordinaria demostración de valentía en un país donde las organizaciones independientes, especialmente los sindicatos, están criminalizadas.

    La entrada de la clase obrera puede alterar cualitativamente el conflicto, ya que introduce en la lucha social a la única clase capaz de paralizar la economía y poner en perspectiva la cuestión del poder. El sector más estratégico es el de los trabajadores del petróleo y el gas. En diciembre, alrededor de 5000 trabajadores se declararon en huelga en Asaluyeh, el mayor centro energético del país, responsable de más de la mitad de los ingresos nacionales, según el sitio web Red Flag (https://redflag.org.au/article/iran-on-fire-rebellion-returns-to-the-streets).

    Cuando estos trabajadores se detienen, el corazón de la economía se ve directamente afectado. Esto confiere a la clase obrera del sector energético un peso estratégico decisivo y podría abrir la posibilidad objetiva de crisis revolucionarias en el país. No es casualidad que los trabajadores del petróleo y el gas desempeñaran un papel central en la Revolución Iraní de 1979, que derrocó al Sha y asestó un duro golpe al imperialismo estadounidense.

    Junto a las acciones en los lugares de trabajo, las universidades han vuelto a destacarse como centros de movilización política. Los estudiantes protestan contra la represión, el autoritarismo y la desigualdad de género, ampliando el alcance social del levantamiento.

    Este proceso confirma una importante tesis de León Trotsky, según la cual, en los países capitalistas dependientes, las demandas económicas y las demandas democráticas tienden a fusionarse, ya que la burguesía local es incapaz de resolver incluso las demandas más elementales. La lucha contra los altos precios conduce a una lucha contra el régimen. La lucha por los derechos democráticos conduce al enfrentamiento con la clase que controla la economía.

    Imperialismo, sanciones y agravamiento de la crisis

    Nada de esto puede entenderse sin tener en cuenta el papel del imperialismo. Décadas de sanciones económicas han debilitado la economía iraní, interrumpido las cadenas productivas y empobrecido a la población. Más recientemente, los ataques militares de Estados Unidos e Israel han destruido la infraestructura militar, civil y energética, lo que ha profundizado aún más la crisis social.

    El 23 de enero, la administración Trump anunció una nueva ronda de sanciones contra Irán, esta vez dirigidas al menos a nueve barcos de la «flota fantasma» que transportan petróleo y productos derivados del petróleo iraníes.

    Además, Estados Unidos ha impuesto aranceles del 25 % a los países que comercian con Irán, lo que acelerará la devaluación de la moneda, aumentará la pobreza y agravará la inestabilidad económica. El imperialismo no se opone al régimen iraní en nombre de la democracia, sino que disputa el control geopolítico y económico del país, intensificando la explotación y el sufrimiento de las masas.

    Este proceso no se limita al imperialismo occidental. Otras potencias también participan en el saqueo de la riqueza iraní, empezando por China, destino de alrededor del 89 % de las exportaciones de petróleo de Irán. En esta relación, Irán queda reducido al papel de proveedor de materias primas baratas, a menudo vendidas con grandes descuentos debido a los embargos petroleros, lo que refuerza la inserción subordinada del país en la división internacional del trabajo.

    Es una línea política «campista», muy extendida en algunas organizaciones de izquierda norteamericanas, tratar al régimen iraní como progresista simplemente porque entra en conflicto, en ciertos momentos, con el imperialismo occidental, mientras se ignora el apoyo de Pekín a la sangrienta dictadura iraní. El Gobierno iraní no actúa en defensa de los trabajadores ni de la democracia, sino que busca mejores condiciones para preservar su propia reproducción material y política, basada en la explotación económica y la represión sistemática.

    En este contexto, queda claro que ninguna solución progresista puede surgir ni del régimen teocrático ni de alternativas liberales proimperialistas, como la de Pahlavi, ni de alineamientos subordinados a potencias como China. Solo la acción independiente de la clase obrera, en alianza con los sectores oprimidos, puede abrir el camino hacia un resultado genuinamente democrático bajo el control de los trabajadores del país.

