Cómo (no) luchar contra el antisemitismo

Por CARLOS SAPIR

A principios de junio, los medios de comunicación informaron sorprendidos de que los editores de Wikipedia habían decidido por un amplio margen dejar de considerar a la Liga Antidifamación (ADL) como una “fuente fiable” en los temas del antisemitismo, Israel y Palestina. Esta decisión fue acogida con satisfacción incluso por publicaciones judías sionistas como The Forward, que pedían a la ADL que hiciera una introspección y volviera a comprometerse a ser una organización de libertades civiles, en lugar de un grupo de presión pro-Israel. Sin embargo, este encuadre de la ADL como un grupo que ha “perdido su camino” esconde la historia de la ADL como institución burguesa que ha trabajado activamente para impedir que la comunidad judía establezca lazos de solidaridad con los movimientos contra la opresión.

La ADL de antaño

La ADL no surgió de la nada: Su creación en 1913, junto a un grupo similar, el Comité Judío Estadounidense (AJC), formado siete años antes, respondió a las necesidades políticas específicas del estrato burgués de la comunidad judía estadounidense. La clase burguesa de la comunidad judía en Norteamérica se sentía amenazado por sus paisanos judíos proletarios y, en particular, por las nuevas oleadas de inmigración judía de clase obrera a Estados Unidos en aquella época, que estaban estableciendo vínculos activos de solidaridad con los movimientos socialistas de sus países de origen en Europa del Este. En lugar de fomentar los lazos de solidaridad y abrazar la organización democrática, la ADL y el AJC pretendían impedir que los judíos se organizaran en las calles y en los movimientos sociales y, en su lugar, se presentaban como representantes de “los intereses de la comunidad judía” en acuerdos burgueses de trastienda con los políticos y las grandes empresas.

Desde la perspectiva de la ADL, los comunistas judíos que luchaban por la liberación no defendían los intereses de la comunidad judía. De hecho, la ADL los consideraba parte del problema, por que decian que encarnaban “estereotipos negativos” sobre los judíos que impedirían su asimilación a la sociedad blanca estadounidense. Mientras que la Alemania nazi detenía a comunistas y judíos en la década de 1930, la ADL  publicaba panfletos titulados: “”¡El comunismo nunca fue judío! El comunismo nunca puede ser judío!” En la década de 1950, la ADL dio un paso más, emprendiendo purgas internas de su organización en consonancia con la represión macartista que barría el país.

La ADL y otras organizaciones burguesas de judíos estadounidenses hacen mucho hincapié en el legado de su participación en el movimiento por los derechos civiles en la década de 1960, y es un mérito suyo que participaron en las marchas. Pero no se presentaron en esta lucha para comprometer su apoyo a la liberación negra; intervinieron con criterios políticos muy selectivos, asociándose sólo con las voces conservadoras del movimiento y retirando su apoyo cuando ya no les convenía. La ADL se manifestaría en contra de la acción affirmativa y del control comunitario de las escuelas, y apoyó con entusiasmo las intervenciones imperialistas estadounidenses en América Latina, así como el refuerzo del Estado de Israel.

Una organización contra el antisemitismo que dedica su tiempo atacando a judíos

Si el proyecto de la ADL en la primera mitad del siglo XX era desidentificar a los judíos estadounidenses con la izquierda y mejorar su posición con respecto a las instituciones de la burguesia, su proyecto en la segunda mitad del siglo XX, y desde entonces, ha sido instrumentalizar a la comunidad judía contra la izquierda. Aunque hoy esto es más visible en sus declaraciones hiperbólicas de que cualquier crítica a Israel es antisemita y en presentar incluso las protestas propalestinas más pacíficas como amenazas mortales de violencia contra los judíos en EE.UU., esta táctica de calumnias va más allá de Palestina. En la década de 1980, por ejemplo, llevaron a cabo campañas de propaganda afirmando falsamente que el movimiento sandinista en Nicaragua perseguía a la comunidad judía.

La ADL sigue demonizando a las fuerzas progresistas -y en particular a las que se organizan siguiendo líneas antirracistas o antiimperialistas- como antijudías, a pesar de la importante y visible participación de judíos en estos movimientos. Prácticamente todos los campamentos universitarios de este último año han contado con la presencia visible y entusiasta de judíos que se autoidentifican así mismos. Aunque los judíos no son la mayoría en el movimiento pro Palestina en Norteamérica, nuestra participación es desproporcionadamente mucho mayor que nuestro 2% de presencia en el conjunto de la población estadounidense.

Los esfuerzos de desinversión en los campus proporcionan dramáticas instantáneas estadísticas de la posición real de los estudiantes judíos. Una votación para desinvertir de Israel a principios de este año en Barnard College, una de las escuelas más judías del país por número de alumnos, con algo menos del 30% de estudiantes que identificandose como judíos, recibió la aprobación del 90% del alumnado. Incluso si se asumiera que cada voto negativo fue emitido por un estudiante judío (una suposición para la que no hay base ni pruebas), esto seguiría significando que dos de cada tres judíos en Barnard votaron a favor de la desinversión de Israel.

Las distorsiones de la realidad por parte de la ADL y sus continuos intentos de presentar a los judíos como una población monolíticamente blanca y gentil cruzan la línea a ser en sí antisemita en múltiples niveles. Para la comunidad judía, la ADL y sus compañeros de viaje han presentado una avalancha de propaganda engañosa para argumentar que los judíos están en peligro mortal y constante. Aunque sería exagerado calificar de “terrorismo” la maniobra retorica por parte de la ADL de las estadísticas sobre antisemitismo, las campañas publicitarias dirigidos a judíos sobre un peligro inminente de la muerte basados en los datos de la ADL son literalmente, un intento de aterrorizar a la comunidad judía al servicio de objetivos políticos.

Mientras tanto, la retórica de la ADL de que todos los judíos apoyan a Israel es en sí misma una difamación, que convierte a las personas visiblemente judías en blanco de la indignación por el genocidio en curso. La ADL y otros grupos similares existen para abrir una brecha entre comunidad judía y los movimientos liberadores más amplios; su apoyo a la represión violenta de las protestas a favor de Palestina y contra el racismo sólo sirve para confirmar las mentiras antisemitas de que los judíos controlan la política.

Las raíces del antisemitismo, como todas las otras formas de la opresión social, están ligadas al sistema económico existente. Aunque el antisemitismo ha sido una herramienta de las clases dominantes desde antes de la aparición del capitalismo, hoy en día es una parte importante del arsenal de opresiones del capitalismo, utilizado tanto para disminuir la seguridad económica de los judíos como para desviar la ira anticapitalista hacia el sentimiento antijudío. Para erradicar realmente el antisemitismo, tenemos que acabar con el capitalismo, y para ello tenemos que crear lazos de solidaridad entre todos los movimientos contra la opresión. No podemos esperar que la ADL, con su perspectiva sistemáticamente burguesa, llegue a hacer una introspección para convertirse en una organización liberadora. La lucha contra el antisemitismo debe librarse a pesar de la ADL y contra ella si queremos que tenga éxito.

Foto – Sean Gallup / Getty Images

Un comentario

  1. I’ve been a supporter of unconditional Palestinian liberation for about 50 years. Saying that, I’ve seen evidence that within the Palestine solidarity movement there have been slogans, not just critical of Israel, but of all Jews. Most people in the movement distance themselves from those statements. However, I believe the movement needs to make it clear that we are against the actions of Israel. There is a clear difference between criticism of Israel and criticism of the millions of Jews in the world.

Deja un comentario