Por HERMAN MORRIS
En la última reunión de inversores de Tesla, Elon Musk hizo la predicción de que, en menos de 20 años, los robots con inteligencia artificial estarían en los hogares y lugares de trabajo de todo el mundo, y se podrían comprar al precio relativo de un vehículo de consumo. Los periodistas tecnológicos notaron que esta afirmación es casi con toda seguridad una mentira, dado que Musk ha hecho repetidas afirmaciones similares de que alguna tecnología de la ciencia ficción está a cinco o diez años vista, sólo para tener que revisar continuamente esa estimación. Algunos ejemplos son los coches eléctricos de 25.000 $, el transporte público basado en tubos neumáticos, los coches totalmente autónomos y los cohetes que llevarán personas a Marte.
Ninguna de estas promesas ha llegado ser cumplida bajo su liderazgo, a pesar de estar perpetuamente a sólo unos pocos años de distancia. Sin embargo, esto plantea la cuestión de por qué Musk y sus empresas siguen recibiendo miles de millones de dólares de financiación para las empresas en las que participa, y qué ofrece a cambio de sus esfuerzos.
Miles de millones en subvenciones públicas
Lo que los defensores de Elon Musk y sus empresas dicen a menudo que, incluso tras notar que nunca se cumplan las promesas más fantásticas de Musk, siguen logrando éxitos de investigación y fabricación bajo su tutela que simplemente no se producen en otros lugares. En gran parte, esto es cierto. SpaceX fue la primera organización en reutilizar con éxito un cohete de primera etapa de lanzamiento a lanzamiento, y Tesla sigue siendo a día de hoy el mayor productor de vehículos eléctricos de Estados Unidos y tiene una de las mayores redes de recarga de vehículos eléctricos del país.
Lo que sus partidarios no reconocen, sin embargo, es que todo esto se está haciendo con miles de millones de dólares de contratos y subvenciones gubernamentales, mano de obra no sindicada y una flagrante indiferencia por el impacto medioambiental de sus empresas. La realidad es que, aunque la sociedad humana sigue siendo plenamente capaz de dar tremendos saltos en la organización industrial y la investigación científica, es muy raro que se desplegue el capital privado de forma productiva para lograr esos avances.
La dependencia de la financiación estatal se percibe en casi todos los aspectos de la empresa de Musk. Los contratos gubernamentales alimentan a SpaceX y a la Boring Company. Por ejemplo, la NASA ha concedido a SpaceX 4.400 millones de dólares para contratos en los que su nuevo cohete Starship se utilizaría para el aterrizaje de astronautas en la Luna. Y el Pentágono pretende conceder a SpaceX miles de millones de dólares más para construir satélites que se utilizarían como parte de una nueva red militar y de espionaje en el espacio exterior, que se lanzarían con cohetes de SpaceX.
Mientras tanto, Tesla puede atribuir aproximadamente una cuarta parte de todos los beneficios netos que declara a un complicado programa regulador que le permite vender créditos de energía limpia obtenidos del gobierno estadounidense. Esto se combina con un programa de destruir los sindicatos, ya que la fábrica original de automóviles Tesla en Fremont (y a partir de 2022, la fábrica Tesla más productiva de EE.UU.) no está sindicada, a pesar de los repetidas campañas de sindicación.
Todo esto se integra en un sistema donde una gran parte de la riqueza pública se transfieren al control de una sola persona, que sólo es capaz de cumplir una parte de sus promesas mediante un programa de represión laboral y de romper normas.
El futuro ya, pero ¿para quién?
Hay una dimensión política en lo que Musk promete y en lo que cumple. Musk pinta un futuro utópico en el que la innovación tecnológica y la producción a gran escala se convierten en una fuerza democratizadora que permite incluso a la clase trabajadora con salarios bajos, por ejemplo, comprar un vehículo eléctrico (y éste fue el objetivo declarado de Tesla durante más de una década). Sin embargo, lo que se ha producido en su lugar es una línea de coches principalmente de lujo, cuya opción más barata sólo está disponible para las capas superiores de la clase trabajadora que pocas veces tienen derecho a una desgravación fiscal por vehículo eléctrico y viven dentro de una red de recarga eléctrica aún pequeña.
