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El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.
Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».
En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.
La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.
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La guerra contra Irán no es ningún accidente
Por CARLOS SAPIR
Casi un mes desde el inicio del terrible ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, las crisis militares, políticas y económicas resultantes parecen estarse escapando del control de los imperialistas. Con Irán aún controlando el tráfico marítimo vital a través del estrecho de Ormuz, y las fuerzas imperialistas continuando con la escalada de ataques contra refinerías de petróleo y otras infraestructuras civiles de energía y agua, la economía mundial se tambalea. Mientras tanto, Irán sigue lanzando misiles de largo alcance a un ritmo constante contra objetivos israelíes, estadounidenses y británicos, al tiempo que sus drones de corto alcance sean las armas decisivas en la batalla por el Golfo.
Dado el caos que ha resultado, la idea de que la invasión se debió a la estupidez sin igual de Trump, o de que Trump fue «engañado» por agentes israelíes para que empieze esta guerra, resulta seductora para una gran parte de la población. Pero lo que estas teorías conspirativas ignoran es que, a pesar de todos sus errores, la invasión de Irán ha sido totalmente coherente con décadas de política imperialista estadounidense.
El consenso bipartidista detrás del imperialismo
Aunque el Partido Demócrata ha criticado el encaminamiento de la guerra actual, sus líderes apoyan, no obstante, el principio de atacar a Irán. Despues del breve ataque contra Irán en junio, el liderazgo del PD llamo a Trump a la confrontación con Irán, utilizando burlas tontas para tratar de sacarle de quicio a Trump. Pero el acuerdo imperialista sobre Irán es mucho más profundo que eso, y su reflejo en Europa también puede observarse en los gobiernos de la UE, de Bretaña, de Francia, y de Alemaña, que saludaron los ataques iniciales contra Irán.
Desde el golpe de Estado contra Mossadegh en 1953, los estados imperialistas han colaborado para frustrar y atacar todos los intentos de Irán por afirmar su independencia política o económica. Los shás de la dinastía Pahlavi fueron cómplices voluntarios del imperialismo estadounidense y británico, y estos imperialistas consideraron la Revolución de 1979 y el régimen que surgió de ella como un obstáculo y un enemigo para su hegemonía sobre Oriente Medio.
Aunque en ocasiones se ha recurrido a herramientas diplomáticas en lugar de a la guerra abierta, como bajo el mandato de Obama (y aún hoy, oficialmente, por parte de los líderes de la UE), este enfoque no ha sido una política de paz, sino una continuación de la guerra por otros medios, una propuesta para integrar a Irán directamente en el marco de su hegemonía económica imperialista, al tiempo que se insiste unilateralmente en controles invasivos y en la vigilancia de su capacidad militar. Si bien el desarme nuclear a escala mundial sería algo bueno, ese no es lo que sucede cuando se exige que Irán renuncie a sus capacidades militares mientras se permite militarizarse libremente a Israel, Gran Bretaña y EE. UU. (el único país que ha utilizado una bomba nuclear en guerra) .
Esto no quiere decir que Estados Unidos haya ejecutado a la perfección sus planes de guerra. Ha cometido muchos errores evidentes en su intento de someter a Irán, incluyendo incidentes de fuego amigo a nivel táctico, no haber tenido en cuenta los impactos económicos a nivel estratégico, y los comentarios erráticos de Trump y el hecho de que el Gobierno, en general, no haya presentado una línea propagandística coherente sobre lo que está sucediendo. Algunos de estos errores han suscitado críticas y denuncias tanto de los aliados como de los enemigos del imperialismo. Pero la lógica militar del esfuerzo liderado por EE. UU. para aislar y dominar a Irán ha sido una marcha constante hacia la guerra. Las principales preguntas para el Gobierno estadounidense han sido ¿cómo? y ¿cuándo?, no ¿se debe?”.
Cómo Israel y Joe Kent ambos sirven a los intereses de EE. UU.
Mientras que los demócratas y los conservadores hartos de Trump pueden intentar salvar su propia reputación achacando esta catástrofe de guerra a la estupidez de Trump y sus asesores, la turba de MAGA necesita otro chivo expiatorio, e Israel no solo es un acomplice perfecto, también es un participante alegre en este papel.
La conducta de Israel hacia Irán ha sido igual de terrible que la de Estados Unidos, y es, con toda razón, un paria a los ojos del mundo por las oleadas de ocupación, despojo y genocidio que ha desatado contra los palestinos. Pero, aunque el Gobierno israelí y el de Trump puedan tener cálculos distintos respecto a su capacidad para tolerar el sufrimiento económico, el descontento popular y otras presiones derivadas de una guerra determinada, la política central de larga data del imperialismo estadounidense consiste en reforzar la hegemonía israelí en todo Oriente Medio con el fin de promover sus propios intereses.
La fuerza aérea israelí sigue dependiendo totalmente, desde el punto de vista logístico, del apoyo industrial estadounidense, y eso ni siquiera cuenta con el apoyo económico y diplomático más amplio que Estados Unidos ha prestado continuamente a Israel desde la década de 1970. Durante décadas, los presidentes estadounidenses han reconocido el papel de Israel como «un portaaviones insumergible» y un perro de presa contrarrevolucionario dispuesto a atacar cualquier amenaza a la continua expansión de la hegemonía estadounidense y europea en toda la región.
El hecho de que Israel se encargue de lanzar ataques que Estados Unidos no necesariamente está dispuesto para llevar a cabo por sí mismo (en este momento, incluida una invasión en curso del sur del Líbano) es una ventaja para el imperialismo, no un inconveniente. Permite a Estados Unidos eludir la culpa de los actos de violencia más atroces llevados a cabo para asegurar su hegemonía.
Este proceso requiere que funcionarios como el exdirector de Lucha contra el Terrorismo, Joe Kent, denuncien públicamente el papel de Israel, eximiendo así a Estados Unidos de cualquier culpa en el proceso. La insinuación antisemita de que los israelíes se han apoderado en secreto del Gobierno de Estados Unidos es una ventaja añadida para la gente de extrema derecha a la que Kent está tratando de influir; no importa que el propio Kent haya tenido un control mucho más directo sobre la política y la práctica de Estados Unidos (y, por extensión, de Israel) que el 99,9 % de la población judía.
Israel, por supuesto, ha cometido y sigue cometiendo crímenes terribles, y es denunciado con razón por quienes se oponen al racismo y al imperialismo en todas partes. Pero el hecho de que lidere la carga de las guerras imperialistas no significa que controle en secreto al Gobierno de EE. UU.; es una consecuencia del hecho de que EE. UU. y otros Estados imperialistas cultivan intencionadamente relaciones con Estados racistas y militaristas precisamente porque esos Estados están arraigados en una lógica militar que favorece la confrontación constante con fuerzas que podrían oponerse al imperialismo.
El Gobierno de EE. UU. apoya a Israel por la misma razón por la que apoyó al apartheid sudafricano, a las dictaduras de toda América Latina, desde Guatemala hasta Chile, e incluso a los shas Pahlavi en Irán. Derrotar a todos estos regímenes significa detener el imperialismo en su conjunto, lo cual es una lucha que, en última instancia, también debe llevarse a cabo en el corazón del imperialismo.
Al construir hoy un movimiento de masas contra la guerra imperialista en EE. UU., podemos detener el corazón de la maquinaria que propaga el racismo y la destrucción por todo el mundo. Nuestro objetivo no es solo sustituir al presidente por alguien más «competente», ni acabar con una supuesta camarilla de Illuminati que controla todo en secreto. Necesitamos construir una oposición de la clase trabajadora y un poder político que pueda desarraigar la economía de guerra imperialista y reconstruir desde abajo.
¡Dinero para el empleo y la educación, no para guerras y deportaciones!
¡Manos fuera de Irán! ¡Manos fuera del Líbano! ¡Palestina libre!
Foto: Daños causados por las bombas en Teherán. La Media Luna Roja informa de que más de 8000 objetivos civiles han sido bombardeados por EE. UU. e Israel durante la guerra. (Majod Sheedi / Getty Images)
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Walid Khalidi, historiador de la causa palestina, presente!
Referencia en los estudios sobre la Nakba (catástrofe palestina cuya piedra fundamental es la formación del Estado racista y colonial de Israel en 1948), Walid Khalidi falleció el pasado 8 de marzo a los 100 años de edad. Nos deja un legado fundamental para comprender la historia y la memoria de Palestina.
Sus investigaciones y estudios son cruciales para entender la enorme injusticia a la que está sometido el pueblo palestino desde hace 78 años, y para combatir la desinformación y la deshumanización que sirven para sostener la colonización, el apartheid, la limpieza étnica y el genocidio.Los palestinos se enfrentan diariamente con la anti-historia, con la construcción de narrativas falsas que demonizan su resistencia legítima por todos los medios, mientras enfrentan una brutal opresión nacional. Conocer la historia y la memoria palestinas es una herramienta para enfrentar este escenario, rumbo a la liberación.
Walid Khalidi, no por casualidad llamado “historiador de la causa palestina”, nos arma con su investigación extraordinaria, sobre todo en dos obras enciclopédicas fundamentales:
“All That Remains – The Palestinian Villages Occupied and Depopulated by Israel in 1948” (1992)
“Before Their Diaspora: A Photographic History of the Palestinians” (1984)En este último libro se encuentra un rico registro fotográfico del modo de vida y de los lugares anteriores a la Nakba, reunido en cerca de 500 fotografías raras.
En “All That Remains”, además de un mapa de la Palestina histórica que ubica más de 400 aldeas destruidas en la limpieza étnica realizada por las bandas sionistas en 1948, hay documentación detallada de estos pueblos antes, durante y después de la Nakba.
Una de esas aldeas es la de mi familia paterna, Qaqun. Walid Khalidi, referencia para tantos investigadores y estudiantes, también es base para las investigaciones que dieron origen a mi libro “Al Nakba – Un estudio sobre la catástrofe palestina” (2017).
Su trabajo fue fundamental para profundizar mi conocimiento sobre Qaqun, el lugar donde mi padre, Abder Raouf, nació en 1935 y del cual fue expulsado violentamente a los 13 años. Él se refería a su aldea como un “paraíso” antes de la Nakba y, como millones de refugiados, la describía con lirismo. En ese lugar de la memoria se conectaba con su tierra, de donde fue arrancado brutalmente, con la perspectiva de la liberación y el retorno.
