Reseña del álbum de Downtown Boys: Una paleta musical más amplia con la misma furia política

Por CARLOS SAPIR

Tras haber compuesto la música de la película Miss Marx, el tercer álbum de Downtown Boys, Public Luxury («Lujo Público»), continúa con el estilo esencial de la banda, una versión del punk hardcore abiertamente socialista, feminista y chicana. En comparación con su álbum revelación, Full Communism («Comunismo Completo»), y su segundo álbum, Cost of Living («El coste de la vida»), Public Luxury resulta más atrevido en su composición e instrumentación, mientras que la cantante Victoria Marie se muestra tan indomable y llena de la ira política bilingüe como siempre.

El sonido de Downtown Boys siempre se ha arraigado en una combinación poco ortodoxa de influencias agresivas del punk y el metal que oscila entre una docena de estilos de batería que surgen de distintos subgéneros, bajo un ataque de guitarra directo y un saxofón estridente que suena menos a «Careless Whisper» que a una sirena de ataque aéreo. Pero esto se lleva a un nuevo nivel en Public Luxury. El álbum se abre con los abrumadores riffs (¿o más bien estruendos?) de sludge al comienzo de «No Me Jodas», y la banda pronto se adentra en el territorio punk más familiar de las cajas a ritmo acelerado en compás de 4/4, que sigue constituyendo el hilo conductor del álbum.

Pero las desviaciones de género musical no paran allí. «Yellow Sun» («Sol Amarillo»), una críptica oda a la resistencia, incluye melodias del pop que no sonarían fuera de lugar en una canción de Sabrina Carpenter o Sombr. El riff de guitarra inicial de «Viva La Rosa» podría haber sido tomado de The Kinks o de Pat Benatar. «You’re a Ghost» («Eres un Fantasma»), por su parte, presenta ritmos electro-industrial al estilo de KMFDM y una capa electrónica hiperpop. «Public Works» («Obras Públicas») incluye un estribillo robótico y misterioso al estilo de Kraftwerk entre estrofas de thrash metal, que luego da paso a un ritmo de R&B con flauta y piano en «Public Luxury».

Al igual que en otros álbumes de la banda, a menuda resulta dificil escuchar las letras en Public Luxury. Aunque los temas de las canciones abarcan desde el sexismo y el racismo hasta el amor revolucionario que impregna las luchas más desesperadas, muchas de las letras son difíciles de definir más allá de una profunda sensación emocional. Los momentos más claros se encuentran en «Mi Concha» un breve repudio a los cánones de belleza coloniales (y también es una fiel interpretación del original de sus compatriotas punks de Rhode Island, los Malportado Kids) y en «Albuterol», que aborda un desengaño amoroso personal, al tiempo que probablemente gana el honor de ser la primera canción dedicada al producto químico que se utiliza en los inhaladores para el asma.

No quedan dudas de la dedicación política de los Downtown Boys, pero a diferencia de álbumes anteriores que hacían buen uso de eslóganes concisos como títulos de canciones —como «100 % Inheritance Tax»— o tomaban una pausa de la música para hacer discursos (como en «Monstro»), Public Luxury resulta un poco más abstracto y menos explícito con respecto a su programa político. En el momento de publicar este artículo, la mayoría de las canciones del álbum no tienen la letra disponible en Internet.

Para bien o para mal, Public Luxury no es un manifiesto político cristalino. No obstante, lanza un grito de guerra conmovedor contra la opresión y la explotación, y lo combina con una variedad de texturas musicales tan amplia que solo las raíces y la disciplina del punk hardcore de la banda mantienen la duración del álbum por de bajo de 35 minutos. Independientemente de si el misterioso contenido de las letras más crípticas del álbum sale alguna vez a la luz, una cosa es segura: en la revolución de Downtown Boys, está abierto el moshpit.

Deja un comentario