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¡Necesitamos la producción planificada para detener la contaminación por plásticos!

Por B. COOPER

La contaminación por plásticos es uno de los principales problemas medioambientales a los que nos enfrentamos hoy en día y será un reto para las próximas generaciones también. La contaminación por plásticos está muy extendida en nuestro entorno y en nuestros cuerpos. Hasta Forbes, portavoz de las grandes empresas, reconoce la amenaza, y Food & Water Watch incluye los microplásticos en su lista de las cinco principales amenazas para el agua potable.

Todas las grandes potencias industriales fabrican plástico. Las principales materias primas para la producción del plástico son subproductos del refinado de combustibles fósiles, lo que abarata su producción para las economías basadas en estos combustibles. Debido a su bajo coste y versatilidad, las empresas utilizan el plástico en prácticamente todos los envases y en casi todos los productos de consumo. El afán de lucro desplaza cualquier preocupación por la sostenibilidad o la salud pública, dando prioridad a lo barato y lo cómodo frente a lo seguro y lo duradero. En resumen, debido al capitalismo, vivimos en una situación muy peligrosa.

La única forma segura de detener la contaminación por plásticos y comenzar el proceso de limpieza del planeta es detener la producción de plásticos en su origen. Esto requiere una economía planificada en la que todos los productores de plásticos, las empresas de reciclaje y las industrias adyacentes sean nacionalizadas bajo el control de los trabajadores. Los trabajadores pueden decidir cómo gestionar una transición justa para abandonar los plásticos, los combustibles fósiles y la guerra sin socavar necesidades como la sanidad y el transporte, y podemos hacerlo mejor que los multimillonarios. Debemos tomar decisiones racionales pronto sobre cómo y dónde se deben utilizar los plásticos, o de lo contrario nos encaminaremos hacia la tragedia.

El alcance del problema

Los residuos plásticos se acumulan en enormes montones de basura en todo el planeta, incluida la conocida Gran Mancha de Basura del Pacífico, una zona del mar de 1,6 millones de kilómetros cuadrados donde las corrientes marinas recogen diminutas partículas de basura que flotan «descomponiéndose» en el agua. Por supuesto, este no es el único lugar donde se acumula la contaminación plástica; hay innumerables vertederos y zonas de residuos «naturales» en toda la Tierra. También hay innumerables lugares donde se quema de plástico.

Gran parte de esta contaminación plástica se ha descompuesto en microplásticos invisibles, definidos como piezas más pequeñas que una uña, pero que pueden tener un tamaño de tan solo cinco nanómetros. A modo de comparación, 0,1 milímetros es 100 000 veces más largo que un nanómetro. Estos microplásticos se han acumulado en el cuerpo humano al comer pescado contaminado, beber agua contaminada, respirar aire contaminado y por el contacto de la piel con los plásticos. Se han encontrado en ríos, océanos, suelos, cultivos, etc.

Los microplásticos son extremadamente omnipresentes. Tú, querido lector, tienes plástico en tu cuerpo. Las investigaciones han descubierto que todo el mundo consume el equivalente a una tarjeta de crédito cada semana al ingerir, respirar y tocar plásticos. No ha sido necesario beber agua de color marrón ni comer tarjetas de crédito para que lleguen allí. Los microplásticos no solo provienen de los vertederos, ya que cualquier plástico que bebemos, cocinamos, construimos o con el que jugamos puede desprender estas partículas. Las pruebas han revelado la presencia de microplásticos en la mayoría de los tejidos humanos, incluido el cerebro humano, donde se han encontrado concentraciones más elevadas en personas con diagnóstico de demencia. Otros efectos sobre la salud pueden incluir problemas hormonales, complicaciones fetales y enfermedades cardíacas.

Enumerar todas las fuentes de microplásticos queda fuera del alcance de este artículo, pero cabe mencionar la ropa de poliéster, nailon y látex, que contribuye con una cantidad considerable de microplásticos al agua cada vez que se lava. Las empresas producen cada vez más ropa de poliéster debido a su bajo coste. Los cosméticos y las colillas también son fuentes importantes de microplásticos. Aunque prácticamente toda el agua potable está contaminada en mayor o menor medida, el agua embotellada tiene concentraciones más altas de microplásticos, al igual que todas las bebidas envasadas en plástico.

