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  • EL LEVANTIMIENTO EN BOLIVIA: Un seminario web

    EL LEVANTIMIENTO EN BOLIVIA: Un seminario web

    El levantamiento en Bolivia

    26 de junio a las 20:00 h, hora del Este

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  • Edición del periódico junio-julio

    Trump sigue con su ataque contra los trabajadores y los oprimidos: Desde el ataque a los derechos de voto hasta el impacto medioambiental de la guerra contra Irán, pasando por los derechos al aborto y las luchas de los trabajadores inmigrantes de las plantas cárnicas en los piquetes, esta edición está repleta de análisis perspicaces sobre cómo los trabajadores se enfrentan a los horrores del capitalismo bajo el mandato de la administración Trump. En este número también podrás leer sobre los trabajadores migrantes en África, la lucha contra los centros de datos y el significado de las recientes elecciones en Hungría.

    La edición de junio-julio de 2026 de nuestro periódico está disponible en formato impreso y en línea como PDF. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en PDF! Como siempre, agradecemos cualquier donación que nos ayude a sufragar los gastos de impresión.

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  • Los Scottsboro Boys: Una lección sobre las campañas de defensa

    Por BRIAN CRAWFORD

    «Ningún delito en la historia de Estados Unidos, y mucho menos un delito que nunca ocurrió, ha dado lugar a tantos juicios, condenas, revocaciones y nuevos juicios como el caso de los Scottsboro Boys», escribió Douglas Linder en «Famous Trials» (Juicios famosos). Nueve jóvenes negros subieron a un tren de mercancías en Chattanooga, Tennessee, con destino a Memphis. Las acusaciones de violación serían el catalizador de una odisea legal que duró años. También dio lugar a una campaña de defensa organizada por la Defensa Laborista Internacional, el brazo legal del Partido Comunista.

    En la década de 1930, la justicia para los afroamericanos en el sur de Estados Unidos era inexistente. En los casos en los que los acusados eran negros y los acusadores blancos, se presumía invariablemente la culpabilidad del acusado. La única pregunta era si el acusado viviría para ver la fecha del juicio. En este contexto, nueve jóvenes afroamericanos de Alabama se enfrentaban a la muerte.

    El 25 de marzo de 1931, alrededor de dos docenas de jóvenes negros y blancos subieron a un tren de mercancías de la Southern Railway. Los trenes de mercancías servían de transporte para los pobres durante los años de la Depresión. Muchos iban de pueblo en pueblo o cruzaban las fronteras estatales en busca de trabajo. En ese tren también viajaban dos jóvenes blancas, Victoria Price y Ruby Butler, que habían viajado desde Huntsville, Alabama, a Chattanooga, Tennessee, en busca de trabajo, sin éxito, como se vería más tarde. El 25 de marzo regresaban a casa.

    Se desató una pelea entre los negros y los blancos. La mayoría de los jóvenes blancos fueron expulsados del tren por los hombres negros. Denunciaron el incidente en una de las estaciones y el tren fue detenido en Paint Rock, Alabama. Una partida armada recibió al tren y detuvo a los pasajeros negros que quedaban (algunos habían bajado por el camino) y los llevó a Scottsboro, Alabama.

    Bates y Price también bajaron del tren y, para evitar ser arrestados, acusaron a los jóvenes negros de violación. (Bates se retractaría más tarde y se uniría al movimiento para liberar a los Scottsboro Boys). Los acusados eran: Haywood Patterson, Clarence Norris, Charles Weems, Olen Montgomery, Ozie Powell, Willie Roberson, Eugene Williams, Andy Wright y Roy Wright. Patterson sería condenado cuatro veces en cinco años.

    El 6 de abril de 1931, ocho de los nueve fueron condenados a la muerte. Entre 1931 y 1937 hubieron seis juicios que dieron lugar a condenas. El caso se presentó ante el Tribunal Supremo de Alabama en tres ocasiones diferentes; en todas ellas se mantuvieron la condena y la pena de muerte. El caso fue llevado ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en dos ocasiones. Este anuló ambas condenas. La primera sentencia se basó en que los acusados no habían contado con una defensa adecuada y, en 1935, en los casos Patterson contra el Estado de Alabama y Norris contra el Estado de Alabama, el Tribunal anuló las condenas basándose en la exclusión de afroamericanos del jurado.

