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Edición del periódico junio-julio

Trump sigue con su ataque contra los trabajadores y los oprimidos: Desde el ataque a los derechos de voto hasta el impacto medioambiental de la guerra contra Irán, pasando por los derechos al aborto y las luchas de los trabajadores inmigrantes de las plantas cárnicas en los piquetes, esta edición está repleta de análisis perspicaces sobre cómo los trabajadores se enfrentan a los horrores del capitalismo bajo el mandato de la administración Trump. En este número también podrás leer sobre los trabajadores migrantes en África, la lucha contra los centros de datos y el significado de las recientes elecciones en Hungría.
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La Copa Mundial del chovinismo
Por CARLOS SAPIR
A pesar de su larga historia de la corrupción descarada y un desprecio generalizado por los derechos humanos, la FIFA parece dispuesta a superarse a sí misma este mes, haciendo reverencias a Trump y fingiendo que todo va bien, incluso cuando el Gobierno de EE. UU. interfiere directamente en el desarrollo de la Copa Mundial, además de socavar por completo, de manera más general, cualquier espíritu de fraternidad o internacionalismo que se supone que deben inspirar los eventos deportivos mundiales.
El Mundial puede ser uno de los eventos deportivos más queridos en todo el mundo, pero los contornos de su organización y presentación están firmemente dominados por las prioridades del capital y el imperialismo. En consecuencia, el Mundial es ahora una clara prueba del desmoronamiento del orden liberal de la posguerra, que se está desintegrando bajo el peso de la presión económica y política.
El negocio feo del juego bonito
Mucho antes de este último Mundial, la FIFA era ya prácticamente sinónimo de corrupción y de una cobarde búsqueda capitalista de lucros a toda costa. Esta es ya el tercer Mundial consecutiva que se ve directamente ensombrecida por la preocupación ante la flagrante falta de respeto de los anfitriones por los derechos humanos y/o la soberanía de otras naciones, con el uso de mano de obra esclava por parte de Catar para la construcción de estadios y la entonces relativamente pequeña anexión de Crimea por parte de Rusia, lo que suscitó dudas sobre si fuera aceptable. Y, por supuesto, la podredumbre es mucho más profunda que la mera elección de donde se celebra el Mundial, con prácticas desleales que van desde el amaño de partidos hasta el dopaje en algunos de los clubes más legendarios del fútbol.
El fútbol bajo el dominio global de la FIFA es un gran negocio capitalista y, como todos los grandes negocios capitalistas, da prioridad a los beneficios de los propietarios a costa tanto de los deportistas que realizan el trabajo de jugar el partido como del público en general que espera seguir sus esfuerzos.
No obstante, hay algo que decir sobre hasta qué punto los escándalos de este Mundial actual van en contra del mensaje que se supone que debe transmitir a su público. El fútbol puede estar gestionado como un gran negocio, pero su atractivo internacional se basa en su accesibilidad, ya que generaciones de niños de clase trabajadora y pobres solo necesitan un balón y algo que sirva de portería para poder jugar en la calle. Muchas de los héroes más famosos del fútbol, entre ellos Pelé y Maradona, crecieron en la pobreza y celebraron sus orígenes incluso después de alcanzar la fama mundial.
Aunque es brutal, corrupto y un lugar de abusos y la explotación, el sistema de clubes internacionales también es visto como un boleto hacia una vida mejor por los jóvenes económicamente desfavorecidos de todo el mundo. El Mundial puede brindar a la población de los países participantes la oportunidad de animar a sus selecciones y disfrutar de una atención mundial que, de otro modo, rara vez se concede a los países no imperialistas. El abierto repugno de la administración Trump hacia la participación de estos países, junto con sus políticas más amplias antiinmigrantes y nativistas, supone una bofetada para la mayor parte de la audiencia del Mundial.
¿A quien se le ocurrio organizar este Mundial?
Hay otra incongruencia, por supuesto, y es que se suponía que la Copa del Mundo de este año iba a ser internacionalista como nunca antes, con México, Canadá y Estados Unidos presentando una candidatura conjunta para albergar el torneo entre los tres países. A pesar de ser originalmente un proyecto propuesto por Trump durante su primer mandato (la candidatura se presentó en 2017), la organización internacional entra ahora en contradicción directa con las políticas de militarización de la frontera de Trump (probablemente Trump no imaginaba entonces que seguiría en el cargo en 2026).
Mientras que anteriores anfitriones salpicados por escándalos han hecho todo lo posible para garantizar que el mero torneo en sí se llevara a cabo sin obstáculos —permitiendo paseo de extranjeros, atenuando la virulenta propaganda interna y concediendo libertad excepcional a los visitantes—, Estados Unidos parece decidido a hacer que este Mundial sea lo menos acogedor posible. Ya se trate de largas colas en los pasos fronterizos, cancelaciones de visados sin explicación o interferencias en la asignación de entradas a los aficionados, la prioridad aquí es «America First».
Quizá el ejemplo más flagrante de esto hasta ahora sea la denegación de entrada a Omar Artan, un árbitro celebre de Somalia que debía ayudar a arbitrar el torneo. Como árbitro condecorado, ampliamente considerado como representante no solo de Somalia sino de toda África, Artan puede afirmar con credibilidad que es una de las personas más fiables del mundo, pero eso no le salvó de ser sometido a 11 horas de interrogatorio por parte de los guardias fronterizos estadounidenses y, en última instancia, de ser deportado bajo cargos vagos de afiliación a grupos terroristas. La respuesta de los dirigentes de la FIFA fue decirle al mundo que deben ser «chill».
Por supuesto, la FIFA se ha mostrado más que dispuesta a responder con medidas punitivas contra anfitriones insatisfactorios cuando son los ricos y poderosos quienes se quejan: en 2023, la FIFA prohibió a Indonesia organizar torneos en respuesta a la decisión del gobernador de la provincia de Bali de negarse a proporcionar alojamiento a un equipo que representara a Israel. La FIFA es, por tanto, perfectamente capaz de reorganizar los eventos para cambiar de anfitrión y permitir la participación de los participantes, siempre que sea en beneficio de un Estado de apartheid cliente del imperialismo.
Los coanfitriones estadounidenses, por su parte, han trabajado para facilitar la postura excepcionalista de Estados Unidos y han hecho poco para responder a su flagrante falta de respeto hacia todos los interesados en el torneo. Tampoco parece que vayan a asistir a los partidos muchos residentes estadounidenses, con precios de entradas desorbitados que parten de los 1000 dólares y llegan a ser mucho más elevados; las noticias señalan que miles de entradas siguen sin venderse y que el auge turístico esperado no se está materializando. Si bien ese déficit económico ya es desastroso por sí mismo para la burguesía local, también apunta a un fracaso más amplio: la FIFA puede desempeñar el papel de proporcionar pan y circo para ayudar a apaciguar al mundo y distraer a la clase trabajadora de sus problemas, pero ¿de qué sirve un circo al que no nos permiten entrar, y donde el número principal del espectáculo es un insulto abiertoa la mayor parte del público?
Mientras tanto, el espectáculo y la farsa de los obstáculos a los que se enfrenta la participación de la selección iraní en el torneo, al tiempo que EE. UU. ha estado liberando una guerra de agresión descarada contra Irán, proporcionan más combustible para la agitación. Si bien la narrativa del equipo humilde que viaja contra todo pronóstico al corazón de la maquinaria bélica imperialista que ataca a su país sin duda ya ha ganado apoyo y simpatía para la selección iraní a nivel internacional, es probable que esta dinámica anime a muchos en EE. UU. como forma de expresar su desaprobación hacia la invasión estadounidense y, en general, hacia el gobierno de Trump (y cabe señalar que cuanto más lejos llegue Irán en el torneo, más problemas logísticos y de relaciones públicas habrá para el gobierno estadounidense).
Aunque hechar porras por las naciones semicoloniales a que ganen contra las potencias hegemónicas imperialistas es una tradición consagrada para la izquierda deportista, es probable que el descontento generalizado a nivel nacional con Trump y su patriotismo belicoso (por no mencionar la extraña imagen de cristianos evangélicos que este año ha adoptado la selección masculina de fútbol de Estados Unidos) empuje a muchos residentes estadounidenses a animar a cualquiera menos a su propio equipo. Al viajar por todo el país, mientras los partidos inaugurales se retransmitían en casi todas las pantallas de televisión, era más probable ver a gente con camisetas de México que de Estados Unidos, además de una muestra representativa de todos los demás países participantes que cuentan con una comunidad de inmigrantes local; en el área de la bahía de San Francisco, fueron los seguidores de la selección jordana los que formaron una ruidosa caravana de coches que recorrían El Camino Real, adornados con banderas y keffiyehs. Incluso las empresas parecen estar captando el mensaje: mientras que Dick’s Sporting Goods se volcó con los equipos olímpicos estadounidenses durante los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina a principios de año, hoy en día los compradores que entran en una tienda de Dick’s en Estados Unidos tienen más probabilidades de encontrarse con vídeos que promocionan a las selecciones de Alemania, Argentina o Brasil, en lugar de la EEUU.
La lucha de clases continúa en la prórroga
El Mundial y los gigantescos proyectos de construcción urbana asociados a él también han sido un importante punto de inflexión para los trabajadores que luchan contra la explotación y la tiranía. Los trabajadores del sector de servicios en el estadio SoFi de Los Ángeles amenazaron con ir a la huelga poco antes del inicio del Mundial, exigiendo garantías de seguridad frente al ICE y mejoras salariales y en las condiciones laborales. Aunque el 9 de junio se alcanzó un acuerdo provisional, este incluye específicamente una cláusula que permite a los trabajadores abandonar el puesto de trabajo si hay presencia del ICE en el estadio durante el Mundial; estos trabajadores luchan en primera línea contra las políticas de inmigración de Trump, tomando medidas concretas allí donde la FIFA preferiría simplemente hacerse ciego. Los trabajadores hoteleros de Filadelfia han planteado demandas similares, al tiempo que siguen amenazando con ir a la huelga durante los partidos de la FIFA si las negociaciones sobre un nuevo contrato no son satisfactorias.
Los movimientos sociales en México han aprovechado la ocasión del Mundial para llamar la atención sobre la negligencia y la impunidad del gobierno, incluso mientras el país se sumerge de lleno en la axolotlización (murales de colores vivos que representan a la salamandra nativa axolotl) para hacer el país más atractivo para los visitantes. Los profesores que se manifestaban para exigir la derogación de los programas de austeridad en las pensiones han sido atacados con gases lacrimógenos; la munición no fue tan letal como las balas que masacraron a los estudiantes en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1968, pero no deja de ser munición disparada por el mismo Estado y régimen mexicanos, que una vez más apunta sus armas contra el pueblo.
Por un verdadero internacionalismo deportivo
Aunque la realidad del deporte internacional bajo el capitalismo está marcada por la explotación, la injusticia y el imperialismo, existe, no obstante, un núcleo de sentimiento internacionalista en la organización de un evento deportivo mundial que invita a la participación de equipos de todo el mundo.
En el pasado, las organizaciones internacionales de la clase trabajadora organizaban sus propios torneos como alternativa a los Juegos Olímpicos y los Mundiales capitalistas (y, en algunos aspectos, aristocráticos). La Internacional Socialista de los Trabajadores, de carácter socialdemócrata, y la Internacional Deportiva Roja, liderada por el Komintern, organizaron varios eventos deportivos internacionales en las décadas de 1920 y 1930 como una alternativa a los Juegos Olímpicos. Aunque el sectarismo limitó el alcance de estos eventos (y la URSS quitó la Internacional Deportiva Roja tras las purgas estalinistas de finales de la década de 1930), estos proporcionaron, no obstante, un atisbo de una celebración alternativa del deporte internacional que sitúa a la clase obrera en clara oposición a las prerrogativas del imperialismo.
Hoy en día, las organizaciones de trabajadores a nivel internacional se encuentran en una posición mucho más débil y, en general, carecen de la base de clubes deportivos proletarios (y/o del Estado obrero soviético) que hizo factibles estos eventos en la Europa de entreguerras. Ningún grupo actual estaba en condiciones de convocar una Copa del Mundo alternativa que pudiera desafiar de manera creíble la autoridad y el alcance de la FIFA y sus patrocinadores capitalistas. Construir una cultura deportiva internacional que sea verdaderamente de la clase trabajadora requiere que primero avancemos en la política y organizativamente.
El primer paso hoy es acompañar y replicar la organización que están llevando a cabo los trabajadores de servicios en el estadio SoFi y en otros lugares, quienes se han enfrentado y han denunciado las innumerables injusticias del Mundial, y han movilizado el poder de su posición de clase y su organización para rechazar la imposición del terror de ICE. Solo construyendo este tipo de poder político y organización podrá nuestra clase afirmar su propia visión del internacionalismo deportivo y expulsar de una vez por todas del terreno de juego a la FIFA y a sus Trumps, Blatters e Infantinos.