Y lo que es más importante, intentar abordar el verdadero problema climático generado por la producción y el uso de automóviles en Estados Unidos abogando exclusivamente por los coches eléctricos es una tontería. Sin una red de transporte masivo, masivamente ampliada, hay pocas esperanzas de alcanzar realmente los niveles de emisiones que necesitamos.
Irónicamente, la Boring Company está acometiendo una de las tareas más importantes y difíciles para mejorar el transporte en las áreas metropolitanas de Estados Unidos, la de excavar grandes túneles subterráneos. Con todo este esfuerzo, en lugar de equiparlo con un transporte ferroviario de alta densidad que sea asequible para las personas que lo necesitan, está optando por convertirlo en una autopista de un carril exclusiva para Teslas.
SpaceX propone directamente una misión elitista y cerrada. Aunque la empresa descubriera cómo transportar seres humanos a Marte, el coste y el tiempo que habría que dedicar a alejarse de la familia y el trabajo para hacer un viaje al planeta excluiría a todos, excepto a los poquísimos que podrían emprender un viaje que, según el propio Musk, acabaría con su muerte.
Por tanto, es fácil imaginar cuál es el resultado probable del robot Tesla. En primer lugar, hay muchas razones para dudar del éxito de la empresa, pero si Tesla consigue de algún modo realizar los avances industriales y de investigación necesarios para producir en masa y desplegar de forma productiva robots autónomos de uso general, no será en beneficio de toda la sociedad.
En lugar de reducir el tiempo y el esfuerzo que los trabajadores necesitan para realizar sus tareas, es decir, reducir la cantidad de horas en el trabajo sin una reducción del salario, los robots se utilizarán casi exclusivamente para echar del trabajo a algunas de las capas más desesperadas y marginadas de la clase obrera. Los despidos se centrarán en quienes realizan las tareas más duras y repetitivas del trabajo industrial y doméstico. Por tanto, aunque esta empresa tenga éxito en términos capitalistas, sigue siendo una pérdida para los trabajadores, que no podrían asegurarse una transición justa y no tienen camino para disfrutar de los beneficios de esta tecnología por sí mismos.
Los proyectos de investigación y desarrollo a gran escala pueden aportar mucho bien a la sociedad. Las vacunas, los saltos en la tecnología informática y la producción industrial de artículos para el hogar han sido obviamente beneficiosos para la sociedad en general. El problema es que cada vez más grandes proyectos se llevan a cabo bajo dirección privada, beneficio privado y uso exclusivo. Esto resulta irónico, ya que estos mismos proyectos no son posibles para gente como Musk sin un importante respaldo estatal, y las más extremas medidas para ahorrar costes, como utilizar la mano de obra más barata posible mientras se esquivan las políticas medioambientales. La «revolución» de la IA se ha asociado a un enorme aumento de la polución, la demanda de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, y los robots basados en IA de Musk sin duda agravarán el problema.
En lugar de regalar nuestra riqueza social para que la despilfarre una élite cada vez más inestable y amurallada, los trabajadores deberían tener derecho a determinar democráticamente qué tipo de proyectos e investigaciones son necesarios para el progreso de nuestra sociedad y a llevar a cabo ese trabajo bajo el control democrático de sus condiciones laborales. Los trabajadores ya conocen mejor que cualquier multimillonario las tareas más importantes para mejorar la sociedad, puesto que ya tienen que vivir con las consecuencias de las crisis a las que nos enfrentamos hoy en día.
Con el agravamiento de la crisis del cambio climático, hay más que hacer que nunca para salvar nuestro planeta de los peores impactos. Si seguimos permitiendo que personas como Musk tomen las decisiones sobre el funcionamiento de nuestra economía, perdemos el tiempo y los recursos que nos quedan.
Foto: Elon Musk (Business Today)
