
El rey Carlos: multimillonario, jefe del Estado y del ejército, y con veto sobre el Parlamento
Por LIGA SOCIALISTA INTERNACIONAL (BRETAÑA)
La familia real británica es percibida popularmente como una institución inocente, una imagen importante para la clase dominante y fomentada por ella, apoyada con entusiasmo por unos medios de comunicación burgueses que siembran la mentira de que la realeza es gente humilde “igual que nosotros” y que todos son leales al rey y a la patria. Es un mito decir que la monarquía británica actúa de forma neutral y apolítica, sin interferir en el Parlamento, las grandes empresas o la vida política del país. La monarquía es una parte importante del apuntalamiento ideológico del capitalismo y el imperialismo británicos.
La exorbitante coronación del rey Carlos tiene lugar al mismo tiempo que la mayor oleada de huelgas en Gran Bretaña desde hace más de 30 años de trabajadores que están en huelga por un salario justo pero a los que se les dice que no hay dinero. La coronación costará millones.
La monarquía es antidemocrática, toma millones del erario público para aumentar su riqueza privada de miles de millones, por la que no tiene que rendir cuentas en absoluto.
La injerencia de los reyes en la política suele ser secretoso; sin embargo, cuando están en juego los intereses del capitalismo y el imperialismo británicos, la injerencia es poderosa y abierta. Además, una función importante es apoyar la guerra, como hicieron contra muchas insurgencias nacionalistas, como la Mau-Mau, 1952-1960[i]. Las fuerzas armadas sirven al monarca, no al Parlamento, y necesitan ofreceer su lealtad a la monarquía para servir al rey/reina y a la patria.
En su discurso de Navidad de 1982, la reina Isabel elogió a la Marina Real y a la Marina Mercante por acudir “al rescate de los isleños de las Malvinas, a 8.000 millas a través del océano”, incluido el ataque ilegal contra el barco General Belgrano y el ahogamiento de cientos de personas; lo que estaba en juego era la riqueza mineral del mar.
La monarquía tiene poderes extraordinarios de veto sobre la legislación propuesta, como el de detener en 1999 un proyecto de ley de diputados privados que habría eliminado el poder de la reina para autorizar ataques militares contra Irak. Estos asuntos suelen resolverse en las reuniones privadas semanales entre el jefe del Estado y las fuerzas armadas y el primer ministro, u otras reuniones con altos cargos del gobierno.
“El alcance del secreto poder de veto de la reina y el príncipe Carlos sobre las nuevas leyes ha quedado al descubierto después de que Downing Street perdiera su batalla para mantener en secreto la información sobre su aplicación”[ii] Un caso judicial de 2014 reveló que al menos 39 proyectos de ley han estado sujetos al poco conocido poder de la realeza de consentir o bloquear nuevas leyes.
En el libro de Joan Smith “Down with The Tories” se demuestra que el príncipe Carlos escribió muchas cartas al gobierno de turno oponiéndose a diversas políticas.
Durante la votación del referéndum por la independencía de Escocia, la Reina hizo una dura advertencia contra la independencia, diciendo que esperaba que los votantes “pensaran muy cuidadosamente sobre el futuro”. Altos cargos de Whitehall habían entrado en pánico ante el aumento del voto afirmativo y se dirigieron al Palacio de Buckingham para que interviniera[iii].
Con el poder de veto y otras injerencias en el Parlamento y la política, el rey Carlos puede actuar de forma bonapartista para que los distintos sectores explotadores garanticen la unidad contra los oprimidos, nacional e internacionalmente.
Paraísos fiscales para parasitos reales
El rey Carlos ha creado un conglomerado multinacional de miles de millones de libras que contribuye a cimentar la opresión de los países más pequeños y de la clase obrera británica, una parte esencial del impulso de la burguesía británica para aumentar y justificar su riqueza.