Foto: Allen J. Schaben / Los Angeles Times
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¡Por la propiedad 100 % pública y el control obrero de la IA!
Por B. COOPER
La batalla nacional en torno a la «IA» está suscitando un debate sobre la propiedad pública, un debate que pone de manifiesto la debilidad tanto de los reformistas demócratas como de los líderes republicanos ante las necesidades reales de la clase trabajadora estadounidense en la lucha contra los oligarcas tecnológicos.
El 3 de junio se celebró una reunión de una hora de duración entre el senador de Vermont Bernie Sanders y el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, para debatir la «idea» de transferir una parte de la empresa a la propiedad pública. La reunión —celebrada a petición del capitalista de la IA Altman— se produjo tras una publicación del 1 de junio en la página web del senador en la que se proponía una legislación para entregar «la mitad de las grandes empresas de IA» al público. El viernes también se escucharon comentarios evasivos del demagógico presidente Trump expresando «interés» en la propiedad pública parcial.
Según Associated Press, Altman rechazó la idea de la propiedad al 50 % (sorprendiendo nadie) y no se comprometió a frenar el gasto electoral de las empresas de IA. Solo quería promover «la idea general». Huelga decir que los promotores del bombo publicitario de la IA, incluido Altman, siempre han hablado en términos abstractos sobre la IA como promotora del «bien público», mientras se embolsan miles de millones de beneficios vendiendo herramientas de IA al ejército, al Estado de vigilancia e a Israel durante su campaña genocida en Gaza. Mientras tanto, están sustituyendo a los trabajadores por agentes de IA en los servicios sociales, privando a la gente de puestos de trabajo y de un servicio de calidad.
Es evidente que la indignación nacional y la creciente resistencia de la clase trabajadora contra los centros de datos de IA están ejerciendo presión sobre algunos responsables políticos, a lo que los oligarcas tecnológicos no elegidos, como Altman, sienten la necesidad de hacer un gesto. Esto no impide que Altman recorra el país, como un estadista, promoviendo los centros de datos codo con codo con los legisladores demócratas.
La única solución a los problemas de la sociedad es la propiedad 100 % pública bajo el control democrático de la clase trabajadora. La clase capitalista no tiene ningún interés en «compartir» el poder con las personas a las que pretende explotar ni sobre el destino de un planeta que pretende explotar.
La debilidad de Bernie Sanders
Una entrada en la web de Sanders que propone una nueva legislación ensalza la IA como «la tecnología más transformadora de la historia del mundo», que tendrá consecuencias «inimaginables». A continuación, el senador plantea la cuestión bastante importante de quién controlará esta tecnología en el futuro, a lo que da una respuesta confusa.
Dado que lo que está en juego al controlar esta «tecnología más transformadora» se ha elevado al nivel de «inimaginable», cabría pensar que la respuesta adecuada sería un cambio sistémico sin precedentes. Pero la propuesta de Sanders es bastante modesta —un fondo soberano—, una idea que apenas amplía la ya mermada imaginación de un «socialismo democrático» que se niega a enfrentarse plenamente al sistema capitalista.
Según Sanders, el fondo soberano convertiría la mitad de las acciones de las empresas de IA en propiedad del Gobierno de EE. UU. Esto presumiblemente daría al Gobierno federal el mismo peso en las reuniones de los consejos de administración de las empresas a la hora de decidir cómo implementar la tecnología de IA. También permitiría, presumiblemente, que el Gobierno de EE. UU. destinara la riqueza de estas acciones a programas públicos o incluso a pagos directos de Renta Básica Universal (UBI).
Es bastante revelador que el «socialismo democrático» siga el ejemplo de los propios multimillonarios tecnológicos, quienes anteriormente, como menciona Sanders, propusieron las ideas de un fondo de riqueza pública y de cheques de pago directos para compensar el potencial de destrucción de empleo de la IA. La razón debería ser obvia. Este sector de la clase capitalista tiene el deseo de comprar a las masas trabajadoras con una concesión que no alteraría fundamentalmente las relaciones de propiedad en las que obtienen sus beneficios.
Esto queda aún más claro cuando Sanders hace referencia al Fondo Soberano de Alaska (FS), que se basa en los ingresos del petróleo. El FS de Alaska, aunque fue aprobado en un referéndum estatal, no somete a las grandes petroleras a un control democrático —ni frena sus peores excesos medioambientales—, sino que se apropia de una parte de los ingresos de los oleoductos para destinarlos a servicios públicos. Los «oligarcas del petróleo» de los combustibles fósiles pueden asumir el golpe en sus beneficios; desde su punto de vista, ¡es el coste de las relaciones públicas para construir su infraestructura esencial!
El FS propuesto por Sanders, si existíera, carecería de fuerza mientras las grandes petroleras, los fabricantes de armas y los capitalistas de la IA tendrían libertad para comprar a los políticos a través de la financiación de campañas. En realidad, ningún gobierno bajo el capitalismo, y menos aún el de Estados Unidos, está totalmente separado de la clase capitalista. Muchos antiguos directores ejecutivos se convierten en congresistas o senadores, y viceversa. De hecho, mientras el capitalismo siga existiendo, los magnates tendrán medios ilimitados para influir en la política y sobornar a los políticos.
Lo que Sanders ignora
La primera pregunta que surge es: ¿por qué no nacionalizar simplemente las empresas de IA? Sanders y otros demócratas «progresistas» hablan de resistirse al futuro horrible e «inimaginable» en el que los multimillonarios controlarían nuestras vidas como reyes-dioses. Pero son incapaces de proponer la solución obvia: ¡echarlos! Eliminar la posibilidad de una dictadura tecnológica mediante la eliminación de la propiedad privada (y los beneficios privados) en las industrias que son, en realidad, el producto del trabajo socializado de los trabajadores y que, por lo tanto, por derecho deberían pertenecerles [1]!
Más bien, Sanders protege los intereses de los magnates prometiéndoles la propiedad continuada de la mitad de la riqueza. Al estar en una posición dominante, Altman dice «no», naturalmente, pero deja la puerta abierta a más conversaciones.
Incluso la hipotética nacionalización de la IA, total o parcial, es una minucia. Uno de los principales motivos de la indignación pública por los centros de datos de IA no es únicamente contra la tecnología de la IA en sí. Es también, e inevitablemente, una lucha por la tierra. Sin olvidar ni por un momento los costes medioambientales de los centros de datos (para el aire, para el agua, de las emisiones de CO₂), la única razón por la que las cámaras de comercio locales (que representan los intereses capitalistas, no los de los trabajadores) pueden introducir a escondidas centros de datos por encima de las cabezas de la población local, o incluso pensar en comenzar la construcción sin debate, es porque tienen los recursos —y el derecho, bajo el capitalismo— para comprar y vender libremente terrenos destinados al «desarrollo» (léase: para empresas privadas).
Mientras la tierra exista como propiedad privada, los trabajadores se verán obligados a resistir la codicia de los promotores inmobiliarios. La lucha por la tierra siempre ha sido un aspecto importante de la lucha de clases en la historia de Estados Unidos. Entre los ejemplos recientes se incluyen las luchas indígenas para proteger la tierra de los oleoductos que devoran petróleo, la lucha contra Cop City (por la que la activista Tortuguita fue asesinada a sangre fría por la policía de Atlanta) y las luchas de los trabajadores negros para resistirse a la gentrificación y detener la contaminación en nuestras ciudades. Los trabajadores también han resistido la destrucción de la vida silvestre. ¡La lucha por controlar los centros de datos de IA es la última de una larga sucesión de luchas por la tierra!
El socialismo revolucionario propone el control público al 100 % no solo de la industria, el transporte y los bancos, sino también de la tierra. Aprobad todos los fondos soberanos que queráis. No significará nada mientras la tierra y los bancos sean propiedad privada de las grandes empresas.
Las acciones de IA salen a bolsa
Recientemente se ha informado de que Sam Altman ha presentado una oferta pública inicial. Esto significa que las acciones de OpenAI pronto podrán negociarse libremente en el mercado de valores. Esta medida suele ser adoptada por una empresa que busca ampliar sus beneficios permitiendo que un mayor número de inversores, de todos los tamaños, financien la empresa y, a su vez, participen en su rentabilidad —o en su quiebra—. Sea cual sea el futuro, esto demuestra que el director ejecutivo de OpenAI no se está tomando en serio a Sanders.
Varios competidores también están saliendo a bolsa, entre ellos Anthropic y SpaceX, de Musk. La forma en que se organizó la OPV de SpaceX fue diseñada para convertir a Musk en el primer billonario con y, al mismo tiempo, permitirle conservar la propiedad de alrededor del 46 % de las acciones de SpaceX, mientras controla más del 80 % de los votos en la empresa. Catapultada hacia el S&P 500, SpaceX se incorporaría en todos los planes de pensiones 401k [2]. Aunque varios observadores cuestionan los riesgos de permitir que una empresa con un valor tan enorme entre en el mercado de valores sin salvaguardias, los reguladores de Wall Street no impedirán que Musk siga adelante con su objetivo de hacer subir sus cifras.
La ironía es múltiple. Estas empresas ya son las que han recibido más inversión que cualquier otro sector, todo ello debido al bombo publicitario en torno a «la tecnología más transformadora de la historia del mundo», una afirmación que las empresas de IA se ven obligadas a hacer realidad (a través de la política gubernamental), para justificar la burbuja más colosal de la historia del mundo.
Cuando el senador Sanders propuso que el Gobierno de EE. UU. poseyera el 50 % de las acciones de IA (Musk se desprendería de tan solo un 20 %, por cierto), esto se situaría en el contexto de un mercado de valores capitalista en el que las acciones obedecen a la ley del valor, la ley que dicta los precios en una economía capitalista. Por lo tanto, cuando una empresa privada sale a bolsa, esto es tan democrático como la compra y venta de cualquier otra mercancía en el mercado capitalista.
El mercado de valores, por su propia naturaleza, hace que el propietario parcial de una empresa quede a merced de los caprichos del propietario mayoritario, quien a su vez se ve impulsado por el mercado capitalista a aumentar el valor de las acciones. Esta es precisamente la lógica que subyace a la prisa de los «tech-bros» por introducir la IA en todo. Lanzar una riqueza sin precedentes al mercado de valores abierto también forma parte de esta misma estrategia para inflar artificialmente el valor de las empresas de IA.
Dejando de lado los problemas de corrupción, implementación y alcance ya mencionados anterior, ¿qué debemos pensar del hecho de que el gobierno posea el 50 % de las acciones de un proyecto que se ha creado esencialmente para obtener beneficios privados? En esencia, los servicios sociales están vinculados al éxito o al fracaso de la empresa. O bien se hace lo posible por mantener a flote las acciones, es decir, se apoya el crecimiento sin restricciones de la IA, o bien se deja que las acciones se desplomen junto con los servicios sociales.
Los fondos soberanos no otorgan a los trabajadores de Alaska o Noruega poder sobre los magnates del petróleo, sino que hacen que sus gobiernos queden en deuda con esos mismos magnates, quienes pueden así presentarse como bendiciosos proveedores de servicios mientras ejercen una influencia desmesurada sobre los gobiernos municipales y regionales. No sería diferente con las empresas de IA, que buscarían ampliar continuamente sus beneficios. Un fondo soberano no sería más que otra palanca de control capitalista, no de emancipación de la clase trabajadora.
El «socialismo democrático» al estilo de Sanders vuelve a demostrar una vez más su estrechez de miras. Para que los trabajadores controlen las tecnologías del futuro (y son solo ellos quienes deberían hacerlo), ¡el sector financiero y todos los bancos también deben ser 100 % de propiedad pública y estar controlados por los trabajadores!
Los trabajadores necesitan su propio gobierno, uno que eche sin piedad a los multimillonarios y organice una economía socialista basada en la propiedad y el control comunes de toda la tierra, todas las finanzas y toda la industria. Un gobierno así tendría que ser verdaderamente humanista en su esencia, rechazando el desmantelamiento de los servicios sociales básicos y dando trabajo a las personas, no a los agentes de IA. ¡Este futuro es perfectamente imaginable cuando los trabajadores luchan por él!
¡Por la propiedad 100 % pública de toda la IA! ¡De la tierra! ¡De la industria! ¡Del transporte! ¡De los bancos! ¡Por el control democrático de la economía por parte de los trabajadores, los agricultores, los pueblos indígenas y la comunidad!
¡Por un ingreso máximo: abolir la riqueza de los multimillonarios, los billonarios y los billonarios! ¡Financiar la Seguridad Social para proporcionar un sustento completo a las personas mayores y los jubilados; asistencia sanitaria gratuita y de calidad para todos!
