Trump deja en libertad a los narcopresidentes

«La paz de drogas para mí, la guerra de drogas para ti»

Por CARLOS SAPIR

El 29 de noviembre, Donald Trump indultó a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y narcotraficante condenado. Parece que ser un narcopresidente está bien según Trump, con la condición de que seas leal a los caprichos del imperialismo estadounidense. Esto, por supuesto, es coherente con décadas de política estadounidense de guerra militarizada contra las drogas, en la que las agencias federales no solo no han detenido, sino que han participado directamente en el tráfico de drogas y armas en todo el continente, desempeñando un papel decisivo en las guerras entre cárteles y utilizandolos para aplastar también la disidencia política contra los intereses de Estados Unidos.

En su juicio en 2024, Hernández fue declarado culpable de participar en una conspiración, utilizar el apoyo de los cárteles para llegar al poder y luego utilizar su cargo para traficar las armas y drogas en todo el país, todo ello mientras mantenía una relación leal con el gobierno de Estados Unidos durante las administraciones de Obama y Trump I. Los fiscales acusaron además a Hernández de organizar los asesinatos de sus rivales. Su hermano, Tony Hernández, participó en la conspiración y fue condenado por organizar dichos asesinatos.

En otras palabras, Hernández ha sido condenado, con pruebas, por los delitos de los que la administración Trump ha acusado, sin pruebas, al presidente venezolano Nicolás Maduro. Pero Hernández salió libre de la cárcel el 2 de diciembre, y la invasión estadounidense de Venezuela parece estar a punto de comenzar en cualquier momento. La diferencia entre estos dos resultados es que Hernández era un aliado leal del imperialismo estadounidense, amigo del capital estadounidense, al tiempo que afianzaba el conservadurismo religioso, prohibía el aborto y el matrimonio homosexual, entre otras muchas medidas para aumentar el poder de los grupos evangélicos y del Opus Dei.

Maduro no es ningún defensor de la clase trabajadora venezolana. Sin embargo, ha desafiado públicamente la autoridad estadounidense, y Venezuela proporciona un salvavidas económico a Cuba, un país que lleva décadas provocando la ira del imperialismo estadounidense, incluso a pesar de que abandone los últimos vestigios del Estado obrero que una vez tuvo.

El momento del indulto también coincidió con las elecciones presidenciales en Honduras, en cuales Trump apoyó abiertamente a Nasry Asfura, el candidato de derecha que representa al Partido Nacional de Hernández, y amenazó con tomar represalias contra el país si Asfura no ganaba. [En el momento de publicar este articulo, el 3 de diciembre, otro candidato de derecha, Salvador Nasralla, ha obtenido una estrecha victoria sobre Asfura]. Trump no es sutil en sus esfuerzos por ejercer el poder imperialista para salirse con la suya. Pero considerar esto como algo inusual sería ignorar décadas de participación hipócrita de Estados Unidos en el tráfico de drogas para controlar mejor la política latinoamericana.

En El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Haití, Honduras, Guatemala, Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú y México, las operaciones de la CIA han creado redes de reaccionarios de todo tipo que han asesinado a organizadores sindicales, tramado golpes de Estado, combatido a guerrillas de izquierda y traficado con drogas a través de las fronteras, incluida la frontera de Estados Unidos. Pero el apoyo a estas operaciones no fue una especie de conspiración privada de la CIA, sino una política gubernamental que abarcaba desde el poder ejecutivo hasta el judicial, pasando por todos los principales organismos encargados de hacer cumplir la ley.

Quizás el ejemplo mejor documentado es la intervención estadounidense en Panamá, ya que supuso una invasión abierta y llevó al dictador derrocado Manuel Noriega a ser juzgado en Estados Unidos y a enfrentarse al testimonio de cómplices convertidos en testigos, una categoría a la que posiblemente él mismo pertenecía como colaborador de la CIA desde hacía mucho tiempo.

Las actas del juicio revelaron que entre las razones de la captura y el enjuiciamiento de Noriega se encontraba el hecho de que había sido cómplice en el tráfico de drogas a través de Panamá hacia Estados Unidos, al mismo tiempo que se transfería dinero y apoyo militar a los Contras en Nicaragua. Su caída definitiva en desgracia ante Estados Unidos parece haber sido precipitada en parte por su cambio de lealtad al cártel de Cali —que también resultó ser uno de los principales patrocinadores de los Contras— para favorecer en su lugar al cártel rival de Medellín. Tras la invasión estadounidense que derrocó a Noriega, contrariamente a la afirmación de la administración Reagan de que esto detendría el tráfico de drogas, Panamá se convirtió en un centro logístico y financiero internacional para el cártel de Cali, blanqueando y trasportando cocaína a mercados de todo el mundo. El gobierno de Panamá sigue misteriosamente desinteresado en perseguir de forma transparente el lavado de dinero, que es rampante.

Lejos de detener a los narcoestados, Estados Unidos es el narcoestado principal. Al igual que el crimen organizado siempre se ha utilizado para atacar a los sindicatos, la dominación imperialista se beneficia de la impunidad desenfrenada de los capos de la droga. La actitud de «mano dura contra el crimen» de Trump y otros políticos burgueses es un truco de charlatán, que vende una cura para una enfermedad que ellos mismos han traído a la ciudad, mientras exigen la pena capital para los trabajadores y los presidentes culpables quedan en libertad.

Bibliografía

Marcy, William L. «Narcostates: Civil war, crime and the war on drugs in Mexico and Central America» (Narcoestados: la guerra civil, el crimen y la guerra contra las drogas en México y Centroamérica). (Lynne Rienner Publishers, Inc.) 2023

Scott, Peter Dale y Marshall, Jonathan. «Cocaine politics: drugs, armies and the CIA in Central America» (La política de la cocaína: drogas, ejércitos y la CIA en Centroamérica). (University of California Press) 1998

Foto: El expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández siendo extraditado a Estados Unidos en abril de 2022. (Gustavo Amador /EFE)

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