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  • EL LEVANTIMIENTO EN BOLIVIA: Un seminario web

    EL LEVANTIMIENTO EN BOLIVIA: Un seminario web

    El levantamiento en Bolivia

    26 de junio a las 20:00 h, hora del Este

    Escanea el código QR o tinyurl.com/BOLIVIAULP

  • Edición del periódico junio-julio

    Trump sigue con su ataque contra los trabajadores y los oprimidos: Desde el ataque a los derechos de voto hasta el impacto medioambiental de la guerra contra Irán, pasando por los derechos al aborto y las luchas de los trabajadores inmigrantes de las plantas cárnicas en los piquetes, esta edición está repleta de análisis perspicaces sobre cómo los trabajadores se enfrentan a los horrores del capitalismo bajo el mandato de la administración Trump. En este número también podrás leer sobre los trabajadores migrantes en África, la lucha contra los centros de datos y el significado de las recientes elecciones en Hungría.

    La edición de junio-julio de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que nos ayude a sufragar los gastos de impresión.

    Haz clic en la imagen para leer el periódico o envíanos un mensaje para recibir una copia impresa:

  • LLAMADO URGENTE: ¡Liberen a los presos ucranianos de izquierda!

    Por la liberación de los activistas de izquierda y defensores de Mariúpol,

    DENIS MATSOLA y VLADISLAV ZHURAVLEV

    Desde hace más de tres años, los prisioneros de guerra ucranianos que participaron en la heroica defensa de Mariúpol, Denis Matsola y Vladislav Zhuravlev, se encuentran detenidos en cautiverio ruso.

    Ambos no solo son marines del Batallón 501, sino también conocidos activistas de izquierda que han pasado años luchando de forma constante por los derechos humanos, la justicia social y contra todas las formas de autoritarismo, desde Putin hasta el régimen oligárquico ucraniano.

    Denis Matsola es publicista, politólogo, activista de derechos humanos y antiguo miembro del sindicato estudiantil independiente de izquierda «Accion Directa» y de la organización «Movimiento Social».

    En Crimea defendió el medio ambiente, apoyó el movimiento de resistencia tártaro de Crimea y, tras la ocupación, ayudó al ejército ucraniano. Trabajando en Kyiv y Lviv, participó en la evacuación de civiles, documentó crímenes de guerra y publicó análisis.

    Denis se alistó voluntariamente en el ejército en 2021, convencido de que defender Ucrania es también una lucha por el futuro de la justicia social y la libertad.

    Vladislav «Iskra» Zhuravlev es anarquista, artista y voluntario. Antes de la guerra, participó activamente en iniciativas culturales y sociales de base, se pronunció contra la represión política en Crimea y apoyó públicamente la autonomía, la solidaridad y el autogobierno. Desde 2017, sirvió en un batallón de marines, al que más tarde invitó a Denis.

    Hoy, ambos se encuentran cautivos por Rusia en condiciones inhumanas. Zhuravlev está recluido en régimen de aislamiento total, sin comunicación con el mundo exterior, y Matsola lleva más de dos años en régimen de aislamiento, donde se le priva deliberadamente de alimentos. Hay información confirmada sobre torturas, como consecuencia de las cuales su salud se ha deteriorado gravemente. Sus vidas corren peligro.

    Este caso demuestra claramente que los capturados por el régimen ruso no son «neonazis», como afirman el Kremlin y la propaganda estalinista, sino representantes del pueblo: trabajadores, soldados, activistas de diversas tendencias, incluidos izquierdistas, socialistas y anarquistas.

    Es precisamente esta diversidad ideológica y social de la resistencia ucraniana la que da testimonio de su carácter verdaderamente democrático y popular. El Kremlin no lucha contra una ideología, sino contra la voluntad de defender la libertad misma.

    *****

    Hacemos un llamamiento URGENTE a las autoridades ucranianas:

    Denis Matsola y Vladislav Zhuravlev deben ser incluidos inmediatamente en las listas prioritarias para el intercambio y se debe hacer todo lo posible para garantizar su liberación;

    Instamos a las organizaciones internacionales de derechos humanos, a los gobiernos de los países democráticos y a los movimientos de izquierda y antiautoritarios de todo el mundo a que exijan el fin de la tortura, la garantía de los derechos fundamentales de los prisioneros de guerra y a que utilicen todos los mecanismos políticos y mediáticos para presionar a la Federación de Rusia.

    Hacemos un llamamiento a las organizaciones sociales y políticas progresistas para que apoyen la campaña de sensibilización destinada a informar a la opinión pública y denunciar estas condiciones. Porque el silencio ya no es una opción.

    Denis y Vladislav son los rostros de la resistencia que lucha por la libertad del país y por un futuro social más justo. Su liberación es nuestra responsabilidad común.

    *****

    En Ucrania, el Comando General de Coordinación para el Trato de los Prisioneros de Guerra, establecido bajo la responsabilidad de la Oficina del Presidente de Ucrania, se encarga de las cuestiones relacionadas con el intercambio de prisioneros.

    Incluye a representantes del Ministerio de Defensa, la Dirección Principal de Inteligencia, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), el Servicio de Inteligencia Exterior, el Ministerio del Interior y la Oficina del Comisionado para los Derechos Humanos del Parlamento Supremo.

    Este cuartel general coordina todas las etapas de preparación y ejecución de los intercambios, incluida la elaboración de listas, la logística y la interacción con las organizaciones internacionales. Véase su sitio web: https://koordshtab.gov.ua/ Correo electrónico: koord@gur.gov.ua

  • Trump, los reyes del Golfo y el genocidio en Palestina

    Por M.A. Al GHARIB

    La reciente visita del presidente estadounidense Donald Trump a Oriente Medio sorprendió a muchos observadores al dejar de lado a Israel. Trump hizo un acuerdo con Hamás para la liberación de detenidos, acabo los ataques contra Ansar Allah (conocido a menudo como el movimiento hutí) en Yemen y, en presencia de los titanes de la burguesía estadounidense, firmo acuerdos comerciales y militares masivos con los líderes de Arabia Saudí, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, todo ello sin la participación de Israel.

    ¿Significa esto que Estados Unidos está «abandonando» a Israel? No. El colonialismo sionista sigue desempeñando un papel importante, eliminando cualquier desafío progresista a la hegemonía estadounidense en Oriente Medio. Sin embargo, con un Golfo Árabe más asertivo, respaldado por el auge de China y la intensificación de la rivalidad interimperialista, los cálculos del imperialismo estadounidense buscan recalibrar aspectos importantes de la «relación especial» con Israel.

    Esto no significa por que venga pronto la liberación palestina. Ni al Golfo ni a Europa, y mucho menos a Estados Unidos, les importa eso. Sin embargo, tras casi dos años de genocidio israelí contra Gaza, la presión externa sobre Israel se encuentra con un régimen más vulnerable que nunca.

    Los hutíes ponen al imperialismo estadounidense a raya

    Lo primero que hay que mencionar es que, como explicamos en un artículo anterior, los hutíes han presentado una resistencia feroz al eje estadounidense-israelí. Desde entonces, ha quedado claro que la campaña de bombardeos estadounidenses no se ha convertido en una victoria rotunda para ellos. Según los líderes hutíes, fue Estados Unidos quien se puso en contacto con ellos para poner fin a las hostilidades, y la parte estadounidense incluso renunció a la exigencia de que los hutíes detuvieran su campaña militar en apoyo de Gaza.

    Según informe de Electronic Intifada, los hutíes sometieron a dos portaaviones estadounidenses a bombardeos diarios y, desde el 7 de octubre de 2023, derribaron cerca de 30 drones Reaper. La campaña de defensa organizada por el grupo armado también recibió el apoyo de protestas masivas en Yemen contra los bombardeos estadounidenses, que en su mayoría tenían como objetivo a civiles.

    El editor de Electronic Intifada, Ali Abu Nima, señaló que Trump ignoró a Israel en su viaje a Oriente Medio a principios de mayo, lo que demuestra que Estados Unidos puede perseguir sus propios intereses cuando los considera contrarios a los de Israel. En el trasfondo del acuerdo con los hutíes se encuentran tanto Irán como Palestina.

    Israel lleva décadas intentando arrastrar a Estados Unidos a una confrontación militar con Irán. Sin embargo, parece que incluso Trump y su séquito reconocen que una campaña de bombardeos contra la República Islámica desencadenaría una guerra y que, como ha dicho el comentarista de televisión de derecha Tucker Carlson, sería «la guerra de Estados Unidos». Rubio, el secretario de Estado estadounidense, admitió en abril que existe una vía para un programa nuclear civil y pacífico si Irán lo desea. Con ello, se hizo eco de Trump, quien subrayó que lo único que Irán no puede tener es una bomba (dando a entender que Irán no tiene que desmantelar todo su programa nuclear). En resumen, Estados Unidos ha estado enviando señales a Israel de que no luchará esta guerra por ellos. Poco antes de estas declaraciones, una bomba hutí cayó cerca del aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv.

    El aislamiento de Netanyahu por parte de Estados Unidos se ha repetido en las principales capitales occidentales, desde Madrid hasta París, pasando por Londres e incluso Berlín, que ahora ven a Israel como un obstáculo para los acuerdos comerciales que quieren cerrar con el Golfo y el resto del Sur Global. Esta constatación no puede desvincularse de la emergente esfera «multipolar» de la política internacional, en la que China y Rusia están en ascenso. En todo Occidente —que, cabe recordar, ha apoyado en su mayor parte el genocidio israelí—, el Israel liderado por Netanyahu parece cada vez más un actor irracional y una amenaza para la estabilidad empresarial.

    El aumento del genocidio en Palestina

    Sin embargo, nada de esto significa que Estados Unidos esté «abandonando a Israel». Se especuló con que el éxito de los hutíes y el deseo de evitar la guerra con Irán incentivarían a Trump a presionar a Netanyahu para que pusiera fin a la campaña de matanzas y hambrunas en Gaza. No hay pruebas de ello en el momento de escribir este artículo. De hecho, y aunque resulte casi inconcebible decirlo, dados los crímenes gigantescos cometidos por Israel en Gaza desde el 7 de octubre de 2023, en el último mes hemos visto a un  aumento aún más terrible de la campaña de aniquilación israelí.

    Aparte de una breve mención durante su viaje al Golfo sobre el sufrimiento de los habitantes de Gaza, Trump ha seguido como de costumbre, haciendo la vista gorda ante la monstruosidad de la campaña israelí, que incluso ha provocado críticas inusualmente duras por parte de los más entusiastas partidarios europeos del sionismo.

    En cambio, tenemos el patético intento de Estados Unidos e Israel de (más o menos) fingir que van a enviar ayuda humanitaria a Gaza. En realidad, la llamada Fundación Humanitaria de Gaza tiene por objeto eludir el (ya problemático pero importante) régimen de apoyo de la ONU. Para el sionismo colonial y su patrocinador estadounidense, cumple dos funciones importantes. Es una ganancia inesperada para los contratistas, una empresa de «lavado de derechos humanos», someter a los habitantes de Gaza a la vigilancia israelí y mercenaria; y permite que el asesinato en masa y la hambruna continúen sin cesar. Incluso el director de la GHF, Jake Wood, un veterano de la Marina estadounidense, rápidamente vio a través de la fina niebla de engaños que se esconde detrás de esta farsa y, el 27 de mayo, dimitió.

    Mientras tanto, la situación en Cisjordania sigue empeorando tras meses de bombardeos y redadas por ejército israelí, junto con pogromos de colonos. Como informó recientemente el periodista Ben Ehrenreich en un artículo devastador, la situación en toda Cisjordania es tan desoladora que incluso activistas con años de experiencia en el movimiento no violento están perdiendo la esperanza o viendo la resistencia armada como su única opción. Esto último parece especialmente cierto entre los jóvenes. No es por la esperanza de que la resistencia armada traiga la liberación, sino más bien como un medio de supervivencia. Otros, especialmente los jóvenes, parecen resignados a un destino en el que morirán inevitablemente bajo los ataques de las FDI y los colonos. Si van a morir de todos modos, piensan, más vale morir luchando. Además, con la violencia de las FDI y los colonos en su peor momento (véase los campos de refugiados de Tulkarem y Jenin, ahora en ruinas), los palestinos de Cisjordania ven también en Gaza su futuro.

