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    El periódico «La Voz de los Trabajadores»: Edición de marzo-abril

    La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una escalada importante en el Medio Oriente que tiene implicaciones peligrosas para los trabajadores de todo el mundo. La brutalidad del asalto imperialista a nivel internacional va junto con el ataque a las libertades civiles por parte del régimen de Trump dentro de Estados Unidos. Esto incluye las operaciones continuas del ICE y la Patrulla Fronteriza, las amenazas a las elecciones de mitad de período de 2026, los retrocesos ambientales que afectan profundamente a la comunidad negra y la brutalidad policial sin control.

    Nuestro editorial en este número nos advierte: «Existe un gran peligro de subestimar la determinación de la élite empresarial estadounidense de llevar adelante esta iniciativa. No podemos confiar en que las sentencias judiciales o las próximas elecciones nos salven. Debemos organizarnos ahora, no solo para realizar manifestaciones masivas y crear redes comunitarias contra la violencia del ICE, sino para encontrar el camino hacia la construcción de un nuevo partido de la clase trabajadora a través del cual podamos organizar nuestra defensa política en todos los planos y todos los días».

    En este número también tenemos artículos sobre los archivos de Epstein y la clase dominante, la huelga de maestros de San Francisco y una reseña del nuevo álbum de U2.

    La edición de marzo-abril de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF y contiene articulos en ingles y español. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que ayude a sufragar los gastos de impresión.

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  • El régimen de Putin y la consolidación de un nuevo Estado imperialista en Rusia

    Por Florence Oppen

    Introducción

    Rusia es un Estado imperialista resultado de un desarrollo industrial desigual. El capital monopolista ruso depende desproporcionadamente de su aparato militar para ejercer su dominio en determinadas regiones y zonas fuera de sus fronteras. Hoy no tiene capacidad para disputar la hegemonía estadounidense a escala mundial. La economía de la Federación Rusa se construyó sobre los cimientos del Estado obrero soviético, primero degenerado por décadas de estalinismo burocrático, y luego privatizado rápidamente en los años noventa tras el colapso de la URSS. La década de 1990 fue económicamente caótica para Rusia y supuso un rápido declive del nivel de vida del proletariado ruso. Sin embargo, las inversiones occidentales en la economía rusa no se tradujeron en su subordinación total, ya que a principios de la década de 2000, los capitalistas compinchados con Yeltsin fueron desplazados por oligarcas del entorno de inteligencia de Putin. Estos últimos procedieron a integrarse en una burguesía estrechamente ligada al Estado, que fue recompensada con financiación de la banca pública y contratos públicos, y con la protección directa del Estado. Las sangrientas guerras de Chechenia y el Cáucaso permitieron la consolidación del poder político de Putin. Bajo su control, el Estado ruso comenzó a impulsar activamente la concentración y expansión del capital monopolista ruso, principalmente, en las antiguas repúblicas soviéticas, es decir, las partes de Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central, pero, también, en otros países. También estableció un régimen autoritario que recuperó y promovió cada vez más la ideología del antiguo imperio ruso para llevar a cabo su expansión económica y política.

    El Estado imperialista ruso reconstruido tras la restauración capitalista hace eco al anterior Estado imperialista ruso antes y durante la Primera Guerra Mundial y a la de otros Estados imperialistas rezagados de los períodos anteriores de rivalidad interimperial, como lo fue Alemania en 1871-1945, que se vio igualmente «obligada» a utilizar el poderío militar para irrumpir en los dominios imperiales británico y francés. Desde el colapso de la URSS, el ejército ruso ha retomado repetidamente el papel de gendarme reaccionario en respuesta a cualquier disidencia al dominio ruso en su extranjero cercano. El Estado ruso trató de derrotar cualquier movimiento popular de liberación o acción obrera para mejorar las condiciones de trabajo que desafiara la anexión económica de su semiperiferia. Con este fin, creó la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva en 2002 para institucionalizar su control. En su corta existencia hasta ahora, el imperialismo ruso ha intervenido brutalmente para mantener su control en su periferia: Chechenia (1994-1996, 1999-2009), Tayikistán (1992-1997), Georgia (2008), Ucrania (2014, 2022). Sin embargo, Ucrania no es el único país que se ha visto sacudido recientemente por los atropellos del imperialismo ruso, como Kazajstán, Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Abjasia, Serbia y Bosnia.

     

    La teoría marxista del imperialismo y el desarrollo desigual y combinado

    En la actualidad, el término imperialismo se utiliza de distintas formas. Algunos lo utilizan para describir el orden jerárquico entre las potencias mundiales, o como sinónimo de hegemonía, otros lo teorizan como sinónimo de tácticas militares agresivas y otros como una forma de dominación basada en el control de las cadenas de plusvalía (siguiendo las teorías del sistema-mundo). La importancia de la teoría marxista del imperialismo, esbozada por primera vez por Lenin y muy enriquecida posteriormente, consiste en que explica los mecanismos específicos del capitalismo que llevan a los Estados capitalistas a intervenir económicamente fuera de sus fronteras y, finalmente, a intervenir militarmente para asegurar sus inversiones. Aunque la esencia del imperialismo, «el dominio de los monopolios y del capital financiero» y su implacable empuje para dividir y redividir el mundo, ha permanecido intacta, la forma de dominación imperialista del mundo ha cambiado con el tiempo. [i] El dominio semicolonial indirecto ha suplantado en gran medida a la posesión de colonias por parte de las potencias imperiales.

    El análisis y la historia de los Estados imperialistas deben entenderse como parte del proceso de desarrollo desigual y combinado del capitalismo mundial, rompiendo con el dogmatismo de las teorías etapistas. Cada país sigue un camino único y siempre está inmerso en múltiples contradicciones. En la introducción a la edición alemana de Revolución Permanente (1930), Trotsky explica que el «tipo abstracto de capitalismo nacional» no existe en la realidad, ni tampoco un tipo abstracto de imperialismo.[ii] La mayoría de los que niegan el carácter imperialista de China y Rusia en la actualidad, lo hacen porque miden a estos países con el imperialismo estadounidense que surgió de la Segunda Guerra Mundial, al que elevan implícitamente a una norma abstracta de lo que debe ser un Estado imperialista – no comparan los nuevos imperialismos con Bélgica, España o Australia, lo que complicaría su lógica mecanicista. Las formaciones estatales capitalistas nacionales, ya sean de países semicoloniales, independientes o imperialistas, se entienden mejor como «peculiaridades nacionales», como formaciones sociales históricas que existen incrustadas en una multitud de relaciones sociales. Representan «una combinación original de los rasgos fundamentales de la economía mundial», son “precisamente el producto más general … del desarrollo histórico desigual».[iii] Trotsky consideraba las formaciones nacionales como totalidades concretas, no como variaciones de una abstracción de tipo nacional, “no es cierto que los rasgos específicos no sean «más que un complemento de los rasgos generales», algo así como las verrugas en el rostro”. [iv]

    Lenin y Trotsky analizaron el surgimiento y desarrollo del imperialismo mundial desde principios del siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial. El orden imperialista mundial en crisis que analizaron es muy parecido al que vivimos desde el inicio del siglo XXI. En ambos periodos, Estados imperialistas desiguales y diversos, cada uno con fuerzas distintas y fruto de una combinación variable de transformaciones económicas, pugnaban por afirmar su hegemonía mundial, en un contexto de creciente competencia y agresiones militares. En sus Cuadernos preparatorios para el libro El imperialismo, Lenin insistió en analizar los Estados imperialistas como insertados en una totalidad: un orden mundial dinámico con interrelaciones vivas entre los Estados, con relaciones de subordinación, dominación o codependencia complejas. Los Estados imperialistas individuales nunca se consideraron por separado de su contexto histórico ni se midieron con criterios o normas abstractos. En 1916, Lenin vio enormes diferencias en términos de medios industriales, militares y financieros entre potencias como Rusia y Japón y otras como Gran Bretaña y Estados Unidos. A pesar de estas diferencias, Rusia y Japón seguían siendo consideradas potencias imperiales, capaces de desarrollar industrias monopolistas, exportar importantes cantidades de capital y subyugar a sus vecinos en el extranjero. Lenin clasificó a los Estados imperialistas según su capacidad para imponer su dominio por sus propios medios. Mientras que Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos se habían erigido en potencias «completamente independientes», Rusia o Japón se definían como imperialismos «no completamente independientes».[v] Las contradicciones inherentes a los imperialismos dependientes y desiguales como el ruso no son una excepción a la teoría marxista del imperialismo. La anomalía, más bien, ha sido la dominación mundial incontestable durante varias décadas de una única superpotencia, los Estados Unidos.

    La irregularidad histórica del imperialismo ruso

    El régimen actual de Putin recuerda el carácter y el papel histórico que desempeñó la Rusia de principios del siglo XX. En aquella época, los bolcheviques definieron a Rusia como un Estado imperialista que carecía de capacidad de acción completamente independiente de las grandes potencias imperialistas debido a la relativa debilidad de sus monopolios industriales y de su capital bancario, ya que ambos estaban parcialmente controlados por el capital financiero europeo. En El imperialismo, Lenin describió a Rusia como un «imperialismo capitalista moderno» que estaba «está enmarañado, por así decirlo, en una red particularmente densa de relaciones precapitalistas.»[vi] El Estado ruso compensó este menor desarrollo económico con el desarrollo del aparato militar zarista que le permitió dominar a las naciones más débiles que le rodeaban. Antes de su destrucción en la Revolución Rusa, el imperio zarista realizó numerosas incursiones militares contra los territorios independientes que quedaban en Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central, además de penetrar militarmente en la desmoronada esfera de influencia del Imperio Otomano e intentar sin éxito atacar Japón en 1904. La segunda guerra ruso-japonesa por el control del imperio coreano y partes de Manchuria provocó una insurrección masiva de trabajadores en Rusia. La revolución de 1905 fue desencadenada por la pobreza y el desempleo masivos, el aumento de la represión política del régimen zarista y la creciente movilización forzosa y las pérdidas en la guerra. Cerca de un millón de campesinos y obreros fueron reclutados para servir en el frente, y alrededor de 70.000 murieron. Nicolás II se vio obligado a capitular y firmar un acuerdo de paz con Japón para aplastar el levantamiento de masas en su país.

    La llegada de Putin al poder reavivó una dinámica similar. A la caótica restauración capitalista de los años 90 siguió la centralización de las fuerzas burguesas y el desarrollo de los monopolios y la expansión hacia el exterior de la inversión extranjera a partir de principios de 2000. Los monopolios rusos dependían del aparato militar de Rusia para mantener y ampliar su acumulación imponiendo acuerdos a las antiguas repúblicas soviéticas de Rusia, que se convirtieron desde entonces en sus semicolonias. La debilidad del capital financiero ruso, concentrado principalmente en sectores industriales de escaso valor añadido como la energía y la minería, llevó al imperialismo ruso a reclamar su área de influencia regional a través de medidas extraeconómicas, imponiendo en esos países regímenes semicoloniales despóticos que aseguraran acuerdos comerciales y financieros que beneficiaran a la oligarquía rusa y obstruyeran cualquier competencia de los monopolios occidentales.

    Hoy en día, la Rusia de Putin no puede desempeñar un papel completamente independiente, ni siquiera en su entorno, sin asociarse con una potencia cuyo poder financiero le allane el camino para mantener la subordinación de esos Estados débiles. Rusia desarrolló primero una asociación económica con Alemania, y pivotó cada vez más para privilegiar sus lazos con China, y también con Irán y Corea del Norte. Estas últimas relaciones permitieron a Rusia sortear las sanciones imperialistas de Estados Unidos y la UE y mantener su fuerza geopolítica. A pesar de su relativa debilidad frente a las principales potencias imperialistas independientes, Rusia ha conseguido subordinar con éxito su periferia semicolonial (partes de Europa Oriental y Central, el Cáucaso y las repúblicas centroasiáticas), pero no puede aspirar a disputar el poder a las potencias imperialistas independientes ni a establecerse como potencia hegemónica mundial.

    De la restauración capitalista al desarrollo imperialista

    El Estado ruso moderno nació en los estertores de la Unión Soviética. El colapso de la URSS fue un acontecimiento caótico. A la disolución efectiva de la Unión Soviética en 1991 siguió una lucha por el poder de distintos sectores de la burguesía emergente, que desembocó en un intento fallido de golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov. Su sucesor, Boris Yeltsin, emprendió un programa de «doctrina shock» con reformas económicas drásticas, incluyendo privatizaciones masivas, acuerdos de libre comercio, abolición de los controles de precios y otras medidas similares. Estas fueron impuestas con el respaldo del FMI, el Banco Mundial y los gobiernos estadounidense y europeos. Sin embargo, este movimiento no surgió de la nada. Fue preparado por la creciente dependencia económica de la URSS en la década de 1980, el rápido aumento de su deuda externa y su creciente posición como productor de petróleo y gas en la división mundial del trabajo, alejándose de su papel como potencia industrial.

