
Escrito por Ricardo Ayala
Sábado 26 de Octubre de 2013 18:09
A principios de octubre el gobierno egipcio, títere del régimen militar, aprobó el “proyecto de ley de regulación de las protestas”. Con él, usando la excusa de las manifestaciones pro-Morsi, los militares intentan acallar el creciente malestar social y crear las condiciones para imponer en diciembre un proyecto de Constitución a su medida.
El manifiesto de la plataforma de organizaciones creada para la inmediata derogación del decreto afirma: “El nuevo proyecto no sólo impone restricciones opresivas sobre el derecho a protestar. También impone otras restricciones al derecho de reunión, huelga y manifestación. Al hacerlo, impone de forma absoluta y sofocante cadenas de todo tipo a las reuniones pacíficas, uno de los derechos más importantes que miles de víctimas afirmaron con su sangre bajo Mubarak, bajo el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y bajo la Hermandad” (madamasr.com). El proyecto, afirma el manifiesto, es “una encarnación aún más opresiva del que la Hermandad Musulmana intentó y no logró aprobar en abril de 2013”, cuando empezaba el descontento popular contra su gobierno.
El intento del régimen de lograr lo que no pudo Morsi, está abriendo fisuras en el gobierno y entre los sectores políticos que lo apoyan. Así, el portavoz del movimiento Tamarrod, que impulsó las manifestaciones que resultaron en la caída de Morsi y luego dio apoyo al gobierno Mansour, afirma que “se trata de un golpe de estado contra las revoluciones del 25 de enero y 30 de junio”.
Los trabajadores egipcios se movilizan
La situación de los trabajadores viene empeorando brutalmente en los últimos meses. En un país de 80 millones de habitantes, con 40 que viven con menos de un dólar al día, la inflación se ha duplicado en ocho meses, lo que es una brutal confiscación de unos salarios ya muy rebajados. Con un paro del 30% y mientras cierran varias empresas, el régimen militar y su gobierno intentan recortar las libertades arrancadas tras la caída de Mubarak y Morsi para imponer más sacrificios a la clase trabajadora y “reactivar” la economía.
Pero algo parece moverse más allá del intento de la Hermandad de reconquistar el gobierno. El mismo día en que el Consejo de Ministros aprobaba su ley antihuelga, los obreros de la principal fábrica textil de Egipto, Misr, con 23.000 trabajadores en la ciudad de Mahala al-Kobra, ocuparon la fábrica exigiendo el cobro de la paga extra atrasada y, tras tres días de lucha, la empresa se vio obligada a ceder. Los trabajadores de Mahala tienen gran tradición de lucha: en 2006 protagonizaron una fuerte huelga contra el gobierno y en 2008 fueron la vanguardia obrera de la lucha contra Mubarak.
Asimismo, los trabajadores en paro concentrados ante el Ministerio de Trabajo para reivindicar el cobro del subsidio de desempleo prometido, fueron duramente reprimidos. Uno de ellos declaró: “esto se opone a la revolución, que defiende la igualdad”. Aunque aún tienen ilusiones en el gobierno, los trabajadores vienen de grandes movilizaciones que tumbaron a dos gobiernos y no le pondrán las cosas fáciles al gobierno de los militares.
El ministro de Trabajo del nuevo gobierno, Abu Eita, un ex sindicalista y miembro del Partido Nasserista, no sólo se encontró con la movilización de los parados sino con el ministerio ocupado. El 30 de septiembre, decenas de activistas de los sindicatos independientes despedidos por la patronal ocuparon el ministerio exigiendo la readmisión.
Una constitución a la medida de los militares
Cuanto escribíamos este articulo, un amplio frente político, integrado desde Al Baradei hasta organizaciones de izquierda, convocaba una manifestación contra el proyecto de nueva Constitución que los militares han encargado a una comisión de “sabios” y que pretenden “aprobar” en diciembre. La comisión se ha dividido entre los 10 miembros controlados estrictamente por los militares y un grupo más amplio de 50 que propone reformas más profundas. Pero cualquier Constitución que salga del régimen militar será la continuidad de una dictadura contra los trabajadores, como lo fue con Morsi, atado a los intereses del gran capital y el imperialismo. La movilización llama al rechazo del proyecto de Constitución y contra la legitimación del régimen, lo que podría provocar una crisis política.
El prestigio del ejército entre una mayoría de la población por el golpe que tumbó a Morsi y que secuestró el protagonismo de las multitudinarias movilizaciones, es todavía el principal obstáculo del proceso revolucionario. Ahora quieren institucionalizar su régimen, recortar las libertades conquistadas e impedir que la experiencia con el gobierno títere, que gobernará para la gran burguesía egipcia y el imperialismo, impulse una nueva oleada de luchas. Mientras tanto, el ministro de trabajo le dice a los trabajadores que “no es hora de huelgas sino de producir”.
Un tercer campo frente a los militares y a la Hermandad
No obstante, al mantenerse la resistencia obrera, se puede abrir el camino para que se desarrolle un tercer campo, independiente y confrontado a los militares y a la Hermandad. Esa posibilidad está planteada a partir del Frente por el Camino Revolucionario creado por organizaciones de izquierda que estuvieron al frente de las movilizaciones que echaron a Mubarak, como el Movimiento 6 de Abril, la organización Socialistas Revolucionarios, sindicalistas que construyen los sindicatos independientes como Fatma Ramadan, intelectuales y activistas sin partido. El Frente se constituye tras el llamamiento por la “Tercera Plaza”, es decir, contra las movilizaciones de la Hermandad por la vuelta de Morsi, pero igualmente contra el apoyo al nuevo gobierno títere de los militares. En su página ya cuenta con 11.000 adhesiones, lo que significa un buen comienzo en una situación tan polarizada. Mohamed Shatta, uno de los líderes de la Tercera Plaza, resume los objetivos del movimiento: “Si habláramos sobre la revolución de 25 de enero de 2011, teníamos algunas esperanzas. Tras la elección presidencial, hemos visto que Mohamed Morsi no podía realizar esas esperanzas y exigencias de la revolución. Pero a la vez estamos contra el gobierno de los militares. Ambos regímenes no pueden satisfacer las necesidades de la revolución. La Tercera Plaza está aquí para continuar la revolución y exigimos que todos los culpables paguen por los crímenes cometidos por los militares y la Hermandad Musulmana. Queremos unir el pueblo bajo un principio. Estamos intentando defender nuestros derechos y el papel de Egipto. Ahora está controlado por el ejército, no por Adly Mansour [presidente interino]”.