Carlos utiliza exenciones fiscales, cuentas en paraísos fiscales e inversiones inmobiliarias para crear un negocio de miles de millones de libras: el Ducado de Cornualles, que ahora pasa al príncipe Guillermo y está exento del impuesto de sociedades. El rey Carlos hereda un patrimonio de más de 652 millones de libras y, a diferencia de todos los demás, no tiene que pagar ni un céntimo de impuesto de sucesiones gracias a una ley diseñada para proteger la riqueza real.
El Ducado de Cornualles posee el emblemático campo de críquet El Oval, ricas teirras en el sur de Inglaterra, casas junto al mar para las vacaciones, oficinas en Londres y un depósito de supermercados suburbanos. Sus propiedades están valoradas en unos 1.400 millones de libras, frente a los 949 millones de la cartera privada de la difunta Reina. Estas dos propiedades representan una pequeña fracción de la fortuna de la familia real, estimada en 28.000 millones de libras. Además, la familia tiene una riqueza personal que sigue siendo un secreto muy bien guardado[iv].
El Ducado de Cornualles acumuló 28 millones de libras de beneficios el año pasado, empequeñeciendo el salario oficial de Carlos como príncipe, de poco más de 1,1 millones de libras. En 2017, los documentos financieros filtrados, conocidos como Paradise Papers, que revelan cómo se oculta la riqueza en paraísos fiscales, mostraron que el patrimonio del ducado de Carlos invirtió millones en empresas en paraísos fiscales, incluida una empresa registrada en las Bermudas dirigida por uno de sus mejores amigos.
Embajador de la muerte y la destrucción
Carlos actuó como “vendedor de facto de alto nivel de las exportaciones de armas británicas”, “reforzando a los regímenes autocráticos del Golfo”, según afirma un informe de Declassified UK. El sitio web de periodismo de investigación publicó dos informes sobre la relación entre la Casa de Windsor y la realeza árabe. Descubrió que, en la última década, Carlos como un solo individuo mantuvo al menos 95 reuniones con familias gobernantes de Oriente Medio, mientras que, en total, los miembros de la familia real británica se reunieron 217 veces con homólogos de las monarquías de la región.
“Los viajes diplomáticos de Carlos a la región se realizan a petición del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ha contribuido a cimentar polémicas alianzas con regímenes no democráticos y ha promovido exportaciones de armas por valor de 14.500 millones de libras esterlinas en la última década”, revela el nuevo informe. “Se afirma que el Palacio de Buckingham oculta el verdadero propósito de estas visitas. El palacio presume mucho de sus visitas culturales, aunque las reuniones suelen ser con altos cargos militares, de los servicios de inteligencia y de seguridad interior”[v].
La monarquía para la burguesía
La Revolución Inglesa y la guerra civil destruyeron la monarquía absoluta cuando Carlos I se negó a ceder ante el Parlamento y la burguesía en ascenso, lo que condujo a su decapitación en 1649. Se proclamó una república y se abolieron la monarquía y la Cámara de los Lores (HOL). Sin embargo, la HOL fue restaurada en 1659, tras la muerte de Cromwell. En la actualidad, la HOL es una segunda cámara del Parlamento, compuesta por pares hereditarios y una mayoría de pares vitalicios que la reina nombra tras una propuesta del primer ministro.
En 1659, tras los diez años de república inglesa, se creó una monarquía constitucional para ayudar a sofocar el caos de los intereses políticos enfrentados y ahogar las amenazas de quienes habían seguido a los Niveladores y Cavadores [dos grupos proto-socialistas de la época], que querían que la revolución fuera mucho más a fondo.
La consolidación de la contrarrevolución de la clase dominante terminó con la victoria de los Whigs en la “Revolución Gloriosa” de 1688, que creó una alianza duradera entre la burguesía y numerosos terratenientes al someter al monarca, una alianza entre la burguesía y Guillermo de Orange de Holanda.
