
Por JAMES MARKIN
El 29 de mayo se celebran elecciones en Sudáfrica y, una vez más, el Congreso Nacional Africano (CNA), en el poder, está preocupado por la disminución de su apoyo. Décadas de fracaso y explotación capitalista han erosionado lentamente su base hasta que ahora el partido se enfrenta a la posibilidad de verse obligado a formar parte de un gobierno de coalición por primera vez desde que se acabo el apartheid. Aunque el actual presidente del CNA, Cyril Ramaphosa, ha proclamado su misión de revitalizar el partido y erradicar la corrupción, el aplastante peso de sus fracasos ha demostrado ser demasiado grande. Su propia complicidad en la corrupción y su implicación en la violencia y la explotación no han ayudado en este sentido.
Peor aún, un enemigo que Ramaphosa creía derrotado ha surgido ahora como un serio impedimento para sus planes de revitalizar el CNA: el expresidente sudafricano Jacob Zuma. Aunque Ramaphosa pensaba que había quitado a Zuma del CNA, tras las acusaciones de grave corrupción, Zuma ha regresado como un fantasma vengativo para crearle problemas al partido. A pesar de permanecer oficialmente en las listas del CNA, se ha convertido en la principal atracción del nuevo partido uMkhonto we Sizwe (MK). Aprovechando el pasado de Zuma en el grupo armado antiapartheid del mismo nombre, ha presentado una plataforma nebulosa pero conservadora y ha conseguido el apoyo de los votantes zulúes de mentalidad tradicional de la provincia de KwaZulu Natal.
El MK no es el único aspirante del CNA este año. El MK de Zuma se ha unido a los Luchadores por la Libertad Económica (LLE), de izquierdas, y a la Alianza Democrática, de tendencia liberal, para pisarle los talones al CNA. Ante estas alternativas políticas y el descenso del apoyo al CNA, el terreno político en Sudáfrica está cambiando rápidamente. Para muchos, la cuestión ya no es si el CNA mantendrá su mayoría, sino quién formará parte de su nueva coalición de gobierno.
La historia del CNA
En la década de 1990, el CNA contaba con el apoyo de la inmensa mayoría de los sudafricanos negros, que lo consideraban la fuerza política más importante contra el sistema represivo del apartheid. Así, el CNA llegó al poder con una base de apoyo esperando cambios significativos. El CNA jugó con esta expectativa con la Carta de la Libertad, un vago programa que aludía a cambios sociales radicales como la nacionalización de la industria, la redistribución de la tierra y la garantía de acceso a la sanidad, la vivienda y el trabajo. Esto tuvo el efecto de crear ilusiones entre la población sudafricana, pero mantuvo la puerta abierta a políticas que, en cambio, favorecían las inversiones imperialistas.
El CNA llegó al poder en el marco de una alianza tripartita con el Partido Comunista (PCSA) y la federación sindical COSATU. El PCSA tenía la perspectiva de que el proceso de construcción del socialismo tendría múltiples etapas, en las que el socialismo sólo llegaría después de que una llamada “revolución democrática nacional” hubiera producido una versión más equitativa del capitalismo sudafricano. Así pues, mientras al pueblo sudafricano se le vendía la perspectiva de un cambio social masivo, el CNA llegó a un acuerdo negociado con el Partido Nacional en el poder, formando un gobierno de coalición que exigía que Mandela mantuviera en su gabinete a algunos ministros del antiguo régimen del apartheid.
Como parte de este gobierno de “unidad nacional”, Nelson Mandela presidió un nuevo plan económico, CER: Crecimiento, Empleo y Redistribución (en ingles, GEAR). Este plan equivalía más o menos a una austeridad financiera sistémica. Mandela recortó drásticamente los impuestos a los ricos, privatizó industrias e hizo todo lo que pudo para “abrir Sudáfrica a los negocios”, con un gran coste para el pueblo sudafricano. Al mismo tiempo que Mandela llevaba a cabo el CER, el país normalizaba sus relaciones con el resto del mundo, poniendo fin al estatus de paria que había sufrido bajo el apartheid. En conjunto, la liberalización económica y el fin del aislamiento supusieron más o menos la venta de gran parte de los recursos sudafricanos a los imperialistas extranjeros y la desindustrialización de la economía. De hecho, el gobierno del CNA negoció pactos con el Banco Mundial en torno al sector minero del país, en los que el gobierno prometía evitar elevados impuestos a los conglomerados, mantener una regulación favorable a las empresas y permitir que las empresas privadas tomaran la iniciativa.