Nacido en Jerusalén en julio de 1925, Walid Khalidi fue quien reveló el Plan Dalet, elaborado a fines de los años 40, donde se detallaba cómo sería ejecutado el plan final de limpieza étnica por el movimiento sionista. El Plan Dalet sellaría el destino de los palestinos en la Nakba de 1948.Aunque Walid Khalidi fue pionero en las investigaciones que evidenciaban la expulsión planificada para la formación del Estado racista y colonial de Israel, fue con el libro “La limpieza étnica de Palestina” del historiador israelí Ilan Pappé que el Plan Dalet ganó mayor reconocimiento académico en los estudios sobre la Nakba.
Sin embargo, el propio Ilan Pappé reconoce en la introducción de su obra que bebió de esa fuente; que antes que él, historiadores árabes y palestinos ya habían explorado ese camino y le sirvieron de referencia, mencionando explícitamente el trabajo de Walid Khalidi. Pero esas voces no habían sido escuchadas ni consideradas creíbles.
Profesor en las universidades de Oxford y la Universidad Americana de Beirut, además de investigador de Harvard y cofundador del Instituto de Estudios Palestinos en 1963, Walid Khalidi quizá no tuvo el mismo reconocimiento internacional, pero es ampliamente respetado por cualquier investigador serio sobre la cuestión palestina.
Como es casi inevitable para los palestinos, Walid Khalidi combinó conocimiento académico con compromiso político. Por ejemplo, cuando renunció a la Universidad de Oxford en 1956, tras la invasión francesa, británica e israelí al Canal de Suez, y al participar en el movimiento nacionalista palestino.En el ámbito político defendía la llamada “solución de dos Estados” y llegó a integrar la delegación conjunta jordano-palestina en la Conferencia de Madrid de 1991, además de actuar como asesor especial de la Liga Árabe algunos años antes.
De manera contradictoria, en un artículo escrito en 1997, al cumplirse 50 años de la recomendación de la partición de Palestina por la Asamblea General de la ONU, Khalidi fue categórico:
“No, la partición de la ONU de 1947 no fue la fórmula de ‘compromiso’ legal, moral, justa, equilibrada, pragmática y viable que se afirma que fue”.Al confrontar el debate sobre si los palestinos deberían haber aceptado la partición, Khalidi cuestionó cómo un plan podría ser justo si más de la mitad del territorio sería destinado a la creación de un Estado judío, cuando los judíos representaban menos de un tercio de la población y poseían solo el 7% de las tierras, mientras que la mayoría árabe poseía la mayor parte de la tierra y quedaría con apenas el 45% del territorio.
En el mismo artículo, sin embargo, se refiere al proceso de negociación como un camino, aunque señalando las “fallas” de los Acuerdos de Oslo firmados en 1993, afirmando:
“Ninguna reconciliación duradera es posible si sus ingredientes se arrancan de su contexto histórico y se basan en una narrativa engañosa del pasado”.Independientemente de su visión, aparentemente derrotista sobre lo que sería justo y equivocada sobre lo que sería posible —la “solución de dos Estados”, que nunca apuntó más que a la paz de los cementerios—, reconocer la importancia de Walid Khalidi significa referirse a su legado y valorar la historia y la memoria contadas por los hijos de esa tierra.
Walid Khalidi, presente, hasta que Palestina sea libre del río al mar. -
¡Solidaridad con la huelga de los trabajadores de la planta cárnica de JBS!
Por N. IRAZU
El lunes 16 de marzo, unos 3800 trabajadores de Greeley (Colorado) se declararon en huelga. Representados por el sindicato UFCW Local 7, se enfrentan a la multinacional brasileña JBS, que a menudo comercializa sus productos bajo la marca Swift Beef Co. JBS es una enorme multinacional que obtuvo 22 600 millones de dólares en ventas en 2025; de hecho, es la mayor empresa de procesamiento de carne de res del mundo. Desde 1985 —la histórica huelga de Hormel— no se había producido una huelga de tal envergadura en la industria cárnica.
«Queremos que nos traten como seres humanos», declaró Deborah Rodarte, empleada de JBS, en un comunicado del sindicato.
Los huelguistas merecen todo nuestro apoyo; sería difícil encontrar un sector de la clase trabajadora estadounidense que se enfrente a un patrón peor. JBS ya se hizo famosa en Estados Unidos el año pasado cuando se le declaró responsable de utilizar mano de obra infantil a través de terceros.
Hay una infinidad de razones por las que los trabajadores representados por el Local 7 de la UFCW votaron en un 99 % a favor de la huelga. La mísera propuesta de la empresa de un aumento del 2 % durante la vigencia del contrato fue una bofetada. No alcanza ni de chiste a la inflación ni ayudaba a que los salarios se equipararan al coste de la vida. El reembolso por el equipaje también es fundamental. ¡En algunos casos, los trabajadores pueden llegar a pagar 1100 dólares de su propio bolsillo para adquirir el equipaje necesario para realizar el trabajo para cual han sido contratados!
Las condiciones en la planta de producción, como la aceleración de la cadena de montaje, también han provocado un gran descontento. Los trabajadores presentaron una denuncia ante la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo alegando que en el segundo turno —con más trabajadores haitianos que en el primero— la velocidad de la cadena pasó de unas 250-300 cabezas de ganado por hora a 390-420. La aceleración es la práctica de intensificar el trabajo de los trabajadores con el fin de extraer más valor de su trabajo en el mismo tiempo. Este nivel de aceleración convierte un trabajo ya de por sí acelerado, agotador y peligroso en una situación insoportable en la que el trabajador se ve obligado a arriesgar su vida y su integridad física con el fin de hacer ricos a los jefes.
En la línea de producción, los trabajadores se ven obligados a agarrar ganchos de carne con una mano y cuchillos con la otra por horas y horas, clavando y cortando repetidamente durante todo el turno. Esta repetición abrumadora provoca lesiones en las manos, limitaciones en la amplitud de movimiento y en el uso completo. Las plantas de envasado de carne suelen clasificarse como uno de los trabajos más peligrosos y mortales de Estados Unidos debido a las malas condiciones laborales, las deficientes normas de seguridad y los aumentos de productividad impulsados por el afán de lucro.
En un intento por romper la huelga, JBS llevó a cabo una campaña antisindical. La sección local 7 de la UFCW ha denunciado esta campaña por estar plagada de prácticas laborales injustas, como la intimidación de los trabajadores en reuniones a puerta cerrada y con audiencia cautiva, de las que se excluyó a los delegados sindicales y a los representantes sindicales. Se amenazó a los trabajadores con el despido a menos que renunciaran al sindicato y cruzaran el piquete. La empresa también mintió a los trabajadores sobre su derecho a la huelga amenazándoles con represalias. Todos estos son intentos ilegales de intimidar a los trabajadores para que se sometan. El 99 % de aprobación de la huelga demuestra el rotundo fracaso de su campaña antisindical.
La lucha de los trabajadores de JBS en Greeley va más allá de la planta de producción. Las cuestiones de la inmigración y la trata de personas también desempeñan un papel central para comprender la relación entre los trabajadores de JBS y los directivos y propietarios. Los trabajadores del sector cárnico son un sector de la clase con un alto porcentaje de inmigrantes, y en la planta se hablan cerca de 50 idiomas. En Greeley, un número significativo de trabajadores son inmigrantes haitianos, protegidos por el Estatus de Protección Temporal (TPS, Temporary Protected Status), un programa que ahora está siendo atacado por la administración Trump.
El llanto de «¡huelga!», en español se oye a menudo en el piquete. Esta composición internacional de la plantilla condensa en una sola planta de trabajo la frase tan repetida: «¡Trabajadores del mundo, uníos!».
La trata de personas y las condiciones de vivienda inhumanas también forman parte de esta historia. Los trabajadores inmigrantes haitianos, atraídos a trabajar en JBS con la promesa de alojamiento gratuito y un trabajo digno, pronto se encontraron hacinados en alojamientos totalmente insoportables. «Un grupo de esos trabajadores presentó una demanda colectiva diciendo que “se les prometió alojamiento gratuito, pero, al llegar, se les cobró por ‘vivir en condiciones de hacinamiento e inhabitabilidad’ en el cercano Rainbow Motel».
Con las condiciones de vida y de trabajo alcanzando niveles insoportables, un trabajador comparó su situación con la esclavitud. Su historia se contó en Mother Jones, «Auguste me dijo que no puede quitarse de encima la humillación. Cada día en el trabajo, atravesaba la zona de sacrificio de la planta, donde cada vaca tiene su propio corral, pero se esperaba que él compartiera un espacio minúsculo con cinco de sus compañeros. Se encontraba pensando que las vacas estaban mejor. “Siento”, dijo, “que me trataban como a un esclavo”».
Estas condiciones provocaron que la ira justificada se convirtiera en resistencia activa antes de que se votara la huelga actual. Algunos trabajadores comenzaron a «coordinar breves paros laborales, dejando que la carne pasara por la cinta transportadora sin cortar ni recortar, mientras golpeaban con sus ganchos de carne los laterales de las estaciones de trabajo metálicas para alertar a los supervisores de que había que detener el sistema de transporte por cadena».
La huelga en JBS necesita el apoyo de todo el movimiento sindical. La recaudación de fondos para la huelga, las declaraciones de solidaridad de nuestras secciones sindicales, las organizaciones universitarias y las coaliciones de libertades civiles servirán para generar el apoyo necesario para la huelga.
CSP-Conlutas, una federación sindical de 3,5 millones de miembros en Brasil, ya se ha pronunciado en apoyo de la huelga. Como empresa brasileña, JBS ya tiene un historial de corrupción y superexplotación en su país, sobornando a políticos y reduciendo artificialmente los salarios. Después de que la sección local 7 de la UFCW votara a favor de la huelga, “CSP-Conlutas emitió un comunicado elogiando y apoyando a los trabajadores. Escribieron que “el paro laboral de los trabajadores estadounidenses encaja en una lucha más amplia de la clase trabajadora contra la explotación y la codicia capitalista”.
