Una carta de amor musical a la extrema derecha por Jason Aldean

Por JOHN LESLIE

Acabo de ver el vídeo de la nueva canción de Jason Aldean, “Try That In A Small Town” (“Trata de hacerlo en un pueblo pequeño”). El vídeo en sí es una carta de amor a la reacción y a la supremacía blanca, con imágenes de robos, disturbios civiles y quema de banderas yuxtapuestas a imágenes positivas de familias blancas jugando en sus patios o cazando y granjeros ayudándose unos a otros. Y rodeado de banderas de Estados Unidos.

Según Rolling Stone, “En el vídeo del single de Aldean ‘Try That in a Small Town’, el cantante actúa delante de un juzgado de Columbia, Tennessee, donde se produjo un linchamiento en 1927 y un pogromo en 1946. La letra hace referencia a los “good ol’ boys”, hombres dispuestos a luchar contra los delincuentes que asaltan licorerías y faltan al respeto a la policía y a la bandera estadounidense. Aldean incluso amenaza con usar una pistola que le regaló su abuelo”.

En el mismo artículo, Rolling Stone destaca que Aldean se disfrazó de negro en una fiesta de Halloween en 2015, que lleva camisetas con la bandera confederada en el escenario y que defiende ideas de extrema derecha y una retórica antivacunas. Cantantes de country como Lee Greenwood, Luke Bryan y Travis Tritt se apresuraron a defender a Aldean. También lo hicieron los políticos de extrema derecha Donald Trump y Ron DeSantis, entre otros.

En la canción, que Aldean no compuso, canta: “Insulta a un policía, escúpele a la cara /
Pisa la bandera y enciéndela / Sí, ya crees que eres duro / Bueno, trata de hacerlo en un pueblo pequeño / A ver hasta dónde llegas en la carretera / Por aquí, cuidamos lo nuestro / Si cruzas esa línea, no tardará mucho…”.

Aldean, por supuesto, niega que la canción sea una alusión al linchamiento, pero la letra parece inequívoca. Por ejemplo, Ahmaud Arbery, un joven negro de 25 años, intentó hacer ejercicio en un pequeño pueblo de Georgia y fue matado por motivos raciales. Goodman, Schwerner y Chaney intentaron registrar votantes en una pequeña ciudad y no llegaron muy lejos en el camino cuando algunos de los “good old boys” de Aldean se encargaron de la sittuación. No tardaron mucho. La autora Shannon Watts calificó la canción de “honra al sundown town” (pubelo “puesta del sol”).

“No dejes que el sol se ponga sobre ti en este pueblo”.

En un pasado no tan lejano, en Estados Unidos había miles de los llamados “sundown towns”. Estas zonas de exclusión no se limitaban al Sur, sino que existían en todo el país. El mensaje era claro: “Manténgase fuera de esta ciudad al anochecer”.

James W. Loewen, autor del libro Sundown Towns, escribió: “De Maine a California, miles de comunidades mantuvieron alejados a los afroamericanos (y a veces a los chinoamericanos, los judíoamericanos, etc.) por la fuerza, la ley o la costumbre. Algunas ciudades siguen siendo blancas a propósito. A sus escalofriantes historias se han unido más recientemente las de muchos suburbios de élite (y algunos no tan de élite) como Grosse Pointe, Michigan, o Edina, Minnesota, que han excluido a los no blancos por “medios más amables y suaves”. Cuando empecé esta investigación, esperaba encontrar unas 10 ciudades al atardecer en Illinois (mi estado natal) y quizá 50 en todo el país. En cambio, he encontrado más de 440 en Illinois y miles en todo Estados Unidos”.

Estos “sundown towns” racistas se mantenían legal y extralegalmente mediante el terror y la ley del linchamiento. El régimen de la ley del linchamiento dirigido contra los negros y otras minorías no se limitaba al Sur, pero fue en el Sur donde se produjeron la mayoría de los linchamientos.

Según James H. Cone, “los linchamientos, principalmente como violencia colectiva y tortura dirigida contra los negros, empezaron a aumentar tras la Guerra Civil y el fin de la esclavitud, cuando el Congreso aprobó la Ley de Reconstrucción que concedía a los hombres negros el derecho de sufragio y de ciudadanía para participar en los asuntos de gobierno” (James H. Cone, “The Cross and The Lynching Tree”).

En Estados Unidos se produjeron hasta 5.000 linchamientos entre 1882 y 1968. Muchos de ellos ocurrieron en pueblos pequeños. No solían ser actos secretos, sino que se anunciaban con antelación en los periódicos locales y a veces estaban dirigidos por políticos locales o clérigos cristianos. Las víctimas eran fusiladas, descuartizadas y quemadas, a menudo aún con vida. Los fotógrafos locales tomaban fotografías de los linchamientos y hacían postales como recuerdo.

