Rebeliones sacuden al mundo árabe
Las rebeliones contra las dictaduras se esparcen por todo el Magreb y amenazan llegar a Irán y a Irak.
Los gobiernos intentan todo tipos de medidas, desde concesiones económicas hasta la represión más brutal sin conseguir impedir que las protestas se esparzan por todo el mundo árabe, un proceso que muchos comparan con la caída de las dictaduras stalinistas en el este europeo a inicio de la década del 90, por su rapidez y fuerza popular.
Las protestas fueron inspiradas por un conjunto distinto de circunstancias nacionales, agravadas por la crisis económica mundial -la pobreza extrema, el desempleo que ataca principalmente a la juventud, los gobiernos dictatoriales y la supresión de las más elementales libertades democráticas- pero todos comportan una nueva confianza, creada por las victorias en Túnez y en Egipto, y la certeza de que su generación podría desafiar a los regímenes autoritarios de una manera que sus países pensaban imposible.
Varios países de Medio Oriente fueron sacudidos por manifestaciones el miércoles 16 de febrero, con decenas de miles de personas protestando en Bahrein contra la monarquía, batallas en las calles en Yemen por seis días consecutivos, huelgas por reivindicaciones económicas y por derechos laborales se esparcen por Egipto y, en Irán, nuevas manifestaciones ocurrieron durante el funeral del estudiante de arte Saane Zhaleh, muerto en las protestas del lunes 14 de febrero, lo mayor desde las manifestaciones contra el fraude electoral en aquel país, hace un año.
¿El gobierno líbio es el prójimo a caer?
Las protestas llegaron también a la feroz dictadura de Muamar el Kadafi, hace 40 años en el poder en Libia, el país más próspero del norte de Africa. La chispa que provocó la revuelta fue la detención, por la policía de Fethi Tarbel, un abogado defensor de presos de conciencia libios, al que se le reprocha “haber propagado el rumor de que la cárcel [de Abu Salim, donde se concentran los prisioneros políticos] ardía”, según el rotativo Quryna de Bengasi, la segunda mayor ciudad libia.
Su detención llevó a cerca de 2.000 personas a las calles de Benghazi, el centro de la oposición en el país, que exigían el fin del régimen y de la corrupción. Esta manifestación se combinó con otra, llamada para el día siguiente por un grupo de jóvenes a través del Facebook. El resultado fue una batalla con la policía, causando 3 muertos y 38 heridos, en su mayoría policías –según el director del hospital donde fueron atendidos- atacados por los manifestantes con palos y cócteles molotov.
Después que las manifestaciones se multiplicaron en Benghazi, donde un puesto policial y la sede del Comité Revolucionario, localizada en Alhowari, fueran incendiados. Los choques con las fuerzas policiales son intensos y ya se cuentan 50 muertos. Las manifestaciones se esparcen a otras ciudades, como en Ajdabiyah, Yafran, Derna (donde se contabilizan 12 muertos y 200 heridos) y Al Bayda, donde las fuerzas de seguridad están uniéndose a los manifestantes y controlando la ciudad a través de Comités de Vigilancia. Las manifestaciones ya alcanzan Trípoli, la capital del país.
En Irak, además de la resistencia al imperialismo y su gobierno fantoche, surgen nuevas formas de lucha. Protestas organizadas por un grupo llamado Juventud de Kut, una ciudad del este del país, exigían la renuncia del gobernador, acusado de corrupción, empleos y mayor oferta de electricidad. Las fuerzas de seguridad abrieron fuego, matando al menos a tres personas, pero los manifestantes reaccionaron e incendiaron la sede del gobierno y la casa del gobernador. Por lo menos 27 personas quedaron heridas.
En Yemen, la policía fue desplegada en gran número a la capital del país, Sana, a la ciudad portuaria de Aden y a Taiz, en una tentativa de acabar con las batallas en las calles. Estudiantes organizaron protestas nuevamente en la Universidad Central de la capital, exigiendo la salida del presidente Ali Abdullah Saleh. Este se lamentó por el sanguinario rey de Bahrein, Hamad bin Isa al-Khalifa, afirmando que “existen esquemas destinados a sumergir a la región en el caos y en la violencia atacando la seguridad de la nación y a la estabilidad de los países”.
En Bahrein la represión de la policía antimotín mostró niveles nunca vistos
Las fuerzas de seguridad bahreiníes, apoyadas por varias decenas de vehículos blindados, han irrumpido sin aviso previo esta pasada madrugada (17/02) en la plaza de la Perla, en el centro de Manama, la capital del emirato, y han lanzado gases lacrimógenos y pelotas de goma contra los miles de manifestantes, muchos de ellos mujeres y niños, congregados en ese lugar para reclamar, entre otras cosas, un trato de igualdad respecto a la minoría suní gobernante.
El Primero ministro, Khalifa Bin Salman, tío del rey, al frente del Gobierno desde la salida de los británicos en 1971 ha decretado en la mañana el estado de emergencia en todo el país en un intento de aplacar la revuelta de la populación chiita – cerca de 70% de los 600 mil habitantes de Bahréin – que desde hace cuatro días reclama reformas democráticas en la calle. Al menos cuatro manifestantes han muerto y más de 300 han resultado heridos en los choques con las fuerzas de seguridad, que se suman a las dos víctimas y unos cincuenta heridos del día anterior.
La caída del régimen de Hosni Mubarak abre un nuevo escenario en la política de Oriente Medio y de las relaciones del resto del mundo con esa región. Así como el movimiento egipcio fue una continuidad del iniciado poco antes en Túnez, la ola revolucionaria sigue extendiéndose, con diferentes formas y niveles de profundidad en África y Oriente Medio, que podría tener repercusiones estratégicas en todo el mundo.
Traducción Laura Sánchez