    La restauración del capitalismo en Rusia supuso un drástico revés para sus fuerzas de producción. El país pasó de ser la segunda potencia económica mundial a un país reducido a la exportación de mercancías. Rusia empezó a experimentar un proceso de inversión extranjera destinado a reducirla a una semicolonia. Los inversores extranjeros pronosticaron rendimientos increíbles de las inversiones en Rusia; en 1995, el Wall Street Journal preveía ganancias potenciales del 2000% en tres años.[vii] Sin embargo, la propiedad de las empresas privatizadas quedó en gran medida en manos de ex burócratas rusos convertidos en oligarcas, debido a las restricciones impuestas a la compra directa de activos rusos por extranjeros. Enormes empresas estatales como Norilsk Nickel, Yukos y Sidanko fueron vendidas por una ínfima parte de su valor a los nuevos oligarcas, adquiridas con dinero público que había sido robado y transferido a cuentas bancarias privadas; en esencia, «el pueblo ruso adelantó el dinero para el saqueo de su propio país».[viii] Esta adquisición y acumulación oligárquica de activos se llevó a cabo, sin embargo, para garantizar que la parte principal de la riqueza en Rusia permaneciera en manos de las élites rusas, no de sus socios extranjeros. Tras el fracaso del intento de golpe de Estado de agosto de 1991 y la posterior disolución del KGB, muchos antiguos miembros del KGB pasaron al sector privado o al mercado negro, con importantes ventajas institucionales derivadas de fondos de inversión iniciales y conexiones políticas. Cuando no se convirtieron ellos mismos en oligarcas, sirvieron brazo armado para asegurar posiciones de mercado para los oligarcas, constituyendo una nueva clase dirigente rusa muy estrechamente vinculada al antiguo aparato de inteligencia del Estado.[ix]

    Los resultados de este programa de choque fueron catastróficos para la economía y la sociedad rusa en su conjunto. De 1989 a 1998, el PIB ruso cayó un 45%, la desigualdad de ingresos se disparó masivamente y la tasa de mortalidad creció con 700.000 muertes más al año.[x] Los salarios reales cayeron un tercio y el desempleo aumentó un 8%.[xi] El número de rusos que vivían en la pobreza pasó de 2 millones en 1989 a 74 millones a mediados de los 90.[xii] En el plano internacional, el Estado estaba debilitado y carecía de influencia. Cuando la administración Clinton impulsó la expansión de la OTAN en Europa del Este en la década de 1990, Yeltsin no pudo hacer mucho más que ofrecer quejas ineficaces y luego declarar resignado: «Bueno, lo intenté[xiii]

    Putin llegó al poder con la promesa de acabar con el caos de los años de Yeltsin y restaurar el imperio ruso. A principios de la década de 2000, la economía rusa se recuperó, ayudada por la subida del precio del petróleo y el gas. Durante los dos primeros mandatos de Putin, el PIB ruso aumentó un 70%.[xiv] En su postura pública, Putin desafió inicialmente el poder de los oligarcas, declarando que «libraría a Rusia de la clase oligárquica».[xv] En la práctica, sin embargo, las investigaciones y persecuciones se dirigieron únicamente contra sus oponentes políticos; mientras que los oligarcas con conexiones con Putin permanecieron impunes y, de hecho, se hicieron multimillonarios. La riqueza global se concentró aún más en manos de la élite: de 1991 a 2011, la riqueza de la quinta parte más rica de los rusos se duplicó, mientras que la de la quinta parte más pobre de los rusos se redujo a la mitad.[xvi]

    El auge de los monopolios rusos bajo Putin

    La llegada de Putin al poder garantizó la continuación de la privatización de las empresas estatales y la constitución de algunos monopolios industriales en sectores clave mediante un proceso de integración vertical. Algunos de estos monopolios empresariales se desarrollaron lo suficiente como para convertirse en empresas transnacionales como Gazprom o Lukoil. Este proceso fue dirigido por miembros de la antigua burocracia soviética convertida en burguesía. En paralelo se dio un rápido proceso de centralización del capital y de la propiedad. Para fomentar la formación de grandes monopolios, el gobierno ruso estimuló un proceso de fusiones y adquisiciones, que pasó de 398 en 2004 por un volumen total de 25.000 millones de dólares a 3.684 operaciones en 2010 por un volumen de 109.000 millones de dólares, año del pico de adquisiciones.[xvii] El economista polaco Marek Dabrowski sostiene que, como resultado, hoy en día la propiedad de las empresas rusas está «altamente concentrada», con «una participación de control media que asciende al 57,6%».[xviii]

    En el curso del proceso de privatización posterior a la restauración, algunos sectores de la economía siguieron siendo formalmente «empresas de propiedad estatal», aunque están gestionadas por sectores burgueses que indirectamente acumulan los beneficios de forma privada. El régimen de Putin impulsó un plan estatal de industrialización selectiva para reciclar las ventajas estratégicas desarrolladas por el anterior Estado soviético, centrándose en los combustibles fósiles, la minería, la industria armamentística y la producción de energía nuclear. Algunas empresas energéticas son hoy totalmente privadas, como Lukoil, y otras, como Gazprom y Rosneft, son parcialmente propiedad del Estado ruso (40-50 por ciento) y de accionistas privados. Los monopolios químicos, siderúrgicos y mineros están todos controlados por capital privado ruso.

    La razón por la que Putin se centró primero en la concentración de la producción industrial de combustibles fósiles es la abundancia de recursos naturales de Rusia. El país creció hasta convertirse en el segundo mayor productor de gas natural, con un 12% del suministro mundial. Antes de la guerra producía el 13% del crudo mundial y el 11% de los productos petrolíferos refinados, y cuenta con grandes reservas de metales.[xix] Además, Rusia es el 1er productor de paladio, necesario para la electrónica y los catalizadores, y el 2º de cobalto, utilizado en algunas baterías de vehículos eléctricos, y también de galio, una de las tierras raras ahora muy codiciadas para potenciar las capacidades de la IA. Además, Rusia es uno de los líderes en la producción de fosfatos y cuenta con una industria agroquímica en auge.

    La empresa monopolística rusa más destacada sigue siendo Gazprom, la mayor compañía de gas natural del mundo, que controla casi una quinta parte de las reservas mundiales de gas conocidas.[xx] La expansión de Gazprom, Novatek y Rosneft hacia Europa del Este y Asia Central está vinculada al control de los yacimientos de petróleo y gas, así como de las infraestructuras de energía nuclear, y lo que es más importante, al control absoluto de su distribución regional. Estas empresas son también propietarias de rutas y gasoductos clave hacia los mercados occidental y oriental. Hasta 2022, el 35% del gas y el petróleo importados por la UE procedían de Rusia.[xxi] Con la guerra de Ucrania, los monopolios energéticos rusos encontraron nuevos mercados como China e India. En los primeros meses de 2023, por ejemplo, Rusia superó a Arabia Saudí como principal proveedor de petróleo de China.[xxii]

    Los monopolios rusos ocupan un papel significativamente más limitado que los de China u otras grandes potencias imperiales. En 2024, Rusia sólo contaba con cinco empresas -Gazprom, Lukoil, Rosneft Oil, Sberbank y VTB Bank- en la lista Fortune de las 500 mayores empresas mundiales por ingresos.[xxiii] Esto la sitúa muy por detrás de potencias imperiales como Reino Unido (17), Francia (24) y Alemania (29); y aún más lejos de las principales, Estados Unidos o China, con más de 100 empresas cada una. En este sentido, Rusia se sitúa en el rango de potencias imperialistas más pequeñas, como Dinamarca (2) y Suecia (1) o Italia (5).

    El imperialismo ruso y su periferia

    Rusia es hoy un Estado imperialista sin el peso económico de China o incluso de España, pero ejerce activamente su influencia en su extranjero próximo. En Europa Oriental, y Central, Rusia ejerce su dominio económico a través de sus monopolios energéticos y su deuda. También ejerce una poderosa influencia militar, económica y política en gran parte del Cáucaso y Asia Central. Ese último caso es muy ilustrativo de cómo se ejerce el dominio imperialista ruso.

    Antes de la desintegración de la URSS, las repúblicas centroasiáticas estaban fuertemente subvencionadas por los soviéticos. Las subvenciones rusas en las distintas repúblicas centroasiáticas suponían una parte muy importante de sus PIBs. Tras el colapso de la URSS, las subvenciones continuaron en previsión de una creciente aceptación de la hegemonía capitalista rusa. Un estudio de 2011 concluyó que en 1992 las subvenciones rusas aún representaban el 25,1 por ciento del PIB de Kazajistán, el 22,6 por ciento del de Kirguistán, el 42,3 por ciento del de Tayikistán, el 67,1 por ciento del de Turkmenistán y el 69,2 por ciento del de Uzbekistán.[xxiv] A medida que las nuevas repúblicas independientes intentaban desligarse de la dependencia de Rusia, se fueron eliminando las subvenciones. Las repúblicas centroasiáticas perdieron subvenciones por valor de 40.000 millones de dólares.[xxv] Los fondos no pagados a la antigua URSS en concepto de ventas de energía o armas se convirtieron en deuda externa con Rusia, que a cambio se apropió de las infraestructuras e instalaciones de producción centroasiáticas como pago mediante canjes de deuda por activos. La nueva dependencia a través de la deuda permitió a Rusia aumentar su control sobre el suministro, los precios, los mercados y el transporte de energía en la región. También dio lugar a acuerdos de «seguridad» contra los «terroristas» para que las repúblicas centroasiáticas se ajustaran a sus propias necesidades específicas.[xxvi]

    Bajo el mandato de Putin, la decisión de cobrar precios de mercado europeos por el gas a los importadores de energía de Asia Central tuvo un impacto dramático, al igual que en Armenia. Mientras tanto, la debilidad de las economías de las repúblicas centroasiáticas envió millones de trabajadores emigrantes a Rusia. Sus remesas representaron una parte considerable del PIB de algunas repúblicas centroasiáticas. Esto hizo posible que Rusia empezara a utilizar medidas represivas como el endurecimiento de la regulación de la inmigración para conseguir que las repúblicas centroasiáticas se unieran a la Unión Económica Euroasiática (UEE), un bloque comercial favorable a los intereses rusos creado en 2014 que hoy engloba a 183 millones de personas y tiene un PIB combinado de 2,4 billones de dólares.

    La guerra imperialista de Rusia contra Ucrania desde 2014

    La agresión militar de Putin contra Ucrania debe entenderse como la manifestación más atroz del imperialismo ruso. En 2014, la toma de Crimea y de una pequeña porción del Donbass por parte de Putin fue tanto una respuesta a una amenaza a las inversiones e intereses políticos rusos en Ucrania, como la necesidad de encontrar una válvula de escape a la crisis interna de su régimen, con un movimiento opositor que comenzó en 2011-2012 a congregar a decenas de miles de personas en las calles.[xxvii] Ocho años después, Putin llevó a cabo la invasión y ocupación del 20% del sureste del país. En todo momento, los beneficiarios de esta intervención militar han sido los propietarios capitalistas monopolistas de los sectores de producción militar y extracción de recursos naturales.

    Rusia ha ejercido una gran influencia en Ucrania desde su recuperación del colapso económico de la década de 1990. Antes de la revolución del Maidán de 2014, que derrocó a Yanukóvich, Rusia era la fuerza política y económica dominante en el país, a pesar de las súplicas de la Unión Europea. Ucrania estaba sometida a una dependencia económica de la energía rusa que rápidamente se convirtió en una dependencia financiera. En 1991, Ucrania compraba «el 60% de su gas y casi el 90% de su petróleo a Rusia», y sólo era capaz de cubrir un tercio de sus propias necesidades energéticas dependiendo de Rusia para el resto.[xxviii] En 1993, Rusia quintuplicó el precio del gas, y en 1996 volvió a duplicarlo para alcanzar los precios del mercado mundial, y así comenzó el endeudamiento masivo de Ucrania. Para garantizar el reembolso, Rusia empezó a utilizar canjes de deuda por activos, en los que empresas rusas adquirían participaciones en la producción industrial y las instalaciones de transporte de gas de Ucrania. En 2012, Ucrania ya no podía pagar los elevados precios exigidos por Rusia, y ante la negativa del FMI esta vez a prestarle ayuda financiera, Ucrania recurrió de nuevo a Rusia para obtener un préstamo aún mayor con el que saldar su deuda, contratando 2.000 millones de dólares con Gazprom.[xxix] De los 10.000 millones de dólares de deuda externa que debía pagar antes de 2021, Ucrania sólo debía 3.700 millones al FMI; el resto era a Rusia, sobre todo al Sberbank.

    El movimiento democrático Maidan de 2014 fue en parte una contestación a esta extorsión financiera respaldada por la intervención política rusa en los asuntos ucranianos y la corrupción generalizada. Fue respaldado rápidamente por Estados Unidos y la UE y resultó desastroso para Rusia cuando el Gobierno de Yanukóvich, que gozaba de una posición favorable, se derrumbó. En respuesta, Putin intervino para asegurar el pago de su deuda apoderándose de la península de Crimea y partes del Donbass. Según el Washington Post, Ucrania «alberga algunas de las mayores reservas mundiales de titanio y mineral de hierro, yacimientos de litio sin explotar y depósitos masivos de carbón. En conjunto, valen decenas de billones de dólares«.[xxx] La ocupación rusa del sureste de Ucrania pretendía, entre otras cosas, apoderarse de parte de estos recursos, así como de la industria siderúrgica y agrícola.