    El papel de las monarquías del Golfo Árabe

    Los comentaristas liberales burgueses han enmarcado las recientes reuniones entre Trump y los líderes de los Estados del Golfo —en particular Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos— en torno a la idea de la «corrupción». De hecho, los directivos de las grandes empresas que se postran ante Trump obtendrán sin duda enormes beneficios del eje Trump-CCG. Por ejemplo, SpaceX, de Elon Musk, ha acordado un contrato para que Starlink proporcione Internet a empresas con sede en Arabia Saudí y está a punto de hacerlo con Emirates Airlines, mientras que Neuralink, la empresa de Musk que fabrica chips cerebrales implantables, está en conversaciones con el servicio de salud de Abu Dabi. VY Capital, una empresa con sede en Dubái, respalda al menos cinco de los proyectos de Musk. Musk es solo uno de las docenas de ejecutivos de las mayores empresas estadounidenses, entre las que destacan las tecnológicas y bancarias, que acompañaron a Trump al Golfo. Esto se suma al acuerdo armamentístico de 600 000 millones de dólares entre Estados Unidos y Arabia Saudí, uno de los mayores de la historia.

    Sin embargo, centrarse en las personalidades de los principales responsables —el «corrupto» Trump y los príncipes, etc.— es engañoso. Es pasar por alto el papel de las monarquías del Golfo, en particular Arabia Saudí, en el apoyo al imperialismo estadounidense. Como ha demostrado el geógrafo marxista Adam Hanieh, los petrodólares del Golfo han desempeñado dos funciones fundamentales desde el periodo de nacionalización del petróleo a principios de la década de 1970: proporcionar a Estados Unidos acceso a capital extranjero barato y reforzar el dominio del dólar. A cambio, Estados Unidos incorporó a los Estados del Golfo a su arquitectura de seguridad de la Guerra Fría, y las monarquías han desempeñado en general el papel de clientes fiables. De hecho, han sido tan importantes como Israel para la agenda estadounidense de garantizar la estabilidad regional, aplastando los movimientos progresistas y a los posibles rivales de la hegemonía estadounidense en Asia occidental y el océano Índico.

    Ahora que China está consolidando su posición como principal antagonista de Estados Unidos, los Estados del Golfo representan un escenario mucho más importante para la rivalidad interimperialista. Los Estados del Golfo, como señala Hanieh, controlan alrededor de 800 000 millones de dólares en reservas extranjeras, más que India, y sus fondos soberanos están valorados en casi 5 billones de dólares. De hecho, según un sólido análisis publicado en Jacobin, para Estados Unidos, los beneficios económicos y políticos de la alianza con el Golfo ofrecen muchas más ventajas que los de Israel.

    A medida que se recrudece la rivalidad interimperialista, la región del Golfo cobra aún más importancia en los cálculos imperialistas y, con ello, «Israel va a tener menos utilidad estratégica para Estados Unidos, que no tiene intereses vitales en la volatilidad que caracteriza la era de Netanyahu, como una guerra con Irán. … Estados Unidos también prefiere una reconfiguración que proteja sus intereses financieros y estratégicos a largo plazo, habiendo aceptado que las interminables intervenciones militares en Oriente Medio han sido insaludables».

    Conclusión

    Las tensiones de Estados Unidos y del resto de Occidente con Netanyahu no significan que ellos, o sus homólogos del Golfo, se preocupen por Palestina y los palestinos. De hecho, el papel de las monarquías del Golfo con respecto a la liberación palestina ha sido similar a su enfoque hacia otros movimientos populares y progresistas árabes: en el mejor de los casos, un papel burocratico; en el peor, un baluarte de la reacción. Esto podría explicar por qué la devastación en Gaza y Cisjordania continúa desplegando la plena barbarie. Los regímenes del Golfo, al igual que sus patrocinadores estadounidenses y sus homólogos europeos, se preocupan por los negocios, no por los derechos humanos y mucho menos por la liberación proletaria.

    Esto significa, más que nunca, que la desestabilización y el desmantelamiento del Estado colonial sionista vendrán de la firmeza palestina combinada con la presión externa. Esta ha sido la estrategia del BDS desde su aparición a mediados de la década de 2000. Ha supuesto que los actores palestinos locales hayan desplegado la justicia moral de la liberación palestina para dar confianza a los movimientos de solidaridad internacional. Estos movimientos mantuvieron su postura de principios contra la complicidad y el silencio de sus gobiernos ante el genocidio. La presión externa ejercida por un movimiento de masas democráticamente organizado, desde abajo, liderado por la clase trabajadora, y no por el aventurerismo equivocado del terrorismo individual, es más que nunca el camino a seguir.

    • ¡Por una Palestina libre, laica y socialista!

    • ¡Por un movimiento de masas proletario para desmantelar el sionismo y el colonialismo!

    Foto: Trump se reúne con el príncipe heredero Mohammed bin Salman en el Palacio Real de Riad, Arabia Saudí, el 13 de mayo. (Alex Brandon / AP)

  • Una ola de huelgas y protestas sacude a Panamá

    Por Lena Souza

    Trabajadores/as, juventud y sectores populares e indígenas de Panamá protagonizan una creciente ola de protestas sociales en respuesta a las reformas del gobierno de José Raúl Mulino. Bloqueos de carreteras, manifestaciones y huelgas aumentan en todo el país y tienen como centro la derrota de la Ley 462, de reforma de la previsión social. Pero las demandas también pasan por el rechazo a los acuerdos del gobierno panameño con Estados Unidos sobre el Canal de Panamá y la entrega de la soberanía del país y la propuesta de reabrir la mina de cobre en Donoso-Colón, que fue cerrada tras grandes manifestaciones en 2023[1].

    Las protestas que se venían dando desde hacía unos meses contra la reforma previsional se radicalizaron a partir del 12 de febrero de 2025. En esa fecha, miles de panameños salieron a las calles para manifestarse en contra de los cambios propuestos por el gobierno al sistema de pensiones y sufrieron una fuerte represión luego de que los trabajadores, encabezados por el Suntracs (Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Construcción y Similares), bloquearan una de las principales avenidas de la capital. La policía utilizó gases lacrimógenos contra los manifestantes, deteniendo a unas 500 personas y dejando al menos 16 heridos[2]. El Primero de Mayo también hubo una amplia movilización con protestas en varias ciudades del país y actualmente, además de los sectores de la construcción, el magisterio y los trabajadores bananeros, que están en lucha desde abril, también se han sumado a las protestas otros sectores como el de los profesionales de la salud, los movimientos populares e indígenas, formando un frente de resistencia a las actuales políticas gubernamentales[3].

    La represión del gobierno no intimidó a la resistencia

    Desde el 23 de abril, los docentes están en huelga por tiempo indeterminado contra la reforma de las pensiones. La Asociación Panameña de Profesores (Asoprof) denuncia que la Ley 462 compromete el derecho a la jubilación y profundiza la precarización de la educación. Incluso con el recorte salarial anunciado el 12 de mayo por el Ministerio de Educación, el movimiento sigue fuerte. “Seguiremos adelante pese a las intimidaciones”, afirmó Fernando Ábrego, dirigente de Asoprof.

    Los obreros de la construcción, en huelga y movilizados desde principios de año, denuncian una campaña de criminalización por parte del gobierno, que incluye el congelamiento de sus cuentas y la prisión de sus miembros. Sin embargo, en una reunión de los sectores en lucha realizada este domingo (11/5), el secretario general del sindicato llamó a los trabajadores a mantenerse unidos, con firmeza y disciplina, hasta que se derogue la Ley 462[4].  Los trabajadores/as bananeros/as, organizados en el Sitraibana (Sindicato de Trabajadores de la Industria Bananera, Empresas Agrícolas y Similares), también están en huelga desde hace tres semanas en la provincia de Bocas del Toro.

    Las enfermeras de la ANEP (Asociación Nacional de Enfermeros de Panamá) anunciaron un paro gradual a partir del 19 de mayo. Los pueblos indígenas, a través de la Coordinadora Nacional, anunciaron su adhesión al paro nacional a partir del 12 de mayo. Además de las fuertes huelgas en diversos sectores, luchadores de varias provincias, como Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, mantienen bloqueos permanentes, que demuestran la fuerza de la movilización.

    Y muestran su rechazo a las medidas del gobierno y su apoyo a la lucha de los trabajadores/as, los/as estudiantes que organizaron varias marchas y manifestaciones para expresar su oposición a la ley 462 y exigir su derogación.

    Reforma de las pensiones: un ataque a los derechos

    La Ley 462, aprobada en marzo de 2025, es vista como un regalo al capital financiero. Aumenta la edad de jubilación y señala una futura privatización de la previsión social. Las estimaciones indican que las pensiones podrían reducirse hasta en un 30%. Todo esto en un proceso legislativo apresurado y antidemocrático. Las organizaciones en lucha argumentan que la ley “enmascara” el aumento de la edad de jubilación, perjudica la previsión social al implementar un modelo de cuenta individual, y exigen la derogación de la ley y el retorno al sistema solidario por medio del sistema de distribución de beneficios definidos.

    Sumisión al imperialismo y saqueo ambiental

    La ofensiva neoliberal del gobierno de Mulino también se manifiesta en el deseo de reabrir la mina Cobre Panamá, operada por la canadiense First Quantum Minerals, incluso después de las grandes manifestaciones de 2023, que obligaron a la Corte Suprema de Justicia a cerrar y revocar el contrato. La reanudación del proyecto es un ataque directo al medio ambiente y a los derechos de las comunidades.

    La lucha también es por la soberanía del país. En abril de 2025, Mulino firmó un memorando de entendimiento con Estados Unidos que concede a las tropas estadounidenses acceso a las instalaciones aéreas y navales en Panamá. Esto reaviva el debate sobre la soberanía panameña en relación con el Canal y el papel del imperialismo en la región, que se desarrolla en el artículo de Alejandro Iturbe: EEUU quiere recuperar su “patio trasero”[5].

    ¿Quién es José Raúl Mulino?

    Mulino asumió la presidencia de Panamá el 1 de julio de 2024, tras ganar las elecciones, como sustituto de Ricardo Martinelli[6], quien fue inhabilitado para postularse debido a condenas por corrupción. Para entender quien es Mulino, es importante conocer el historial de corrupción de Ricardo Martinelli, a quien reemplazó como candidato.

    Ricardo Martinelli fue presidente de Panamá entre 2009 y 2014 y tiene un largo historial de acusaciones y procesos por corrupción y abuso de poder. En 2015, luego de que la Corte Suprema de Justicia de Panamá emitiera una orden de captura contra Martinelli por espionaje ilegal y desvío de fondos públicos, este dejó el país y se fue a Estados Unidos, donde en 2017 fue detenido y, tras un año de prisión en ese país, fue extraditado a Panamá en junio de 2018 para responder a los cargos.

    En agosto de 2019, Martinelli fue absuelto de los cargos de espionaje y peculato relacionados con el caso conocido como «Pinchazos», lo que resultó en su liberación del arresto domiciliario en que estaba.

    En julio de 2023, Martinelli fue condenado a 10 años y 8 meses de prisión y el pago de una multa de US$19 millones por lavado de dinero en el caso “New Business” [“Nuevos Negocios”]. Luego de que la sentencia fuera confirmada por la Corte Suprema de Panamá en febrero de 2024, Martinelli solicitó asilo en la embajada de Nicaragua en la Ciudad de Panamá, alegando persecución política. Al momento de escribir este artículo, Colombia ha concedido asilo político a Martinelli y el gobierno panameño ha autorizado su traslado a Bogotá[7].

    Mulino, quien fue elegido presidente, tiene antecedentes de reprimir las protestas populares durante su período como ministro de Seguridad en el gobierno de Martinelli, incluyendo acciones violentas contra huelgas y manifestaciones.