    Foto: Manifestantes marchan en Berlín, Alemania, el 18 de enero en solidaridad con las protestas en Irán. (Ebrahim Noroozi / AP)

  • La administración Trump prohibirá la atención de salud para la reafirmación de género de jóvenes transgeneros

    La administración Trump prohibirá la atención de salud para la reafirmación de género de jóvenes transgeneros

    Por RIO NERO

    En diciembre, la administración Trump propuso restricciones radicales a la atención sanitaria para la reafirmación de género de los menores transgeneros. El 18 de diciembre, los Centros de Medicare y Medicaid (CMS) anunciaron dos nuevas políticas propuestas que, en la práctica, pondrían fin a la cobertura de Medicaid de la atención sanitaria para la reafirmación de género de los menores de 18 años, cortando así un salvavidas fundamental para muchos jóvenes trans.1

    La primera de estas políticas modificaría las Condiciones de Participación (CoP) para descalificar a los hospitales que ofrecen atención sanitaria para la reafirmación de género del reembolso de Medicaid y Medicare. Dado que prácticamente todos los hospitales de Estados Unidos dependen de la financiación de los CMS para funcionar, la adopción de esta política significaría que los hospitales de todo el país dejarían de proporcionar atención sanitaria para la reafirmación de género.

    La segunda política propuesta prohíbe la asignación de fondos de Medicaid y del Programa de Seguro Médico para Niños (CHIP) a la atención sanitaria para la reafirmación de género de menores de 18 años, poniendo fin a la cobertura estatal de la atención sanitaria para la reafirmación de género de menores. Estas políticas por sí solas harían que la atención sanitaria para la reafirmación de género fuera inaccesible para la mayoría de los jóvenes trans de clase trabajadora. Estas dos propuestas están sujetas a impugnaciones legales; los comentarios sobre ellas deben presentarse antes del 17 de febrero.

    El secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., también firmó una declaración separada del HHS 2 el 18 de diciembre, que enmarca el acceso de los jóvenes a la atención sanitaria que afirma el género como una crisis de salud pública que viola las normas médicas profesionales y el juramento hipocrático. RFK defendió esta medida citando un estudio médico muy controvertido 3, 4 elaborado en noviembre de 2025 por el HHS bajo su autoridad, en el que se advierte que «los profesionales que realicen procedimientos de rechazo sexual a menores se considerarán incumplidores de esas normas». Esta declaración crea incertidumbre jurídica para todos los centros médicos que ofrecen atención sanitaria para la reafirmación de género, lo que supone un incentivo para dejar de proporcionar el tratamiento por completo, un efecto que recuerda inquietantemente a los proyectos de ley contra el aborto.

    La represión se extiende más allá de las instalaciones médicas. La FDA ha emitido 12 advertencias a fabricantes y tiendas privados de fajas compresivas, prendas utilizadas para aplanar el pecho, lo que indica una campaña más amplia contra los recursos que suelen utilizar las personas transgenero.5

    Estas medidas tendrían consecuencias devastadoras. Para muchos adolescentes transgeneros, el acceso a la TRH durante la pubertad no solo es afirmativo, sino que les salva la vida. La pubertad introduce cambios que son irreversibles sin una intervención oportuna. Si bien algunos efectos, como ciertas características sexuales secundarias, pueden mitigarse despues, otros, como la estatura, la estructura ósea y el engrosamiento de la voz, no pueden revertirse una vez alcanzada la edad adulta. Por esta razón, la adolescencia es un periodo crucial para el tratamiento. Negar la atención durante este período obliga a las personas transgenero a soportar una disforia para toda la vida que podría haberse evitado. Estas políticas agravarán el sufrimiento que ya padecen las personas transgenero como miembros altamente marginados de la población, al privar a los jóvenes transgenero de la autonomía sobre sus cuerpos.

    Las medidas del Gobierno constituyen una de las intervenciones federales más agresivas en la atención sanitaria de las personas transgenero hasta la fecha. Estas decisiones son claros intentos de robar a la comunidad transgenero el futuro que encarnan nuestros jóvenes. La resistencia masiva y pública a estos ataques contra los jóvenes transgeneros es absolutamente necesaria para poner fin a este asalto a la autonomía corporal y evitar que se amplíe su alcance. Las organizaciones que luchan por la autonomía corporal deben unirse a los jóvenes transgeneros, los trabajadores médicos, los profesores, los asistentes sociales y otros trabajadores de los sectores afectados para ampliar los órganos de lucha colectiva y luchar por los derechos trans.