Trump llega a la presidencia y trae su proyecto

Por JOHN KIRKLAND

Donald Trump juró su cargo el lunes 20 de enero (Día de Martin Luther King), en una ceremonia a la que asistieron la élite de Washington, un contingente de oligarcas tecnológicos -incluidos Bezos, Zuckerberg y Musk- y ex presidentes. En su discurso inaugural, Trump proclamó que «la Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo. A partir de hoy, nuestro país florecerá y volverá a ser respetado en todo el mundo».

Haciendo referencia al intento de asesinato contra él en Pensilvania, Trump profesó que había sido «salvado por Dios para Hacer América Grande de Nuevo» y proclamó el 20 de enero de 2025 como «Día de la Liberación.»

Trump pronunció un discurso preparado que parecía un poquito más coherente que la mayoría de sus discursos de campaña. El discurso reiteró una variedad de puntos de su campaña que están diseñados para atraer y solidificar los componentes dispares de la coalición MAGA.

Para los multimillonarios y otros capitalistas que se han unido a la coalición MAGA, Trump prometió eliminar las normativas empresariales y medioambientales y reducir los impuestos empresariales. Los departamentos federales y los programas sociales se reducirían mucho, mientras que el dinero seguiría fluyendo hacia las industrias militar, espacial, petrolera, minera, y tecnológica. Un ejército reforzado se presenta como un método para «mantener la paz» y obtener concesiones extranjeras, quizás con amenazas a países como Panamá. Mientras tanto, se mitigarían las protestas y se mantendría la ley y el orden.

Para los ciudadanos menos afortunados, incluidos los desorientados de clase media y algunos de clase trabajadora que le votaron, Trump ofreció una promesa hueca de acabar con el «establishment radical y corrupto» que «ha extraído el poder y la riqueza de nuestros ciudadanos.» Al mismo tiempo, como ha hecho en sus discursos de campaña, intentó desviar la culpa de los problemas económicos y sociales del país del «establishment» rico y cargarla sobre las espaldas de chivos expiatorios. Como remedio, prometió medidas que aumentarían los peligros a los que se enfrentan los inmigrantes, facilitarían la discriminación de las personas trans y pondrían al mundo entero en peligro por el cambio climático que sigue aumentandose.

Trump ha prometido mucho a su base, pero es poco probable que sea capaz de cumplirlo. Muchos de los problemas a los que se enfrenta tienen su origen en las múltiples crisis del propio sistema capitalista. El capitalismo crea desafíos económicos, climáticos y políticos entrelazados que no pueden resolverse en interés de la clase trabajadora sin tomar medidas contra el propio sistema que los impulsa.

Las ideas políticas de Trump son contradictorias. Su retórica juega a favor de la extrema derecha, pero el equipo que ha construido no refleja una orientación programática unificada. Entre los miembros de su gabinete hay intervencionistas neoconservadores más tradicionales, a pesar del aislacionismo retórico de Trump. Por otro lado, su candidato a Secretario de Defensa es un nacionalista blanco cristiano. Como hemos señalado antes, Trump no tiene una visión política coherente del mundo. Lo que le importa a Trump es lo que sirve a sus propósitos en el poder y en el momento. En este sentido, puede ser impredecible y peligroso.

El apoyo de los multimillonarios de la tecnología

Trump prometió destripar el llamado «Estado profundo» y ha nombrado un «Departamento de Eficiencia Gubernamental» (DOGE), una comisión asesora presidencial dirigida por el multimillonario Elon Musk y Vivek Ramaswamy. Se espera que Musk, que gastó 277 millones de dólares para elegir a Trump, desempeñe un papel destacado en la administración. En el periodo posterior a las elecciones, la oligarquía tecnológica se ha pasado más firmemente al bando de Trump. A Musk se unieron en su apoyo a Trump Jeff Bezos (Amazon/Washington Post), Mark Zuckerberg (Meta) y Tim Cook (Apple), que donó un millón de dólares al comité de investidura de Trump.

A los oligarcas tecnológicos se une Peter Thiel, consejero delegado de PayPal, defensor  de las ideas derechistas y libertarias desde hace tiempo. Thiel es un patron del vicepresidente entrante JD Vance. Zuckerberg, en una concesión a Trump, ha prometido facilitar o eliminar la comprobación de hechos en Facebook. El Washington Post eliminó una viñeta de la satírica Ann Telnaes en la que aparecían los multimillonarios de la tecnología postrados ante Trump. Telnaes dimitió posteriormente.

