Manifestantes enfrentan a Trump en la Academia de la Guardia Costera

Por TABITHA MAE

En la mañana del 20 de mayo, unos 200 residentes de New London (Connecticut) y sus alrededores se reunieron en el pasto del parque McKinley, justo frente a la Academia de la Guardia Costera de los Estados Unidos (U.S.G.C.). Se vio a la mayoría portando diversos carteles en protesta contra la llegada del presidente Donald Trump, quien estaba programado como orador de la ceremonia de graduación de la U.S.G.C.

Aunque había entre 10 y 15 personas entre la multitud que lucían gorras y atuendos de MAGA, estos contramanifestantes quedaron en gran medida borrados por los cánticos que pedían la destitución de Trump, la democracia y la libertad para Palestina. También asistieron varios agentes del Servicio Secreto y una fuerte presencia policial de los departamentos circundantes. Mientras que la policía se mantuvo en gran medida en un papel de observadora, los agentes del Servicio Secreto interrogaban a cualquier miembro de la multitud que llevara un cartel o mostrara en su ropa la frase «8647», una referencia a la destitución de Trump que a menudo se distorsiona para que se interprete como una llamada a la violencia.

Esta concentración en McKinley Park el día de la ceremonia de graduación de la Guardia Costera de los Estados Unidos no era nada nuevo para New London. Durante más de 25 años, las protestas contra la industria bélica y el complejo militar de los Estados Unidos se han reunido aquí para manifestarse, a menudo con llamamientos específicos a la acción en función del orador invitado a la ceremonia de graduación. Aunque Trump puede considerarse parte de la última encarnación de una tendencia de líderes capitalistas mundiales que proponen políticas autoritarias, está lejos de ser el primer presidente de EE. UU. al que se le atribuye tal descripción. Muchos estadounidenses aún no están al tanto o están empezando a conocer los problemas estructurales que hacen necesario que líderes como Trump, y sus partidarios, surjan y se infiltren en la política estadounidense.

Esta manifestación también fue la última versión de una jornada de protesta de larga tradición. Históricamente, muchos de los manifestantes han sido veteranos que se habían vuelto firmemente antibélicos.

Pero este año las cosas fueron diferentes. La agenda de esta administración y su arrolladora destrucción de las salvaguardias en el camino hacia su consecución han hecho difícil que la gente ignore la velocidad a la que se están atacando y pisoteando los derechos humanos y constitucionales. Debido a esto, hubo una urgencia compartida en las redes de Connecticut y Rhode Island para formar una coalición. Bajo el lema «Unify & Resist», la coalición de base fue formada por 14 grupos distintos, de diverso tamaño e ideología. Entre los grupos presentes en la red se encontraban 50501, New London Civil Liberties Defense, New London Immigrant Defense, ‘Lil Rhody Visibility Brigade y el Working Families Party (NL).

A pesar de las pequeñas diferencias en las expectativas para la jornada, los delegados de estos grupos trabajaron para crear un mensaje que resultara eficaz. En este grupo central, se tomó la decisión de adoptar principalmente una actitud de felicitación hacia los cadetes que se graduaban de la Academia de la Guardia Costera de los Estados Unidos, al tiempo que se hacía hincapié en la protección constitucional, compartiendo el mensaje «Recuerda su juramento». Se crearon y distribuyeron fanzines a los cadetes y a sus familias, una acción que tuvo una respuesta positiva por parte de los destinatarios. En su interior, los lectores podían encontrar servicios de apoyo para militares que sintieran que habían recibido órdenes ilegales o tuvieran dilemas éticos con las órdenes dadas. Se destacaron el artículo 92 y el caso U.S. v. Calley (relativo a la masacre de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses en Vietnam), que marcan la normativa y el precedente histórico para la ejecución de órdenes ilegales.

Entre los próximos pasos que destacaba la revista se incluía sumarse a los esfuerzos para «des-ICE» al Citizens Bank, que ha aportado más de 2.500 millones de dólares para la construcción de campos de detención y la financiación de corporaciones penitenciarias con ánimo de lucro, y sugerir a los lectores que apoyaran a grupos como Veteranos por la Paz.