Esta huelga tiene lugar en un lugar de trabajo verdaderamente internacional y de inmigrantes. Los trabajadores están en huelga contra una empresa increíblemente depredadora, luchando contra todos los abusos tradicionales de los patrones, mientras se enfrentan a la amenaza de represión y deportación por parte de la administración Trump, a la que los propietarios de JBS donaron 5 millones de dólares durante la toma de posesión. La deportación de trabajadores combativos del sector cárnico es una herramienta que los capitalistas y su Estado ya han utilizado de forma infame en el pasado; debemos estar atentos para evitar que vuelva a suceder.
Los trabajadores del sector cárnico de Greeley, locales e inmigrantes, que hablan docenas de idiomas, luchan unidos contra un dragón multimillonario. Los trabajadores están dando un importante ejemplo para todo el movimiento obrero. Su determinación y coraje demuestran la enorme contribución que los trabajadores con experiencias de todo el mundo pueden hacer para reconstruir y fortalecer los sindicatos en EE. UU. Y su huelga sugiere, en su fase inicial, que la acción sindical concertada puede erigirse como una de las principales herramientas utilizadas para defender a todos los inmigrantes víctimas de la maquinaria MAGA.
Para apoyar a los trabajadores en huelga del UFCW Local 7, visita su página web para hacer una donación al fondo de huelga. ¡Solidaridad para siempre!
Foto: Kevin J. Beaty / Denverite
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El embargo de petroleo de Trump agrava la crisis humanitaria en Cuba
Por MICHAEL SCHREIBER
La vida de los trabajadores cubanos se está deteriorando rápidamente a medida que la Administración Trump empuja al país hacia lo que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha calificado como un estado de «genocidio económico». Los acontecimientos han avanzado rápidamente desde el 29 de enero, cuando Trump emitió un decreto ejecutivo en el que declaraba que Cuba representaba «una amenaza inusual y extraordinaria» para la política estadounidense. Como consecuencia de esta «emergencia» fabricada, ordenó que se impusieran sanciones, incluidos aranceles más elevados, a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba.
Los alimentos escasean cada vez más, el agua a menudo no pasa por las casas y los cortes de electricidad pueden durar más de un día. El ejemplar sistema de salud pública, universal y gratuito para todos, se quiebra. Faltan los medicamentos y el equipo médico necesarios para salvar vidas o solo están disponibles a precios elevados en el mercado negro. Las ambulancias carecen de combustible. Las radiografías, los electrocardiogramas y otros equipos médicos ya no funcionan. Muchos médicos han emigrado en busca de salarios dignos.
Trump y sus asesores parecen estar calculando, por el momento, que su bloqueo petrolero resultará ser una medida más barata, menos arriesgada y más eficaz para doblegar al país que un ataque militar directo. Cuba prácticamente no ha recibido petróleo importado en tres meses, aunque se espera la llegada de uno o dos petroleros con petróleo y gas rusos la próxima semana, desafiando el embargo de Trump.
Incluso antes de que se endureciera el bloqueo de Trump, Cuba se enfrentaba a una agonizante crisis económica. La mayoría de los indicadores de crecimiento económico han descendido de forma constante desde la epidemia de COVID de 2020, que lastró la industria turística cubana y cortó una importante fuente de ingresos. La causa principal de la escasez es, sin duda, el bloqueo estadounidense de 65 años, que ha obstaculizado enormemente el comercio internacional —tanto las importaciones como las exportaciones— y ha frenado el crecimiento del importante sector hotelero y de la hostelería del país. Pero las medidas burocráticas y antidemocráticas, las privatizaciones, los recortes drásticos en el gasto social y la desviación de riqueza por parte de los gestores y funcionarios cubanos han agravado los problemas económicos.
Los cortes de electricidad y la escasez de alimentos han desencadenado cierto grado de protestas públicas en Cuba, incluyendo cacerolazos nocturnos en algunos barrios. El 14 de marzo, manifestantes antigubernamentales atacaron una oficina del Partido Comunista en la ciudad norteña de Morón. Reuters y otros medios de comunicación publicaron vídeos que parecen mostrar que una manifestación se tornó violenta cuando los manifestantes lanzaron piedras contra las ventanas del edificio y, a continuación, arrastraron el mobiliario a la calle y le prendieron fuego.
Conversaciones entre EE. UU. y Cuba: ¿Más ajustes económicos?
A principios de marzo, se habían iniciado conversaciones entre los amos de la administración Trump y altos funcionarios cubanos. En las conversaciones semiformales participó el secretario de Estado Rubio; hasta cierto punto, el propio Trump parece haber intervenido. Por parte cubana, destacó el sobrino de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo».
El 7 de marzo, Trump declaró a la prensa que sus tácticas de presión estaban funcionando y que un acuerdo con Cuba era inminente. «A medida que logramos una transformación histórica en Venezuela, también esperamos con interés el gran cambio que pronto llegará a Cuba», dijo Trump. Añadió: «Cuba está al límite. No tienen dinero. No tienen petróleo».
El 17 de marzo, Trump se jactó ante los periodistas diciendo: «Creo que tendré el honor de tomar Cuba. … Tomar Cuba. Quiero decir, ya sea liberándola o tomándola. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella».
Ese mismo día, los medios informaron de que la Administración Trump insiste en que el presidente cubano Díaz-Canel debe dimitir de su cargo. Como parte del acuerdo, según The New York Times, parece que la Administración Trump podría estar dispuesta a permitir que Raúl Castro y otros miembros de su familia permanezcan en Cuba. Sin embargo, señaló The Times, muchos cubanoamericanos de Florida, incluidos algunos cargos electos, han indicado que no estarían de acuerdo con esa decisión.
¿Cuál es la respuesta de los cubanos al férreo control de Trump sobre su economía? El 1 de febrero, un par de días después de la orden ejecutiva de Trump, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba dio una respuesta tentativa pero conciliadora, apuntando a lo que denominaron «compromiso constructivo» con Estados Unidos. Pero a medida que la crisis social se agravaba, se anunciaron importantes ajustes económicos.
El 2 de marzo, los medios cubanos informaron de que el presidente cubano Díaz-Canel había declarado en una reunión del Consejo de Ministros: «Debemos centrarnos, de inmediato, en implementar las transformaciones urgentes y más necesarias que deben realizarse en el modelo económico y social». Díaz-Canel instó a los municipios a gestionar cuestiones como la inversión extranjera directa; las asociaciones económicas entre los sectores estatal y no estatal; y las inversiones con cubanos residentes en el extranjero. Dos semanas después, el 13 de marzo, Díaz-Canel declaró a la prensa que se instaurarían nuevas medidas para «facilitar en gran medida» la capacidad de los cubanos en el extranjero de invertir en la economía de la isla. (Más de dos millones de cubanos han emigrado al extranjero en los últimos dos años).
Esto fue ampliado por Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro de Cuba, en una entrevista publicada por la NBC el 16 de marzo: «“Cuba está abierta a mantener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses” y “también con los cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes”, dijo Fraga en una entrevista en La Habana, antes de anunciar la noticia a su país el lunes por la noche».
Fraga señaló que las nuevas reformas económicas tenían como objetivo crear lo que él denominó un «entorno empresarial dinámico». El objetivo sería reactivar una serie de sectores, desde el turismo y la minería hasta la reparación y modernización de la red eléctrica. «Esto va más allá de la esfera comercial», añadió Fraga, quien también ocupa el cargo de ministro de Comercio Exterior e Inversiones de Cuba. «También se aplica a las inversiones —no solo a las pequeñas, sino también a las grandes, especialmente en infraestructuras».
Queda por ver el alcance de estas reformas previstas. Se sumarían a una serie de cambios económicos de los últimos años que han reforzado las fuerzas del mercado capitalista en la isla. USA Today ha denominado a las nuevas medidas económicas «Cubastroika», en referencia a los reajustes económicos radicales llevados a cabo en la Unión Soviética a finales de la década de 1980, unos años antes de la restauración completa del capitalismo. Por ejemplo, en febrero, Cuba permitió la importación de petroleo por parte de empresas privadas; la medida supone una fisura más en la regulación estatal cubana del comercio exterior.
En mayo de 2023, Cuba ya tenía acuerdos con unas 327 empresas extranjeras de al menos 40 países para invertir capital en entidades cubanas. De ellas, 56 estaban compuestas totalmente por capital extranjero, mientras que el resto eran empresas mixtas con el Estado cubano. Unas 50 empresas extranjeras operaban en la «Zona Especial de Desarrollo» de Mariel, con bajos impuestos. Las cifras oficiales de 2024 estimaban que 1,6 millones de trabajadores estaban empleados en empresas privadas, de una población activa de unos 4 millones. Y el año pasado se ampliaron las empresas mixtas con capital extranjero en el sector hotelero.
En 2024, por primera vez, el sector privatizado en Cuba superó al sector estatal en ventas de bienes y servicios. Alrededor del 55 % de las ventas se realizaron en entidades de gestión privada, frente al 44 % del año anterior y a un mínimo del 4 % en 2020.
Además, en Cuba también opera un sector privado no autorizado de considerable tamaño. Parte de la actividad privada informal se dedica a la comercialización de productos escasos que han sido sustraídos de empresas estatales; importados por viajeros residentes en el extranjero, como familiares, en su equipaje; o adquiridos en tiendas con dólares utilizando remesas en efectivo procedentes del extranjero.
Debe quedar claro que, a medida que se amplíe el programa de «reformas de mercado» de los dirigentes cubanos, se debilitará aún más la capacidad del Estado para controlar incluso el sector de la economía que aún está en manos estatales, al tiempo que se somete a la economía a las fluctuantes y destructivas fuerzas del mercado.
Además, si los trabajadores cubanos no las contrarrestan enérgicamente, estas reformas ampliarán las diferencias de ingresos y engrosarán la capa privilegiada de la población que crece en dependencia de la protección de la propiedad privada y de obtener beneficios de la mano de obra empleada de forma privada y de la compraventa en el mercado. Mientras tanto, aumenta el sufrimiento de la clase trabajadora y los pobres, ya que se destina menos financiación y atención a la sanidad, la educación, la vivienda y el mantenimiento de la «canasta social» de subsidios alimentarios.
¿Qué espera ganar la administración Trump?