    La invasión de 2022 no fue más que una continuación del mismo plan anexionista imperialista, dada la falta de reacción a la agresión de 2014. Putin se envalentonó y aceleró su plan para restaurar el antiguo imperio ruso. Antes de la nueva agresión, Putin había preparado económicamente al país para resistir mejor las sanciones de la UE y Estados Unidos, aliviando su déficit público y acumulando reservas de divisas. También impulsó el nacionalismo gran ruso y el sentimiento antioccidental y proclamó que la nación ucraniana no existía. El régimen hizo suya la vieja afirmación imperialista de que la zona de influencia «natural» de Rusia había sido invadida por la expansión de la OTAN, y que el país estaba en su derecho de reclamarla. Como explicó la socialista ucraniana Hanna Perekhoda, la negación de la nacionalidad ucraniana por parte del régimen ruso y la extrema derecha mundial no es nada nuevo.[xxxi] La ideología imperial rusa y los primeros intentos de «rusificación» comenzaron en el siglo XVIII. Estos se desarrollaron aún más a finales del siglo XIX, cuando las élites rusas impulsaron la asimilación forzosa de los ucranianos «pequeños rusos» y los bielorrusos «rusos blancos» a la nación «gran rusa» del pueblo ruso, fijándose un objetivo similar al del movimiento de unificación alemán y otros movimientos panacionalistas europeos. La subordinación e integración de estas naciones vecinas de lengua eslava oriental en los rusos conscientes de sí mismos se consideraba «una medida crucial para mantener la competitividad del Imperio». Esta vieja ideología nacionalista-imperialista, a la que se opuso frontalmente el movimiento socialista revolucionario de principios del siglo XX, está de nuevo en auge desde la llegada de Putin al poder en 2000.

    La economía de guerra de Putin

    Putin ha utilizado la nueva guerra de Ucrania para consolidar aún más el control del Estado sobre los principales sectores estratégicos de la economía y avanzar en su consolidación imperialista. La imposición de una economía de guerra permitió al gobierno movilizar recursos y autoridad estatales sin precedentes para avanzar en la concentración de monopolios estratégicos para el esfuerzo bélico, anulando cuando era necesario la toma de decisiones privadas. Un informe de 2024 indica que «las regiones con grandes concentraciones de industrias de construcción de maquinaria, en particular, se han beneficiado de un drástico aumento de la contratación pública de equipos militares» y que «algunas regiones pobres del Lejano Oriente de Rusia se han beneficiado de un aumento de la inversión en infraestructuras de transporte, ya que Rusia intenta reorientar su comercio exterior más hacia China».[xxxii] De hecho, alrededor del 40% del presupuesto gubernamental está dedicado al gasto militar para la guerra.[xxxiii] El Instituto Sueco de Investigación para la Paz (SIPRI) calcula que el gasto militar total de Rusia en 2024 alcanzará el 7,1 por ciento de su PIB en 2024 (a modo de comparación, en 2015 fue del 5,4 por ciento). [xxxiv]

    Además, mientras que la mayoría de los activos que antes eran propiedad del Estado se privatizaron en los años 90, en enero de 2023 Putin estableció como prioridad para los fiscales la devolución al control estatal de todas las empresas estratégicas, como las de combustibles fósiles, industria militar, química y producción agrícola. El objetivo es formar monopolios más competitivos supervisados por el Estado siguiendo el modelo chino. Se calcula que «sólo en el complejo militar-industrial, 15 empresas estratégicas con un valor total de … unos 4.000 millones de dólares han sido devueltas al Estado para marzo de 2024».[xxxv] En varios casos, estas renacionalizaciones afectaron a activos privatizados hace más de 30 años. En muchos casos, Putin ha procedido a la confiscación de activos por orden judicial. En otros, los acuerdos los hace el Kremlin. El Wall Street Journal informó el pasado noviembre de que Putin planeaba una «megafusión» de las tres mayores petroleras del país, para compensar mejor las pérdidas de Gazprom inducidas por las sanciones y poder competir mejor en el mercado.[xxxvi] Según este plan, la petrolera Rosneft, respaldada por el Estado, absorbería tanto a Gazprom como a Lukoil, lo que la convertiría en «la segunda mayor productora de crudo del mundo, después de la saudí Aramco, bombeando casi tres veces la producción de Exxon Mobil».[xxxvii]

    Los dos principales puntos débiles del capitalismo monopolista ruso siguen siendo su escaso capital financiero y el subdesarrollo de su industria. En los últimos 30 años, y a pesar de los esfuerzos por desarrollar la producción nacional con mayor valor añadido, Rusia no ha logrado una industrialización más equilibrada. La producción rusa de bienes de equipo y de consumo es muy escasa y ha dependido durante décadas de las importaciones. El economista Michael Roberts estimó que en 2023 «la minería representaba alrededor del 26% de la producción industrial bruta» y tres industrias -la extracción de petróleo crudo y gas natural, la fabricación de coque y productos refinados del petróleo y la fabricación de metales básicos- suponían más del 40% del total.[xxxviii]

    En el pasado, los intentos de desarrollar la industria automovilística y aeroespacial no han fructificado. Los únicos avances se han producido en el desarrollo con éxito de algunos sectores industriales agrícolas, lo que ha permitido reducir rápidamente las importaciones de alimentos en algunos productos, y la inversión en la producción de energía nuclear. Putin utilizó la economía de guerra para invertir en sectores de sustitución de importaciones como «la ingeniería mecánica, que incluye la fabricación de productos metálicos acabados (armas), ordenadores, óptica y electrónica, y equipos eléctricos».[xxxix] Sin embargo, estos esfuerzos parecen no ser suficientes. Aunque la guerra y las sanciones han aumentado la demanda interna de productos industriales, no es probable que el keynesianismo militar por sí solo supere el desnivel estructural del desarrollo industrial de Rusia o aumente su productividad a largo plazo.

    Además, Rusia no puede mantener indefinidamente este esfuerzo bélico sin una mayor ayuda exterior sostenida. Sus reservas se están agotando, Gazprom sufre nuevas pérdidas y el país se enfrenta a una aguda escasez de mano de obra debido al esfuerzo bélico. Un total de 1,5 millones de rusos han sido movilizados en el frente, y más de un millón de rusos han abandonado el país. Los empresarios rusos estiman un déficit de 2,5 millones de personas para trabajar en industrias clave.

    Y lo que es más importante, las contradicciones sociales y políticas en el país van en aumento. La embestida de Putin ha causado al menos 830.000 bajas rusas, y el aumento de la pobreza. Entre 13 y 18 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, y hay una inflación acumulada de la canasta alimentaria del 24,6 por ciento.[xl] Los trabajadores rusos se ven cada vez más perjudicados por la guerra, y no es descartable que una combinación de factores desencadene grietas en el gobierno de Putin.

    Cambios y contradicciones del imperialismo ruso

    El imperialismo ruso sigue siendo dinámico en comparación con sus rivales occidentales. Su PIB creció un 3,6% en 2024, más que el del Reino Unido (0,6%), la UE (0,9%) y Estados Unidos (2,8%), y se prevé que crezca un 2,5% en 2025.[xli] Esto se debe en gran parte a que Putin consiguió aplastar brutalmente cualquier disidencia emergente a la guerra para imponer su economía de guerra. También consiguió aumentar el reclutamiento militar entre los emigrantes centroasiáticos y las nacionalidades oprimidas, que tenían menos medios para resistir. Su régimen es cada vez más autoritario y está aliado con fuerzas de extrema derecha. En el primer mes de la invasión, más de 15.000 manifestantes antibelicistas fueron detenidos en Rusia y se introdujeron leyes de censura que prohibían cualquier crítica a la agresión militar o a los crímenes de guerra del ejército ruso. Los infractores se enfrentan a penas de hasta 15 años de cárcel.

    A pesar de los pronósticos de que Rusia sería aplastada por el bloqueo económico occidental, el imperialismo ruso se benefició del hecho de que el mercado europeo dependía en gran medida de los combustibles fósiles rusos y, por tanto, tardó en desvincularse parcialmente de él. Cuando las sanciones empezaron a afectar a las ventas de gas, Rusia desarrolló nuevos acuerdos económicos con China, Irán y otros socios. En 2024, sin embargo, la UE seguiría importando de Rusia GNL por valor de 7.600 millones de dólares. B4Ukraine publicó este año un informe en el que calcula que Rusia ha obtenido 847.000 millones de euros en ingresos por combustibles fósiles desde el comienzo de la guerra a pesar de las sanciones occidentales, principalmente a través de las ventas de crudo y petróleo a sus nuevos socios comerciales.[xlii] Esto se debe a que las sanciones occidentales se han aplicado con deliberados vacíos legales, como permitir que algunos bancos rusos menores sigan utilizando el sistema bancario SWIFT para comerciar con Europa, o el uso de países intermediarios como Turquía, Serbia o Bulgaria para permitir los intercambios comerciales entre Rusia y las potencias occidentales recurriendo a una «flota fantasma» de más de 500 buques no asegurados. Además, el control estatal de los bancos ha conseguido proteger al capital financiero ruso de las sanciones y los bloqueos y aumentar sus beneficios.

    Otro avance importante son las crecientes relaciones entre Rusia y China. El comercio entre ambos países ha aumentado un 64% desde 2021, lo que ha permitido a Putin mantener a flote la economía durante la guerra. Rusia ha exportado a China la mitad de su petróleo, y los productos chinos representan el 38 por ciento de las importaciones rusas.[xliii] En particular, China ha suministrado el 63% de las máquinas de Control Numérico Computarizado que sostienen la maquinaria bélica rusa.[xliv] Aunque ambas potencias tienen intereses mutuos en estos intercambios, sus relaciones siguen siendo desiguales y a veces contradictorias. Ambas potencias compiten también por zonas de influencia, como Asia Central. China, por ejemplo, está construyendo el ferrocarril China-Kirguistán-Uzbekistán en 2025 para poder hacerse con los mercados de Asia Central que Rusia considera bajo su esfera. [xlv]

    Del mismo modo, la guerra de Ucrania ha empujado al Kremlin a estrechar sus relaciones con sus socios de Oriente Próximo, especialmente tras la caída de Assad, un aliado leal. A pesar de este golpe, Putin pretende mantener sus dos bases militares en Siria. Al comenzar la guerra con Ucrania, Irán proporcionó más de 2.000 drones no tripulados a Putin.[xlvi] Esto permitió a Rusia ganar tiempo para aumentar su producción nacional de drones e incluso localizar la fabricación de drones iraníes.[xlvii]  En 2025, se firmó un acuerdo de libre comercio entre Irán y la Unión Económica Euroasiática liderada por Rusia, y ambos países se comprometieron a integrar sus sistemas de pago nacionales.[xlviii] Dicho esto, en términos de asociaciones económicas para resistir a las sanciones occidentales, las relaciones con Turquía y los EAU son más significativas que las mantenidas con Irán.

    El hecho más destacado, sin embargo, es que militarmente Putin no ha conseguido derrotar a la resistencia ucraniana y ganar rápidamente la guerra como se esperaba. Los trabajadores rusos se han visto arrastrados a una guerra prolongada que, además, está agotando los recursos del país y aumentando rápidamente las desigualdades. El ejército ruso ha sufrido importantes reveses y más pérdidas humanas que Ucrania. El pueblo ucraniano, sin embargo, ha estado a la altura de las circunstancias y ha resistido heroicamente durante más de tres años a pesar de las repetidas traiciones de su gobierno. La lucha de clases sigue siendo el factor determinante que definirá el futuro del imperialismo ruso. El giro de la economía hacia la producción de guerra, que ha permitido cierto fortalecimiento de los sectores económicos, no ha resuelto las desigualdades del imperialismo ruso. Por lo tanto, futuras agresiones militares contra Ucrania u otros países vecinos que desafiarían el dominio de Putin siguen estando sobre la mesa. La correlación de fuerzas podría cambiar si se desarrollara un bloque más formal entre China y Rusia. Mientras tanto, la solidaridad con todos los pueblos oprimidos por el imperialismo ruso, con un programa independiente de clase, sigue siendo una necesidad imperiosa. Esto último es clave para revigorizar la lucha de la clase obrera rusa contra sus despóticos gobernantes.


    [i] LENIN, V. I. Imperialismo: La fase superior del capitalismo, capítulo 5.

    [ii] TROTSKY, León.“Prólogo”, La revolución permanente, 1930.

    [iii] Ibid.

    [iv] Ibid.

    [v]  LENIN, V. I. «Cuaderno B sobre el imperialismo», Obras Completas, Vol. 43, Madrid: Akal Editores, 1978, p. 191.

    [vi] LENIN, V. I. Imperialismo: La fase superior del capitalismo. Capítulo 6.

    [vii] ​​BROWNING, E. S. «Bond Investors Gamble on Russian Stocks«, Wall Street Journal, 24 de marzo de 1995.

    [viii] Ibid.

    [ix] DAWISHA, Karen. La cleptocracia de Putin: ¿Quién es el dueño de Rusia? Nueva York: Simon & Schuster, 2014. Pp. 73-75.

    [x] POPOV, Vladimir, y SUNDARAM, Jomo Kwame. «Post-Soviet Russian Economic Collapse», Inter Press Service, 6(th) de junio de 2017.