Notas:
[1] Esto es igualmente cierto para las herramientas de IA, que se alimentan de la inteligencia natural de los trabajadores humanos del Sur Global. Empresas como Prolific, Remotetasks y Qualtrics ofrecen crowdwork como servicio a través de la economía «gig», aunque empresas más grandes como Amazon cuentan con crowdwork interno. Los trabajadores de Kenia, India y Uganda actualizan constantemente textos e imágenes para corregir errores en los modelos de entrenamiento de la IA. Estos trabajadores están constantemente expuestos a discursos de odio, imágenes violentos y contenidos de abuso infantil para moderar los resultados de la IA. El trabajo está mal remunerado, con horarios irregulares y sin protecciones laborales. Este trabajo pasa desapercibido para los consumidores de servicios de IA del Norte Global, y a las empresas tecnológicas les gusta que sea así.
[2] Es un ejemplo impactante de la codicia capitalista cómo la financiación de la jubilación se ha vinculado al mercado de valores a través del sistema 401k. Mientras tanto, otras formas más equitativas de financiación de la jubilación, como las pensiones o la Seguridad Social, están desapareciendo o en peligro. Nuestros mayores se merecen algo mejor que el capitalismo.
Foto: El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, habla con los periodistas en Washington tras su reunión con el senador estadounidense Bernie Sanders. (AFP / Yonhap)
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Mundial 2026: ni la FIFA logra lavarle la cara a Trump
Por Cristian Verite
La FIFA, organismo que administra el fútbol a nivel mundial, está a las puertas de un nuevo evento.
Un evento que, sin dudas, para grandes sectores de la clase obrera y de los sectores populares —en particular en América y Europa— genera mucha expectativa.
Lo que para la mayoría significa pasión, sentimiento o identificación, para quienes conducen el fútbol representa grandes ganancias, apoyo político y enormes beneficios para unos pocos.
La FIFA trumpista y xenófoba
El objetivo de realizar el Mundial en Estados Unidos por parte de Trump se remonta a su primer gobierno, en 2017, cuando logró que el país fuera elegido como sede junto con México y Canadá. Esto no estuvo exento de polémicas, ya que, al igual que ocurrió con la elección de Qatar, hubo denuncias de sobornos relacionados con la FIFA.
Desde entonces hasta hoy, la FIFA encabezada por Gianni Infantino funciona prácticamente como una secretaría del gobierno de Trump: le entrega premios por su supuesta lucha por la paz mundial y le organiza reuniones con figuras del fútbol mundial como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Además, la FIFA no hace más que avalar las prohibiciones que impone Trump a distintos países para ingresar a Estados Unidos, como viene sucediendo en los últimos días, a horas del comienzo del Mundial.
Más de 50 países de Asia y África están sujetos a una fianza de visado. Esto significa que sus ciudadanos deberán pagar entre 5.000 y 13.000 dólares para ingresar a Estados Unidos, además de someterse a la revisión previa de sus redes sociales.
La “fiesta” que prepara el ICE
Hace algunas semanas, el gobierno anunció que la seguridad durante el Mundial en los estadios contará, entre otros organismos, con la participación destacada del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, por sus siglas en inglés). Si bien se informó que la tarea del ICE será colaborar en la detección de falsificaciones de entradas y reventa, no sería extraño que las deportaciones masivas por ingresos irregulares terminen predominando durante la Copa.
Sin embargo, ni siquiera este intento de disimular el papel del ICE logra mejorar su imagen. Según una encuesta del The Washington Post y la Universidad de Maryland, el 65% de los encuestados está en contra de la presencia del ICE en los estadios durante el Mundial. Cerca de ocho de cada diez afroamericanos e hispanos rechazan la presencia de agentes de ese organismo.
La facturación, por debajo de lo esperado
Trump había anunciado con bombos y platillos que la realización del Mundial aportaría 17.200 millones de dólares al PBI del país. Sin embargo, esa proyección viene cayendo y los datos están muy por debajo de lo esperado por varias razones.
En primer lugar, el valor de las entradas: rondan los 600 dólares en la fase de grupos y llegan hasta los 13.000 dólares para la final. Todos los indicios señalan que serán pocos los partidos con estadio lleno. Solo en comparación con el Mundial de Qatar 2022, las entradas son siete veces más caras. Además, el tren para llegar al MetLife Stadium —donde se jugará la final— costará 150 dólares, muy por encima de la tarifa actual de 12,90 dólares.
En segundo lugar, está la preocupación que representa para los extranjeros visitar Estados Unidos. Esto no solo se refleja en los datos de este Mundial, sino que parece comenzar a convertirse en una tendencia: en 2025, Estados Unidos fue el único país considerado “grande” que registró una caída abrupta en la llegada de turistas. Además, más de 120 organizaciones de derechos humanos emitieron una alerta de viaje para los asistentes, advirtiendo que podrían enfrentar graves violaciones a sus derechos.
Por último, llegan datos poco alentadores para Trump y la FIFA. Según Tourism Economics, “el 80% de los hoteles en las ciudades sede informa que la demanda de alojamiento está por debajo de lo esperado”.
La misma consultora prevé que más de 1,2 millones de personas llegarán al país para el evento, aunque las últimas actualizaciones muestran cifras inferiores a esa proyección.
Malestar social y clima político
Los datos del Mundial, el rechazo creciente hacia las fuerzas de seguridad y las movilizaciones actuales —como “No Kings” en Estados Unidos y las protestas de maestros en México— expresan que este Mundial difícilmente logre frenar el malestar con el gobierno de Trump y mucho menos contener la movilización social en la región.
Esto incluye, de manera central, al continente americano, donde se vienen desarrollando procesos de lucha crecientes en países como México, Bolivia, Colombia, Chile y Argentina.
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Bolivia: Paz promulga la ley de estado de excepción y recrudece la represión contra los dirigentes de las luchas sociales.
Solidaridad internacional con la lucha boliviana!
Por LENA SOUZA
La promulgación de la nueva Ley de Regulación de Estados de Excepción por parte del gobierno de Rodrigo Paz significa la profundización de la represión del Estado en la crisis política y social que atraviesa Bolivia. Aunque el Ejecutivo aún no ha decretado formalmente el estado de excepción, la aprobación de una norma que amplía las facultades del Gobierno y de las fuerzas represivas ocurre en medio de un escenario de ampliación de las movilizaciones populares, bloqueos y protestas. La ley constituye una advertencia sobre el rumbo que pretende adoptar el gobierno frente al creciente descontento popular. Mientras se prepara el marco legal para una eventual intervención más dura de las fuerzas de seguridad, hay una fuerte persecución y aprehensión de dirigentes sindicales, campesinos e indígenas.
La ley de estado de excepción: licencia para matar
Las organizaciones sindicales, populares, indígenas y numerosos defensores de los derechos democráticos afirman que la nueva ley representa la impunidad para la represión a la protesta. La norma amplía las atribuciones del Ejecutivo para intervenir en conflictos internos y modifica los límites que anteriormente regulaban la actuación de las Fuerzas Armadas y de la Policía.
Una de las diferencias más perceptibles entre la nueva Ley de Regulación de Estados de Excepción y la anterior Ley 1341 radica en la ampliación de las facultades del Órgano Ejecutivo y en las mayores garantías otorgadas a las fuerzas represivas del Estado. Mientras la ley anterior establecía que las Fuerzas Armadas solo podían intervenir de manera complementaria a la Policía cuando esta hubiera sido efectivamente rebasada y mantenía la responsabilidad penal, civil y administrativa individual de sus efectivos, la nueva normativa incorpora la figura de la “insuficiencia operativa sobreviniente” para justificar la actuación conjunta de policías y militares y, además, en su artículo 26 establece que las actuaciones de las Fuerzas Armadas y de la Policía durante el estado de excepción gozarán de una presunción de legalidad. Asimismo, el artículo 27 garantiza patrocinio legal estatal a los efectivos procesados por hechos ocurridos durante los operativos.
Para los sectores movilizados, la ley constituye una verdadera «licencia para matar», al priorizar la defensa del orden establecido por encima de las libertades democráticas y del derecho del pueblo a protestar.
La represión aumenta y se detiene a varios dirigentes
Aunque el estado de excepción todavía no ha sido declarado, las denuncias sobre persecución política y represión continúan creciendo. La escalada represiva se ha profundizado a medida que el gobierno prepara las condiciones para una eventual declaración del estado de excepción. Según datos difundidos en los últimos días, al menos 365 personas fueron arrestadas durante las más de cinco semanas de conflicto social que atraviesa el país.
Entre las detenciones más recientes se encuentran la de Justino Apaza, presidente de la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE), secuestrado por encapuchados, en un vehículo sin placa y enviado a prisión preventiva bajo acusaciones de terrorismo, asociación delictuosa e instigación pública a delinquir; la de Bernabé Gutiérrez, dirigente de los Ponchos Rojos; y la aprehensión de cinco dirigentes nacionales de la COB ocurrida el 7 de junio. Según la denuncia de la Central Obrera Boliviana, los dirigentes fueron interceptados mientras circulaban por la vía pública en un vehículo particular en la ciudad de El Alto por individuos encapuchados, vestidos de civil y armados, quienes no se identificaron ni exhibieron órdenes de aprehensión. Durante el operativo se lanzó gas lacrimógeno al interior del vehículo para obligar a los ocupantes a descender y posteriormente, los dirigentes fueron trasladados a dependencias de la FELCC.
Esta política busca generar miedo entre los sectores movilizados y desarticular la organización popular. De esta forma, la aprobación de la nueva ley de estado de excepción es parte de una estrategia ya en marcha para contener el movimiento social mediante la fuerza.
Paz sigue el libreto de la derecha y Trump
Durante la promulgación de la nueva Ley de Estados de Excepción, el presidente Rodrigo Paz ha justificado la represión con el discurso ya conocido al asociar las movilizaciones y bloqueos a una estructura vinculada al “narcoterrorismo”. Esta retórica no es nueva en América Latina En los últimos años los gobiernos de derecha y los sectores alineados con la política exterior de Estados Unidos han utilizado etiquetas como “terroristas”, “subversivos” o “narcoterroristas” para desacreditar y criminalizar las luchas sociales, justificar la intervención de las fuerzas represivas y restringir las libertades democráticas. Al presentar a los sectores movilizados como una amenaza para la seguridad nacional, el gobierno busca deslegitimar reivindicaciones que tienen origen en la crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida y el descontento popular. La supuesta lucha contra el narcotráfico, el terrorismo o el crimen organizado está siendo utilizada reiteradamente como argumento para aumentar la injerencia política, diplomática y militar de Estados Unidos en América Latina. En este contexto, el discurso de Paz constituye un intento de preparar a la opinión pública para una mayor escalada represiva, legitimar las detenciones de dirigentes sindicales, campesinos e indígenas y convencer la población de la necesidad de injerencia imperialista en el país.
De esta forma, más una vez repudiamos la posición de Lula, que bajo el argumento de “respeto a las instituciones democráticas y al estado de derecho” se ha puesto al lado del gobierno Paz, en contra la movilización de los trabajadores.
¡Libertad para los presos por luchar! ¡Llamamos a la más amplia solidaridad internacional!
La lucha que hoy se desarrolla en Bolivia trasciende las fronteras nacionales. Su desenlace tendrá consecuencias para el conjunto de los pueblos trabajadores, campesinos e indígenas de América Latina, que enfrentan una ofensiva cada vez más agresiva de los gobiernos de derecha, las grandes corporaciones transnacionales y el imperialismo sobre los derechos democráticos, los recursos naturales y las condiciones de vida del pueblo pobre y trabajador.
Una victoria de la movilización popular en Bolivia fortalecería las luchas de los pueblos de toda América Latina contra los planes de ajuste, la represión y el saqueo de los recursos naturales; del mismo modo, una derrota abriría el camino para nuevas ofensivas contra las conquistas sociales y democráticas en toda la región.
La solidaridad internacional no es solamente un acto de apoyo al pueblo boliviano, sino también una forma de defender los intereses comunes de los pueblos latinoamericanos frente a la dominación imperialista y las políticas al servicio de las élites económicas.
Por ello, es fundamental desarrollar la más amplia unidad de acción en defensa de la lucha del pueblo boliviano y la libertad de los detenidos y perseguidos políticos.
Hacemos un llamado a la solidaridad internacional a las centrales sindicales, organizaciones campesinas, movimientos indígenas, organizaciones democráticas y de derechos humanos de América Latina y del mundo. La defensa de las libertades democráticas en Bolivia es una causa que concierne a todos los trabajadores y pueblos que enfrentan políticas de ajuste, persecución y criminalización de la protesta.
Es necesario impulsar pronunciamientos, campañas de denuncia, actos públicos y acciones de solidaridad ante las embajadas bolivianas en distintos países para exigir el respeto a los derechos democráticos y la libertad de todos los detenidos.