Mientras tanto, las conversaciones del Gobierno cubano con la administración Trump siguen su curso. The Miami Herald ha informado de que, según Rubio, el estado de las negociaciones es ahora «muy avanzado». Afirmó que Washington cree que está cerca de lograr que los cubanos «cambien su sistema».
Rubio aclaró en ese momento que Cuba «no tiene que cambiar de golpe. No tiene que cambiar de un día para otro. Aquí todos somos maduros y realistas». Pero unos días más tarde, después de que Fraga se hubiera pronunciado a favor de abrir la economía cubana a una mayor inversión extranjera, Rubio adoptó una línea más dura: «… tienen que cambiar drásticamente», chilló. «Lo que anunciaron ayer no es lo suficientemente drástico. No va a arreglarlo».
Es poco probable que la administración Trump se conforme con reformas parciales de la economía y la estructura social cubanas. Sin lugar a dudas, Estados Unidos preferiría sustituir al actual gobierno cubano por uno que esté totalmente dispuesto a conceder importantes concesiones a las corporaciones estadounidenses, al tiempo que cumple con los dictados del imperialismo estadounidense. De hecho, ese ha sido el objetivo de todas las administraciones estadounidenses desde la década de 1960.
¿Qué lograría Estados Unidos al abrir Cuba por completo a la explotación y el dominio estadounidenses? En primer lugar, quieren aplastar lo que queda de la revolución socialista y borrar su recuerdo de la memoria de los trabajadores cubanos, así como eliminarla como ejemplo a seguir para los pueblos oprimidos del mundo semicolonial. Estados Unidos también espera hacerse con el acceso a una isla que domina la entrada marítima al Caribe, el Canal de Panamá y la costa del Golfo de Estados Unidos, con buenos puertos y una clase trabajadora altamente cualificada y con un alto nivel educativo. Además, a Estados Unidos le gustaría hacerse con los recursos cubanos de cobalto (los terceros yacimientos más grandes del mundo) y níquel (los quintos más grandes del mundo).
Además, los cubanos podrían verse obligados a llegar a un acuerdo con muchos de los 5913 reclamantes estadounidenses certificados que buscan una indemnización por las propiedades nacionalizadas por el Gobierno cubano tras la Revolución Cubana de 1959. Esa cifra incluiría a las familias de grandes latifundistas residentes en EE. UU. que quieren recuperar sus tierras agrícolas.
La Compañía Cubana de Electriciad, una corporación estadounidense, representa la mayoría de estos reclamantes. La lista también incluye tres refinerías de petróleo de propiedad estadounidense, tres bancos estadounidenses, la compañía telefónica y al menos 21 azucareros. Cuba ofreció inicialmente una compensación mediante bonos del Estado al 2 % de interés anual, con el pago a comenzar en un plazo de 30 años. La esperanza era que esto pudiera pagarse mediante un aumento de las compras de azúcar por parte de Estados Unidos, pero este se negó a cumplir.
Necesidad de una auténtica democracia obrera
Notando las recientes declaraciones conciliadoras de los funcionarios cubanos en respuesta a la ofensiva de Trump, parece poco probable que el Partido Comunista y el Estado cubano cambien su rumbo de abrir cada vez más el país a las fuerzas del mercado. Ni siquiera son fiables las promesas de la dirección cubana de mantener algún tipo de marco «socialista» en el país, especialmente porque algunos funcionarios destacados hablan de seguir los «modelos» vietnamita o chino, que favorecen el mercado capitalista.
Un problema clave es que las masas de la clase trabajadora solo tienen una voz muy limitada, desorganizada e indecisa en las decisiones gubernamentales. Las decisiones políticas importantes, como las «reformas» económicas promulgadas durante las últimas décadas, las determina básicamente el Partido Comunista de Cuba (en lugar del supuesto órgano gubernamental, la Asamblea Nacional del Poder Popular). El Partido Comunista es una organización rígida de jerarquía vertical, con pocas oportunidades para la disidencia organizada en su seno.
Los partidos de oposición están prohibidos. Las políticas gubernamentales suelen promulgarse tras ciertas «consultas» que implican las asambleas populares y los sindicatos, y unos pocos referéndums nacionales, pero no existe un auténtico gobierno de organizaciones obreras democráticas e independientes, mientras que la oposición activa queda reprimida. La única federación sindical se ha burocratizado, con líderes cuidadosamente seleccionados y leales a los objetivos del gobierno; las huelgas están prohibidas y las protestas callejeras son reprimidas a fuerza.
Tales medidas represivas pueden servir para proteger y perpetuar el poder de la dirección cubana, pero también sirven para aislarla de cualquier crítica o corrección que pudiera expresar la población de clase trabajadora de los planes gubernamentales erróneos. En última instancia, para salvaguardar sus medios de vida e intereses, los trabajadores de Cuba deben replazar el actual aparato estatal por órganos de la verdadera democracia obrera. Este objetivo requerirá la construcción de un auténtico partido socialista revolucionario, que luche por reinstaurar una economía planificada, reafirmar el monopolio del comercio exterior, renacionalizar la economía bajo el control de los trabajadores, y así reavivar la llama de la revolución socialista en toda América Latina y en el mundo.
En este momento crítico, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, es esencial expresar nuestra plena solidaridad con Cuba. Debemos exigir que la administración Trump levante sus sanciones económicas contra Cuba y renuncie a cualquier intento de desestabilizar al país y a su gobierno.
¡Manos fuera de Cuba!
¡Fin del bloqueo!
¡Los gobiernos del mundo deben facilitar el envío de suministros de emergencia de petróleo, alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad al pueblo cubano!
Foto: El presidente cubano Miguel Díaz-Canel.
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El crédito privado: la mejor idea de Wall Street desde los préstamos subprime
Por HERMAN MORRIS
El mundo de las finanzas privadas y las luchas políticas que lo conforman pueden resumirse en dos tendencias básicas propias del capitalismo de libre mercado. Por un lado, todas las industrias existentes se acercan lentamente a la falta de rentabilidad, ya que la competencia reduce los costes y se agotan las innovaciones para acelerar la producción, lo que obliga a las instituciones financieras a especular en nuevas industrias y a buscar empresas más rentables en cuales invertir y obtener beneficios. Por otro lado, la naturaleza especulativa de la financiación de nuevas empresas conduce a la posibilidad de burbujas e, inevitablemente, a colapsos.
Este tira y afloja se retroalimenta, ya que una crisis desencadena otra. Si se produce una caída lo suficientemente grande como para amenazar al sistema entero con la quiebra, entonces los reguladores intervienen para intentar «domesticar» el sistema mediante medidas de protección como un banco central, restricciones al crédito o prohibiciones de ciertos tipos de inversiones financieras. Si la rentabilidad parece estar en peligro, puede ocurrir lo contrario: que se suspendan las regulaciones con el fin de apuntalar los mercados financieros, o que los capitanes de las finanzas busquen proyectos más rentables fuera de las vías de inversión tradicionales. El caso más famoso es el de los bancos que invirtieron en exceso en hipotecas de alto riesgo, conocidas como préstamos hipotecarios subprime, lo que se convirtió en el punto de inflexión de la Gran Recesión de 2008. Desde la Gran Recesión, se han aprobado nuevas leyes para reducir la posibilidad de colapsos especulativos al estilo de 2008. Sin embargo, la disminución de las tasas de rendimiento en las finanzas estadounidenses ha obligado a los grandes inversores a buscar nuevas vías para obtener mayores beneficios, incluido un nuevo mercado importante conocido como crédito privado.
Los mercados de crédito privado representan uno de los mercados financieros de más rápido crecimiento tras la Gran Recesión. BNY estima que su tamaño se ha multiplicado por diez desde 2007, pasando de unos 250 000 millones de dólares a casi 2,5 billones de dólares en capitalización bursátil en 2023. Las raíces de este crecimiento se encuentran en la ley Dodd-Frank, una histórica ley reguladora de Wall Street posterior a 2008. La ley Dodd-Frank impuso requisitos más estrictos a los préstamos bancarios, exigiendo a los bancos mantener más capital en sus balances en lugar de invertirlo, y limitó la capacidad de los bancos para invertir en fondos de alto riesgo, como los fondos de cobertura o el capital riesgo. Estos requisitos han hecho que los bancos sean más estables, pero menos rentables. Esto lleva a los inversores a buscar mayores rendimientos a través de inversiones más arriesgadas, como el crédito privado.
¿Qué es el crédito privado?
Los préstamos de crédito privado son cualquier préstamo concedido a empresas que se realiza fuera del mercado público (donde estarían sujetos a las normas del mercado de bonos) y sin la intervención de un banco (que estaría sujeto a la normativa bancaria). Dado que está tan poco regulado, las empresas que obtienen financiación mediante prestamistas privados ofrecen beneficios más altos para compensar el riesgo adicional que asumen los prestamistas, lo que se traduce en mayores pagos si el deudor no incumple.
Morgan Stanley estima que las inversiones en crédito privado pueden proporcionar rendimientos a 10 años dos veces superiores a los de los bonos públicos de alto rendimiento y tres veces superiores a los de los préstamos bancarios. Esta mayor tasa de rendimiento convierte al crédito privado en una inversión atractiva para los inversores capitalistas que se vieron frustrados por los bajos rendimientos que obtenían en el sector financiero tradicional tras 2008.
Al no estar regulado, el crédito privado también presenta mayores índices de fraude. First Brands, un conglomerado de fabricantes de piezas de automóvil con más de 12 000 millones de dólares en deudas frente a menos de 1000 millones de dólares en activos, se declaró en quiebra en 2025. La razón detrás de su elevada ratio deuda/activos fue su búsqueda fraudulenta de préstamos en el mercado de crédito privado mediante engaños a los prestamistas, a menudo falsificando información financiera o incluyendo los mismos activos dos veces como garantía de préstamos a diferentes prestamistas. El Financial Times informa de que el pago de la liquidación de la quiebra podría suponer la recuperación de 200 millones de dólares de los 12 000 millones de dólares de deuda pendiente.