    [xi] CONRADI, Peter. ¿Quién perdió Rusia? Del colapso de la URSS a la guerra de Putin contra Ucrania. Londres: Oneworld Publications, 2017, Capítulo 7.

    [xii] ​​ KLEIN, Naomi. The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism. Nueva York: Picador, 2008, p. 238.

    [xiii] CONRADI, Peter. ¿Quién perdió Rusia? Capítulo 7.

    [xiv] ENGEL, Pamela. «Cómo Vladimir Putin se convirtió en uno de los líderes más temidos del mundo», Business Insider, 14 de febrero de 2017.

    [xv] ARIS, Ben. «El poder de los oligarcas sobre el Kremlin ha llegado a su fin, dice Putin», The Telegraph, 28 de julio de 2000.

    [xvi] PARFITT, Tom. «Los ricos de Rusia duplican su riqueza, pero los pobres estaban mejor en los 90». The Guardian, 11(th) de abril de 2011.

    [xvii] ​​ALEKSEY, Ivanov. «La génesis del mercado ruso de fusiones y adquisiciones: el papel del sector industrial», SHS Web of Conferences, 35, 2017, p. 2.

    [xviii] DABROWSKI, Marek. La economía rusa contemporánea, Suiza: Palgrave, 2023, p. 128.

    [xix] https://www.bruegel.org/dataset/russian-crude-oil- rastreador

    [xx] HENLEY, Jon. «¿Está amenazado el suministro de gas de Europa por la crisis de Ucrania?». The Guardian, 3 de marzo de 2014.

    [xxi] NUGENT, Clara. «Why Sanctions on Russia Aren’t Targeting Oil and Gas», Time, 25th de febrero de 2022.

    [xxii] https://www.aljazeera.com/economy/2023/3/20/russia-overtakes-saudi-arabia-as-chinas-top-oil-supplier

    [xxiii] https://us500.com/fortune-global-500

    [xxiv] DESCALZI, Carmen & GAYOSO Amelia. Russian hegemony in the CIS region: an examination of Russian influence and of variation in consent and dissent by CIS states to regional hierarchy», Tesis, London School of , 2011, p. 98.

    [xxv] Ibid, p. 95.

    [xxvi] Ibid. p. 119.

    [xxvii] MATVEEV, Ilya. «En Rusia, la lucha está viva», Jacobin, 21 de agosto de 2019.

    [xxviii] SAGRAMOSO, Domitilla. Russian Imperialism Revisited: From Disengagement to Hegemony, Nueva York: Routledge, 2020, p. 95

    [xxix] MATUSZAK, Slawomir. «Ucrania se está volviendo dependiente de los préstamos rusos», OSW (Centro de Estudios Orientales), 4 de abril de 2012.

    [xxx] https://www.washingtonpost.com/world/2022/08/10/russia-ukraine-war-latest-updates/

    [xxxi] https://www.posle.media/article/unraveling-russian-state-anxieties

    [xxxii] GORODNICHENKO, Yuriy & Alii. «La economía rusa en pie de guerra: A New Reality Financed by Commodity Exports», Center for Economic Policy Research, mayo de 2024.

    [xxxiii] https://theconversation.com/russias-economy-is-now-completely-driven-by-the-war-in-ukraine-it-cannot-afford-to-lose-but-nor-can-it-afford-to-win-221333

    [xxxiv] COOPER, Julian. «Another Budget for a Country at War: Military Expenditure in Russia’s Federal Budget for 2024 and Beyond», SIPRI Insights on Peace and Security, diciembre de 2023.

    [xxxv] POZHIDAEV, Dmitry. «La desvinculación de Rusia de Occidente: The Great Equalizer», LINKS, 13(th) de junio de 2024.

    [xxxvi] PARÍS, Costas & alii. «Russia Explores Plan to Merge Oil Giants into Mega Producer», Wall Street Journal, 4(th) de noviembre de 2024.

    [xxxvii] Ibid.

    [xxxviii] https://thenextrecession.wordpress.com/2024/03/15/russians-vote-for-putin/

    [xxxix] https://thenextrecession.wordpress.com/2025/02/24/russia-ukraine-war-three-years-on/

    [xl] LYNDELL, Dada. «No a favor de los pobres: Rosstat’s poverty figures vs. objective reality», The Insider, 22(nd) de noviembre, 2024.

    [xli] MYKHAILOVA, Kateryna. «The Russian Economy Weakens More as Debt Rises, Oil Prices Fall», Kyiv Post, 15(th) de febrero de 2025.

    [xlii] https://b4ukraine.org/pdf/B4Ukraine_3Years_Report.pdf

    [xliii] PROKOPENKO, Alexandra. «¿Cuáles son los límites de la «yuanización» de Rusia?», Carnegie Politika, 24(th) de mayo, 2024.

    [xliv] https://b4ukraine.org/pdf/B4Ukraine_3Years_Report.pdf

    [xlv] https://english.www.gov.cn/news/202412/27/content_WS676eabb1c6d0868f4e8ee51f.html

    [xlvi] LISTER, Tim. «The Iranian drones deployed by Russia in Ukraine are powered by stolen Western technology, research reveals», CNN, 28(th) de abril de 2023.

    [xlvii] SMAGIN, Nikita. «New Russia-Iran Treaty Reveals the Limits of Their Partnership» Carnegie Politika, 21(st) de enero, 2025.

    [xlviii] Ibid.

  • Contra la última guerra y contra la próxima también

    Por JAMES MARSH

    En las primeras horas del 3 de enero, el ejército estadounidense lanzó un ataque contra Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Altos funcionarios estadounidenses han declarado que uno de los principales objetivos de la acción era apoderarse del petróleo venezolano y venderlo en el mercado libre.

    Este acto de agresión descarada siguió a al menos 35 ataques con drones contra buques civiles, que causaron la muerte de más de 115 personas. Esto fue acompañado por la incautación de petroleros que salían de Venezuela como parte de un bloqueo ilegal; la piratería ha continuado en los últimos días con la captura de un petrolero con bandera rusa en el Atlántico Norte el 7 de enero y otro barco cerca del Caribe. Al mismo tiempo, la administración Trump ha ampliado la red de bases militares estadounidenses en América Latina.

    El gobierno estadounidense está llevando a cabo esta campaña de terror imperialista contra sus vecinos debido a los intereses de las empresas multinacionales y la inversión extranjera. Los trabajadores estadounidenses deben reconocer la brecha que existe entre sus intereses de cooperación con otros trabajadores a nivel internacional y los de un pequeño grupo de capitalistas que se enriquecen a costa de las neocolonias del Sur Global.

    Esta no es la primera campaña de terror imperialista llevada a cabo por Estados Unidos, solo la más reciente. Nadie ha olvidado la lista aparentemente interminable de gobiernos derrocados y dictadores contrarrevolucionarios llevados al poder por el gobierno estadounidense. Haití, Guatemala, Chile, Congo, Indonesia… enumerarlos todos sería un ejercicio sin sentido.

    Nadie ha olvidado las descaradas mentiras utilizadas para justificar estas intervenciones: las armas de destrucción masiva en Irak que nunca existieron, las acusaciones falsas que tergiversaban la complicidad de Panamá en el tráfico de drogas, «la ilustración y la democracia» para los bombardeados y masacrados de Afganistán, Vietnam y otros países.

    Nadie ha olvidado la tortura sistemática y la matanza masiva llevadas a cabo por Estados Unidos para llevar al poder a estos colaboradores, ni la tortura sistemática y la matanza masiva llevadas a cabo por estos mismos colaboradores con el apoyo de Estados Unidos. El bombardeo de Rafah y la hambruna de Palestina, Guantánamo y Abu Ghraib, el agente naranja y My Lai. O la colaboración con Pinochet, con Suharto, con Trujillo.

    El gobierno de Estados Unidos preferiría que la gente olvidara. Nadie ha olvidado la sangre que mancha las manos de este gobierno, pero el siglo pasado y más de imperialismo, y el genocidio de los pueblos nativos anterior, son historias demasiado detalladas para que una sola persona pueda recordarlas en su totalidad. Y es fácil sentirse desesperanzado: demasiado tarde para deshacer las guerras y las ocupaciones coloniales, demasiado tarde para salvar a los mutilados y los muertos, demasiado tarde para actuar.

    Pero si queremos detener la próxima guerra, tenemos que entender qué impulsa el imperialismo y el poder que aún tenemos para actuar. Este derramamiento de sangre es el precio del capitalismo global. Engrasa las ruedas de una máquina de explotación que abre las venas del mundo anteriormente colonizado e impone nuevos regímenes de neocolonialismo para obtener beneficios en los mercados ahora conquistados y controlados por la clase capitalista estadounidense.

    Vivimos la explotación de los trabajadores en el extranjero y la explotación de los trabajadores en nuestro país, para que una pequeña minoría de capitalistas pueda ver otra moneda en sus carteras. ¿Por qué Venezuela? Para que su petróleo pueda ser vendido por empresas estadounidenses y sus minerales, fundamentales para las tecnologías militares y energéticas, permanezcan en las cadenas de suministro dominadas por empresas estadounidenses. Para que sus mercados puedan reestructurarse y permitir que las finanzas estadounidenses e internacionales intervengan y privaticen cualquier servicio que se haya resistido al saqueo neoliberal de los recursos públicos. Para que su gobierno, que ha adoptado una postura desafiante en las negociaciones con las empresas estadounidenses o en el comercio con Cuba, pueda ser sometido antes de que la hegemonía política total de Estados Unidos comience a resquebrajarse. Ninguna de estas medidas representa los intereses de la clase trabajadora estadounidense en el internacionalismo liderado por los trabajadores.

    ¿Por qué ahora? Porque las rivalidades interimperialistas con potencias capitalistas competidoras como China amenazan con establecer una cabeza de puente contra el dominio estadounidense de sus neocolonias en América Latina. Porque las tácticas populistas autoritarias de Trump utilizan la fuerza militar sin restricciones como táctica de negociación internacional que descarta las reglas del antiguo orden de regulación internacional legalista organizado bajo la ONU. Porque la disminución de la tasa de ganancia de los capitalistas en Estados Unidos, una crisis que se ha prolongado en una larga recesión desde la crisis bancaria de 2008, los ha llevado a volverse violentamente contra la clase trabajadora en su país y en el extranjero.

    Todo esto amenaza con provocar otra guerra en la que la clase trabajadora estadounidense sea enviada como soldados que mueren luchando contra los trabajadores en el extranjero por las ganancias de un grupo reducido de capitalistas. Todo ello nos acerca a una guerra interimperialista, el tipo de guerra mundial que no se detiene hasta que una de las grandes potencias beligerantes queda reducida a cenizas, y su pueblo con ella.

    ¿Qué pueden hacer los defensores de la paz y el internacionalismo obrero ante esta campaña de terror imperialista? No se puede reformar el imperialismo, ni convencerlo con palabras, ni razonar con él ni suplicarle. El poder para contrarrestarlo necesita venir de la propia clase trabajadora. Los activistas que luchan por la paz y el movimiento obrero en su conjunto deben luchar juntos en los lugares de trabajo, en las aulas y en las calles contra los capitalistas que piden sangre. La guerra con Venezuela es profundamente impopular en Estados Unidos; cualquiera que la apoye debe enfrentarse a una reacción organizada tan fuerte que apoyar la guerra se vuelve en un suicidio político. Esta reacción organizada debe ser tan profunda que ningún soldado pueda ser reclutado sin recurrir a un grupo de personas que ya se oponen a la próxima guerra.

    Los pasillos del poder y el Departamento de Guerra pertenecen a los capitalistas; las calles y las fuerzas de la paz pertenecen al pueblo. Debemos luchar para organizar un movimiento de masas que reclame la paz con tanta fuerza que todo el mundo sepa que, independientemente de los terroristas que estén en el poder, el pueblo estadounidense está en contra de la guerra en Venezuela.

    Foto: Zhang Fenguo / Xinhua

  • Mamdani, un «socialista democrático», toma posesión como alcalde de Nueva York

     

    Por TONY STABILE

    Miles de personas desafiaron las temperaturas bajo cero el 1 de enero para asistir a la toma de posesión pública del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. A pesar del frío extremo, el ambiente cerca del Ayuntamiento era festivo, y la multitud «se calentó contra el frío de enero con la llama resurgente de la esperanza», como dijo el propio Mamdani.

    Durante muchos años, ha sido escasa la esperanza de que los millones de trabajadores, personas oprimidas y jóvenes de la ciudad de Nueva York pudieran luchar por una ciudad menos opresivamente cara. Los alquileres y los precios de los productos básicos se han disparado, mientras que los propietarios de las empresas y entidades financieras con sede en la ciudad de Nueva York obtienen enormes beneficios.

    Las promesas de Mamdani de congelar los alquileres, ofrecer guarderías y transporte gratuitos y establecer un salario mínimo de 30 dólares a la hora resonaron en una ciudad cuyos políticos capitalistas se han negado a contemplar incluso medidas básicas para reducir el coste de la vida. Además, el hecho de que sea un musulmán nacido en Uganda y defensor de la impresionante diversidad de la ciudad de Nueva York lo ha convertido en un poderoso símbolo de oposición al nativismo racista e islamófobo del presidente Trump.

