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La farsa de los «refugiados» sudafricanos de Donald Trump

Por JAMES MARKIN

A principios de mayo, un pequeño grupo de personas pertenecientes a la minoría étnica blanca de habla afrikáans abandonó Sudáfrica. Según el medio sudafricano News 24, su salida del aeropuerto internacional Oliver Tambo fue silenciosa, «sin fanfarria». La partida de este pequeño grupo ha provocado burlas y escarnio hacia los «amerikaners» en su Sudáfrica natal, así como confusión y enfado generalizados en Estados Unidos.

Trump ha mantenido el tema en primera plana con su insistencia en que los afrikaners están sufriendo un genocidio en Sudáfrica. El 21 de mayo, durante una reunión en la Casa Blanca, confrontó al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa con fotografías y un vídeo que supuestamente probaban que se estaba produciendo un genocidio. Ramaphosa rechazó las «pruebas».

Los afrikaners y su historia

Para comprender la esencia de esta situación, primero hay que entender quiénes son los afrikaners. La minoría étnica afrikaner incluye a los descendientes de los colonos holandeses en Sudáfrica. Aunque los holandeses fueron los primeros en establecer una importante colonia de pobladores en la región, sus colonias fueron luego confiscadas por los británicos. (Gran Bretaña anexó la Colonia del Cabo en el sur de Africa en 1806).

En la década de 1830, esto provocó fricciones entre los colonos holandeses propietarios de esclavos y sus nuevos capatazos coloniales, dada la insistencia de Gran Bretaña en la abolición de la esclavitud. En última instancia, este conflicto dio lugar a la «Gran Trek», cuando una gran parte de los colonos holandeses abandonaron la Colonia del Cabo, controlada por los británicos, e invadieron el interior de Sudáfrica, donde crearon las «Repúblicas Bóers». (Bóer significa «granjero» en afrikáans). Finalmente, tras una serie de brutales guerras contra los bóers y los diversos pueblos indígenas de la región, los británicos conquistaron la totalidad de lo que hoy es Sudáfrica.

Con el fin de consolidar a la población blanca en un solo grupo y aliviar el resentimiento de los afrikaners conquistados, los británicos orientaron la colonia hacia una dirección explícitamente supremacista blanca. Esto dejó a las dos principales comunidades blancas —los descendientes anglófonos de los colonos británicos y los descendientes afrikáneres de los colonos holandeses— gobernando el vasto y diverso territorio de lo que finalmente se proclamó «La Unión Sudafricana». Los británicos apaciguaron tanto a los representantes de la pequeña burguesía bóer como a los trabajadores con diversas políticas supremacistas blancas que garantizaban que tanto los afrikaners como los blancos británicos tuvieran acceso al empleo y a la tierra, mientras que los sudafricanos negros eran despojados de sus tierras y obligados a trabajar en las peores condiciones.

Sin embargo, estas políticas no fueron suficientes para la derecha afrikáner, y una vez que Sudáfrica se independizó del Imperio Británico y se concedió un grado nominal de derechos democráticos a los blancos, comenzaron a impulsar una dirección aún más supremacista blanca. Esto condujo directamente a la promulgación de leyes extremadamente antidemocráticas y supremacistas blancas que se conocieron como apartheid. Bajo este régimen, los sudafricanos negros fueron declarados extranjeros en Sudáfrica, que fue proclamada patria blanca. Con intento de legitimar a esta idea, el Gobierno ideó toda una serie de supuestas «patrias negras» (bantustanes) con el objetivo de crear una mano de obra negra completamente sometida, que fuera tratada como una población inmigrante precaria en Sudáfrica y que solo disfrutara de unos derechos democráticos mínimos dentro de los bantustanes.

