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El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.
Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».
En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.
La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.
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Trump y Milei salen de la OMS

En enero pasado, el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció que su país se retiraba de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Poco después, como la sombra que sigue al cuerpo, el presidente argentino, Javier Milei, anunció que Argentina haría lo mismo. ¿Qué es la OMS y por qué ambos presidentes adoptaron esta definición?
Por Alejandro Iturbe
La OMS fue fundada en 1948 como una organización con autonomía dentro de la estructura de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Tiene su sede en Ginebra (Suiza) y, hasta ahora, estaba integrada por 194 países. Sus políticas sanitarias y financieras están determinadas por la Asamblea Mundial de la Salud que se reúne anualmente con delegaciones de los países miembros. La Asamblea elige un Director General y un Consejo Ejecutivo de 34 miembros “técnicamente cualificados en el ámbito de la salud” con un mandato de tres años[1].
Sus objetivos son: “coordinar la respuesta mundial a las emergencias sanitarias, promover el bienestar, prevenir enfermedades, y ampliar el acceso a la atención de salud”. Para lograrlos, la OMS cuenta con un “equipo de más de 8.000 profesionales que incluye a los mayores expertos en salud pública del mundo… médicos, epidemiólogos, científicos y administradores”. En este sentido, la OMS es la principal referencia mundial para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, así como para la autorización de medicamentos y vacunas.
Al mismo tiempo que juega este papel en el cuidado de la salud de la población mundial, la OMS padece de las mismas limitaciones insalvables que otros organismos de la ONU que intentan combatir los males profundos y estructurales que genera el capitalismo en el mundo. Por ejemplo, la FAO (sigla en inglés de Organización para la Alimentación y la Agricultura), en el tema del hambre.
Son organismos que suelen realizar estudios muy objetivos de los datos de la realidad, Pero tanto sus análisis generales como sus propuestas se ubican como parte integrante del capitalismo imperialista y el respeto absoluto a la propiedad, sin nunca salirse de sus límites. Por eso, se limitan a “dar consejos” a gobiernos y empresas, o a elaborar planes incapaces de resolver temas como las pandemias o el hambre.
La OMS y la pandemia de Covid-19
Esto fue evidente frente a la reciente pandemia de Covid-19 y el tema de las vacunas contra esta enfermedad. La OMS nunca exigió a los gobiernos, en especial a los de los países imperialistas, una cooperación internacional, sin fines de lucro, para coordinar las investigaciones y el desarrollo de una vacuna efectiva. Se limitó a esperar que las grandes empresas médicas (de modo aislado, en cada país) la lograran. Una vez que comenzaron a aparecer las vacunas contra esta enfermedad, nunca exigió que los gobiernos quebraran el derecho de patente con el que estas empresas lucraban miles de millones de dólares a costa del terrible impacto de esta pandemia[2].
Por otro lado, si bien impulsó la “cuarentena”, el “aislamiento social” para prevenir la extensión de los contagios, no abrió la boca para denunciar cómo las empresas y gobiernos obligaban a toda una franja de trabajadores a tener que ir a sus empleos, calificándolos de “imprescindibles”, amontonados en el transporte público y, muchas veces, sin que las empresas les garantizaran las condiciones mínimas de prevención. Esto agravó y extendió el impacto de la pandemia.
Finalmente, tampoco denunció la criminal política capitalista de la “nueva normalidad”, que tuvo ese mismo resultado pero a una escala mucho mayor[3]. Es por todas estas “omisiones” que podemos decir que la OMS acabó siendo “cómplice” de los gobiernos burgueses y de las empresas por la muerte de millones de personas y por el gran sufrimiento que padecieron los trabajadores y sectores pobres en el mundo.
La OMS “privatizada”
Además de esta limitación básica (ser parte del sistema capitalista), hay otra cuestión central que condiciona cada vez más la actuación de la OMS: sus fuentes de financiamiento para cubrir su presupuesto. A inicios de la década pasada, sus gastos totales fueron de 2.300 millones de dólares[4]. Ese presupuesto se cubría básicamente con los aportes directos y oficiales de EE.UU. (cerca de 40%) y, en orden decreciente, Alemania, Comisión Europea, Reino Unido y Canadá. Se establecía así una profunda dependencia de la OMS con los gobiernos de las potencias imperialistas.
En la medida en que avanza, de forma creciente, la destrucción de la naturaleza, aumentan la miseria y el hambre, y la salud pública se deteriora cada vez más, aparecen nuevas enfermedades y riesgos de pandemias, o resurgen otras que se consideraban controladas o extintas. En ese contexto, la OMS requiere cada vez más presupuesto.
Los aportes de los países ya no alcanzan y comienza a recibir, entonces, grandes aportes privados. Entre ellos, de los grandes conglomerados farmacéuticos que, ya en 2015, le dieron casi 100 millones de dólares entre dinero en efectivo y donaciones de medicamentos de su producción.
Pero estas empresas “no dan puntada sin hilo”. Germán Velázquez, un médico español, ex director del Programa Mundial de Medicamentos de la OMS denunció, en 2016, que “la financiación privada condiciona las decisiones de la OMS” que “funciona en favor de intereses privados porque ha sufrido un proceso de privatización”[5].
¿Qué hace Bill Gates por ahí?
Los gastos de la OMS crecen de modo constante (con un alto impacto en la última pandemia) y, con ello, la necesidad de nuevos aportantes. Si dejamos de lado los países miembro, hay dos aportantes que se destacan claramente: la Fundación Bill & Melinda Gates (dirigida por el magnate de la informática y su exesposa) y la Alianza para la Vacunación (conocida como GAVI), en la que también interviene la Fundación Gates junto con empresas farmacéuticas[6].
El siguiente cuadro nos muestra el peso que las contribuciones no gubernamentales han adquirido en el presupuesto de la OMS. La fundación de Bill Gates aporta casi tanto como Alemania. Si se le suma la contribución de GAVI (en la que tiene mucho peso) este aporte supera el de EE.UU.

En este punto, es necesario referirnos con más profundidad a Bill Gates. Él era un programador e ingeniero de sistemas que trabajaba para IBM. A finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980 creó un software (el sistema DOS), lo aplicó en un nuevo hardware (las PC) con los que revolucionó la industria de la informática. Fundó la empresa Microsoft, que se transformó en una de las gigantes de la tecnología de la información, y él se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo; en 2020, la revista Forbes le calculó una fortuna de casi 107.000 millones de dólares[7].
¿Un multimillonario “benefactor”?
En el siglo XXI, Bill Gates comenzó un giro en el centro de sus preocupaciones y actividades. En el año 2000 renunció a su cargo de CEO en Microsoft, aunque se mantuvo como el “arquitecto del software”. En 2014, dejó de ser el principal accionista de la compañía y puso la mitad de su fortuna en manos de la fundación que dirige con su exesposa. Finalmente, en 2020 abandonó toda relación con la empresa y pasó a dedicar todo su tiempo a la fundación[8].
Bill Gates ha construido una imagen pública de multimillonario sensible a los sufrimientos de las masas en el mundo, preocupado e intentando ayudar como “benefactor” en temas como la vacunación masiva contra diversas enfermedades o como el bajo nivel de la educación pública en EE.UU.
Ha dicho que “quiere dejar su legado a la sociedad”[9]. El año pasado se mostró a favor de que “los ricos paguen más impuestos”[10], en consonancia con las propuestas del partido demócrata (al que siempre apoyó) en la última campaña electoral, en contra de las de Donald Trump. Por otro lado, su fundación anunció que este año destinará “8.600 millones de dólares para ayudar a satisfacer las crecientes necesidades de recursos y a financiar formas innovadoras de salvar y mejorar vidas”[11].
Esta imagen pública de “multimillonario sensible y benefactor” contrasta claramente con la repugnancia que genera Elon Musk, otro magnate de la tecnología. Sin embargo, si rasgamos la superficie y miramos la realidad profunda, vemos que Bill Gates es un gran burgués que todo lo que hace es en función de sus intereses y en defensa del capitalismo imperialista.
Cuando era el dueño de Microsoft, la empresa fue acusada y enfrentó varios juicios por “prácticas de competencia desleales” y monopólicas[12]. Lo más importante, sin embargo, es que no tuvo ningún problema en utilizar la mano de obra semiesclava de la empresa Foxconn en China para fabricar sus productos a bajísimo precio y ganar fortunas con su venta en el mundo (es el segundo cliente después de Apple).
La propia fundación se maneja con criterios claramente burgueses: posee un capital de 50.000 millones de dólares que se invierte “con el único objetivo de maximizar el retorno sobre la inversión y no tener en cuenta los objetivos de la fundación. Como resultado, sus inversiones incluyen compañías que han sido criticadas por empeorar la pobreza en los mismos países en desarrollo donde la fundación está intentando reducirla. Entre estas empresas se incluyen compañías que contaminan fuertemente el medio ambiente y compañías farmacéuticas que no venden sus productos en los países en desarrollo”[13].
La verdad sobre el Bill Gates “vacunador”
El tema de las “compañías farmacéuticas” nos lleva de lleno al papel que cumple la Fundación Gates en la OMS, como principal aportante no gubernamental. Esta fundación tiene un peso decisivo en el Fondo de Acceso Global para Vacunas (Covax), que cobró un centralidad durante la última pandemia de Covid-19.
En 2021, las “compañías farmacéuticas” que ya habían desarrollado vacunas efectivas comenzaron a venderlas “a precio de oro” por el cobro del derecho de patente, un criterio capitalista aceptado internacionalmente. Solo podían comprarlas y las acaparaban las potencias económicas del mundo, y los países más pobres no podían hacerlo o solo podían adquirirlas en cantidades insuficientes.
India, Sudáfrica, Argentina y Brasil tenían la capacidad de fabricar las vacunas. India era realmente el principal productor mundial de vacunas pero igual tenía que pagar el derecho de patente y no tenía los fondos para comprar las vacunas que ellos mismos fabricaban y así proteger a su población.
En ese contexto, los gobiernos de India y Sudáfrica presentaron a la Organización Mundial del Comercio un pedido para que se hiciera “una exención del derecho de propiedad intelectual [patentes]” para las vacunas y medicamentos usados contra el Covid-19 hasta que terminara la pandemia. El pedido expresaba: “Una pandemia mundial no es momento para seguir haciendo negocios como de costumbre. No hay lugar para las patentes o el lucro empresarial mientras el mundo se enfrente a la amenaza de la COVID-19”[14].
Este pedido repercutió en la OMS, en especial en Covax que intentaba organizar una campaña mundial de vacunación. Algunos sectores de la OMS presentaron una propuesta “un poco más blanda” (una suspensión temporaria, de emergencia). En Covax, Bill Gates defendió a ultranza las patentes e impidió que apoyase ningún tipo de suspensión, tal como denunció la profesora Linsey McGoey (profesora de Sociología en la Universidad de Essex-Reino Unido en su libro sobre Bill Gates y la salud pública mundial titulado No Such Thing as a Free Gift: The Gates Foundation and the Price of Philanthropy (“Los regalos gratis no existen: la Fundación Gates y el precio de la filantropía”)[15]. Covax se limitó a decir que “espera poder comenzar a asignar vacunas a los países con ingresos bajos y medios en el primer trimestre de 2021”.
Detrás de su máscara hipócrita, a Bill Gates no le importó en absoluto que millones de personas siguieran muriendo de Covid-19 en los países más pobres. Lo esencial para él fue defender la propiedad privada y las ganancias de las “compañías farmacéuticas” en las que tiene fuertes inversiones y con las que está asociado. De modo cobarde, la OMS lo acompañó en silencio.
En su momento, la LIT-CI levantó la consigna de la ruptura inmediata de las patentes y propuso realizar una gran campaña de movilizaciones por ella, exigiendo a los gobiernos de los países que podían producir vacunas que lo hicieran sin tener que pagar nada por el uso de la fórmula[16].
El enojo de Trump con la OMS
Sin embargo, la decisión de Trump de retirar a EE.UU. de la OMS no tiene nada que ver con la profunda limitación del accionar de esta organización en el combate contra la pandemia de Covid-19 o el papel de Bill Gates sobre el tema de las patentes de las vacunas. Por el contrario.
La OMS caracterizó oficialmente la existencia de la pandemia el 1 de marzo de 2020. Expuso datos sobre el ritmo alarmante de contagio y propagación, así como por la gravedad de las consecuencias de la enfermedad.
En ese marco, expresó su “profunda preocupación por los niveles alarmantes de inacción” por parte de los gobiernos de todo el mundo[17]. En ese contexto, en tanto se desarrollasen vacunas efectivas y una campaña de vacunación masiva, recomendó tratamientos a las personas contagiadas y una serie de medidas para atenuar el ritmo de propagación. Entre ellas, la cuarentena y el aislamiento no solo de las personas infectadas sino, de modo preventivo, de las que habían tenido contacto con ellas y de los ámbitos en que se había producido algún caso. También recomendó la restricción a la circulación y la concentración de personas a aquellos casos en que fuera imprescindible, así como un distanciamiento entre ellos si debían hacerlo.
Muchos gobiernos comenzaron a adoptar estas medidas como de aplicación obligatoria. Pero ellas afectaban fuertemente la producción y el comercio capitalista y, con ello, las ganancias de la burguesía, por lo que pocos meses después pasaron a la hipócrita política de la “nueva normalidad”.
