México despenaliza el aborto

Por SONIA KONDAPALLI

El 6 de septiembre, México despenalizó el aborto a nivel federal. La mayoría de los estados de México siguen ilegalizando el aborto, pero en este momento, las personas que necesiten abortar podrán hacerlo en clínicas e instituciones de salud gestionadas por el gobierno federal. Las feministas mexicanas continuarán su lucha por el aborto estado por estado por la justicia reproductiva y la autonomía corporal.

La historia del derecho al aborto en México no ha sido directa, y las condiciones han cambiado drásticamente en los últimos años. En 1931 se prohibieron los métodos anticonceptivos, y en 1974 esta ley se derogó con una enmienda a la Constitución mexicana que garantizaba el derecho de los ciudadanos a determinar “el número de sus hijos y el intervalo entre los nacimientos”. Sin embargo, en 2000 el presidente, Vicente Fox, endureció las restricciones al aborto, y la década siguiente trajo consigo una gran variedad de niveles de acceso en los 32 estados de México.

Las activistas feministas consiguieron una victoria en 2021, cuando el Tribunal Supremo despenalizó el aborto en el norteño estado de Coahuila. El fallo de la Corte el mes pasado se basa en esa victoria y despenaliza el aborto para todo el país.

¿Cómo ganaron las feministas mexicanas?

En primer lugar, la lucha por la justicia reproductiva ha implicado a redes de activistas de distintos países. La “Marea Verde” se originó en Argentina en 2015, cuando las noticias de horripilantes feminicidios y violaciones motivaron a mujeres y aliados a contraatacar. La violación y asesinato de la adolescente argentina Lucía Pérez en 2016 motivó una huelga de una hora en todos los sectores de la sociedad argentina. El hashtag #NiUnaMenos fue un lema que surgió de esas movilizaciones y espoleó una mayor participación. En varias protestas, las activistas empezaron a llevar un pañuelo verde, que se convirtió en un símbolo del movimiento en toda América Latina.

El movimiento feminista en América Latina ha vinculado múltiples cuestiones que afectan a las mujeres y a las personas queer, incluidos, entre otros, el feminicidio, el aborto y la pobreza “feminizada” impuesta por las políticas de austeridad y los recortes en sanidad. Además, la reivindicación del derecho al aborto no se ha limitado a la importancia de la elección individual, sino a la necesidad de la autonomía corporal y de una atención sanitaria gratuita y accesible. Las movilizaciones masivas en América Latina también demuestran la naturaleza de clase del movimiento, en el que las reivindicaciones feministas han unificado a los trabajadores de todos los sectores de la sociedad.

Los grupos feministas de México se han apresurado a señalar que, aunque la despenalización del aborto es una victoria, sólo es parcial. El sistema judicial mexicano sigue atrincherado contra el derecho al aborto, y muchas personas, sobre todo las mujeres más pobres y explotadas, siguen sin tener acceso a los servicios de salud reproductiva.

¿Qué tácticas y estrategias se utilizaron?

En 2000, cuando el estado mexicano de Guanajuato ilegalizó el aborto incluso en caso de violación, un grupo de activistas se unió para crear el colectivo Los Libres. Este colectivo creó una red local para luchar contra la represión estatal. Una forma de enfocar la lucha fue crear formas de “acompañar” a las personas que necesitaban abortar. El acompañamiento para abortar podía ir desde ofrecer compañía física cuando se viajaba a una clínica hasta ofrecer apoyo virtual a través de mensajes de texto y de mensajería. También encontraron formas de distribuir información y pastillas para el aborto automedicado, lo que aumentó el número de personas y los lugares donde podían prestar asistencia. Los Libres es sólo uno de los colectivos que realizan esta labor.

Además de crear redes para apoyar el acceso de las personas al aborto, los activistas también han utilizado las protestas callejeras masivas para presionar, concienciar y controlar el marco de la lucha. Al plantear demandas audaces que relacionaban el aborto con la opresión económica, la Marea Verde arrastró a masas de trabajadores e influyó en la opinión pública.

Hasta cierto punto, las activistas mexicanas por los derechos de las mujeres consideran la despenalización del aborto como un compromiso accesorio en el camino hacia la victoria total. La política específica de despenalización ha sido el centro de atención de los grupos feministas liberales, y el gobierno gobernante de Morena, que cuenta con el apoyo de grupos evangélicos contrarios al aborto, la ha considerado un compromiso aceptable. Pero las demandas del movimiento que está organizando marchas masivas van mucho más allá de la despenalización del aborto, con consignas centradas en el fin de la violencia sexista y de las instituciones que la permiten. Se oponen directamente al gobierno, al poder judicial y a la policía. La despenalización del aborto es un paso adelante, y sólo es posible gracias al movimiento intransigente que toma las calles. Pero no es el objetivo final de la Marea Verde que inunda América Latina.

Lecciones aprendidas y lucha por delante

En muchos sentidos, Estados Unidos se encuentra en una situación opuesta a la de México. Mientras que México acaba de despenalizar el aborto a nivel federal, y ahora debe reforzar este derecho en cada estado, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ya no protege el derecho al aborto a nivel federal, aunque sigue siendo legal en la mayoría de los estados. Independientemente de estas diferencias, las feministas estadounidenses deben aprender de la forma en que los latinoamericanos llevaron el aborto al centro de una amplia variedad de espacios públicos, desde el lugar de trabajo y los sindicatos hasta los medios de comunicación dominantes. No se trataba de una cuestión marginal, ni de una cuestión aislada, sino de una cuestión que servía de eje para las luchas interconectadas bajo el capitalismo.

En Estados Unidos, uno de los puntos débiles del movimiento en torno al caso Roe v. Wade fue que hizo hincapié en la importancia de la elección individual, en lugar de reivindicaciones más audaces y globales en favor de la plena autonomía corporal y la necesidad de una asistencia sanitaria universal. Además, las movilizaciones feministas de masas en Estados Unidos, como la Marcha de las Mujeres de 2020, se centraron en la política electoral y se asociaron en gran medida con el Partido Demócrata, en lugar de orientarse hacia la clase trabajadora y mantenerse políticamente independientes.

A medida que el movimiento de las mujeres estadounidense entra en una nueva era de lucha, y lo que se consideraba de sentido común es revocado, se ha ganado una apertura para las posibilidades militantes. Las masas estadounidenses pueden ver más claramente que el avance del tiempo no garantiza la mejora de las condiciones; el Tribunal Supremo ha anulado la discriminación positiva y el derecho al aborto durante los dos últimos años. Con las fuerzas cristianas conservadoras flexionando su poder en Estados Unidos, la victoria en México también ofrece una lección optimista sobre la organización contra las agendas religiosas restrictivas. México es un país mayoritariamente católico, pero Marea Verde ha creado un nuevo statu quo en el que la religión y la cultura no están reñidas con los derechos de las mujeres y los derechos humanos.

En México, tras la sentencia del 6 de septiembre, aún queda mucho trabajo por hacer. El aborto debe despenalizarse a nivel estatal, y la política federal debe aplicarse con fidelidad. Reivindicaciones audaces contra la política de austeridad y la pobreza y por la plena autonomía corporal guiarán la lucha hacia adelante.

Como hemos aprendido del ejemplo de Roe contra Wade en Estados Unidos, la autonomía corporal y la justicia reproductiva nunca estarán garantizadas en el marco antidemocrático del capitalismo. Será necesaria una revolución social internacional que ponga fin a la opresión de género para garantizar nuestros derechos reproductivos de una vez por todas.

Foto: Alejandro Muñoz / Shutterstock

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