Musk hace un saludo nazi mientras habla en la toma de posesión del 20 de enero.

 

En diciembre, el debate sobre la inmigración estalló dentro del bando de Trump, con activistas de extrema derecha atacando a Elon Musk por la cuestión de los visados H-1B, un mecanismo a través del cual las empresas tecnológicas emplean a trabajadores informáticos peor pagados. La polémica estalló cuando Laura Loomer, influencer de MAGA, atacó a Sriram Krishnan, designado por Trump para asesorarle en temas relacionados con la inteligencia artificial. Krishnan es un defensor de la inmigración a través de visados H-1B. Elon Musk respondió a las críticas publicando en X: «La razón por la que estoy en Estados Unidos junto con tanta gente crítica que construyó SpaceX, Tesla y cientos de otras empresas que hicieron fuerte a Estados Unidos es gracias a los H-1B. Da un gran paso atrás y jódete en la cara. Iré a la guerra en este asunto de una forma que no puedes comprender».

Además, Musk ha afirmado que hay escasez de trabajadores tecnológicos cualificados nacidos en Estados Unidos, en contradicción con las afirmaciones de Loomer y otros de la derecha de que los ciudadanos estadounidenses son desplazados por trabajadores del extranjero. Musk publicó en X que «Hay una grave escasez de ingenieros de gran talento y motivación en Estados Unidos… Si obligas a los mejores talentos del mundo a jugar para el otro bando, Estados Unidos PERDERÁ». Según CBS News, «…los datos del mercado laboral sugieren que los trabajadores tecnológicos estadounidenses no escasean, y los críticos del programa H-1B dicen que desplaza a los estadounidenses en favor de empleados nacidos en el extranjero contratados con salarios más bajos.»

La CBS continuó escribiendo: «Las empresas tecnológicas también han despedido a cientos de empleados en los últimos años mientras siguen patrocinando nuevos visados H-1B. Un análisis del Instituto de Política Económica encontró que las 30 principales empresas que contratan más trabajadores H-1B contrataron a 34,000 nuevos empleados H-1B en 2022, pero despidieron al menos a 85,000 trabajadores ese año y a principios de 2023.» Trump ha pesado del lado de Musk en este debate, provocando la reacción de Steve Bannon, que acusó a Musk de intentar construir un «tecno-feudalismo a escala global.» Bannon también pidió la deportación de los titulares de H-1B a escala masiva y calificó el programa de : «estafa total» que permite al sector tecnológico explotar mano de obra más barata.

Un artículo de La Voz de los Trabajadores, Trump and right-wing allies wrangle over H-1B immigrant program, afirma: «Los H-1B han sido un regalo del cielo para la industria tecnológica por dos razones. Una es que ha permitido a la industria expandirse a un ritmo más rápido de lo que la economía estadounidense puede añadir nuevos trabajadores tecnológicos nacionales. En segundo lugar, ha creado una vasta subclase de trabajadores tecnológicos que son explotados en mayor medida que los ciudadanos y los residentes permanentes, ya que a menudo están vinculados a un único empleo y cambiar de trabajo mientras se mantiene un H1-B es mucho más difícil.» Defender a la clase obrera significa luchar por los derechos de los inmigrantes y contra las divisiones artificiales impuestas al mundo por los capitalistas. Estamos en contra de todas las deportaciones y a favor de garantizar plenos derechos civiles a los trabajadores inmigrantes, incluido el derecho a cambiar de trabajo, a renunciar a su empleo, a sindicarse, a votar y a acceder fácilmente a la ciudadanía.

La inmigración

Trump ha firmado una enorme serie de órdenes ejecutivas en su corto tiempo en la Casa Blanca. Entre ellos, declarar «una emergencia nacional en nuestra frontera del sur» y prometer devolver a «millones y millones de extranjeros criminales a los lugares de donde vinieron.» Prometió volver a la política de «permanecer en México» y poner fin al llamado programa de «captura y liberación» de la administración Biden. Atacó a los inmigrantes que carecen de documentos legales como «criminales peligrosos, muchos procedentes de prisiones e instituciones mentales.» Dijo que enviaría tropas a la frontera sur para detener la «invasión de nuestro país».