La historia demuestra que cuando los gobiernos intentan resolver las crisis sociales mediante la represión, la solidaridad nacional e internacional se convierte en un arma fundamental de los pueblos. Frente a cualquier intento de imponer una salida autoritaria a la crisis boliviana, respondamos con más organización, más unidad y más solidaridad.
¡Libertad inmediata para todos los presos por luchar! ¡Abajo la criminalización de la protesta social! ¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores y los pueblos! ¡Todo poder a la COB!
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Sobre la acusación de EE.UU. contra Raúl Castro
Por YUSEF RAMIREZ
Los Estados Unidos intensificó su agresión en contra del pueblo cubano con la acusación de homicidio de Raúl Castro. Esta acusación se remonta al derribamiento de dos avionetas yanquis en zona aérea cubana por parte de las fuerzas armadas cubanas en el 1996. Estas avionetas operaban en nombre de la organización Brothers to the Rescue (BTTR) que volaba sobre el espacio aéreo cubano para provocar al gobierno y depositar propaganda anti-comunista para fomentar un levantamiento en contra del regimen.
Brothers to the Rescue surgió entre la comunidad cubana anti-comunista en los años después de la Revolución de 1959. El gobierno cubano dejó saber a la FFAA de los EEUU sobre las incursiones de BTTR en terreno cubano pero se negó a frenar sus actividades. José Bastos respondió a las advertencias de la FFAA diciendo que estaba llevando a cabo ‘actos de desobedencia civil’ en contra del gobierno cubano.
Aunque las administraciones norteamericanas desde Clinton hasta Trump han condenado el derribamiento como un ataque no provocado hacia una aeronave civil, la realidad es más profunda. José Basulto era un operativo de la CIA que, como muchos como él, buscaban desestabilizar y derrocar a la revolución cubana a través de propaganda, sabotaje, y terrorismo. Aunque en el 2023 los EEUU reclasificó a Cuba como país terrorista, la realidad es inversa: los EEUU ha invadido, enviado bacterias, asesinado, bombardeado, e intentado eliminar a los líderes de la Revolución. El mismo José Basulto es veterano de la fallida invasión de la Bahía de Cochinos en 1963 y participó en el bombardeo de un hotel habanero en 1962 en donde lanzó cañones desde una lancha.
Esta agresión es un paso en el esfuerzo de forzar un cambio de regimen en Cuba o de doblegar al regimen para aceptar la hegemonía norteamericana. EEUU busca recolonizar a América Latina para frenar el crecimiento del imperialismo chino que continua su intervención económica y diplomática. Es un reconocimiento de que han surgido otros imperialismos – el ruso y el chino – que desafían la hegemonía norteamericana en europa oriental, el asia central, y el asia oriental, una nueva realidad mundial que fuerza una reorientación de los yanquis hacia su histórico ‘patio trasero’.
Trump está siguiendo el mismo patrón que utilizaron en preparación para la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. La acusación legal, la presión económica, y la amenaza militar fueron utilizadas para aislar al regimen y arrestar a Maduro con una incursión de fuerzas especiales. Con el secuestro de Nicolás Maduro y la sumisión del estado venezolano bajo Delcy Rodriguez, Trump le mandó un mensaje a toda América Latina – que había llegado el patrón para poner las cosas en orden.
Con el bloque energético hacia cuba, los EEUU está sumiendo a los cubanos a una crisis profunda, en la cual escasean el agua, la comida, el transporte, la atención médica, y todas los servicios esenciales que hacen a una sociedad funcionar. Desde la acusación a Raúl Castro, EEUU ha impuesto nuevas sanciones, todo con el plan de estrangular a la isla y aumentar la desesperación de la población cubana.
La presión militar, económica, y política hacia cuba señala que los EEUU tiene el objetivo de terminar con o hacer doblegar al regimen cubano. El 14 de mayo el director de la CIA, John Ratcliffe, hizo una visita inédita a la isla, en donde le comunicó sin tapujos al gobierno cubano que los EEUU estaba dispuesto a suavizar las sanciones y permitir apoyo económico si el gobierno realizaba “cambios fundamentales,” cambios que apuntan hacia un regimen que acata las ordenes del imperialismo yanqui.
No es ninguna coincidencia que los estados unidos intensifiquen sus ataques hacia cuba en este momento. Justo antes de las elecciones intermedias en los EEUU – en las cuales Trump mantiene su poder como lider del partido republicano pero con un apoyo popular en declive – Trump pretende aumentar su legitimidad con una victoria de política extranjera hacia uno de los enemigos politicos de larga data del imperialismo norteamericano. La humillación que los EEUU se enfrente ante Irán le impulsa a atacar a Cuba, que es un país más débil, para así fortalecer su imagen como jefe imperialista.
La acusación hacia Raúl Castro también es una concesión a la rabiosa comunidad de cubanos de derecha que llevan decadas soñando poder volver y retomar las propiedas expropiadas por la revolución de 1959. El anti-comunismo cubano en la Florida está estrechamente ligado al movimiento MAGA y que ven en este movimiento la posibilidad de terminar con el Partido Comunista Cubano y el legado de la revolución cubana.
Además, el ataque no se limita a cuba; el gobierno federal pretende realizar investigaciones en contra del movimiento en solidaridad con cuba en los eeuu. Forma parte de su programa autoritario para silenciar a toda la disidencia, en particular la que reivindica el legado de la revolucion cubana, la solidaridad internacional, y el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
Los socialistas en los EEUU tenemos una responsabilidad en luchar en contra de los ataques del gobierno de Trump hacia Cuba. Nos oponemos a las sanciones economicas, las maniobras jurídicas en contra de sus líderes, y el cercamiento militar sin brindar apoyo político al régimen cubano. Solo la clase trabajadora cubana, en alianza con los obreros de los EEUU y Latinoamérica, puede ofrecer una salida digna, soberana, y democrática para el pueblo cubano.
Foto: Raúl Castro (AP)
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CSP-Conlutas lucha por la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil
Por COCO SMYTH
CSP-CONLUTAS, el Centro Sindical y Popular – Coordinación Nacional de Luchas, celebró su VI Congreso del 18 al 21 de abril en São Paulo, Brasil. CSP-CONLUTAS representa a 2 millones de trabajadores y cuenta con docenas de organizaciones de movimientos sociales afiliadas, además de una importante participación del movimiento socialista en Brasil.
Este Congreso marcó el 20.º aniversario de la fundación de la federación, cuando se separó de la federación sindical CUT del Partido de los Trabajadores (PT). La CSP-CONLUTAS rompió con la CUT para construir un movimiento militante y con conciencia de clase, independiente del PT, en un período de creciente colaboración de clases y acomodación al capitalismo por parte de los elementos dirigentes del PT y de la CUT.
Asistí al Congreso como uno de los 36 delegados internacionales que acudieron para observar y apoyar los esfuerzos de la CSP-CONLUTAS por construir una formación revolucionaria e internacionalista del movimiento social y obrero en Brasil.
Lo primero que oí mientras hacía cola para inscribirme en el Congreso el primer día fue el sonido de los músicos tocando los berimbaus. El Grupo Raça e Clase, una organización de movimiento social afiliada a CSP-CONLUTAS que lucha por los derechos de los negros brasileños, ofrecía una actuación de capoeira dirigida por niños y jóvenes. La capoeira, un arte marcial desarrollado por los africanos esclavizados en Brasil para resistir a sus opresores, aunque se adaptó a la cultura brasileña dominante en el siglo XX, sigue siendo un símbolo de lucha y resistencia colectiva para los afrobrasileños.
Tras la inscripción, comenzaron las sesiones. Gran parte de la agenda de los dos primeros días se centró en el debate sobre la situación política internacional desde una perspectiva revolucionaria de la clase trabajadora. Decenas de ponentes de diversos sindicatos afiliados y organizaciones revolucionarias expusieron y debatieron perspectivas sobre el estado del imperialismo, desde la decadencia del imperialismo estadounidense hasta el auge de China y Rusia. Los organizadores defendieron posiciones firmes a favor de la liberación de Palestina y en contra de la agresión estadounidense-israelí contra Irán y el Líbano, así como en apoyo de la lucha de Ucrania por la autodeterminación frente a Rusia.
El primer día, una declaración en vídeo de Mandi Coelho, organizadora de Rebeldia Juventude, la sección juvenil del Partido Socialista Unificado de los Trabajadores (PSTU), una organización influyente dentro de CSP-CONLUTAS, fue recibida con entusiasmo por los 1500 asistentes. Coelho hablaba desde la Flotilla Global Sumud, que reunió a cientos de activistas de todo el mundo para intentar romper el bloqueo de Gaza y llevar ayuda humanitaria vital a la franja. Los cánticos por una Palestina libre resonaban mientras las banderas palestinas ondeaban en la abarrotada sala de conferencias. No había duda de cuál era la postura de la organización sobre esta y muchas otras cuestiones vitales de la política internacional.
A mí, junto con delegados de otros 19 países, se nos dio la oportunidad de hablar ante el Congreso sobre las condiciones y las luchas en nuestros países y la importancia de la labor de CSP-CONLUTAS. Toda la sala escuchó con atención a los oradores de todo el mundo, con el claro reconocimiento de que nuestras luchas están interrelacionadas y de que formamos parte de un mismo movimiento internacional. El tiempo significativo dedicado en el Congreso a examinar la situación política mundial demostró lo fundamental que es el internacionalismo para CSP-CONLUTAS —no solo por convicción moral, sino por la naturaleza global de la explotación capitalista y la opresión imperialista, y por la naturaleza global de la lucha de la clase trabajadora.
Pero el Congreso no fue solo una reunión motivadora o una reafirmación de principios. A lo largo de los cuatro días, los delegados hablaron apasionadamente sobre las prioridades y la orientación de la organización y debatieron con entusiasmo la estrategia y el enfoque de su federación. Entre los debates claves se encontraba la relación entre el movimiento social y las organizaciones sindicales afiliadas a CSP-CONLUTAS. A la hora de votar, los delegados aprobaron un ambicioso programa de lucha que incluía una campaña contra la semana laboral 6×1 (6 días de trabajo, 1 de descanso) a favor de una semana laboral 4×3, en contraste con la labor legislativa del gobierno de Lula a favor de un horario 5×2. También aprobaron campañas contra la epidemia de feminicidios en Brasil, así como en apoyo a la lucha indígena, que se ha intensificado en el país en los últimos años.
Al término del Congreso, la CSP-CONLUTAS aprobó planes de acción y resoluciones, entre las que se incluyen:
- Acabar con la semana laboral 6×1 a favor de la 4×3
- Reducción de la semana laboral sin reducción salarial
- Oposición al Marco Fiscal
- Fin de la privatización y la precarización
- Independencia de clase respecto al gobierno de Lula
- Unificar los movimientos sociales y sindicales
- Movilizaciones del Primero de Mayo orientadas a la clase
- Resoluciones contra el machismo, la fobia a las personas LGBT, el racismo y la violencia contra las mujeres
- Apoyo a la lucha indígena
- Apoyo a Palestina y solidaridad contra el imperialismo
- Condena de la invasión rusa de Ucrania, así como del papel de la OTAN.
Ver a CSP-CONLUTAS en acción
Más allá de la sala del Congreso, pude ver en la práctica el trabajo de CSP-CONLUTAS. Asistí a una manifestación liderada por estudiantes en la Universidad de São Paulo (USP) en apoyo a la huelga tanto de estudiantes como de trabajadores de la universidad. La USP, con 97 000 estudiantes, es la mayor y una de las universidades más prestigiosas de Brasil. A pesar de ello, la situación de los estudiantes, el profesorado y el personal es grave. El personal inició la huelga para luchar contra la externalización, la desigualdad y los bajos salarios y prestaciones. Los estudiantes apoyaron las reivindicaciones de los trabajadores al tiempo que planteaban sus propias demandas para mejorar las condiciones en la universidad. Las reivindicaciones de los estudiantes incluían abordar la escasez de viviendas y las becas insuficientes, que empujan al límite a miles de estudiantes de clase trabajadora que intentan completar sus estudios sin fondos.
Una multitud de estudiantes y trabajadores se adueñó de las concurridas calles para impulsar esta lucha. La manifestación iba encabezada por un camión con un sistema de megafonía y una banda de tambores, que mantuvieron el ánimo y la energía. Los miembros de CSP-CONLUTAS y las organizaciones afiliadas se hicieron visibles con sus banderas entre la multitud de casi 1000 estudiantes y trabajadores universitarios. Tras mi breve experiencia en la manifestación, la huelga siguió intensificándose y ampliándose, y aún continúa.