    Su elección, a pesar de los escándalos de corrupción que involucran a Martinelli, es una expresión de la crisis económica capitalista y pone de relieve la distorsión que representa la democracia burguesa, que manipula ideológicamente a los/as trabajadores/as y al pueblo pobre, haciéndoles creer que ellos toman las decisiones, mientras mantiene en el poder a los representantes de los ricos.

    Como se demuestra en este momento de lucha en el país, Mulino representa la continuidad de políticas autoritarias y represivas contra los movimientos sociales y sindicales, consolidando un gobierno alineado a los intereses de las elites económicas y al imperialismo.

    Esto refuerza la necesidad de construir una alternativa socialista que represente los intereses de la clase trabajadora y enfrente las estructuras de poder establecidas por el sistema capitalista.

    ¡Todo el apoyo a la lucha panameña!

    La rebelión en Panamá no es sólo contra una ley, sino contra todo un sistema que mercantiliza los derechos sociales, entrega la soberanía nacional al imperialismo, y reprime a quienes luchan. La clase trabajadora, la juventud y el pueblo panameño dan ejemplo de valentía, unidad y disposición de lucha.

    Llamamos a todas las organizaciones de la clase trabajadora y de la izquierda internacional a manifestar su solidaridad con la lucha en Panamá. Que sirva de inspiración para toda América Latina.

    Traducción: Natalia Estrada.


    [1] Seguir el ejemplo de lucha en Panamá – Liga Internacional de los TrabjadoresLiga Internacional de los Trabajadores

    [2] Masiva protesta en Panamá contra la reforma del sistema de pensiones  | El Ejecutivo busca aumentar la edad jubilatoria | Página|12

    [3] Sectores populares de Panamá mantendrán huelga contra ley del seguro – Noticias Prensa Latina

    [4] Sectores populares de Panamá mantendrán huelga contra ley del seguro – Noticias Prensa Latina

    [5] Estados Unidos quiere recuperar su “patio trasero” – Liga Internacional de los TrabajadoresLiga Internacional de los Trabajadores

    [6] Ex-presidente do Panamá condenado por corrupção recebe asilo na Colômbia

    [7] Colômbia concede asilo político a ex-presidente panamenho Ricardo Martinelli

  • Palestina necesita un movimiento de masas, no lobos solitarios

    Por CARLOS SAPIR

    El 21 de mayo, dos empleados de la embajada israelí en Washington D. C. fueron asesinados a tiros cuando salían de un evento profesional proisraelí organizado por el Comité Judío Americano. El sospechoso, Elias Rodríguez, de Chicago, fue detenido en el lugar de los hechos. Menos de una semana después, las autoridades estadounidenses anunciaron que habían detenido a un ciudadano estadounidense, Joseph Neumayer, que presuntamente había planeado lanzar un incender la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv.

    ¿Cómo entendemos estos incidentes y cuál es el camino a seguir para el movimiento de solidaridad con Palestina en estas circunstancias?

    Conclusiones precipitadas

    La administración Trump no tardó en denunciar el tiroteo de Washington como terrorismo antisemita. Esta afirmación fue repetida por los grandes medios de comunicación, como The New York Times. Los halcones sionistas pidieron la represión de las manifestaciones a favor de Palestina. Al mismo tiempo, culparon al Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL) y a la coalición ANSWER, organizaciones de izquierda con las que, según las noticias, el sospechoso tuvo un breve contacto hace varios años.

    El impacto inmediato de los asesinatos es claro: da pretexto para aumentar las medidas represivas contra los activistas solidarios con Palestina. No importa que no haya ningún indicio de que el ataque estuviera motivado por el odio hacia los judíos, sino por la indignación claramente expresada contra las horribles masacres cometidas por el Estado israelí, o que la muerte de dos empleados del Gobierno israelí sea una gota en el mar comparado con las decenas de miles de palestinos ya asesinados por el implacable asedio de Israel a Gaza y Cisjordania y sus campañas de bombardeos indiscriminados en el Líbano, Siria y Yemen.

    El PSL y ANSWER, que han organizado innumerables acciones de solidaridad con Palestina, incluidas repetidas marchas en Washington, ahora tienen que hacer frente a acusaciones de incitación o incluso de cometer terrorismo, lo que podría obstaculizar sus esfuerzos de organización.

    El periodista independiente Ken Klippenstein, que publicó el manifiesto del presunto tirador, ha sido objeto de intimidación directa por parte del FBI, y es probable que cualquier otra persona o grupo con un perfil público vinculado al sospechoso se enfrente a una presión similar o mayor por parte de las autoridades federales.

    Los ataques contra las embajadas de Israel y Estados Unidos aceleran un proceso ya existente de la demonización y la criminalización del discurso y la actividad política pro palestina. Estos son los impactos inmediatos negativos que ya se han producido. Entonces, ¿qué queda de la dirección política trazada por estos justicieros?

    Leer el manifiesto

    El supuesto manifiesto del tirador es un documento breve. Identifica con lucidez su motivación como una respuesta a la violencia estatal cometida por Israel con el apoyo directo de Estados Unidos. Señala que esta violencia existe desde hace décadas, pero que la conciencia del público estadounidense sobre su alcance y su naturaleza inconcebible solo ha cambiado recientemente. Sin embargo, a pesar de señalar que hay un patrón de impunidad entre los carniceros de Gaza y quienes llevaron a cabo actos de violencia similares durante la guerra de Vietnam o en el genocidio del pueblo maya en Guatemala, no dice nada sobre el marco político que ha sido cómplice de estos crímenes. Los términos «imperialismo» e «imperio» no aparecen en el manifiesto, ni tampoco «capitalismo».

    El manifiesto compara a su autor con el que intento a asesinar a Robert McNamara en 1972 en un barco frente a la costa de Martha’s Vineyard, varios años después de que McNamara dimitiera de su cargo de secretario de Defensa y carnicero de Vietnam. El valor de esta acción, según tanto el agresor de 1972 como el tirador de 2025, era simplemente mostrarle a McNamara que «su historia no era tan bonita, ¿verdad?», cuando se vio acorralado cara a cara. Tras sobrevivir al encuentro, McNamara pasó los nueve años siguientes continuando con su apoyo al imperialismo en su puesto de presidente del Grupo del Banco Mundial, seguido por una vida cómoda y lujosa como miembro del consejo de administración de varias instituciones estadounidenses de renombre, antes de morir pacíficamente en su casa en 2009.

    El manifiesto del tirador teoriza además que su acción es una «demostración armada», un paso más allá de la «demostración pacífica», que supuestamente ha fracasado. Considera que la intención de las protestas masivas es simplemente una forma de manifestar a la opinión pública ante los políticos, de quienes se espera que actúen en consecuencia, en lugar de una forma de reunir fuerzas entre la clase trabajadora para movilizar su poder económico contra la maquinaria bélica.

    Se hace eco de la retórica del Weather Underground en su insistencia en que es necesario «traer la guerra a casa» y «escalar», mientras que el único objetivo del Estado es impedir que esto suceda y convencer al público de que no es una estrategia eficaz. Lamentablemente, se trata de un malentendido fatal sobre los objetivos del Estado capitalista, los métodos que ha empleado durante décadas en su actividad «antiterrorista» y las estrategias que realmente ayudan a construir poder en contra del Estado.

    El «contraterrorismo» y la guerra traída a casa

    Cabe señalar que los atentados con bombas perpetrados por Weather Underground no desempeñaron un papel decisivo en el fin de la guerra de Vietnam. Tampoco lograron victorias significativas contra el imperialismo las tácticas similares adoptadas por los grupos de «guerrilla urbana» afines en Europa , a pesar de las interminables rondas de «escalada» de grupos que se volvieron cada vez más aislados. Además, la evidencia histórica sugiere que las fuerzas del Estado se encuentran en una posición mucho más sólida cuando los disidentes recurren a tácticas terroristas y, de hecho, han dedicado importantes recursos a empujar a individuos y grupos de izquierda y musulmanes hacia confrontaciones más violentas con el Estado con el fin de mejor aislarlos y reprimirlos.

    Ahora sabemos que durante la Guerra Fría, las fuerzas estatales de Estados Unidos y Gran Bretaña adoptaron una «estrategia de tensión» en Italia, formando células terroristas neofascistas y fomentando clandestinamente el terrorismo de células de izquierda con el fin de desacreditar al Partido Comunista Italiano y al Partido Socialista Italiano e impedir su entrada en el gobierno. Aunque también hubo izquierdistas sinceros que defendieron las acciones armadas durante este periodo, es significativo que las fuerzas del imperialismo no consideraban el terrorismo de izquierda como una amenaza, sino como una oportunidad. El resultado se recuerda hoy como los «años de plomo» («Anni di Piombo», desde finales de la década de 1960 hasta principios de la de 1980) en Italia, que experimentó una contracción de la organización política popular y un debilitamiento general de la izquierda.

    Mientras tanto, en Estados Unidos, fueron informantes del FBI como Richard Aoki quienes animaron al Partido Pantera Negra a adoptar una postura de confrontación armada con la policía, lo que finalmente condujo a la detención de sus líderes y a la destrucción de la organización.

    Aunque los archivos del FBI y la CIA del siglo XXI aún no se han revelado, es evidente que el FBI adoptó una estrategia similar como parte de la llamada «guerra contra el terrorismo». Los registros parciales ya obtenidos por investigadores y activistas sugieren que las agencias estatales han llevado a cabo una campaña de infiltración y trampas contra posibles radicales, dirigiéndolos hacia complots terroristas mal planificados que terminan con la detención de los perpetradores engañados.

    Por el momento no ha aparecido ninguna prueba que demuestre la participación del gobierno en los recientes atentados. Sin embargo, hay que reconocer que el aparato estatal ve la violencia disidente como una oportunidad de la que sacar provecho. Las circunstancias de los atentados, por su parte, subrayan aún más que no se planificó ni siquiera las consecuencias inmediatas y obvias de los actos.

    Los informes de los medios de comunicación sugieren que el sospechoso del tiroteo en Washington D. C. se entregó voluntariamente tras el tiroteo y pidió que llamara a la policía al personal del cercano Museo Judío. En Tel Aviv, el presunto autor del atentado con bomba inexplicablemente decidio escupirle a un guardia de la embajada antes de huir a toda velocidad, dejando atrás una mochila llena de cócteles Molotov —aparentemente la única prueba en ese momento que lo vinculaba con alguna actividad delictiva más grave— antes de regresar a su hotel, donde fue detenido poco después por la policía israelí. Este comportamiento errático no sugiere que estas personas tuvierán un plan y una estrategia claros, sino más bien que, ante el inmenso sufrimiento infligido por las fuerzas israelíes contra Palestina, con el apoyo de Estados Unidos, cayeron presa de la idea de cometer delitos graves sin pensar mucho en lo que sucedería después (o, en el caso de Tel Aviv, incluso antes).

    Escalera adelante, salida a la izquierda

    Ante un gobierno que habla abiertamente de su deseo de desplegar el ejército para sofocar movilizaciones populares, que de hecho afirma que el país ya está sufriendo una «invasión» de inmigrantes y que, por lo tanto, justifica el uso de leyes de guerra y la supresión de todas las libertades civiles, debería quedar muy claro que el Estado no desea nada más que «traer la guerra a casa» y utilizar dicha «guerra» como excusa para una represión cada vez más dura. Si bien es cierto que las consecuencias de la guerra han dado lugar en varias ocasiones a revoluciones exitosas, estas transformaciones no se produjeron gracias a un puñado de terroristas que «trajeron la guerra a casa» bombardeando la infraestructura o tiroteando el personal del gobierno: Ya sea en la Revolución Rusa, la Revolución de los Claveles en Portugal, la derrota de la dictadura argentina en 1983 o en cualquier otro lugar, no vemos las acciones de unos pocos incendiarios y asesinos, sino el papel de las movilizaciones masivas de una amplia población descontenta con la guerra, la ocupación y sus resultados.