Así, aunque el dominio blanco llegó oficialmente a su fin en Sudáfrica, el sistema de explotación y opresión de la mayoría negra ha continuado. De hecho, desde la década de 1990 muchos indicadores sociales se han estancado o han empeorado. Las condiciones de vida de la clase obrera sudafricana siguen siendo malas y los trabajadores a menudo no tienen acceso a un saneamiento adecuado. La educación gratuita ya no está garantizada y el coste de la enseñanza pública se ha disparado. Desde principios de la década de 2000, Sudáfrica también ha entrado en una crisis energética. Bajo la supervisión del CNA, la empresa pública de electricidad ESKOM ha tenido que realizar frecuentes “cortes de carga”, dejando regularmente a los sudafricanos sin electricidad. Esta crisis se ha convertido en una realidad cotidiana para los sudafricanos, que deben comprobar en qué horas del día habrá apagones programados para poder planificar cuándo pueden hacer cosas como cocinar o ducharse.
Al mismo tiempo que la mayoría trabajadora sudafricana se ha enfrentado a esta inmisericordia, unos pocos se han hecho fabulosamente ricos. El país es el más desigual del mundo, según mediciones económicas burguesas como el coeficiente de Gini. Según el Banco Mundial (los mismos que participaron en la venta de la economía sudafricana en la década de 1990), la raza sigue siendo un factor importante a la hora de determinar quién es rico y quién es pobre, y la mayoría negra es la que más sufre.
Sin embargo, este no ha sido el destino del actual presidente del CNA, Cyril Ramaphosa. En la década de 1990, cambió sus funciones en el CNA y en los sindicatos sudafricanos por una carrera como hombre de negocios. En este nuevo trabajo le ayudaron sus conexiones políticas con políticos de alto nivel del CNA como parte de un plan de “empoderamiento económico de los negros”. Si bien este “empoderamiento” podría haberse aplicado al propio Ramaphosa, seguramente no parecía aplicarse a sus empleados.
En 2015, los mineros del platino sindicados que trabajaban para Lonmin Platinum en la localidad de Marikana declararon una huelga salvaje y exigieron salarios más altos. Los trabajadores estaban descontentos tanto con su salario, de unos 800 dólares al mes, como con su sindicato, acusado de subordinar los intereses de los trabajadores a la política del CNA. Los trabajadores abandonaron el trabajo y protestaron; al cabo de seis días, la policía abrió fuego contra los trabajadores, matando a 44 e hiriendo a muchos más. El propio Ramaphosa era accionista de Lonmin y correos electrónicos filtrados revelan que había calificado a los trabajadores de “criminales cobardes” e instado a la empresa a tomar medidas contra ellos. Aunque en 2022 Ramaphosa se disculpó por los correos electrónicos, no ha podido borrar de sus manos la sangre de los masacrados en Marikana, y muchos trabajadores sudafricanos siguen odiándole y despreciándole.
Toda esta historia revela claramente el hecho de que el CNA no representa al pueblo trabajador sudafricano y, en cambio, es el partido político de un sector de la clase capitalista sudafricana. Este grupo de compinches capitalistas compran influencia en el partido y a su vez son recompensados con políticas favorables y licitaciones gubernamentales, mientras que los trabajadores sudafricanos se enfrentan a perspectivas económicas cada vez más sombrías.
Palestina – ¿Esperanza electoral para el CNA?