    Mark Naison escribió en «Communists in Harlem» (p. 57) que «el Partido Comunista hizo que los detalles del caso Scottsboro formaran parte de la conciencia cotidiana de la comunidad hasta que Scottsboro se convirtió en sinónimo del racismo sureño». La Defensa Laborista Internacional fue creada principalmente por James P. Cannon, entonces miembro del PC, que más tarde lideraría el Partido Socialista de los Trabajadores (trotskista). La ILD se constituyó como una organización de defensa no sectaria; anteriormente había representado a los anarquistas Sacco y Vanzetti y también había participado en campañas contra el linchamiento. Una vez que la ILD se hizo cargo del caso, se convirtió en el centro de la campaña de defensa. Colocó a los Scottsboro Boys en la portada del periódico del partido.

    La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) se negó inicialmente a aceptar el caso. Temían que un caso de violación en el sur pudiera manchar su reputación. Cuando la Defensa Laborista Internacional se hizo cargo del caso, la NAACP decidió que no podía permitir que estos jóvenes negros fueran representados por comunistas.

    El conflicto entre la NAACP y el PC continuó hasta finales de 1931. El PC intentó conseguir el apoyo de los líderes de Harlem, desde ministros hasta organizaciones. Mientras tanto, la NAACP frustró a sus rivales convenciendo a algunos ministros para que cancelaran las reuniones programadas y a los periodistas para que repudiaran sus artículos favorables. Pero a mediados de 1931, la ILD representaba a los nueve acusados de Scottsboro. En enero de 1932, obtuvieron el control del caso. La ILD combinó el trabajo legal con la campaña de defensa, en contraste con la NAACP, que se basó en un enfoque legalista.

     

    Fue fundamental convencer a los padres de los acusados para que permitieran a la organización ser sus representantes legales. Esto se convirtió en un factor decisivo en la batalla de la ILD contra la NAACP. La presencia de los familiares en una gira nacional, hablando ante grandes multitudes en todo el país, causó un gran impacto.

    El Amsterdam News hizo un llamamiento a la comunidad negra para que apoyara «la defensa a través del Comité Nacional para la Defensa de los Presos Políticos, dominado por los comunistas» (Naison, p. 71).. Finalmente, según el editor del Amsterdam News, los residentes de Harlem creían «que la lucha de Scottsboro es su lucha, y que ningún sacrificio es demasiado grande para salvar la vida de estos acusados». Tras la segunda condena de Patterson, un miembro del Partido Comunista declaró: «Nunca había visto tanta ira e indignación antes ni después [. . .] Dondequiera que fueras, veías ira en los rostros de la gente [. . .] Si alguna vez hubiera una situación revolucionaria, imagino que sería así» (Naison, p. 82).

    Algunas protestas en Harlem se extendieron al centro de la ciudad. Reunieron a muchas organizaciones, entre ellas la Asociación para el Progreso de las Personas de Color (United Negro Improvement Association) de Marcus Garvey y varias iglesias, la ACLU e incluso la NAACP. Una marcha de 3000 personas en Washington exigió ver al presidente Roosevelt. La campaña en defensa de los acusados se extendió a ciudades de todo el país y de todo el mundo.

    La ILD también se involucró en el caso de Angelo Herndon, un miembro negro del Partido Comunista. Fue arrestado y acusado de insurrección, un vestigio de los antiguos códigos esclavistas de Georgia. Herndon recorrió el país hablando de su caso. Fue condenado, pero su condena fue anulada por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que dictaminó que la ley de insurrección era inconstitucional.