También existe presión en el lado de los prestatarios de la economía para que busquen cada vez más crédito privado para la inversión. En sectores especulativos como la construcción de centros de datos de IA, el crédito privado ha concedido más de 200 000 millones de dólares en préstamos a empresas de IA, con importantes préstamos a Meta, Oracle y CoreWeave destinados a la construcción de centros de datos de IA. Esta expansión se ha convertido en una losa para las entidades de crédito privado, ya que la rentabilidad de los centros de datos de IA es inexistente. Para las mayores empresas tecnológicas —como Amazon, Meta y Google— todavía hay una gran cantidad de beneficios y ahorros que pueden destinar a la construcción directamente o mediante el pago de la deuda que están contrayendo. Las empresas tecnológicas de tamaño medio y pequeño, como Oracle y CoreWeave, que han recurrido al crédito privado para construir sus centros de datos, se enfrentan a un riesgo mucho más existencial a la hora de devolver lo que deben y ambas han visto reducidas a la mitad sus valoraciones desde su máximo en el mercado bursátil el año pasado.
Estos riesgos se están convirtiendo en amenazas sistémicas para el crédito privado como mercado, con unas tasas de impago de los préstamos de crédito privado que alcanzarán el 9 % en 2025. Dos de los mayores fondos de crédito privado, Blackrock y Blue Owl Capital, han suspendido las retiradas de fondos debido al elevado volumen de fuga de inversores.
La Gran Crisis Financiera de 2008 se desencadenó cuando las tasas de impago hipotecario alcanzaron solo el 9 %. Aunque el crédito privado sigue representando una parte menor de los mercados financieros que los préstamos hipotecarios —aproximadamente una décima parte de su tamaño—, su exposición específica a mercados en crecimiento como el de la IA representa un riesgo estratégico clave para los mercados financieros, con el potencial de extenderse a otros sectores de la economía, ya que las empresas que contrajeron demasiada deuda, ya sea de forma accidental o fraudulenta, no logran reembolsar a sus prestamistas y desencadenan liquidaciones que amenazan a otros sectores de la economía estadounidense. La exposición a la IA es especialmente destacada, ya que las siete mayores empresas tecnológicas de EE. UU. son responsables de la mayor parte del crecimiento bursátil del S&P 500 desde 2008 y hoy en día representan un tercio de la capitalización bursátil de las 500 empresas más grandes.
Entender el crédito privado, o cualquier otro activo altamente financiarizado, es un rompecabezas duro para el trabajador típico. Esto es a proposito; a medida que los métodos de inversión más obvios y fácilmente analizables dejan de ser viables para obtener rendimientos financieros inmediatos, los inversores ven necesario invertir la riqueza social en inversiones difíciles de entender para ocultar lo que están haciendo al público en general. El caso más famoso es el de las obligaciones de deuda garantizadas (CDO), que fueron el vehículo de inversión hipotecaria de alto riesgo elegido en el periodo previo a 2008, y surgió toda una industria artesanal de libros y películas que intentaban explicar qué eran siquiera.
Más allá de los riesgos inmediatos para la economía estadounidense y mundial, la naturaleza increíblemente complicada y difícil de entender de las finanzas es una consecuencia directa de que los líderes capitalistas intenten gestionar el caos inherente al libre mercado, que inevitablemente tiende a reducir los beneficios a medida que los mercados maduran, y va hacia crisis financieras a medida que la especulación conduce a la sobreproducción de productos básicos innecesarios. Comprender cómo funciona plenamente este sistema no es realmente importante para los mayores amos del capital. Al fin y al cabo, solo un banquero fue a la cárcel en 2008; el resto de los ejecutivos de las empresas que quebraron en 2008 recibieron paracaídas dorados en forma de enormes indemnizaciones por despido, mientras que a los trabajadores se les asigno pagar la cuenta del rescate de los capitalistas.
Lo que realmente se necesita como alternativa es el control democrático de las finanzas por parte de los trabajadores. En este momento, quedan menos de 5000 entidades bancarias en Estados Unidos, y la mayor parte de los activos se concentran en los cinco bancos principales. Dado que gestionar una economía del tamaño de la estadounidense requiere necesariamente una concentración de la gestión de la riqueza para planificar la economía de forma centralizada, debemos acabar de una vez con esto y tomar el control de los grandes bancos y las grandes empresas privadas mediante la nacionalización, y ponerlos bajo el control de los trabajadores. Las decisiones de inversión podrían tomarse mediante la revisión y las propuestas de los trabajadores sobre cómo orientar la planificación de la economía, y llevarse a cabo mediante votaciones democráticas sobre planes económicos que impliquen informar e incluir a la clase trabajadora en el proceso de toma de decisiones de la planificación económica, en lugar de dejarlo en manos de una pequeña casta privilegiada que malgasta repetidamente la riqueza social mientras acapara más para sí misma.
Han pasado menos de 20 años desde la Gran Recesión. Las insignificantes reformas que introdujo la ley Dodd-Frank no han logrado impedir que Wall Street encuentre formas de especular con la riqueza de la sociedad. Mientras los trabajadores se enfrentan a otra recesión, se repite la vieja pregunta: «¿El socialismo o la barbarie?». Detrás de una puerta les espera otro rescate, más guerras para impulsar la producción nacional y un nivel de vida más bajo para los trabajadores, mientras los capitalistas acaparan más riqueza que nunca. Detrás de otra puerta yace la oportunidad para que los trabajadores de EE. UU. empiecen a tomar el control de su propio destino económico y establezcan un modelo para los trabajadores de todo el mundo. Los políticos capitalistas y los medios de comunicación intentarán convencer a los trabajadores de que la barbarie es la única opción cuando llegue la próxima recesión, por lo que la responsabilidad recae en los trabajadores y los socialistas de todo el mundo para plantear reivindicaciones por el control obrero de las finanzas y la industria.
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MAGA prepara un orden patriarcal aún más opresivo
Por CHRISTINE MARIE
Mientras la administración Trump desata una nueva guerra imperialista, las mujeres trabajadoras deben estar preparadas para hacer frente al brutal ataque contra el género que se avecina. En acciones militares como la guerra contra Irán, el gobierno gasta a diario millones de dólares en combustibles y armamento destruido, y actúa con rapidez para eliminar los gastos no militares que considera prescindibles. El «Gran y Hermoso Proyecto de Ley» de Trump marcó la pauta. Incluso antes de que Washington lanzara la guerra contra Irán, el gobierno había presupuestado 1 billón de dólares para la guerra, al tiempo que recortaba 1 billón de dólares de los fondos que la clase trabajadora había conseguido anteriormente para la salud, la educación y el apoyo a la vivienda.
Ahora, con el costo de la guerra contra Irán acercándose a los 1.000 millones de dólares diarios, las fuerzas de MAGA se preparan para descargar los costos de cualquier beneficio de bienestar social que aún permanezca intacto sobre las espaldas de los hogares individuales de la clase trabajadora.
¿Cómo aconsejan los think tanks capitalistas de derecha al gobierno para que haga esto? Un informe profundamente reaccionario de la Heritage Foundation del 8 de enero de 2026, titulado «Salvar a Estados Unidos salvando a la familia: una base para los próximos 250 años», lo expone con doloroso detalle. Este documento de política, complemento del Proyecto 2025, sugiere que, para la gente de MAGA, la reciente restricción del acceso al aborto y las prohibiciones de la atención de reafirmación de género para la comunidad trans son solo el pico del iceberg en lo que respecta a sus objetivos patriarcales.
«Salvar a la familia» sostiene que la Segunda Ola de la liberación femenina y la Guerra contra la Pobreza de 1964 fueron el comienzo de la destrucción de Estados Unidos. El movimiento de liberación femenina, al legitimar el deseo de las mujeres de ir a la universidad y desarrollar habilidades para el tipo de empleo que les daría independencia financiera de la familia, se considera aquí una perversión monstruosa. Debido a ese movimiento, argumentan, las mujeres eran menos propensas a casarse temprano y más propensas a retrasar la maternidad. La lucha por el apoyo básico para las mujeres pobres, afirman los autores, con un evidente sesgo racista, fue igualmente destructiva, lo que condujo a familias sin padres y a una grave decadencia social.
La solución, argumenta «Saving the Family», es la restauración de una sociedad anclada en una familia nuclear, compuesta por un hombre cisgénero y una mujer cisgénero. Esta unidad patriarcal debe funcionar como un núcleo patriótico de la sociedad, educando a esposas e hijos para que respeten la autoridad, inculcando una ética de trabajo que reduzca la necesidad de apoyo social del gobierno y produciendo guerreros. Para «salvar» esta «familia», el informe propone una ingeniería social a escala del «Proyecto Manhattan» que incluye recortar casi todas las ayudas destinadas a las mujeres solteras, eliminar los préstamos estudiantiles para la universidad, proporcionar subsidios en efectivo a las mujeres que tengan hijos mientras están en la veintena, deslegitimar las «uniones no matrimoniales» y el divorcio sin culpa, y acabar con la gestación subrogada y el matrimonio gay.
«Salvar a la familia» marca el inicio del ataque más masivo contra los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTQI desde la era nazi. Las mujeres trabajadoras y sus aliados deben estar preparados para organizar una respuesta basada en manifestaciones masivas en las calles, acciones sindicales concertadas en los lugares de producción donde realmente afecte a los patrones, y la decisión de mantenerse independientes de las maquinaciones electorales de los partidos de las grandes empresas.
(Foto) Chip Somodevilla / Getty Images
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En memoria de Country Joe: un músico que cantó por la paz y la justicia
Por COCO SMYTH
Joseph «Country Joe» McDonald, una figura clave de la escena musical psicodélica de San Francisco y de la contracultura de los años sesenta, falleció el 7 de marzo de 2026 a causa de complicaciones derivadas del Parkinson.
Desde el principio hasta el final, Country Joe fue un hombre de izquierda. Nació el 1 de enero de 1942, hijo de dos miembros activos del Partido Comunista de EE. UU., quienes lo bautizaron en honor a Joseph Stalin. Creció en Los Ángeles en los años de la posguerra y estuvo expuesto tanto a diversas causas progresistas como a la represión generalizada contra la izquierda durante el período McCarthy. Su padre fue llevado ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes y perdió su trabajo por su apoyo a las políticas comunistas en la década de 1950. Sus padres desempeñaron un papel importante en su desarrollo político desde la infancia, pero también lo dejaron marginado de sus compañeros de juego debido al estigma social de estas creencias durante la represiva era macartista.
