COP28: “Parece progreso, pero no lo es”

Por JOHN PRIETO

El último día de la conferencia sobre el clima COP28 celebrada en Dubai el pasado otoño, el Washington Post actualizó su live blog de los acontecimientos de la conferencia con el título “Los países atinaron un acuerdo sin precedentes para eliminar la producción de los combustibles fósiles”. El triunfalismo prosiguió con un artículo sobre los “ganadores y perdedores” de la conferencia. Uno de los principales ganadores fueron los Emiratos Árabes Unidos, el petro-estado que acogió organizar la edición de la conferencia este año y que eligió al jefe de su compañía petrolera estatal como presidente de los procedimientos. Esta fue una importante victoria para los EAU que les ayudará establecerse con un perfil de un Estado moderno que busca ser parte de la solución y no un obstáculo.

En particular, el Washington Post consideró oportuno alabar el hecho de que los “baños estuvieran impecables las veinticuatro horas del día”. Por supuesto, no cabe duda de que los baños los limpian trabajadores inmigrantes víctimas de la explotación y los abusos, procedentes de comunidades de primera línea frente a la crisis ambiental como Pakistán, que aún se recupera de su propia experiencia con la nueva normalidad del desastre climático.
Para ser justos con el Washington Post, debe de ser un gran esfuerzo mantener limpios los excusados en un edificio lleno de tanta mierda. Sin embargo, de la conferencia salieron políticas reales. Una de las reformas más solicitadas fue la creación de un Fondo de Pérdidas y Daños para ayudar a los países subdesarrollados a paliar los efectos del cambio climático. Este fondo, según una importante promesa hecha en 2020, debía ofrecer 100.000 millones de dólares para los más afectados por el cambio climático. La realidad es que el fondo ha recibido menos del 1% de la financiación prometida y alrededor del 0,2% de la financiación total que se estima necesaria.
Sin embargo, incluso si recibiera financiación, es poco probable que llegara a donde tiene que llegar, como demostró un informe de Mangabay. Un fondo público-privado de 1.700 millones de dólares, que se había destinado a apoyar los derechos sobre la tierra de los pueblos indígenas y las comunidades locales, ha sido apropiado en su mayor parte por ONGs internacionales, y los desembolsos totales a las comunidades indígenas han caído del 2,9% al 2,1% en su segundo año.

Entonces, ¿cuál es el resultado de la COP28? ¿Es realmente todo baños limpios y migas de pan sin financiación? Sí, así es. Como dijo el profesor Mike Berners-Lee en una cita a The Guardian: “La COP28 es el resultado soñado de la industria de los combustibles fósiles, porque parece progreso, pero no lo es”.

Mientras los delegados estadounidenses defendían el compromiso de eliminar por completo los combustibles fósiles como parte del acuerdo (redacción que no llegó a incluirse en el acuerdo final), Estados Unidos ha estado produciendo petróleo y gas a un ritmo récord. De hecho, la tan cacareada Ley de Reducción de la Inflación “verde” de Joe Biden probablemente hará que la producción de petróleo y gas aumente un 13% de aquí a 2035, liderada principalmente por un aumento del 23% en las exportaciones.

Los científicos tienen claro que debemos evitar un aumento del calentamiento por encima de 1,5° Celsius para no sobrepasar los puntos de inflexión de los desastrosos bucles de retroalimentación. Pero a pesar de la urgencia, la mayor frecuencia de desastres climáticos y las protestas masivas y la difusión de la conciencia sobre la necesidad de acabar con los combustibles fósiles, el avance hacia ese objetivo ha sido minúsculo. A pesar de la advertencia de la ONU de que vamos camino de un calentamiento de 2,5-2,9° C -una receta para la catástrofe-, las empresas de combustibles fósiles siguen concentrando la propiedad de las reservas de combustible en menos manos, ampliando la producción sin cumplir las promesas hechas en campañas de lavado verde. Ni un solo país del G20 cuenta con un plan que cumpla los requisitos para limitar el calentamiento a 1,5° C.

Las empresas de combustibles fósiles nos prometen tecnología futurista para resolver estos problemas. Dicen que la captura y secuestro de carbono cambiará el futuro. Sin embargo, no existe ningún modelo de captura de carbono a una escala que satisfaga las necesidades del planeta. Los financieros y los gobiernos capitalistas prometen que los sistemas de comercio de carbono aportarán riqueza a las comunidades de primera línea y obligarán a las empresas productoras de carbono a pagar por su contaminación. La realidad es, en cambio, la de unos créditos de carbono “fantasma” sin valor, que no representan ninguna reducción real de CO2, y la de los acaparamientos de tierras por parte de países y empresas que pretenden “plantar árboles y proteger los bosques” y vender créditos a costa de las comunidades indígenas desplazadas.

Nada menos que el cese total de la producción y uso de combustibles fósiles será suficiente para salvar a nuestro planeta. Como dijo La Voz de los Trabajadores en nuestra Resolución Política de 2022: “Se esta escuchando más y más la idea de que el sistema capitalista de crecimiento y producción sin fin es un obstáculo para salvar el eco-nicho de la humanidad en el planeta”. Son las comunidades de los pueblos oprimidos, indígenas y trabajadores las que se enfrentan con mayor crudeza al futuro desastre ambiental. Los capitalistas y sus conferencias anuales de regateo han demostrado su constante incapacidad para enfrentarse a la crisis. Por ello, la campaña para acabar con los combustibles fósiles debe ser un campo de lucha para el movimiento obrero.

Recientemente, la clase obrera panameña nos ha mostrado el camino a seguir. Después de que su Congreso aprobara un contrato con una filial local de la empresa minera transnacional First Quantum Minerals, un movimiento social de masas que había ido creciendo en oposición a las concesiones a la empresa salió a las calles. Sindicatos de profesores, de trabajadores de la construcción, organizaciones indígenas y muchos otros se unieron para bloquear carreteras y declararse en huelga, exigiendo que se pusiera fin al contrato, que muchos consideraban inconstitucional. Este movimiento de masas movilizó finalmente a casi un millón de personas en todo el país el 22 de noviembre, lo que condujo a la anulación del contrato el 28 de noviembre, a la dimisión del Ministro de Comercio que lo había aprobado y a una moratoria sobre nuevas concesiones mineras.

Debemos exigir el fin de los combustibles fósiles. Esta tarea requerirá la movilización masiva de la vanguardia por reivindicaciones como la nacionalización de la infraestructura petrolera y eléctrica bajo control de los trabajadores, programas de capacitación laboral para facilitar la transición a nuevas industrias creadas por las necesidades de una economía libre de carbono, y reparaciones para las comunidades de primera línea, entre muchas otras. Es tarea de los revolucionarios trabajar en estos movimientos y construirlos con el objetivo de impulsar su carácter de masas entre los oprimidos y explotados de la sociedad.

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