El apartheid fue finalmente derrotado, pero la extrema derecha afrikáner no ha desaparecido en Sudáfrica. El sueño de la «derecha blanca» afrikaner posterior al apartheid es una especie de patria independiente afrikáner. Al igual que los sionistas israelíes, la derecha afrikaner ha intentado utilizar el vocabulario de la autodeterminación y de las nacionalidades oprimidas para argumentar que la rectificación de siglos de políticas que les beneficiaron a costa de la mayoría negra es en realidad una opresión en sí misma.

Entran en escena Solidariteit y Afriforum. Solidariteit es todo lo que queda del movimiento obrero proapartheid en Sudáfrica. El momento más notorio del sindicato fue su papel en la dirección de la huelga minera de 1922, que exigía la preservación de los puestos de trabajo de los mineros blancos a expensas de los trabajadores negros. Hoy en día, Solidariteit se parece poco al sindicato minero que fue en su día, y se ha convertido más bien en una especie de asociación cultural y de clase de la minoría afrikáner. Sin embargo, Solidariteit tiene una asociación particular con la política de la «derecha blanca» y está muy vinculada a AfriForum, una organización que pretende ser un «grupo de derechos civiles» para los afrikaners «oprimidos». AfriForum saca partido de los asesinatos de granjas (asesinatos de granjeros en zonas rurales) y de las cifras de delincuencia en Sudáfrica para argumentar que existe un nuevo genocidio contra la minoría afrikaner, una afirmación ridícula.

En 2024, en vísperas del establecimiento de la segunda administración Trump, altos funcionarios de AfriForum realizaron una importante gira por Estados Unidos, donde hablaron en la Conferencia Nacional del Conservadurismo y se reunieron con republicanos y representantes de la derecha estadounidense. Esto, junto con la política de Elon Musk, que se crió en la Sudáfrica del apartheid, es probablemente la razón por la retórica de la actual administración sobre este tema, aunque Trump ha hecho comentarios similares desde su primer mandato. No obstante, muchos en Sudáfrica se sorprendieron cuando Trump declaró abiertamente el 12 de mayo que los afrikaners se enfrentaban a un «genocidio», una posición que reafirmó en su reunión del 21 de mayo con Ramaphosa.

¿Están realmente oprimidos los afrikaners?

Para comprender parte de la retórica de Trump y AfriForum, es importante entender la situación política actual en Sudáfrica. En las últimas elecciones, el partido gobernante, el CNA, ha obtenido el menor número de escaños de su historia, lo que le ha obligado a formar un gobierno de coalición. Su principal socio, la Alianza Democrática (DA), representa a la burguesía blanca de las principales zonas urbanas, especialmente la Ciudad del Cabo (aunque el partido de la derecha afrikaner, VV+, también es un socio minoritario de la coalición).

Debido en parte a esta elección de socios, el CNA ha comenzado a sentir mucha presión en sus flancos izquierdo y nacionalista negro. El Partido Comunista Sudafricano, antiguo miembro de la «alianza tripartita» del CNA, por ejemplo, ha prometido romper filas y presentar sus propios candidatos en las próximas elecciones. En el CNA se teme que dos partidos escindidos de la oposición, los Economic Freedom Fighters (EFF), de izquierda, y el partido uMkhonto weSizwe (MK), de ideología más difusa, puedan acabar beneficiándose de este sentimiento contra la coalición. Una de las formas en que el gobierno de Ramaphosa ha intentado defenderse de estos rivales es abordando la cuestión emblemática del EFF y el MK: la reforma agraria.

En enero, Ramaphosa promulgó una ley de reforma agraria. Sin embargo, a pesar de las protestas de gran parte de la derecha del país, la nueva ley dista mucho de la verdadera reforma agraria que se necesita y se asemeja más a los poderes de «expropiación» habituales de muchos gobiernos, incluido el de Estados Unidos. En continuidad con los anteriores intentos fallidos de reforma agraria en Sudáfrica, la ley exige una indemnización a los que les pertenecia la tierra que sera expropiada. (Se aplican excepciones si la tierra no se utiliza o si no hay intención de utilizarla para ninguna actividad rentable). Es muy poco probable que una ley de este tipo sea capaz de resolver las grandes disparidades en la propiedad de la tierra en Sudáfrica: el 73 % de la tierra privada pertenece al 7 % de la minoría blanca del país. La realidad es que esta ley solo se aprobó para que Ramaphosa pudiera decir a los votantes que había hecho algo en materia de reforma agraria, no para lograr avances significativos.