Los plásticos y la naturaleza

Los plásticos no son biodegradables como el papel y son menos estables que la mayoría de los metales. Por lo tanto, cuando los plásticos se «descomponen», lo único que hacen es romperse en trozos cada vez más pequeños. Esto ha provocado la infiltración total de microplásticos en el cuerpo humano y en el ecosistema.

Los plásticos se fabrican a partir de hidrocarburos extraídos del refinado del petróleo crudo. En química se denominan monómeros (moléculas individuales) y se unen entre sí en cadenas de moléculas llamadas polímeros. Se pueden utilizar diferentes polímeros para fabricar diferentes plásticos. La vida en la Tierra no ha evolucionado para utilizar estos polímeros y, por lo tanto, no son biodegradables. Se sospecha que tardan más de 500 años en desaparecer, si no más. Como resultado, la producción continua de plásticos por parte de los seres humanos solo conduce a que una cantidad cada vez mayor de espacio, originalmente destinado a la biología, sea ocupado por materia plástica inerte… ni los microbios de nuestro cuerpo ni los del suelo pueden metabolizarla.

Pero, ¿no se pueden reciclar los plásticos?

Alrededor del 91 % de todo el plástico fabricado nunca se ha reciclado. Permanece en vertederos, en el mar o en partículas invisibles a nuestro alrededor. Incluso si se reciclara, el proceso no eliminaría totalmente el riesgo de que los plásticos desprendieran partículas microscópicas.

Parte del problema es la logística. Por los motivos de la comodidad y rentabilidad, el capitalismo mundial produce plástico para todos los usos imaginables, pero los principales gobiernos, como los de Estados Unidos y China, no han impuesto regulaciones lo suficientemente estrictas sobre su eliminación, ni los gobiernos municipales han proporcionado una infraestructura lo suficientemente sólida para gestionar la cantidad y la variedad de los plásticos con los que se encuentran los consumidores.

Además, el 9 % del reciclaje que se realiza se subcontrata a trabajadores del Sur global, en condiciones cuestionables y con salarios miserables. El transporte de este plástico al extranjero implica más emisiones de carbono.

La mayoría de los tipos de plástico no son reciclables en absoluto. La mayor parte del plástico reciclable es PET (botellas de agua) o HDPE (jarras). Las empresas han impreso los tipos de plástico en la parte inferior o en los laterales de los productos, pero esto es de poca ayuda cuando los municipios no tienen la voluntad o los medios para separar adecuadamente los tipos de plástico o para dejar claro este hecho a los consumidores. También hay otra docena de tipos de plástico que se convierten instantáneamente en basura en el momento de su creación. El plástico transparente, el poliestireno expandido, los microplásticos de los cosméticos y la ropa de poliéster no se pueden reciclar.

Los bioplásticos son un ejemplo de plásticos fabricados a partir de fuentes distintas de los combustibles fósiles. En la teoría, son biodegradables. En la práctica, sin embargo, esto no es nada cierto, y esta categoría representa una parte pequeñissima de los plásticos del mundo. Una vez más, todo se reduce al coste. Los bioplásticos no son rentables para las empresas petroleras, que necesitan vender los subproductos del refinado del petróleo crudo.

La industria del plástico y los combustibles fósiles

El reciclaje es inútil cuando las empresas no se molestan en fabricar productos reciclados. El 90 % de los productos plásticos son plásticos primarios. Son más baratos que los productos reciclados y se pueden fabricar más tipos de productos con los plásticos primarios que con los reciclados. Además, la mayoría de los productos de plástico reciclado están fabricados en parte con plásticos primarios también.

