¿Quién va a defender al pueblo libanés?

Por JAMES MARKIN

Mientras que el ejército israelí bombardea Beirut y las tropas israelíes avanzan en el sur de Líbano, la población del país sufre todos los días. El Ministerio de Sanidad libanés informa de que más de 2.700 personas han muerto por ataques israelíes en el último año, y más de 400.000 han huido a Siria. Ante esta carnicería, el ejército libanés se ha retirado del sur, dejando sólo a Hezbollah y a las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en el camino del ejército invasor israelí. Para quienes no estén familiarizados con la situación en Líbano, la idea de que el ejército de una nación soberana se retire ante una invasión militar puede parecer alarmante. Pero tanto la clase dominante libanesa como las diversas clases dominantes imperialistas han desatendido sistemáticamente los intereses del pueblo desde que el país se independizó de Francia en 1943.

Historia del imperialismo en Líbano

Tras la Primera Guerra Mundial, los imperialismos británico y francés se repartieron el Oriente Medio en el famoso acuerdo Sykes-Picot. Los franceses obtuvieron Siria y -apoyándose en su larga reivindicación como «protectores» de los cristianos de Oriente Próximo- procedieron a separar a Líbano con el fin de que fuera una patria para los cristianos maronitas. Aunque este sectarismo pudiera haber sido la justificación, Líbano fue una de las varias mini-Sirias que los franceses crearon, con el objetivo de que Siria fuera más fácil de gobernar. El Alto Comisionado francés para el Levante, Henri Gouraud, comentó sobre esta estrategia: «Será fácil mantener un equilibrio entre tres o cuatro estados [sirios] que serán lo suficientemente grandes como para lograr la autosuficiencia y, si es necesario, enfrentar a uno contra otro».

De hecho, las fronteras del Líbano nunca tuvieron sentido como patria cristiana, ya que, con la ciudad de Trípoli, de mayoría musulmana, y otras zonas musulmanas populosas incluidas, el país nunca pudo presumir de tener una mayoría cristiana. Como dijo una vez el nacionalista sirio George Samné: «¿Qué clase de “patria cristiana” es ésta, donde la mitad de la población es musulmana?».

Sin embargo, la falta de una mayoría cristiana no ha sido la causa de los problemas de Líbano. Por el contrario, Líbano ha sufrido la deuda y la explotación de las potencias imperialistas, y ha padecido una serie de importantes crisis económicas y sociales. Ademas, Líbano ha sido víctima de la agresión israelí desde el principio. Las tropas israelíes entraron en Líbano y destruyeron aldeas durante la Nakba de 1948, y Líbano recibió enormes cantidades de refugiados palestinos entonces y en la Naksa de 1967 que le siguió.

Lejos de casa y sin ciudadanía en Líbano, esta población refugiada recurrió a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) para que les prestara servicios en los campos de refugiados. En 1978, Israel invadió el sur de Líbano con el objetivo de acabar con la OLP en el país. El uso por parte de Israel de fuego de artillería pesado e indiscriminado arrasó pueblos libaneses, matando a miles de libaneses y palestinos y desplazando a cientos de miles más.

Finalmente, la OLP se vio obligada a retirarse, y la ONU trazó la «línea azul» que delimitaba la frontera entre Israel y Líbano, así como la zona entre la frontera y el río Litani. Tras cinco meses de carnicería, Israel se retiró de nuevo a través de la línea azul y la ONU estableció la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (FPNUL). Desde la década de 1970, se han producido una serie de invasiones israelíes de Líbano, la más reciente sucedio en 2006. En cada ocasión, la ONU no consiguió impedir la invasión, y las «fuerzas de mantenimiento de la paz» acabaron más como reporteros de lo que ocurría que manteniendo realmente la paz.

El imperialismo estadounidense está detrás de esta invasión.

Ahora Israel ha vuelto a invadir Líbano. Desde el comienzo de la campaña de violencia genocida de Israel en Gaza, estaba claro que una invasión de Líbano estaba pendiente. Sobre todo tomando en cuenta que los ataques con cohetes de Hezbollah, destinados a disuadir la matanza israelí en Gaza, obligaron a Israel a evacuar a gran parte de su población del extremo norte del país, incluso del territorio sirio que aún ocupa: los Altos del Golán. Este éxodo del norte sólo ha contribuido a la crisis económica general de Israel, que amenaza con obstaculizar la conducta de Israel en su guerra genocida. Al invadir Líbano, Israel espera degradar a Hezbollah como fuerza de combate, y empujarles al otro lado del río Litani, permitiéndoles devolver a los trabajadores israelíes al norte y, al hacerlo, tratar de recuperar a su decaída economía.