Muchos destacaron las actuales actividades del ejército estadounidense en Palestina, Irán, América Latina y a nivel mundial, así como la búsqueda de una agenda para pisotear los derechos a nivel nacional. La Guardia Costera de los Estados Unidos  ha sido llamada a actuar frente a las costas de Venezuela a través de la Operación Lanza del Sur, una operación responsable de la muerte de unas 340 personas, entre ellas pescadores. Fueron asesinados en lo que el régimen de Trump califica como un ataque contra el tráfico de drogas por mar y para promover el restablecimiento de la seguridad en el hemisferio occidental, pero crece el reconocimiento entre la opinión pública  de que los ataques fueron de naturaleza imperialista. Aunque representantes como el demócrata de Connecticut Jim Himes se han pronunciado en contra de la Operación Lanza del Sur, en el fondo nadie en el Congreso plantea una oposición real a la política exterior de Trump. A través de esta operación, la Guardia Costera también ha ayudado a vigilar y confiscar dos petroleros.

La multitud reunida en New London era muy consciente del uso que hace Trump de las fuerzas armadas para impulsar su agenda, de su reasignación ilegal de fondos para satisfacer objetivos políticos y de su subversión de la separación de poderes: un retorno a la diplomacia de las cañoneras, tal y como se describe en la estrategia de seguridad nacional de Trump.

En la protesta se hicieron llamamientos para apoyar a la comunidad LGBTQ+, con especial énfasis en la protección de las personas transgeneras, que han sido blanco de una serie de cambios políticos desenfrenados que los ponen en peligro directo. También se percibió un fuerte sentimiento anti-ICE, lo cual no fue ninguna sorpresa teniendo en cuenta la presencia de miembros inmigrantes en la comunidad de New London. Hubo una serie de pancartas, banderas y camisetas que destacaban la conexión de Trump con Jeffrey Epstein y su repetida negación de los vínculos evidentes, duraderos e íntimos. Por supuesto, el reconocimiento de los males del capitalismo y la explotación de la clase trabajadora fueron temas recurrentes, y varias personas llevaban pancartas con el lema «Gravar a los ricos».

La participación en la manifestación del 20 de mayo fue menor de lo previsto por los organizadores, y sin duda inferior a lo esperado, probablemente debido a una combinación de factores, entre ellos la celebración del evento a primera hora de un día laborable, las directrices establecidas por el Servicio Secreto que limitaban la circulación en New London y sus alrededores, y el breve plazo transcurrido entre el anuncio de la llegada de Trump y el momento de la acción. En ese mismo sentido, sin embargo, a pesar de las expectativas, puede considerarse un éxito para esta región que el parque se llenara de gente, incluso con los obstáculos mencionados.

El evento obtuvo una cobertura significativa en los medios locales, y los periodistas comenzaron a publicar reportajes preliminares y entrevistas el día anterior. Entre la multitud de periodistas se encontraban equipos de las delegaciones locales de NBC, WFSB y Fox, y se publicaron artículos en una redacción de New London, The Day, y en el Hartford Courant. Esta cobertura, sin embargo, se limitó a breves fragmentos de audio o a unas pocas frases citadas que, aunque fieles al mensaje de la manifestación, no captaron ni de lejos el alcance del descontento y la ira que se podían ver —y oír— ese día. Afortunadamente, se circulan vídeos y fotografías que muestran la energía del día y la variedad de mensajes presentes, tanto por las cadenas de noticias como por las redes.

Otra elemento del éxito de la manifestación del 20 de mayo es el recuerdo compartido, tanto por muchos organizadores como por participantes, de la importancia de crear coaliciones para apoyar el objetivo común de revitalizar a la clase trabajadora, empoderándonos mutuamente para utilizar nuestro poder colectivo con el fin de proteger y promover las libertades civiles, los derechos humanos y la calidad de vida.

El esfuerzo colaborativo surgió de la necesidad de los miembros de la comunidad local de plantar cara a la administración Trump, a la degradación deliberada de la democracia, y de denunciar los peligros del capitalismo y la impunidad de las guerras en el extranjero. Para lograr una movilización verdaderamente impactante de la clase trabajadora estadounidense, debemos ser numerosos y hablar con una sola voz.

Aunque la concentración de unos doscientos personas en New London es un éxito a nivel local, no es más que una gota en el océano comparado con la escala de participación generalizada necesaria para catalizar un cambio real. La protesta en McKinley Park es un paso en la dirección correcta, y debemos avanzar con vigilancia y determinación hacia un movimiento colectivo con reivindicaciones viables.

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