En los días siguientes, junto con otros delegados internacionales, fui a São José dos Campos, donde CSP-CONLUTAS ha establecido una base sólida, especialmente entre su base tradicional de trabajadores metalúrgicos. A primera hora de la mañana, antes del inicio de su turno, asistimos a una reunión masiva de trabajadores metalúrgicos, que estaban decidiendo si aceptar o no las concesiones ofrecidas por la dirección para evitar una huelga. Gracias a su enfoque militante y a la actividad de los trabajadores, el acuerdo ofrecido por la dirección cedía en casi todas las reivindicaciones fundamentales de los trabajadores, por lo que fue aprobado con entusiasmo. Esta reunión fue una pequeña muestra de lo que se puede lograr cuando los sindicatos cuentan con una base activa y con líderes que no temen adoptar un enfoque militante en la lucha contra la dirección.
Más tarde ese mismo día, fuimos a Quilombo Coraçao Valente (Corazón Valiente), una comunidad de unas 350 familias a las afueras de Jacarei, cerca de São José dos Campos. Las líderes de la comunidad, todas mujeres, nos contaron su lucha de años contra el gobierno por su derecho a vivir en la tierra. Tras siete años de lucha, finalmente obligaron al gobierno a reconocer sus derechos colectivos sobre la tierra.
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África como vertedero de migrantes
— La Voz por la liberación negra—
Por BRIAN CRAWFORD
En abril, la República Democrática del Congo comenzó a acoger a ciudadanos de terceros países deportados desde Estados Unidos. Es uno de los muchos países africanos que acogen a estos deportados. La Administración Trump ha expulsado por la fuerza a migrantes y solicitantes de asilo sin informarles de su destino. Se intenta llevar a cabo la deportación masiva mediante la repatriación, y cuando esto no es posible porque los detenidos se niegan a ser repatriados o su país de origen se niega a recibirlos, los «acuerdos de cooperación en materia de asilo» o los acuerdos con «terceros países» se han convertido en la alternativa preferida de la administración. Para Trump y su banda de intolerantes, nada es demasiado duro para llevar a cabo la deportación masiva.
La amenaza de la deportación a «terceros países» también se utiliza para presionar a los solicitantes de asilo a que renuncien a sus derechos y abandonen los EE. UU. «voluntariamente». Incluso cuando los detenidos cuentan con órdenes judiciales de protección, los funcionarios de inmigración han incumplido dichas órdenes. La Associated Press documentó 250 casos de incumplimiento.
La Ley de Refugiados de 1951 y la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura obligan a los países a tener en cuenta la posibilidad de que los refugiados sufran malos tratos a manos del Estado que los acoge. La protección se aplica independientemente de la situación legal. Es ilegal enviar a un detenido a un país donde pueda sufrir abusos contra los derechos humanos. Pero a la administración de Trump claramente no le importa la legalidad. Su enfoque ha consistido en negar a las personas el derecho a un proceso justo. Negocian acuerdos secretos y se llevan a los detenidos en vuelos secretos.
Una comisión de relaciones exteriores del Senado descubrió que la administración Trump había enviado más de 32 millones de dólares a países africanos. Estos pactos entre países también se conocen como «acuerdos de tercer país seguro». Sin embargo, no hay nada «seguro» en los países en cuestión. Eswatini sigue manteniendo a 19 hombres en detención ilegal tras su llegada desde EE. UU. Sudán del Sur sufre la guerra y la hambruna, y la violencia contra la población civil es rampante. También existe la amenaza de que la guerra en Sudán se extienda desde el norte. Funcionarios estadounidenses se dirigieron al Gobierno de Sudán del Sur para que aceptara a ocho deportados, de los cuales solo uno era originario de Sudán del Sur. A cambio, el Gobierno pidió a EE. UU. que eliminara las restricciones de visado y levantara las sanciones a los ciudadanos de Sudán del Sur, según Politico. EE. UU. había revocado los visados en abril de 2025 tras exigir al país que aceptara el retorno de sus ciudadanos.
Camerún recibió a 17 hombres y mujeres procedentes de otros países africanos. El Gobierno detuvo a los 17 y los presionó para que regresaran a sus países de origen. Aunque algunos de los detenidos no reunían los requisitos para obtener asilo en EE. UU., estaban bajo una orden de protección de los tribunales. EE. UU. deportó a africanos occidentales a Ghana, quienes posteriormente quedaron abandonados en Togo sin documentación. A la Administración Trump no le importa especialmente adónde se les envíe, siempre y cuando ya no esten en Estados Unidos.
La administración ha recurrido al soborno. Eswatini ha aceptado 5 millones de dólares para acoger a los deportados, incluso a aquellos designados como «criminales y terroristas». Guinea Ecuatorial recibió 7 millones de dólares. La Sociedad Jurídica de Uganda actúa en nombre de los detenidos que han sido reducidos a «poco más que muebles, en beneficio de intereses anónimos, a ambos lados del Atlántico» (según «Externalizing Asylum»). El acuerdo entre Uganda y EE. UU. publicado no revela si hubo alguna compensación monetaria.
La administración de Trump convirtió a Ruanda en un destino específico (o vertedero) para la deportación masiva. El país aceptó acoger a 250 deportados. A pesar de las afirmaciones del anterior Gobierno británico, Ruanda, según la mayoría de los informes, no es ningún país seguro. En respuesta a una pregunta sobre el asesinato de refugiados, un funcionario ruandés declaró: «Puede que haya ocurrido, ¿y qué?» (Cristiano d’Orsi, externalizingasylum.info). Las fuerzas de seguridad actúan con impunidad y las fuerzas de la oposición son aplastadas. Además de las muertes bajo custodia, se producen desapariciones forzadas y amenazas a los ruandeses que viven en el extranjero. Sin embargo, el compromiso de Trump con la mayor deportación masiva de la historia de EE. UU. pesa más que las preocupaciones por los derechos humanos. Todo respeto por los derechos civiles y humanos se deja de lado para llevar a cabo la limpieza étnica y racial de la administración.
Al igual que Trump, el proyecto sionista de limpieza étnica también se avanza. El gobierno de Netanyahu ha propuesto a múltiples naciones africanas como destino para la población de Gaza. El año pasado, Israel reconoció al estado separatista de Somalilandia. La motivación era doble: establecer un punto de apoyo en África Oriental y reasentar a los palestinos. Israel también planteó la idea de enviar a la población superviviente a Egipto y Sudán.
África es ahora un vertedero para los refugiados de las guerras, la persecución racial y étnica, el cambio climático y la hambruna. Las condiciones en gran parte del mundo están contribuyendo a un éxodo de proporciones bíblicas a escala mundial. Mientras tanto, los imperialistas rivales siguen explotando los recursos de África. Los países ricos no son la solución, sino la fuente del problema.
¿Qué lugar ocupa África en la economía mundial? El mismo que siempre ha ocupado: el de proveedor de materias primas. Sigue estando subdesarrollada y dependiendo de la industria extractiva.
La relación de Europa y Estados Unidos con el continente es prueba de la naturaleza bárbara del capitalismo. Tras cientos de años de cazar y secuestrar a su población y saquear sus recursos, ahora utilizan África como receptáculo para los apátridas.
Contener a la clase trabajadora africana mediante la explotación, la opresión y el fomento de una burocracia corrupta es el modus operandi del imperialismo. Los trabajadores y oprimidos de África deben rechazar estos tratados de deportación imperialistas y deshumanizantes, y organizarse contra los gobiernos compradores que los aceptan. Los trabajadores del mundo deben exigir el fin de las políticas de inmigración racistas y bárbaras a ambos lados del Atlántico.
Foto: Spencer Platt / AFP / Getty Images
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Bolivia: Fuera Paz!
Por Lena Souza
Los antecedentes del actual estallido
La profunda crisis política y económica y el estallido popular que atraviesa la Bolivia actual no pueden comprenderse sin analizar el ciclo histórico abierto hace más de dos décadas. Las calles, que hoy vuelven a ser escenario de enfrentamientos, heredaron las lecciones y las contradicciones de procesos revolucionarios, como del 2003 y del 2005, que no transformó de raíz la estructura del sistema capitalista ni destruyó el Estado burgués, sino que apenas significó un recambio en el mando político.
a) La insurrección del 2003 y la caída del gobierno de Sánchez de Lozada
El año 2003 marcó el inicio de una profunda crisis de hegemonía para el modelo neoliberal implantado en 1985. El segundo mandato de Gonzalo Sánchez de Lozada (“Goni”) inició bajo una rigorosa crisis fiscal, altas tasas de desempleo y un profundo descontento social heredado de la privatización previa de las empresas públicas. El detonante de la insurrección fue el proyecto estatal de exportar gas natural hacia los mercados de Estados Unidos y México, a través de puertos de Chile. Se trataba de frenar el saqueo de los recursos estratégicos por parte de corporaciones transnacionales (como el consorcio Pacific LNG), las cuales robaban el Estado boliviano pagando regalías de 18%.
La población civil identificó la exportación del gas bajo esas condiciones como una reedición del despojo histórico de la plata de Potosí y del estaño de principios del siglo XX. La consigna unificadora del movimiento obrero, campesino y vecinal pasó a ser la defensa y recuperación de los recursos naturales para la industrialización soberana del país.
La revuelta popular adoptó métodos de lucha radicales y comunales:
El cerco a las ciudades: Las comunidades indígenas del Altiplano, lideradas por Felipe Quispe («El Mallku»), cercaron los accesos de la sede de gobierno mediante el bloqueo de caminos estratégicos, exigiendo la anulación del proyecto gasífero y la liberación de dirigentes detenidos.
La insurrección armada en El Alto: La ciudad de El Alto, de composición mayoritariamente migrante y aymara, se convirtió en el epicentro de la resistencia. Organizados a través de las Juntas Vecinales (FEJUVE) y la Federación de Trabajadores de El Alto, miles de pobladores paralizaron la ciudad con barricadas, zanjas y comisiones de vigilancia vecinal para repeler el avance de los blindados militares.
La respuesta del gobierno de Sánchez de Lozada fue el enfrentamiento militar de la protesta, promulgando el «Decreto de la Muerte» (Decreto Supremo 27209), que eximía de responsabilidad penal a los militares que participaran en el control del orden público. En octubre de 2003, el intento del ejército de romper los bloqueos vecinales en El Alto mediante convoyes militares cargados de gasolina para abastecer a La Paz desató la llamada «Masacre de Octubre». Las tropas emplearon armas de guerra y francotiradores contra civiles desarmados.
La brutal represión del Estado dejó más de 60 personas muertas y por lo menos 400 heridas. Pero, al contrario de doblegar la resistencia, la masacre de civiles generó una ola de indignación nacional que sumó el apoyo activo de las clases medias de La Paz, estudiantes universitarios y sectores profesionales pidiendo el juicio penal para el mandatario. Con un gabinete ministerial fragmentado, sin apoyo político parlamentario y desautorizado por la opinión pública internacional, Sánchez de Lozada huyó en helicóptero hacia los Estados Unidos el 17 de octubre de 2003.
Tras la huida de Goni, correspondía la sucesión constitucional al vicepresidente, el historiador y periodista Carlos Mesa. En las calles de La Paz y El Alto, la masa movilizada debatía si avanzar hacia la toma directa del poder o permitir la transición institucional.
La Central Obrera Boliviana (COB), dirigida en ese momento por líderes como Jaime Solares, adoptó una postura que resultó decisiva: decidió levantar el bloqueo humano y el cerco militar-popular que rodeaba el Palacio de Gobierno. Al dar una tregua y viabilizar la posesión de Carlos Mesa, la dirección de la COB contuvo la fuerza insurreccional de las bases. Esto otorgó un respiro a la burguesía boliviana bajo la promesa de Mesa de convocar a una Asamblea Constituyente y realizar un referéndum sobre el gas, desviando la crisis de las calles hacia los canales institucionales.
b) Desviación electoral del proceso y la elección de Evo Morales
La tregua de 2003 no resolvió las demandas estructurales. En 2005, una nueva oleada de protestas contra Carlos Mesa (quien se negaba a nacionalizar los hidrocarburos) forzó también su renuncia. El movimiento popular exigía la nacionalización total sin indemnización y una Constituyente soberana.
Sin embargo, la energía revolucionaria que amenazaba con disolver el Estado burgués fue canalizada hacia la vía electoral. El Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el dirigente cocalero Evo Morales, se presentó como la única alternativa institucional viable para pacificar el país. En las elecciones de diciembre de 2005, Morales capitalizó el descontento y ganó con un histórico 53,7% de los votos. Este triunfo electoral operó como una desviación del proceso insurreccional: la lucha por el poder en las calles se transformó en la gestión del aparato estatal existente.
c) El desvío del proceso insurreccional
Una vez en el poder, el gobierno de Evo Morales implementó reformas que respondían a la presión de la Agenda de Octubre de 2003, logrando una estabilidad económica inédita en la historia del país.