En su primera presidencia, Trump fue uno de los gobernantes que negó la existencia de la pandemia, a la que calificó de “una gripe grave”, y durante varios meses no adoptó ninguna medida. En especial, para defender los negocios de las empresas, se negó a aplicar las restricciones a la circulación y concentración de personas. Esto hizo que EE.UU. (uno de los países con mayores medios médicos y farmacéuticos del mundo) encabezara, durante muchos meses, el trágico ranking del número de contagiados que publicaba diariamente la OMS y que reproducían los medios de todo el mundo.
Enojado por la forma en que las estadísticas de la OMS exponían las consecuencias de su criminal política, ya en los primeros meses de la pandemia, Trump decidió “suspender el financiamiento de la OMS”. E intentó contraatacar acusando a la OMS de “mala gestión y encubrimiento de la expansión del coronavirus”[18].
Posteriormente, Trump cambió su política frente a la pandemia: comenzó a aplicar algunas de las medidas propuestas por la OMS y comenzó a comprar todas las vacunas contra el Covid-19 que ya producían las empresas estadounidenses, como Pfizer[19]. Pero no pudo cambiar la imagen “negacionista” ni las consecuencias de su criminal política que la OMS exponía con sus estadísticas.
Posiblemente ese fue uno de los factores más importantes que condujeron a que sea derrotado por Joe Biden en su intento de reelección a fínales de 2020. Ahora que ha vuelto a recuperar la presidencia, Trump “toma revancha” contra la OMS, a la que seguramente considera responsable de su derrota en 2020.
Un plan de ajuste
No obstante, las razones de Trump para retirarse de la OMS son mucho más profundas. El ahorro del dinero que hasta ahora aportaba EE.UU. en esa organización es parte de un fuerte plan de ajuste del presupuesto federal de este país y de la drástica reducción de gastos que Trump le ha encomendado elaborar a su amigo, el empresario Elon Musk.
Este ajuste es imprescindible desde el punto de vista burgués frente a la disminución de ingresos que representará la baja de impuestos a las empresas, ya anunciada por Trump. Musk, que permanentemente elogia el brutal ajuste realizado por el gobierno argentino de Javier Milei, ya ha avisado que la base mínima de ese ajuste será bajar 26% de los gastos[20].
Por eso, la salida de la OMS va acompañada del congelamiento de fondos y el posible cierre de la USAID (Agencia de EU.UU. para el Desarrollo Internacional), a través de la cual EE.UU. entregaba fondos a diversos países del mundo. Según los datos oficiales, en 2023 la USAID distribuyó un total de 42.000 millones de dólares “principalmente en el área de desarrollo económico y asistencia humanitaria”[21]. Elon Musk ha calificado públicamente a la USAID de “malvada” y “organización criminal”, mientras Trump expresó “no quiero que mis impuestos se destinen a esta basura”.
Pero el ajuste no se limita a estos gastos externos, sino afectará mucho los gastos sociales que se hacen a través de subvenciones y préstamos de distinto tipo a entidades e instituciones. Uno de los más golpeados será el sector de la salud pública. Pueden quedar paralizados los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Agencia Federal de Investigación Médica, y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), tal como denunció en su editorial la revista médica especializada The Lancet[22].
Uno de los más afectados va a ser el programa Medicaid. Para entender la importancia de este programa debemos recordar que Estados Unidos tiene uno de los sistemas de salud más caros y discriminatorios del mundo: es casi totalmente privado y lleva al extremo el criterio de la medicina como negocio.
Una consulta inicial con un médico de cabecera parte de un mínimo de 100 dólares, y de 300 con un especialista; una radiografía cuesta 500 dólares; una cirugía o un parto demandan varios miles. Lo mismo con las internaciones o los tratamientos prolongados. Todo esto sin hablar del precio de los medicamentos. Por ejemplo, hay familias que han debido vender su casa para pagar esos costosos tratamientos.
Un sector de la población cubre total o parcialmente esos costos a través de los seguros médicos que otorgan las empresas en que trabajan, y otro sector los contrata directamente con empresas privadas. Mientras, una parte importante (los sectores sociales más bajos) está totalmente desprotegido, sin ninguna cobertura o apenas las de las “clínicas comunitarias” de las barriadas más pobres.
Como un intento de atenuar esta situación, en 1965 un gobierno demócrata aprobó la ley que creó los programas Medicare (administrado por el Estado Federal) y Medicaid (administrado por cada uno de los Estados con apoyo financiero del gobierno federal). En 2010, el gobierno Obama fortaleció ambos programas a través de la ley de la Atención Médica Asequible (ACA), llamada Obamacare.
En 2024, Medicaid tuvo gastos totales por casi 840.000 millones de dólares[23]. Medicaid cubre la atención médica, los tratamientos y las internaciones de las personas mayores de 65 años y de los niños sin cobertura médica, de las personas discapacitadas y de aquellas familias con muy bajos ingresos. En resumen, para aumentar las ganancias de los empresarios de EE.UU., Trump y Musk ajustan sobre la salud y el hambre de los más pobres de EE.UU., y también del mundo.
Milei imita a Trump
Poco después, Javier Milei anunció que su gobierno también retiraría a la Argentina de la OMS. Importantes medios internacionales comentaron con ironía que “Milei imitaba a su ídolo”[24].
Las razones utilizadas fueron muy similares a las de Trump: “Milei tiene una posición muy crítica respecto de Tedros Adhanom [director general de la OMS desde 2017] y su actuación para enfrentar la pandemia de Covid-19, por las consecuencias que tuvieron las medidas aplicadas en todo el mundo […] como en el impacto negativo en la economía de los países…”[25]. Se refiere a las propuestas de cuarentena y restricción a la circulación que fueron aplicadas por el gobierno peronista de Alberto Fernández, en el país.
En este tema, Milei actúa con gran hipocresía. En todo el primer período de la pandemia (cuando todavía era un figura que recién aparecía en la política argentina), él no defendió una posición negacionista. Por el contrario, publicó un video apoyando la aplicación obligatoria de la cuarentena a los contagiados o con posibilidades de estarlo, incluso con el uso de la fuerza pública. Poco después, difundió una foto en la que recibía la vacuna contra el Covid[26]. Ahora que asumió el papel de “imitador” de Trump quiere “reescribir” esa parte de su historia.
Sin embargo, el contexto de esta salida de la OMS es mucho más profunda. El gobierno de Milei viene aplicando un feroz plan de ajuste de los gastos del Estado, reduciéndolo, cerrando reparticiones y empresas públicas o privatizándolas. Uno de los sectores más afectados es el de las instituciones que cumplen funciones sociales, como la salud pública. Así, ha atacado y amenaza con cerrar todas las instituciones que dependen del Ministerio de Salud de la Nación, como el Hospital Nacional de Pediatría «Prof. Dr. Juan P. Garrahan», el Hospital Nacional de Salud Mental “Lic. Laura Bonaparte” y el Hospital Nacional Posadas.
Otro brutal ataque es el hecho de que el PAMI (una obra social estatal que atiende la salud de los jubilados y pensionados) ha dejado de entregar medicamentos gratuitos a gran parte de sus casi cinco millones de afiliados, muchos de los cuales ya no pueden comprarlos. Por eso, el retiro de Argentina de la OMS «Es parte de una política cuyo objetivo final es que el Estado abandone las responsabilidades que todavía tiene en materia de salud”, como denunció el sociólogo argentino Gabriel Puricelli [27].
Aunque, tal como hemos visto, en este tema del ajuste y del ataque a la salud pública es el gobierno de Milei el que muestra el camino, y el de Trump, por intermedio de Elon Musk (gran admirador de Milei), el que intenta imitarlo.
Algunas conclusiones
Los gobiernos de Milei y de Trump han definido llevar delante de modo brutal y rápido un ataque frontal a la salud pública y a su financiamiento por parte del Estado burgués. Lo hacen por dos razones. Por un lado, para aumentar las ganancias de los empresarios a través de rebajarles los impuestos. Por el otro, para ir hasta el final con un proceso que ya lleva décadas: la transformación de la salud pública en un gran negocio privado de los centros médicos y prestadores de salud, de los grandes laboratorios, de los fabricantes de tecnología con fines medicinales, y de los intermediarios como las aseguradoras de salud.
La mayoría de los gobiernos llevan adelante esta misma política, pero lo hacen de modo más lento e intentando disimular sus objetivos y sus resultados en el deterioro de la atención de salud a los trabajadores y las masas. Por ejemplo, lo que sucede en varios países europeos centrales que tenían sistema de salud pública muy fuertes, como Francia y Gran Bretaña[28]. La OMS aparece como una defensora de la salud pública pero, en última instancia, es parte de este operativo de “cámara lenta” y disimulo, ya que como vimos, siempre acaba defendiendo los intereses de la “burguesía de la salud” y sus ganancias.
Los trabajadores y las masas debemos enfrentar con lucha estos planes de Milei y de Trump que llevan a la destrucción total de la salud pública. En Argentina, han comenzado a hacerlo. Por ejemplo, en la defensa del Hospital Bonaparte, el Garrahan y el Posadas[29]. Es necesario coordinar estas luchas, rodearlas de solidaridad, y unificarlas con las otras luchas que están dando los trabajadores contra otras consecuencias del ataque del gobierno de Milei, como los despidos en el sector privado. Una necesidad similar se plantea en EE.UU. contra los ataques del gobierno Trump.
Pero debemos ser conscientes de que el tema de la salud pública es mucho más profundo. El capitalismo aumenta cada vez las enfermedades y el deterioro de la salud de los trabajadores, con la destrucción de la naturaleza, el aumento de la pobreza y del hambre, y el endurecimiento creciente de las condiciones laborales. Al mismo tiempo, reduce cada vez más la atención estatal de la salud pública o directamente quiere eliminarla. La última pandemia fue un ejemplo de las penurias y sufrimientos de los trabajadores en este marco.
Frente a la pandemia, en esta página fuimos presentando una serie de propuestas para lograr una salud pública gratuita y universal para los trabajadores[30]. Estas propuestas mantienen hoy toda su vigencia. Algunas de las principales medidas son la ruptura de los derechos de patente de los conglomerados farmacéuticos y de los fabricantes de tecnología médica, que el Estado expropie todas estas empresas privadas y que se aplique un plan de salud gratuita y universal, centralizado y garantizado por el Estado.
Ningún gobierno de la burguesía (sea del color que sea) está dispuesto a llevar adelante estas medidas, ni siquiera lo hicieron en las condiciones de emergencia de la pandemia. Para que ese plan pueda ser aplicado es necesario que los trabajadores y las masas realicen una revolución e instalen su propio gobierno. Las experiencias que en el pasado se desarrollaron en los ex Estados obreros, como la Unión Soviética y Cuba, y el impresionante desarrollo que tuvieron en su salud pública gratuita y universal muestran que esto es posible[31].
Lo será mucho más si esa revolución se extiende hacia el mundo, en especial a los países más desarrollados. Así será posible la elaboración y la aplicación de un plan mundial de salud pública. Algo así como una OMS al servicio de las necesidades de los trabajadores y los pueblos.
[1] https://www.who.int/es/about/who-we-are
[2] Ver https://litci.org/es/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19/?utm_source=copylink&utm_medium=browser y
[3] https://litci.org/es/la-verdadera-cara-de-la-nueva-normalidad/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[4] https://es.statista.com/estadisticas/601168/gastos-totales-de-la-organizacion-mundial-de-la-salud-1995/
[5] https://www.saludyfarmacos.org/lang/es/2016/09/15/alertan-sobre-el-aumento-de-las-donaciones-de-la-industria-farmaceutica-a-la-oms/
[6] ¿Qué es GAVI, la Alianza para la Vacunación? – El Orden Mundial – EOM
[7] https://www.forbes.com/profile/bill-gates/?list=rtb
[8] Cuál es el verdadero motivo por el que Bill Gates dejó Microsoft – GENTE Online
[9] https://www.genbeta.com/actualidad/multimillonarios-como-bill-gates-tienen-claro-que-haran-su-herencia-no-dejarsela-a-sus-hijos
[10] https://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/mundo/2024/11/11/bill-gates-insiste-en-mas-impuestos-a-los-ricos_c2ec78e0-5a9a-4729-bf8b-0d32e54227f0.html#:~:text=Ya%20en%202019%2C%20Gates%20hab%C3%ADa,de%20lo%20que%20pagan%20actualmente%22.
[11] https://www.gatesfoundation.org/es-es/ideas/articles/2024-gates-foundation-annual-letter
[12] https://www.diariojudicial.com/news-1748-el-fallo-en-el-juicio-us-v-microsoft-y-ahora-que
[13] https://www.swissinfo.ch/spa/politica/tiene-bill-gates-demasiada-influencia-en-la-oms/46588758
[14] https://www.msf.es/noticia/india-y-sudafrica-piden-que-no-haya-patentes-medicamentos-ni-herramientas-covid-19-durante
[15] Citado en el artículo de la referencia 13.
