Escasez de fórmula de bebé: el producto del capitalismo estadounidense

Por Dolores Underwood

Los Estados Unidos está sufriendo una escasez sin precedentes de leche de fórmula para bebés. En febrero, Abbott Nutrition, que controla casi la mitad del mercado estadounidense de leche de fórmula, cerró sus instalaciones de fabricación en Sturgis, Michigan, después de que dos bebés murieron y otros dos sufrieron infecciones bacteriales. Los investigadores de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) habían denunciado que la fórmula se había fabricado en condiciones insalubres y en violación de los requisitos de seguridad. Como consecuencia, las tiendas están racionando el número de productos, ya que siguen sufriendo una escasez.

La situación es tan grave que el 18 de mayo el presidente Joe Biden invocó la Ley de Producción de Defensa para aumentar la fabricación de formula de bebé. Bajo las nuevas condiciones impuestas por la FDA el 16 de mayo, Abbott reabrirá sus instalaciones de Michigan en dos semanas, tras realizar las correcciones pertinentes, y los productos deberían estar de nuevo en las tienndas en seis u ocho semanas.

Además, como medida temporal, el gobierno de Biden autorizó un envío aéreo de fórmula de bebé a los Estados Unidos desde Europa. En el primer envío, el 22 de mayo, llegaron a Estados Unidos unas 75.000 libras de fórmula Nestlé procedentes de Suiza. Las fórmulas europeas utilizan ingredientes diferentes a los fabricados en Estados Unidos. Por ejemplo, las normas alimentarias de la UE prohíben el jarabe de maíz -frequentemente presente en las fórmulas estadounidenses- y exigen que al menos el 30% de los carbohidratos procedan de la lactosa, que los científicos consideran preferible.

Mientras que el Tribunal Supremo parece dispuesto a negar el derecho constitucional al aborto, la organización ineficiente y absolutamente criminal de la economía capitalista contribuye a la muerte y desnutrición de los bebés. Tomando en cuenta que casi la mitad de la leche de fórmula para bebés en EE.UU. se compra bajo el programa WIC (Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños), sabemos que una vez más esta crisis recae abrumadoramente en las mujeres de la clase trabajadora.

Mientras un sector de la burguesía sigue orquestando un monopolio entre el Estado y ciertas grandes corporaciones, los liberales del libre comercio echan espuma por la boca para desregular e imponer soluciones basadas en el mercado. Las mujeres y las personas con capacidad reproductiva están atrapadas en el medio, colocadas en la situación imposible de proveer la necesidad más básica para sus hijos y al mismo tiempo trabajar.

El monopolio de la leche de fórmula

Meses antes de que los preparados para lactantes fueran retirados de las estanterías de las tiendas, un antiguo empleado y denunciante de Abbott Nutrition envió una queja detallada a la FDA alertando de la negligente supervisión en la planta de Sturgis, Michigan. El empleado fue despedido posteriormente.

Abbott explotó la crisis que rodeó a la pandemia e hizo una fortuna. Abbott Nutrition es una división de Abbott Laboratories, una empresa que el año pasado pasó del número 104 al 89 en la lista de Fortune 500. Según su informa, la empresa obtuvo más de 4.000 millones de dólares en ventas durante el primer trimestre de 2021 debido a su priorización de la producción de pruebas de COVID. Los registros financieros y los documentos de los denunciantes demuestran que Abbott utilizó sus beneficios de desembarco para enriquecer a los inversores en lugar de reemplazar los equipos que diseminan bacterias peligrosas en los productos.

Cuatro empresas controlan cerca del 90% del mercado de fórmulas de bebés. El programa WIC hace que la relación entre el estado y estas empresas sea de beneficio mutuo: Abbott y Mead Johnson tienen contratos que cubren el 87% de los bebés del programa WIC. Estas empresas mantienen un número reducido de fábricas de fórmulas para maximizar la explotación y mantener los gastos bajos y los costes de producción. Cuando una fábrica tiene un problema, como Abbott, la producción se detiene.

Los dos sectores de la clase burguesa aportan diferentes “soluciones” a este problema: un bando sostiene que hay que desregular la industria y suavizar las restricciones arancelarias, alegando que el problema actual es de competencia. El otro lado, encarnado por la actual administración federal, pide más financiación de los organismos reguladores gubernamentales. Con la Ley de Producción de Defensa, el gobierno de Biden dará 28 millones de dólares a la FDA para aumentar las inspecciones en las plantas extranjeras.

Como socialistas, sabemos que ninguna de estas soluciones capitalistas resolverá el problema. Aunque los liberales del mercado libre tienen razón en que la industria de la leche de fórmula para bebés es un monopolio, no ven que ese es el resultado natural del capitalismo. La situación requiere una solución totalmente diferente: nacionalizar la industria de los alimentos para bebés y crear fábricas controladas por los trabajadores que gestionen democráticamente la producción y el suministro.

La lactancia materna en la era del capitalismo imperialista

El comportamiento criminal de las corporaciones monopolistas de fórmulas para bebés es sólo una parte del problema. La otra requiere preguntarse por qué las mujeres dependen tanto de la leche de fórmula para bebés en primer lugar. La Academia Americana de Pediatría recomienda que los bebés sean alimentados exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses, y que continúen con la lactancia materna durante al menos un año mientras se introducen alimentos complementarios. Según el CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades), aunque casi seis de cada diez bebés siguen siendo amamantados a los seis meses, sólo uno de cada cuatro lo hace de forma exclusiva.

La discrepancia entre las recomendaciones de lactancia materna y la realidad tiene que ver con la absolutamente deplorable legislación sobre licencias de maternidad en este país. En la actualidad, Estados Unidos no ofrece ningún programa nacional de licensias maternales remunerados. En 2021, sólo el 21% de los trabajadores tenía acceso a una licencia familiar remunerado a través de sus empleadores. Sin licencia de maternidad pagada, ¿cómo se supone que las mujeres amamantan a sus bebés? Amamantar a los recién nacidos puede llevar entre cinco y 20 minutos (en algunos casos más), una vez cada hora y media a tres horas. La tecnología no solucionará el tiempo y el esfuerzo que se necesita para producir leche; se recomienda la extracción de leche con la misma frecuencia con la que se amamanta.

El hecho de amamantar o no debe depender totalmente de la madre. Pero tomando en cuenta la energía y el tiempo que se necesita para amamantar con las políticas actuales, para muchas mujeres trabajadoras no hay opción: la leche artificial es la única forma de mantener su trabajo y llegar a fin de mes.

Ni los demócratas ni los republicanos van a resolver este problema por nosotros. Aunque Biden había hecho campaña a favor de una licencia familiar y médica remunerada de 12 meses, a finales de 2021 el proyecto de ley Build Back Better había reducido el tiempo a cuatro semanas antes de desaparecer totalmente. Necesitamos un movimiento independiente de mujeres que movilice a nuestra clase en torno a la cuestión de la opresión de las mujeres, ya que se relaciona directamente con la reproducción social. Necesitamos conectar la lucha por los abortos gratuitos, seguros y a la carta con la lactancia y el cuidado de los niños.

Exigimos:

¡La licencia familiar pagada!
¡Nacionalizar la industria de fórmulas para bebés sin indemnización, y controlada democráticamente por los trabajadores!
¡Guarderías para niños gratuitas y de calidad!
¡Abortos gratuitos, seguros y a la carta!

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