Trump y sus aliados de derechas se pelean por el programa de inmigrantes H-1B

Por HERMAN MORRIS

Durante las vacaciones de Navidad de 2024, estalló un debate en el seno de la administración entrante de Trump sobre el programa H-1B para determinadas categorías de trabajadores inmigrantes altamente cualificados. Trump eligió para su gabinete presidencial a Sriram Krishnan, un inversor de capital riesgo indio-estadounidense que quiere aumentar el número máximo de tarjetas de residencia por país. Esto provocó una reacción inmediata del ala nativista del movimiento Trumpista, con Steve Bannon y Laura Loomer acusando a Trump de no mantener sus principios antiinmigraciónistas.

Al mismo tiempo, presidentes de empresas tecnológicas como Elon Musk defendieron el programa de manera feroz, llamandolo una necesidad económica. En respuesta, Trump ha dado por ahora su aprobación retórica al plan H-1B, diciendo que «es un gran programa». A primera vista, esto parece un cambio extraño en su retórica de fuego y azufre para atacar a los inmigrantes, que incluye hablar de deportaciones masivas, una mayor militarización de la frontera y poner fin a la ciudadanía por derecho de nacimiento. En realidad, este debate expone las contradicciones a las que se va a enfrentar la administración entrante de Trump cuando el nuevo presidente intente cumplir sus promesas de aterrorizar y deportar a los inmigrantes.

¿Qué es el programa H-1B?

Los trabajadores cualificados que están siendo debatidos han sido traídos en gran parte a Estados Unidos a través de un programa de visados conocido como H-1B. Es el programa principal de visados para trabajadores en Estados Unidos y permite la entrada de 65.000 trabajadores al año, junto con otras 20.000 plazas reservadas para trabajadores con titulaciones superiores. Aunque el programa H-1B cubre la mayoría de los empleos del sector privado que requieren un título universitario, la mayoría de ellos se conceden a la industria tecnológica. De las empresas a las que se concedieron visados H-1B en 2024, las 10 primeras fueron todas tecnológicas.

Los visados H-1B no permiten necesariamente una estancia permanente. Si un trabajador del programa pierde su empleo, tiene 60 días para encontrar un nuevo empleador H-1B o se convertirá en indocumentado y se enfrentará a la deportación. Aunque el H-1B ofrece la opción de obtener la residencia permanente, las esperas pueden ser enormemente largas debido a los draconianos topes por país. En el caso de los trabajadores indios, pueden ser más de 100 años. Para muchos otros, siguen siendo varios años en los que no pueden cambiar de puesto de trabajo ni de empleador. (Es posible mantener su puesto en la fila de la tarjeta verde mientras cambian de empleador, pero esto está de nuevo sujeto a la sobrecarga burocrática).

Además, la tarjeta de residencia permanente no da derecho a disfrutar de las ventajas de un ciudadano estadounidense de pleno derecho, como votar o presentarse a las elecciones, y puede ser revocada si la persona es condenada por un delito penal.

Los H-1B han sido un regalo del cielo para la industria tecnológica por dos razones. En primer lugar, ha permitido a la industria expandirse a un ritmo superior al que la economía estadounidense puede formar nuevos trabajadores tecnológicos nacionales. En segundo lugar, ha creado una vasta subclase de trabajadores tecnológicos que son explotados en mayor medida que los ciudadanos y los residentes permanentes, ya que a menudo están vinculados a un único empleo y cambiar de trabajo mientras se mantiene un H1-B es mucho más difícil.

Para muchos trabajadores extranjeros, todo esto todavia vale la pena. Incluso con la merma de derechos civiles que reciben al trabajar en Estados Unidos, para muchos supone un enorme avance económico respecto a lo que ganaban en su país; aceptar un empleo H-1B puede significar salir de la pobreza, ellos mismos o incluso toda su familia.