La política de la Casa Blanca de Biden hacia Líbano ha cambiado. Aunque Biden ha manifestado por mucho tiempo su frustración por la campaña bélica israelí y ha dicho que trabajaba para contenerla con el fin de evitar una guerra regional, su política hacia la guerra de Líbano es de apoyo ya mas abierto. Un artículo de The New Republic informaba de que, mientras Biden hacía públicamente llamamientos poco convincentes para que Israel no invadiera Líbano, a puerta cerrada sus principales ayudantes daban luz verde. Desde entonces, funcionarios del gobierno estadounidense han celebrado abiertamente el asesinato israelí del líder de Hezbollah, Hasan Nasralá, sin ninguna reserva. Estos ejemplos muestran claramente que Biden apoya de momento la carnicería israelí en Líbano.

Esto se debe a que Estados Unidos ve una oportunidad en esta guerra contra Líbano. Así lo ha declarado en público Amos Hochstein, asesor comercial de la Casa Blanca, enviado recientemente al Levante como parte de la ofensiva diplomática estadounidense más amplia. En conversaciones con el primer ministro libanés en funciones, Najib Mikati, Hochstein declaró que el anterior plan de alto el fuego de la administración para Líbano estaba «fuera de la mesa» y que ahora la prioridad debía ser la elección de un nuevo presidente para Líbano. El país lleva dos años sin presidente, una situación de la que muchos han culpado a Hezbollah, ya que sus aliados políticos han intentado impedir la elección de un candidato no alineado con sus intereses. De hecho, Estados Unidos no es una parte neutral aquí; al igual que Hezbollah, quieren asegurarse de que cualquier presidente seleccionado sea afín a Washington.

Hochstein, en declaraciones a la emisora libanesa LBI, cometió un desliz freudiano al afirmar que la solución a la guerra llegaría después de que se hubiera realizado «un esfuerzo global para reforzar las fuerzas armadas libanesas, desplegarlas en el sur como deberían desplegarse en todos los sectores del Líbano… [y] al mismo tiempo, tener un nuevo gobierno, una vez que elijamos, seleccionemos -una vez que el Líbano seleccione- a un nuevo presidente, así es como pondremos fin a este conflicto». Este lapsus linguae sólo representaba una versión un poquito más clara de lo que Hochstein había dicho anteriormente en público: Estados Unidos ve esta guerra como una oportunidad para debilitar a Hezbollah y crear un gobierno libanés más estable bajo influencia estadounidense.

La política normal israelí: Matar a todos los testigos

Israel está llevando a cabo la guerra en Líbano utilizando las tácticas que ha perfeccionado en Gaza: bombardeos terroristas masivos. Sin embargo, Líbano, a diferencia de Gaza, es un país independiente que no ha quedado totalmente aislado del resto del mundo. Aunque las relaciones públicas internacionales de Israel no podrían ser peores, está claro que en Líbano hay más ojos observando lo que hacen las FDI. Por eso, al igual que en Palestina, Israel ha llevado a cabo una campaña de muerte contra los periodistas. De los muchos casos de agresiones israelíes a periodistas en Líbano, uno especialmente bien documentado es el asesinato de Issam Abdallah el año pasado. Un informe publicado recientemente por las fuerzas de mantenimiento de la paz de la FPNUL afirma que «probablemente» Abdallah murió cuando un grupo de tanques israelíes disparó con ametralladoras contra un grupo de periodistas cerca de la frontera entre Israel y Líbano.

