Los Democratas y Republicanos se ponen de acuerdo para evitar una crisis

Se terminó el drama sobre el techo de la deuda, por el momento. Este debate se llevó a cabo entre un gobierno demócrata deseoso de negociar un acuerdo que les permitiera tomar prestado más fondos para cubrir los gastos federales, y un partido republicano empeñado en forzar recortes a cambio de aprobar un aumento en el techo de la deuda pública. Hoy en día la deuda es de $31.4 trillones, o sea %133 del PIB de los EEUU, un salto de 25% desde el 2016. Es el nivel de endeudamiento más alto en la historia de los Estados Unidos.

 

El problema de la deuda tiene como raíz la crisis de la rentabilidad del capitalismo. La caída en esta rentabilidad, empezando en la década de 1980, impulsó a los ricos a atacar las condiciones de la clase obrera norteamericana a través de recortes a los servicios públicos, ataques anti-sindicales, y cierres de fábricas de empresas que optaron por mudarse a otros países – principalmente China- en busca de mejores condiciones para generar ganacias.

 

Este proceso fue acompañado por la reducción en los impuestos pagados por la clase capitalista. Sucesivos presidentes desde Reagan han disminuido los impuestos que pagan los ricos, socavando los ingresos federales, dando lugar a una escalada de la deuda que hoy en día sigue en aumento. Por ejemplo, Bush II  disminuyó los impuestos de los ricos en el 2001 y 2003, además de fomentar las invasiones de Afganistán en el 2001 e Irák en el 2003, lo cual requirió endeudarse por más de $2 trillones, una suma que va en aumento. En el 2017, Trump redujo los impuestos de los más adinerados del pais a una tasa menor que la que paga la clase obrera, la primera vez en la historia del país.

 

Las negociaciones en torno al techo de la deuda se realizan en un contexto la crisis crónica del capitalismo y la caída del estatus global del imperialismo norteamericano. Era inevitable que el partido demócrata llegara a un acuerdo con los republicanos, ya que al no cumplir con sus pagos, la economía americana y, por ende, mundial, caerían en depresión. La deuda federal, normalmente considerada una fuente segura para las inversiones – casi un cuarto de los inversionistas en la deuda norteamericana son extranjeros-, se vería completamente deslegitimada, con la consecuente caída en la confianza mundial en el dólar.

 

El impago de la deuda desataría una ola de cierres de empresas, de declaraciones de bancarrota, de desempleo, y un drástico aumento en la inflación. Esta catástrofe económica amenazaría el dominio mundial del ejército norteamericano, con sus casi mil bases militares por el mundo, que dependen de la estabilidad de la economía para mantenerse a flota. Los gobernantes del imperialismo norteamericano, al acercarse al precipicio del impago de la deuda, juegan con un fuego que amenaza con desatar una crisis global, una caída en la hegemonía norteamericana, y una explosión de descontento social.

 

 

Así que los gobernantes se mantienen en una situación complicada: por una parte, necesitan pedir prestado y gastar más dinero para evitar una crisis y, por otra, mantener a raya una inflación desorbitada, durante la cual han caído dos bancos norteamericanos – los bancos SBV y Signature. El acuerdo firmado por los demócratas y republicanos empeora el endeudamiento nacional, mantiene altos niveles de inflación, y a fin de cuentas es un aplazamiento de una tormenta económica que viene creciendo y amenazando la economía mundial.

 

Por otra parte, esta crisis financiera no tenía que haber occurido; es una drámatica obra de teatro para ocultar los intereses de clase que la impulsan. Aunque el debate entre los republicanos y demócratas los haga ver como enemigos implacables, en realidad sus diferencias sobre la deuda son tácticas. Los dos partidos están de acuerdo con atacar las condiciones de vida de la clase trabajadora como respuesta al problema de la deuda. En el 2011 y 2013, el presidente demócrata Barack Obama – con Biden de vicepresidente – ofreció recortes masivos a los servicios sociales, la Seguridad Social, en particular, en negociaciones sobre la deuda con el partido republicano.

 

La capitulación de los demócratas a los republicanos desmiente la promesa de Joe Biden de no ceder antes las presiones de recortar los servicios sociales para aumentar el techo de la deuda. El acuerdo que ahora él defiende establece nuevos obstáculos para los recipientes de cupones de alimentos (del programa SNAP), acelera la construcción del oleoducto “Mountain Valley Pipeline” de West Virginia, debilita la Ley Nacional de la Política Ambiental, y aumenta el presupuesta para las fuerzas armadas. El partido demócrata defiende este acuerdo como una victoria para todos.

 

En realidad, estas negociaciones son una pantalla para ocultar los intereses del imperialismo gringo. Biden pudo haber usado la 14a enmienda de la constitución para aumentar el techo de la deuda sin negociar con sus oponentes. Manufacturan la crisis del techo de la deuda para justificar ajustes neoliberales y aumentar la riqueza de los más ricos. Porque lo que más ha contribuido al crecimiento de la deuda son los recortes de impuestos para los ricos y el desenfrenado militarismo del país. Entre el 2001 y el 2021, los EEUU gastó $14 trillones en sus guerras de conquista en Irák y Afganistán y en su “guerra contra el terrorismo” en el mundo árabe desde entonces.

 

Ahora con la supuesta “ayuda” a Ucrania por parte de los E.E.U.U que, más que ayudar a la resistencia ucraniana -que no recibe el armamento necesario para derrotar a su invasor ruso -sirve para rearmar al imperialismo estadounidense. 80% de los fondos destinados para “ayudar” a Ucrania terminan siendo usados para fortalecer a la OTAN y, además, aumentan la deuda federal. Este nuevo acuerdo sobre la deuda también beneficia a las fuerzas armadas y las empresas de armas, ya que limita los gastos para todos los sectores menos el de defensa, el cual recibe un aumento de 3%.

 

Los socialistas revolucionarios no tomamos bandos en la lucha entre los dos partidos del imperialismo norteamericano. No aceptamos la inevitabilidad de los recortes a los servicios sociales o los ataques al medioambiente. Rechazamos que la clase capitalista castigue a la clase obrera para resolver el problema de la deuda que los mismos capitalistas crearon a base de su sed insaciable por ganancias y poder imperial.

 

La amenaza económica del impago de la deuda para la clase trabajadora es real. Por eso, en vez de alinearnos con los demócratas que dicen negociar en nuestro nombre, exigimos el fin de los pagos de la deuda a los bancos. Los bancos deben ser nacionalizados y reordenados para proporcionar préstamos sin intereses a los trabajadores y proyectos para el bienestar público. También decimos: “¡Impuestos a los ricos!”. Esto incluye gravar con un impuesto del 100% los beneficios de las Grandes Compañías de Petróleo y Gas y de las demás empresas que son las principales responsables de la actual crisis medioambiental y climática. Y es esencial poner fin a los pagos al Pentágono y a las industrias de producción militar. ¡Ningún centavo para la máquina de guerra! Todas estas industrias deben ser nacionalizadas, bajo control obrero, para convertirlas en producción para las necesidades del pueblo.

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