[16] https://litci.org/es/paremos-el-genocidio-ruptura-inmediata-de-las-patentes-de-las-vacunas/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[17] https://www.paho.org/es/noticias/11-3-2020-oms-caracteriza-covid-19-como-pandemia
[18] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52289020
[19] https://elpais.com/internacional/elecciones-usa/2020-12-08/trump-firma-una-orden-ejecutiva-para-dar-prioridad-a-los-estadounidenses-en-la-vacunacion.html
[20] https://www.cronista.com/usa/economia-y-finanzas/el-primer-despedido-elon-musk-reconocio-su-derrota-y-admitio-no-podra-cumplir-lo-que-le-prometio-donald-trump-fui-demasiado-optimista/
[21] https://cnnespanol.cnn.com/2025/02/04/latinoamerica/usaid-paises-america-latina-orix
[22] https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(25)00237-5/fulltext?dgcid=tlcom_carousel1_eds25_lancet
[23] https://es.statista.com/estadisticas/598544/prevision-gasto-total-medicaid-en-estados-unidos/
[24] https://www.dw.com/es/argentina-dejar%C3%A1-la-oms-milei-est%C3%A1-haciendo-m%C3%ADmica-de-trump/a-71533432
[25] https://www.infobae.com/politica/2025/02/06/javier-milei-prepara-una-denuncia-contra-el-jefe-de-la-oms-por-delitos-de-lesa-humanidad-cometidos-durante-la-pandemia/
[26] Se viralizó un video de Milei en el que apoyaba el aislamiento por el Covid-19 – LA NACION
[27] Ver referencia 24.
[28] https://litci.org/es/la-lucha-por-la-salud-en-francia/?utm_source=copylink&utm_medium=browser y
[29] https://www.youtube.com/watch?v=2IBOP6LNy8k&t=8s
[30] https://litci.org/es/a-un-ano-de-la-pandemia-mas-que-nunca-sanidad-100-publica-2/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[31] https://litci.org/es/por-que-cuba-logra-frenar-la-expansion-del-coronavirus/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
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¡Fortalezca las movilizaciones en las calles!


Por Christine Marie
En un tiempo increíblemente corto, la presidencia Trump-Musk ha cumplido su promesa de comenzar a desmantelar los elementos del Estado que consideran superfluos para el beneficio privado y la expansión imperialista. Esto ha resultado ser casi cualquier servicio gubernamental que los trabajadores han arrebatado a las élites para tratar de estabilizar su nivel de vida y su bienestar.
En poco tiempo, la nueva administración ha utilizado nombramientos de jefes de gabinete y agencias, órdenes ejecutivas ilegales, degradaciones y despidos racistas y sexistas, así como la engañosa operación DOGE, que está desatando hackers en los servidores del gobierno, para destruir el gasto y la actividad en apoyo de la salud, la educación, la protección del medioambiente, el cuidado de niños, el cuidado de ancianos, la justicia reproductiva, la investigación científica básica y la implementación de más de un siglo y medio de medidas de derechos civiles ganadas por las luchas.
Por el camino, están intentando romper contratos laborales, dispersar a las plantillas financiadas con dinero federal y aterrorizar a la ya vulnerable pueblo inmigrante con deportaciones dramáticas.
Como era de esperar, hay razones por creer que ni el Congreso ni los tribunales intenten erigir serios obstáculos a la creciente afirmación del poder ejecutivo de Trump. Y por si acaso lo hacen, el secretario de Defensa, James Mattis, ha eliminado del Pentágono a los generales que podrían oponerse al despliegue de tropas estadounidenses en tierras domesticas o para invadir a Groenlandia o Panamá.
La resistencia está creciendo
Ante esta terrible situación, el movimiento para obstruir el avance hacia el autoritarismo está creciendo. Decenas de miles de personas se han unido en protestas de un lado del país al otro, en ayuntamientos y en centros urbanos, frente a agencias federales, en las oficinas de los miembros del Congreso y en concesionarios de Tesla, dejando claro que están dispuestos a luchar. Sus pancartas se oponen a los ataques de Trump a los derechos democráticos, a los derechos LGBTQI y a los sindicatos. Se oponen al gobierno de los multimillonarios.
La mayoría de estas acciones han sido organizadas por formaciones liberales, como Indivisible, que llevan mucho tiempo operando dentro de un entorno más amplio del Partido Demócrata. Han conseguido un amplio alcance en un sector de la población que parece ansioso por manifestarse y expresar su disconformidad.
Al mismo tiempo, los más perjudicados se han organizado. Los trabajadores inmigrantes han demostrado su valentía en marchas callejeras y a través de redes de respuesta rápida que han impedido con éxito las redadas de la migra. También ha aumentado el número de acciones en defensa del derecho de las personas trans a la atención sanitaria y a la plena participación en la vida pública. Trabajadores federales de todo tipo han protestado frente a sus lugares de trabajo en Washington, DC, ondeando carteles sindicales y pancartas en defensa de su trabajo.
A medida que más y más trabajadores comprendan la realidad del plan presupuestario federal aprobado por Trump, un plan que seguramente incluirá unos 880 000 millones de dólares en recortes a Medicaid, el robo de fondos de la Seguridad Social, un aumento del gasto en guerras y recortes fiscales masivos para los ricos, existe la posibilidad de organizar manifestaciones en más zonas y de mayor tamaño.
Estas movilizaciones tienen la capacidad de ampliar significativamente el alcance de la población que se involucra, al tiempo que aumentan el número de trabajadores que se suman a la acción. Para lograrlo, los organizadores suelen reunirse en persona y planificar un seguimiento deliberado y propaganda consciente para el público. Hoy en día, esto podría incluir a militantes sindicales que quieren conseguir la participación de sus sindicatos locales, jóvenes formados en las tareas de solidaridad con Palestina, grupos religiosos arraigados en el activismo por la justicia social, activistas del medioambiente e indígenas, y organizaciones populares arraigadas en la comunidad negra.
Los esfuerzos para ampliar las protestas podrían consolidarse con reuniones abiertas, inclusivas y gestionadas democráticamente. Cada nueva reunión podría atraer a personas no organizadas anteriormente y proporcionar el espacio para que los recién radicalizados asuman funciones de liderazgo.
Este ritmo, que crea nuevos espacios abiertos y democráticos en lugar de utilizar formaciones ya existentes asociadas a la política electoral, es importante por otra razón: millones y millones de personas que querrán protestar han quedado profundamente decepcionadas tanto con el partido demócrata como con el republicano, y llevan mucho tiempo decepcionadas. Ellos no confían en las organizaciones porque tienen miedo de que sean descartados principalmente como un voto en las elecciones de mitad de mandato. Ellos quieren dar forma a la política del movimiento.
Es razonable esperar que los trabajadores que se sienten inspirados a actuar en respuesta al fiasco del presupuesto federal quieran que las futuras manifestaciones hablen claramente de sus necesidades más inmediatas de ingresos adecuados y viviendas asequibles, necesidades que a menudo se resumen en el eterno eslogan «dinero para las necesidades humanas, no para la guerra».
Este tipo de organización puede aumentar exponencialmente nuestra capacidad de contraatacar, avanzando hacia un momento en el que la oposición al impulso de Trump y Musk hacia el autoritarismo pueda ser reconocido como su propio movimiento por nuestros compañeros de trabajo y vecinos. Es lo que necesitaos para derrotar a los multimillonarios y preservar el espacio político en el que los trabajadores radicalizados pueden organizarse para un cambio social aún más fundamental.
La historia demuestra que para derrotar a la extrema derecha, hay que hacer mucho más que simplemente aumentar el tamaño del movimiento de protesta. También es necesario que el movimiento eche raíces profundas entre la clase trabajadora. Cuando los políticos de las grandes empresas ven protestas cuyos manifestantes y líderes trabajan todos los días para mantener las luces encendidas, los estantes de las tiendas llenos, los camiones y trenes en movimiento y el ejército marchando, se preocupan por su capacidad para mantener su dominio de clase. En la medida en que los trabajadores y sus sindicatos y organizaciones comunitarias asuman un papel importante en el movimiento, expresando su solidaridad con todos los oprimidos al tiempo que plantean sus propias reivindicaciones, el movimiento ganará influencia para forzar concesiones de la clase dominante.
Se puede construir un movimiento de masas para forzar la retirada de los políticos de extrema derecha, los jefes de empresas multimillonarias y otros miembros de la clase capitalista cuyas políticas nos están llevando a la catástrofe. Si te interesa estudiar la historia de nuestras victorias y derrotas pasadas en la batalla contra el autoritarismo y el capitalismo y trabajar para aplicarlas, únate ya a La Voz de los Trabajadores.
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El activista pro-palestino Michael Pröbsting condenado por «apoyar el terrorismo»

Por RCIT
El activista solidario pro-palestino Michael Pröbsting, que también es el secretario internacional de la Revolutionary Communist International Tendency (RCIT), ha sido condenado a seis meses de prisión condicional en un juicio celebrado en Viena (Austria). Fue acusado de «aprobación e incitación a cometer delitos terroristas».
Poco después del 7 de octubre de 2023, varias fuerzas proisraelíes en Austria presentaron una denuncia penal contra Michael, basada en la «sospecha de incitación a cometer delitos terroristas y aprobación de delitos terroristas de conformidad con el párrafo 282a, sección 2, del Código Penal».
El motivo de la denuncia penal fue un párrafo de la declaración de la RCIT, emitida el 7 de octubre de 2023, que se había distribuido como folleto en alemán y árabe en las manifestaciones de Viena: «La RCIT reitera que mientras exista el Estado sionista, los palestinos seguirán sufriendo el terrorismo de Estado. Por eso defendemos la perspectiva socialista de una Palestina democrática y roja. Apoyamos la lucha por la destrucción del Estado sionista y el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos.» («¡Es hora de expulsar a los ocupantes!», https://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/fifth-gaza-war-support-the-heroic-palestinian-resistance/)
Este folleto sí que causó un escándalo público, ya que un tabloide publicó un artículo histérico al respecto y un concejal liberal de la ciudad llamó a las autoridades para que actuaran contra el RCIT. (Véase: Austria: Tabloid Attacks RCIT for «Open Call for Violence against Israel», https://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/austria-tabloid-attacks-rcit-for-open-call-for-violence-against-israel/)
Como consecuencia de la denuncia penal, Michael fue citado a la sede de la policía de Viena, donde se le preguntó sobre sus opiniones políticas sobre la guerra de Gaza y la cuestión palestina en general, así como sobre sus actividades políticas.
Aunque la Fiscalía de Viena retiró posteriormente esta denuncia, presentó otra basada en una declaración en vídeo de Michael que había publicado el 7 de octubre de 2023 y en la que manifestaba su apoyo a la resistencia armada del pueblo palestino.
El 2 de mayo tuvo lugar un juicio en el Tribunal Regional de Viena. Durante el proceso, que duró casi dos horas y media, Michael hizo hincapié en la naturaleza profundamente política del proceso. Su único delito fue haber expresado su apoyo a la legítima resistencia armada del pueblo palestino contra las fuerzas de ocupación israelíes y su rechazo al Estado sionista. Dijo que la acusación demuestra hasta qué punto el apoyo al Estado terrorista israelí se extiende en los círculos dirigentes de la política y la fiscalía.
Concluyó su discurso de clausura con las siguientes frases (que también se citan en algunos medios de comunicación): «Estamos viviendo un momento histórico de gran importancia. Mientras tiene lugar uno de los peores genocidios de la historia reciente, está surgiendo en todo el mundo un enorme movimiento de solidaridad con el pueblo palestino, que recuerda al de 1968. Yo y muchos otros que consideramos legítima la resistencia palestina estamos en el lado correcto de la historia. Ustedes, señor juez y señora fiscal, están hoy aquí para juzgarme. Pero ustedes también deciden cómo los juzgará la historia.»
Sin embargo, Michael recibió una sentencia suspendida de seis meses de prisión. Esta sentencia fue confirmada en una audiencia de apelación en el Tribunal Regional Superior el 21 de agosto. Finalmente, no se admitió otra apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En febrero de este año, la Dirección General de Justicia y Consumidores de la Comisión Europea informó a Michael de que no existen fundamentos jurídicos para tal procedimiento, ya que la sentencia del tribunal austriaco «no contradice la legislación de la UE». Por lo tanto, la sentencia es legalmente válida.
El caso de Michael fue ampliamente difundido en los medios de comunicación austriacos y de Oriente Medio. Numerosas organizaciones, diputados parlamentarios y activistas mostraron su solidaridad (véanse varios informes y enlaces aquí, https://www.thecommunists.net/rcit/petition-no-to-criminal-complaint-against-pro-palestine-activist-michael-proebsting).
Esta decisión no es una sorpresa. La política pro-sionista de represión contra los activistas solidarios con la resistencia palestina no se limita a Austria, sino que domina en la mayoría de los países europeos. El objetivo de la élite gobernante es criminalizar la solidaridad con la resistencia palestina e intimidar a los activistas. Sin embargo, ¡no lo conseguirán! ¡La lucha del pueblo palestino continúa, y también nuestra solidaridad!
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¡Liberen al activista palestino Mahmoud Khalil!


Por ERWIN FREED
En la tarde del 8 de marzo, agentes de la migra arrestaron al activista palestino y académico afiliado a la Universidad de Columbia, Mahmoud Khalil. Esto representa la última escalada cualitativa en una represión general de las libertades civiles que se aceleró durante la administración Biden y que ahora está siendo llevada al extremo por el movimiento MAGA. El presidente Trump ha declarado que el arresto de Khalil fue «el primero de muchos por venir».
Según los documentos judiciales, Khalil y su esposa fueron confrontados por agentes de la migra vestidos de civil cuando la pareja regresaba a su alojamiento, propiedad de la universidad. Durante el proceso de arresto, la abogada de Khalil pidió a la policía por teléfono que le enviara por correo electrónico una copia de su orden judicial; en ese momento, el agente especial Elvin Hernández colgó.