Sin embargo, a pesar de su hundida popularidad, la postura del CNA sobre Palestina ha sido una pequeña fuente de esperanza para sus perspectivas electorales. Debido a los lazos históricos entre el CNA y la Organización por la Liberación de Palestina, basados en su condición común de partidos de liberación, Ramaphosa y el CNA ya tenían un largo historial de apoyo a la lucha palestina. Antes de que comenzara el ataque genocida de Israel contra Gaza, Ramaphosa ya había dejado constancia de su apoyo al pueblo palestino, incluso calificando el propio sistema de apartheid de Israel de “duplicado o réplica” de lo que sufrieron los sudafricanos negros y posando para una foto con una bolsa de mano de la marca BDS Sudáfrica. Tras el inicio del asalto israelí a Gaza en octubre de 2023, Ramaphosa se tomó un tiempo de la conferencia del CNA para posar con otros líderes del CNA vestidos con keffiyehs y grabar un vídeo condenando a Israel, convirtiéndose en uno de los primeros grandes líderes mundiales en hacerlo. Ramaphosa siguió esta declaración con la presentación de cargos contra Israel ante la Corte Penal Internacional a principios de 2024.
Esta rotunda postura de apoyo a Palestina ha calado en muchos del pueblo sudafricano, que se sienten afines a los palestinos debido a una historia común de opresión y lucha. Al mismo tiempo, este asunto le ha costado caro a la Alianza Democrática liberal, que ha pasado de una postura más proisraelí a reclamar la igualdad de derechos y la dignidad humana para “los dos lados”. La decisión del gobierno de la CNA de convertirse en una de las principales voces internacionales contra el genocidio de Gaza le ha prestado nuevos apoyos en ámbitos en los que antes tenía pocos. Así lo demuestra un reportaje de Al Jazeera, en el que se cita a votantes de Cabo Occidental, tradicional bastión de la AD, que afirman que se taparán la nariz y votarán al CNA sólo por esta cuestión.
A pesar de los aplausos que ha recibido el CNA sobre Palestina, es importante señalar que Ramaphosa -aunque retóricamente apoya a Palestina y condena a Israel- no ha hecho mucho en concreto para impulsar la lucha palestina. Políticamente, se ha ceñido al marco de las negociaciones y a la solución de los dos Estados, que está intrínsecamente condenada al fracaso. En términos de acción, aunque el caso de la CPI es importante simbólicamente, no representa el tipo de apoyo militar y material que el mismo CNA recibió de países amigos durante su propia lucha contra el apartheid. En la última instancia, aunque Palestina pueda hacer ganar algunos votos a Ramaphosa, no es suficiente para frenar la sangría de apoyos a los partidos de la oposición.
La oposición
La mayor oposición a Ramaphosa y al CNA en estas elecciones es la Alianza Democrática y su coalición denominada “carta multipartidista” (CMP). Esta coalición electoral más amplia contiene a la totalidad de la oposición, excluyendo al EFF y al MK de Zuma. Sin embargo, a pesar de haber formado esta amplia coalición, la AD no ofrece ninguna solución verdadera a los problemas a los que se enfrenta Sudáfrica. Como partido liberal resultante de la fusión de los principales partidos blancos y liberales que existían durante el apartheid, su plataforma sólo ofrece más capitalismo, más privatización y más mercantilización. Un gobierno de la AD significaría simplemente la intensificación de las políticas de privatización de Mandela y un ataque sin cuartel contra los servicios públicos y los sindicatos. Su agrupación CMP también incluye al partido racista Frente de la Libertad Plus, manchando aún más todo el esfuerzo con el hedor del racismo blanco. Afortunadamente, las encuestas indican que tienen muy pocas posibilidades de desbancar al ANC.
El último partido de la oposición que ha surgido es el MK de Jacob Zuma. El MK no tiene un programa claro y basa su popularidad en la popularidad personal del propio Zuma. Como presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma prometió hacer realidad algunas de las promesas radicales del primer CNA, y propuso una plataforma de Transformación Económica Radical (TER). Sin embargo, este cambio radical nunca llegó a producirse y, en su lugar, Zuma se hizo tristemente célebre por sus escándalos sexuales y por una de las corrupciones más flagrantes jamás vistas en Sudáfrica.
Los sistemas de clientelismo mediante los cuales los capitalistas sudafricanos compraban influencia en el CNA alcanzaron nuevas cotas bajo el gobierno de Zuma, especialmente en lo que respecta a la acaudalada familia Gupta. Como reveló una investigación posterior del gobierno sobre la “captura del Estado” por parte de la familia Gupta, Zuma tomó decisiones políticas clave totalmente a instancias de esta familia. Entre ellas, la contratación y el despido de ministros y la composición del consejo de administración de la empresa eléctrica ESKOM. En última instancia, fue el escándalo de la captura del Estado lo que le costó la presidencia a Zuma, ya que el CNA optó por sustituirle por Ramaphosa, lo que obligó a Zuma a un breve exilio de la política.