    El impulso de «escalar» es comprensible ante un genocidio y la intransigencia del gobierno estadounidense a pesar de la indignación popular. Después de haber marchado y llamado a tu congresista sin resultado, ¿qué más queda por hacer? El error en la lógica de siempre escalar es ver la resistencia como una tarea fundamentalmente individualista: «Yo» marché y «yo» llamé a mi congresista y no pasó nada; por lo tanto, «yo» ahora debo tomar las armas porque es la única manera en cual «yo» pudiera decidir quién vive y quién muere. Incluso si ese «yo» se sustituyera por un grupo de unas pocas docenas, o incluso cientos, de activistas dedicados, estaría muy lejos de las masas que pueden y deben movilizarse para lograr un cambio político. No se comprende que el trabajo político para las luchas populares es una cuestión de la movilización masiva y la acción colectiva: las marchas de los últimos años han sido movilizaciones grandes e impresionantes que apenas han comenzado la tarea de poner a la gente en moción.

    Llevamos el legado de luchas exitosas que se libraron y ganaron en parte porque reconocieron que el terrorismo individualista y los asesinatos son un callejón sin salida. No podemos permitirnos mirar a una multitud de 10 000 o incluso 100 000 personas y decir: «Este es el número de personas que están dispuestas a defender Palestina». Estas manifestaciones no son más que un trampolín hacia movilizaciones de millones de personas, que incluyen todo el peso de los sindicatos, así como de los trabajadores aún no organizados que llevan estas cuestiones políticas a sus lugares de trabajo y, al hacerlo, ejercen un poder político real, y no solo el cañón de un arma.

    Dibujo: El presunto autor de los disparos, Elías Rodríguez (sentado a la izquierda), en su comparecencia ante el tribunal. (Reuters)

  • ¡Necesitamos la producción planificada para detener la contaminación por plásticos!

    Por B. COOPER

    La contaminación por plásticos es uno de los principales problemas medioambientales a los que nos enfrentamos hoy en día y será un reto para las próximas generaciones también. La contaminación por plásticos está muy extendida en nuestro entorno y en nuestros cuerpos. Hasta Forbes, portavoz de las grandes empresas, reconoce la amenaza, y Food & Water Watch incluye los microplásticos en su lista de las cinco principales amenazas para el agua potable.

    Todas las grandes potencias industriales fabrican plástico. Las principales materias primas para la producción del plástico son subproductos del refinado de combustibles fósiles, lo que abarata su producción para las economías basadas en estos combustibles. Debido a su bajo coste y versatilidad, las empresas utilizan el plástico en prácticamente todos los envases y en casi todos los productos de consumo. El afán de lucro desplaza cualquier preocupación por la sostenibilidad o la salud pública, dando prioridad a lo barato y lo cómodo frente a lo seguro y lo duradero. En resumen, debido al capitalismo, vivimos en una situación muy peligrosa.

    La única forma segura de detener la contaminación por plásticos y comenzar el proceso de limpieza del planeta es detener la producción de plásticos en su origen. Esto requiere una economía planificada en la que todos los productores de plásticos, las empresas de reciclaje y las industrias adyacentes sean nacionalizadas bajo el control de los trabajadores. Los trabajadores pueden decidir cómo gestionar una transición justa para abandonar los plásticos, los combustibles fósiles y la guerra sin socavar necesidades como la sanidad y el transporte, y podemos hacerlo mejor que los multimillonarios. Debemos tomar decisiones racionales pronto sobre cómo y dónde se deben utilizar los plásticos, o de lo contrario nos encaminaremos hacia la tragedia.

    El alcance del problema

    Los residuos plásticos se acumulan en enormes montones de basura en todo el planeta, incluida la conocida Gran Mancha de Basura del Pacífico, una zona del mar de 1,6 millones de kilómetros cuadrados donde las corrientes marinas recogen diminutas partículas de basura que flotan «descomponiéndose» en el agua. Por supuesto, este no es el único lugar donde se acumula la contaminación plástica; hay innumerables vertederos y zonas de residuos «naturales» en toda la Tierra. También hay innumerables lugares donde se quema de plástico.

    Gran parte de esta contaminación plástica se ha descompuesto en microplásticos invisibles, definidos como piezas más pequeñas que una uña, pero que pueden tener un tamaño de tan solo cinco nanómetros. A modo de comparación, 0,1 milímetros es 100 000 veces más largo que un nanómetro. Estos microplásticos se han acumulado en el cuerpo humano al comer pescado contaminado, beber agua contaminada, respirar aire contaminado y por el contacto de la piel con los plásticos. Se han encontrado en ríos, océanos, suelos, cultivos, etc.

    Los microplásticos son extremadamente omnipresentes. Tú, querido lector, tienes plástico en tu cuerpo. Las investigaciones han descubierto que todo el mundo consume el equivalente a una tarjeta de crédito cada semana al ingerir, respirar y tocar plásticos. No ha sido necesario beber agua de color marrón ni comer tarjetas de crédito para que lleguen allí. Los microplásticos no solo provienen de los vertederos, ya que cualquier plástico que bebemos, cocinamos, construimos o con el que jugamos puede desprender estas partículas. Las pruebas han revelado la presencia de microplásticos en la mayoría de los tejidos humanos, incluido el cerebro humano, donde se han encontrado concentraciones más elevadas en personas con diagnóstico de demencia. Otros efectos sobre la salud pueden incluir problemas hormonales, complicaciones fetales y enfermedades cardíacas.

    Enumerar todas las fuentes de microplásticos queda fuera del alcance de este artículo, pero cabe mencionar la ropa de poliéster, nailon y látex, que contribuye con una cantidad considerable de microplásticos al agua cada vez que se lava. Las empresas producen cada vez más ropa de poliéster debido a su bajo coste. Los cosméticos y las colillas también son fuentes importantes de microplásticos. Aunque prácticamente toda el agua potable está contaminada en mayor o menor medida, el agua embotellada tiene concentraciones más altas de microplásticos, al igual que todas las bebidas envasadas en plástico.

    Los plásticos y la naturaleza

    Los plásticos no son biodegradables como el papel y son menos estables que la mayoría de los metales. Por lo tanto, cuando los plásticos se «descomponen», lo único que hacen es romperse en trozos cada vez más pequeños. Esto ha provocado la infiltración total de microplásticos en el cuerpo humano y en el ecosistema.

    Los plásticos se fabrican a partir de hidrocarburos extraídos del refinado del petróleo crudo. En química se denominan monómeros (moléculas individuales) y se unen entre sí en cadenas de moléculas llamadas polímeros. Se pueden utilizar diferentes polímeros para fabricar diferentes plásticos. La vida en la Tierra no ha evolucionado para utilizar estos polímeros y, por lo tanto, no son biodegradables. Se sospecha que tardan más de 500 años en desaparecer, si no más. Como resultado, la producción continua de plásticos por parte de los seres humanos solo conduce a que una cantidad cada vez mayor de espacio, originalmente destinado a la biología, sea ocupado por materia plástica inerte… ni los microbios de nuestro cuerpo ni los del suelo pueden metabolizarla.

    Pero, ¿no se pueden reciclar los plásticos?

    Alrededor del 91 % de todo el plástico fabricado nunca se ha reciclado. Permanece en vertederos, en el mar o en partículas invisibles a nuestro alrededor. Incluso si se reciclara, el proceso no eliminaría totalmente el riesgo de que los plásticos desprendieran partículas microscópicas.

    Parte del problema es la logística. Por los motivos de la comodidad y rentabilidad, el capitalismo mundial produce plástico para todos los usos imaginables, pero los principales gobiernos, como los de Estados Unidos y China, no han impuesto regulaciones lo suficientemente estrictas sobre su eliminación, ni los gobiernos municipales han proporcionado una infraestructura lo suficientemente sólida para gestionar la cantidad y la variedad de los plásticos con los que se encuentran los consumidores.

    Además, el 9 % del reciclaje que se realiza se subcontrata a trabajadores del Sur global, en condiciones cuestionables y con salarios miserables. El transporte de este plástico al extranjero implica más emisiones de carbono.

    La mayoría de los tipos de plástico no son reciclables en absoluto. La mayor parte del plástico reciclable es PET (botellas de agua) o HDPE (jarras). Las empresas han impreso los tipos de plástico en la parte inferior o en los laterales de los productos, pero esto es de poca ayuda cuando los municipios no tienen la voluntad o los medios para separar adecuadamente los tipos de plástico o para dejar claro este hecho a los consumidores. También hay otra docena de tipos de plástico que se convierten instantáneamente en basura en el momento de su creación. El plástico transparente, el poliestireno expandido, los microplásticos de los cosméticos y la ropa de poliéster no se pueden reciclar.

    Los bioplásticos son un ejemplo de plásticos fabricados a partir de fuentes distintas de los combustibles fósiles. En la teoría, son biodegradables. En la práctica, sin embargo, esto no es nada cierto, y esta categoría representa una parte pequeñissima de los plásticos del mundo. Una vez más, todo se reduce al coste. Los bioplásticos no son rentables para las empresas petroleras, que necesitan vender los subproductos del refinado del petróleo crudo.

    La industria del plástico y los combustibles fósiles

    El reciclaje es inútil cuando las empresas no se molestan en fabricar productos reciclados. El 90 % de los productos plásticos son plásticos primarios. Son más baratos que los productos reciclados y se pueden fabricar más tipos de productos con los plásticos primarios que con los reciclados. Además, la mayoría de los productos de plástico reciclado están fabricados en parte con plásticos primarios también.

    La contaminación por plásticos es en gran medida la culpa de la industria de los combustibles fósiles, que en su búsqueda de beneficios ha comercializado astutamente los subproductos del petróleo crudo en forma de plásticos derivados de combustibles fósiles. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la industria de los combustibles fósiles ha desarrollado y comercializado los plásticos para que esta tecnología (entonces novedosa) pudiera generar beneficios. Liberar al planeta de los combustibles fósiles y de los plásticos derivados de los combustibles fósiles es el mismo reto.

    En 2023, los seres humanos produjeron 413,8 millones de toneladas métricas de plásticos. La producción de plástico en 2010 fue de 270 millones de toneladas métricas, y ha aumentado constantemente cada año. El mayor productor de plásticos es China, con aproximadamente el 33 % de la producción, seguido del resto de Asia con el 20 %, los países de América del Norte con el 20 % y Europa con el 17 %. La cadena de suministro del capitalismo global, tal y como está, exige que todos los países industrializados participen en la producción y venta de plásticos, en detrimento de la salud humana a largo plazo.

    La producción, y no el simple hecho de tirar basura o las malas decisiones de los consumidores, es la fuente de la contaminación. Es aquí donde hay que examinar el problema. Las leyes contra tirar basura, aunque esenciales, no son en absoluto suficientes, y pedir a los consumidores que compren «productos ecológicos» es un insulto cuando las empresas solo producen y suministran productos de plástico, proporcionan alimentos en envases de plástico y siguen fabricando ropa de plástico. ¡Vaya a cualquier tienda de comestibles de Estados Unidos e prueben si pueden encontrar una sola barra de pan que no esté envuelta en plástico!

    Los plásticos y el capitalismo

    La sobreproducción de plásticos amenaza la salud de las personas, los animales y las plantas, y aumenta enormemente nuestro riesgo existencial. Los plásticos en sí mismos no son un mal inherente, pero el sistema capitalista ha incentivado una adicción a los plásticos en casi todo y ha creado un ciclo autodestructivo de residuos, mientras que la industria del plástico está intrínsecamente ligada a las emisiones de combustibles fósiles que provocan la alteración del clima.

    Las empresas (y los ricos que las poseen) eligen los plásticos por diferentes razones. A veces, el plástico es un componente esencial de la tecnología. Esto es especialmente cierto en el caso de los hospitales y las computadoras. Pero la mayoría de las veces, como en el caso de los envases, el almacenamiento de alimentos o la ropa, el plástico se elige no porque sea el material más seguro o eficaz para su función, sino porque es barato. A menudo, las nuevas tecnologías, como el amianto, se han desarrollado sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo, y solo años más tarde descubrimos lo perjudiciales que son para la salud humana. El plástico es un ejemplo moderno, pero mucho más extendido que el amianto.