Khalil fue secuestrado por las autoridades de inmigración a pesar de ser un residente permanente reconocido y titular de una tarjeta verde y de no estar acusado de ningún delito. La base legal para la detención de Khalil parece ser la Ley McWarran-Walter de 1952, que otorga al Departamento de Estado la capacidad de revocar las visas de los «subversivos». No está claro cómo se aplica esto a Khalil. Según el Forward, la Ley «se entendió ampliamente en el momento [de su firma] como dirigida a los supervivientes judíos del Holocausto de Europa del Este sospechados de ser agentes de la URSS».
Inicialmente, tras su arresto, Khalil desapareció. Nadie, ni siquiera su esposa o sus abogados, pudo obtener una respuesta del gobierno sobre su condición por casi dos días. Por el momento, parece que se encuentra recluido en el Centro de Procesamiento de ICE de Jena, Luisiana. El centro de detención está gestionado por la infamosa empresa privada GEO Group, y hay denuncias constantes de abusos sexuales y torturas en sus instalaciones. Los abogados de Khalil han presentado una petición para que sea devuelto a la ciudad de Nueva York.
El lunes 10 de marzo por la tarde, Jesse Furman, juez de distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, emitió una declaración en la que bloqueaba la deportación de Khalil y fijaba una cita en la corte para el miércoles 12 de marzo.
Una campaña de acoso
Mahmoud Khalil se vio atrapado en el punto de mira de una campaña sionista que utilizaba el «antisemitismo» como arma para atacar al movimiento de solidaridad con Palestina. En los días previos a su detención, Khalil fue objeto de una campaña de doxxing maliciosa, y los provocadores sionistas incluso se reunieron con los senadores Ted Cruz y John Fetterman para exigir su deportación.
Solo un día antes de ser detenido por el ICE, Khalil envió un correo electrónico a la presidenta interina de Columbia, Katrina Armstrong, solicitando el apoyo de la universidad ante una intensa campaña de acoso y el temor de una posible acción de inmigración ilegal en su contra.
«Desde ayer», escribió, «he sido objeto de una campaña de doxxing despiadada, coordinada y deshumanizadora dirigida por los afiliados de Columbia Shai Davidai y David Lederer, quienes, entre otros, me han tachado de amenaza para la seguridad y han pedido mi deportación. […] Sus ataques han incitado una ola de odio, que incluye peticiones de deportación y amenazas de muerte. […] Columbia no ha proporcionado ningún apoyo o recurso significativo en respuesta a esta amenaza creciente. … No he podido dormir, por temor a que el ICE o un individuo peligroso pueda venir a mi casa. Necesito urgentemente apoyo legal, y le insto a que intervenga y proporcione las protecciones necesarias para evitar más daños».
Ese mismo día, Trump anunció que su administración cancelaba 400 millones de dólares de financiación a Columbia por la afirmación completamente infundada de que la universidad no había «protegido a los estudiantes judíos del acoso», según The New York Times. Más tarde, el 10 de marzo, el Departamento de Educación de EE. UU. amenazó con sanciones a unas 60 facultades y universidades adicionales por supuestamente no proteger a los estudiantes judíos contra el antisemitismo.
La respuesta del movimiento ha sido rápida. Tan pronto como se hizo pública la noticia de la detención de Khalil, los activistas lanzaron una petición en línea, que rápidamente obtuvo cientos de miles de firmas. En el momento de redactar este informe, la petición cuenta con más de 1,6 millones de apoyos. Se están organizando manifestaciones de emergencia en todo el país para exigir la liberación inmediata de Khalil. Miles de personas acudieron a una movilización de urgencia en la ciudad de Nueva York el lunes 10 de marzo. Estudiantes activistas de todo el mundo están respondiendo a la convocatoria de un día nacional de acción para el martes 11 de marzo.
MAGA a la ofensiva contra los derechos constitucionales
La administración Trump ha abandonado cualquier pretensión de defender los derechos constitucionales. En una completa afrenta al debido proceso, ni el abogado de Khalil ni nadie más ha sido informado de qué cargos específicos, si es que hay alguno, alega el gobierno contra Mahmoud. En lugar de siquiera la formalidad de una orden judicial, todo el gobierno federal está declarando y en las redes sociales que Khalil es culpable hasta que se demuestre su inocencia.
Según un funcionario de la Casa Blanca entrevistado por The Washington Post, el secretario de Estado, Marco Rubio, participó directamente en el intento de revocar la tarjeta verde de Khalil. El domingo 9 de marzo, Rubio tuiteó desde su cuenta personal un enlace a un artículo de Associated Press sobre la detención de Khalil con la declaración: «Revocaremos los visados y/o las tarjetas verdes de los partidarios de Hamás en Estados Unidos para que puedan ser deportados».
La cuenta oficial «X» del Departamento de Seguridad Nacional también emitió un comunicado de prensa el domingo: «El 9 de marzo de 2025, en apoyo de las órdenes ejecutivas del presidente Trump que prohíben el antisemitismo, y en coordinación con el Departamento de Estado, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. arrestó a Mahmoud Khalil, un exestudiante graduado de la Universidad de Columbia. Khalil dirigió actividades alineadas con Hamás, una organización terrorista designada. El ICE y el Departamento de Estado están comprometidos con hacer cumplir las órdenes ejecutivas del presidente Trump y proteger la seguridad nacional de EE. UU.
La declaración del DHS se hizo eco del mensaje de Trump en Truth Social, donde dijo en parte: «El ICE ha detenido con orgullo a Mahmoud Khalil, un estudiante extranjero radical pro-Hamás en el campus de la Universidad de Columbia. Este es el primer arresto de muchos por venir. Sabemos que hay más estudiantes en Columbia y otras universidades del país que han participado en actividades proterroristas, antisemitas y antiamericanas, y la Administración Trump no lo tolerará. Muchos no son estudiantes, son agitadores a sueldo».
En conjunto, estas y otras declaraciones similares utilizan palabras de moda desgastadas por el tiempo y temores racistas que se inculcan constantemente a la población estadounidense. Como comentamos en un artículo anterior, el gobierno de EE. UU. trabaja a todos los niveles para crear amenazas fabricadas a partir de las cuales luego pueden afirmar que «protegen» a los ciudadanos.
No hay ninguna prueba de que Khalil, líder del movimiento de solidaridad con Palestina en Columbia y negociador principal entre el movimiento y la administración, sea antisemita o «pro-Hamas». Lo que realmente buscan los jefes de MAGA no es proteger a nadie, sino llevar a cabo una campaña mediática para confundir y desorientar a los posibles partidarios de las libertades civiles.
Es importante reconocer estas maniobras propagandísticas y legales. Son la punta de lanza de un intento bipartidista en curso para silenciar los movimientos sociales mediante la intimidación, la vigilancia masiva y, de hecho, el chantaje contra los activistas. La clase dirigente está tratando de crear una situación en la que cualquiera pueda ser identificado directamente por el presidente como «enemigo», «provocador» o agente extranjero. Todo esto también tiene el efecto de hacer retroceder la idea fundamental de que uno es «inocente hasta que se demuestre lo contrario».
El Estado también está acelerando la extensión de las tecnologías de vigilancia de Biden contra el movimiento de solidaridad con Palestina. El Departamento de Estado de Rubio inició recientemente un programa titulado «Capturar y Revocar» que utiliza la IA para rastrear las redes sociales y la prensa con el fin de identificar a los titulares de visados que critican a Israel. Este programa es la última etapa del uso de la vigilancia masiva para silenciar políticamente a las comunidades oprimidas y a las personas que plantean oposición política al imperialismo estadounidense y al genocidio de Israel.
Guerra de Estados Unidos contra Palestina: el frente universitario
La detención de Mahmoud Khalil es la última entrada en una lista aparentemente interminable de actos de vigilancia, montajes y acoso policial contra las comunidades árabes y musulmanas en Estados Unidos y en todo el mundo. Al mismo tiempo, es importante reconocer los contextos específicos de las universidades nacionales en general y de Columbia en particular. Desde la represión impuesto por el liberal Clark Kerr contra el movimiento por la libertad de expresión en la Universidad de California en Berkeley en 1964 hasta el grupo de trabajo nacional de la administración Biden destinado a reprimir el actual movimiento de solidaridad con Palestina, existe una larga y violenta historia de imperialismo estadounidense que tiene como objetivo las universidades para acabar con la disidencia.
Biden preparó el escenario para la escalada de Trump contra el movimiento de solidaridad con Palestina y, por extensión, contra todos los movimientos sociales y el pensamiento independiente. Al fin y al cabo, fue la administración Biden la que llevó a cabo los juicios espectáculo de los rectores universitarios la primavera pasada. Los políticos del Partido Demócrata a nivel estatal introdujeron una nueva legislación que equipara las críticas a Israel con el «antisemitismo», a menudo con el pretexto de combatir el «discurso del odio».
Ahora, después de colaborar con las fuerzas del orden, las agencias de inteligencia y las organizaciones privadas sionistas de «seguridad» para desbaratar el movimiento, Trump amenaza a los administradores universitarios con la pérdida de financiación si se salen de la línea. La ironía es que la administración de la Universidad de Columbia ha estado a la vanguardia de la represión administrativa y policial directa contra el movimiento de solidaridad con Palestina. En el período previo a la detención de Khalil, al menos tres activistas fueron expulsados de la universidad, las primeras expulsiones de este tipo en 50 años. Uno de los estudiantes expulsados se enfrentó a medidas disciplinarias por una protesta que tuvo lugar casi un año anterior.
¡Libertad de expresión! ¡No a las deportaciones!
La respuesta del movimiento a la detención de Khalil es absolutamente esencial tanto para asegurar su libertad como para nuestra capacidad de denunciar los crímenes del imperialismo estadounidense en el país y en el extranjero. Los derechos básicos de libertad de expresión, pensamiento y reunión son derechos ganados con esfuerzo y mantenidos a través de una lucha vigilante. El apoyo a la libertad de expresión es una de las piedras angulares positivas de la sociedad estadounidense; es una creencia profundamente arraigada en la gran mayoría de los residentes de Estados Unidos. Debemos oponernos enérgicamente a la utilización de las autoridades de inmigración para atacar a los activistas mediante manifestaciones masivas.
Las respuestas inmediatas del movimiento que exige la liberación inmediata de Khalil son un primer paso importante. Es absolutamente necesario convocar un día de acción nacional. Al mismo tiempo, el ataque de Trump al movimiento de solidaridad con Palestina va mucho más allá de Columbia o incluso de los campus universitarios. Estos son los espacios y el movimiento en los que están poniendo a prueba qué tipo de acciones estatales y retrocesos de los derechos democráticos podrían ser posibles hoy en día.
No podemos ceder ni un ápice ante las fuerzas antidemocráticas de la clase dirigente. Los trabajadores de todos los sectores tienen la responsabilidad de solidarizarse con Mahmoud Khalil. Estos esfuerzos están empezando a unirse a través de la jornada de acción del martes, pero para construir el movimiento que realmente pueda hacer frente a la represión estatal, lo que se necesita es una coordinación nacional a través de asambleas y conferencias democráticas que reúnan a todas las fuerzas antirrepresivas en un frente unido.
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“Aún estoy aquí”: el papel de la memoria en el “hacer de la Historia”

Por Wilson Honório da Silva
Para comenzar, hay que decir que, por diversos motivos, este es uno de esos textos que “cobraron vida propia”, habiendo sido ya escrito, reescrito y casi publicado tantas veces desde noviembre. Golpear el martillo ahora, obviamente, tiene que ver con que Fernanda Torres fuera premiada como Mejor Actriz de Película Dramática, en la famosa ceremonia de los Globos de Oro, por su impresionante interpretación de Eunice Paiva, en el filme dirigida por Walter Salles.
Esta introducción es necesaria porque, como verán, el artículo no tiene como objetivo principal rendir homenaje a Fernandinha y su indiscutible talento ni hablar del premio en sí, aunque, creo, es necesario hacer algunos comentarios iniciales sobre estos temas, ya que el reconocimiento a la institución que representa a la prensa extranjera en Hollywood dice mucho, tanto de la película como de su importancia en el momento actual.
Un premio contra el miedo
En su discurso de agradecimiento, una visiblemente emocionada Fernanda Torres no ocultó su sincera sorpresa al recibir el premio teniendo una verdadera constelación de estrellas de Hollywood como competidoras –Angelina Jolie, Nicole Kidman, Tilda Swinton, Kate Winslet y Pamela Anderson–, dedicándolo a su madre, Fernanda Montenegro, quien compitió por la misma estatuilla, hace 25 años, por su magistral desempeño en “Central do Brasil” (1999), también dirigida por Walter Salles.

Sin embargo, para mí, la parte más significativa de su breve discurso fue la que tocó lo que creo que es la esencia de la película y, en cierto modo, está en el centro de lo que quería discutir desde el primer borrador.
Esta es una prueba de que el Arte puede sobrevivir en la vida, incluso en tiempos difíciles, como los que atravesó Eunice Paiva. Con tantos problemas en el mundo hoy, tanto miedo, esta es una película que nos ayudó a pensar cómo sobrevivir en tiempos difíciles como estos, dijo Fernanda Torres, estableciendo un puente entre el pasado y el presente, entre el Arte y la Historia, entre el posicionamiento político, el hacer artístico y las elecciones personales.