    Sin embargo, la importancia de Mamdani no es solo local. Su campaña ha despertado el interés de los trabajadores de todo el país y ha acaparado los titulares a nivel internacional. Aunque su campaña se centró exclusivamente en cuestiones de asequibilidad, sin abordar realmente la necesidad de una reestructuración importante del sistema, la defensa abierta de Mamdani del «socialismo democrático» ha despertado el interés por construir una alternativa a la lenta y dolorosa decadencia del capitalismo global.

    Si bien la elección de Zohran es un acontecimiento importante en la política estadounidense, plantea preguntas fundamentales: ¿Cómo pueden los trabajadores de la ciudad de Nueva York —y de otros lugares— garantizar reformas básicas e ir más allá para lograr nuevas victorias? En nuestra opinión, será el movimiento de masas de los trabajadores, los jóvenes y los pueblos oprimidos el que pueda lograr un cambio social significativo.

    La estrategia de Mamdani

    La campaña de Mamdani, a pesar de su dinamismo, tuvo dificultades para mantener unidas dos fuerzas contradictorias: los miles de jóvenes radicalizados y otras personas que se movilizaron para conseguir votos para él, y la afiliación de la campaña al Partido Demócrata capitalista.

    Durante la campaña, Hakeem Jeffries, el actual y poco popular líder del Caucus Demócrata de la Cámara de Representantes y representante del 8º distrito de Nueva York, lanzó una ofensiva a gran escala contra Mamdani. Incluso después de que Mamdani ganara las primarias demócratas, Jeffries se negó a respaldarlo durante tres meses. Por su parte, la élite financiera de Nueva York se opuso desde el principio a Mamdani, gastando más de 40 millones de dólares para torpedear su campaña.

    A pesar de la hostilidad abierta, las calumnias anticomunistas y los ataques islamófobos dirigidos contra Mamdani y su programa electoral por parte de las principales fuerzas de la dirección del Partido Demócrata, existe una presión considerable sobre Mamdani y sus seguidores para que se reconcilien con la corriente principal del partido y sus acaudalados patrocinadores, y para que, en general, apoyen las políticas del partido. Ese es el camino que han seguido sus compañeros socialistas-democráticos Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, que estuvieron presentes en la toma de posesión de Mamdani.

    Hasta ahora, Mamdani parece haber sido capaz de alcanzar una tregua con la dirección del Partido Demócrata y los intereses económicos que representan. Por ejemplo, el expresidente Obama le dijo a Mamdani que su campaña era «impresionante de ver», mientras que el gestor de fondos de cobertura y multimillonario Bill Ackman felicitó públicamente a Zohran por su victoria.

    Quizás el más sorprendente de los nuevos partidarios de Mamdani sea el propio presidente Trump. El 23 de noviembre, Mamdani se reunió con el presidente Trump en la Casa Blanca. Después de amenazar con arrestar a Mamdani, Trump aduló al alcalde electo, afirmando: «Le animaré». Zohran, por su parte, imitó el tono amistoso del presidente. De hecho, reflexionando sobre su conversación, Mamdani afirmó que «fue una reunión productiva centrada en un amor y una admiración compartidos, el amor y la admiración de la ciudad de Nueva York, y en la necesidad de ofrecer asequibilidad a los neoyorquinos».

    Esta tregua no se ha producido sin concesiones por parte de Mamdani. Mantuvo a Jessica Tisch como el dirigente de la policía de Nueva York. Tisch, una heredera multimillonaria y tecnócrata defensora de la ley y el orden, ha sido una decisión polémica entre la base activista de Mamdani. Tisch es una sionista comprometida que ha supervisado la profundización del aparato de vigilancia de la ciudad. Tisch no fue el único nombramiento polémico de Mamdani. Ha abierto las filas de su equipo de transición a altos cargos del Partido Demócrata.

    Sin embargo, en lugar de calmar a la oposición, las tácticas conciliadoras solo aumentarán la presión de las figuras de la clase dominante para que se «comprometa» y «trabaje con el sistema». Mientras Mamdani siga enredado en el Partido Demócrata y sus redes financieras y sociales, la presión para que se ajuste a la política del partido no hará más que aumentar. Cualquier reforma más audaz que su administración desee emprender, bajo la presión de su electorado de clase trabajadora, será contrarrestada con dureza por la clase dominante.

    El otro camino hacia adelante

    La historia ha demostrado que el único método práctico para lograr reformas importantes es a través de un movimiento de masas de la clase trabajadora y los oprimidos. Sin un movimiento como este, las reformas son ilusorias o rápidamente deshechas por las fuerzas capitalistas. Este movimiento tendría que movilizar a sus miembros no como seguidores de Mamdani, sino como parte de una clase trabajadora que puede articular y luchar por sus propias demandas.

    Las declaraciones y acciones de Mamdani no indican que eso vaya a ser el centro de su mandato. Sin embargo, las posibilidades de un socialista en el Ayuntamiento podrían ser enormes. El nuevo alcalde ocupa uno de los púlpitos más influyentes del país. Un socialista revolucionario de principios en ese puesto podría llamar por la socialización de la propiedad pública de Con Edison y otras empresas de servicios públicos, reduciendo las tarifas y avanzando hacia la descarbonización de la producción de energía. Podría situar al gobierno municipal claramente del lado de los trabajadores en sus luchas. Podría ofrecer las instalaciones municipales a los huelguistas y acoger un Congreso Nacional del Trabajo para organizar y apoyar las luchas de los trabajadores.

    Por supuesto, la afiliación al Partido Demócrata obstaculizaría gravemente cualquier esfuerzo por llevar a cabo estas medidas o cualquier otra reforma importante. La tarea requeriría, en cambio, un partido independiente de la clase obrera organizada.

    Los trabajadores, los jóvenes y nuestros aliados están tomando conciencia del poder que poseemos cuando nos liberamos de la presión de apaciguar a la clase dominante. Mamdani y sus partidarios tienen que elegir entre apoyar el creciente deseo de independencia de la clase trabajadora o interponerse en su camino.

    Foto: Mamdani habla en su ceremonia pública de toma de posesión el 1 de enero. (Spencer Platt / Getty Images)

  • ¡Manos fuera de Venezuela!

    Por LA REDACCIÓN

    En la madrugada del 3 de enero, las Fuerzas Especiales de Estados Unidos bombardearon Venezuela y llevaron a cabo una incursión en la instalación militar de Fuerte Tiuna, la residencia del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Agentes del imperialismo estadounidense secuestraron a la pareja y los llevaron a la ciudad de Nueva York, donde serán juzgados por cargos turbios relacionados con el tráfico de drogas. Se enviaron más de 150 aviones a Caracas y otras ciudades, supuestamente para atacar objetivos civiles y militares. El New York Times informó que al menos 40 venezolanos, civiles y militares, murieron en el ataque.

    El motivo del ataque no tiene nada que ver con la «guerra contra las drogas» ni con la construcción de la «democracia» en Venezuela. La «Doctrina Donroe» está a la orden del día. La demostración masiva de fuerza militar tenía por objeto recordar a todos los gobiernos semicoloniales la capacidad de Estados Unidos para atacar en cualquier lugar y derrocar a cualquier líder. La operación golpista, respaldada por un arsenal enorme, es una de las muestras más arrogantes del «arte de negociar» de Trump y del lema de la recién acuñada «Doctrina Donroe» de «paz a través de la fuerza», desde que la nueva administración asumió el poder.

    Poco después de que se conociera la noticia del ataque en Estados Unidos, se organizaron manifestaciones de protesta en ciudades de todo el país. Contrarrestar la agresión estadounidense no significa dar apoyo político a Maduro. Hay indicios de que Maduro estaba dispuesto a hacer grandes concesiones a Estados Unidos. Según The New York Times, en octubre, Maduro «ofreció abrir todos los proyectos petroleros y auríferos existentes y futuros a las empresas estadounidenses, otorgar contratos preferenciales a las empresas estadounidenses, invertir el flujo de las exportaciones petroleras venezolanas de China a Estados Unidos y recortar los contratos energéticos y mineros de su país con empresas chinas, iraníes y rusas». Tras la publicación de ese informe, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas.

    Trump afirmó en una conferencia de prensa el 3 de enero que Estados Unidos «va a dirigir el país hasta que se produzca una transición adecuada». Declaró que la transición estaría liderada por las personas «detrás» de él, refiriéndose a Rubio y al secretario de Guerra Pete Hegseth. Imponer una junta imperial es algo habitual para Estados Unidos, desde PROMESA en Puerto Rico hasta la Autoridad Provisional de la Coalición en Irak.

    En una sorprendente reprimenda a las figuras antichavistas de larga data, Trump no apoyó a la líder de la oposición María Corina Machado, diciendo: «No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país; es una mujer agradable, pero no tiene el respeto».

    Aunque Trump y Rubio afirmaron que el secuestro de Maduro probablemente marcaría el fin de las operaciones militares, Trump también declaró que podría ser necesario un segundo ataque de mayor envergadura si Estados Unidos encontrara resistencia; indicó su disposición a enviar «tropas sobre el terreno».

    La maquinaria bélica estadounidense no se conformará con todo el petróleo de Venezuela. Más importante es consolidar el control de todo el hemisferio, con especial atención a desplazar las incursiones económicas y políticas de China en la región, que se ha llevado el 80 % de las exportaciones petroleras de Venezuela. El ataque y el golpe de Estado son una advertencia tanto para Cuba como para Venezuela.

    El destino de los trabajadores, los estudiantes y los oprimidos de Venezuela y Estados Unidos está íntimamente relacionado. Al igual que Estados Unidos sancionó, amenazó y finalmente invadió Venezuela en beneficio de las grandes petroleras y los bancos, esas mismas fuerzas de la clase dominante están deshaciendose de los logros de los movimientos por los derechos civiles, laborales y otros movimientos sociales en este país. Convertir en chivos expiatorios a los migrantes venezolanos de clase trabajadora y enviarlos a la CECOT para ser torturados forma parte de la campaña de propaganda de la clase dominante que viola la soberanía venezolana y amenaza a todos sus residentes.

    En lugar de permitir que continúe un orden internacional basado en la dominación y la violencia, la clase trabajadora y las masas oprimidas de todo el mundo deben unirse, movilizarse y organizarse en torno a un programa basado en la solidaridad en la lucha contra el imperialismo. Deben exigir que Estados Unidos desmantele sus bases militares en toda América Latina y se mantenga al margen de los asuntos de Venezuela y otros países latinoamericanos. Solo el pueblo de Venezuela, y no el imperialismo estadounidense, tiene derecho a decidir el futuro de su país.

    (Foto) Poco después de que se conociera la noticia del ataque estadounidense del 3 de enero, los manifestantes salieron a las calles de Filadelfia. (Yong Kim / Philadelphia Inquirer)

  • La persecución de los inmigrantes africanos

    Por BRIAN CRAWFORD

    Consecuente con su antipatía a la sutileza, Donald Trump declaró que no quería inmigrantes somalíes en Estados Unidos y exigió que «regresaran al lugar de donde vinieron». El presidente envió a sus cazadores de inmigrantes (ICE) a Minnesota con los inmigrantes somalíes como presa. Las ciudades gemelas de Minneapolis y St. Paul albergan a 80 000 somalíes, la mayoría de los cuales son ciudadanos. A los somalíes se les concedió el estatus de protección hace más de 30 años debido a la violencia que se vive en su país de origen. Trump quiere poner fin al estatus de protección temporal para los somalíes, lo que afectaría a varios cientos de personas en todo Estados Unidos.

    La administración está utilizando cualquier pretexto para amplificar la propaganda contra la población inmigrante. Según la administración y sus portavoces, todos los inmigrantes detenidos y deportados son delincuentes. Los inmigrantes africanos se enfrentan a mayores obstáculos legales tanto en Estados Unidos como en Europa, a pesar de su presencia desde hace décadas. Para los africanos que buscan refugio en Estados Unidos y Europa, obtener asilo es casi imposible.

     

    A pesar de la mitología estadounidense que glorifica a los inmigrantes y sus contribuciones, la discriminación y la exclusión han prevalecido históricamente en las políticas. Las políticas anteriores limitaban en gran medida la inmigración no europea. El cambio llegó con la Ley de Inmigración de 1965.

    La legislación posterior abordó las crisis de refugiados y atrajo a trabajadores cualificados de países africanos: en 2024, dos millones y medio procedentes del África subsahariana. Los africanos representan el 5% de los 50 millones de inmigrantes en Estados Unidos. Allison Rutland y Jeanne Batalova, en un artículo para el Instituto de Política Migratoria, caracterizan a estos inmigrantes como «generalmente más propensos que la población total nacida en el extranjero a haberse convertido en ciudadanos estadounidenses, a participar activamente en la fuerza laboral, a haber llegado después de 2010 y a tener un mayor nivel educativo» («Inmigrantes subsaharianos en Estados Unidos», migrationpolicy.org, 16 de octubre de 2025).

    Sin embargo, desde el regreso de Trump al poder, la administración ha impuesto prohibiciones totales a 12 países africanos y prohibiciones parciales a otros 15. Esto se basa en las evaluaciones de Estados Unidos que caracterizan a estos países como Estados violentos que patrocinan el terrorismo, o en su negativa a aceptar a sus nacionales deportados. De hecho, las personas de estos países tienen argumentos sólidos para solicitar asilo basándose en estas evaluaciones de que los países fueran Estados violentos.