Ahora que ha regresado, parece que su compromiso con la “Transformación Económica Radical” ha perdido importancia, y en su lugar su nueva base de poder se construye sobre el apoyo de los líderes tradicionales zulúes. Desde que Zuma dio a conocer sus intenciones de presentarse este año, se ha enfrentado a problemas legales, siendo declarado brevemente inelegible para el cargo debido a sus condenas anteriores por corrupción y teniendo que enfrentarse al CNA en los tribunales por su uso del nombre del partido “uMkhonto we Sizwe” (“Lanza de la Nación”, nombre del ala paramilitar del CNA, fundada por Mandela y otros en la década de 1960). Sin embargo, hasta ahora, el MK y Zuma han ganado sus batallas judiciales y parecen dispuestos a obtener una parte considerable de los votos en las zonas del país con mayoría zulú.
En la izquierda, la oposición más seria al CNA en estas elecciones es la de los Luchadores por la Libertad Económica, aunque el LLE ha manifestado su voluntad de formar parte de un gobierno de mayoría CNA. LLE fue fundado por los dirigentes del ala juvenil del CNA en la década de 2010, después de que entraran en conflicto con la dirección del partido en el periodo previo a la caída de Zuma. Debido a esta historia, muchos de los principales líderes del LLE tienen un pasado como seguidores de Zuma y en su momento fueron entusiastas partidarios de su plan RET. Sin embargo, tras su expulsión del partido, se convirtieron en los mayores críticos de Zuma y del CNA.
LLE se basa en un marco político ecléctico que incorpora aspectos del marxismo, el bikoísmo y las ideas de Frantz Fanon. Su programa es relativamente radical y pro-negro, y aboga por una economía capitalista mixta que incluya algunas nacionalizaciones (por ejemplo, de las minas) y una reforma agraria intensiva para devolver la tierra a la mayoría negra. Recientemente, también se ha manifestado más abiertamente a favor de los derechos de los LGBT, incluso con piquetes en la embajada ugandesa en protesta por la legislación antigay aprobada en ese país.
Sin embargo, el partido tiene algunos problemas preocupantes y ha demostrado de vez en cuando un oportunismo de rango. Por ejemplo, en vísperas de estas elecciones intentó comprar el apoyo del rey zulú, Misuzulu Zulu, regalándole un coche. Del mismo modo, el LLE ha celebrado actos de recaudación de fondos típicos de los partidos capitalistas, en los que los empresarios pagan enormes sumas para sentarse a cenar con los líderes del partido. Estos dirigentes, como el “comandante en jefe”, Julius Malema, tampoco parecen rendir cuentas a los afiliados, y las decisiones se toman en gran medida de arriba abajo. Estas cuestiones, junto con su insuficiente programa, demuestran que el LLE no está a la altura de lo que se necesita hoy en Sudáfrica.
Lo que se necesita claramente en Sudáfrica es un partido obrero de masas cuyo programa rompa con el sistema de explotación capitalista. El CNA ha quedado al descubierto en las últimas décadas como una mera expresión de los intereses políticos de una pequeña camarilla de capitalistas. Sin embargo, el AD y su CMP no son mejores en este sentido. Simplemente representan a otra camarilla de capitalistas que creen que les toca comer. De los partidos existentes, el LLE es el más prometedor, pero su incapacidad para presentar una línea de clase en política como partido de la oposición hace difícil confiar en que lo hagan en el gobierno. Con el CNA enfermo y la posibilidad probable de un gobierno de coalición tras las elecciones, es más urgente que nunca que la clase trabajadora sudafricana construya una alternativa política realmente capaz de tomar el poder y resolver los graves problemas a los que se enfrenta el país.
Foto: Simpatizantes del CNA en un mitin electoral del partido en mayo de 2019 portan un ataúd simulado de la rival Alianza Democrática. (Siphiwe Sibeko / Reuters)