Para continuar, inmediatamente, tengo que confesar que soy bastante reacio a este tipo de premios. Del mismo modo que soy incapaz de responder objetivamente a esas listas con “las diez mejores películas, canciones, libros, etc.” o me mantengo alejado del ambiente de “fanáticos del Mundial” cada vez que una producción brasileña compite por algo “ahí fuera”.
Digo esto porque, convencido de que son las “cosas del mundo” y las dinámicas de la lucha de clases y los conflictos sociales que reverberan en todos los aspectos de la vida, creo que es necesario ir más allá de la pura subjetividad para comprender el impacto que “Aún estoy aquí” está teniendo en todo el mundo y, particularmente, en Estados Unidos. Algo que tiene mucho que ver con los “tiempos difíciles” mencionados por Fernanda.
Al fin y al cabo, aquí en el Brasil no cualquier producción tiene capacidad de llevar más de tres millones de espectadores a los cines. Y es innegable (y debe ser saludado…) el hecho de que esto suceda teniendo como “telón de fondo” no sólo el período Bolsonaro, sino principalmente su continuidad, a través de una ultraderecha que no se cansa de dar señales de vida, influyendo incluso en las posturas y políticas del gobierno actual.
En Estados Unidos, la ceremonia de premiación tuvo lugar en vísperas del regreso del repugnante Donald Trump a la presidencia y en un contexto en el que Hollywood y la industria del entretenimiento norteamericana se han visto obligados a “reinventarse”, principalmente después de la avalancha de escándalos y acusaciones que recorre Hollywood y su entorno, particularmente desde que el movimiento “Me Too” [Yo También], en 2017, expuso la naturalización del asedio y la violencia sexual en los bastidores de las producciones artísticas en el país.
Recordar esto es importante porque es necesario que se sepa que la historia reciente de los “Globos de Oro” estuvo profundamente impactada por las múltiples ramificaciones de este proceso que, abierto por las mujeres, fue ampliado por LGBTI+, negros(as), latinos(as) y otros sectores marginados de la sociedad.
Hasta 2021, el galardón era otorgado por la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood (HFPA) y era considerado uno de los más prestigiosos del mundo, sirviendo como contrapunto “cultural y artístico” a la celebración taquillera, representada por los Oscar. Una historia que desgraciadamente se vino abajo cuando salió a la luz que no había ni una sola persona negra entre los 87 votantes de la HFPA y que, además, muchos de ellos recibieron “mimos” de los estudios para definir sus votos.
Después de esto y, también, de enfrentar el boicot de varios artistas (algunos de ellos incluso devolviendo premios recibidos en años anteriores), en 2023, la premiiación sufrió una completa reestructuración, ejemplar, dígase de paso, de los tiempos neoliberales en los que vivimos: la HFPA fue disuelta y una empresa privatizó la premiación, creando la “Globe Golden Foundation” y pasando a invertir en la “diversidad”.
Hoy, el jurado está compuesto por 334 periodistas especializados en entretenimiento, de 85 países (25 de ellos brasileños), con 47% de mujeres y 60% de diversidad racial y étnica (26,3% latinos, 13,3% asiáticos, 11% negros y 9% personas de Medio Oriente).
En este contexto, está claro que, además de la intensa campaña de promoción que están llevando a cabo la familia Salles y la Globo (productora de la película), “Aún estoy aquí” despertó simpatías, particularmente entre aquellos y aquellas que están mínimamente en sintonía con la encrucijada en la que vivimos y vio la posibilidad del destaque que otorga la premiación como una forma de enviar un mensaje a los conservadores, reaccionarios y xenófobos de turno.
Algo que también podría volver a ocurrir en los Oscar, a principios de marzo. Pero esto, de ninguna manera, quita mérito al premio de Fernanda. Y mucho menos lo que hace de “Aún estoy aquí”, en mi opinión, una película fundamental para ayudarnos a pensar en los tiempos difíciles que vivimos.
Recordar para que no se repita
Además de ser una película hermosa y muy bien realizada, “Aún estoy aquí” merece y necesita ser vista principalmente por lo que es su esencia: la denuncia del profundo e irreparable dolor causado por el régimen militar instaurado en 1964 y la lucha, aún necesaria, por el rescate de la memoria, de la justicia y de la verdad en relación con todos y todas que fueron victimizados, directa e indirectamente, por la dictadura. Un proceso que implica, para empezar, el castigo a los agentes del régimen.
Una necesidad cuya importancia quedó nuevamente expuesta por el intento de golpe planeado por Bolsonaro, militares y políticos que no son más que excrecencias remanentes del régimen militar, pero que también se reafirma cada segundo que uno de los ex agentes de la dictadura camina impune y libre por la sociedad, que uno de los miembros de la Policía Militar vuelve sus armas contra la población negra o periférica, o siempre que un adepto de la ultraderecha practica revisionismo histórico para exaltar el régimen militar.
“Aún estoy aquí”, además de oportuno en un momento como este, está lejos de ser unánime o incluso exento libre de críticas. Dejando de lado la campaña de boicot de la ultraderecha (cuyo evidente fracaso también hay que festejar), parte del debate sobre el filme ha girado en torno al “enfoque” dado por el director Walter Salles, tanto en términos de la “forma” del filme como a su narrativa, tenidas como exageradamente centradas en las dimensiones “familiar” y personal de la historia.
Algo que merece ser discutido, sobre todo porque creo que este enfoque tiene mucho que ver en la gran fuerza de la película y la forma en la que ha conseguido dialogar con los espectadores, incluidos los de otros países, incluso porque resultó en un filme que se apoyó plenamente en la interpretación de actores y actrices que, en palabras de Fernanda Torres, en una entrevista, tuvieron que descubrir “el poder de contener una emoción y tal vez dejar que el público la complete por ti”.
«Memoria, justicia y verdad»: sustantivos femeninos
Como sabemos, la película está basada en las memorias de Eunice Paiva (1929-2018), esposa de Rubens Paiva (1929-1971), un ingeniero civil y diputado federal por el Partido Laborista Brasileño (PTB), acusado en 1964, asesinado bajo brutal tortura entre el 20 y 22 de enero de 1971, tras ser secuestrado de su casa y luego reportado como “desaparecido”.
Basada en el libro homónimo, publicado en 2015, de Marcelo Rubens Paiva (hijo del matrimonio y también autor del excelente “Feliz Ano Velho”), la película acompaña a la familia entre el período inmediatamente anterior a la “desaparición” de Paiva y la publicación del informe de la Comisión Nacional de la Verdad (CNV), en diciembre de 2014, pasando por 1996, cuando, 25 años después del asesinato, Eunice finalmente recibió el certificado de defunción de su marido.
Un primer “mérito” de la película es precisamente mantener a Eunice en el centro de la narrativa y no sólo como “la esposa de Rubens Paiva” (interpretada por el siempre excelente Selton Mello).
Precisamente por eso, la narrativa sólo menciona pasajes de la trayectoria del político y empresario, típico ejemplar de una clase media (alta, dígase de paso) y nacionalista, cuyo papel en la lucha contra la dictadura se dio tanto a través de su famoso discurso en Radio Nacional, cuando aún estaba en marcha el golpe de Estado, el 1 de abril de 1964, llamando a trabajadores y estudiantes a resistir (incluso en el marco de la “legalidad”), así como por la forma en que, en los años siguientes, se empeñó para proteger a perseguidos y exiliados políticos.
La interpretación de Fernanda Torres es fundamental en “Aún estoy aquí” precisamente porque le da un profundo sentido de humanidad a las profundas transformaciones que se produjeron en la vida de Eunice tras la “desaparición” de su marido.
Una mujer desde siempre atenta, pero que, a pesar de nunca haber sido insensible a la lucha política y social ni sumisa a las “reglas sociales”, vivía dentro de la “burbuja de alienación” característica de su ubicación socioeconómica.
Una “burbuja”, en la película, simbolizada por la casa y el entorno familiar, no sólo alejados de las verdaderas y profundas penurias que enfrenta la mayoría de la población, sino también impermeables a muchos otros males de nuestra sociedad, algo particularmente sintomático en la “presencia casi invisible” de la empleada doméstica negra, tratada “como si fuese de la familia”.
En la vida real, esta historia fue destrozada y remoldeada por experiencias que incluyen los 12 días en los que estuvo presa e incomunicada en los sótanos de la dictadura; los años de búsquedas y luchas; el período (entre 1971 y 1984) en que su familia estuvo bajo vigilancia militar; o, incluso, el dolor y la ausencia permanentes que provoca un cuerpo nunca encontrado.
En este sentido, Eunice se encuentra entre quienes literalmente transformaron “luto en lucha”. Mujeres de diferentes clases y sectores sociales, como Clarice Herzog, Thereza Fiel, Ana Dias y Zuzu Angel (respectivamente, las viudas del periodista Vladimir Herzog y de los obreros Manuel Fiel Filho y Santo Dias da Silva, y la madre de Stuart Angel), que tuvieron que reinventar sus vidas y ponerse en primera línea de la lucha por “la memoria, la verdad y la justicia” en relación con los crímenes de la dictadura.
Una lucha que, en la vida de Eunice, implicó también el regreso a la universidad en 1973, donde se formó en Derecho (a los 48 años), primero con el objetivo de librar mejor su batalla por memoria y justicia; luego, para actuar como una de los principales defensoras de los pueblos originarios, sus tierras y sus derechos.
En la película, algunos de estos hechos sólo se mencionan. Otros ni siquiera eso. Y esto tampoco habla en contra de la producción. Por el contrario. Si bien es cierto que está “basada en hechos reales”, no son exactamente los “hechos” (o la “acción”, hablando en términos cinematográficos) ni los detalles de las vidas de los personajes o de la Historia que hacen de “Aún estoy aquí”, una gran película.
Su fuerza proviene de la forma en que “nos ayuda a pensar” sobre otra cosa: el papel de la memoria en la construcción de la propia Historia. Algo construido con enorme carga poética, sobre todo porque Eunice Paiva, que tanto luchó por la preservación de la memoria, vivió sus últimos años bajo el impacto del Alzheimer, cuyo principal síntoma es precisamente la pérdida de los recuerdos.
Sin memoria, la Historia queda a la deriva
Estoy entre los que creen que una de las mayores fuerzas del cine es su capacidad de contar historias a través de imágenes, palabras y sonidos que adquieren significados y sentidos que van mucho más allá de lo obvio y de lo literal, permitiéndonos, independientemente del período que traten, reflexionar sobre pasado, presente y futuro o haciéndonos ahondar en la fantasía y en la ficción para pensar sobre la realidad y la humanidad.
Y es en este sentido que considero “Aún estoy aquí” una película necesaria, bella y muy exitosa. Consigue partir de una historia real, de una experiencia concreta, para discutir algo mucho más profundo, sintetizado de forma sumamente poética en las secuencias que abren y cierran la película.
Al principio, vemos una Eunice “a la deriva”, boyando en el mar, mientras un helicóptero (quizás llevando un cuerpo que sería arrojado al mar…) sobrevuela un Río de Janeiro que es una auténtica “postal”, que sirve de telón de fondo para la vida de una familia que, como tantas otras de su estrato social, vive en una burbuja, como tantas otras creadas por los movimientos del “mar de la Historia”.
Una familia, en suma, que, a pesar de verse afectada por la dictadura y oponerse al régimen, también, en gran medida, vive “a la deriva” de la Historia, dejando “el barco pasar”, como si intentara escapar de la memoria del pasado, en nombre de mantener una sensación de seguridad, armonía y comodidad cuya fragilidad está a punto de demostrarse de forma cruel y violenta.
En las últimas escenas, iluminadas por la fabulosa y conmovedora interpretación de Fernanda Montenegro, tenemos una Eunice, de 85 años, nuevamente “a la deriva”. Pero ahora, debido a que durante una década ha vivido con Alzheimer.
Una mujer cuya vista perdida y ajena al mundo cobra vida y fuerza en un instante, despertada por las noticias de la televisión, que anuncian la publicación del informe de la Comisión de la Verdad (al que ella contribuyó enormemente) que, a partir de 1.200 testimonios, documentó, con terribles y dolorosos detalles, los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura y sus agentes.
Un momento fabuloso en términos cinematográficos, sobre todo porque es también en esta secuencia donde, a través de un juego de cámaras, vemos a su hijo Marcelo (Antonio Saboia) como único “testigo” de la reacción de Eunice ante la noticia. Sólo él “percibe” que, por un segundo, su madre ha anclado en algún puerto seguro desde el cual puede revisar el “mar de memorias” que, en ese momento, parecen estallar en sus ojos frente al televisor.
Un diálogo de cámaras, gestos y miradas que, metafóricamente, preanuncia la escritura y el propio título del libro. Marcelo “ve” que Eunice aún “está aquí”. No sólo más allá del Alzheimer. Más allá de ella misma. Más allá de la Historia. Ella “está”, a la vez, como memoria de los crímenes cometidos por la dictadura y como agente importante para que esa memoria no fuese borrada, como intentaron hacer con su compañero, al arrojarlo al mar.
Simbólicamente, es en este momento que el libro nace. Y fue esta “presencia ausente” la que Salles logró trasladar a la pantalla, como un recordatorio de que, como todas y todos los demás a quienes la dictadura les marcó o les arrebató la vida, Eunice sólo seguirá “aquí”, su vida sólo seguirá teniendo sentido, si se preserva su memoria. Si su lucha no es olvidada.