Inmediatamente después de graduarse de la escuela secundaria, Joe se alistó en la Marina y sirvió como controlador de tráfico aéreo en Japón a principios de la década de 1960. Tras su baja honorable y su regreso a los Estados Unidos, se involucró en la animada escena musical y política de California de aquella época. Publicó una pequeña revista mientras estudiaba en el Los Angeles State College llamada Et Tu, donde rápidamente se manifestaron sus creencias políticas. Publicó la letra de una de sus primeras composiciones, «Epitaph for Three», que conmemoraba a tres activistas de los derechos civiles asesinados en Misisipi en 1964.
McDonald se mudó luego a Berkeley, California, donde se involucró en la floreciente escena de la música folk y participó en numerosas causas, incluyendo los derechos civiles, la justicia para los trabajadores agrícolas migrantes, el movimiento por la libertad de expresión y la oposición al embargo contra Cuba. Allí, McDonald fundó otra revista llamada Rag Baby, que combinaba temas políticos con música. La política, las revistas y la música eran un esfuerzo conjunto para McDonald. Actuó junto a otros músicos en diversas protestas y mítines locales, promocionó la revista y la música de producción propia en esos mítines, y compuso canciones que conectaban con las actitudes de los manifestantes.
Country Joe & the Fish
Su proyecto musical más importante se concretó en 1965 cuando formó la banda «Country Joe and the Fish» («Joe Rural y el Pescado»). El nombre de la banda provenía de una oscura alusión a una cita de Mao Zedong según la cual un revolucionario es un «pez que nada en el mar del pueblo». Country Joe and the Fish, al igual que tantos otros artistas del área de la Bahía de San Francisco, hizo la transición de la música folk tradicional al rock psicodélico electrificado, y la banda se convirtió en uno de los pilares de esa escena, que dio forma a la música rock en todo el mundo. El auge tanto de la contracultura como de la Nueva Izquierda creó un público receptivo para la nueva banda.
CJ and the Fish alcanzaron su mayor éxito cuando lanzaron su canción «I-Feel-Like-I’m-Fixing-To-Die Rag» («Canto Me-Siento-Con-Ganas-De-Morrir»). Esta canción presentaba una crítica absolutamente mordaz de la Guerra de Vietnam, combinada con una reinterpretación psicodélica de un tema de ragtime. El instrumental tiene un aire alegre y nostálgico combinado con una guitarra eléctrica distorsionada y abrasiva que socava su tono sentimental y patriótico, de manera muy similar a la reinterpretación de Jimi Hendrix del himno nacional estadounidense.
El desvío instrumental encaja perfectamente con el contenido de la letra, que se presenta como un discurso de reclutamiento militar, pero que en realidad es una sátira oscura de la brutalidad de la guerra imperialista. Pero a diferencia de tantos otros himnos contra la guerra de Vietnam, no es un llamado suave a darle una oportunidad a la paz. Va más allá del pacifismo liberal para ofrecer una crítica mordaz de cómo se destruyen las vidas de la clase trabajadora en aras de la ganancia y el poder político de la clase capitalista. La canción expone cómo el militarismo, el anticomunismo, el imperialismo y el capitalismo están interconectados.
Aunque la canción no llegó a encabezar las listas de éxitos, se convirtió en una de las canciones más populares entre los activistas contra la guerra de Vietnam. Más allá de los círculos politizados, el legado de la canción ha perdurado gracias a la interpretación acústica que Joe hizo de la pieza en el singularmente famoso Festival de Woodstock de 1969.
Tanto en CJ and the Fish como en su carrera solista en las décadas siguientes, Country Joe compuso e interpretó canciones que criticaban los sistemas de opresión desde la izquierda y buscaban conectarse con los movimientos de masas de su época.
La contracultura y la izquierda
La contracultura de los años sesenta es recordada popularmente como una época de «sexo, drogas y rock and roll». Una minoría —pero una minoría significativa— de los jóvenes de Estados Unidos buscaba una forma diferente de vivir, pensar y actuar que rechazara las costumbres sociales y políticas reaccionarias que eran comunes durante la década anterior.
El consenso de esta generación era progresista, aunque la contracultura, a pesar de su afinidad con la política de izquierda, a veces entraba en conflicto con ella. Gran parte de la izquierda organizada (a menudo con razón) veía a estas subculturas juveniles, como los «hippies», como utópicas, escapistas y con una perspectiva esencialmente burguesa. Sin duda, un segmento de la contracultura se centró en la vida libre, la espiritualidad fantástica y el hedonismo, mientras descuidaba la confrontación con las crudas realidades políticas de la época.
Pero la contracultura tenía muchas caras, y Country Joe representaba una de las caras más socialmente conscientes. McDonald y su banda eran paradigmas del espíritu antisistema de la contracultura, y su música psicodélica es uno de sus reflejos más puros. Sin embargo, en lugar de evadirse en la fantasía pura, utilizaron la contracultura como conducto para la política radical. La década de 1960 fue una época de profundos cambios sociales y de una intensa radicalización en todo el mundo. Country Joe fue una de las figuras más capaces de unir estos procesos distintos, pero entrelazados.
Desde el principio hasta el final de su vida, Country Joe fue un luchador por la igualdad y la justicia para todos. Se veía a sí mismo como un «apoyo moral» para las buenas causas. Mucho más allá de los trastornos de la década de 1960, McDonald siguió utilizando su música para apoyar causas progresistas. Siguió participando en movimientos contra la guerra, medioambientales y otros movimientos progresistas hasta bien entrado el siglo XXI.
La mejor manera de honrar la memoria de Country Joe es continuar su trabajo y el de tantos otros como él. Tanto como organizadores como artistas, debemos nadar como peces entre la gente, comprometernos y enfrentarnos a las realidades de nuestro tiempo, y desarrollar la lucha por un mundo mejor. Estas son tareas solemnes, pero como Country Joe nos mostró, también pueden ser divertidas.
Foto: Country Joe canta en el festival de Woodstock en 1969. (Michael Fredericks / The Image Works)
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Los recortes a las reformas medioambientales dañan a la comunidad afroamericana
Por BRIAN CRAWFORD
Al regresar al poder, Donald Trump no perdió tiempo en reanudar la destrucción medioambiental. Con un trazo de su pluma, Trump revocó la Orden Ejecutiva 12898, las «Medidas federales para abordar la justicia medioambiental en las poblaciones minoritarias y de bajos ingresos». Como resultado, el gobierno federal ya no abordará la discriminación racial en las consideraciones de política medioambiental.
La Agencia de Protección Ambiental cerró la Oficina de Justicia Ambiental, agregando otro punto exclamativo a las políticas racistas de la administración. Esto permite a las empresas seguir contaminando en la comunidad negra sin que nadie les haga frente. Incluso con pruebas significativas, las comunidades negras rara vez han recibido algo parecido a la justicia, independientemente de si Trump estuviera en la Casa Blanca o no.
Al igual que en su primer mandato, Trump eliminó o debilitó casi un centenar de regulaciones medioambientales, según el Sierra Club. Una de las más significativas fue la «declaración de peligro», que proporcionaba la base legal para que el gobierno federal regulase las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas emisiones son la causa del calentamiento del planeta.
En relación con la «declaración de peligro», Samantha Gross y Ryan Beane escriben en un comentario para el Brookings Institute: «Quieren eliminarla de raíz de una manera que dificulte que las futuras administraciones la reviertan». El presidente y su administración argumentan que las regulaciones obstaculizan el crecimiento y suponen una carga indebida para las empresas.
La «declaración de peligro» de la EPA tiene su origen en el caso 2006-2007 del Tribunal Supremo, Massachusetts contra la EPA. La agencia argumentó que la Ley de Aire Limpio no le obligaba a aplicar regulaciones para abordar el cambio climático y que no se había establecido una relación causal entre el calentamiento global y los gases de efecto invernadero. La agencia perdió ese argumento; el tribunal afirmó que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, se consideran contaminantes atmosféricos.
Dos años más tarde, la EPA aceptó la creencia científica de que los gases de efecto invernadero eran peligrosos para la salud y contribuían a la crisis ambiental. Sin embargo, en enero de 2026, la EPA revirtió esa conclusión, eliminando la base legal para regular las emisiones de los vehículos. Anteriormente, en 2012, la mayoría de la Suprema Corte dictaminó en el caso West Virginia contra la EPA que la agencia no tiene la autoridad, en virtud de la Ley de Aire Limpio, para limitar de manera general las emisiones de gases de efecto invernadero de una forma que cambie el sistema energético del país.
La EPA «tiene un historial deplorable en cuanto a la respuesta a las denuncias de discriminación» (Iniciativa por la Igualdad en la Justicia: «Injusticia medioambiental en el Cinturón Negro»). En 2018, desestimó una denuncia contra el Departamento de Gestión Ambiental de Alabama (ADEM) por no abordar el efecto de los materiales tóxicos y radiactivos en las comunidades negras pobres. Cuando el ADEM derogó su política de derechos civiles, esto se convirtió en la base para que la EPA desestimara la denuncia. La abolición de la política del ADEM plantea la pregunta: ¿qué medio ambiente está gestionando? Lo mismo podría preguntarse de la EPA.
La ciudad de Uniontown, Alabama (predominantemente negra), tiene múltiples riesgos medioambientales, entre los que se incluyen las cenizas de carbón que contienen arsénico y material radiactivo, y numerosas fuentes de contaminación del agua. Eso debería ser prueba más que suficiente para seguir adelante con el caso.
El «Cancer Alley» (callejón del cáncer) de Luisiana, que abarca la región entre Nueva Orleans y Baton Rouge, recibe este nombre por sus altas tasas de cáncer. En 2023, Jeff Landry, que ocupó el cargo de fiscal general (ahora gobernador de Luisiana), presentó una demanda para impedir que la EPA investigara el racismo medioambiental. La agencia abandonó el caso. El gobernador Landry es un aliado clave de la industria petrolera y gasística del estado.La parroquia de San Juan Bautista es otro ejemplo de la historia racial de Estados Unidos. «A medida que la economía regional ha pasado de las cadenas y la esclavitud en las plantaciones a las chimeneas y las plantas petroquímicas», los descendientes de los antiguos esclavos que fundaron las ciudades son los más afectados (capitalbnews.org, «La sentencia judicial que garantizó un futuro de racismo medioambiental»).