Muchos inmigrantes vienen a Estados Unidos huyendo de las crisis económicas, climáticas y políticas de sus propios países. A menudo estas crisis estan impuestas por Estados Unidos, a través del impacto desestabilizador de sus políticas económicas, la degradación medioambiental causada por sus operaciones de extracción de recursos y su apoyo a regímenes reaccionarios en todo el mundo. Si bien es fundamental poner fin a las ocupaciones militares estadounidenses en el extranjero y levantar las sanciones impuestas por Estados Unidos a países como Cuba, los trabajadores de estas regiones oprimidas y económicamente subdesarrolladas también merecen el derecho a buscar mejores condiciones. Ese derecho sólo puede defenderse poniendo fin a todas las deportaciones y garantizando plenos derechos civiles a los trabajadores inmigrantes, incluido el derecho a cambiar de trabajo, a renunciar a su empleo, a sindicarse, a votar y a obtener una vía eficaz hacia la ciudadanía.

Los trabajadores como peones del capital

Aunque el PIB de EE.UU. puede estar en el nivel más alto de su historia, la mayoría de los trabajadores de este país no han visto sus salarios alcanzar el ritmo de la inflación, lo que ha provocado que sus vidas hayan empeorado materialmente en los últimos cuatro años. Los demócratas y los republicanos no tienen ninguna solución verdadera a este problema. Trump dice que los bajos salarios son la culpa de los inmigrantes que supuestamente les quitan el trabajo a los trabajadores nacidos en Estados Unidos. Y ello a pesar de que la mayoría de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos realizan los trabajos más serviles y peor pagados del país, y de que la Cámara de Comercio de Estados Unidos se ha quejado de la escasez de mano de obra, afirmando que aún faltan 1,7 millones de trabajadores respecto a la población activa anterior a la pandemia.

En algunos aspectos, los trabajadores H1-B son el objetivo ideal para alguien como Trump. En la mayoría de los casos, estos trabajadores están muy bien remunerados y muy bien formados, en comparación con el trabajador estadounidense medio. Casi siempre desempeñan un trabajo que requiere al menos un título de cuatro años. Trump podría echar a estos trabajadores del país y decir que conquisto una victoria para los trabajadores estadounidenses abriéndoles estos puestos. En lugar de eso, estamos viendo cómo los capitalistas tecnológicos se salen con la suya, y Trump está indicando que los H-1B no se van a tocar a mitad de lo que parece ser un asalto histórico a los inmigrantes.

La razón de esto es muy simple: Trump no representa a los trabajadores, sean nacidos en Estados Unidos o no. Y lo que es aún más importante, el capital tecnológico está financiando su campaña y su cuenta bancaria: Elon Musk, capitalista tecnológico de derechas, ha hecho campaña activamente a su favor, y empresas como Meta y Amazon han hecho cuantiosas donaciones a su fondo para la investidura.

El político «progresista» Bernie Sanders solo arremite una postura favorable a los trabajadores en esta cuestión, diciendo que hay que oponerse al programa H-1B, o utilizarlo sólo como una «solución a corto plazo», porque los «trabajadores invitados» ocupan puestos de trabajo con salarios relativamente bajos que deberían desempeñar trabajadores que son ciudadanos. En lugar de defender los plenos derechos de los inmigrantes, Sanders escribió en un artículo de opinión bastante miope para Fox News que «la respuesta es contratar primero a trabajadores estadounidenses cualificados».

Organizaciones como el Consejo Estadounidense de Inmigración refutan la afirmación de que los trabajadores H-1B reducen los salarios o quitan el trabajo a los nativos. En primer lugar, el Consejo afirma que «los trabajadores inmigrantes y los nativos suelen tener cualificaciones diferentes, lo que significa que cubren distintos tipos de puestos de trabajo. En consecuencia, se complementan mutuamente en el mercado laboral en lugar de competir exactamente por los mismos puestos». El Consejo señala también que los trabajadores inmigrantes aumentan el crecimiento económico de Estados Unidos por medios como el gasto de sus salarios en la economía estadounidense y el estímulo a las empresas para que amplíen sus operaciones en Estados Unidos en lugar de buscar nuevas oportunidades en el extranjero.

No obstante, algunos estudios han demostrado que, al menos en determinados campos, los trabajadores H-1B tienden a ganar menos que los salarios medios locales. El Instituto de Política Económica, por ejemplo, descubrió que las grandes empresas tecnológicas -como Amazon, Google y Microsoft- utilizan el programa para pagar mal a los trabajadores. Su estudio de 2020 mostró que al 60% de todos los empleos H-1B se les asignaban niveles salariales inferiores a los salarios medios, entre un 17% y un 34% más bajos en trabajos informáticos.

