El cierre de China: Los trabajadores de Shanghai se ven obligados a quedarse a dormir en la fábrica

Por COOPER B.

Los trabajadores de Shanghai de la planta de Quanta Computer, fabricante de productos Apple, han protagonizado una escalada de enfrentamientos con la dirección por el draconiano sistema del “circuito cerrado”. Iniciado por los capitalistas chinos con el fin de mantener la productividad de sus empresas durante un aumento de los casos de COVID-19, el sistema del circuito cerrado recluta efectivamente a los trabajadores en un ciclo de aislamiento del mundo en general, incluyendo dormir y vivir en el lugar de trabajo.

El sistema del circuito cerrado se implantó por primera vez en la fábrica de Shanghai en marzo. En lugar de un encierro estándar (en el que se dice a los trabajadores o a los pequeños empresarios que “se queden en casa”) el circuito cerrado permite a la empresa taiwanesa Quanta explotar a los trabajadores chinos–con la bendición del Partido Comunista Chino (PCC)–para seguir fabricando productos para que los venda la estadounidense Apple.

En este ejemplo, podemos ver de forma clara cómo los capitalistas de muchos países conspiran para explotar a los trabajadores en una parte del globo de forma más eficiente. Por supuesto que esto, por necesidad, resulta en una caída de la calidad de vida de los trabajadores explotados.

Los trabajadores que viven y trabajan en el mismo recinto comparten 12 personas por habitación en literas. En el momento en que el COVID volvió a surgir, varios trabajadores de las instalaciones se enfermaron e iniciaron brotes. Esto provocó un efecto dominó, en el que la dirección tuvo que enviar simultáneamente a los trabajadores enfermos en autobús a hospitales improvisados, obligar a los trabajadores que trabajaban desde casa a entrar en el circuito cerrado y someter a todos los trabajadores a pruebas diarias. No hace falta decir que semanas de aislamiento en el trabajo también pueden tener un efecto psicológico perjudicial. Un trabajador típico de una de las instalaciones de Quanta gana 450 dólares al mes, mucho menos que los ingresos medios de una de las ciudades más ricas de China. [1].

El procedimiento ha sido emulado en numerosas empresas. Los empleados de la planta de Tesla en Shanghai, por ejemplo, trabajan 12 horas diarias, seis días a la semana, y luego se acuestan en las instalaciones en sacos para dormir proporcionados por la empresa. El circuito cerrado es más rentable que un cierre, y menos arriesgado para el capital que eliminar todas las restricciones. Trata de aislar a los trabajadores de la pandemia al tiempo que mantiene la producción plena o casi plena. Se supone que esto provocaría menos muertes de trabajadores que la opción estadounidense.

El circuito cerrado de Shanghái puede acabar siendo una prueba para la clase dominante china a la hora de disciplinar a los trabajadores, pero no son los únicos. Mientras las clases dominantes de todo el mundo sigan compitiendo por los recursos y las ventajas estratégicas, seguirán enfrentándose a los peligros del cambio climático, así como a pandemias como la del COVID-19. Los gobiernos capitalistas -Estados Unidos, Rusia, Francia, Brasil, China, etc.- buscarán nuevas e inventivas formas de mantenernos trabajando para ellos, aunque el mundo se esté quemando. Sin embargo, no está claro hasta qué punto se pueden aplicar estas medidas de austeridad cuando provocan acciones de protesta.

Los trabajadores se enfrentan a los guardias y detienen la producción

Desde que comenzó el último cierre en marzo, los trabajadores de Quanta han intensificado su resistencia ante las crecientes dificultades.

En un ejemplo, cientos de trabajadores de la fábrica se enfrentaron a los guardias porque algunos de ellos habían sido infectados [2]. El circuito cerrado no les protegía del COVID y el espacio confinado no hacía más que empeorar la tasa de infección en Quanta. Obviamente, los guardias no podían hacer mucho ante una multitud de trabajadores decididos. Especialmente con los bajos salarios de estas fábricas, es difícil enforzar que los trabajadores acepten vacilaciones cuando se trata de asegurar sus necesidades básicas. De hecho, los individuos también pasaban las barreras en múltiples ocasiones para buscar suministros.