    La rentabilidad es uno de los únicos sentidos en cual la producción capitalista —es decir, la producción de mercancías para su venta en un mercado, con el objetivo de generar beneficios privados a partir de la explotación de la fuerza de trabajo— es «racional». Es precisamente esta «racionalidad» la que ha llevado a un mundo de obsolescencia programada, productos plásticos desechables y millones de personas con capacidad para consumir productos, pero sin posibilidad de controlar cómo se fabrican realmente. Quienes controlan el proceso de producción —la clase capitalista— lo hacen para ganar dinero, no para satisfacer las necesidades humanas.

    Una vez que conocemos los peligros de los microplásticos, ¿sigue siendo racional producir poliéster o poliuretano en cantidades cada vez mayores? ¿Es racional cuando no tenemos medios para reciclar estos materiales y producimos esencialmente millones de toneladas de residuos tóxicos que están destinados a envenenar los cuerpos durante generaciones? Hay muchas más razones para limitar la producción de plástico que para aumentarla.

    No debemos confiar en los amos de las grandes empresas para encontrar una salida a nuestro actual desastre. Los trabajadores deben asumir la responsabilidad de la planificación económica y medioambiental y arrebatar las principales industrias del control de los multimillonarios.

    ¡Nacionalizar la industria bajo el control de los trabajadores!

    ¿Qué se necesita? A corto plazo, la producción del plástico debe reducirse drásticamente, si no eliminarse, y restringirse únicamente a lo absolutamente esencial. A medio plazo, la economía debe reorganizarse para funcionar sin combustibles fósiles y sin plásticos, una tarea abrumadora, pero necesaria. Por último, el objetivo a largo plazo, que probablemente no se alcanzará en el transcurso de nuestras vidas, es limpiar el planeta de la contaminación y sanar los cuerpos dañados por los microplásticos y otros contaminantes.

    Dada la magnitud de lo que se necesita y cómo hemos llegado hasta aquí, sería ilusorio pensar que «seguir como hasta ahora» nos permitirá encontrar una solución. «Seguir como hasta ahora», es decir, el capitalismo, si no se detiene, hará que nuestras vidas empeoren considerablemente. Solo una economía socialista organizada democráticamente podría iniciar el proceso de detener la contaminación por plásticos. ¿Cómo sería esto en la práctica?

    En primer lugar, todos los productores de plástico, las empresas de reciclaje y las industrias adyacentes deberían ser nacionalizados. La nacionalización de estas industrias es el primer paso necesario para empezar a reducir la producción de plástico y planificar la reorganización de la economía. Las empresas que producen esta basura no deberían tener «libertad» para producirla. Pero esto por sí solo no es suficiente.

    En segundo lugar, y lo que es más importante, estas nacionalizaciones deberían llevarse a cabo bajo la dirección de un gobierno de los trabajadores, un gobierno en el que los trabajadores tuvieran voz y voto sobre cómo (y por qué) se gestiona una empresa, una fábrica, un municipio o todo el país.

    Además, dicho gobierno excluiría a los millonarios y multimillonarios y al grupo político hipócrita de elefantes y burros que financian. Sería el gobierno más democrático de la historia, porque acabaría con la dictadura en el lugar de trabajo (y, a su vez, con la dictadura de toda la clase rica sobre los trabajadores). Un gobierno de los trabajadores en Estados Unidos sería la organización de los millones de trabajadores de todo el país a favor de una planificación económica racional que atendiera sus necesidades, y no las exigencias de los capitalistas.

    Actualmente, la economía capitalista obliga a los trabajadores a conseguir un empleo en industrias que producen cosas que no necesitamos y que, en el caso de los plásticos, son activamente perjudiciales para la vida. Vamos a trabajar todos los días y producimos, por ejemplo, botellas de plástico para refrescos, que se venden a los clientes para que las beban, introduciendo plásticos en su cuerpo, para luego ser desechadas en los vertederos. Esto no es bueno para nosotros ni para la Tierra. A pesar de ello, las exigencias de la economía capitalista, el afán de lucro de los propietarios de las empresas y nuestra propia necesidad de pagar el alquiler y la comida nos empujan inexorablemente a fabricar productos tóxicos.

    Por supuesto, hay un millón de ejemplos más, además de las botellas de plástico, de la producción tóxica. Pero otras cosas, como los guantes de látex o nitrilo de los hospitales, no pueden eliminarse de inmediato. Los trabajadores serán capaces de decidir qué es lo que tiene sentido en cada caso. Por ejemplo, podríamos cambiar las botellas de plástico por botellas de vidrio, garantizando que los plásticos médicos se sigan fabricando hasta que se encuentre una solución mejor. Hay que tomar muchas decisiones como esta, y una planificación económica racional nos permitirá dar estos pasos mientras nos preparamos para el futuro.

    La ventaja de nacionalizar la industria bajo el control de los trabajadores y con una planificación sistemática significaría que, por primera vez, podríamos reorganizar la producción para dejar de producir lo que nos está matando y dedicar nuestra mano de obra a mejorar la vida y hacerla más saludable. Ese es el objetivo del socialismo.

    La producción nacionalizada bajo control de los trabajadores pondría fin a la anarquía del mercado laboral, garantizando un puesto de trabajo para todos y ingresos durante los periodos de inactividad. Una vez cerradas las fábricas de moldes de plástico de todo el mundo, los operarios de estas fábricas podrían buscar un nuevo empleo sin la incertidumbre del desempleo que el capitalismo garantiza. Mientras exista el capitalismo, la capacidad de manejar una máquina determinada (¡o de trabajar en absoluto!) es un privilegio otorgado por el patrón. Bajo un gobierno de los trabajadores, el sindicato o el comité de fábrica en el lugar de trabajo tendría ahora el control total sobre el funcionamiento de la fábrica. El sindicato podría convertirse en un medio para que los trabajadores debatieran sobre cómo redistribuir el trabajo para reducir la jornada laboral de todos.

    Con una planificación racional, un gobierno de los trabajadores sería el mayor «creador de empleo» de la Tierra, ya que se necesitarían millones de puestos de trabajo para reparar el planeta y también para aumentar la producción de lo que realmente se necesita. Una vez que dejemos de producir alimentos envueltos en plástico, envases de plástico y dejemos de utilizar combustibles fósiles, se necesitarán nuevas soluciones para llenar el vacío, ¡y eso significa puestos de trabajo!

    El plástico sigue siendo un material técnicamente útil, por supuesto. Un gobierno de los trabajadores tendría que consultar con científicos e ingenieros sobre la mejor manera de utilizar este material en la industria, así como en los productos domésticos, de forma segura (si es que se utiliza). Las empresas capitalistas ya contratan a científicos e ingenieros para fabricar los productos más baratos y más rentables. Estos expertos también pueden ser contratados por los trabajadores, con un matiz importante: con una planificación racional, la seguridad y la calidad de los productos de consumo aumentarían a medida que superáramos la obsolescencia programada y los productos desechables del capitalismo.

    Para que este futuro se haga realidad, tiene que producirse un cambio revolucionario en la conciencia de la clase trabajadora. Tenemos que dejar de identificarnos con los Estados-nación que se preparan para la guerra y con los diversos estafadores que se aprovechan de nuestras inseguridades y miedos. Debemos tener nuestra propia política y nuestro propio partido. Está dentro de nuestras posibilidades dirigir el mundo, y que este mundo sea mejor que el basurero capitalista que vemos hoy.

    • ¡Detengamos la producción de plásticos YA! ¡Por alternativas reciclables y biodegradables!

    • ¡Organicemos la recogida generalizada y la eliminación o almacenamiento seguros de los plásticos!

    • ¡Medidas de emergencia YA para la limpieza medioambiental!

    • ¡Pongamos la industria, el comercio y los bancos bajo control de los trabajadores! ¡Por una economía planificada para detener el cambio climático!

    • ¡Por la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial! ¡Empleo garantizado para todos!

    Fuentes

    https://www.forbes.com/sites/billfrist/2025/03/13/the-invisible-threat-how-microplastics-are-poisoning-our-health-and-what-we-can-do-about-it/

    https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33130380/

    https://en.m.wikipedia.org/wiki/Great_Pacific_Garbage_Patch

    https://www.unep.org/news-and-stories/story/microplastics-long-legacy-left-behind-plastic-pollution

    https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33130380/

    https://www.scientificamerican.com/article/why-arent-we-losing-our-minds-over-the-plastic-in-our-brains/

    https://www.ucsf.edu/news/2024/02/427161/how-to-limit-microplastics-dangers

    https://education.nationalgeographic.org/resource/whopping-91-percent-plastic-isnt-recycled/

    https://www.scientificamerican.com/article/why-its-so-hard-to-recycle-plastic/

    https://www.statista.com/statistics/282732/global-production-of-plastics-since-1950/

    https://newrepublic.com/post/192660/trump-fbi-charge-climate-organizations? fbclid=IwY2xjawI-3uFleHRuA2FlbQIxMQABHUGRhWW_YqsWqSgUhrCi4YsHCGWLB7ggwm_nSq7MC9ZhL5UMI29jnyOrcw_aem_1eWAM3YTx9tmUMoJemeuvA

    https://apnews.com/article/trump-plastic-straws-pollution-oceans-packaging-e64e2671bbf7f8a8abaec0d5a491f7de

  • El Día de la Victoria y el falso «Antifascismo» del régimen de Putin

    Por Demian Vinnichenko

    La victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial se ha convertido desde hace tiempo en el mito central de la ideología estatal del imperialismo ruso.

    El Kremlin ha convertido la guerra en una cruzada sagrada, utilizándola cínicamente para justificar una nueva agresión criminal —la cual, por supuesto, es lo opuesto a la lucha antifascista—.

    Tras el ataque nazi de 1941, la guerra de los pueblos de la URSS se convirtió en la justa lucha de un estado obrero —aunque degenerado por la burocracia de Stalin— contra el agresor fascista. En particular, la resistencia de los ucranianos, que se unieron masivamente al ejército, organizaron un movimiento partisano y defendieron Kiev, Odesa y Járkov y se convirtió en un factor importante en la posterior derrota del nazismo. Otros pueblos también hicieron una contribución colosal: bielarusos, armenios, georgianos, hebreos, tártaros, uzbekos, kazajos, chechenos y muchos otros…
    Sin embargo, Putin guarda silencio al respecto, intentando usurpar la victoria de las otras naciones oprimidas hasta hoy.
    Además, oculta que la expansión nazi comenzó con el «Pacto Stalin-Hitler» sobre la división de Polonia en 1939. Y así intentaron iniciar la repartición de Europa entre los dos dictadores.

    El régimen policial de Putin es el nuevo pilar contrarrevolucionario del imperialismo mundial, razón por la cual Trump intenta -con todas sus fuerzas y hasta ahora sin resultados- llegar a un acuerdo con él.

    Detrás de la retórica «antinazi» de Putin se esconden tendencias ultrarreaccionarias: el culto al autócrata, el capitalismo oligárquico, la ideología chovinista granrusa y el oscurantismo medieval de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
    El dictador ruso promueve activamente la misma ideología chauvinista que Lenin criticó duramente. Por eso Putin odia a Lenin profundamente, acusándolo de «poner una bomba bajo Rusia» y de «crear Ucrania».

    Al anunciar el inicio de la «Operación Militar Especial» (SVO), Putin afirmó que su objetivo era la «desnazificación» de Ucrania. Los medios rusos repiten el mantra sobre los «nazis» en Kiev, presentando a Ucrania como un «estado fascista», pero esta torpe retórica no resiste la más mínima crítica. El régimen ucraniano es una democracia burguesa , donde la extrema derecha fue derrotada en las elecciones de 2019, y en las cuales Volodímir Zelenski, de origen judío, rusófono, fue electo presidente.

    Además, con su «desnazificación», Putin no hizo más que fortalecer la posición de la extrema derecha ucraniana, que en medio de la guerra, recibió nueva «legitimidad», como el principal fantasma de la propaganda de Putin, y finalmente emergió de su posición marginal.

    El desfile anual del Día de la Victoria en Rusia recuerda cada vez más a un show grotesco que ha perdido toda conexión con la trágica experiencia de la guerra de liberación contra el nazismo. De ritual de duelo, se ha convertido en una exhibición de armas imperiales . Este desfile no apela a la memoria, sino a la obediencia, a la disposición a morir por los objetivos imperialistas, al son de marchas, fanfarrias y celebraciones de propaganda televisiva. No se trata de la historia, sino de su falsificación en aras de una guerra de conquista .