Nacionalización de las empresas de petróleo y minería: En mayo de 2006, se decretó la «nacionalización» de los hidrocarburos (Decreto Héroes de Chaco). Mediante la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), el Estado pasó a controlar la propiedad de los recursos y a exigir la renegociación de contratos con las multinacionales, capturando hasta el 82% de los ingresos petroleros en los campos más grandes. De igual forma, se reactivó la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y se recuperaron fundiciones estratégicas como la de Vinto.
Distribución de la renta petrolera: El masivo ingreso de divisas por la exportación de gas (favorecido por el bum de las materias primas), en parte, se destinó a la inversión pública y a la creación de bonos sociales universales. Programas como el Bono Juancito Pinto (para reducir la deserción escolar), el Bono Juana Azurduy (para mujeres gestantes) y la Renta Dignidad (una pensión para la vejez) sacaron a millones de bolivianos de la extrema pobreza y dinamizaron el mercado interno.
A pesar de la retórica antiimperialista y la proclamación del «Estado Plurinacional», el gobierno de Evo Morales operó como un factor clave de contención social. En lugar de avanzar hacia la destrucción del Estado terrateniente y capitalista, el MAS, en los hechos, mantuvo la continuidad del capitalismo dependiente y extractivista. Lo que hizo el gobierno de Evo Morales fue aprovechar el bum de las materias primas para capturar mayores rentas y otorgar concesiones asistenciales a las masas, logrando amortiguar la lucha de clases sin tocar las ganancias de la oligarquía terrateniente ni de las corporaciones transnacionales.
La movilización independiente de los sindicatos y comunidades originarias fue sistemáticamente desalentada o cooptada. Cada vez que las bases intentaban desbordar los límites de la propiedad privada o de las leyes vigentes, el gobierno utilizaba su prestigio revolucionario para pacificar los conflictos, argumentando que «atacar al gobierno era hacerle el juego a la derecha». De este modo, la participación obrera quedó subordinada a la burocracia estatal.
d) Evo Morales proporciono grandes beneficios a los terratenientes y a la banca
Detrás del discurso socialista, la gestión del MAS consolidó la estructura del poder económico tradicional, sellando pactos de convivencia con la oligarquía del Oriente boliviano (Santa Cruz) y el sector financiero.
Alianza con la agroindustria: El gobierno frenó la reforma agraria radical en las tierras bajas. Leyes como la de Función Económico-Social (FES) fueron flexibilizadas y hubo “perdonazos” a los desmontes (deforestación) ilegales garantizando la propiedad de los grandes latifundios ganaderos y soyeros. Se promovió el uso de transgénicos y se ampliaron las fronteras agrícolas mediante decretos que permitían quemas controladas, lo que benefició directamente a los terratenientes tradicionales a cambio de paz política.
Récords para la banca: El sector financiero privado vivió su época de mayor bonanza económica. El gobierno garantizó la seguridad jurídica de los bancos privados, los cuales multiplicaron sus ganancias año tras año gracias a la liquidez de la economía y al consumo interno, sin sufrir jamás intentos de estatización.
e) El ataque al movimiento por parte del gobierno del MAS en contra de la conquista de la jubilación en el 2011 y la entrega de las áreas de minería a transnacionales
Las contradicciones del modelo estallaron cuando la clase trabajadora chocó de frente con los intereses del gobierno y sus aliados corporativos.
Conflicto por la jubilación (2011-2013): En la reglamentación de la nueva Ley de Pensiones, la COB y sectores mineros salieron a las calles exigiendo una jubilación con el 100% de los últimos salarios y una reducción en la edad laboral. El gobierno de Evo Morales calificó las protestas de «golpistas» y «egoístas», movilizando a sectores afines para contrarrestar las marchas obreras.
Entrega minera a transnacionales: Pese a la retórica de la nacionalización, la Ley de Minería y Metalurgia consolidó el control de empresas extranjeras (como la japonesa Sumitomo en la mina San Cristóbal o la estadounidense Coeur Mining) sobre los yacimientos más ricos del país. Además, se otorgaron enormes prerrogativas a las cooperativas mineras tradicionales —que operan bajo lógicas de explotación laboral privada— en detrimento de la minería estatal y de los derechos ambientales de las comunidades locales.
f) El desgaste de Evo y la recuperación de la derecha
Hacia finales de la década de 2010, el modelo empezó a dar señales de agotamiento debido a la caída de los precios internacionales del gas. Al mismo tiempo, el empecinamiento de Evo Morales por reelegirse indefinidamente provocó un severo desgaste político.
El desconocimiento del resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 (21F), donde la mayoría votó en contra de una nueva postulación, le restó legitimidad democrática y alienó a amplios sectores de las clases medias urbanas. Este escenario de descontento fue hábilmente capitalizado por las fuerzas de la derecha tradicional y los comités cívicos empresariales, que reorganizaron sus fuerzas, utilizando la bandera de la «defensa de la democracia» para preparar el asalto al poder.
g) Golpe de estado en el 2019
La crisis política alcanzó su punto de quiebre en las elecciones de octubre de 2019. Tras denuncias de fraude electoral promovidas por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la interrupción del sistema de conteo rápido, la derecha radical desató violentas movilizaciones urbanas.
La insurrección reaccionaria se consolidó cuando la Policía Boliviana se amotinó y las Fuerzas Armadas «sugirieron» la renuncia del mandatario. El 10 de noviembre de 2019, Evo Morales dimitió y se exilió en México (y luego en Argentina). Dos días después, la senadora derechista Jeanine Áñez asumió la presidencia interina en una sesión legislativa sin quórum, inaugurando un régimen tutelado por militares que persiguió a dirigentes sindicales y perpetró masacres contra la resistencia popular en Sacaba y Senkata.
h) La derrota del golpe y la ascensión de Luis Arce
El régimen de Áñez se desmoronó rápidamente debido a su violenta represión, escándalos de corrupción en plena pandemia y una desastrosa gestión económica. La resistencia de las bases obreras e indígenas se reorganizó de manera independiente y en agosto de 2020, mediante un bloqueo nacional de carreteras que paralizó el país, obligó al gobierno a fijar una fecha para las elecciones.
En octubre de 2020, el MAS regresó al poder por la vía de las urnas. Luis Arce Catacora, exministro de Economía de Evo Morales, ganó las elecciones presidenciales con el 55,1% de los sufragios, reflejando el rechazo unánime del pueblo a la derecha golpista.
i) El Gobierno de Luis Arce
El gobierno de Luis Arce asumió el mandato bajo la promesa central de aplicar la «reconstrucción económica». Como exministro de Economía y considerado el «arquitecto» del bum económico previo, su estrategia se basó en inyectar liquidez de inmediato a las bases mediante el Bono Contra el Hambre y lanzar el ambicioso Modelo de Industrialización con Sustitución de Importaciones (ISI). Este plan estatal proyectó la construcción de más de 150 plantas industriales públicas (plantas de biodiésel, fertilizantes NPK, refinadoras de zinc, y procesadoras de litio y alimentos) con el objetivo de procesar las materias primas locales, reducir la dependencia de manufacturas extranjeras y evitar la fuga de divisas.
Sin embargo, el ambicioso plan de industrialización estatal tropezó de frente con los límites estructurales e insalvables del modelo extractivista boliviano. El sostenimiento de todo el aparato estatal y los subsidios dependía históricamente de la exportación de gas natural a Brasil y Argentina. Décadas de falta de inversión en exploración hidrocarburífera provocaron el agotamiento crítico y declive de las reservas de gas.
Este declive de la principal fuente de ingresos del país desencadenó un efecto dominó catastrófico:
La crisis de escasez de dólares: Al contraerse drásticamente las exportaciones de gas, el flujo de divisas que alimentaba a las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central se secó. Esto provocó una escasez crónica de dólares estadounidenses en el mercado formal.
El desabastecimiento de combustibles: Históricamente, Bolivia subsidia internamente el precio de la gasolina y el diésel para mantenerlos artificialmente baratos. Al no producir suficiente petróleo crudo, el Estado se vio obligado a importar volúmenes cada vez mayores de carburantes a precios internacionales. Sin dólares suficientes en las arcas públicas para pagar a los proveedores internacionales, la estatal YPFB comenzó a retrasar los pagos. Esto derivó en un desabastecimiento crónico de diésel y gasolina, obligando a transportistas, productores agrícolas y ciudadanos a realizar filas kilométricas de días enteros en las estaciones de servicio.
Al cierre de su gestión, su gobierno terminó atrapado en un callejón sin salida de déficit fiscal y estanflación, dejando un escenario de profunda vulnerabilidad económica y fractura social que allanó el camino para el conflictivo panorama político posterior.
j) Las divisiones en el MAS
El ciclo político del Movimiento al Socialismo (MAS) ingresó a su fase terminal debido a una fractura interna irreversible. La violenta pugna por el liderazgo del partido entre el ala «evista» (leal a Evo Morales) y el ala «arcista» (leal al presidente Luis Arce) dividió a las principales organizaciones sociales del país.
Ambos bandos se enfrentaron en los tribunales, congresos paralelos y bloqueos de carreteras para inhabilitarse mutuamente. La falta de consenso provocó la proscripción virtual de sus candidaturas unificadas o llamados a la abstención. Esto dejó a las bases trabajadoras e indígenas fragmentadas y sin una opción política cohesionada.
k) Las elecciones del 2025
En un escenario cruzado por la profunda crisis del MAS y una gran crisis económica, se celebraron las elecciones generales en agosto de 2025. El proceso electoral estuvo condicionado por una recesión abierta que el país arrastraba desde 2024, detonado por el agotamiento de las reservas internacionales, la escasez crónica de combustibles y una severa falta de dólares que disparó el mercado paralelo. Este colapso demostró que la bonanza previa no fue más que un periodo sustentado en el bum de las materias primas que al disiparse los altos precios internacionales, el modelo del MAS dejó al descubierto la persistencia del capitalismo dependiente, extractivista y subordinado que Morales y Arce se encargaron de preservar.
En este contexto, la primera vuelta del 17 de agosto dio la ventaja al senador Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), con un 32,1% de los sufragios, seguido por el exmandatario conservador Jorge «Tuto» Quiroga, de la Alianza Libertad y Democracia (Libre), con el 26,8%, consolidando un viraje hacia la derecha tradicional como consecuencia del desvío y el fracaso histórico del reformismo gubernamental.
l) La victoria de Paz
El 19 de octubre de 2025 se llevó a cabo la segunda vuelta presidencial. Contra muchos pronósticos de las encuestas iniciales, Rodrigo Paz Pereira (hijo del expresidente Jaime Paz Zamora) y su fórmula vicepresidencial, Edmand Lara, alcanzaron la victoria al obtener el 54,5% de los votos frente al 45,4% de Quiroga.
Paz logró imponerse moderando su discurso en la campaña final para captar el voto del centro y del progresismo desencantado, presentándose como una alternativa institucional frente a la crisis económica.
El voto histórico del MAS se pulverizó. El electorado, castigado por la inflación, las filas por combustible y la falta de dólares, castigó duramente al partido en las urnas.
La sigla oficial del MAS-IPSP obtuvo un histórico y marginal 2,48%, y pasó de tener una bancada mayoritaria de 96 asambleístas electos en 2020 a conservar un único diputado en el Parlamento tras el conteo oficial de 2025.
m) Las medidas de Paz
Bajo el lema de abrir la economía e implementar un «capitalismo para todos», el gobierno de Rodrigo Paz no tardó en sellar alianzas políticas con los gobiernos de la ultraderecha internacional, manifestando un rápido e incondicional apoyo a Donald Trump adoptando rápidamente un agresivo paquete de reformas de corte neoliberal y en sintonía con su programa económico:
Ajuste cambiario y fiscal: Creación de un Fondo de Estabilización Cambiaria para unificar el mercado del dólar, acompañado de una liberalización total de exportaciones e importaciones junto a una reconfiguración impositiva para bajar tributos a las empresas.
Apertura internacional: Un giro diplomático inmediato para estrechar lazos financieros y políticos con Estados Unidos y organismos de crédito internacionales.
Reformas estructurales: Propuestas de reforma agraria de libre mercado en las regiones productivas y el planteamiento de una reforma constitucional que la oposición denunció como el inicio de la privatización de los recursos naturales estratégicos.