    Cabe señalar que la campaña de Scottsboro se llevó a cabo de manera contraria a las prácticas de la Internacional Comunista de la época. La Internacional, dominada por la burocracia estalinista de la URSS, era sectaria y reacia a colaborar con organizaciones liberales, a menudo en detrimento de las tareas que se habían emprendido. En este caso, la ILD logró trabajar con cierta independencia, lo que fue de gran importancia. En 1935, la ILD, la NAACP y otras organizaciones se unieron en un Comité de Defensa de Scottsboro.

    La asistencia legal fue extremadamente importante, pero fue la organización de Harlem y la extensión de la campaña a nivel nacional e internacional lo que marcó la diferencia. Los nueve jóvenes pasaron años en prisión, pero solo cumplieron una parte de las condenas de 75 o 99 años que solían dictar los tribunales de Alabama. Es importante destacar que ninguno fue ejecutado. Todos fueron finalmente indultados en 2013.

    Este caso ilustra que las campañas de defensa eficaces a menudo pueden tener éxito frente a adversidades abrumadoras. Trabajando en múltiples frentes, la Defensa Internacional del Trabajo logró impedir las ejecuciones movilizando un movimiento para reforzar sus esfuerzos legales. En este momento, podemos utilizar esta estrategia para defender nuestros movimientos. Debemos construir fuerzas capaces de ponerla en práctica, ahora y en el futuro.

    Foto: Archivo Bettman / Getty Images

  • Periodico de La Voz: número julio-agosto 2025

    ¡Un nuevo nombre para el mismo periódico excelente! La crisis del autoritarismo cada vez más profundo de la administración Trump está centrando sus ataques en los inmigrantes, los musulmanes y la comunidad LGBTQIA+. Millones de trabajadores y estudiantes se están movilizando en las calles para oponerse a las redadas, las deportaciones, la restricción del debido proceso y la destrucción de nuestras libertades civiles. Lea el punto de vista socialista en el número actual de La Voz de los Trabajadores/Workers’ Voice.

    La edición de julio-agosto de 2025 de nuestro periódico ya está disponible en formato impreso y en línea como pdf. ¡Lee hoy mismo el último número de nuestro periódico con una descarga gratuita en pdf! Como siempre, agradecemos cualquier donación para ayudar con los gastos de impresión.

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  • ¡Un llamado a las calles en defensa de Irán y Palestina! ¡Derrotemos la agresión militar yanqui y sionista!

    Por el Secretariado Internacinal de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional

    Estados Unidos atacó directamente a Irán, sumándose así a la agresión sionista israelí contra ese país. Utilizaron los aviones más modernos del mundo y las mayores bombas no atómicas conocidas, para atacar a un país semicolonial.

    El argumento utilizado -“Irán no puede tener armas nucleares”- es la expresión más cínica de la arrogancia imperialista. Quien dice esto es el país imperialista que más armas nucleares posee, aliado con otra potencia nuclear que es Israel: exigen tener exclusividad en su poder de destrucción.

    Se trata de una brutal ofensiva militar imperialista que merece el repudio de los activistas de todo el mundo. No se trata de una guerra más. Es la continuación ampliada del genocidio sionista israelí sobre Gaza. Es el intento de imponer el terror militar sobre los pueblos del mundo.

    Los socialistas revolucionarios de todo el mundo tienen el deber de estar en la trinchera militar de Irán en esta guerra, porque se trata del ataque del país imperialista más poderoso del mundo contra un país semicolonial.

    El resultado de esta guerra influirá en los procesos de la lucha de clases en todo el mundo. Si el imperialismo gana, legitimará su intervención militar a nivel global. Si pierde, se fortalecerán las luchas de los pueblos contra la explotación a nivel internacional.

    Y ese resultado está abierto. Su desenlace no dependerá únicamente de la superioridad militar imperialista. Está comenzando en todo el mundo una nueva oleada de movilizaciones que puede ser mucho mayor que las existentes hasta ahora, reflejando la enorme polarización social y política que generará esta intervención militar yanqui.

    Esto no significa, de nuestra parte, ningún apoyo político al régimen de los ayatolás iraníes, una dictadura al servicio de la burguesía, construida en torno al Estado surgido de la revolución iraní de 1979, y que aplastó a esa revolución. Defendemos la más completa independencia política respecto al régimen iraní.