    Más de 120 millones de personas representan los millones de apátridas. Esto supera la población de la mayoría de los países. Los solicitantes de asilo no se marchan por elección propia, sino por la represión estatal, la pobreza, la hambruna, los desastres naturales y el cambio climático. Sin embargo, un mundo en el que el capitalismo crea crisis también convierte en delincuentes a los millones de personas que huyen de los desastres del mismo capitalismo.

    Gran Bretaña ha modificado su política de inmigración para encarcelar a los desesperados, los empobrecidos y las víctimas de violaciones y torturas. La legislación aprobada el año pasado por el Parlamento francés dificulta a los inmigrantes la obtención de prestaciones o la ciudadanía. Esta legislación fue apoyada por el presidente Emmanuel Macron y la líder del principal partido de extrema derecha, Marine Le Pen. La extrema derecha aumenta su influencia con la ayuda de los partidos políticos mayoritarios. En lugar de ofrecer una alternativa a los argumentos racistas y xenófobos, los políticos mayoritarios proponen y aplican cínicamente leyes que crean dificultades a los inmigrantes. Al mismo tiempo, hacen que el asilo sea casi imposible.

    Europa ha firmado pactos con Marruecos, Mauritania, Argelia y Libia para disuadir a los solicitantes de asilo. Las fuerzas de seguridad de estos países muestran un desprecio total por los derechos humanos. Los migrantes sufren discriminación racial, palizas, violaciones, torturas y extorsiones. En diciembre de 2025, nueve migrantes murieron congelados cuando fueron abandonados en las montañas de la frontera entre Marruecos y Argelia; muchos otros han sido abandonados sin comida ni agua en el desierto. En la última década, más de 22 000 personas han muerto al intentar cruzar el mar Mediterráneo hacia Europa. Muchos de ellos parten del noroeste de África (el Magreb) hacia las Islas Canarias. Otros intentan la travesía desde Libia.

    Ibrahima Bah, un migrante senegalés, emprendió una odisea que ilustra la difícil situación de muchos africanos que buscan asilo. Bah viajó inicialmente a Gambia y, finalmente, a Libia. Tras sobrevivir a un peligroso viaje a Sicilia, atravesó Francia. En diciembre de 2022, unos traficantes le exigieron pilotar una embarcación con migrantes a través del Canal de la Mancha. Se produjo un percance y cuatro personas murieron. Bah fue acusado de homicidio involuntario.

    En el juicio, el juez reconoció que Bah había sido víctima de trabajos forzados y coacción, y que su culpabilidad era menor que la de los traficantes.

    Sin embargo, fue declarado culpable y condenado a nueve años de prisión. A pesar de testificar que los traficantes amenazaron con matarlo, el juez dictaminó que «la presión física a la que fue sometido no constituía coacción» (The Guardian, 23 de febrero de 2024). Podría haber sido peor. La Ley de Nacionalidad y Fronteras de 2022 aumentó la pena máxima por «facilitar» la entrada a cadena perpetua.

    En contraste con la retórica de los gobiernos y los partidos de derecha en Europa, Luisa von Richthofen escribe en DW que el inmigrante africano típico es «alguien que espera en la puerta del aeropuerto con su pasaporte y su boleto en la mano» («African Migration to Europe: A Fact Check», DW, 16 de noviembre de 2024). Muchos de los recién llegados se reúnen con sus familiares. Solo el 8 % de los africanos en Europa son refugiados.

    La persecución de los inmigrantes y solicitantes de asilo africanos no beneficia a nadie de la clase trabajadora. En Europa y Estados Unidos, el encarcelamiento de los solicitantes de asilo debe ser denunciado con la mayor firmeza. Las deportaciones masivas deben terminar.

    La clase trabajadora de Europa y Estados Unidos debe salir en defensa de los inmigrantes. Así sería si la conciencia de clase impregnara a los trabajadores de Estados Unidos y Europa y fuera promovida por el movimiento sindical. La hipocresía de la clase dominante debe ser expuesta ante los trabajadores del mundo. Cuando esto ocurra, se hará realidad el mayor temor de los capitalistas: una clase obrera unida y con conciencia de clase, insensible a su propaganda racista.

    Foto: Protesta contra el ICE en Elizabeth, Nueva Jersey, en marzo de 2025. (Seth Wenig / AP)

  • Número diciembre 2025 de Forja Socialista

    Lee el número de noviembre-diciembre de 2025 de Forja Socialista, el periódico de Corriente Socialista de los Trabajadores, sección simpatizante de la LIT-CI en México. ¡Haz clic en el imagen para leer artículos sobre la polarización social en México, los bloqueos de los agricultores, la llamada protesta de la «Generación Z» en noviembre, las condiciones de los trabajadores, las amenazas medioambientales y mucho más!

  • ¡Abajo la agresión yanqui! ¡Defendamos a Venezuela!

    Por la LIT-CI, la UIT-CI, y la CCRI

    El gobierno de Estados Unidos que preside el ultraderechista Donald Trump, avanza en su ofensiva belicista e injerencista en el Caribe, y en particular contra Venezuela.

    En diciembre ha declarado un bloqueo absoluto a los petroleros que entren o salgan del país, después de haber secuestrado arbitrariamente varios buques provenientes de este país, apropiándose de toneladas de petróleo venezolano. Eso después de haber perpetrado casi tres decenas de ataques contra embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de una centena de muertos,  con el falso argumento del “combate al narcotráfico”.

    Esto representa algo extremadamente grave para un país sumamente dependiente de los ingresos por exportaciones petroleras.

    Junto con eso Trump está preparando una intervención militar de Venezuela para sacar a Maduro e imponer un gobierno de ultraderecha. Para eso ha estacionado una gigantesca flota naval de guerra en el Caribe. Sea por vía de la invasión, un ataque aéreo o por la asfixia económica, el objetivo es el mismo: imponer un gobierno títere en el país.

    Los argumentos de la “guerra contra las drogas” son sólo un pretexto para la maniobra imperialista. El historial de las intervenciones yanquis muestra que su política no tiene la menor intención de combatir el narcotráfico. Por el contrario, las agencias federales de EE. UU. han colaborado con los carteles narcotraficantes en México y Colombia, y sus intervenciones no han servido para parar el tráfico, sino para reorganizarlo bajo control yanqui. El indulto de Trump a Juan Orlando Hernández, expresidente de Hondurasque cumplía una pena de 45 años de prisión en EUA por narcotráfico, muestra la farsa.

    El recién publicado  documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump explicita su objetivo de tener gobiernos títeres en Latinamérica. Ya no bastan gobiernos pró imperialistas, que apliquen planes neoliberales y abran la economía a las multinacionales. Quieren gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump. Para eso, hacen inclusive presiones económicas y políticas para influenciar en las elecciones. Están avanzando con Milei, Kast, Bukele, Asfura y quieren más con el uribismo en Colombia.

    Como parte de eso, Trump ha rechazado la propuesta de Maduro de entregar todo el petróleo y los minerales del país a cambio de quedarse en el poder, como ha reseñado el New York Times. Trump quiere imponer, de la forma que sea, a María Corina Machado, como un gobierno títere. Sin embargo, Trump no tiene todo a favor. Más del 70 por ciento de las y los estadounidenses se oponen al plan de invasión y agresión a Venezuela.

    Esa postura del gobierno de EUA tiene enorme gravedad ya que afectará a los trabajadores en Venezuela; a los venezolanos residentes en otros países y los pueblos de Latinoamérica como un todo.  Hace décadas que no se produce una agresión militar o una invasión directa de EUA en el continente.

    Por eso llamamos a una amplia campaña unitaria con todos aquellos que están contra la imposición del imperialismo sobre Venezuela y Latinoamérica. Hasta este momento no hay aún una movilización antiimperialista contra la intervención de Trump a la altura de la magnitud de la amenaza existente. Es muy importante y urgente revertir eso y avanzar en la unidad de acción ante la gravedad de los hechos.

    Ninguna confianza en Maduro 

    Pelear contra Trump y su intervencionismo no significa, bajo ningún concepto, dar algún tipo de apoyo político a Maduro. Su gobierno no tiene nada de antiimperialista y menos aún de socialista.  De hecho, hasta el día de hoy la transnacional estadounidense Chevron sigue operando en Venezuela y es la principal explotadora y exportadora de petróleo venezolano. Es una dictadura capitalista que gobierna aplicando un ajuste contra el pueblo trabajador, un gobierno de doble discurso y falso socialismo.

    El salario de los trabajadores venezolanos ha sido pulverizado por la inflación. Hoy el sueldo mínimo equivale a menos de un dólar por mes. Los derechos laborales y sindicales han sido conculcados como parte de la política ajustadora pro patronal y antiobrera de Maduro. Los servicios básicos se encuentran en el más completo deterioro como consecuencia de todo esto.

    Las sanciones imperialistas y ahora está ofensiva belicista e injerencista no hacen más que agravar está situación, deteriorándose aún más las ya dramáticas condiciones de vida del pueblo trabajador.

    Por eso, estaremos en la primera fila del combate contra la intervención de Trump en Venezuela, pero sin dar apoyo político, ni depositar confianza en Maduro.

    Hagamos una fuerte y unitaria campaña antiimperialista

    Rechazamos las declaraciones de Donald Trump, reclamando «le sean devueltos a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que les robaron”, como sí estos recursos alguna vez hubiesen sido suyos. Lo cierto es que quién históricamente ha venido saqueando los recursos energéticos, petroliferos, minerales, tierras y demás ha sido el imperialismo norteamericano, en connivencia con los gobiernos de turno venezolanos, tanto los del puntofijismo, como los chavistas y más aún el actual de Maduro. Lo que Trump pretende, en su disputa interimperialista en el continente, es reforzar y reasegurar este saqueo, con un gobierno títere, como el de María Corina Machado y el sector burgués que esta representa.

    El gobierno de Maduro, por su parte con su política ajustadora y represiva no hace más que facilitar una eventual intervención al aumentar el repudio hacia su régimen dentro de la población trabajadora.

    En tal sentido, consideramos que el enfrentamiento consecuente al imperialismo pasa por unificar a los trabajadores y al pueblo venezolano para exigir al gobierno de Maduro un programa que parta de exigir la defensa de las libertades democráticas, la liberación de los presos políticos que repudien la agresión imperialista; exigir que se aumente el salario mínimo mensual y las pensiones al nivel de la canasta básica; se restituyan los derechos laborales, contractuales y sindicales cercenados, se pare la represión a las organizaciones de los trabajadores; se otorguen derechos políticos a los partidos de izquierda como el PCV, PPT, Marea Socialista, el PSL, entre otros; cese de la entrega de los recursos del Arco Minero del Orinoco (AMO) y la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO),  y el rechazo a la injerencia imperialista y sus amenazas de intervención.

    Es preciso que desde las organizaciones del movimiento obrero y de masas impulsemos la más amplia unidad de acción para rechazar y enfrentar las agresiones militares, los bombardeos criminales en el mar Caribe y el Pacifico,  el bloqueo petrolero, todas estas acciones de guerra, así como una eventual intervención militar. En cualquier enfrentamiento entre las fuerzas armadas de EE. UU. y Venezuela, los trabajadores y las organizaciones populares deben abogar por la victoria militar de esta última y la derrota del imperialismo yanqui.

    En los Estados Unidos identificamos como estos ataques imperialistas están directamente ligados a los ataques del gobierno de Trump contra la clase trabajadora norteamericana, e igualmente con el largo historial de intervenciones de EE. UU. contra América Latina y la clase trabajadora en general, y alentamos la movilización de masas para frenarlo totalmente, incluyendo la anulación sin pago de todas las deudas neocoloniales que controla EE. UU.

    Los gobiernos latinoamericanos que dicen oponerse a la intervención de Trump deben convocar a movilizar, cosa que hasta ahora no hacen. ¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- convoquen a jornadas de movilización y ayuden directamente Venezuela a evadir las sanciones, ayudando a exportar e importar bienes y brindándole apoyo militar contra la agresión yanqui.

    El llamado es a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Latinoamérica a unificarnos y movilizarnos contra las acciones que viene llevando a cabo el imperialismo norteamericano en el continente, las cuales deben ser denunciadas como lo que son, acciones de guerra, contra todos los pueblos de este continente en general y contra el venezolano en particular 

    ¡Total y categórico rechazo al bloqueo naval contra Venezuela y su petróleo venezolano!

    ¡No al robo del petróleo venezolano y el secuestro de buques de transporte del mismo!

    ¡Abajo las sanciones imperialistas contra Venezuela!

    ¡Basta de bombardeos y asesinatos en el Caribe y el Pacífico!

    ¡No a la invasión de Venezuela!

    ¡Ninguna confianza en Maduro

    ¡Armas para los trabajadores! ¡Amplias libertades para movilizar contra el imperialismo! ¡Suspensión del pago de deudas, de contratos entreguistas de los recursos del Orinoco!

    ¡Todo el rechazo a las acciones de guerra de Donald Trump en el Continente!

    ¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- ayuden directamente  a Venezuela a repeler militarmente estas acciones!

    ¡Fuera Trump y el imperialismo norteamericano de América Latina y el Caribe!