Que vengan otras memorias…
Algo que llamó la atención y provocó críticas de mucha gente que ya vio el filme tiene que ver con las elecciones del director para contar esta historia, empezando por enfocarla en la familia Paiva. Lo cual, como es característico de los productos de la creatividad humana, reverberó tanto en la “forma” como en el “contenido” del filme.
Por ejemplo, es un hecho que la puesta en escena queda bastante restringida al espacio de la casa y de la vida familiar, representados con una “perfección” iluminada y armónica. Sin embargo, se puede decir que este recurso también puede verse como contrapunto a los oscuros sótanos de la dictadura y, sobre todo, como un “recordatorio” del tipo de “alienación”, específico de aquella familia, determinada también por su condición socioeconómica.
Es sintomático, por ejemplo, que, por muy “informada” e incuestionablemente antidictatorial, en la película, la familia Paiva en varios momentos ve la realidad a distancia, algo que se enfatiza en las escenas en las que el “mundo exterior” se registra a través de la mediación de una cámara Super 8 o a través de periódicos, radio y televisión, creando una ilusión de distanciamiento que se mantiene hasta ser destrozada por la ocupación de la casa por las fuerzas represivas.
Además, las elecciones de Salles son bastante coherentes con los objetivos mencionados antes, ya que parte de la “tesis” que defiende la película es la forma en que la memoria personal y la histórica se mezclan, se confunden y se influyen mutuamente.
En este sentido, es necesario saludar tanto el texto de Marcelo Rubens Paiva como la dirección de Walter Salles, sobre todo porque tantas otras películas que se han centrado sobre el tema, también basadas en excelentes relatos biográficos e incluso más directamente relacionadas con la lucha directa contra regímenes dictatoriales, resultaron filmes pavorosos. Baste recordar «¿Qué es esto compañero?» (Bruno Barreto, 1997) y “Olga” (Jayme Monjardim, 2004).
Recordar esto tiene que ver con un último comentario relativo a la “necesidad” de un filme como “Aún estoy aquí”. Independientemente de la cuestionable calidad de los dos ejemplos mencionados, estos forman parte de una lista muy pequeña de filmes que buscan explorar los oscuros tiempos de la dictadura y las luchas libradas contra el régimen.
Es verdad que hay una serie de cosas buenas y memorables, como “Eles não usam black-tie” [Ellos no visten de etiqueta] (1981), “Pra Frente Brasil” [Adelante Brasil] (1982), “Cabra marcado para morrer” [Cabra marcado para morir] (1984), “Que bom te ver viva” [Qué bueno verte viva] (1989), “Lamarca” (1994), “Cabra-Cega” [Cabra-Ciega] (2004), “O ano em que meus pais saíram de férias” [El año en que mis padres salieron de vacaciones] (2006), “Batismo de sangre” [Bautismo de sangre] (2006), “Tatuagem” [Tatuaje] (2013), “O dia que durou 21 anos” [El día que duró 21 años] (2013) o “Marighella” (2021).
Sin embargo, incluso por la dimensión de los crímenes cometidos por la dictadura y, también, los heroicos ejemplos de lucha dados por los hombres y mujeres que enfrentaron el régimen en los más diversos ámbitos de la sociedad (movimientos sociales, arte y cultura, sectores oprimidos, etc.), el Cine Brasileño aún está lejos de ser el instrumento de “memoria, justicia y verdad” que podría y debería ser.
Algo, lamentablemente, una vez más determinado por “las cosas del mundo”. Empezando por la forma acordada en la que se llevó a cabo nuestra redemocratización nunca finalizada. Y para entender cómo esto pudo haber influido en la producción cinematográfica brasileña, basta compararla con las películas producidas sobre los regímenes dictatoriales chileno y argentino, que, como reflejo de procesos de ruptura más radicalizados, abordan el tema de manera mucho más instigadora y amplia.
Aquí, el “pacto para la transición” seguido por la cobardía de todos los gobiernos desde entonces (incluidos los del PT) frente a los militares contribuyó en gran medida a que nuestra producción artística y cultural sobre el tema también fuese sofocada.
El hecho de que el Cine, aunque sea un proceso creativo obligatoriamente colectivo, esté mayoritariamente sometido a las “reglas del mercado” tampoco ayuda en nada a la producción de filmes que se radicalicen más en sus abordajes o vuelquen a sectores que han sido históricamente marginados.
Pero, esta es otra historia. Por ahora, la única recomendación es que, independientemente de nuevas nominaciones y premios, “Aún estoy aquí” continúe llevando gente a las salas. Que continúe ayudándonos a pensar. Incluso porque esta es una parte de nuestra Historia que necesita ser rememorada, de todas las formas posibles. Siempre. Porque no podemos permitir que se repitan experiencias totalitarias, reaccionarias, represivas y opresivas. Y, sabemos, esta es una amenaza que, lamentablemente, también “aún está aquí”. No sólo en el Brasil, sino en todo el mundo.
Ah, un último toque: atención a la fabulosa banda sonora, que incluye verdaderas joyas, como “É preciso dar um jeito, meu amigo” (Erasmo Carlos), “A festa do Santo Reis” (Tim Maia), “Baby” (Os Mutantes), “Jimmy, renda-se” (Tom Zé), “Agoniza, mas não morre” (Nelso Sargento y Beth Carvalho), “Pétit Pays” (Cesária Mota) y “Fora da ordem” (Caetano Veloso).
Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 7/1/2025.-
Traducción: Natalia Estrada
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Declaración 8M: ¡Contra los ataques de los gobiernos y la ultraderecha mundial, independencia de clase y solidaridad internacional!


Por la LIT-CI
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, denunciamos la brutalidad del capitalismo en su fase de decadencia, que profundiza la explotación, la miseria y la violencia contra la clase trabajadora y sus sectores oprimidos. Las mujeres trabajadoras, especialmente las más pobres, migrantes y racializadas, son las primeras en sentir el peso de las crisis generadas por este sistema podrido.
La violencia de género alcanza niveles alarmantes. El feminicidio, el acoso sexual, la violencia doméstica y la mercantilización del cuerpo de las mujeres son expresiones de una sociedad que naturaliza la desigualdad y la opresión. La falta de políticas públicas efectivas y la impunidad perpetúan esta condición, dejando claro que para el sistema capitalista, la vida de las mujeres trabajadoras no importa.
Las mujeres son las más afectadas por el trabajo precario, los bajos salarios y la falta de acceso a servicio públicos de calidad
El incremento de mujeres en el mercado laboral, que sufrió un retroceso importante tras la pandemia, ha continuado imparable, respondiendo a distintos factores. Por un lado, a las luchas de las mujeres, con las que arrancamos a los gobiernos algunas medidas en políticas de igualdad e inclusión social. Por otro, las empresas vieron el negocio de incorporar mano de obra femenina en condiciones laborales más precarias y en determinados nichos de mercado, para así aumentar sus beneficios.
La desregulación del mercado de trabajo y el avance en la tecnificación y digitalización del sistema productivo, que expulsa progresivamente mano de obra, afecta especialmente a las mujeres, que sufrimos mayor tasa de paro, temporalidad, parcialidad, empleo informal o sin contrato y pluriempleo. La OIT señala que, a nivel global, las mujeres seguimos ganando entre un 20% y un 23% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Esta disparidad salarial refleja que continúan existiendo desigualdades estructurales en el mercado laboral que afectan negativamente a las trabajadoras.
La privatización, recorte o destrucción de servicios públicos básicos en sanidad, educación, servicios sociales y vivienda conlleva que la provisión de cuidados para garantizar el bienestar o incluso la supervivencia de la clase trabajadora haya pasado a ser cada vez más una cuestión de responsabilidad individual y familiar, que recae sobre todo en los hombros de las mujeres trabajadoras.
La doble jornada de trabajo, que combina la explotación en el mercado laboral con el trabajo doméstico, sigue siendo una realidad aplastante para millones de trabajadoras en todo el mundo. Mientras tanto, la concentración de la riqueza en manos de una minoría continúa aumentando, poniendo de relieve el verdadero objetivo del sistema capitalista y el fracaso de los discursos de quienes sueñan con poner fin a la desigualdad mediante reformas desde arriba.
Las guerras y la catástrofe ambiental en curso nos hacen más vulnerables
La crisis climática, impulsada por la explotación depredadora de los recursos naturales y la emisión descontrolada de gases contaminantes, afecta principalmente a las mujeres pobres, especialmente a aquellas que dependen directamente de los ecosistemas para su sustento. Son ellas las primeras en sufrir la destrucción del medio ambiente, la falta de acceso al agua, la inseguridad alimentaria y los desastres naturales cada vez más frecuentes, que agravan el hambre, la migración forzada y la violencia de género, exponiéndolas a situaciones de extrema vulnerabilidad. Mientras tanto, los gobiernos y las grandes corporaciones siguen priorizando las ganancias y descuidando acciones concretas para abordar la emergencia climática.
Tampoco podemos ignorar las guerras y conflictos que azotan al mundo, como el genocidio del pueblo palestino, una violencia sistemática llevada a cabo por el Estado de Israel con el pleno apoyo de las potencias imperialistas. Las mujeres y los niños palestinos son el blanco directo de esta masacre y enfrentan bombardeos, desalojos forzosos y la negación de sus derechos básicos.
La invasión de Putin a Ucrania continúa cobrándose vidas y profundizando el sufrimiento de la clase trabajadora, con millones de refugiados, en su mayoría mujeres, que huyen de la destrucción impuesta por los intereses del imperialismo y la burguesía local. También en diferentes conflictos bélicos, mujeres africanas sufren todo tipo de violencias y privaciones, como en la angustiante situación en el Congo.
La crisis capitalista y el ascenso de la extrema derecha
La crisis capitalista lleva a un sector de la burguesía a profundizar medidas para eliminar cualquier tipo de regulación laboral que pueda poner en riesgo su rentabilidad y a abaratar aún más la mano de obra. Esa agenda busca también imponer un retroceso histórico a las conquistas, así sean parciales, que logramos las mujeres y los LGBTQ+ en estos años.
En este contexto, la extrema derecha avanza en varios países, promoviendo discursos de odio, ataques a la democracia y la criminalización de los movimientos sociales. El ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, con su gobierno marcado por políticas misóginas, racistas, LGTBIfóbicas y xenófobas, es un ejemplo de esta regresión.
El «progresismo» y sus falsas políticas de inclusión
Pero no basta con denunciar a la extrema derecha. Los gobiernos burgueses que se proclaman progresistas también lanzan duros ataques contra la clase trabajadora. Con discursos de cambio e inclusión, implementan planes de ajuste fiscal y mantienen políticas de recorte aplicadas años atrás, allanando el camino para que la extrema derecha gane fuerza.
Solo la unidad de la clase trabajadora y su organización independiente podrá liberar a los oprimidos del mundo
El 8 de marzo no es una fecha de celebración, sino un llamado a la acción para toda la clase trabajadora, con las mujeres al frente. Es necesario construir la unidad en la lucha entre las mujeres trabajadoras, los movimientos sociales, sindicales y populares.
¡Por la vida de las mujeres!
¡Por el fin de este sistema capitalista de explotación y opresión! ¡Por una sociedad socialista!
¡Viva el 8 de marzo! ¡Viva la lucha de las mujeres trabajadoras!
¡Por la solidaridad internacional entre los pueblos! ¡Abajo el imperialismo mundial!
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Acción Obrera edición marzo-abril 2025

El gobierno de Trump asumió el cargo con una serie de órdenes ejecutivas que amenazan a las comunidades de inmigrantes, las personas trans, los trabajadores federales y los miembros de sindicatos. También hemos visto un cambio sorprendente en la política exterior, en particular en las relaciones de Estados Unidos con la UE y Ucrania. Mientras tanto, el Partido Demócrata se ha mantenido de brazos cruzados permitiendo que Elon Musk tenga un control directo sobre grandes sectores del gobierno federal de manera antidemocrática. ¿Cómo pueden los trabajadores y los estudiantes construir un movimiento de masas para luchar contra la agenda de Trump? Lee el punto de vista socialista en la edición actual de Workers’ Action/ Acció n Obrera.
La edición de marzo-abril de 2025 de nuestro periódico ya está disponible en formato impreso y en línea en formato pdf. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico aquí en pdf! Como siempre, agradecemos cualquier donación para ayudar con el coste de la impresión.
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¡Nos movilizamos para defender los derechos reproductivos en 8M!


Por AVA FAHY
La administración Trump ha lanzado un ataque frontal contra todos los sectores oprimidos y explotados de la población, y las mujeres no son ninguna excepción. Desde la catastrófica decisión del Tribunal Supremo que anuló Roe contra Wade y Planned Parenthood contra Casey hace casi tres años, las repercusiones de las prohibiciones del aborto sobre la salud reproductiva en Estados Unidos han sido nefastas, especialmente para las mujeres negras embarazadas, que mueren por causas relacionadas con el embarazo tres veces más frecuente que las blancas.
La mayoría de los estados que han aplicado prohibiciones del aborto o restricciones serias no han actualizado estadísticas sobre su impacto en la mortalidad materna. Los informes independientes revelan el impacto violento y terrible de las prohibiciones del aborto. En Texas, que castiga a los proveedores de abortos con hasta 99 años de cárcel, la tasa de sepsis aumentó más del 50% en las mujeres hospitalizadas por pérdida del embarazo en el segundo trimestre.