Trump afirmó que el sistema de deportación masiva se pondría en marcha casi de inmediato. Su nueva administración ha puesto en marcha la posibilidad de abrir iglesias y escuelas a redadas federales. Trump y su equipo han amenazado con la deportación de millones de hombres, mujeres y niños, aunque la administración se ha negado a citar cifras concretas. Se calcula que hay entre 11 y 15 millones de trabajadores indocumentados en el país, centrados principalmente en la agricultura, la construcción y el sector de servicios de alimentación y hostelería. La deportación masiva de trabajadores de estos sectores, especialmente en un contexto de escasez de mano de obra, será perjudicial para la economía.

Durante la campaña, Trump vilipendió a los inmigrantes y solicitantes de asilo, acusando a los inmigrantes de América Latina de ser criminales, violadores y asesinos. Hizo la asombrosa y falsa afirmación de que los inmigrantes haitianos se comen a las mascotas de los vecinos, una calumnia racista similar a las que se hicieron en los años 70 y 80 sobre los inmigrantes vietnamitas acusados de comerse a perros y gatos.

La Cámara de Representantes aprobó recientemente la Ley Laken Riley, que exige medidas de detención putativa contra los trabajadores inmigrantes acusados de determinados delitos. La ley fue aprobada con el apoyo bipartidista de algunos demócratas. La versión del Senado del proyecto de ley se modificó para exigir la detención de los inmigrantes acusados de agredir a un agente de policía. Esta enmienda se aprobó con un amplio apoyo bipartidista. Se espera que el gobierno construya campos de internamiento masivo para la detención de inmigrantes.

Trump también declaró que designaría a los cárteles de la droga como «organizaciones terroristas extranjeras». Dijo que usaría la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 para utilizar «la aplicación de la ley federal y estatal» para eliminar a las bandas «extranjeras» en EE.UU.

La inmigración representa una posible fisura en la coalición de multimillonarios y extrema derecha de Trump. Mientras que la extrema derecha está salivando por un robusto programa de deportación, que representa una especie de programa de limpieza étnica, el coste fiscal de un programa de este tipo puede ser prohibitivo. Además, está claro que amplios sectores de la sociedad estadounidense no apoyan ningun programa tan inhumano y reaccionario. Mediante la construcción de una amplia oposición de masas, los trabajadores y los oprimidos pueden poner fin a esta política.

Los aranceles y China

Trump dijo que ordenaría a su gabinete «derrotar la inflación récord y bajar rápidamente los costos.» Sin embargo, en flagrante contradicción con esta jactancia, fue su promesa de imponer altos aranceles a los productos de otros países. Esta es una pieza central de su programa a pesar de las advertencias de muchos economistas de que tales medidas probablemente aumentarían la inflación, ya que el coste de los aranceles generalmente se traslada a los consumidores.

Durante la campaña, Trump planteó la posibilidad de imponer aranceles del 60% a China y otros aranceles elevados a países como México y Canadá. En una de sus primeras órdenes ejecutivas al asumir el cargo, Trump pareció dar marcha atrás en la imposición inmediata de aranceles. Según el New York Times, «la orden ejecutiva ordenará a las agencias federales que examinen las prácticas comerciales y monetarias desleales y que evalúen si los gobiernos extranjeros han cumplido los términos de los dos acuerdos comerciales que el Sr. Trump firmó en su primera presidencia. También exigirá al gobierno que evalúe la viabilidad de crear un ‘Servicio de Ingresos Externos’ para recaudar aranceles y derechos».

Otro posible enfoque de la administración sería imponer restricciones a la inversión en industrias chinas clave y a las exportaciones de alta tecnología a China. Frenar el desarrollo chino de tecnología de inteligencia artificial ha sido una política clave de la administración Biden y probablemente continuará bajo Trump. En sus últimos días en el cargo, Biden impuso a China nuevos controles a la exportación que restringen el suministro de los avanzados chips informáticos utilizados para desarrollar la IA.

La política estadounidense hacia China en los últimos años se define por la competencia interimperialista entre Estados Unidos, que sigue siendo la potencia imperialista más fuerte, y un competidor en ascenso, China. China compite directamente con Estados Unidos por recursos, mercados y ventajas geopolíticas en África, Asia y América Latina. El objetivo del «pivote hacia Asia» de Obama y de las políticas económicas de Biden ha sido preparar a Estados Unidos para competir con China a escala mundial.