El fin de semana del 14 de mayo se produjo una nueva escalada: los trabajadores de Quanta asaltaron un complejo de viviendas para los directivos taiwaneses de la planta, exigiendo tanto el levantamiento del sistema de circuito cerrado como una mejora salarial. Esto dio lugar a un tenso enfrentamiento que duró horas.

Como informa Bloomberg, la pandemia en curso ha cortado los beneficios de muchas empresas tecnológicas, debido a la ralentización de la producción y los retrasos en los envíos. Es seguro que las interrupciones masivas de los trabajadores en cualquier fábrica de la cadena tendrían un efecto dominó adicional en los beneficios de los empresarios.

Rompiendo el barniz “marxista” en China

A pesar de que el Partido Comunista de China (PCC) habla de boquilla sobre el marxismo, está claro que el gobierno chino ya no es un gobierno del pueblo trabajador. De hecho, los trabajadores nunca han tenido una representación real en el gobierno, filtrada por la burocracia maoísta.

Desde principios de la década de 1990, las empresas estatales chinas han sido progresivamente “reestructuradas” para operar sobre una base capitalista. Desde la década de 2000, cada vez más empresas chinas han entrado en la lista de Fortune 500, y China tiene ahora más empresas en esa lista (135) que Estados Unidos (126). China cuenta con 539 multimillonarios, en segundo lugar tras los 735 de Estados Unidos, y muy por delante del tercer lugar, India, con 166 multimillonarios. Muchos de estos multimillonarios son miembros del PCC, que se hicieron tan ricos en parte gracias a su influencia burocrática y al control de las empresas estatales originales. La economía china funciona según el principio capitalista de explotar el trabajo de la gran mayoría para producir sólo un pequeño puñado de individuos fabulosamente ricos.

En este contexto, las empresas, tanto de origen extranjero como chino, explotan al pueblo trabajador chino. Shanghái está a punto de levantar su último bloqueo y acabar con el sistema del circuito cerrado, por ahora. Es seguro que, en cuanto vuelva a ser necesario, el sistema podrá reintroducirse de forma mejorada. Tal es la naturaleza de la producción capitalista: el continuo avance de los métodos de producción, incluidos los métodos de gestión de la mano de obra y de explotación del trabajo.

Estos estallidos en una de las mayores fábricas de Shanghai nos muestran varias cosas. En primer lugar, demuestra que la lucha de clases no ha llegado a su fin en China, y toda la palabrería del mundo sobre el comunismo de un partido “comunista” no hará que los seres humanos estén menos hambrientos, menos cansados o menos enfadados.

En segundo lugar, dado que los trabajadores no son como cualquier otro factor de producción (materias primas o herramientas), no se les puede hacer explotar infinitamente. A partir de un cierto punto, la balanza pasará de la explotación del trabajo a la resistencia del trabajo. En un contexto mundial cada vez peor–por el cambio climático, la guerra interimperialista, las pandemias, etc.–la clase dominante se ve obligada a explotar más para mantener su poder y sus beneficios. Es, para los gobernantes, una elección entre la riqueza y el bien común. Inevitablemente, elegirán su propia riqueza, y así instigarán una revolución.

En tercer lugar, los intentos de mantener toda la producción frente a la calamidad global fracasarán. Incluso el circuito cerrado más eficiente no recuperará la totalidad de los beneficios de los empresarios. Estas medidas pueden, en el mejor de los casos, enterrar temporalmente los males del capitalismo y la búsqueda de beneficios. A medida que la crisis climática se agrave, la elección será obvia: detener la producción capitalista e introducir una economía ecológica. Los capitalistas preferirían que siguiéramos trabajando por muy mal que se pongan las cosas. Nosotros, los trabajadores, tendremos que inventar una nueva forma de vida que resuelva, no aplace, el problema.

Foto: Un grupo de personas lleva alimentos a los trabajadores atrincherados en oficinas y fábricas en Shanghai. Ali Song / Reuters

Notas

[1] https://www.bnnbloomberg.ca/apple-supplier-faces-worker-revolt-in-locked-down-china-factory-1.1771253

[2] https://nypost.com/2022/05/06/apple-workers-in-shanghai-riot-over-covid-restrictions/

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