    La verdadera lucha antifascista se libra hoy en Ucrania, no en puestos de un desfile, sino en las trincheras, las ciudades destruidas, las brigadas de voluntarios y reuniones sindicales de trabajadores. Es la clase obrera la que constituye la base de la resistencia. Recordemos que el antifascismo, desde sus inicios, surgió como respuesta a los intentos del capital de reprimir las aspiraciones emancipadoras de los trabajadores.
    Incluso en la propia Alemania, la resistencia antinazi -aunque brutalmente reprimida- incluía a trabajadores, círculos clandestinos de intelectuales y oficiales antifascistas que arriesgaron sus vidas para sabotear la maquinaria bélica del Tercer Reich.

    No podemos ignorar a los movimientos partisanos similares en la Rusia actual y en los territorios ocupados de Ucrania , donde se sabotean vías férreas, se incendian oficinas de registro y alistamiento militar y se distribuyen panfletos y pintan los muros contra la guerra y la invasión, a pesar de las torturas y las largas condenas.

    Ante estos acontecimientos, la solidaridad internacional de los trabajadores con Ucrania se fortalece. Trabajadores de diferentes países expresan su apoyo a Ucrania: los estibadores europeos y estadounidenses se negaron a descargar barcos rusos con equipo militar, los sindicatos están organizando ayuda humanitaria y se escuchan declaraciones de condena incondicional a la agresión de Putin en conferencias y foros. El ejemplo de los trabajadores portuarios es particularmente ilustrativo: «Trabajadores de todo el mundo se oponen firmemente a la invasión rusa, incluyendo miles de estibadores que muestran solidaridad con el pueblo ucraniano y desprecio por la agresión de Putin».

    Hoy es evidente que los verdaderos herederos de la lucha antifascista NO son los cínicos gobernantes del Kremlin —que se camuflan tras la bandera de la victoria mientras cometen agresiones—, ni la administración Trump de Estados Unidos, sino gente común que resiste la violencia y las dictaduras.
    ¡Sus acciones son una continuación directa de la labor de quienes hace 80 años desafiaron la plaga nazi!

    Además de oponerse a la agresión de Putin, las fuerzas progresistas también deben oponerse al crecimiento del neofascismo y el populismo de derecha en Europa —que, por cierto, simpatiza mucho con el régimen de Putin—. También es necesario combatir el intenso rearmamento de los países de la OTAN —que no buscan lo que hipócritamente declaran: «ayudar a Ucrania»— sino incentivar el chauvinismo en sus propias filas.

    No se puede derrotar una forma de opresión imperialista consintiendo otra. Por eso, un verdadero antifascista, y especialmente un socialista, se opondrá hoy simultáneamente a la agresión de Putin a Ucrania , a sus dictadores protegidos en Siria y otros paises y al genocidio y la ocupación sionista de Palestina , que encabeza Natanyahu.

    ¡Libertad a los pueblos! ¡Muerte a los imperios

  • El proceso de autoliquidación del PKK como “proyecto de Estado”

    Por Hakkı Yukselen

    “Turquía sin terror” ¡es una realidad…!

    El presidente turco Erdoğan dijo que el país está pasando por un proceso cuyo comienzo es una “Turquía sin terrorismo”. ¡Supuestamente este “proceso” continúa y llegará a su fin muy pronto! “Supuestamente” ¡porque nadie sabe realmente lo que está pasando excepto las partes directamente implicadas! Como mínimo, debería haber algunas negociaciones entre las facciones. Esta es una suposición básica y lógica.

    De lo contrario, tendríamos que creer que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se rindió incondicionalmente después de cuarenta y tantos años de lucha y decenas de miles de muertes sin obtener nada a cambio, y que el Estado también aceptó esta rendición sin ninguna acción adicional. Un resultado así sólo sería posible en caso de una derrota decisiva de un bando y una victoria decisiva del otro, en cuyo caso no habría necesidad de ningún “juicio”. Pero hoy no es así, a pesar de todas las relaciones desiguales de poder entre los partidos. Es evidente que la imagen que el Estado, en particular, intenta proyectar es completamente diferente: los portavoces del régimen, especialmente Bahçeli (líder del Partido-Alianza del Movimiento Nacionalista de Erdogan), el “arquitecto del proceso”, quieren que el PKK se disuelva inmediatamente, entregue todas sus armas y busque refugio en los brazos compasivos de la justicia turca. De lo contrario… En otras palabras, la ilusión que intentan transmitir al público es básicamente: «No hay concesión alguna. No cederemos en nada; la ‘organización terrorista’ se rendirá incondicionalmente».

    La declaración de Abdullah Öcalan de que la Organización debería disolverse por haber completado su “ciclo histórico” y que debería renunciar a todas sus reivindicaciones respecto a la esencia del problema, junto con el anuncio de los dirigentes de la Organización de que responderían a ese llamamiento, reforzaron esta imagen. ¡Pero está claro que las cosas no serán tan fáciles! De hecho, hay pruebas sólidas de lo contrario. En primer lugar, hay algunos puntos relativos a la “ley” de la materia que Öcalan menciona en el apéndice “extratextual” de su llamado a la disolución incondicional. El DEM (el partido kurdo representado en el parlamento), que aparentemente actúa como mediador para avanzar en el “proceso”, sus insistentes advertencias sobre la “ley” y sus diálogos públicos con el ministro de Justicia, así como las exigencias de la dirección central del PKK respecto a las condiciones para convocar el congreso de disolución, pueden parecer cuestiones “técnicas” en cierto sentido, pero cuando se tienen en cuenta sus “implicaciones”, muestran que el proceso no es tan “incondicional” como se afirma.

    Si bien se supone que las declaraciones públicas por el momento se han limitado a garantizar la capacidad de Öcalan de presidir el congreso, ya sea que se refiera a él como “Sr. Öcalan” (por el DEM) o “Líder Apo” (por el PKK), es probable que el alcance de las “negociaciones” sea mucho más amplio. Esto también es típico. Después de todo, los peligros transfronterizos y regionales que movilizan a un nacionalista chovinista como Bahçeli hacia una paz “histórica” con los kurdos, los problemas de “supervivencia” que pueden causar estos peligros, el hecho de que la enmienda constitucional necesaria para la presidencia vitalicia de Erdoğan solo sea posible con el apoyo de las facciones políticas kurdas, al menos en las condiciones actuales, hacen que el objetivo de construir un “Frente Interno” (como lo describen los principales portavoces del régimen) no sea tan fácil. En la superficie, existe una necesidad “estratégica” del régimen. Esta es también la razón por la que el movimiento político kurdo, que durante mucho tiempo ha sido objeto de una represión sistemática por parte del Estado y el régimen, intenta mantener la esperanza a pesar de todas sus preocupaciones sobre el proceso. A excepción de las facciones del fascismo turco que actualmente se hacen pasar por oposición (el Partido Zafer, el Partido İyi, etc.) y los enemigos jurados de los kurdos entre los “nacionalistas”, nadie quiere ser el que destruya las esperanzas de los kurdos. Durante todos estos años, los kurdos han sufrido muchas pérdidas y soportado tanto dolor con resiliencia, a menudo se han sentido solos y en gran medida abandonados, y siempre han sido culpados.

    Pero la verdadera amistad también requiere apertura. En primer lugar, afirmemos lo siguiente: no hay garantía de que esta medida estratégica del Estado (ya que es un proyecto de Estado) conduzca a una paz duradera sólo porque sea estratégicamente conveniente. Debido a la naturaleza altamente “volátil” y “fracturada” de la región en la que nos encontramos, no podemos saber a qué tácticas, sutilezas, giros y otras alianzas conducirá esta estrategia. Además, está también el problema de Siria-Rojava. Hace unos días, supimos una vez más, de fuentes oficiales y no oficiales, cómo los esfuerzos de los kurdos sirios por la unidad nacional y sus demandas de autogobierno dentro de la integridad territorial de Siria, que han estado bajo amenaza y fuego durante años, ¡son amenazas mortales para “nuestros intereses nacionales”! En esta situación, es necesario pensar en las consecuencias que podría tener una operación militar contra los kurdos sirios de este lado de la frontera, si no se someten al régimen reaccionario de HTS en el poder e insisten en sus demandas. Los “incidentes de Kobane” de 2014 son un ejemplo inolvidable en este sentido, cuyas consecuencias todavía se sienten hoy en día. A esto podemos añadir el período sangriento de 2015, después de que el “Consenso de Dolmabahçe” fuera torpedeado por el gobierno por razones obvias. ¡La paz es uno de los valores a los que el Estado turco puede renunciar con mayor facilidad!

    En cuanto a la dimensión “democrática” de la cuestión, el camino que el PKK y el movimiento político kurdo siguieron hace casi cincuenta años con el “marxismo-leninismo” ha conducido hoy al “anarcoliberalismo” o a la “democracia radical”. El hecho de que la “dirección” declare que la organización que fundó ha completado su “vida histórica” y, por lo tanto, ya no es útil, que la dirección del PKK lo acepte inmediatamente y sin objeciones, y que todos los elementos del movimiento estén a favor de una “república democrática”, no hace posible de ninguna manera el triunfo de la democracia o una democracia “permanente” en Turquía (¡especialmente en condiciones en las que se afirma claramente que el proceso es un proyecto dirigido por el Estado “por necesidad”!).

    Es obvio que cada uno puede luchar por lo que quiere y de la forma que quiera; Eso depende de cada uno, pero hagas lo que hagas, hay que ser realista. En nuestra opinión, la posibilidad de una “república socialista” en Turquía es mucho más realista que la posibilidad de una “república democrática” a largo plazo, incluso si esto parece increíble para muchos hoy en día. Esta realidad se ha demostrado repetidamente en Turquía con los ejemplos más negativos. Por eso, es de gran importancia que las esperanzas, expectativas y alianzas sobre un tema tan vital se basen en bases sociales correctas y sólidas.

    Por último, hablemos del objetivo a menudo mencionado de una “Turquía libre de terrorismo”. Considerando las fuentes reales del terrorismo en Turquía, la arbitrariedad y el alcance de los conceptos de “terror” y “terrorismo” y, lo más importante, el hecho de que bajo el nuevo régimen se utilizan para definir casi cualquier tipo de oposición, no podemos olvidar que el objetivo de una “Turquía libre de terrorismo” también puede significar una “Turquía sin oposición”. Por lo tanto, en la intersección entre los recientes acontecimientos en la región y el rumbo del régimen, el intento de alinear a los kurdos con un “proyecto de Estado” y un “frente interno” en el que aquellos que permanecen fuera son definidos como “traidores” van de la mano.

  • La farsa de los «refugiados» sudafricanos de Donald Trump

    Por JAMES MARKIN

    A principios de mayo, un pequeño grupo de personas pertenecientes a la minoría étnica blanca de habla afrikáans abandonó Sudáfrica. Según el medio sudafricano News 24, su salida del aeropuerto internacional Oliver Tambo fue silenciosa, «sin fanfarria». La partida de este pequeño grupo ha provocado burlas y escarnio hacia los «amerikaners» en su Sudáfrica natal, así como confusión y enfado generalizados en Estados Unidos.

    Trump ha mantenido el tema en primera plana con su insistencia en que los afrikaners están sufriendo un genocidio en Sudáfrica. El 21 de mayo, durante una reunión en la Casa Blanca, confrontó al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa con fotografías y un vídeo que supuestamente probaban que se estaba produciendo un genocidio. Ramaphosa rechazó las «pruebas».

    Los afrikaners y su historia

    Para comprender la esencia de esta situación, primero hay que entender quiénes son los afrikaners. La minoría étnica afrikaner incluye a los descendientes de los colonos holandeses en Sudáfrica. Aunque los holandeses fueron los primeros en establecer una importante colonia de pobladores en la región, sus colonias fueron luego confiscadas por los británicos. (Gran Bretaña anexó la Colonia del Cabo en el sur de Africa en 1806).

