Lenin, Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación (1916, acortado)

Introduction

En esta lectura reducida, Lenin hace un argumento impulsando la necesidad de que los partidos socialistas apoyen el derecho de autodeterminación  de las naciones subyugadas bajo de dominación imperialista. En el desarrollo del argumento, Lenin dice que en lo que agitamos contra el chauvinismo social y discriminación, un eje de esta lucha es el apoyo por demandas de secesión o integración nacional, y que las consideraciones internacionales necesitán ser prioritizado antes de los propios intereses nacionales. En vez de adoptear una perspectiva “daltónica” (o “ciego de naciones”), el internacionalismo requiere la recognición del derecho de un pueblo subyugado a establecer su independencia de sus opresores.

Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación

por V. I. Lenin, 1916

El socialismo y la autodeterminación de las naciones

 
Hemos afirmado que sería una traición al socialismo renun­ ciar a la realización del derecho de las naciones a la autodeter­ minación bajo el socialismo. Nos responden: “el derecho a la autodeterminación no es aplicable a la sociedad socialista”. La discrepancia es radical. ¿En qué se origina?
“Nosotros sabemos —dicen nuestros oponentes— que el so­ cialismo suprimirá toda opresión nacional, ya que suprime los intereses de clase que conducen a ella” . . . ¿Qué tiene que ver esta disquisición sobre las premisas económicas de la supresión de la opresión nacional, indiscutibles y conocidas desde hace mu­ chísimo tiempo, con la discusión sobre una de las formas de opre­ sión política, a saber: la retención de una nación por la fuerza, dentro de las fronteras estatales de otra nación? ¡Es sencilla­ mente un intento de eludir los problemas políticos! Y los razo­ namientos posteriores nos confirman aun más en este juicio:
“No tenemos ningún motivo para suponer que en la sociedad socialista la nación tendrá el carácter de una unidad económico-política. Según todas las probabilidades, tendrá solamente el carácter de una unidad cultural e idioniática, ya que la división territorial de un grupo cultural socialista, si tal división existe, podrá operarse sólo de acuerdo con las necesidades de la producción; por lo demás, se sobrentiende que no deberán resolver la cues­ tión de tal división las naciones por separado, teniendo la plenitud del poder propio [tal como lo exige ‘el derecho de las naciones a la autodeterminación’], sino que lo determinarán en conjunto todos los ciudadanos interesados”. ..
Este último argumento, el de la determinación conjunta en lugar de la autodeterminación, ¡complace tanto a los camaradas polacos, que lo repiten tres veces en sus tesis! Pero la frecuencia de las repeticiones no convierte este argumento octubrista y reac­ cionario en un argumento socialdemócrata. Todos los reacciona­ rios y burgueses otorgan a las naciones retenidas por la fuerza en las fronteras de un Estado dado, el derecho a “determinar en conjunto” sus destinos en un parlamento común. También Gui­ llermo II concede a los belgas el derecho a “determinar en con­ junto”, en el parlamento alemán común, los destinos del imperio alemán.
Justamente el punto en cuestión, el único que está en discu­ sión, el derecho a la separación, es el que nuestros oponentes se esfuerzan por eludir. ¡Esto sería cómico, si no fuera tan triste!
Nosotros dijimos en la tesis primera que la liberación de las naciones oprimidas presupone, en la esfera política una doble transformación: 1) absoluta igualdad de derechos de las naciones. So­bre eso no hay discusión, y se refiere solamente a lo que ocurre dentro del Estado; 2) libertad de separación política. Eso se refiere a la determinación de las fronteras del Estado. Sólo esto está en discusión. Y es justamente lo que nuestros oponentes si­lencian. No quieren pensar en las fronteras del Estado, o incluso en el Estado en general. Es una especie de “economismo impe­rialista” semejante al viejo “economismo” de los años 1894-1902, que argüía: el capitalismo venció, por lo tanto, los problemas políticos están de más! ¡El imperialismo venció; por lo tanto, los problemas políticos están de más! Semejante teoría apolítica es radicalmente hostil al marxismo. (…)
Los viejos “economistas”, transformando el marxismo en una caricatura, enseñaban a los obreros que para los marxistas “sólo” es importante “lo económico”. Los nuevos “economistas” piensan que el Estado democrático del socialismo victorioso existirá sin fronteras (una especie de “complejo de sensaciones” sin materia), o bien que las fronteras serán determinadas “exclusivamente” de acuerdo con las necesidades de la producción. En realidad, estas fronteras serán determinadas de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las “simpatías” de la población. El capitalismo pisotea estas simpatías, y con eso añade nuevas difi­ cultades a la causa de la amistad entre las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin opresión de clase, al garantizar el bienestar de todos los miembros del Estado, da libertad plena a las “simpatías” de la población, y por consiguiente facilita y ace­ lera enormemente la amistad y unión de las naciones. (…)
Marx y Engels no llegaron a vivir para ver la época del imperialismo. En la actualidad se ha formado el sistema de un puñado (5 ó 6) de “grandes” potencias imperialistas, cada una de las cuales oprime a otras naciones, siendo esta opresión una de las causas del retardo artificial de la caída del capitalismo, del apoyo artificial al oportunismo y socialchovinismo en las nacio­ nes imperialistas que dominan el mundo. En aquel entonces la democracia de la Europa occidental, que liberaba a las naciones más grandes, se oponía al zarismo, que utilizaba con fines reaccio­ narios ciertos pequeños movimientos nacionales. (…)
Tenemos el deber de educar a los obreros en la “indiferen­cia” hacia los distingos nacionales. Eso es indiscutible. Pero no en la indiferencia propia de los anexionistas. A quien pertenece a una nación opresora debe serle “indiferente” el problema de si las naciones pequeñas pertenecen a su Estado, al vecino o a sí mismas, de acuerdo con sus simpatías; sin esta “indiferencia”, no es un socialdemócrata. Para ser un socialdemócrata intemacio­nalista es preciso no sólo pensar en su propia nación, sino colocar por encima de ella los intereses de todas las naciones, su libertad y su igualdad de derechos. En “teoría” todos están de acuerdo con eso, pero en la práctica manifiestan una indiferencia exacta­mente anexionista. En eso reside la raíz del mal.
Por el contrario, el socialdemócrata de una nación pequeña debe colocar el énfasis de su agitación en la segunda palabra de nuestra fórmula común: “voluntaria unión’ de las naciones. Pue­ de sin infringir sus obligaciones de intemacionalista, estar tanto por la independencia política de su nación como por su incorpo­ ración al vecino país X, Y o Z, etc. Pero en todos los casos debe luchar contra el apartamiento, el aislamiento, la estrechez mez­ quinamente nacional, considerar el todo y lo general, subordinar el interés particular al interés general.
Las personas que no reflexionan sobre este problema encuen­ tran “contradictorio” que los socialdemócratas de las naciones opresoras insistan en “la libertad de separación’, y los socialde­ mócratas de las naciones oprimidas en ‘la libertad de unión”. Pero un poco de reflexión demuestra que no hay ni puede haber otro camino hacia el internacionalismo y la fusión de las naciones, otro camino hacia esta meta desde la situación presente.
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