    Estados Unidos e Israel tienen dos objetivos militares y políticos definidos: acabar con la capacidad nuclear iraní y derrocar al régimen de los ayatolás para imponer un nuevo gobierno vinculado a la familia del antiguo Sha Reza Pahlevi, derrocado por la revolución de 1979. ¿Lograrán imponer estos objetivos? En este momento, nadie puede prever el resultado de este conflicto. Hasta ahora, incluso con toda la superioridad militar y la masacre de 60 mil palestinos, Israel no ha logrado sus objetivos declarados en Gaza: la destrucción de Hamas y el rescate de los rehenes. El resultado de este conflicto está abierto.

    El imperialismo ya fue derrotado en el pasado en Vietnam, así como en Irak y Afganistán, y puede volver a serlo. Eso dependerá de la continuidad de la resistencia palestina e iraní y de la magnitud de las movilizaciones contra el imperialismo en todo el mundo.

    Los imperialismos chino y ruso se limitan a declaraciones diplomáticas contra la intervención militar norteamericana. A pesar de sus alianzas con el régimen iraní, no están dispuestos a enfrentar militarmente al imperialismo estadounidense. Putin, cínicamente, cambia Irán por Ucrania, privilegiando su acuerdo con Trump sobre Ucrania antes que su alianza con Irán.

    Los gobiernos imperialistas europeos salieron en defensa del ataque norteamericano o se limitaron a defender una solución diplomática. No existe un imperialismo “progresista”.

    Nos sumamos a los llamados que ya están resonando en todas partes del mundo por movilizaciones en los próximos días contra la alianza contrarrevolucionaria de EE.UU. con Israel contra Irán. Veremos la respuesta de las masas del mundo ante esta brutal agresión.

    Es posible derrotar al imperialismo si movilizaciones como las que hubo contra la guerra en Vietnam sacuden a EE.UU. Si avanzan movilizaciones masivas en los países imperialistas europeos, combinadas con acciones directas y huelgas donde sea posible.

    Es fundamental retomar la primavera árabe para derrocar a los gobiernos y regímenes árabes aliados de EE.UU. e Israel como Egipto, Jordania y Arabia Saudita. Solo así el enorme apoyo político de las masas árabes a los palestinos podrá transformarse en apoyo militar efectivo a la lucha de Gaza.

    Una nueva intifada debe sacudir los territorios palestinos para unirse a la lucha de Gaza.

    ¡Por la derrota del imperialismo estadounidense e israelí! ¡Por la victoria de Irán y Palestina!

    ¡Boicot y ruptura de las relaciones económicas y políticas de los gobiernos con Israel!

    ¡Ninguna confianza política en el régimen de los ayatolás!

    ¡Por la destrucción del Estado de Israel! ¡Palestina libre, del río al mar!

  • Informe de Los Ángeles: Autodefensa comunitaria contra las redadas del ICE

    Por NATALIA T. y MAR RENO

    LOS ÁNGELES—La administración Trump, desde enero de 2025, ha marcado un claro aumento en la represión contra la clase trabajadora en Estados Unidos. El secuestro de los activistas políticos Mahmoud Khalil, Jeanette Vizguerra y otros, y la colaboración de múltiples agencias federales para llevar a cabo redadas del ICE en todo el país de manera descarada, han desencadenado movilizaciones masivas.

    En un intento de cumplir su promesa de superar a Obama como «el jefe deportador», Trump ha ordenado 3000 deportaciones diarias y ha dado carta blanca a todas las agencias federales para que cumplan con su plan. Ha elegido Los Ángeles como primera víctima de este monstruo. Lo que Trump no ha entendido es que nuestra ciudad defiende a su gente.