La contaminación por plásticos es en gran medida la culpa de la industria de los combustibles fósiles, que en su búsqueda de beneficios ha comercializado astutamente los subproductos del petróleo crudo en forma de plásticos derivados de combustibles fósiles. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la industria de los combustibles fósiles ha desarrollado y comercializado los plásticos para que esta tecnología (entonces novedosa) pudiera generar beneficios. Liberar al planeta de los combustibles fósiles y de los plásticos derivados de los combustibles fósiles es el mismo reto.

En 2023, los seres humanos produjeron 413,8 millones de toneladas métricas de plásticos. La producción de plástico en 2010 fue de 270 millones de toneladas métricas, y ha aumentado constantemente cada año. El mayor productor de plásticos es China, con aproximadamente el 33 % de la producción, seguido del resto de Asia con el 20 %, los países de América del Norte con el 20 % y Europa con el 17 %. La cadena de suministro del capitalismo global, tal y como está, exige que todos los países industrializados participen en la producción y venta de plásticos, en detrimento de la salud humana a largo plazo.

La producción, y no el simple hecho de tirar basura o las malas decisiones de los consumidores, es la fuente de la contaminación. Es aquí donde hay que examinar el problema. Las leyes contra tirar basura, aunque esenciales, no son en absoluto suficientes, y pedir a los consumidores que compren «productos ecológicos» es un insulto cuando las empresas solo producen y suministran productos de plástico, proporcionan alimentos en envases de plástico y siguen fabricando ropa de plástico. ¡Vaya a cualquier tienda de comestibles de Estados Unidos e prueben si pueden encontrar una sola barra de pan que no esté envuelta en plástico!

Los plásticos y el capitalismo

La sobreproducción de plásticos amenaza la salud de las personas, los animales y las plantas, y aumenta enormemente nuestro riesgo existencial. Los plásticos en sí mismos no son un mal inherente, pero el sistema capitalista ha incentivado una adicción a los plásticos en casi todo y ha creado un ciclo autodestructivo de residuos, mientras que la industria del plástico está intrínsecamente ligada a las emisiones de combustibles fósiles que provocan la alteración del clima.

Las empresas (y los ricos que las poseen) eligen los plásticos por diferentes razones. A veces, el plástico es un componente esencial de la tecnología. Esto es especialmente cierto en el caso de los hospitales y las computadoras. Pero la mayoría de las veces, como en el caso de los envases, el almacenamiento de alimentos o la ropa, el plástico se elige no porque sea el material más seguro o eficaz para su función, sino porque es barato. A menudo, las nuevas tecnologías, como el amianto, se han desarrollado sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo, y solo años más tarde descubrimos lo perjudiciales que son para la salud humana. El plástico es un ejemplo moderno, pero mucho más extendido que el amianto.

La rentabilidad es uno de los únicos sentidos en cual la producción capitalista —es decir, la producción de mercancías para su venta en un mercado, con el objetivo de generar beneficios privados a partir de la explotación de la fuerza de trabajo— es «racional». Es precisamente esta «racionalidad» la que ha llevado a un mundo de obsolescencia programada, productos plásticos desechables y millones de personas con capacidad para consumir productos, pero sin posibilidad de controlar cómo se fabrican realmente. Quienes controlan el proceso de producción —la clase capitalista— lo hacen para ganar dinero, no para satisfacer las necesidades humanas.

Una vez que conocemos los peligros de los microplásticos, ¿sigue siendo racional producir poliéster o poliuretano en cantidades cada vez mayores? ¿Es racional cuando no tenemos medios para reciclar estos materiales y producimos esencialmente millones de toneladas de residuos tóxicos que están destinados a envenenar los cuerpos durante generaciones? Hay muchas más razones para limitar la producción de plástico que para aumentarla.

No debemos confiar en los amos de las grandes empresas para encontrar una salida a nuestro actual desastre. Los trabajadores deben asumir la responsabilidad de la planificación económica y medioambiental y arrebatar las principales industrias del control de los multimillonarios.

¡Nacionalizar la industria bajo el control de los trabajadores!