La septicemia es una condición potencialmente mortal y, de hecho, mujeres de Texas como Josseli Barnica y Neveah Crain murieron de septicemia que podría haberse evitado si los médicos no hubieran retrasado la práctica de un aborto hasta que sus fetos dejaron de latir. Candi Miller y Amber Thurman, de Georgia, y una cantidad desconocida más en estados con prohibiciones o restricciones del aborto, murieron de la misma manera. Porsha Nguzemi, de Texas, murió igualmente de hemorragia cuando los médicos retrasaron la atención médica.
El Proyecto 2025 de Trump y Musk pretende prohibir y criminalizar el aborto con medicamentos, la forma más común de aborto y, a menudo, la única forma de atención abortiva disponible para las pacientes rurales y las personas que viven en desiertos abortivos -que se han vuelto cada vez más comunes después de la sentencia Dobbs. El ataque tiene dos vertientes: En primer lugar, han puesto en marcha una demanda que pretende anular la aprobación de la FDA de la mifepristona, una importante píldora abortiva. En segundo lugar, pretenden ampliar y aplicar la Ley Comstock, una ley federal de 1873(!) que penaliza el envío por correo de información sobre atención reproductiva. Según el Proyecto 2025, la propuesta es criminalizar a cualquiera que envíe o reciba no sólo píldoras abortivas, sino potencialmente cualquier cosa que se utilice para abortar, incluidos los espéculos y los analgésicos. Esto podría equivaler a una prohibición del aborto en todo el país, lo que, según los expertos, aumentaría la mortalidad materna en un 24% a escala nacional y en un 39% en el caso de la población negra.
El Proyecto 2025 también pretende ampliar la vigilancia de las personas embarazadas, y varios legisladores republicanos han presentado propuestas de registros de personas embarazadas para ser vigiladas y procesadas si abortan. Ya existe una vigilancia similar de las personas embarazadas, principalmente entre las personas con antecedentes de encarcelamiento o abuso de drogas, y conduce a acusaciones penales traumatizantes y profundamente contrarias a la ética de empatía para las personas embarazadas. Este tipo de vigilancia envía un mensaje claro a las mujeres y otras personas embarazadas: no tienes autonomía mientras estes embarazada.
¿Qué podemos hacer? Una solución vital es contraatacar a través del movimiento obrero. Las luchas sindicales son un mecanismo mediante el cual las mujeres trabajadoras pueden conquistar libertades vitales. Los sindicatos pueden luchar por las prestaciones sanitarias e incluso pueden librar luchas por la justicia reproductiva consiguiendo protecciones para las trabajadoras que deseen abortar o recibir otros cuidados reproductivos. Y los sindicatos pueden vincularse y ayudar a organizar manifestaciones en las calles por los derechos reproductivos y en defensa de las clínicas sanitarias.
Las mujeres negras y asiáticas encabezaron los aumentos de afiliación sindical en EEUU durante 2024. Fueron los únicos grupos demográficos que experimentaron un aumento del número de afiliados a los sindicatos, mientras que todos los demás grupos demográficos disminuyeron. Los crecientes esfuerzos por sindicar los sectores del comercio minorista, los cuidados y la hostelería pueden estar detrás de este crecimiento, ya que estos sectores están tradicionalmente dominados por las mujeres.
Las mujeres trabajadoras sindicadas ganan más dinero -de media, alrededor de un 19% más que sus homólogas no sindicadas- y tienen muchas más probabilidades de tener cobertura sanitaria. Estas condiciones mejores son especialmente beneficiosas para las trabajadoras racializadas, que se enfrentan a una discriminación especialmente dura en la intersección de la explotación de clase, la opresión racial y la opresión de género. El éxito de las luchas contractuales por el permiso familiar remunerada y la baja por enfermedad remunerada beneficia desproporcionadamente a las mujeres, que tienen más probabilidades de responsabilizarse del cuidado de niños y viejos.
Por muy importantes que sean estas victorias laborales, la liberación de la mujer y el fin de la opresión de género requieren mucho más. No se conseguirá con los esfuerzos del Partido Demócrata, bajo cuya vigilancia se anuló Roe con poco más que un encogimiento de hombros del presidente o el Congreso demócratas. No lo conseguirán las ONG como Planned Parenthood o el Instituto Guttmacher, que siguen las ordenes sus ricos donantes de la clase dominante, dependen de las subvenciones del gobierno y, por tanto, son incapaces de participar en la lucha de clases debido a sus lealtades.
Se conseguirá la liberación creando un ala izquierda de lucha de clases en el movimiento sindical, centrada en desarrollar el liderazgo de las mujeres y de las personas LGBTQ+. También requerirá un movimiento de masas en las calles, independiente de los demócratas y los republicanos y regido por las necesidades y los métodos de las mujeres y las personas LGBTQ+ de la clase obrera que luchan por sus derechos.
El 8 de marzo, millones de mujeres salen a la calle en todo el mundo para protestar por los derechos de la mujer. El Día Internacional de la Mujer surgió con orgullo de un movimiento internacional de mujeres trabajadoras socialistas. Luise Zietz y Clara Zetkin propusieron en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1910 que debían organizar un Día de la Mujer especial para promover no sólo el sufragio femenino, sino los derechos laborales de las mujeres trabajadoras y los derechos democráticos de las mujeres y los niños. El 8 de marzo de 1917, las teleras de Petrogrado organizaron una manifestación por el Día de la Mujer que abarcó toda la ciudad, se convirtió en una huelga general y, con la fuerza que demostraron en las calles, marcó el comienzo de la Revolución de Febrero. El zar abdicó sólo una semana después.
En Estados Unidos, el asalto a los derechos de la mujer por el Proyecto 2025 -y por Trump, Vance y su lacayo Musk- requiere un movimiento serio de las mujeres trabajadoras que se organicen más allá de la política electoral y tomen su propia iniciativa. Como ejemplos, debemos fijarnos en los fuertes movimientos de mujeres de Irlanda, Argentina, México, Colombia y otros lugares que recientemente han conseguido con éxito el derecho al aborto tras años de restricciones.
La única solución verdadera para acabar con la opresión de la mujer es acabar con el sistema capitalista sexista y patriarcal. El fin de ese sistema sólo se conseguirá construyendo un enorme movimiento de trabajadores en las calles, comunidades y lugares de trabajo, organizado por un partido socialista revolucionario independiente que incluya la participación masiva de las mujeres trabajadoras.
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La ganadora del Oscar «No Other Land» muestra la verdadera cara de la violencia israelí en Cisjordania


Por JAMES MARKIN
La ganadora al mejor documental en los Premios Oscars del pasado fin de semana es una película que la mayoría de los estadounidenses no pueden ver fácilmente: «No Other Land» (Ninguna otra tierra). El documental palestino-israelí no consiguió encontrar un distribuidor estadounidense antes de la prestigiosa ceremonia de los Oscars a pesar de ser el favorito para ganar un premio. Esto no se debe a una falta de demanda; de hecho, No Other Land superó a todos sus rivales al Mejor Documental en taquilla a través de distribuidores independientes. En cambio, la falta de un distribuidor es un ejemplo más de cómo las empresas estadounidenses han trabajado para silenciar las narrativas palestinas en el discurso público, incluso cuando el gobierno de EE. UU. canaliza miles de millones de dólares hacia el genocidio israelí en Gaza.
Mezcla de periodismo documental con activismo
«No Other Land» es una película única, un documental de cámara oculta que cuenta la historia de la lucha de los palestinos para salvar de la destrucción de las FDI a la comunidad rural de Masafer Yatta, en Cisjordania. Desde la década de 1980, Israel ha intentado despoblar la zona, alegando que es necesaria para una zona de entrenamiento de las FDI.
Este proyecto fue respaldado por el Tribunal Supremo de Israel después de que las familias palestinas trajeron la cuestion a la corte en la década de 1990. Sin embargo, documentos filtrados del gobierno israelí de la década de 1980 revelaron que, desde el principio, la zona de entrenamiento de las FDI siempre fue una excusa utilizada para justificar el verdadero objetivo de Israel de despoblar la región como parte de un plan más amplio para acelerar el asentamiento israelí en la zona. Como parte de este esfuerzo, se envían regularmente excavadoras israelíes a zonas remotas de Masafer Yatta para demoler casas, parques infantiles, escuelas y negocios de palestinos, ya que las FDI esperan que esto les obligue a abandonar sus hogares y granjas.
El codirector de la película, el joven activista palestino Basel Adra, está inextricablemente vinculado a la lucha por defender Masafer Yatta. Las imágenes antiguas muestran al padre de Basel, Nasser, liderando la lucha contra las demoliciones israelíes en los años 80 y 90. Ahora el propio Basel ha tenido que asumir un serio grado de liderazgo en la lucha. A pesar de haber estudiado para ser abogado, no hay suficiente trabajo legal en Cisjordania para que Basel se mantenga trabajando de abogado. Así que, en su lugar, Basel divide su tiempo entre ayudar en la gasolinera rural de su padre y documentar y liderar protestas contra las demoliciones israelíes de casas y negocios en Masafer Yatta.
El documental muestra claramente cómo su dedicación a la lucha ha pasado factura a Basel Adra, que intenta aliviar el estrés de luchar por la vida de su comunidad fumando mucho y utilizando su teléfono de forma casi compulsiva. Esto contrasta con el codirector israelí de la película, Yuval Abraham, un israelí cuya vida cambió cuando aprendió árabe y se dio cuenta de que el trato que su país da a los palestinos es indefensible. En la película, Yuval a menudo es utilizado como un contrapunto más ingenuo, enérgico e impaciente al serio y cansado Basel. Algunas secciones de la película están dedicadas a grabar conversaciones entre los dos hombres, en bares de narguile, coches y alrededor de la casa de Basel, donde a menudo pasan las noches tumbados uno al lado del otro en sacos de dormir en el suelo desnudo.
Si bien no se cuestiona la dedicación de Yuval para detener la destrucción israelí de Masafer Yatta, algunas de las partes más interesantes de la película cuestionan su papel y presencia en la comunidad palestina. Mientras que Basel vive en la zona rural de Cisjordania y no puede irse, ni siquiera conducir por carreteras construidas para los colonos israelíes, Yuval ha optado por pasar gran parte de su tiempo allí produciendo el documental y escribiendo sobre la situación a la que se enfrenta la comunidad de Basel. Aun así, a menudo puede volver a casa con su familia, casi en otra realidad dentro de Israel.
Durante un momento particularmente impactante del documental, mientras Yuval ayuda a transportar equipo pesado en Masafer Yatta, se enfrenta a un residente que le pregunta cómo puede Abraham esperar estar cerca de los palestinos en Cisjordania cuando «las personas que están demoliendo nuestras casas podrían ser sus primos». Su polémica conversación es interrumpida por otro residente, que les llama para que ayuden en otro lugar, declarando que habrá tiempo para debatir cuando el trabajo esté cumplido.
Demoliciones de viviendas: desesperación marcada por una violencia despiadada
De hecho, el documental demuestra que el tiempo es algo que les falta a los residentes de Masafer Yatta, y gran parte de la película está dedicada a imágenes grabadas con teléfonos móviles por Basel y Yuval que documentan las continuas demoliciones israelíes en la comunidad rural. En un momento de la película, vemos un soldado de las FDI disparar a muy corta distancia a uno de los hombres que antes ayudaba y debatía con Yuval, Harun Abu Aram, durante la demolicion de una casa. El disparo deja a Harun paralizado del cuello para abajo. Enel resto de la película, vemos a la madre de Harun, obligada a cuidar de su hijo ahora paralítico mientras vive en una cueva porque su casa fue demolida. Harun Abu Aram murió en 2023 debido a las úlceras de decúbito y las infecciones causadas por estar tumbado en el suelo de una cueva, sin poder moverse.
Esto es una de las cosas más impactantes de «No Other Land»: la forma en que transmite el horror cotidiano de la vida bajo una brutal ocupación militar. Un día, un hombre está en la flor de la vida, mantiene a su familia y es un pilar de su comunidad, y al día siguiente está tirado en el suelo de una cueva, muriendo lentamente mientras su madre cuida de él y de su familia. «No Other Land» nos muestra toda la historia con sus detalles más brutales.
También se nos muestra cómo la lucha de décadas ha afectado a Basel y a su familia, transformando su vida cotidiana de tal manera que el extraordinario acoso de las FDI les resulta mundano. En un momento , su madre le dice a Basel que ha lavado su ropa para que esté lista si lo arrestan. Cuando los soldados vienen a por él y su padre, Basel consigue evitar el arresto gracias a su familia, que demuestra que ya sabe como enfrentar los escuadrones de arresto de las FDI debido a demasiada experiencia, y ha aprendido metodos para evadirlos. El padre de Basel, sin embargo, no puede escapar, y Basel se ve obligado a renunciar a gran parte de su trabajo activista para ocuparse del negocio familiar.
Esto conduce a una sección de la película en la que, mientras Nasser Adra está en prisión y Basel se ocupa de la gasolinera, es Yuval quien asume la tarea de enfrentarse a las demoliciones de viviendas por parte de las FDI y documentarlas. A través de la lente de la cámara de su teléfono, vemos cómo las fuerzas de las FDI lo reciben de manera diferente por ser un manifestante judío. En un momento, un judío enfadado vestido de civil se le pone delante y le promete vengarse de su familia por ser un traidor.