Una de las órdenes ejecutivas de Trump retrasa 75 días la aplicación de la prohibición de TikTok. La reciente ley trata de forzar la venta de la plataforma a un propietario estadounidense. Trump había pedido originalmente la prohibición de la plataforma por su supuesto control por el «Partido Comunista Chino». No deja de ser irónico que los usuarios de TikTok acudan ahora en masa a RedNote (Xiaohongshu), una aplicación que toma su nombre del «Pequeño Libro Rojo» de citas de Mao.

Trump afirmó erróneamente en su discurso que China controla el Canal de Panamá y dijo que su administración devolvería el canal al control de Estados Unidos. Se ha negado a descartar el uso de la fuerza militar para hacerse con el control del Canal, así como de Groenlandia.

Un aluvión de órdenes ejecutivas

La primera orden ejecutiva (OE) que Trump firmó el 20 de enero fue un indulto total para 1.500 alborotadores del 6 de enero de 2021. También conmutó las penas de más de una docena de miembros del grupo ultraderechista Oath Keepers, incluido su líder, Stewart Rhodes. Enrique Tarrio, ex jefe de los Proud Boys, que cumplía 22 años de prisión por conspiración sediciosa, recibió un indulto completo, junto con otros tres altos dirigentes del grupo fascista. Mientras tanto, en las calles de DC, los Proud Boys marchan detrás de una pancarta de Trump, coreando: «¿Las calles de quién? Nuestras calles!» «¡Chinga Joe Biden!» y “¡Chinga antifa!”.

Además, Elon Musk, durante su discurso del Día de la Inauguración ante varios fieles de MAGA, pareció hacer un saludo «romano», a menudo asociado con el hitlerismo. Musk, criado en la Sudáfrica del apartheid, es bien conocido por sus simpatías ultraderechistas. Recientemente apoyó a la fascista Alternativa para Alemania (AfD) y ha apoyado la libertad del neonazi británico encarcelado Tommy Robinson. La pro-sionista Liga Antidifamación (ADL), excusó el gesto de Musk como «torpe».

Una de las OE más atroces es el intento de acabar con la ciudadanía por derecho de nacimiento, garantizada por la 14ª Enmienda. Según el Washington Post, «la orden de Trump pretende reinterpretar la 14ª Enmienda de la Constitución, que otorga la ciudadanía a todas las personas nacidas en suelo estadounidense, un cambio que los juristas dicen que es ilegal y que será rápidamente impugnado en los tribunales». La orden sobre el derecho de nacimiento formaba parte de una serie de directivas relacionadas con la inmigración destinadas a deshacer las políticas de la administración Biden y a ejercer los poderes presidenciales para poner en marcha una amplia represión a lo largo de la frontera y en las comunidades de inmigrantes». La ACLU de New Hampshire y Massachusetts anunció que va a presentar una demanda en nombre de los padres cuyos hijos se verían afectados por la orden de Trump; varias administraciones estatales también se han sumado a la demanda.

También atacó a las personas trans con una OE titulada «Defender a las mujeres del extremismo de la ideología de género y restaurar la verdad biológica en el Gobierno federal.» Según The Advocate, «ordena a las agencias federales que reescriban sus políticas y eliminen las referencias a la identidad de género. A partir de ahora, los pasaportes, los registros de la seguridad social y otros documentos de identidad emitidos por el gobierno deberán reflejar únicamente el sexo asignado a la persona al nacer. Las escuelas, centros de acogida y lugares de trabajo que reciban fondos federales ya no estarán obligados a tener en cuenta la identidad de género de las personas trans. En las prisiones y centros de detención, la orden ordena que las mujeres transgénero sean alojadas con hombres, sin considerar su seguridad o identidad vivida».

Retroceso en las medidas contra el cambio climático

Trump prometió en su discurso de investidura que promovería una política de «drill, baby, drill», al tiempo que pondría fin a las subvenciones a los vehículos eléctricos y al «Green New Deal» (que en realidad nunca llegó a ponerse en marcha). Uno de los primeros actos de Trump en la Casa Blanca fue retirar a Estados Unidos de los Acuerdos Climáticos de París, al igual que hizo durante su primera administración.