Además, los inmigrantes del programa H-1B se enfrentan al miedo constante al despido y la deportación, y no pueden cambiar fácilmente de trabajo. La categoría también frena contra la sindicación, ya que esta clase de trabajadores H-1B tienen mucho más que perder si son despedidos que los residentes permanentes.

Debido a estas razones, es esencial que el movimiento obrero de Estados Unidos luche por los derechos de los H-1B y de todos los trabajadores inmigrantes. Sólo cuando los H-1B y otros inmigrantes obtengan plenos derechos democráticos, y reciban salarios, prestaciones y condiciones de trabajo iguales a los de los trabajadores que son ciudadanos podrán todos los trabajadores de Estados Unidos organizarse y hacer huelga realmente en el mismo plano. Estos derechos deben incluir el derecho a dejar el trabajo, el derecho a permanecer en el país, el derecho a votar y el derecho a convertirse en ciudadano mediante un proceso rápido.

La conclusión es la siguiente: Los H-1B (y otras formas de trabajadores inmigrantes) son una bendición para los capitalistas. Su falta de derechos civiles hace que sea mucho más fácil disciplinarlos y pagarles menos que a los ciudadanos de pleno derecho.

Los capitalistas pueden tolerar desplazamientos de choque de inmigrantes, ya que ayuda a aterrorizar a una fuerza de trabajo ya precaria en peores (y más baratas) condiciones, pero se puede esperar que las divisiones dentro de la clase capitalista se amplíen si Trump intenta una política de deportación en la escala de lo que está amenazando. Un ejemplo: en su primer mandato, Trump intentó muchas veces quitar  los trabajadores H1-B  de EE.UU., primero prohibiendo nuevos visados H1-B en 2020 y segundo intentando cínicamente elevar el suelo salarial para los H1-B tan alto (mucho más alto que los salarios de empleados similares) que las empresas alegarían que no podían permitírselo. Ambas acciones fueron rápidamente bloqueadas por los tribunales.

También es importante recordar que los capitalistas que hoy protegen a estos trabajadores, mañana los echarán alegremente del país si la situación económica o política cambia lo suficiente como para que les resulte más conveniente, como ocurrió con la Operación Espalda Mojada en la década de 1950, que deportó a México a más de un millón de trabajadores agrícolas, muchos de los cuales trabajaban legalmente o eran ciudadanos estadounidenses de pleno derecho.

En última instancia, los dos partidos y los capitalistas que los dirigen ven a los trabajadores inmigrantes y a los trabajadores ciudadanos como peones para obtener los beneficios que necesitan para que la economía siga funcionando según sus condiciones. Esta división entre los dos grupos de trabajadores es mucho más beneficiosa para los capitalistas que para los trabajadores que son ciudadanos estadounidenses, a pesar de las migajas adicionales que puedan obtener de salarios relativamente más altos y plenos derechos ciudadanos. La marginalizacion de los trabajadores inmigrantes, como fuente de mano de obra de segunda clase, arrastran a todos los trabajadores, cuyos salarios y condiciones de trabajo se comparan con los de las personas que no pueden permitirse dejar su trabajo.

La respuesta a este problema está fuera del camino que traza cualquiera de los principales partidos capitalistas. Los trabajadores estadounidenses ganan mucho más solidarizandose con los trabajadores inmigrantes que con su patrón que los demoniza.

Acabar con el régimen de terror de las deportaciones y la interminable burocracia diseñada para desmoralizar y disciplinar a los trabajadores que llegan a Estados Unidos será una lucha clave en los próximos años, a medida que más y más trabajadores emigren a este país huyendo de la persecución, las crisis económicas y los desastres climáticos. Por eso La Voz de los Trabajadores pide el fin de todas las deportaciones y la igualdad de derechos para todos los inmigrantes. ¡Un ataque contra uno es un ataque contra todos! Cualquier otra posicion no es más que otra herramienta que el patrón puede desplegar contra los trabajadores.

Foto: Donald Trump y Elon Musk (Chris Unger / Zaffra LLC / Getty Images)

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