Otra causa célebre de AfriForum y sus seguidores es la recientemente aprobada Ley de Modificación de la Educación Básica (BELA). La ley surge del intento de Ramaphosa de reformar el enorme y desigual sistema de enseñanza pública de Sudáfrica, pero los miembros de las comunidades afrikáner y «coloured» del Cabo, de habla afrikáans, están furiosos porque permite al Gobierno nacional tener la última palabra sobre la lengua de enseñanza en las escuelas públicas. Si bien las comunidades minoritarias deben poder aprender en su lengua materna, en Sudáfrica existe desde hace tiempo la preocupación de que las pruebas de dominio del afrikáans sigan utilizándose para excluir a los estudiantes negros de determinadas escuelas públicas. No obstante, si la derecha afrikaner está realmente preocupada por mantener la educación en su lengua materna, no tiene mucho sentido buscar «refugio» en Estados Unidos, donde sin duda sus hijos recibirán una educación en inglés.

La realidad que se esconde tras estas leyes no es solo que los afrikaners no están oprimidos, sino que ellos, y los sudafricanos blancos en general, siguen disfrutando de un gran privilegio en el país. Los programas modernos de reconciliación y acción afirmativa, como el Empoderamiento Económico Negro (BEE), no son comparables en cuanto a su propósito o severidad a los siglos de trato preferencial hacia los blancos o a los programas explícitos de redistribución de la tierra y la riqueza que beneficiaron a los sudafricanos blancos y empobrecieron a los sudafricanos negros. La realidad es que los sudafricanos blancos ocupan más del 60 % de los puestos directivos, a pesar de representar el 7 % de la población del país. Sigue siendo cierto que los sudafricanos negros son mucho más propensos a sufrir pobreza y falta de oportunidades en el país donde nacieron. Los sudafricanos blancos tampoco se enfrentan a una tasa de criminalidad más elevada; según las estadísticas del Gobierno, de las aproximadamente 7000 víctimas de homicidio a finales de 2024, solo 12 fueron víctimas de ataques a granjas y solo una de ellas era realmente granjera.

Con la realidad en perspectiva, el verdadero objetivo de AfriForum queda claro. Ellos y los de su calaña han intentado utilizar la situación política de Sudáfrica para crear una realidad falsa que provoque el miedo entre la población afrikáner y la empuje a los brazos de la derecha blanca. De hecho, los incidentes reales de violencia o políticas contra los afrikáners son prácticamente inexistentes y el espectro del «genocidio afrikáner» se ha conjurado en su totalidad a partir del miedo que las minorías privilegiadas suelen tener hacia la mayoría oprimida.

La reacción

A pesar de este contexto, la idea de huir a Estados Unidos ha sido recibida en gran medida con desprecio y burla en Sudáfrica, no solo por parte de los sudafricanos negros, sino también por parte de sus compatriotas afrikaners. De hecho, incluso AfriForum y Solidariteit han publicado declaraciones en las que piden a los afrikaners que se queden en el país. Si bien la idea de que los afrikaners están tan oprimidos en su país natal que deben huir a Estados Unidos refuerza la política del miedo que AfriForum ha estado utilizando para intentar empujar a los afrikaners hacia la derecha, en realidad socava su proyecto más amplio. Si los afrikaners huyen a Estados Unidos, ¿quién se quedará atrás para construir el Estado étnico blanco afrikaner? Para los afrikaners más moderados y la población general del país, marcharse a Estados Unidos se considera la traición definitiva a su pueblo y a su país; muchos de ellos han acusado a los «refugiados» de ser simplemente oportunistas que buscan salarios más altos en Estados Unidos.