En agosto de 2024, un juez federal nombrado por Trump en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Oeste de Luisiana dictaminó que el Departamento de Justicia no podía hacer cumplir los requisitos de impacto desigual del Título VI de la Ley de Derechos Civiles. Los tribunales se están convirtiendo en una vía mucho más estrecha para la lucha contra la discriminación medioambiental. Estas comunidades necesitan luchar para sobrevivir. Las investigaciones científicas han establecido vínculos entre el cambio climático y los riesgos para la salud humana, así como una correlación entre la proximidad geográfica de las comunidades predominantemente negras a las industrias contaminantes y las altas tasas de enfermedad. La exposición a las partículas en suspensión (PM2,5) contribuye de manera significativa a una amplia gama de enfermedades. Las PM2,5 son partículas diminutas, a menudo emitidas por el petróleo y la gasolina, que entran en el cuerpo a través del sistema respiratorio y pasan al torrente sanguíneo.
Las comunidades negras se ven afectadas de manera desproporcionada por esta exposición y son más propensas a morir que otros grupos raciales y étnicos, según un estudio realizado por Stanford Medicine. La proximidad a las industrias contaminantes fue el principal factor que contribuyó a las tasas más altas de enfermedades. Los afroamericanos han estado históricamente atrapados en lugares poblados por refinerías y otros contaminantes industriales.
Las comunidades afroamericanas «sufren más las tormentas y las inundaciones, el calor extremo, las enfermedades infecciosas y las perturbaciones en los mercados laborales, todo lo cual ocurre con mayor frecuencia debido al cambio climático» (clasp.org, «La administración Trump, el Día de la Tierra y el racismo medioambiental»).
Esto no es el resultado de la negligencia de una agencia o ni siquiera de la malicia del gobierno. Es consecuencia de la lógica de la producción capitalista. Desde la acumulación primitiva de capital, que arrebató los recursos a las poblaciones nativas (y continúa hoy en día), hasta el despojo y el desplazamiento, el trabajo forzoso y la creación de guetos y reservas, todas son características del capitalismo. Las comunidades afectadas están condenadas a una muerte lenta. Personifican lo que está por venir a medida que la crisis se agudiza. Trump es solo el líder de esta banda de destructores. Representa un sistema que ensalza las virtudes de la «destrucción creativa». Se trata de una destrucción en aras del crecimiento económico.«El crecimiento por el crecimiento es la ideología de la célula cancerosa», escribió Edward Abby. Para salvar al paciente, es necesaria una medicina radical. Derrotar el racismo ambiental es un reto para toda la clase trabajadora. Debemos exigir el fin de un sistema que, como una célula metastásica, nos condena a nosotros y al planeta.
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Epstein y la unidad de la clase dominante
Por COCO SMYTH
Tras la publicación del articulo del Miami Herald, «La perversión de la justicia», salio a la luz la conspiración de Epstein en noviembre de 2018, hemos entrado en un periodo en el que los elementos de las teorías conspirativas más espeluznantes se revelan como realidades. Jeffrey Epstein, al que en su día lo llamaban como un «misterioso financista de Nueva York», resultó ser el organizador de una enorme operación de pedofilia y tráfico sexual que prestaba servicios a muchas de las figuras más poderosas del capitalismo internacional, desde políticos hasta directores generales e intelectuales.
Aunque la clase dominante ha intentado silenciar y enterrar el caso Epstein por todos los medios posibles, sus repercusiones siguen saliendo a la luz en toda su grotesca magnitud. Los impactantes detalles del caso habrían atraído por sí mismos el interés masivo, pero la profundidad del asunto y la forma en que implica y expone a la clase dominante han garantizado que no desaparezca de la conciencia pública.
El caso Epstein ha provocado una prolongada crisis de legitimidad en la que la fachada de la sociedad burguesa se ha deslizado y ha revelado la verdadera naturaleza del sistema a millones de personas. Ha puesto al descubierto los vínculos entre los capitalistas de todo el mundo, a pesar de las divisiones nacionales y políticas supuestamente irreconciliables. Ha revelado que la clase dominante está por encima de la ley y que los principios del orden público burgués no son más que un arma contra los trabajadores y los oprimidos y un escudo para las élites políticas y económicas. Ha demostrado que los capitalistas no solo están dispuestos a cometer crímenes atroces, sino que tienen el poder y la voluntad de encubrirlos.
La decadencia y la depravación de los círculos gobernantes confirman el núcleo patriarcal y opresivo de la vida capitalista contemporánea. Para el movimiento socialista, es vital que conectemos con la desilusión masiva provocada por la oleada de revelaciones, que ofrezcamos un marco para analizar su verdadero significado e implicaciones, y que organicemos la indignación en una resistencia eficaz.
El estado del encubrimiento
Durante la campaña electoral de 2024, Trump prometió la rápida publicación de los archivos de Epstein para contentar a su base y acusar a sus oponentes demócratas de participar y apoyar la red de tráfico sexual pedófilo de Epstein. El caso Epstein ya se había convertido en un elemento central de la visión del mundo de gran parte de la base comprometida de Trump, lo que les confirmaba lo esencial que era realmente la promesa de Trump de «drenar el pantano» del «Estado profundo».
Durante el primer mandato de Trump, la popular teoría conspirativa QAnon utilizó el caso Epstein como núcleo racional de una visión del mundo más amplia, según la cual el mundo está presidido por una oscura camarilla (judía) de pedófilos, y Trump tenía la misión secreta de purgar el gobierno y la sociedad de estos malhechores. La desquiciada fantasía reaccionaria de QAnon solo llevó a una minoría de republicanos a participar activamente, pero muchos de sus principios se filtraron en el espíritu de la época más amplio entre la base trumpista. En consecuencia, la profundización de la crisis de Epstein y la innegable conexión de Trump con ella han sido una de las pocas cosas que han hecho tambalear la lealtad aparentemente inquebrantable de su base.
Ante esta contradicción, la administración ha actuado de forma incompetente durante más de un año, probando todas las soluciones rápidas imaginables y sin conseguir detener la crisis de legitimidad. El inicio del segundo mandato de Trump vino acompañado de declaraciones audaces de funcionarios como Pam Bondi, que afirmaban que pronto se revelaría todo. Misteriosamente, se retractaron públicamente de todo y afirmaron que no había ninguna lista ni archivos de Epstein que revelar. Poco después, se celebró una gran rueda de prensa para celebrar la divulgación de los archivos, cuando en realidad los documentos que ya se habían publicado simplemente se volvieron a publicar con más censuras que la primera vez.
La presión aumentó tras este fallido intento y, finalmente, precipitó la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein. Firmada el 19 de noviembre de 2025, la ley ha puesto a la administración Trump en un aprieto. Trump esperaba una división en el partido para impedir la aprobación de la ley, pero un gran porcentaje de los representantes republicanos se decantó a favor de la misma. Esto llevó la ley al escritorio de Trump para su aprobación o rechazo. Si Trump permitía la divulgación completa, se revelaría al mundo la profundidad de su relación y la de muchas otras personas de la clase dirigente con Epstein. Si no la divulgaba, confirmaría ante millones de personas que tiene algo que ocultar y que está encubriendo una red de tráfico sexual pedófilo. Trump se sintió obligado a firmar, pero no ha cumplido con la letra de la ley.
El proceso de divulgación de los archivos de Epstein por parte del gobierno ha sido tan incompetente y chapucero como todas las demás fases de la crisis. Finalmente, el gobierno publicó 3 millones de documentos el 19 de diciembre de 2025, aparentemente cumpliendo por fin con la Ley de Divulgación. Sin embargo, tras examinar los documentos, quedó claro que había excesivas censuras, lo que sugiere que la información fue suprimida por motivos políticos. Aún más irritante fue que los nombres de algunas sobrevivientes no fueron censurados, lo que las expuso a ser blancos de ataques y acoso. Además, los 3 millones de documentos publicados no eran los «archivos de Epstein» completos exigidos por la Ley de Transparencia.
La administración había violado la Ley de Transparencia, aunque no existían mecanismos formales para sancionarla o castigarla. Sin embargo, la presión siguió aumentando hasta que el gobierno se vio obligado a publicar otros 3 millones de documentos al mes siguiente.
La dura lucha del gobierno para evitar la divulgación de los archivos de Epstein ha empañado la reputación de la administración tanto a nivel nacional como internacional. Incluso ha llevado a la notoriamente fanática base de Trump a cuestionar por qué el hombre y el partido que habían demagogado sobre el caso durante tanto tiempo de repente se mostraron tan reticentes.
La razón más obvia de las vacilaciones del régimen de Trump es lo implicado que está el propio Trump con Epstein. En los documentos disponibles actualmente, el nombre de Trump aparece más de 38 000 veces. Hay muchas fotos disponibles públicamente en las que aparecen los dos juntos. Más allá de eso, está muy claro que Trump y Epstein eran socios cercanos, incluso amigos. Pero hay consideraciones aún más profundas aquí que el simple hecho de que Trump quiera salvarse su propia vida.
¿Que era la operación de Epstein?
El conspiracionismo ha sido durante mucho tiempo un espectáculo secundario importante en la política de Estados Unidos. En su mayor parte, las teorías conspirativas que animan el cuerpo político nos dicen más sobre los segmentos de la sociedad que creen en ellas que sobre la realidad, como el alunizaje, el asesinato de JFK o la supuesta infiltración comunista en las instituciones estadounidenses. Pero a veces los rumores que la sociedad en general descarta como imaginación hiperactiva son solo los primeros signos de un terremoto inminente.
Durante los años sesenta y setenta, los organizadores de izquierda estaban convencidos de que sus organizaciones estaban siendo socavadas sistemáticamente. Esta idea parecía una farsa para la mayoría de los estadounidenses, pero la revelación del COINTELPRO dejó claro que el problema era aún mayor de lo que la mayoría de los activistas sospechaban. La revelación del MKUltra, el programa de control mental de la CIA, hizo que muchas de las teorías conspirativas más descabelladas parecieran inofensivas en comparación.
Hoy en día, con Epstein, han florecido cientos de teorías conspirativas. Las tres preguntas en torno a las que suelen girar estas teorías son: ¿cuál era la operación de Epstein, cuáles eran sus objetivos y a quién servía?