    La toma militar de Los Ángeles

    El viernes 6 de junio comenzó un fuerte aumento de las redadas del ICE en el área metropolitana de Los Ángeles, desde zonas tan al norte como Glendale hasta tan al sur como Paramount e Inglewood. A los cinco días de las redadas, 330 personas habían sido detenidas por la migra y un número similar había sido detenido por la policía de Los Ángeles, la Guardia Nacional, Seguridad Nacional e incluso el FBI por protestar. Desde el principio, miles de personas salieron a las calles para protestar, en su mayoría adultos menores de 40 años y jóvenes en edad de secundaria.

    La primera noche del toque de queda impuesto a las 8 de la tarde por la alcaldesa demócrata Karen Bass, 225 personas fueron detenidas y acusadas de no dispersarse. La segunda noche del toque de queda, los agentes no esperaron a que se pusiera el sol y comenzaron a «acorralar» a los manifestantes (atraparlos en un cerco policial) y a detenerlos a las 7:30.

    Junto a unos 5 millones de personas en todo el país, casi 200 000 salieron a las calles para la manifestación del «Día sin reyes», donde, más tarde, la policía disolvió una marcha de 2000 personas en el centro de Los Ángeles (DTLA) disparando gases lacrimógenos y balas de goma, cargando contra civiles con caballos y porras, y dejando a muchos con heridas espantosas (dedos amputados, piernas rotas, etc.). Los trabajadores de la prensa y los medios de comunicación no se escaparon de la brutalidad, como demuestra un incidente notorio en el que un periodista australiano, claramente identificado y completamente al margen de la protesta, recibió un disparo en la pierna con una bala recubierta de goma mientras retransmitía en directo.

    Desde entonces, los miembros de la comunidad y las patrullas organizadas han documentado cómo el ICE irrumpe violentamente en casas o coches para detener a personas, irrumpe en mercados públicos y festivales de barrio para detener a personas al azar e incluso comete varios atropellos con fuga. Geográficamente, ningún lugar se considera seguro frente al terror. El ICE ha atacado graduaciones de estudiantes, fábricas, lavaderos de coches, iglesias, hospitales, aparcamientos de Home Depot y audiencias judiciales. Todos estos actos terroristas han sido facilitados por la plena cooperación de la policía de Los Ángeles y los sheriffs del condado de Los Ángeles, lo cual es ilegal según las leyes de la supuesta «ciudad santuario».

    La catástrofe llega en un momento en que la ciudad aún se está recuperando de algunos de los incendios forestales más destructivos de la historia del estado, que se produjeron en enero de 2025. A pesar de que la comunidad latina, que constituye más del 50 % de la población local, levantó la ciudad y a sus residentes participando en la ayuda mutua, la limpieza y la reconstrucción, esta misma comunidad se encuentra ahora bajo un confinamiento aún más brutal que el de la pandemia de COVID-19. Barrios que antes eran vibrantes, con comida, música y comunidad, son ahora pueblos fantasmas, ya que la gente tiene miedo de salir de sus casas para ir a trabajar o a comprar comida. Se han vuelto virales varios vídeos en los que se ve a niños haciendo el trabajo de sus padres, que temen ser detenidos.

    A diferencia de las operaciones del ICE previas a este periodo, que se dirigían a personas en sus hogares, estas redadas se diferencian en varios aspectos. En primer lugar, son más numerosas, con docenas de ellas cada día en todo el condado. Hay más agencias involucradas, no solo el Departamento de Seguridad Nacional, el ICE, la Administración para el Control de Drogas y el FBI, como era habitual, sino que ahora cuentan con la ayuda del Departamento de Policía de Los Ángeles, los sheriffs, la Guardia Nacional de California y los marines estadounidenses. Estas agencias pretenden tener una presencia visible en todas las comunidades de Los Ángeles y se han centrado en los espacios públicos de los barrios mayoritariamente latinos. A cualquier hora del día se pueden ver pelotones de una docena o más de vehículos policiales circulando a toda velocidad por las calles, con las sirenas a todo volumen, mientras los helicópteros sobrevuelan sin descanso.