En Estados Unidos también ha habido una reacción violenta, y la Iglesia Episcopal ha notificado al Gobierno su intención de retirarse del programa de reasentamiento de refugiados en lugar de ayudar a reasentar a estos supuestos «refugiados». En una declaración pública, el obispo episcopal Sean Rowe afirmó: «Ha sido doloroso ver cómo un grupo de refugiados, seleccionados de una manera muy inusual, reciben un trato preferencial frente a muchos otros que llevan años esperando en campos de refugiados o en condiciones peligrosas».

Este sentimiento ha sido compartido por muchas personas en este país al ver cómo se da vía rápida a un pequeño grupo de personas blancas, mientras que muchas otras procedentes de Asia, África y Sudamérica no pueden obtener el estatuto de refugiado a pesar de enfrentarse a circunstancias mucho más graves. Si bien el abuso del programa de refugiados por parte de Trump es particularmente ridículo, el programa tiene una larga historia de ser utilizado para invitar a grupos políticamente favorecidos (élites cubanas y survietnamitas), mientras que se excluye a los grupos no favorecidos.

¿Qué hay del antisemitismo?

Aunque la mayoría de los refugiados se han mantenido alejados de la prensa y han conservado un estatus más o menos anónimo, un «refugiado» en particular, Charl Kleinhaus, ha decidido conceder entrevistas a la BBC y al The New York Times. Los comentarios de Kleinhaus en las entrevistas han hecho aún más absurda la naturaleza política de la situación de los «Amerikaner».

En sus entrevistas, Kleinhaus insiste en que ha venido a Estados Unidos solo porque vive con miedo. Para respaldar esta afirmación, ha declarado a la prensa que dejó una casa de cinco dormitorios en la hermosa región de Mpumalanga para venir a Estados Unidos. Una rápida búsqueda en las redes sociales del Sr. Kleinhaus también ha revelado toda una serie de publicaciones de extrema derecha y racistas.

Una publicación que ha llamado especialmente la atención es un comentario de Twitter antisemita que escribió en 2023, en el que afirmaba que los judíos son «peligrosos y poco fiables». Aunque declaró a la BBC que escribió ese comentario bajo los efectos de la medicación, el historial antisemita de Kleinhaus es revelador, teniendo en cuenta que el Departamento de Seguridad Nacional de Trump ha estado haciendo afirmaciones sobre la detección del antisemitismo en su política de inmigración. Esto, al igual que gran parte de la política de Trump en materia de antisemitismo, no tiene nada que ver con cualquier tipo de seguridad para los judíos; más bien, el DHS ha estado intentando utilizar falsas acusaciones de antisemitismo para reprimir el discurso antiisraelí. De hecho, las publicaciones de Charl Kleinhaus revelan precisamente esto, mostrando que el DHS estaba más que dispuesto a admitir a un «refugiado» con un historial muy público y evidente de antisemitismo si ello servía a los objetivos generales de la derecha del Gobierno.

Los «amerikaners» y la clase trabajadora estadounidense

En definitiva, toda la situación de los «refugiados afrikaners» no es más que una farsa. Los trabajadores estadounidenses no deben su solidaridad a las organizaciones laborales racistas como Solidariteit. Si bien debemos defender el derecho de las personas a desplazarse por todo el mundo, debemos rechazar las fantasías racistas de persecución de la derecha blanca sudafricana.

Aunque su comportamiento pueda parecer ridículo, hay que tomarse en serio la adopción de esta retórica por parte de Trump. Su política representa una continuación de los esfuerzos de Elon Musk por construir redes internacionales y camaradería entre la derecha global. Los trabajadores de Estados Unidos deberían construir redes de solidaridad internacional aún más grandes y sólidas para luchar contra ello.

Foto: El 21 de mayo, Trump muestra al presidente sudafricano Ramaphosa supuestas pruebas del genocidio contra los afrikaners. (Evan Vucci / AP)

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