Los linchamientos eran un espectáculo calculado para infundir terror en las comunidades negras y servían para imponer el orden racista de Jim Crow. Al igual que los sundown towns, los linchamientos no se limitaron al Sur, y se registraron linchamientos en Pensilvania, Ohio, Illinois, Indiana y Kansas, entre otros estados. El mayor número de linchamientos se produjo en Mississippi, Georgia y Texas.

Nashville ha matado a la música country

Los cantantes bro-country actuales están muy lejos de las raíces del country en la música “hillbilly” y el blues. La evolución conservadora del género en las últimas décadas es paralela a la deriva hacia la derecha de la política estadounidense. Nashville ha reforzado esta tendencia poniendo más énfasis en artistas que cantan canciones pop countrificadas sobre el “modo de vida tradicional” y la forma en que “solían ser las cosas”. La evolución conservadora de la música country también ha reforzado la división entre campo y ciudad en política.

El conservadurismo de Nashville se manifestó en la inclusión de las Dixie Chicks en una lista negra después de que criticaron las guerras de George W. Bush. El cantante Chris Stapleton sufrió la reacción de sus fans cuando dijo: “¿Creo que las vidas de los negros importan? Por supuesto… No sé cómo puedes pensar que no lo son”.

Al mismo tiempo, aunque gran parte de la base de seguidores de la música Country considera que el género es música “blanca”, algunos artistas negros han conseguido hacerse un hueco en el Country. Rhiannon Giddens, Darius Rucker, Kane Brown, Gangstagrass (mezcla de hip-hop y bluegrass), Mickey Guyton y Brittney Spencer son sólo algunos ejemplos. En su canción “Black Like Me”, Guyton canta: “Si crees que vivimos en la tierra de la libertad, deberías intentar ser negro como yo”.

Las referencias a los linchamientos en las canciones country no son nuevas. La canción de Toby Keith de 2003, “Beer for my Horses”, que Keith interpretó con Willie Nelson, tiene la letra “Mi abuelo le dijo a mi papa/ hijo en mi día / un hombre necesitaba ser juzgado por sus delincuencias / Toma toda la cuerda en Tejas, y encuentrate un buen y alto roble / Redondea todos los feos y ahorcalos en la calle / para que los vean todos”.

Es facil la canción de Aldean con la de Keith. En “Beer for my horses”, Keith y Nelson cantan sobre temas similares pero de forma más explícita:

“…las noticias de las 6

Dicen que han disparado a alguien, que han abusado de alguien

Alguien exploto un edificio

Alguien robó un coche

Alguien se escapó

Alguien no alcanzo llegar lejos, no

No alcanzo llegar lejos”

A fin de cuentas, las imágenes del vídeo de Aldean, junto con la letra de la canción, desembocan en temas ultraderechistas de violencia y venganza contra quienes se atreven a resistirse a la violencia policial o intentan alterar el statu quo. En comparación, la canción de Keith suena más a nostalgia vaquera, ciertamente problemática, que a un llamamiento a los “good ol’ boys” a atacar a las personas cuyas ideas no les gustan. Hay que señalar, no obstante, que justo un año antes de cantar “Beer for my Horses”, Keith lanzó “Courtesy of the Red, White and Blue (The Angry American)”, por la que fue acusado rotundamente de promover el patrioterismo y el racismo contra los musulmanes, y de incitar a la violencia.

David Allan Coe, autor del éxito country “Take This Job And Shove It”, que hizo famoso Johnny Paycheck, también publicó dos álbumes extremadamente racistas, misóginos y homófobos a principios de los 80 con títulos de canciones como “Ni###r F###er”. Coe, por supuesto, negó ser racista (tiene un “amigo negro”), pero siguió vendiendo sus canciones racistas en las mesas de merchandising de los conciertos.

La música country es una mezcla contradictoria de ideas a menudo retrógradas sobre cuestiones de clase, patrióticas y sociales. Aun así, es un género que habla a mucha gente de clase trabajadora. Los socialistas pueden captar este hecho sin caer en estereotipos sobre paletos.

El futuro más prometedor del country está fuera de Nashville, que ha homogeneizado la música hasta hacerla imposible de escuchar. Los artistas y grupos de la industria musical dependen menos de las discográficas y la radio. Los artistas de country podrían redescubrir sus propias raíces y volver a llevar la música al punto en el que pueden dejar de cantar sobre cerveza, chicas en pantalones cortos y camionetas y empezar a cantar sobre las realidades de la vida de la clase trabajadora.

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