¿Qué se necesita? A corto plazo, la producción del plástico debe reducirse drásticamente, si no eliminarse, y restringirse únicamente a lo absolutamente esencial. A medio plazo, la economía debe reorganizarse para funcionar sin combustibles fósiles y sin plásticos, una tarea abrumadora, pero necesaria. Por último, el objetivo a largo plazo, que probablemente no se alcanzará en el transcurso de nuestras vidas, es limpiar el planeta de la contaminación y sanar los cuerpos dañados por los microplásticos y otros contaminantes.

Dada la magnitud de lo que se necesita y cómo hemos llegado hasta aquí, sería ilusorio pensar que «seguir como hasta ahora» nos permitirá encontrar una solución. «Seguir como hasta ahora», es decir, el capitalismo, si no se detiene, hará que nuestras vidas empeoren considerablemente. Solo una economía socialista organizada democráticamente podría iniciar el proceso de detener la contaminación por plásticos. ¿Cómo sería esto en la práctica?

En primer lugar, todos los productores de plástico, las empresas de reciclaje y las industrias adyacentes deberían ser nacionalizados. La nacionalización de estas industrias es el primer paso necesario para empezar a reducir la producción de plástico y planificar la reorganización de la economía. Las empresas que producen esta basura no deberían tener «libertad» para producirla. Pero esto por sí solo no es suficiente.

En segundo lugar, y lo que es más importante, estas nacionalizaciones deberían llevarse a cabo bajo la dirección de un gobierno de los trabajadores, un gobierno en el que los trabajadores tuvieran voz y voto sobre cómo (y por qué) se gestiona una empresa, una fábrica, un municipio o todo el país.

Además, dicho gobierno excluiría a los millonarios y multimillonarios y al grupo político hipócrita de elefantes y burros que financian. Sería el gobierno más democrático de la historia, porque acabaría con la dictadura en el lugar de trabajo (y, a su vez, con la dictadura de toda la clase rica sobre los trabajadores). Un gobierno de los trabajadores en Estados Unidos sería la organización de los millones de trabajadores de todo el país a favor de una planificación económica racional que atendiera sus necesidades, y no las exigencias de los capitalistas.

Actualmente, la economía capitalista obliga a los trabajadores a conseguir un empleo en industrias que producen cosas que no necesitamos y que, en el caso de los plásticos, son activamente perjudiciales para la vida. Vamos a trabajar todos los días y producimos, por ejemplo, botellas de plástico para refrescos, que se venden a los clientes para que las beban, introduciendo plásticos en su cuerpo, para luego ser desechadas en los vertederos. Esto no es bueno para nosotros ni para la Tierra. A pesar de ello, las exigencias de la economía capitalista, el afán de lucro de los propietarios de las empresas y nuestra propia necesidad de pagar el alquiler y la comida nos empujan inexorablemente a fabricar productos tóxicos.

Por supuesto, hay un millón de ejemplos más, además de las botellas de plástico, de la producción tóxica. Pero otras cosas, como los guantes de látex o nitrilo de los hospitales, no pueden eliminarse de inmediato. Los trabajadores serán capaces de decidir qué es lo que tiene sentido en cada caso. Por ejemplo, podríamos cambiar las botellas de plástico por botellas de vidrio, garantizando que los plásticos médicos se sigan fabricando hasta que se encuentre una solución mejor. Hay que tomar muchas decisiones como esta, y una planificación económica racional nos permitirá dar estos pasos mientras nos preparamos para el futuro.

La ventaja de nacionalizar la industria bajo el control de los trabajadores y con una planificación sistemática significaría que, por primera vez, podríamos reorganizar la producción para dejar de producir lo que nos está matando y dedicar nuestra mano de obra a mejorar la vida y hacerla más saludable. Ese es el objetivo del socialismo.