Ofensiva judicial: El anuncio de una profunda reestructuración de la justicia con advertencias directas de que se procesaría penalmente a los líderes del gobierno anterior, especialmente a Evo Morales.
n) De las luchas aisladas del 2025 a la rebelión de enero de 2026: La primera derrota de Paz
Durante el año 2025, la resistencia de las masas bolivianas frente a la crisis cambiaria y la recesión heredada de 2024 comenzó manifestándose a través de una serie de luchas aisladas, sectoriales y fragmentadas a lo largo del país. Las protestas de gremiales contra la inflación, los paros de choferes por la falta de combustible, las huelgas de maestros por presupuesto y los bloqueos campesinos locales operaron inicialmente de forma dispersa. Sin embargo, este escenario cambió radicalmente con la promulgación del violento paquete neoliberal del Decreto Supremo 5503, el cual eliminó los subsidios a los combustibles, congeló salarios públicos, recortó el gasto del Estado y desreguló la economía para abrir los recursos estratégicos al capital transnacional. El decreto funcionó como el detonante definitivo que unificó la rabia acumulada de todas las bases explotadas. Rompiendo el aislamiento sectorial y desbordando a sus propias dirigencias, los diferentes sectores en lucha centralizaron sus fuerzas en la gran movilización nacional de enero de 2026, la cual congregó a más de 500 mil personas en las calles y paralizó el país mediante bloqueos y huelgas obreras. Esta colosal acción directa de masas impuso su primera gran derrota al gobierno de Rodrigo Paz al obligarlo a derogar por completo el decreto.
o) El estallido de mayo del 2026
La fragmentación social se rompió definitivamente en mayo de 2026, confluyendo en un masivo estallido social de alcance nacional. La persistente escasez de carburantes, los bajos salarios devorados por la inflación y el rechazo rotundo a la privatización encubierta de los recursos naturales unificaron a los comités cívicos populares, sindicatos independientes y comunidades agrarias.
Las principales carreteras del país se encuentran bloqueadas, paralizando el tránsito logístico y cortando los accesos clave a la ciudad de La Paz. Mientras el presidente Rodrigo Paz insiste públicamente en que existen «grupos radicales que no quieren dialogar» y criminaliza las marchas, la clase trabajadora, los indígenas y sectores populares de Bolivia ha vuelto a recuperar sus métodos históricos de acción directa, abriendo un nuevo capítulo de confrontación en las calles que recuerda las jornadas insurreccionales de 2003 y pone en jaque la estabilidad del nuevo régimen capitalista.
¡FUERA RODRIGO PAZ! ¡CONSTRUIR UNA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA PARA EL PAÍS!
El escenario de confrontación que hoy paraliza a Bolivia marca el agotamiento definitivo de las ilusiones reformistas. La experiencia histórica demostró que los gobiernos de conciliación de clases, como los de Evo Morales y Luis Arce, constituyeron un engaño estratégico para la clase obrera: cambiar el mando político del Estado burgués sin transformar de raíz el sistema socioeconómico solo sirvió para oxigenar a la burguesía terrateniente y a las transnacionales y facilitar el posterior retorno de planes neoliberales brutales como el de Rodrigo Paz.
Las lecciones acumuladas dejan una enseñanza irrefutable a los sectores en lucha: las masas solo triunfan cuando unifican sus demandas dispersas en las calles, desbordan a las burocracias sindicales y confían exclusivamente en sus propias fuerzas de manera independiente. Por lo tanto, la tarea del momento ante el actual estallido nacional no es negociar migajas o nuevos pactos institucionales, sino, como ya planteado por los luchadores/as, derribar al gobierno hambreador de Paz.
Al mismo tiempo es imprescindible la edificación de una alternativa revolucionaria propia, para que la clase trabajadora, junto con los campesinos, indígenas y sectores populares pueda tomar las riendas del país, resolver las tareas democráticas e institucionales pendientes y fundar, sobre las ruinas del Estado burgués, una Bolivia socialista.
Primera publicación aquí por la LITCI
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El futuro del Líbano y el impasse en el Golfo
Por FABIO BOSCO
Desde el 2 de marzo, el Estado de Israel se ha dedicado a promover ataques devastadores contra el Líbano, en particular contra la región sur y el sur de Beirut. Ya son más de 3.100 muertos, más de un millón de desplazados y muchas zonas devastadas. ¿Hasta dónde llegará Israel?
Para entender estos ataques, es necesario comprender cuál es la visión histórica de los sionistas respecto al Líbano. El 16 de mayo de 1955, el primer ministro israelí Moshe Sharett describió en su diario la reunión que tuvo con David Ben-Gurion, entonces ministro de Defensa, y con su jefe del Estado Mayor, Moshe Dayan:
“Según él [Dayan], todo lo que se necesita es encontrar un oficial, aunque sea apenas un mayor. Debemos conquistar su corazón o comprarlo con dinero, para lograr que acepte declararse salvador de la población maronita. Entonces el ejército israelí entrará en el Líbano, ocupará el territorio necesario y creará un régimen cristiano aliado con Israel. El territorio desde el Litani hacia el sur será totalmente anexado a Israel…”.
Ese plan fue puesto en práctica en 1978, cuando Israel invadió el sur del Líbano y constituyó un ejército títere dirigido por el mayor Saad Haddad, sustituido tras su muerte por el general Antoine Lahad, ambos cristianos maronitas. Cuatro años después, las fuerzas israelíes avanzaron hasta la capital, Beirut, para expulsar a las fuerzas palestinas, derrotar a las fuerzas de izquierda e imponer a su aliado Bashir Gemayel en la presidencia.
Gemayel defendía una agenda israelí: la expulsión de los palestinos, a quienes consideraba una “población excedente”, y la imposición de un gobierno autoritario para garantizar los intereses de la burguesía cristiana libanesa.
Para ello, Gemayel necesitaba tiempo para expulsar a los palestinos y a las fuerzas sirias antes de normalizar las relaciones con el Estado sionista. Ese fue el pacto entre Gemayel y el general israelí Ariel Sharon en Bikfaya, dos días antes de su ejecución mediante la explosión del edificio donde se encontraba la sede de su partido.
Posteriormente, en 1983, la resistencia libanesa hegemonizada por los partidos de izquierda expulsó a las fuerzas israelíes de Beirut hacia el sur. En 2000, la resistencia libanesa, ya bajo hegemonía de Hezbollah, expulsó a las fuerzas israelíes y a su ejército fantoche.
El segundo intento de imponer un plan colonial sobre el Líbano comenzó en octubre de 2024 con ataques devastadores contra el territorio libanés, particularmente el sur y el sur de la capital, pero también aldeas y ciudades del valle de la Bekaa. Esa agresión fue suspendida por imposición de Donald Trump, pero el alto el fuego fue violado por Israel 15.000 veces hasta el 2 de marzo de 2026, cuando Israel retomó la agresión a gran escala.
En las negociaciones impuestas por el imperialismo estadounidense, los objetivos israelíes son claros: obligar al gobierno libanés a impulsar una guerra civil para desarmar a Hezbollah, mientras las fuerzas israelíes ocupan el sur del país y pueden atacar cualquier punto del territorio libanés en cualquier momento. El plan israelí transformaría al gobierno libanés en un representante de sus intereses de colonización de las tierras árabes.
Israel como puesto avanzado del imperialismo estadounidense
Ese plan de Israel depende directamente de su principal patrocinador: el imperialismo estadounidense. Desde 1973, el imperialismo estadounidense convirtió al Estado de Israel en su puesto avanzado para controlar toda la región del Levante, Irak y la península arábiga. Para ello, Israel recibe gratuitamente armamento moderno superior al de cualquier otro país de la región, mientras que Estados Unidos vende al resto armamento insuficiente para enfrentar a los sionistas. Desde el gobierno de Barack Obama, Israel recibe 3.800 millones de dólares anuales, e incluso más cuando es necesario, como ocurrió durante el genocidio contra los palestinos en Gaza.
Además, el imperialismo estadounidense desarrolló una serie de estrategias diplomáticas para obligar a los países árabes a normalizar relaciones con Israel. Así ocurrió en 1979 con Egipto, y después con Jordania. También en 1993, los Acuerdos de Oslo transformaron a la OLP en administradora de la ocupación israelí; y en 2020, los Acuerdos de Abraham con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán impulsaron procesos de normalización con casi todos los regímenes árabes, con excepción de Argelia, Túnez y Kuwait.
Ese proceso de normalización ampliada fue interrumpido por la acción de la resistencia palestina, liderada por Hamas, el 7 de octubre de 2023, que volvió a colocar la cuestión palestina en la agenda internacional, congeló las negociaciones de normalización —en particular con Arabia Saudita— y quebró la autoconfianza sionista en su esquema de seguridad.
Desde entonces, Estados Unidos, bajo Joe Biden y Trump, brinda apoyo incondicional al Estado de Israel en el genocidio en Gaza, la limpieza étnica en Cisjordania y el apartheid en los territorios palestinos ocupados desde 1948.
Los objetivos fracasados en la agresión contra Irán
Tras una agresión de 12 días en 2025, el imperialismo estadounidense y las fuerzas israelíes iniciaron una brutal agresión contra Irán el 28 de febrero.
Su plan era imponer un gobierno aliado para atender los objetivos estadounidenses en la disputa interimperialista con China y eliminar las ambiciones regionales del régimen iraní, dejando el camino libre para las ambiciones hegemónicas de Israel.
Ese plan fracasó debido al éxito de la estrategia iraní de bloquear el estrecho de Ormuz y estrangular la economía internacional. En este momento existe un impasse y Trump busca una salida para reabrir Ormuz y evitar una caída mayor de la economía mundial, afectando los intereses de las corporaciones y de la población estadounidense, así como de los países aliados.
Simultáneamente, Estados Unidos impulsa un “plan B” a través de su representante Tom Barrack, quien visita todas las capitales árabes con el objetivo de construir una alianza regional contra Irán. Ese objetivo ya avanzó con la alianza militar en negociación entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, y con el reemplazo del primer ministro iraquí.
Las ambiciones sauditas y la construcción de una tercera vía
Sin embargo, ese plan enfrenta resistencias. En primer lugar, por parte del líder de la Liga Árabe, el régimen saudita, que tiene sus propias ambiciones de convertirse en la potencia regional hegemónica, como alternativa tanto a Irán como a Israel.
Hace once años, el régimen saudita inició una guerra contra los hutíes yemeníes sin éxito, que terminó después de que dos drones alcanzaran el principal complejo petrolero del país en 2019.
Al mismo tiempo, el régimen lanzó el proyecto 2030 para diversificar la economía saudita y hacerla menos dependiente del petróleo. Sin embargo, ese plan no logró reunir todos los recursos necesarios para concretarse y ahora se encuentra cuestionado a partir de la agresión imperialista contra Irán, que golpeó de lleno a los países del Golfo.
Hoy el régimen saudita busca una alianza regional alternativa tanto a Israel como a Irán, combinando sus enormes recursos económicos con Turquía y su industria armamentística, Egipto y su enorme población, y Pakistán y sus bombas atómicas: una alianza explosiva. Esa alianza se mantiene como aliada de Estados Unidos, pero conserva excelentes relaciones con el imperialismo chino.
Una de sus banderas es congelar la normalización con Israel subordinándola a la llamada iniciativa árabe de 2002, que exige el reconocimiento de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967. El régimen saudita ya actúa en el Líbano buscando impedir la normalización de relaciones con Israel.
Líbano dividido
La opinión mayoritaria de la burguesía libanesa y de la población libanesa es contraria a la normalización plena con Israel. Pero está dividida por grupos religiosos respecto a cómo terminar con la agresión israelí.
La burguesía cristiana quiere un acuerdo de alto el fuego con Israel y el desarme de Hezbollah. La burguesía chiita rechaza las negociaciones con Israel porque representan la subordinación colonialista del Líbano, y apoya la resistencia armada hoy liderada por Hezbollah, que necesita armas para llevarla adelante. Entre esas dos posiciones se ubican la burguesía sunita y drusa: quieren un alto el fuego con Israel sin que eso implique normalización, y un desarme negociado de Hezbollah.
La división entre la población es algo diferente. Según una encuesta de opinión pública realizada por el canal local Al-Jadeed, la mayoría de los cristianos, drusos y sunitas quieren el desarme de Hezbollah, mientras que el 87% de los chiitas se opone. Respecto a las negociaciones directas con Israel, cristianos y drusos apoyan en más de un 70%. Los sunitas están divididos: el 52% apoya la paz con Israel, pero el 46% la rechaza. Y el 53% de los sunitas rechaza una negociación entre Benjamin Netanyahu y el presidente libanés Joseph Aoun.
Entre los chiitas, el 93% rechaza cualquier negociación, demostrando que el divorcio entre Hezbollah y la población chiita no ocurrió, aunque exista descontento respecto a las políticas del partido desde la invasión de Siria en 2013 hasta los recientes ataques israelíes al país.