    Liga Internacional de los Trabalhadores – Quarta Internacional (LIT-CI, www.litci.org )

    União Internacional de las trabajadoras y los trabalhadores – Quarta Internacional (UIT-CI, www.uit-ci.org )

    Corrente Comunista Revolucionária Internacional  (CCRI,www.thecommunists.net )

  • La lucha en el bosque Hasdeo de la India: la proletarización y la destrucción medioambiental

    Por MAZDOOR INQUILAB

    La región del este y centro de la India es rica en minerales claves, como el hierro, el carbón, el uranio y las tierras raras. Chhattisgarh es uno de los estados más ricos en minerales de la India, y también es uno de los más pobres en general. La gran parte del terreno del estado se encuentra dentro de territorios tribales, habitados por tribus registradas como los gond y los murias. Durante largas décadas, el Estado indio los explotó a ellos y a sus tierras por su riqueza mineral, agrícola y forestal. Las tribus registradas siguieron siendo unas de las comunidades más pobres de la India, a pesar de que sus tierras impulsaron el auge del capitalismo indio y sentaron las bases de la nación moderna.

    Tras la liberalización, la explotación de las tierras y los pueblos tribales no hizo más que intensificarse. El Estado, que los había descuidado y oprimido, ahora utilizaba su poder para permitir la explotación de las tierras y los recursos de las tribus registradas, desplazándolas y empobreciéndolas en beneficio de las empresas siderúrgicas y mineras. La persistente marginación y opresión que sufrían las tribus registradas las obligó a tomar las armas bajo el liderazgo de los partidos maoístas armados de la India, conocidos colectivamente como los naxalitas.

    Existe una coincidencia directa entre la expansión de los recursos de hierro y carbón, las tierras tribales y la insurgencia naxalita. Tras una década y media de brutal guerra contra la insurgencia por parte del Estado indio, la zona afectada por la insurgencia naxalita se ha reducido a solo dos distritos. La ofensiva final contra los naxalitas lanzada por el gobierno del BJP en el marco de la operación Kagaar precedió a la última lucha por los recursos.

    Las empresas mineras y siderúrgicas han devastado las tierras forestales de la población tribal de Chhattisgarh, pero esta población ha resistido valientemente. Hoy en día, el punto de confrontación es el bosque de Hasdeo Arand, en Chhattisgarh, conocido desde hace mucho tiempo como el pulmón de Chhattisgarh. Los bosques de Hasdeo Arand albergan una rica biodiversidad de elefantes, osos perezosos, leopardos y valiosas reservas de agua.

    Varias aldeas tribales albergan a una población que pertenece a las tribus gond y araon, así como a varias comunidades tribales más pequeñas. Los bosques se extienden a lo largo de 170 000 hectáreas de tierra rica en carbón. Durante mucho tiempo, la región ha sido objeto de una intensa explotación minera de carbón, con una producción de alrededor de 5 millones de toneladas al año.

    En el yacimiento carbonífero de Hasdeo-Arand se encuentran reservas de hasta 5000 millones de toneladas de carbón. A pesar de la oposición de las tribus registradas que habitan el bosque y de las advertencias de los activistas y expertos medioambientales sobre los graves daños que causaría la expansión de la minería, el gobierno ha decidido a favor de asignar más derechos mineros. Solo en el último año, ha habido varias protestas contra las propuestas de expansión minera, en Ambikapur, que han culminado en enfrentamientos armados abiertos con las fuerzas policiales.

    La proletarización: la base del capitalismo indio

    Los medios de comunicación suelen hablar del «dividendo demográfico» de la India, que tiene la mayor población joven en edad de trabajar del mundo. Gran parte de esta población aún no se ha incorporado a las filas de la clase trabajadora, y muchos de sus miembros se han quedado sin empleo o sobreviven gracias a la pequeña producción o los servicios. Es fundamental señalar que la mayor parte de esta población vive en el campo.

    Para el capitalismo indio, esta población representa un enorme activo aún explotado. El «dividendo demográfico» no es más que la reserva potencial de clase trabajadora que el capitalismo indio puede explotar a bajo costo. Para ello, el sistema debe asegurarse de que los jóvenes no tengan más remedio que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, lo que requiere la destrucción total de la producción artesanal a pequeña escala, la agricultura y el comercio minorista, así como la destrucción de cualquier sistema de apoyo que pueda mantener a las comunidades arraigadas en sus lugares.

    La destrucción de las tierras tribales para la minería tiene dos objetivos: asegurar los recursos de la tierra y arrojar a las personas que viven de ella al sistema de proletarización. Las tribus registradas de la India que habitan la vasta extensión del centro-este del país se encuentran entre la población más vulnerable y son el objetivo principal de este proceso.

    Chhattisgarh tiene una de las peores tasas de pobreza del país. A nivel nacional, las tribus registradas de la India sufren una de las peores tasas de pobreza, cercana al 50 %. El estado es uno de los más ricos en minerales, pero sigue atrapado en la pobreza. Las empresas capitalistas indias y extranjeras explotan las tierras tribales en busca de los recursos, lo que provoca el desplazamiento de cientos y miles de personas de sus tierras ancestrales y la destrucción de las estructuras de apoyo tradicionales, sin dejarles otra opción que convertirse en trabajadores en las ciudades, a menudo en los sectores más explotadores, como la construcción.

    La India es la economía capitalista de más rápido crecimiento, pero la mayor parte de la población sigue viviendo en la pobreza. Durante los últimos treinta años, el proceso de proletarización se ha intensificado. Millones de tribus registradas han sido desplazadas como resultado de los proyectos de infraestructura y minería de la India. Las reformas «liberalizadoras» permitieron una mayor explotación de la clase trabajadora, una penetración más profunda del capital extranjero y el crecimiento de las empresas multinacionales indias. Lo que ha impulsado este aumento es la destrucción despiadada de la producción a pequeña escala y las tierras tribales.

    Millones de personas se han visto obligadas a abandonar el campo para trabajar en las ciudades o a buscar trabajo en pequeñas unidades industriales repartidas por los suburbios urbanos. Para continuar con este crecimiento, el capital indio está ávido de recursos. Todas las miradas se han vuelto hacia los estados ricos en recursos de Chattisgarh, Jharkhand, Orissa y Bengala Occidental, regiones que albergan a la mayor parte de la población tribal registrada de la India.

    La lucha por los recursos

    Chhattisgarh cuenta con 4000 millones de toneladas de reservas de mineral de hierro, lo que representa el 19 % del total de las reservas de mineral de hierro de la India. Cuatro estados del este y el centro de la India concentran cuatro quintas partes de todas las reservas de mineral de hierro del país: Chhattisgarh, Jharkhand, Orissa y Andhra Pradesh. Esta región también alberga gran parte de los yacimientos de carbón y uranio de la India, la mayoría de los cuales se encuentran en tierras tribales o adyacentes a ellas. Estos estados también concentran la mayor parte de la cobertura forestal y la biodiversidad de la India.

    A medida que surgió el capital indio, también surgio su ansia de recursos. Las tierras que pertenecían a las tribus que habitaban estas zonas desde hacía milenios se convirtieron en el objetivo de las empresas mineras, siderúrgicas y eléctricas. El carbón satisface la mayor parte de las necesidades energéticas de la India, incluso hoy en día, cuando gran parte del mundo se decanta por las energías renovables, lo que garantiza que estos estados y la población tribal registrada de los mismos sigan siendo víctimas de los desplazamientos causados por los proyectos mineros a gran escala.

    La India se ha convertido en uno de los mayores productores de acero y carbón del mundo, en gran parte gracias al hierro extraído en Chhattisgarh, Odisha y Jharkhand. Los megaproyectos mineros han causado un daño medioambiental inmenso, así como el desplazamiento de millones de personas. El trastorno de la vida y los medios de subsistencia de las tribus ha tenido como consecuencia la creación de una gran reserva de trabajadores para las ciudades en expansión de la India, que no tienen otro medio de subsistencia que convertirse en mano de obra barata.

    Esta lucha por los recursos fue acompañada de un auge de las materias primas a principios del siglo XXI y alimentó el surgimiento de la insurgencia naxalita. Hay que reconocer que el brazo armado del CPI (maoísta) fue uno de los pocos que movilizó y armó a las poblaciones tribales contra las tácticas terroristas del Estado indio. La férrea resistencia armada de estas comunidades no disuadió al Estado indio, aunque es posible que ralentizara el ritmo de expansión de la minería durante un tiempo.

    La lucha de las poblaciones tribales culminó con la aprobación de la Ley de Derechos Forestales en 2006, una legislación histórica que otorgaba derechos sobre esas tierras a las poblaciones tribales y a quienes vivían de los recursos de los bosques indios. El Estado ya no podía ejercer un control arbitrario sobre los derechos territoriales de las tribus registradas. A pesar de esta medida, el Estado indio y las empresas encontraron formas de eludir las protecciones para garantizar la expansión constante de la minería.

    Fue bajo el gobierno del Congreso cuando se inició la Operación Caza Verde, combinada con una represión a gran escala de todo lo que el Estado declaraba «naxalita». Esto otorgó al Estado un amplio mandato para perseguir a cualquier intelectual que se solidarizara con las poblaciones tribales en lucha contra los deseos de las empresas mineras. El conflicto entre el Estado capitalista y las poblaciones tribales del este y el centro de la India se convirtió en una guerra no declarada, librada en gran parte por los paramilitares indios contra los insurgentes maoístas. El llamado cinturón rojo fue el frente de esta guerra.

    Hoy en día, las zonas afectadas por los naxalitas se han reducido a dos o tres distritos alrededor del este de Maharashtra. La resistencia armada de las tribus ha sido eliminada en gran medida y, bajo el gobierno de Modi, los derechos y protecciones que tanto costó conseguir se están eliminando poco a poco. El capitalismo indio no es inmune a la crisis que afecta al capitalismo en su conjunto, en todo el mundo se ha producido una desaceleración, un descenso de la tasa de ganancia. La solución del capitalismo indio es la misma que han adoptado todos los países capitalistas: expandir y profundizar la penetración del capitalismo, intensificar la proletarización y ampliar la explotación de los recursos.

    Estamos asistiendo a una nueva fase de un antiguo esquema de explotación, en el que la lucha por los recursos continúa y se intensifica, lo que una vez más ha enfrentado a las poblaciones tribales con las fuerzas armadas del Estado.

    La historia de la persecución de las poblaciones tribales

    La región que comprende la meseta de Chotanagpur y los Ghats orientales es la más rica en minerales de la India. Durante siglos, esta región permaneció dominada por comunidades tribales autónomas, sin que los grandes imperios centralizadores tuvieran apenas influencia sobre ella. Esto cambió cuando los británicos extendieron su dominio sobre esta región.

    Las tribus de la región, principalmente los gond y los santhal, resistieron valientemente al colonialismo británico y fueron brutalmente castigadas por ello. La población tribal fue sometida a trabajos forzados en las plantaciones de té del Himalaya, miles de personas fueron deportadas y muchas murieron. El sometimiento de las tribus tras la represión de la rebelión santhal abrió esta región a la minería capitalista. Por primera vez, los gond, los santhal y otros pueblos se enfrentaban a una amenaza para su propia existencia, ya que la minería ponía en peligro su vínculo con la tierra, fundamental para su supervivencia.

    A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, las poblaciones de esta región fueron explotadas para suministrar mano de obra barata a las plantaciones británicas a lo largo del Himalaya y más allá. A partir de principios del siglo XX, la minería se intensificó en la región y se estableció la producción de acero, impulsada por los Tata, que crearon la planta siderúrgica integrada en Jamshedpur, en el actual estado de Jharkhand.

    Las poblaciones tribales sufrieron el terror del desplazamiento y la violencia incesante, una realidad que se mantuvo sin cambios incluso cuando la India obtuvo la independencia. Los burócratas británicos y las fuerzas estatales fueron simplemente sustituidos por sus homólogos indios. La India independiente mantuvo el ejército y la policía coloniales, casi sin cambios. Mientras que antes de la independencia servían a amos extranjeros, después de la independencia sirvieron a los capitalistas indios. Su objetivo era indistinguible del de los británicos: explotar las tierras y los pueblos tribales para el enriquecimiento de un puñado de oligarcas. Los Tata fueron pioneros en esta explotación, y otros la han continuado en la actualidad.

    Hoy en día, el gobierno de Modi está acelerando la explotación de las tierras tribales, llevando la llamada guerra contra los naxalitas a un sangriento final y debilitando y diluyendo las protecciones hasta que se vuelven más inútiles que el papel en el que están escritas. Bajo su liderazgo, las empresas mineras indias y extranjeras han obtenido una libertad sin precedentes para explotar las tierras tribales.

    El gobierno de Modi y las leyes medioambientales indias

    Desde su llegada al poder, Modi y el BJP han emprendido una guerra sin cuartel contra las restricciones medioambientales. Se facilitaron los permisos de minería, se desclasificaron o talaron bosques para la minería, incluso mientras el gobierno de Modi proclamaba falsas victorias, como la expansión de la cobertura forestal. En realidad, el nuevo gobierno ha cambiado las definiciones de bosque para incluir las plantaciones.