    En la década de 1830, esto provocó fricciones entre los colonos holandeses propietarios de esclavos y sus nuevos capatazos coloniales, dada la insistencia de Gran Bretaña en la abolición de la esclavitud. En última instancia, este conflicto dio lugar a la «Gran Trek», cuando una gran parte de los colonos holandeses abandonaron la Colonia del Cabo, controlada por los británicos, e invadieron el interior de Sudáfrica, donde crearon las «Repúblicas Bóers». (Bóer significa «granjero» en afrikáans). Finalmente, tras una serie de brutales guerras contra los bóers y los diversos pueblos indígenas de la región, los británicos conquistaron la totalidad de lo que hoy es Sudáfrica.

    Con el fin de consolidar a la población blanca en un solo grupo y aliviar el resentimiento de los afrikaners conquistados, los británicos orientaron la colonia hacia una dirección explícitamente supremacista blanca. Esto dejó a las dos principales comunidades blancas —los descendientes anglófonos de los colonos británicos y los descendientes afrikáneres de los colonos holandeses— gobernando el vasto y diverso territorio de lo que finalmente se proclamó «La Unión Sudafricana». Los británicos apaciguaron tanto a los representantes de la pequeña burguesía bóer como a los trabajadores con diversas políticas supremacistas blancas que garantizaban que tanto los afrikaners como los blancos británicos tuvieran acceso al empleo y a la tierra, mientras que los sudafricanos negros eran despojados de sus tierras y obligados a trabajar en las peores condiciones.

    Sin embargo, estas políticas no fueron suficientes para la derecha afrikáner, y una vez que Sudáfrica se independizó del Imperio Británico y se concedió un grado nominal de derechos democráticos a los blancos, comenzaron a impulsar una dirección aún más supremacista blanca. Esto condujo directamente a la promulgación de leyes extremadamente antidemocráticas y supremacistas blancas que se conocieron como apartheid. Bajo este régimen, los sudafricanos negros fueron declarados extranjeros en Sudáfrica, que fue proclamada patria blanca. Con intento de legitimar a esta idea, el Gobierno ideó toda una serie de supuestas «patrias negras» (bantustanes) con el objetivo de crear una mano de obra negra completamente sometida, que fuera tratada como una población inmigrante precaria en Sudáfrica y que solo disfrutara de unos derechos democráticos mínimos dentro de los bantustanes.

    El apartheid fue finalmente derrotado, pero la extrema derecha afrikáner no ha desaparecido en Sudáfrica. El sueño de la «derecha blanca» afrikaner posterior al apartheid es una especie de patria independiente afrikáner. Al igual que los sionistas israelíes, la derecha afrikaner ha intentado utilizar el vocabulario de la autodeterminación y de las nacionalidades oprimidas para argumentar que la rectificación de siglos de políticas que les beneficiaron a costa de la mayoría negra es en realidad una opresión en sí misma.

    Entran en escena Solidariteit y Afriforum. Solidariteit es todo lo que queda del movimiento obrero proapartheid en Sudáfrica. El momento más notorio del sindicato fue su papel en la dirección de la huelga minera de 1922, que exigía la preservación de los puestos de trabajo de los mineros blancos a expensas de los trabajadores negros. Hoy en día, Solidariteit se parece poco al sindicato minero que fue en su día, y se ha convertido más bien en una especie de asociación cultural y de clase de la minoría afrikáner. Sin embargo, Solidariteit tiene una asociación particular con la política de la «derecha blanca» y está muy vinculada a AfriForum, una organización que pretende ser un «grupo de derechos civiles» para los afrikaners «oprimidos». AfriForum saca partido de los asesinatos de granjas (asesinatos de granjeros en zonas rurales) y de las cifras de delincuencia en Sudáfrica para argumentar que existe un nuevo genocidio contra la minoría afrikaner, una afirmación ridícula.

    En 2024, en vísperas del establecimiento de la segunda administración Trump, altos funcionarios de AfriForum realizaron una importante gira por Estados Unidos, donde hablaron en la Conferencia Nacional del Conservadurismo y se reunieron con republicanos y representantes de la derecha estadounidense. Esto, junto con la política de Elon Musk, que se crió en la Sudáfrica del apartheid, es probablemente la razón por la retórica de la actual administración sobre este tema, aunque Trump ha hecho comentarios similares desde su primer mandato. No obstante, muchos en Sudáfrica se sorprendieron cuando Trump declaró abiertamente el 12 de mayo que los afrikaners se enfrentaban a un «genocidio», una posición que reafirmó en su reunión del 21 de mayo con Ramaphosa.

    ¿Están realmente oprimidos los afrikaners?

    Para comprender parte de la retórica de Trump y AfriForum, es importante entender la situación política actual en Sudáfrica. En las últimas elecciones, el partido gobernante, el CNA, ha obtenido el menor número de escaños de su historia, lo que le ha obligado a formar un gobierno de coalición. Su principal socio, la Alianza Democrática (DA), representa a la burguesía blanca de las principales zonas urbanas, especialmente la Ciudad del Cabo (aunque el partido de la derecha afrikaner, VV+, también es un socio minoritario de la coalición).

    Debido en parte a esta elección de socios, el CNA ha comenzado a sentir mucha presión en sus flancos izquierdo y nacionalista negro. El Partido Comunista Sudafricano, antiguo miembro de la «alianza tripartita» del CNA, por ejemplo, ha prometido romper filas y presentar sus propios candidatos en las próximas elecciones. En el CNA se teme que dos partidos escindidos de la oposición, los Economic Freedom Fighters (EFF), de izquierda, y el partido uMkhonto weSizwe (MK), de ideología más difusa, puedan acabar beneficiándose de este sentimiento contra la coalición. Una de las formas en que el gobierno de Ramaphosa ha intentado defenderse de estos rivales es abordando la cuestión emblemática del EFF y el MK: la reforma agraria.

    En enero, Ramaphosa promulgó una ley de reforma agraria. Sin embargo, a pesar de las protestas de gran parte de la derecha del país, la nueva ley dista mucho de la verdadera reforma agraria que se necesita y se asemeja más a los poderes de «expropiación» habituales de muchos gobiernos, incluido el de Estados Unidos. En continuidad con los anteriores intentos fallidos de reforma agraria en Sudáfrica, la ley exige una indemnización a los que les pertenecia la tierra que sera expropiada. (Se aplican excepciones si la tierra no se utiliza o si no hay intención de utilizarla para ninguna actividad rentable). Es muy poco probable que una ley de este tipo sea capaz de resolver las grandes disparidades en la propiedad de la tierra en Sudáfrica: el 73 % de la tierra privada pertenece al 7 % de la minoría blanca del país. La realidad es que esta ley solo se aprobó para que Ramaphosa pudiera decir a los votantes que había hecho algo en materia de reforma agraria, no para lograr avances significativos.

    Otra causa célebre de AfriForum y sus seguidores es la recientemente aprobada Ley de Modificación de la Educación Básica (BELA). La ley surge del intento de Ramaphosa de reformar el enorme y desigual sistema de enseñanza pública de Sudáfrica, pero los miembros de las comunidades afrikáner y «coloured» del Cabo, de habla afrikáans, están furiosos porque permite al Gobierno nacional tener la última palabra sobre la lengua de enseñanza en las escuelas públicas. Si bien las comunidades minoritarias deben poder aprender en su lengua materna, en Sudáfrica existe desde hace tiempo la preocupación de que las pruebas de dominio del afrikáans sigan utilizándose para excluir a los estudiantes negros de determinadas escuelas públicas. No obstante, si la derecha afrikaner está realmente preocupada por mantener la educación en su lengua materna, no tiene mucho sentido buscar «refugio» en Estados Unidos, donde sin duda sus hijos recibirán una educación en inglés.

    La realidad que se esconde tras estas leyes no es solo que los afrikaners no están oprimidos, sino que ellos, y los sudafricanos blancos en general, siguen disfrutando de un gran privilegio en el país. Los programas modernos de reconciliación y acción afirmativa, como el Empoderamiento Económico Negro (BEE), no son comparables en cuanto a su propósito o severidad a los siglos de trato preferencial hacia los blancos o a los programas explícitos de redistribución de la tierra y la riqueza que beneficiaron a los sudafricanos blancos y empobrecieron a los sudafricanos negros. La realidad es que los sudafricanos blancos ocupan más del 60 % de los puestos directivos, a pesar de representar el 7 % de la población del país. Sigue siendo cierto que los sudafricanos negros son mucho más propensos a sufrir pobreza y falta de oportunidades en el país donde nacieron. Los sudafricanos blancos tampoco se enfrentan a una tasa de criminalidad más elevada; según las estadísticas del Gobierno, de las aproximadamente 7000 víctimas de homicidio a finales de 2024, solo 12 fueron víctimas de ataques a granjas y solo una de ellas era realmente granjera.

    Con la realidad en perspectiva, el verdadero objetivo de AfriForum queda claro. Ellos y los de su calaña han intentado utilizar la situación política de Sudáfrica para crear una realidad falsa que provoque el miedo entre la población afrikáner y la empuje a los brazos de la derecha blanca. De hecho, los incidentes reales de violencia o políticas contra los afrikáners son prácticamente inexistentes y el espectro del «genocidio afrikáner» se ha conjurado en su totalidad a partir del miedo que las minorías privilegiadas suelen tener hacia la mayoría oprimida.

    La reacción

    A pesar de este contexto, la idea de huir a Estados Unidos ha sido recibida en gran medida con desprecio y burla en Sudáfrica, no solo por parte de los sudafricanos negros, sino también por parte de sus compatriotas afrikaners. De hecho, incluso AfriForum y Solidariteit han publicado declaraciones en las que piden a los afrikaners que se queden en el país. Si bien la idea de que los afrikaners están tan oprimidos en su país natal que deben huir a Estados Unidos refuerza la política del miedo que AfriForum ha estado utilizando para intentar empujar a los afrikaners hacia la derecha, en realidad socava su proyecto más amplio. Si los afrikaners huyen a Estados Unidos, ¿quién se quedará atrás para construir el Estado étnico blanco afrikaner? Para los afrikaners más moderados y la población general del país, marcharse a Estados Unidos se considera la traición definitiva a su pueblo y a su país; muchos de ellos han acusado a los «refugiados» de ser simplemente oportunistas que buscan salarios más altos en Estados Unidos.

    En Estados Unidos también ha habido una reacción violenta, y la Iglesia Episcopal ha notificado al Gobierno su intención de retirarse del programa de reasentamiento de refugiados en lugar de ayudar a reasentar a estos supuestos «refugiados». En una declaración pública, el obispo episcopal Sean Rowe afirmó: «Ha sido doloroso ver cómo un grupo de refugiados, seleccionados de una manera muy inusual, reciben un trato preferencial frente a muchos otros que llevan años esperando en campos de refugiados o en condiciones peligrosas».

    Este sentimiento ha sido compartido por muchas personas en este país al ver cómo se da vía rápida a un pequeño grupo de personas blancas, mientras que muchas otras procedentes de Asia, África y Sudamérica no pueden obtener el estatuto de refugiado a pesar de enfrentarse a circunstancias mucho más graves. Si bien el abuso del programa de refugiados por parte de Trump es particularmente ridículo, el programa tiene una larga historia de ser utilizado para invitar a grupos políticamente favorecidos (élites cubanas y survietnamitas), mientras que se excluye a los grupos no favorecidos.

    ¿Qué hay del antisemitismo?

    Aunque la mayoría de los refugiados se han mantenido alejados de la prensa y han conservado un estatus más o menos anónimo, un «refugiado» en particular, Charl Kleinhaus, ha decidido conceder entrevistas a la BBC y al The New York Times. Los comentarios de Kleinhaus en las entrevistas han hecho aún más absurda la naturaleza política de la situación de los «Amerikaner».

    En sus entrevistas, Kleinhaus insiste en que ha venido a Estados Unidos solo porque vive con miedo. Para respaldar esta afirmación, ha declarado a la prensa que dejó una casa de cinco dormitorios en la hermosa región de Mpumalanga para venir a Estados Unidos. Una rápida búsqueda en las redes sociales del Sr. Kleinhaus también ha revelado toda una serie de publicaciones de extrema derecha y racistas.

