
Por JOHN LESLIE y CARLOS SAPIR
A medida que se acercan las elecciones presidenciales, las campañas de Kamala Harris y Donald Trump intentan articular sus visiones de la política exterior estadounidense. Sus llamamientos no sólo se dirigen al público en general; en gran medida, sus planes para el futuro del imperialismo estadounidense se construyen para los capitalistas ricos que se benefician directamente de la política estadounidense fuera de sus fronteras. Es por esta razón que las visiones de los dos partidos capitalistas tienen más en común que diferente.
Política exterior a la Trump
Como presidente, la política exterior de Trump estuvo marcada por su estilo de gestión caótico e impredecible. En ocasiones, estuvo en desacuerdo con los aliados de EE.UU. y se a menudo hacia elogios a los jefes de Estado autoritarios. Pero ahora, escuchando al ex presidente en campaña, quizá sea una exageración decir que Trump articula con éxito cualquier cosa. Su discurso de campaña se asemeja a una radionovela western mal escrita, un mundo lleno de «hombres malos», «hombres muy malos» y caricaturas raciales, y frente a todos ellos esta un yanqui con una pistola.
La plataforma «oficial» 2024 del Partido Republicano es sólo ligeramente más coherente. Subordina principalmente la política exterior a la prioridad de «asegurar la frontera» (en sí misma un escándalo fabricado y xenófobo): «Antes de defender las fronteras de países extranjeros, debemos asegurar primero la frontera de nuestro país». En otras partes, sin embargo, hace varios compromisos vagos para «reconstruir nuestras Fuerzas Armadas y Alianzas, contrarrestar a China, [y] derrotar al terrorismo» sin especificar cómo se perseguirá cualquiera de estos objetivos.
El Proyecto 2025 proporciona detalles adicionales sobre las políticas potenciales de una presidencia de Trump. La mayor parte del manifiesto del «Mandato» del Proyecto se centra en asuntos internos, y su política exterior se resume en frases sin sentido como la afirmación de que rechaza tanto el «intervencionismo» como el «aislacionismo», sino que se esfuerza por proteger el interés nacional (léase: el interés de los capitalistas estadounidenses). Su descripción sobre el comercio exterior y de la política económica es igualmente autocontradictorio, ya que algunos de sus autores abogan por el proteccionismo y otros piden más políticas de libre comercio. Sin embargo, propone un detalle claro y significativo en materia de política exterior: la expansión masiva y la renovación del arsenal nuclear estadounidense.
Aquí hay pocas novedades. Las políticas de rearme, el alarmismo antiinmigración y una postura abiertamente hostil hacia China son coherentes con el historial de Trump en el cargo. También son coherentes con el historial de Biden.
¿Ha sido diferente Biden?
Como presidente, Biden trató de volver a los viejos alineamientos de posguerra en su retórica, pero sus políticas reales continuaron un camino similar al de Trump. Se suponía que la iniciativa de política exterior distintiva de su presidencia era un «giro hacia Asia». Sin embargo, a diferencia de los años de Obama, cuando el gobierno estadounidense buscaba aumentar el comercio con China, ahora Biden reflejaba a Trump al nombrar a China como el principal enemigo del país. Las políticas económicas diseñadas para presionar a China fueron vistas por los aliados imperialistas de EEUU en Europa como un intento de subordinar la economía europea a la de EEUU. Los intentos de Biden de llevar a cabo este supuesto giro se vieron complicados por la invasión rusa de Ucrania y el genocidio israelí contra los palestinos.
En Ucrania, las palabras de Biden han estado a menudo en contrario de sus actos. Retóricamente, ha elogiado en repetidas ocasiones a la resistencia ucraniana y la ha llamado a derrotar a Rusia. En la práctica, sin embargo, aunque Estados Unidos ha prestado cierto apoyo militar a Ucrania, su apoyo ha sido comedido y ha consistido principalmente en la descarga de excedentes obsoletos en Ucrania con el fin de proporcionar un pretexto para el rearme estadounidense con nuevo armamento de última generación. La administración de Biden y la UE han endeudado a Ucrania y se han hecho cargo de una parte importante de la producción militar de la propia Ucrania. En lugar de producir las armas necesarias las veinticuatro horas del día para derrotar la invasión, estas fábricas están funcionando para obtener un beneficio lucrativo, todo ello mientras los trabajadores ucranianos se ven obligados a hacer frente a los ataques contra sus condiciones de trabajo que el gobierno de Zelensky ha puesto en marcha.