Es exactamente este tipo de informe el que ha provocado la agresión israelí contra la misión de la FPNUL. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha pedido muchas veces que la ONU que retire la misión de la FPNUL del sur de Líbano, mientras que cuentas de propaganda vinculadas al gobierno israelí han acusado a la FPNUL de dar cobertura a Hezbollah. Mientras tanto, las tropas israelíes sobre el terreno en Líbano han atacado repetidamente a las fuerzas de mantenimiento de la paz de la FPNUL y han realizado acciones agresivas contra ellas. El incidente más impresionante ocurrió el 13 de octubre, cuando una brigada de tanques israelí forzó la entrada en una base de la FPNUL y detonó proyectiles que emitían un gas nocivo que hospitalizó a 13 miembros del personal de la FPNUL, a pesar de que llevaban máscaras antigás. Más recientemente, el 20 de octubre, excavadoras israelíes demolieron torres de vigilancia de la FPNUL a lo largo de la frontera israelí. El mensaje que envía Israel es claro: quieren expulsar a las fuerzas de mantenimiento de la paz para eliminar a los posibles testigos de sus crímenes.

Esta agresión israelí contra el personal de la FPNUL ha provocado una reacción internacional, especialmente de países como Irlanda e Italia, que aportan un número significativo de tropas a la misión de la FPNUL. Sin embargo, como de costumbre, es poco probable que este tipo de reacción haga retroceder a Israel mientras Estados Unidos siga apoyándolo. Como siempre, las normas y resoluciones de las Naciones Unidas son solo sugerencias mientras si se consigue el respaldo de uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Aunque el papel que desempeña la FPNUL como registradores pasivos e informadores de los crímenes de guerra israelíes en Líbano es positivo, está muy lejos de cualquiera de los supuestos objetivos de las Naciones Unidas. En última instancia, la FPNUL no hará nada para proteger al pueblo libanés mientras la maquinaria de guerra israelí arrolla sus hogares.

¿Quién va a defender al pueblo libanés?

A pesar de gran parte de la retórica de la prensa capitalista occidental, en última instancia, la fuerza desestabilizadora en Líbano no es Hezbollah, sino Israel. Mientras continúe el proceso israelí de desposesión del pueblo palestino, necesitará tener el control sobre sus países árabes vecinos, cuyas poblaciones de clase obrera detestan a Israel y lo ven como lo que realmente es: un Estado destinado a gobernar la completa desposesión del pueblo palestino. Sin el control israelí sobre estos países, esta clase obrera árabe más amplia representa una amenaza existencial para el Estado sionista.

En Líbano, esta fricción continua es parte de lo que creó a Hezbollah, ya que las instituciones políticas existentes no consiguieron detener las violaciones de la soberanía libanesa y las masacres de su pueblo por parte de Israel. Incluso si Israel y Estados Unidos consiguen derrotar a Hezbollah, lo que parece improbable, surgirá algo nuevo en su lugar para desempeñar el mismo papel y representar los mismos intereses. Dicho esto, está claro que en la guerra actual, el mejor resultado para el pueblo de Líbano sería que Hezbollah prevaleciera sobre las fuerzas invasoras israelíes. Mientras las tropas israelíes permanezcan en Líbano, hay pocas posibilidades de que se produzca un cambio positivo.

Esto plantea de nuevo la pregunta: ¿quién puede defender al pueblo libanés? Sabemos que Estados Unidos e Israel están dispuestos a masacrar a incontables miles de personas en Líbano para cumplir sus metas. El aparato estatal existente en Líbano está paralizado, atrapado entre diferentes campos capitalistas: los que están totalmente bajo la influencia de EEUU y aquellos cuyos intereses no se alinean en este momento. Las Naciones Unidas, el Estado libanés, Hezbollah, etc., no son más que representantes de diferentes intereses capitalistas que hasta ahora no han conseguido proteger al pueblo libanés. Si el pueblo libanés quiere ver un nuevo día en el que no tenga que preocuparse por las bombas que caen sobre sus casas y los soldados invasores que recorren sus calles, tiene que levantarse y tomar el asunto en sus propias manos.

La única solución pasa por la derrota y destrucción del Estado de Israel, el fin de la dominación imperial estadounidense sobre el Levante y, en última instancia, el derrocamiento del sistema social existente en Líbano y Oriente Medio. Las únicas fuerzas con poder para llevar a cabo este cambio revolucionario son el pueblo trabajador del Líbano, unido en la lucha con la clase obrera árabe de toda la región. Juntos, tienen el poder de construir un futuro en el que se valore la vida y reine la paz.

Foto: Tropas israelíes en una zona de concentración en la frontera con Líbano, octubre de 2023. (The Times of Israel)

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