De hecho, hacia el final de la película, los colonos judíos se convierten en una amenaza cada vez mayor para la comunidad de Masafer Yatta. A menudo se presentan a los enfrentamientos armados y preparados para causar estragos en la comunidad palestina. A través de las imágenes de Basel y Yuval vemos cómo los ataques de los colonos son vigilados por las tropas de las FDI, que no hacen nada para evitarlos, ya que están allí simplemente para disuadir las represalias. La película termina con una escena especialmente espeluznante en la que colonos judíos, armados con rifles, atacan el mismo grupo de casas donde vive la familia Adra.
Esta falta de conclusión al final de la película es un poderoso llamamiento a la acción para quienes la ven. A lo largo de la película, los dos directores discuten y debaten hasta qué punto la documentación y el periodismo pueden ayudar a poner fin al tipo de violencia despiadada de los militares y los colonos a la que se enfrenta Masafer Yatta. Aunque la forma exacta en que los directores responderían en última instancia a esta pregunta no está clara al final de la película, desde una perspectiva activista parece evidente que una película como «No Other Land» en sí misma puede hacer muy poco para cambiar la realidad sobre el terreno. Depende de nosotros, los espectadores, que estamos entre las clases trabajadoras de países como Estados Unidos, detener el apoyo de nuestro gobierno imperialista a lo que está haciendo Israel.
En un punto de la pelicula, Basel incluso alude directamente a la posibilidad de que una retirada potencial del apoyo estadounidense sea un punto de inflexión en la lucha de Masafer Yatta. Por eso, aunque los activistas deberían ir a ver «No Other Land» en cualquier cine independiente que la esté proyectando cerca de ellos, lo más importante es construir un movimiento de solidaridad con Palestina amplio y militante que sea capaz de ayudar materialmente a la gente de Masafer Yatta.
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Trump da un giro impresionante en la política exterior


Por ERNIE GOTTA
La administración Trump ha sorprendido al mundo con un giro radical en política exterior. Una de las expresiones más crudas de la nueva política tuvo lugar el 28 de febrero cuando, en una explosiva pelea a gritos en la Casa Blanca, el presidente Trump y el vicepresidente Vance se unieron para humillar al dirigente ucraniano Vladimir Zelensky por ser «irrespetuoso» con EEUU. La sesión se había convocado en el contexto de un inminente «acuerdo» (robo) en el que EEUU obtendría el derecho a extraer recursos minerales clave de Ucrania. Sin embargo, al final de la reunión, Trump declaró bruscamente a Zelensky: «¡O haces un trato o nos vamos!». A continuación, pidió a Zelensky que abandonara la Casa Blanca.
La reunión se produjo tras otras declaraciones chocantes de funcionarios estadounidenses en las primeras semanas de la administración Trump. En su conjunto, fueron interpretadas por muchos comentaristas como una expresión de la destrucción del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial en favor de una nueva configuración que se consideraba más beneficiosa para el imperialismo estadounidense.
Elementos del cambio de política estadounidense
El 24 de febrero, Estados Unidos se negó a votar a favor de una resolución de la ONU que condenaba a Rusia en el tercer aniversario de la invasión de Ucrania por ese país. La votación se produjo tras tres discursos impresionantes de la administración Trump:
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una reunión celebrada el 12 de febrero en Bruselas con el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania, dejó claro que Estados Unidos daba prioridad a contener a China, y no a Rusia. Dijo: «Sólo pondremos fin a esta guerra devastadora -y estableceremos una paz duradera- combinando la fuerza aliada con una evaluación realista del campo de batalla. Queremos, como ustedes, una Ucrania soberana y próspera. Pero debemos empezar por reconocer que volver a las fronteras de Ucrania anteriores a 2014 es un objetivo poco realista.» Imploró a los miembros europeos del Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania que donen más munición y gasten más en defensa.
Hegseth expuso las prioridades de Estados Unidos: «Estados Unidos se enfrenta a amenazas importantes para nuestra patria. Debemos centrarnos -y lo estamos haciendo- en la seguridad de nuestras propias fronteras. También nos enfrentamos a un competidor semejante, los chinos comunistas, con la capacidad y la intención de amenazar nuestra patria y nuestros principales intereses nacionales en el Indo-Pacífico. Estados Unidos está dando prioridad a la disuasión de la guerra con China en el Pacífico…».
Dos días después, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, JD Vance profundizó en la actitud de la administración Trump hacia gran parte de Europa. Frente a políticos capitalistas y oficiales militares europeos, se burló de las «democracias» liberales europeas diciendo que la mayor amenaza no era externa, sino interna. Vance comparó los «cortafuegos» europeos contra la colaboración electoral con partidos de origen fascista con la censura de la libertad de expresión. Comparó la detención en el Reino Unido de un manifestante antiaborto que había violado la zona de seguridad de una clínica con la represión estalinista de los disidentes, y describió una imagen de represión liberal contra los cristianos y las personas que tienen creencias políticas de extrema derecha y pertenecen a organizaciones políticas de extrema derecha.
Vance se acercó a la derecha europea celebrando los «valores compartidos y la civilización de Europa y Estados Unidos», un silbido para los defensores de la supremacía blanca, el anticomunismo y el tradicionalismo reaccionario. También hizo todo lo posible por reunirse con Alice Weidel, líder del AfD alemán de extrema derecha, que obtuvo importantes avances en las elecciones alemanas. Vance y Weidel hablaron sobre la guerra de Ucrania, la política interior alemana y la libertad de expresión.
La nueva realidad de la reconfiguración de las alianzas fue abrumadora para algunos políticos europeos. En la clausura de la Conferencia de Seguridad de Múnich, el presidente, Christopher Heusgen, un diplomático alemán, se emocionó al afirmar: «Está claro que nuestro orden internacional basado en normas está bajo presión. […] Creo firmemente […] que este mundo multipolar debe basarse en un conjunto único de normas y principios, en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este orden es fácil de perturbar, es fácil de destruir, pero es mucho más difícil de reconstruir, así que aferrémonos a estos valores. No los reinventemos, sino que centremos nuestros esfuerzos en fortalecer su aplicación coherente».
Días después, el 18 de febrero, el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió en Riad, Arabia Saudí, con su homólogo ruso, Sergey Lavrov, para discutir el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el fin de llegar a un acuerdo de paz en la guerra con Ucrania. Ucrania quedó fuera de la reunión, y el presidente Trump llegó a decir que el presidente ucraniano Zelensky era un «dictador sin elecciones».
Lavrov le dijo a Rubio que Rusia abriría oportunidades para la inversión estadounidense y el acceso a minerales. Acordaron establecer formas de consultarse para abordar las quejas y reabrir las misiones diplomáticas. Basándose en un supuesto acuerdo para permitir que Rusia continúe ocupando el rico territorio ucraniano, hablaron de una futura cooperación en cuestiones de interés nacional y de oportunidades de inversión «históricas».
Los países capitalistas en crisis
Este es un cambio dramático con respecto al año anterior, cuando Estados Unidos, bajo la administración Biden, dio a Ucrania suficiente apoyo militar para mantener viva su defensa. Esto estaba en consonancia con una alianza estratégica con una Europa temerosa de la invasión rusa en otras zonas fronterizas. Ahora, Washington ve su futuro mejor servido si juega con Rusia.
La expectativa de EE. UU. en estos cambios es que Europa comience a ampliar los presupuestos de guerra y los gastos de defensa. ¿Cómo pagarán los países de la UE que han dependido de la ayuda estadounidense durante décadas para defender Europa? Una forma es flexibilizar las leyes que limitan el gasto. Otra forma sería recortar los programas sociales para financiar los gastos de defensa. Programas en Europa como la asistencia sanitaria universal y los subsidios familiares que han sido la envidia de los trabajadores en EE. UU. estarán en la picota.
Las naciones de la UE también recortarán drásticamente la ayuda al mundo en desarrollo, reflejando la disolución de USAID por parte de EE. UU. El temor entre los capitalistas europeos es que recortar el bienestar social a favor de las armas desate protestas y huelgas de trabajadores y jóvenes en todo el continente como las que vimos en Gran Bretaña y Francia en 2023.
Otro aspecto de este giro político es que la clase capitalista estadounidense reconoce el auge de Rusia y China como nuevas potencias imperialistas. Esto significa que los recursos y los mercados de todo el mundo deben ser redistribuidos. ¿Quién tendrá la ventaja? Claramente, China sigue siendo el principal competidor económico y militar de EE. UU. La pregunta es cómo el imperialismo estadounidense puede contener a China y mantener la rentabilidad.
Este cambio histórico está vinculado a una nueva estrategia estadounidense para competir con China en un período de declive económico. Este declive empujó a Biden a retirar tropas de Afganistán para reforzar la presencia militar en el Pacífico.
Hoy en día, una parte de los capitalistas estadounidenses está adoptando un enfoque diferente, que se parece al libro de jugadas del Proyecto 2025 elaborado por la Heritage Foundation. En cuanto a la política exterior de EE. UU., el Proyecto 2025 trata de analizar los costes frente a los beneficios para Estados Unidos. La intención es eliminar el «gasto innecesario», que debilitaría organizaciones internacionales y nacionales como la OTAN, la Organización Mundial de la Salud y USAID. Por supuesto, la OTAN y USAID eran extensiones del imperialismo estadounidense que utilizaban el poder duro y blando para proyectar y proteger los intereses de EE. UU.
¿Por qué Trump considera que se trata de un gasto innecesario? Sabemos que Estados Unidos está muy lejos de poder producir suficiente equipamiento militar para la guerra. Parte del ascenso de Trump al poder está directamente relacionado con su capacidad para poner a Estados Unidos en pie de guerra para contener a China. La necesidad de un nuevo refuerzo militar y de cambios importantes en el Departamento de Defensa también se esbozan en el Proyecto 2025. Esto incluye estrategias en torno a la guerra irregular, los tipos de adquisición de armas necesarios, con quién deberían aliarse los EE. UU. y mucho más.
En mayo de 2024, Roger Wicker, senador de Misisipi, dijo: «Ya es hora de reconstruir el ejército estadounidense. Podemos evitar la guerra preparándonos para ella. Cuando los altos mandos militares de Estados Unidos testifican ante mis colegas y yo en el Comité de Servicios Armados del Senado de EE. UU. Senate Armed Services Committee a puerta cerrada, han dicho que nos enfrentamos a algunos de los entornos de amenaza global más peligrosos desde la Segunda Guerra Mundial. Luego, oscurecen ese panorama ya inquietante al explicar que nuestras fuerzas armadas corren el riesgo de estar mal equipadas y desarmadas. Luchamos por construir y mantener barcos, nuestra flota de aviones de combate es peligrosamente pequeña y nuestra infraestructura militar está obsoleta. Mientras tanto, los adversarios de Estados Unidos están aumentando sus ejércitos y volviéndose más agresivos».
Las personas que se beneficiarán de estos cambios son multimillonarios tecnológicos de extrema derecha como Peter Thiel y Elon Musk, que obtendrán miles de millones en contratos gubernamentales. Estos multimillonarios se consideran a sí mismos la «contraélite» y quieren destruir lo que ven como el orden «globalista». Musk está interviniendo abiertamente en el gobierno. Por un lado, está recortando programas y departamentos, y por otro, está aceptando miles de millones de dólares en subsidios gubernamentales para SpaceX. Fortune.com escribe: «La directora ejecutiva de SpaceX, Gwynne Shotwell, ha dicho que la empresa tiene 22 000 millones de dólares en contratos gubernamentales, informó Reuters. La empresa de vehículos eléctricos Tesla, cuyas acciones constituyen la mayor parte del patrimonio neto de casi 400 000 millones de dólares de Musk, se ha beneficiado de 2800 millones de dólares en subvenciones o ayudas fiscales, según el rastreador de subvenciones Good Jobs First».
¿Qué significa esto para la clase trabajadora?
Las declaraciones de Trump de «América primero» señalan un esfuerzo concentrado de Estados Unidos por reafirmarse como superpotencia preeminente en el mundo, por encima de rivales como China. Mientras se toman medidas para aumentar la financiación de una fuerza militar estadounidense modernizada y de alta tecnología, el presidente ha dejado claro que Washington pretende amenazar e intimidar a otros gobiernos para salirse con la suya. La administración ha demostrado que está dispuesta a hacerse pasar por «pacificadora» cuando esa táctica le parezca útil, pero que desatará su poder militar si es necesario.
Los trabajadores no tienen nada que ver ni con los conflictos internacionales económicos actuales ni con la inminente guerra de destrucción militar. Si Estados Unidos entrara de lleno en la guerra, podríamos esperar también a drásticos cambios internos: la reinstauración del servicio militar obligatorio, la represión de la disidencia, los esfuerzos por regimentar el trabajo y prohibir las huelgas, y el continuo desmantelamiento de los programas sociales y las normativas que afectan a la producción empresarial.
Algunos sectores de la América corporativa creen que las políticas de Trump ayudarán a sus resultados en la escena mundial. Pero, en última instancia, los capitalistas tienen pocos medios para aumentar sus beneficios que no sean aumentar su explotación de la clase trabajadora. Para contraatacar, los trabajadores y sus aliados sólo pueden depender de sí mismos. Los políticos del Partido Demócrata pretenden ofrecer liderazgo, pero no tienen respuestas verdaderas. Necesitamos organizarnos en nuestros lugares de trabajo y sindicatos, escuelas y comunidades para movilizar a millones de personas en las calles en una respuesta poderosa y unida a la agenda de Trump.
¡Dinero para la vivienda, la sanidad y la mitigación del cambio climático, no para el Pentágono! ¡Autodeterminación para Palestina y Ucrania!