La respuesta de la administración Biden a Ucrania ha mostrado especialmente su hipocresía cuando se contrasta con su respuesta a la invasión israelí de Gaza. En Gaza, de repente, el ejército estadounidense abrió inmediatamente su arsenal, e Israel ha recibido un diluvio de municiones (así como apoyo logístico clave) para llevar a cabo un genocidio. Las armas que podrían haber defendido a Ucrania se utilizan ahora para masacrar a los palestinos. Las afirmaciones de Biden de apoyar un alto el fuego se ven desmentidas por el continuo apoyo logístico de Washington a Israel; si Estados Unidos dejara de proporcionar este apoyo, Israel sería incapaz de continuar su asalto. Cada muerte en Gaza está cosignada por el armamento estadounidense. Mientras tanto, la administración Biden ha utilizado en todo momento su influencia diplomática para impedir que las instituciones de la ONU y otros organismos internacionales intervengan.
Por último, está la política de inmigración de Biden. Denunciado por los republicanos que parloteaban sobre una crisis fronteriza a lo largo de su presidencia, Biden acabó situándose a la derecha de ellos, reconociendo en vez de refutar las mentiras xenófobas sobre el supuesto caos a lo largo de la frontera, negando de cumplir con la ley internacional de asilo y amenazando repetidamente con cerrar la frontera totalmente. Ligadas estructuralmente como están al aparato del Partido Demócrata, las organizaciones sin ánimo de lucro que actualmente lideran el movimiento por los derechos de los inmigrantes han sido incapaces de responder de manera eficaz.
¿Será Harris diferente?
Durante toda la presidencia de Biden, Kamala Harris se ha mantenido al lado de las políticas del presidente y ha ayudado a articularlas y aplicarlas como la segunda al mando. Es totalmente probable que sus políticas sigan el mismo molde que las de sus dos predecesores.
Por ejemplo, aunque Harris ha hablado de los abusos contra los palestinos a manos del Estado israelí, se ha comprometido plenamente con el «derecho a la autodefensa» de Israel, y su campaña ha declarado que un embargo de armas está «fuera de la mesa».
Aunque la Convención Nacional Demócrata (DNC) tuvo el primer panel del partido sobre los derechos de los palestinos, la cuestión del genocidio por Israel en Gaza permaneció fuera de la vista, a excepción de las protestas en la calle en el exterior y algunas interrupciones por parte de los defensores pro palestinos en el interior de la sala de convenciones.
El DNC rechazó las peticiones de la Campaña de los No Comprometidos para participar en la Convención Nacional Demócrata. Habría sido un gesto trivial permitir hablar a un representante preaprobado de los No Comprometidos y mantener así la delgada pretensión de que Harris se preocupa por los palestinos. En lugar de ello, se rechazó a los oradores palestinos, mientras que se dio la palabra a la familia de un prisionero israelí y a los republicanos antiabortistas (pero anti-Trump). Harris rechaza la más mínima asociación de su campaña con una defensa de los palestinos.
Mientras que la plataforma del Partido Demócrata se explaya poéticamente sobre la no proliferación nuclear, la política verdadera del partido, analizada por y para la burguesía, es la continuación de las antiguas políticas de «disuasión». Como hemos escrito anteriormente, la disuasión nuclear no es ninguna herramienta de mantenimiento de la paz, sino más bien una amenaza imperialista y una amenaza interminable para la vida humana en la Tierra. Con respecto al armamento no nuclear, Harris es directo: Estados Unidos debe tener el «ejército más fuerte del mundo», asegurando su lugar como hegemón militar una vez más.
En última instancia, tanto Trump como Harris prometen aumentar la huella del imperialismo estadounidense en detrimento de los trabajadores de todo el mundo. Aunque puede que no reaccionen de forma idéntica ante cada situación, sus prioridades son claras: utilizar el poderío militar y la presión económica para subordinar al mundo en beneficio de la clase dominante estadounidense. No podemos pretender que Harris nos proteje al presentar una alternativa a Trump. A fin de cuentas, su programa es igual de letal y está igualmente comprometido con la afirmación de la supremacía estadounidense en una era de creciente competencia interimperial con China, Rusia y Europa.
Para derrotar al imperialismo estadounidense, al militarismo y a la guerra, los trabajadores y los oprimidos tienen que romper decididamente con los Demócratas, los Republicanos y toda la farsa política bipartidista. Esto significa rechazar las súplicas de los charlatanes de «izquierda» que nos conducirían de nuevo a los brazos del partido del enemigo de clase. Necesitamos construir nuestro propio partido, un partido obrero combativo que no se limite a disputar las elecciones, sino que luche todos los días del año por los oprimidos y explotados.
Foto: EE.UU. ha incrementado su presencia militar en el Pacífico. (Marina estadounidense)