A pesar de que Estados Unidos está produciendo más petróleo que en cualquier otro momento de la historia, y más que cualquier otro país, Trump insiste en que declarará una «emergencia energética nacional», lo que aumentaría sus poderes para anular las protecciones medioambientales. Ha declarado su intención de racionalizar las normativas gubernamentales que puedan «imponer cargas indebidas» a la extracción, perforación y procesamiento de combustibles fósiles. También abriría más tierras y aguas federales a la perforación petrolífera, al tiempo que pondría fin al arrendamiento de zonas para turbinas eólicas.

Trump también sacó a EE.UU. de la Organización Mundial de la Salud (citando la mala gestión de la OMS de la pandemia de COVID-19), y puso fin a todos los programas gubernamentales de DEI.

Por último, en una bofetada a los pueblos indígenas, cambió el nombre del monte Denali de Alaska (en la lengua del pueblo athabascano koyukon «Denali» significa «El Grande») por el de monte McKinley. (El presidente McKinley estaba muy a favor de los aranceles. Presidió la victoria estadounidense en la guerra interimperialista hispano-estadounidense, en la que Estados Unidos se apoderó de Puerto Rico, Guam y Filipinas como colonias, al tiempo que ocupaba Cuba con tropas).

Esto encajaba con la versión chovinista de la historia de Estados Unidos (lo que solía llamarse «destino manifiesto») que Trump presentó en su discurso de investidura. Afirmó que Estados Unidos ha sido construido por «estadounidenses que empujaron miles de millas a través de una tierra escarpada de tierras salvajes indómitas». Esta mitología ignora convenientemente el genocidio de los pueblos indígenas que habían vivido en Norteamérica durante miles de años, el empleo de mano de obra esclava para limpiar y cultivar los campos y las guerras de la década de 1840 en las que Estados Unidos robó la mitad del territorio de México. En una línea similar, Trump también pretende renombrar el Golfo de México como «Golfo de América».

La política frente a Irán e Israel

Una sorpresa es la aparente participación del equipo de Trump en la concertación de un alto el fuego en Gaza que es prácticamente, palabra por palabra, igual al propuesto hecho anteriormente por Biden y rechazado por el régimen de Netanyahu. Biden podría haber llegado a este acuerdo hace meses y haber salvado miles de vidas. Conseguir un cese permanente de los ataques de Israel estaba incluso dentro de las posibilidades de Biden desde el principio, si su administración se hubiera limitado a cortar la ayuda a Israel. Pero como partidario del sionismo, Biden se negó a hacerlo. A pesar del alto el fuego temporal, las tropas israelíes permanecen en Gaza. Mientras tanto, las tropas y los colonos armados están inmersos en un pogromo asesino contra los palestinos en Yenín y otras ciudades de la Cisjordania ocupada. Persiste la amenaza de que el acuerdo de Gaza se desintegre.

La política de Trump hacia Israel será similar a la de la administración Biden en muchos aspectos; nunca ha sido amigo de los palestinos. De hecho, Trump hizo comentarios en 2024 de que Israel debería «terminar lo que empezó» y «acabar rápido». Entre sus primeros actos en la Casa Blanca, Trump rescindió las sanciones que la administración Biden impuso contra los colonos israelíes en Cisjordania que habían estado implicados en actos de violencia.

Durante su primera administración, Trump fue muy tolerante con la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, y en ningún momento ha criticado la actual guerra genocida de Israel contra los palestinos. Sin embargo, sí criticó la publicidad derivada de la guerra, diciendo: «Y la otra cosa que odio es que sacan videos todo el tiempo. Todas las noches publican videos de un edificio derrumbándose. No deberían publicar los videos así.  Es por eso que están perdiendo la guerra de relaciones públicas. Ellos, Israel está perdiendo absolutamente la guerra de relaciones públicas».

Aunque Trump hizo campaña como candidato «pacifista», ha sido más belicoso en su retórica contra Irán. Es probable que Trump imponga sanciones punitivas a Irán para detener su supuesto programa nuclear. El régimen iraní está debilitado por la disidencia en casa, una mala economía y los reveses militares que ha sufrido a manos de los ataques de Estados Unidos e Israel contra las fuerzas aliadas de Irán en Líbano y Siria. Lo que no se sabe es si Trump respaldaría un ataque militar israelí contra Irán.

