La expulsión de legisladores negros en Tennessee pone de manifiesto el fracaso de la “democracia” estadounidense

 

Por CARLOS SAPIR

La Cámara de Representantes de Tennessee, dominada por los republicanos, votó el 6 de abril la expulsión de dos legisladores demócratas negros, el representante Justin Jones y el representante Justin Pearson, por participar en una protesta acerca del control de armas. A la Cámara le faltó un voto para expulsar a una tercera demócrata, Gloria Johnson, que es blanca. La expulsión de Jones y Pearson de la legislatura pone de manifiesto los fracasos de la “democracia” en Estados Unidos.

(Al publicar este articulo, los funcionarios de los condados de origen de los dos representantes estaban decidiendo si designaban a Jones y Pearson para que volvieran temporalmente a sus escaños en la legislatura hasta que pudiera organizarse una elección especial).

La difícil situación de los “3 de Tennessee” es sólo la última muestra del desprecio hacia las normas democráticas por parte de los políticos burgueses de EEUU. Oficialmente, la causa de la expulsión se debió a la participación de los representantes en una protesta que interrumpió brevemente los procedimientos de la Cámara de Tennessee. Esta justificación resulta aún más inadecuada si tenemos en cuenta que parte del motivo de la protesta fue que a los representantes expulsados se les cortaban sistemáticamente los micrófonos o se les negaba la oportunidad de hablar con normalidad en las sesiones de la Cámara previas a la protesta. Además, varios representantes republicanos blancos anteriormente sufrieron repercusiones relativamente leves por infracciones mucho más graves como la pederastia y la violencia doméstica.

Aunque la expulsión de dos jóvenes representantes negros por una supermayoría blanca es un acto dramáticamente racista y antidemocrático, oculta perversiones aún más graves de la democracia. En Tennessee, como en muchos estados, el agresivo gerrymandering quita poder a los votantes negros y de clase trabajadora, y se ve agravado por otros controles antidemocráticos (con aprobación bipartidista), como la privación del derecho de voto a los condenados, la denegación del derecho de voto o de protecciones legales a los inmigrantes, que constituyen una parte importante de la clase trabajadora del país, y obstáculos más mundanos al registro y al voto físico. Aunque las acciones de la mayoría republicana de Tennessee sobrepasan las maltrechas normas de las últimas décadas de la política estadounidense y, por tanto, han suscitado un torrente de controversia, el desempoderamiento real de los votantes es mucho, mucho más profundo.

Antes de ser expulsado de la legislatura, el diputado Jones llamó la atención sobre la “oscura historia” de racismo de Jim Crow en Tennessee. “Lo que realmente estás mostrando al mundo es un espejo ante un estado que se remonta a unas raíces muy, muy oscuras”, dijo. “Un estado en el que se fundó el Ku Klux Klan intenta ahora otra toma de poder silenciando a dos de los representantes negros más jóvenes y a una de las únicas mujeres demócratas de este órgano. De eso se trata, seamos realistas hoy”. En un tono similar, la representante Gloria Johnson se refirió al hecho de que evitara ser expulsada diciendo: “Tiene que ver con el color de mi piel”.

Por desgracia, la mayoría de los demócratas se han abstenido de calificar el incidente de racismo, desviando sus críticas para decir que “[no] saben lo que esta en el corazón de [sus] colegas” o indicando de otro modo que nombrar el acto de racismo tan evidente de sus homólogos se interpondría en el camino de “trabajar juntos”. Del mismo modo, Joe Biden declaró que las expulsiones “no tienen precedentes”, ignorando la larga historia de insurgencia blanca violenta contra la representación negra tras la Reconstrucción, seguida de la imposición legal de las leyes de Jim Crow, así como las formas más inocuas pero no menos devastadoras de privación del derecho de voto que siguen vivas hasta nuestros días.

La falta de voluntad del gobierno de Biden para nombrar el racismo abierto y manifiesto, y su disposición a fingir ignorancia del racismo en la historia de Estados Unidos, no es sorprendente. Al fin y al cabo, los políticos del Partido Demócrata han demostrado una y otra vez que tienen poco interés en respaldar reformas progresistas; les interesa sobre todo prometer lo justo a las masas para ser reelegidos en sus cargos. Y, a veces, sus objetivos son tan conservadores, cobardes y antiobreros que abandonarán las promesas de reformas incluso cuando hacerlo perjudique su capacidad de ganar la reelección. No pueden cuestionar el gerrymandering ni las otras innumerables formas en que la política estadounidense es fundamentalmente antidemocrática porque ellos mismos son los beneficiarios de este sistema. Incluso cuando sus homólogos republicanos les declaran abiertamente la guerra, los demócratas siguen prometiendo en vano que buscarán el compromiso, y los puntos de compromiso sólo se mueven cada vez más hacia la derecha.

Los expertos en noticias hablan a menudo de “estados rojos” y “estados azules” como si existiera una división demográfica y cultural fundamental en la política estadounidense, con dos visiones enfrentadas de la sociedad. Sin embargo, la idea de que los “estados rojos” son producto de un conservadurismo cultural innato es pura fantasía. El perfil derechista de estos estados en la política nacional es el producto directo de políticas intencionadas para privar de derechos a los racializados y a los pobres. Además, estas políticas están tan profundamente arraigadas a nivel local, estatal y constitucional que no hay posibilidad de desafiarlas legalmente en el marco del actual gobierno estadounidense.

Luchar por una sociedad antirracista y socialista exige que rompamos con el juego amañado de la política bipartidista. Tenemos que liberarnos de los demócratas y de sus políticas burguesas, miopes y egocéntricas, y luchar por la revolución obrera e internacionalista necesaria para salvar a nuestro planeta de la tiranía y la devastación.

Foto: El diputado Justin Pearson (izquierda) y el diputado Justin Jones (centro) en la Universidad de Fisk el 7 de abril. (George Walker IV / AP)

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