    Una publicación que ha llamado especialmente la atención es un comentario de Twitter antisemita que escribió en 2023, en el que afirmaba que los judíos son «peligrosos y poco fiables». Aunque declaró a la BBC que escribió ese comentario bajo los efectos de la medicación, el historial antisemita de Kleinhaus es revelador, teniendo en cuenta que el Departamento de Seguridad Nacional de Trump ha estado haciendo afirmaciones sobre la detección del antisemitismo en su política de inmigración. Esto, al igual que gran parte de la política de Trump en materia de antisemitismo, no tiene nada que ver con cualquier tipo de seguridad para los judíos; más bien, el DHS ha estado intentando utilizar falsas acusaciones de antisemitismo para reprimir el discurso antiisraelí. De hecho, las publicaciones de Charl Kleinhaus revelan precisamente esto, mostrando que el DHS estaba más que dispuesto a admitir a un «refugiado» con un historial muy público y evidente de antisemitismo si ello servía a los objetivos generales de la derecha del Gobierno.

    Los «amerikaners» y la clase trabajadora estadounidense

    En definitiva, toda la situación de los «refugiados afrikaners» no es más que una farsa. Los trabajadores estadounidenses no deben su solidaridad a las organizaciones laborales racistas como Solidariteit. Si bien debemos defender el derecho de las personas a desplazarse por todo el mundo, debemos rechazar las fantasías racistas de persecución de la derecha blanca sudafricana.

    Aunque su comportamiento pueda parecer ridículo, hay que tomarse en serio la adopción de esta retórica por parte de Trump. Su política representa una continuación de los esfuerzos de Elon Musk por construir redes internacionales y camaradería entre la derecha global. Los trabajadores de Estados Unidos deberían construir redes de solidaridad internacional aún más grandes y sólidas para luchar contra ello.

    Foto: El 21 de mayo, Trump muestra al presidente sudafricano Ramaphosa supuestas pruebas del genocidio contra los afrikaners. (Evan Vucci / AP)

  • Los huelguistas de NJ Transit votarán sobre un contrato provisional

    Por B. COOPER

    La Hermandad de Maquinistas y Treneros (BLET, los Teamsters) inició una huelga en New Jersey Transit el viernes 16 de mayo. La medida paralizó los trenes del sistema ferroviario en todo el estado, incluido el servicio de cercanías a Nueva York y Filadelfia, lo que afectó a unos 350 000 pasajeros diarios. El sindicato llegó a un acuerdo provisional con la agencia el sábado, poniendo fin a la huelga; el servicio se reanudó el martes.

    Los maquinistas y aprendices se declararon en huelga por los salarios, que eran muy inferiores a los de sus compañeros del sector en todo el país, incluidos los de Amtrak. Se trata de la primera huelga en NJ Transit en 42 años.

    Los detalles del nuevo acuerdo provisional no se han dado a conocer en el momento de redactar este artículo, pero apuntan a que se han cumplido las reivindicaciones salariales. Sin embargo, es posible que se pida a los trabajadores que hagan concesiones en materia de normas laborales y quizás en otras cuestiones. No se ha indicado ningún aumento de las tarifas. Los afiliados al sindicato comenzarán inmediatamente la votación por correo sobre el contrato.

    Un acuerdo provisional anterior con la dirección, alcanzado en marzo, fue rechazado por el 87 % de los afiliados al sindicato, con un 93 % de participación. Cuando las negociaciones se rompieron la semana pasada, se anunció una huelga. Según el sitio web del sindicato: «Los miembros del BLET en NJ Transit llevan buscando un nuevo acuerdo desde 2019. Llevan cinco largos años sin un aumento salarial. En agosto de 2023, los miembros del sindicato local votaron por unanimidad otorgar al presidente nacional del BLET la autoridad para convocar una huelga cuando fuera legal hacerlo y si no se llegaba a un acuerdo».

    L., trabajadora sindicalizada de una universidad de Nueva Jersey y miembro de La Voz de los Trabajadores, visitó el piquete en Newark durante el fin de semana y habló con algunos de los huelguistas. Ella nos informó que: «el edificio de oficinas del 2 Gateway Center está alquilado por NJ Transit por 500 millones de dólares, mientras que el edificio que NJT tiene en la misma calle no se está utilizando a pleno rendimiento. Este fue uno de los datos que me dio uno de los ingenieros mientras hablábamos».

    Este dato se incluyó en una declaración publicada justo antes de la huelga por el presidente nacional de BLET, Mark Wallace. Señaló que NJ Transit tiene «dinero para áticos con vistas y proyectos favoritos, pero no para sus trabajadores de primera línea. Ya basta. Seguiremos en huelga hasta que nuestros miembros reciban el salario justo que se merecen».

    «Pero, ¿qué pasa con los viajeros?».

    En las semanas previas a la huelga, los medios de comunicación capitalistas intentaron crear una brecha entre los trabajadores en huelga y los viajeros. Algunos ejemplos son la cobertura nacional de Associated Press (véase CBS 8 en San Diego) y 6 ABC News en Filadelfia, cuyos titulares destacan el impacto de la huelga en los viajeros y enfatizan las entrevistas con trabajadores molestos. La cobertura tiende a restar importancia a las voces del sindicato BLET y destaca la irritación expresada por el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, o por los propios altos ejecutivos de NJ Transit.

    Un ejemplo particularmente flagrante es el de un artículo del New York Times publicado después de la huelga (el 18 de mayo), que presenta a los ingenieros en huelga como codiciosos y se asegura de citar la opinión de un viajero (¡nada menos que un ejecutivo!). «Creo que son egoístas», dijo. «Han puesto a decenas de miles de personas en una situación de estrés. El viernes fue horrible. Créanme».

    El gobernador Murphy, en el mismo artículo, criticó duramente al sindicato por ser responsable del fracaso de las negociaciones que precipitaron la huelga: «Francamente, es un desastre provocado por ellos mismos y es una bofetada en la cara de todos los viajeros y trabajadores que dependen de NJ Transit».

    Por nuestra parte, creemos que se puede obtener una imagen más fiel de la realidad escuchando a los trabajadores. L. afirma que habló con algunos trabajadores en el piquete sobre la necesidad de la solidaridad laboral. El BLET representa a 450 maquinistas, pero hay otros puestos que desempeñan trabajadores de diferentes sindicatos. Uno de ellos «explicó muchos matices del trabajo que los maquinistas realizan en colaboración con otros trabajadores de New Jersey Transit. Dijo que la mayoría de los trabajadores estaban respetando el piquete del BLET, en parte porque no había trabajo que hacer si los maquinistas no manejaban los trenes».

    Sin intervención del Gobierno, por ahora

    Los trabajadores del BLET negocian en virtud de la Ley Laboral Ferroviaria (RLA), y no de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), como la mayoría de los demás trabajadores estadounidenses. La RLA es mucho más estricta que la NLRB a la hora de hacer cumplir determinadas medidas en las negociaciones y limita los tipos de cuestiones por las que los sindicatos pueden convocar huelgas. Informamos sobre estas diferencias durante la huelga nacional de ferrocarriles de 2022.

    A diferencia de la huelga de 2022, el Gobierno de Estados Unidos no intervino directamente. Según el BLET, «en virtud de las normas de la Ley del Trabajo Ferroviario, el Congreso de los Estados Unidos podría haber intervenido para retrasar o bloquear la huelga de NJ Transit, pero decidió no hacerlo».

    El presidente nacional de la BLET, Mark Wallace, añadió: «Quiero dar las gracias a los miembros del Congreso por permitir que el proceso funcionara sin interferencias. Esto debería servir de lección para otros conflictos ferroviarios. No se habría ganado nada aplazando la decisión. Permitir que se produzcan huelgas fomenta el acuerdo en lugar del bloqueo.

    Es evidente que la rapidez del acuerdo demuestra de forma real el poder que tienen los trabajadores ferroviarios estadounidenses para luchar contra la patronal con el fin de conseguir una calidad de vida básica. Sin embargo, como hemos mantenido anteriormente, la RLA es, en última instancia, una herramienta de los patronos, y los trabajadores que quieran luchar por más tendrán que superar algún día las limitaciones de la RLA —y, de hecho, de toda la legislación laboral— para luchar por un mundo en el que merezca la pena vivir.

    Mientras la administración Trump continúa su asalto a las protecciones laborales básicas de todos los trabajadores, así como a las libertades civiles de los residentes estadounidenses, los trabajadores necesitarán construir una nueva cultura y nuevas organizaciones de solidaridad entre sí para superar el autoritarismo del gobierno y los patrones.

    L. dijo a La Voz de los Trabajadores: «El éxito de la huelga estará determinado por los términos del nuevo contrato, pero también por la experiencia de aprendizaje y organización que los trabajadores han adquirido a través de esta campaña contractual.

    Visitar el piquete también fue un recordatorio energizante para mí personalmente de que siempre es una gran experiencia participar en un piquete, especialmente con compañeros de trabajo o gente de tu comunidad con quienes puedes compartir la experiencia. El piquete es un espacio inusual y temporal que no existe en la sociedad cotidiana. La actividad habitual se detiene y, en ese espacio, podemos hablar entre nosotros, aprender e imaginar un futuro diferente».

    Foto de La Voz de los Trabajadores.

  • Reunión web el 2 de junio: La historica lucha contra la dictadura en Brasil

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     8 p. m. en Nueva York / 5 p. m. en California / 9 p. m. en Brasilia
    Traducción disponible en inglés, español y portugués.

    Hace 40 años, los trabajadores, estudiantes y las comunidades oprimidas de Brasil derrocaron una brutal dictadura militar que llevaba en el poder desde 1964.Una parte clave de esa oposición al autoritarismo en Brasil fue la huelga de brazos caidos de 1985 del Sindicato dos Metalúrgicos de São José dos Campos en General Motors. Los socialistas revolucionarios que organizaron la huelga se inspiraron en las dinámicas huelgas de brazos caídos de los «Tres Grandes» de la industria automovilística de Detroit en las décadas de 1930/1940. Estos revolucionarios también plantearon la cuestión política en torno a la lucha por los derechos democráticos negados por la dictadura. Al mismo tiempo, los estudiantes y los activistas de los movimientos sociales aprovecharon la huelga para fortalecer un sentimiento popular contra el Gobierno.

    ¿Qué podemos aprender de las experiencias de los socialistas en Brasil y su lucha contra la dictadura? ¿Es posible convertir la lucha por los derechos democráticos en una lucha por el poder de la clase trabajadora?

    Ponentes internacionales: 
    • Luiz Carlos Prates (Mancha) participó en la huelga de brazos caídos de 1985 en Sao Jose dos Campos. Es miembro del Secretariado Ejecutivo Nacional de la federación sindical CSP–Conlutas, que cuenta con dos millones de afiliados.
    • Mariucha Fontana participó activamente en las luchas sociales y políticas contra la dictadura. Es editora del periódico Opinão Socialista y forma parte de la dirección del Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado y de la Liga Internacional de Trabajadores.
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    Reunião em 2 de junho, às 21h (horário de Brasília) / 20h (Nova York) / 17h (Califórnia)
    Tradução disponível em inglês, espanhol e português.
    Há 40 anos, trabalhadores, estudantes e comunidades oprimidas no Brasil derrubaram uma ditadura militar brutal que estava no poder desde 1964. O que podemos aprender com as experiências dos socialistas brasileiros e sua luta contra a ditadura? É possível transformar a luta por direitos democráticos em uma luta pelo poder da classe trabalhadora?
    Palestrantes internacionais:
    • Luiz Carlos Prates (Mancha) – Participou da greve de 1985, em São José dos Campos (SP). É membro da Secretaria Executiva Nacional da Central Sindical e Popular Conlutas (CSP-Conlutas), que representa dois milhões de trabalhadores.
    • Mariúcha Fontana – Foi ativista nas lutas sociais e políticas contra a ditadura. É editora do jornal Opinião Socialista e membro da direção do Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado (PSTU) e da Liga Internacional dos Trabalhadores (LIT-QI).
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