La producción nacionalizada bajo control de los trabajadores pondría fin a la anarquía del mercado laboral, garantizando un puesto de trabajo para todos y ingresos durante los periodos de inactividad. Una vez cerradas las fábricas de moldes de plástico de todo el mundo, los operarios de estas fábricas podrían buscar un nuevo empleo sin la incertidumbre del desempleo que el capitalismo garantiza. Mientras exista el capitalismo, la capacidad de manejar una máquina determinada (¡o de trabajar en absoluto!) es un privilegio otorgado por el patrón. Bajo un gobierno de los trabajadores, el sindicato o el comité de fábrica en el lugar de trabajo tendría ahora el control total sobre el funcionamiento de la fábrica. El sindicato podría convertirse en un medio para que los trabajadores debatieran sobre cómo redistribuir el trabajo para reducir la jornada laboral de todos.

Con una planificación racional, un gobierno de los trabajadores sería el mayor «creador de empleo» de la Tierra, ya que se necesitarían millones de puestos de trabajo para reparar el planeta y también para aumentar la producción de lo que realmente se necesita. Una vez que dejemos de producir alimentos envueltos en plástico, envases de plástico y dejemos de utilizar combustibles fósiles, se necesitarán nuevas soluciones para llenar el vacío, ¡y eso significa puestos de trabajo!

El plástico sigue siendo un material técnicamente útil, por supuesto. Un gobierno de los trabajadores tendría que consultar con científicos e ingenieros sobre la mejor manera de utilizar este material en la industria, así como en los productos domésticos, de forma segura (si es que se utiliza). Las empresas capitalistas ya contratan a científicos e ingenieros para fabricar los productos más baratos y más rentables. Estos expertos también pueden ser contratados por los trabajadores, con un matiz importante: con una planificación racional, la seguridad y la calidad de los productos de consumo aumentarían a medida que superáramos la obsolescencia programada y los productos desechables del capitalismo.

Para que este futuro se haga realidad, tiene que producirse un cambio revolucionario en la conciencia de la clase trabajadora. Tenemos que dejar de identificarnos con los Estados-nación que se preparan para la guerra y con los diversos estafadores que se aprovechan de nuestras inseguridades y miedos. Debemos tener nuestra propia política y nuestro propio partido. Está dentro de nuestras posibilidades dirigir el mundo, y que este mundo sea mejor que el basurero capitalista que vemos hoy.

• ¡Detengamos la producción de plásticos YA! ¡Por alternativas reciclables y biodegradables!

• ¡Organicemos la recogida generalizada y la eliminación o almacenamiento seguros de los plásticos!

• ¡Medidas de emergencia YA para la limpieza medioambiental!

• ¡Pongamos la industria, el comercio y los bancos bajo control de los trabajadores! ¡Por una economía planificada para detener el cambio climático!

• ¡Por la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial! ¡Empleo garantizado para todos!

Fuentes

https://www.forbes.com/sites/billfrist/2025/03/13/the-invisible-threat-how-microplastics-are-poisoning-our-health-and-what-we-can-do-about-it/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33130380/

https://en.m.wikipedia.org/wiki/Great_Pacific_Garbage_Patch

https://www.unep.org/news-and-stories/story/microplastics-long-legacy-left-behind-plastic-pollution

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33130380/

https://www.scientificamerican.com/article/why-arent-we-losing-our-minds-over-the-plastic-in-our-brains/

https://www.ucsf.edu/news/2024/02/427161/how-to-limit-microplastics-dangers

https://education.nationalgeographic.org/resource/whopping-91-percent-plastic-isnt-recycled/

https://www.scientificamerican.com/article/why-its-so-hard-to-recycle-plastic/

https://www.statista.com/statistics/282732/global-production-of-plastics-since-1950/

https://newrepublic.com/post/192660/trump-fbi-charge-climate-organizations? fbclid=IwY2xjawI-3uFleHRuA2FlbQIxMQABHUGRhWW_YqsWqSgUhrCi4YsHCGWLB7ggwm_nSq7MC9ZhL5UMI29jnyOrcw_aem_1eWAM3YTx9tmUMoJemeuvA

https://apnews.com/article/trump-plastic-straws-pollution-oceans-packaging-e64e2671bbf7f8a8abaec0d5a491f7de

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