En cuanto a la primera cuestión, a pesar de la confusión creada por el gobierno de Estados Unidos, está claro que Jeffrey Epstein era el jefe de una red de tráfico sexual a gran escala que prestaba servicios a la clase dominante. Durante la primera administración Trump, el gobierno estimó que había 100 víctimas de las redes de Epstein. Después de que se ampliara la investigación durante la presidencia de Biden, esa cifra se incrementó a más de 1000. Sin embargo, ambos gobiernos han evitado cuidadosamente identificar a quién servía la red de tráfico, aparte del propio Epstein. El gobierno actual ha afirmado en repetidas ocasiones que Epstein creó la red de tráfico sexual únicamente para su propio beneficio, una idea que es claramente absurda dada la magnitud de la operación y los claros vínculos que muchas élites han tenido con esa faceta de sus actividades.
Más allá de eso, los expedientes dejan claro que Epstein también participaba en la especulación financiera y ofrecía consejos sobre estas cuestiones a las élites. Este aspecto ha llegado a un punto crítico en Inglaterra, donde el expríncipe Andrés Mountbatten Windsor y el político laborista Peter Mandelson han sido acusados de revelar secretos de Estado en conversaciones financieras con Epstein. La naturaleza exacta de estas actividades y el motivo por el que los capitalistas consideraban a Epstein un experto en estas cuestiones siguen sin estar claros.
Ningún político o capitalista destacado ha sido acusado aún en ningún lugar del mundo por su participación en delitos sexuales relacionados con Epstein. Esto nos lleva a la cuestión de los objetivos de Epstein al dedicarse al tráfico sexual a gran escala. La teoría más popular es que Epstein era el jefe de una operación de chantaje que recopilaba información comprometedora sobre muchos de los actores más poderosos del capitalismo contemporáneo.
Otras explicaciones incluyen que era simplemente un libertino y hedonista amoral o que prestaba un servicio muy demandado en los círculos gobernantes a cambio de dinero. El gobierno de Estados Unidos, tanto bajo las administraciones demócratas como republicanas, ha afirmado que el tráfico sexual era para uso personal de Epstein, lo que parece claramente absurdo incluso con las pruebas limitadas publicadas por el gobierno.
Por último, y lo más controvertido, ha habido un amplio debate sobre a quién servía Epstein. Dado el tamaño de su red de tráfico y los numerosos indicios de que también era la base de una operación de chantaje, muchos se han preguntado si Epstein estaba al servicio de un gobierno u otro. En su mayor parte, el gobierno de Estados Unidos ha evitado abordar esta cuestión, aunque recientemente ha estado impulsando la narrativa de que era un activo ruso, una idea poco respaldada por los archivos disponibles o la red que cultivó. En la conciencia popular, las suposiciones más comunes son que trabajaba para la CIA o el Mossad. Se trata de una cuestión de los hechos que solo puede confirmarse con la divulgación completa de la información relevante relacionada con Epstein. Aunque es una cuestión interesante, no es especialmente relevante para nuestra comprensión o respuesta práctica al caso Epstein.
Epstein y la unidad de la clase dominante
Hay muchos aspectos importantes del caso Epstein. Sin embargo, para comprender realmente todas sus implicaciones, tenemos que entender lo que son las camarillas al estillo Epstein en el contexto del capitalismo internacional. Sería fácil caer en la lógica conspirativa de que toda la clase dominante es una camarilla de pedófilos que opera entre bastidores de las estructuras formales del capitalismo «democrático» basándonos en el caso Epstein. En sentido contrario, también seria facil minimizar lo que las camarillas como la de Epstein dicen sobre la clase capitalista y su modo real de funcionamiento.
La forma de cuadrar este círculo es examinar la peculiar unidad de la clase dominante bajo el capitalismo internacional. A los propios capitalistas les gusta hacernos creer que la clase dominante está permanentemente dividida en facciones por muchos motivos diferentes, del mismo modo que quieren que lo esté la mayoría de la clase trabajadora. Promueven antagonismos en torno a la nacionalidad, el partido político, la raza, el género y los intereses económicos. Al mantener la ilusión de diferencias irreconciliables entre los distintos sectores de la clase dominante, disuelven el reconocimiento entre las masas de que existe una clase dominante. En esta narrativa, no hay intereses comunes de la clase dominante y, por lo tanto, tampoco hay prácticas comunes; en cambio, hay diferencias y antagonismos sectoriales. Estas diferencias se extienden a través de las líneas de clase: tanto un trabajador como un capitalista pueden votar por los demócratas o identificar los intereses de Estados Unidos como sus propios intereses.
La aparente agudeza de estos antagonismos dentro de la clase dominante provoca desconcierto y disonancia cognitiva a quienes observan el caso Epstein.
En realidad, el capitalismo internacional está compuesto por una «banda de hermanos en guerra», como lo describió Marx. Por otro lado, existen conflictos reales entre la clase dominante. Los capitalistas compiten por las ganancias y buscan utilizar al Estado para sus propios intereses personales y sectoriales. Esto puede ser una lucha mortal para los capitalistas: si pierden frente a otros capitalistas, podrían perder su posición como capitalistas.
Pero el nivel estructural del capitalismo se opone a estos antagonismos. El Estado capitalista reúne a todos los capitalistas en competencia en una organización que modera sus disputas internas y les proporciona la capacidad de unirse para oprimir a las masas trabajadoras. Sin esta unidad, no podrían organizar la sociedad bajo su control colectivo y la sociedad estaría dominada por constantes conflictos o se transformaría a través de una revolución que llevaría a las masas al poder.
Pero hay mil otras formas más pequeñas en las que la clase dominante logra su unidad. Más allá de las razones inmediatas y obvias para que la clase dominante participe en los delitos de Epstein, todo el asunto es un ejercicio para construir la unidad que la clase dominante necesita.
Epstein y Maxwell eran expertos en reunir a capitalistas, políticos e intelectuales y fortalecer sus lazos. Y no es algo segundario que formaron una red de tráfico sexual en particular. Al participar juntos en actos despreciables con impunidad y, al mismo tiempo, crear la posibilidad de comprometerse como individuos, estos elementos de la clase dominante quedan unidos. Vemos este mismo fenómeno a menor escala con la omnipresencia de las novatadas en las fraternidades universitarias o los rituales en las sociedades secretas y las organizaciones de élite. La participación común y el conocimiento de los delitos de los demás les hace invertir profundamente los unos en los otros a pesar de sus diferencias. Podemos ver la prueba de ello en cómo Trump ha hablado con suavidad de otro estrecho colaborador de Epstein, Bill Clinton, durante el último brote de la crisis de Epstein, a pesar de su aparentemente implacable lucha contra los Clinton en el terreno político.
La maduración de la crisis ha revelado la solidaridad entre toda la clase dominante, que en tiempos normales queda oculta por el conflicto diario sobre cuestiones políticas cotidianas. Que la crisis de Epstein pase sin mayores consecuencias o termine en una verdadera rendición de cuentas dependerá de si la clase trabajadora puede aprovechar las fracturas actuales que la clase dominante está tratando de suavizar.
El socialismo contra la clase de Epstein
Todo el curso de la saga de Epstein ha sido un oscuro ejemplo del capitalismo mundial en acción. La impunidad, la explotación, la coacción sexual y los encubrimientos son realidades cotidianas de la vida en una sociedad de clases. Que existan personas como Epstein, Maxwell y sus clientes de élite no es, lamentablemente, nada nuevo. Lo que sí es nuevo es el conocimiento del funcionamiento real de la clase dominante y la indignación masiva de millones de personas en todo el mundo. Para los socialistas, es nuestro deber conectar con esta ira justificada y canalizarla hacia la lucha por la justicia.
Nuestras demandas inmediatas son la total transparencia y la justicia para la multitud de sobrevivientes de los crímenes de Epstein. Gracias a la defensa de estas sobrevivientes, que corren un gran riesgo, se ha revelado toda la brutalidad del aparato de Epstein y el apoyo de la clase dominante. Todos los capitalistas y políticos que abusaron sexualmente de mujeres y niñas deben enfrentar las consecuencias legales que el sistema de justicia burgués promete, pero rara vez cumple. Conseguir justicia dependerá de que se sigan sacando a la luz los delitos ya conocidos públicamente y de que se presione al sistema para que revele toda la información que ha ocultado para proteger a la clase dominante.
El método para garantizar la justicia es la lucha organizada. Está claro que el conocimiento público de los delitos y la indignación masiva son insuficientes para conseguir justicia. Estamos viendo movimientos en esta dirección, especialmente en Ohio, donde reside Les Wexner, uno de los principales patrocinadores de Epstein. Una organización concertada ha comenzado a presionar a Wexner. Las organizaciones y los estudiantes de izquierda locales han convocado manifestaciones para exigir justicia y la eliminación del nombre de Wexner de los numerosos edificios que lo lucen. En particular, la Asociación de Enfermeras de Ohio y la AFL-CIO convocaron una manifestación frente al Centro Médico Wexner para denunciar a Wexner.
Para conseguir que se celebren juicios o se apliquen otras medidas, será esencial involucrar a los sindicatos en el movimiento y organizar a los trabajadores y a la comunidad para reforzar las demandas de justicia. Más allá de las demandas inmediatas del momento, el caso Epstein nos exige librar una lucha sistemática contra el capitalismo mundial en su conjunto. El patriarcado y la impunidad de la clase dominante son características endémicas del capitalismo y solo pueden mitigarse si se elimina el propio capitalismo.
La complicidad y el encubrimiento de la red de Epstein se extiende a todas las alas de la política burguesa, desde la derecha hasta la izquierda, desde el Partido Republicano, pasando por el Partido Demócrata, hasta el Partido Laborista británico. Necesitamos un partido obrero independiente y radical, comprometido con la denuncia de todos los delitos cometidos por la clase dominante y que busque fomentar la lucha de masas de la clase obrera para arrebatar el poder a nuestros opresores y explotadores.
Hoy en día, las masas reconocen la decadencia desenfrenada de la clase dominante. Debemos convertir este conocimiento en acción para conseguir justicia para las sobrevivientes y lograr un mundo en el que un Jeffrey Epstein sea imposible. Ese mundo es el socialismo.
(Foto) Trump y Epstein. (Netflix)