Como dice Marx: “La clase inglesa de los grandes terratenientes, aliada con la burguesía -que, por cierto, ya se había desarrollado bajo Enrique VIII-, no se encontraba en oposición -como los terratenientes feudales franceses en 1789-, sino en completa armonía con las exigencias vitales de la burguesía. De hecho, sus tierras no eran propiedad feudal, sino burguesa”[vi].
Riqueza robada
Las iniciativas de tráfico de esclavos comenzaron con la reina Isabel I y continuaron durante el reinado del rey Carlos II. De 1660 a 1685, la corona y los miembros de la familia real invirtieron grandes sumas en el comercio de esclavos africanos. Durante los años álgidos del comercio de esclavos en el Atlántico, entre 1690 y 1807, los esclavizadores europeos llevaron a América aproximadamente 6 millones de africanos esclavizados; casi la mitad de estos cautivos llegaron en barcos británicos o angloamericanos. Protegidos por la Corona y el Parlamento El comercio de esclavos africanos se convirtió en una de las “industrias” más rentables de Gran Bretaña[vii].
En el siglo XIX, la reina Victoria y su consorte Alberto adquirieron reputación internacional como reformadores humanitarios mientras supervisaban simultáneamente la expansión de un imperio basado en la subyugación racial y la explotación de los pueblos de América, India, África y Asia y de todo el Pacífico.
“La monarquía es una supervivencia de la tiranía impuesta por la mano de la codicia y la traición a la raza humana en los días más oscuros e ignorantes de nuestra historia. Obtiene su sanción de la espada del merodeador y de la impotencia del productor… sus dones a la humanidad son desconocidos…”[viii] (James Connolly, 1911: “La monarquía británica es una afrenta a la democracia”).
La lealtad política de los laboristas
La familia real y todo lo que representa y de lo que es responsable cuenta con el pleno apoyo del Partido Conservador y del Partido Laborista y su líder Keir Starmer, guardianes del imperialismo británico. ¿Pero qué pasa con los izquierdistas como Jeremy Corbyn? Corbyn, como antiguo líder del Partido Laborista, rechazó cualquier sugerencia de que quisiera abolir la monarquía y nada en su manifiesto pedía la abolición: “No está en la agenda de nadie, desde luego no está en mi agenda y, ¿sabes qué?, he tenido una charla muy agradable con la Reina”[ix], lo que sugiere un apoyo incondicional a la continuación de la monarquía.
La abolición de la monarquía es una exigencia democrática de la revolución británica, que cuestiona la mezcla de arrogancia, riqueza, privilegio y paternalismo, y la sangría del erario público mientras millones pasan hambre. Debemos incluir una condena del racismo, el sexismo y la crueldad del régimen monárquico. La clase obrera no tiene nada en común con el rey Carlos y toda la monarquía que representa; nuestra lealtad está con la clase obrera mundial y todos los oprimidos y con sus luchas por liberarse de la monarquía y el capitalismo.
“Un pueblo mentalmente envenenado por la adulación a la realeza nunca podrá alcanzar ese espíritu de democracia autosuficiente necesario para lograr la libertad social. La mente acostumbrada a los reyes políticos puede reconciliarse fácilmente con los reyes sociales, los reyes capitalistas del taller, el molino, el ferrocarril, los barcos y los muelles”[x] (James Connolly, 1910).
¡Abolir la monarquía! ¡Por una república obrera!
Notas
[i] https://www.theguardian.com/news/2016/aug/18/uncovering-truth-british-empire-caroline-elkins-mau-mau
[ii] https://www.theguardian.com/uk/2013/jan/14/secret-papers-royals-veto-bills
[iii] The Guardian 16 de diciembre de 2014
[iv] https://www.nytimes.com/2022/09/13/world/europe/king-charles-wealth.html
[vi] https://www.marxists.org/archive/marx/works/1850/02/english-revolution.htm
[vii] https://slate.com/news-and-politics/2020/07/british-royal-family-slavery-reparations.html
[viii] https://www.marxists.org/archive/connolly/1911/xx/visitkng.htm
[x] https://www.marxists.org/archive/connolly/1911/xx/visitkng.htm