En octubre de 2024, Trump rechazó el apoyo estadounidense a un cambio de régimen y declaró: «Me gustaría que Irán tuviera mucho éxito. Lo único es que no pueden tener un arma nuclear». No queda claro que significa esto concretamente. En su primer mandato, Trump se retiró del acuerdo nuclear multilateral con Irán de 2015, conocido como Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés). En su lugar, optó por una campaña de «máxima presión», reinstaurando las sanciones que se habían levantado cuando Irán cumplió los requisitos del JCPOA. Cualquier tipo de acuerdo que Trump alcance con Irán se enfrentará probablemente a la oposición de los halcones iraníes de su propio partido y de los demócratas. El primer ministro israelí Netanyahu ya ha declarado que «Israel no estará obligado por ningún acuerdo con Irán y seguirá defendiéndose.»

Adiós, Joe Genocida

El último discurso de Biden en el cargo advertía de que una oligarquía de ricos y un «complejo tecnológico-industrial» son una amenaza para la democracia estadounidense: «Hoy está tomando forma en Estados Unidos una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia que amenaza literalmente toda nuestra democracia, nuestros derechos y libertades básicos, y una oportunidad justa para que todo el mundo salga adelante.» Biden debería saberlo bien; ha pasado su carrera política al servicio de esas mismas élites.

Biden y los demócratas contribuyen a facilitar el ascenso del trumpismo. La «preocupación» de Biden por los derechos democráticos podría ser loable si él y su partido no hubieran pasado los últimos 15 meses calumniando a los opositores al genocidio de Israel en Gaza, respaldado por Estados Unidos. Los ataques bipartidistas a la libertad de expresión en las universidades, bajo el pretexto de detener el antisemitismo, son una enorme amenaza para todos nuestros derechos.

En sus últimos días en el cargo, Biden concedió un número récord de indultos. Indultó a más de 8.000 personas, entre ellas a su hijo Hunter -que se enfrentaba a 17 años por una condena de evasión fiscal y a 25 por un delito federal con armas de fuego-, a otros cinco miembros de su familia y a algunos funcionarios y ex funcionarios del gobierno y militares contra quienes Trump habia hecho amenazas. Los indultos incluyen a 6.500 personas condenadas por delitos relacionados con la marihuana. En una medida sorprendente, Biden conmutó la pena del preso político Leonard Peltier. Las condiciones de la excarcelación de Peltier exigen el arresto domiciliario, no la libertad total de movimientos.

La marcha de Biden marca el final de una presidencia terrible. El legado de Biden quedará manchado para siempre por su complicidad en el genocidio hecho por Israel.

La resistencia y la independencia

Aunque las cifras de asistencia a la recientes Marchas Populares indican un cierto nivel de desmoralización, el advenimiento del nuevo régimen de Trump hace que la resistencia, la unidad y la solidaridad sean una necesidad. A diferencia de hace ocho años, cuando la Marcha de las Mujeres atrajo a 500.000 personas a DC y a un número igual en las protestas por todo el país, las movilizaciones de este pasado fin de semana sólo sacaron a la calle a una fraccion de esas cifras. Las primeras salvas de la agenda antipopular de Trump -destripando leyes medioambientales, atacando a los inmigrantes, a las personas LGBTQI+ y a las mujeres- hacen que la construcción de una lucha sea una tarea urgente. También debe quedar claro que nadie, ni siquiera sus partidarios, será inmune a la embestida trumpista.

Las lecciones de las elecciones de 2024 son que los trabajadores y los oprimidos no pueden depositar ninguna confianza en los políticos burgueses ni en los tribunales. Los demócratas no son aliados de la clase obrera, y votar por ellos sólo nos desvía de la necesidad de construir nuestro propio instrumento político: un nuevo partido basado en la clase obrera, sus organizaciones de masas, los sindicatos y las organizaciones de los especialmente oprimidos.

¡Nuestro poder está en las calles! Una y otra vez a lo largo de la historia, ha sido la acción de masas de la clase obrera y los oprimidos la que ha logrado un cambio real. Ninguna de las conquistas de las que disfrutamos, desde la Seguridad Social hasta los derechos civiles o la protección del medio ambiente, fueron los resultados de la benevolencia de la clase dominante; estos cambios fueron conquistado a fuerzas por la acción de las masas.

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