En cuanto a la normalización con Israel, solo los drusos son mayoritariamente favorables: el 70% apoya la apertura de una embajada israelí en Beirut. Ese acercamiento de la comunidad drusa con Israel ocurrió después de los conflictos en Suwayda entre las fuerzas del gobierno sirio y las fuerzas lideradas por el sheikh al-Hijri. Resulta interesante el divorcio entre el principal dirigente druso, Walid Jumblatt, y la población drusa. Jumblatt defiende un reacercamiento entre el gobierno sirio y la población drusa en Suwayda, así como un alejamiento de Israel.
La relación de la izquierda con Hezbollah también es compleja. El académico Ziad Majed considera que la izquierda libanesa está dividida en cuatro grupos: el primero apoya a Hezbollah por su papel de resistencia contra Israel. El segundo critica duramente a Hezbollah por su política interna, pero coloca la lucha contra Israel por encima de los desacuerdos. El tercer grupo se opone a Hezbollah por su relación con Irán y la invasión de Siria, pero no se alinea con las fuerzas anti-Hezbollah y entiende que Israel es la mayor amenaza para el Líbano. El cuarto grupo cree que es necesario un acuerdo con Israel para terminar con la agresión.
Otros países imperialistas
En el plano internacional, el imperialismo europeo, que antes tenía gran influencia en Medio Oriente, hoy se limita a declaraciones diplomáticas criticando los excesos israelíes —por ejemplo, la acción israelí en el Líbano—, pero en general se omite frente al genocidio palestino y mantiene todos los canales diplomáticos y comerciales con el Estado de Israel.
China se presenta simultáneamente como aliada de Israel, Irán y Arabia Saudita, y no tiene interés en la caída de los regímenes de ninguno de esos países. Rusia, por su parte, mantiene relaciones importantes tanto con Irán como con Israel, aunque actualmente tiene limitada su capacidad de acción debido al enorme esfuerzo bélico en Ucrania.
Expulsar a Israel y derribar el régimen sectario
En esta situación, es importante identificar cuál es la orientación política para la clase trabajadora libanesa, que necesariamente comienza por la necesidad de expulsar a las fuerzas israelíes del territorio libanés y participar, de la forma que sea posible, en la resistencia. Para concretar eso, el principal obstáculo es el Estado sectario y la mayoría de sus partidos burgueses.
El Estado sectario fue producto de una maniobra imperialista destinada a dividir a la clase trabajadora libanesa en ilusorios intereses comunitarios dirigidos por los respectivos sectores burgueses. Ese Estado sectario estuvo cerca de ser derrotado al inicio de la guerra civil libanesa, algo que no ocurrió debido a la intervención militar siria en 1976, que impidió la derrota de la extrema derecha cristiana.
Ese Estado capitalista sectario es responsable de la decadencia económica del país. Es incapaz de garantizar servicios básicos como la recolección de basura o el suministro eléctrico durante 24 horas. Además, en 2019, la burguesía libanesa retiró sus capitales del país, provocando una caída abrupta de la libra libanesa y de la economía en general, seguida de una criminal explosión en el puerto de Beirut que, además de destruir completamente la zona, causó la muerte de 300 personas.
Contra el Estado sectario se levantó, una vez más, la rebelión del 19 de octubre de 2019. Ese levantamiento defendía el fin del Estado sectario y reunió sectores diferentes, desde un sector proletario radicalizado, centrado en la ciudad de Trablous (Trípoli), hasta sectores medios concentrados en Beirut. La orientación para el movimiento obrero debe partir de la lucha contra Israel, construyendo un campo independiente de la clase trabajadora y de la juventud, separado de los partidos sectarios e inspirado en la juventud proletaria de Trablous (Trípoli).
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Inmigrantes detenidos en huelga en Delaney Hall: «¡No desistan!»
Por MICHAEL SCHREIBER
El 22 de mayo, unos 300 inmigrantes detenidos en la cárcel de Delaney Hall, en Newark (Nueva Jersey), iniciaron una huelga de trabajo y de hambre. Esta valiente acción se organizó para llamar la atención sobre las condiciones inhumanas a las que se enfrentan en el centro y para protestar por la falta de garantías procesales que condujo a su encarcelamiento por parte de ICE. Denuncian que los jueces de inmigración están ignorando sus casos y que se les ha denegado la fianza, tácticas que, según ellos, se emplean para obligar a los migrantes a la autodeportación.
El martes 26 de mayo, Eyes on ICE New Jersey, un grupo de solidaridad con los inmigrantes, confirmó que unos 200 detenidos seguían en huelga.
Delaney Hall en Newark. (Reena Rose Sibayan / New Jersey Monitor) A lo largo de una semana, los huelguistas han publicado tres cartas en las que exponen sus quejas y reivindicaciones. En las cartas, han pedido la liberación inmediata de los detenidos de edad avanzada, las embarazadas, los jóvenes o los enfermos; una «revisión significativa» de los casos de inmigración y de las solicitudes de hábeas corpus; y que se ponga fin a la presión que se ejerce sobre ellos para que firmen los documentos de deportación.
Las condiciones descritas por los huelguistas, y atestiguadas por varios miembros del Congreso que visitaron las instalaciones, son pésimas. Los detenidos afirmaron que se les había servido comida en mal estado que contenía gusanos y larvas. Carecían de acceso a agua potable y tenían que lidiar con atascos de alcantarillado dentro de las instalaciones.
Amy Torres, directora ejecutiva de la New Jersey Alliance for Immigrant Justice, una coalición de grupos de defensa de los derechos de los inmigrantes en Nueva Jersey, afirmó que las condiciones de cual han informado los detenidos habían empeorado en los últimos meses. «Según nos han contado los propios huelguistas de hambre, hay personas con problemas de salud muy graves que no están recibiendo tratamiento», dijo Torres. «Hay un brote de piojos. Hay un brote de gripe adentro. Cuando las personas detenidas se quejan de cualquier tipo de dolor o síntoma, se les da una pastilla de Tylenol».
La dirección de la prisión ha tomado represalias contra los huelguistas limitando su derecho a hablar con personas del exterior, así como apagando los televisores, reteniendo el acceso a las cuentas de la tienda de la prisión, dejando las luces encendidas toda la noche y cortando el agua con frecuencia.
Los huelguistas también han sido víctimas de actos violentos. El jueves 8 de mayo, Kathy O’Leary, de Pax Christi USA, declaró a CBS News: «Empezamos a recibir llamadas desde dentro de la cárcel diciendo que los guardias, unos 40, estaban entrando en dos de las unidades, golpeando a la gente con porras y lanzando botes de gas lacrimógeno al pasillo».
Otra persona dijo: «Eran las 1:35 cuando mi marido me llamó gritando, y todos los chicos de allí gritaban, porque les estaban golpeando». Se vieron varias ambulancias en las instalaciones.
Cientos de manifestantes se han reunido día y noche frente a las puertas de la prisión para expresar su solidaridad con los presos. Se ha instalado una tienda de campaña que sirve como «zona de hospitalidad radical», donde los familiares y amigos de los detenidos pueden reunirse con relativa comodidad. En su interior, familiares y activistas solidarios hablaban con los presos de Delaney por teléfono y tabletas, hasta que los guardias les cortaron el acceso a sus dispositivos de comunicación.
A partir del lunes, Día de los Caídos, los agentes de ICE situados fuera de las instalaciones, armados con pistolas de balas de goma, porras y spray de pimienta, intensificaron considerablemente sus violentos ataques contra los manifestantes. Ese día, el senador estadounidense Andy Kim y la gobernadora Mikie Sherrill encabezaron una delegación de dirigentes del Partido Demócrata de Nueva Jersey que intentaban visitar las instalaciones. A Sherrill se le denegó la entrada, pero a Kim, en su calidad de representante federal, se le permitió entrar para hablar con los presos. Tras salir del edificio, Kim fue alcanzado por gases lacrimógenos y bombas de pimienta durante el ataque de los agentes de ICE. «En lugar de dialogar conmigo y con los demás sobre las malas condiciones, ICE envió un vehículo blindado y una fila de agentes armados que solo echaron más leña al fuego», publicó Kim en las redes sociales tras los enfrentamientos del lunes.
Las noticias y los vídeos han mostrado escenas de manifestantes golpeados repetidamente con porras, tirados al suelo y rociados con spray de pimienta. A última hora de la noche del miércoles 27 de mayo, tal y como captaron AMNY y otros medios de comunicación y cámaras de móvil, un agente de ICE empujó a una persona hacia la trayectoria de un camión en marcha, que le atropelló la pierna. A continuación, otro agente empujó a un segundo hombre entre las ruedas del camión; el manifestante estuvo a punto de ser aplastado.
Delaney Hall, que forma parte de la creciente red de centros de detención de ICE, cuenta con 1000 camas y está gestionado por la empresa penitenciaria privada GEO Group, que tiene un contrato de 15 años y 1000 millones de dólares para gestionar el complejo. Se trata de un edificio tipo almacén situado junto a hileras de tanques de petróleo en un lúgubre barrio industrial a orillas del río Passaic. El centro penitenciario del condado de Essex se encuentra justo al final de la calle.
La huelga de los detenidos de Delaney Hall y los ataques de ICE contra los activistas solidarios fuera del edificio han recibido atención a nivel nacional. El presidente Trump, al tiempo que ignoraba los informes de violencia extrema por parte de los agentes de ICE, comentó: «Estos no son manifestantes; esta gente es falsa, a todos les pagan».
En una reunión del gabinete celebrada el 27 de mayo con el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, Trump se jactó: «Tenemos las mejores instalaciones [de detención de migrantes] de este tipo en todo el mundo». Mullin restó importancia de manera similar a los relatos sobre las condiciones miserables en Delaney, al tiempo que insistía: «Esto no es el Holiday Inn».
¡Cerrar Delaney Hall! ¡Libertad para los detenidos! ¡Abolir el ICE!
Una carta desde Delaney Hall: «¡No desistan!»
Fecha: 26 de mayo de 2026
Lugar: Centro de Detención Delaney Hall – ICE
Comunicado
Nosotros, los detenidos en el Centro de Detención de Delaney Hall, deseamos expresar nuestra protesta por la violación de nuestros derechos como seres humanos inmigrantes. Nosotros, los detenidos, exigimos nuestra puesta en libertad progresiva, basándonos en el hecho de que nuestras detenciones fueron ilegales; los inmigrantes en este país tenemos derecho a esperar nuestros procedimientos de inmigración pendientes fuera de la cárcel; por lo tanto, exigimos ser puestos en libertad bajo fianza o en libertad condicional para que podamos completar nuestros procedimientos.
Además, pedimos una mayor eficiencia en nuestros procesos judiciales, así como una mayor eficacia y urgencia para aquellos que solicitan y firman su puesta en libertad voluntaria; creemos que es injusto mantener en dentención hasta tres meses a personas que desean marcharse por su propia voluntad.
Además de la detención ilegal y forzosa de la mayoría de nosotros que nos encontramos encerrados aquí, existe el trato inhumano que todos los detenidos en este centro sufren a diario. La empresa encargada (GEO) no cumple con las condiciones básicas necesarias para proteger nuestra salud y nuestras vidas. A su incompetencia administrativa, debemos añadir las siguientes injusticias e irregularidades perpetradas por ICE y GEO:
- Comida que contiene gusanos o en estado de descomposición.
- Problemas que no se resuelven, especialmente en relación con los baños, que se encuentran en condiciones terribles e inhumanas.
- Problemas de la ventilación.
- Graves problemas de salud: la mayoría de las personas padecen una gripe persistente con flemas que no desaparecen; muchas tienen conjuntivitis, infecciones del tracto urinario, fiebre y tos.
- Problemas de atención médica:
- Si estás enfermo, tienes que presentar una solicitud, cuya respuesta tarda dos semanas en llegar, o incluso puede no llegar.
- Las enfermeras se niegan a atenderte de inmediato
- Solo recetan Tylenol para todas las dolencias
- Las palabras exactas de las enfermeras: «No somos una FARMACIA»
- Los agentes de ICE coaccionan a los detenidos para que firmen órdenes de deportación
- No existe un protocolo de emergencia: en casos de caídas o agresiones, la respuesta de emergencia llega con una hora de retraso
- Las resoluciones de los jueces son muy cuestionables; la mayoría de las solicitudes de fianza son denegadas sin fundamento legal
- Los detenidos son obligados a trabajar, en la mayoría de los casos sin remuneración, o por 1 dólar la hora
- Agradecemos el apoyo de todos los que protestan fuera del centro. Queremos que sepán que nos dan la fuerza y la determinación para seguir adelante. Por favor, ¡NO SE RINDEN!
- Pedimos a todas las autoridades pertinentes una respuesta urgente y esperamos tener noticias suyas.
Con el máximo respeto, los detenidos en el centro de Delaney Hall.¡Que Dios los bendiga!
Foto superior: Un agente del ICE frente a Delaney Hall empuja a un manifestante solidario con los inmigrantes bajo un camión en marcha la noche del 27 de mayo. (Dean Moses / AMNY)