    Sobre el papel, los fondos para la reforestación se han quintuplicado, pero en realidad la mayoría de los proyectos de reforestación no existen. Al mismo tiempo, las autorizaciones medioambientales han aumentado de 577 en 2018 a 12.496 en 2022. El tiempo necesario para obtener una autorización medioambiental también se ha reducido de 600 a 162 días, lo que deja menos tiempo para realizar una evaluación adecuada del impacto medioambiental de los proyectos.

    Desde que llegó al poder, el gobierno de Modi ha acelerado varios proyectos industriales y mineros en terrenos frágiles. El gobierno ha tratado de socavar las protecciones medioambientales y los derechos de los habitantes de los bosques para favorecer a los acaparadores de tierras capitalistas. Se ha permitido que los proyectos continúen sin una evaluación medioambiental previa ni consultas.

    Sin embargo, la medida más perjudicial sería la modificación de la Ley de Conservación Forestal (1980). El nuevo proyecto de ley forestal pretende reclasificar los bosques, ampliando la protección únicamente a aquellos bosques que figuraban en los registros a fecha de 25 de octubre de 1980. Si el proyecto de ley se aprueba, un tercio de los bosques de la India podrían perder toda protección. Además, diluye aún más las protecciones de los bosques, eliminando el requisito de consultar a las tribus que habitan en ellos y permitiendo proyectos de ecoturismo en terrenos frágiles. Además, la protección de los bosques en peligro se eliminaría por completo para los terrenos situados a menos de 100 km de las fronteras internacionales.

    El pésimo historial del gobierno en materia de protección del medio ambiente continúa, con la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las colinas de Aravalli. Los representantes del estado presentaron un criterio absurdo para la protección de las colinas, limitando la definición de colinas a aquellas con una altura de 100 metros, ignorando la geografía única y ecológicamente sensible de la cordillera de Aravalli. Lo que se va a hacer con una de las cordilleras más antiguas ya se está haciendo con los bosques de Hasdeo.

    El Hasdeo y el mundo: la sangrienta lucha mundial por los recursos

    Hay que entender que lo que está sucediendo en la India no es único. En todo el mundo, las zonas sensibles desde el punto de vista medioambiental están amenazadas, y las poblaciones indígenas y tribales están sometidas a un terror y una violencia constantes. Los Estados capitalistas de todo el mundo están diluyendo las protecciones medioambientales para facilitar la explotación de las tierras protegidas sin explotar.

    El capitalismo se encuentra ahora en crisis y, en tal situación, busca nuevas vías para evitar que caiga la tasa de ganancia. Eso solo significa una cosa: la intensificación de la explotación de la tierra y la mano de obra. La sed capitalista de recursos es insaciable, ha provocado guerras en África, catástrofes climáticas en todo el mundo y ahora una guerra en América.

    Esta lucha por los recursos, ya sea oro, hierro, carbón, petróleo o minerales raros, es una de las manifestaciones más peligrosas y tóxicas del capitalismo. Debemos reconocer que no se trata solo de una cuestión de política, sino de una característica del sistema capitalista.

    No hay lucha por salvar el medio ambiente que no exija también la abolición del capitalismo.

    ¡ABAJO ADANI! ¡ABAJO EL CAPITALISMO! ¡SALVEMOS EL PLANETA! ¡DESTROZEMOS EL CAPITALISMO! ¡CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO! ¡POR LOS DERECHOS DE LAS TRIBUS Y LOS INDÍGENAS!

    Referencias

    https://www.youtube.com/watch?v=MUjbTkKxlmM

    https://www.instagram.com/reel/DRzxDnaDENm/

    https://www.rightsofnaturetribunal.org/cases/hasdeo-arand-india/

    https://blog.lukmaanias.com/2022/01/14/caste-dimensions-of-poverty-and-wealth/#: ~:text=ÍNDICE MUNDIAL DE POBREZA MULTIDIMENSIONAL (GMPI), 2021:&text=Los niveles de pobreza fueron más altos entre, fue el más bajo, con un 15,6 %.

    https://timesofindia.indiatimes.com/india/chhattisgarh-tribals-on-sit-in-against-mining-project/articleshow/125195565.cms

    https://101reporters.com/article/Society/Poverty_on_rise_in_Chhattisgarh_Tough_Times_For_Tribals

    https://www.researchgate.net/figure/Highlighting-strategic-minerals-in-Naxal-affected-regions-in-India_fig6_333355661

    https://india.mongabay.com/2021/09/iron-ore-mining-in-chhattisgarh-drives-deforestation/#:~:text=Según el gobierno de Chhattisgarh, existe una fuerte oposición al proyecto.

    Foto: Mina de carbón en Jharkhand, 2023. (Harshaddu a través de Wikimedia Commons)

     

  • La COP 30 fue una nueva victoria de la industria fósil, mientras la humanidad avanza hacia la barbarie climática

    Por Jefferson Choma

    La COP 30 fue una victoria más para la industria fósil, lo cual no sorprende a quienes siguen estas conferencias. Pero, esta vez, fue aún más frustrante porque, al inicio de la conferencia, hubo menciones a un supuesto “mapa del camino” para reducir gradualmente la quema de combustibles fósiles en los próximos años.

    Sin embargo, ese “mapa del camino” resultó ser otra fantasía ante la gigantesca presión de la industria fósil. La COP terminó sin un plan para eliminar los combustibles fósiles y sin metas de financiamiento para la adaptación climática. De hecho, a pesar de que los combustibles fósiles son los principales responsables del calentamiento global, la mención explícita de la necesidad de acabar con ellos siempre es retirada de los documentos finales de las COP.

    Una vez más, la conferencia se mostró como un mostrador de negocios de los capitalistas enemigos del clima y del medio ambiente. Circularon por la Zona Azul al menos 1.600 lobistas del petróleo, formando una delegación mayor que la de todos los países individualmente, excepto Brasil, país sede de la COP30. Además de mucho greenwashing (lavado verde, práctica de marketing engañosa mediante la cual empresas contaminantes se presentan como sustentables), la COP30 fue escenario de episodios bizarros, como la presencia de un espacio del agronegocio brasileño —la Agrizone—, donde se reunieron terratenientes responsables por la destrucción de los bosques brasileños y por el asesinato de activistas socioambientales. Ese grupo llegó a hacer un asado en la Agrizone, reuniendo incluso a terratenientes implicados en el asesinato de la misionera Dorothy Stang, ejecutada en 2005 en Anapu (PA)

     

    Con intereses en juego

    Movilizaciones exponen contradicciones del gobierno Lula

    Brasil intenta presentarse como líder en la construcción de un “plan” para la transición energética. Lula realizó lindos discursos sobre la necesidad de reducir los combustibles fósiles y sobre los pueblos de la Amazonia, pero no consiguió esconder la enorme contradicción de su práctica política. Además de liberar la explotación de petróleo en la Amazonia semanas antes de la COP30, el gobierno viene preparando verdaderas bombas climáticas que pueden llevar a la selva tropical más grande del mundo al colapso, como la pavimentación de la BR-319 y la creación de hidrovías en los ríos amazónicos (por decreto presidencial y sin consulta a las comunidades tradicionales afectadas, como exige la ley) para facilitar el transporte de soja, maíz y hierro extraído en la región.

    Por eso la COP30 estuvo marcada por diversas protestas, protagonizadas sobre todo por indígenas, que bloquearon el acceso de las delegaciones diplomáticas a la Zona Azul, ocuparon el local en el primer día de la conferencia, participaron en marchas y realizaron declaraciones indignadas contra las políticas del gobierno Lula, exigiendo la demarcación inmediata de sus territorios.

    El punto alto de las protestas populares fue la Marcha Global por el Clima, uno de los principales eventos de la Cumbre de los Pueblos, un evento paralelo a la COP, que reunió, el 15 de noviembre, entre 50 mil y 70 mil personas —entre pueblos indígenas, activistas y movimientos sociales de todo el mundo— que no ahorraron críticas al capitalismo y al gobierno brasileño.

    El PSTU estuvo presente en la marcha, en la columna de la CSP-Conlutas, con aproximadamente 200 activistas, entre quilombolas, indígenas, sindicalistas, estudiantes y obreros de la construcción civil de Belém.

    Ante el clima de malestar, el gobierno Lula movilizó a la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva (REDE), la ministra de los Pueblos Indígenas, Sônia Guajajara (PSOL), y a Guilherme Boulos (PSOL), ahora ministro de la Secretaría General, para intentar contener la movilización. Boulos propuso una “consulta previa” después de que el decreto que abre el camino para la creación de las hidrovías ya había sido editado. En lugar de defender su revocación inmediata, Boulos presentó una medida sin efecto real, vista por los pueblos indígenas como una maniobra para desmovilizar la resistencia y facilitar proyectos del agronegocio. Los indígenas exigen la revocación del decreto, el respeto al derecho a la consulta y el fin de emprendimientos que amenazan sus territorios.

     

    Debate

    El “capitalismo verde” es una farsa

    Además de mucho greenwashing, la COP estuvo dominada por propuestas del llamado “capitalismo verde”, como los créditos de carbono, que son activos financieros negociados en bolsas de valores y permiten a los contaminadores emitir gases de efecto invernadero a un costo menor que el de multas y sanciones. Es como un vale de comida que permite a los capitalistas comprar el derecho de seguir contaminando y deforestando. En la otra punta, el mercado de créditos de carbono perjudica a comunidades tradicionales e indígenas mediante fraudes, violaciones a los derechos territoriales y limitaciones a sus actividades de subsistencia.

    Otra iniciativa son los fondos para la protección de las selvas tropicales, muy promocionados por el gobierno Lula y Marina Silva. El Tropical Forest Forever Facility (TFFF) promete proteger las selvas, pero prioriza a los inversores del mercado financiero. Según un estudio del Instituto Arayara, más del 95% del rendimiento anual del TFFF no se destina a la conservación ni siquiera llega a los territorios, sino que va al sistema financiero.

    “La naturaleza se convierte en colateral; los pueblos de la selva, en beneficiarios residuales. Eso no es compatible con el discurso de justicia climática. (…) Sin salvaguardas, el fondo puede financiar sectores que destruyen la Amazonia y debilitar mecanismos como el Fondo Amazonia”, evalúa críticamente el Instituto.

     

    El mundo avanza hacia la barbarie climática

    Mientras las COP son espacios de grandes negociaciones del capitalismo fósil y extractivista, un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) refuerza el avance acelerado de la crisis climática y el fracaso inminente de las metas establecidas en el Acuerdo de París. Según el documento, incluso si todos los compromisos actualmente asumidos por los países se cumplen íntegramente, la temperatura media global debe aumentar entre 2,5 °C y 2,9 °C hasta el fin del siglo, un nivel considerado extremadamente peligroso por científicos.

    Esto significaría cruzar varios puntos de no retorno, volviendo el calentamiento global incontrolable. Un mundo por encima de 2 °C sería arrasado por pandemias, ciudades costeras destruidas, bosques colapsados y extensas áreas continentales imposibles de habitar por seres humanos debido al calor extremo. Una de esas regiones sería justamente Belém, sede de la COP30. Hay proyecciones científicas que indican que la ciudad podría volverse inhabitable debido al calor extremo ya en 2070, si se sobrepasa la barrera de los 2 °C.

    Las proyecciones son aún más alarmantes cuando se observa la trayectoria actual de las emisiones. De acuerdo con el PNUMA, las posibilidades de limitar el calentamiento a 1,5 °C ya son nulas, y la probabilidad de mantenerlo por debajo de 2 °C cae a apenas 8% si el mundo continúa al ritmo actual de mitigación.

    Incluso adoptando plenamente las metas climáticas ofertadas hasta ahora por los países, la perspectiva no es alentadora: las chances de estabilizar el calentamiento en 2 °C hasta 2050 suben solo al 25%, una advertencia contundente sobre la insuficiencia de las promesas y la urgencia de acciones más profundas e inmediatas.

    El informe refuerza que la ventana para evitar los peores escenarios del colapso climático se está cerrando rápidamente, mientras los gobiernos siguen lejos de las medidas necesarias y planean explorar aún más petróleo durante la próxima década.

    En la práctica, los jefes del imperialismo y los grandes capitalistas ya tomaron su decisión: no evitarán la barbarie climática, aunque eso cueste el asesinato y el genocidio de gran parte de la humanidad. Solo la superación del capitalismo y el control social de la producción podrán evitar lo peor.

  • Podcast: Venezuela y el desafío de la solidaridad internacional

    Podcast: Venezuela y el desafío de la solidaridad internacional

    En este episodio de Solidaridad sin excepción, la presentadora Blanca Missé entrevista al periodista e investigador venezolano Simón Rodríguez Porras sobre la crisis que enfrenta Venezuela ante los ataques ilegales de la administración Trump. Con una guerra abierta en ciernes, decenas de muertos y una grave crisis económica ya en marcha, Rodríguez Porras y Missé abordan la necesidad de que los trabajadores de todo el mundo se opongan a la agresión imperialista de Trump y se solidaricen con el pueblo venezolano sin excusar ni ignorar la crisis política dentro de la propia Venezuela.

    Solidaridad sin excepción está patrocinado por la Red de Solidaridad con Ucrania y The Real News Network, y presenta entrevistas con intelectuales y activistas que hablan sobre la lucha por la liberación de determinados países y pueblos.

    Encuéntralo en Spotify en ingles: https://open.spotify.com/show/2DVBYAiQXVKTodh31d42N1

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