    La clase trabajadora de Los Ángeles se defiende

    La incursión militar no ha sido recibida con pasividad. Desde el primer día de las redadas, Los Ángeles se ha organizado rápidamente y se ha movilizado en defensa de la comunidad, en un clima en cual la ayuda mutua y la solidaridad son la norma. Hilos de Signal, Instagram, canales de Twitch y otras redes informales son fuentes de información, coordinación y ayuda mutua para las decenas de miles de personas dispuestas a protestar.

    El edificio federal del centro de la ciudad y toda la zona circundante han sido uno de los principales escenarios de las protestas. Sirve como centro de procesamiento y zona de retención temporal para las personas detenidas por el ICE. Las condiciones de estas instalaciones son atroces: personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos, son retenidas en un aparcamiento subterráneo, esposadas y encadenadas, sin acceso a comida, agua ni abogados. Según los informes, la policía incluso ha llegado a lanzar gases irritantes a funcionarios públicos elegidos democráticamente cuando intentaban entrar en las instalaciones. Las familias esperan todo el día en un intento desesperado por ver a sus seres queridos. «Solo le dejaron hacer una llamada de 20 segundos. Así es como sé que estaba aquí», dijo una mujer con la que hablamos en una protesta.

    Las protestas han sido masivas, sostenidas y se han extendido por toda la ciudad, con una mezcla de espontaneidad y organización. El día de la graduación, en respuesta a la presencia de agentes del ICE frente a muchas escuelas del distrito, cientos de estudiantes de secundaria salieron de clase y tomaron las calles para protestar, a pesar de que la policía bloqueó las carreteras y se apostó en la estación de tren cerca del centro de la ciudad. Por otro lado, organizaciones y coaliciones, como la amplia Coalición de Autodefensa Comunitaria, integrada por 70 miembros, están formando a voluntarios para vigilar y rastrear la actividad del ICE. Cuando se entera alguien de una redada, se llama a una línea directa y, lo antes posible, se envían voluntarios a la zona para documentar la acción, informar a las víctimas de sus derechos (a menudo simplemente gritando con un megáfono) y, mediante la participación masiva, expulsar al ICE de la comunidad.

    Es difícil estimar cuántas personas han salido a la calle en un momento dado. La respuesta a las redadas del ICE ha sido dispersa, con algunas manifestaciones que han reunido a miles de personas y otras a unos pocos cientos. El carácter disperso de las protestas se debe en parte a la inmensidad geográfica de Los Ángeles (agravada por el cierre de las estaciones de metro cercanas al centro y los bloqueos policiales de los barrios del centro), pero también es el resultado de la movilización intencionada de las fuerzas comunitarias hacia los lugares donde se producen las redadas del ICE para impedir que arresten y desaparezcan a personas.

    Por ejemplo, el 7 de junio, el suburbio obrero de Paramount se enfrentó a una importante redada del ICE en una planta de envasado de carne. Miles de vecinos y miembros de la comunidad se congregaron en la zona para protestar, lo que provocó que las fuerzas del ICE tuvieran que abandonar finalmente la zona, mientras que más de dos docenas de trabajadores que se habían atrincherado en la sala de descanso pudieron subir a sus coches y regresar a casa sanos y salvos. En Compton, South Central, Pico Rivera y el noreste se han desarrollado protestas defensivas similares. En los suburbios relativamente ricos y conservadores de Pasadena y Glendale, se llevan a cabo cacerolazos (protestas golpeando ollas) frente a los hoteles donde duermen los agentes federales.

    Los Republicanos y los Demócratas contra la clase trabajadora

    Lo que está sucediendo en la ciudad no es solo el intento de la administración Trump de cumplir su promesa electoral de deportaciones masivas, ni tampoco es solo un intento de llevar al límite el poder de Trump contra las instituciones «democráticas» del Estado (los tribunales, las oficinas públicas, etc.). Los medios de comunicación dominantes retratan una disputa entre demócratas y republicanos sobre la democracia, los derechos de los estados y otras cuestiones, pero en la práctica ambos partidos trabajan codo con codo para explotar a la clase trabajadora y hacer cumplir el sistema salarial capitalista. Semanas antes de que se llevaran a cabo las redadas, el gobernador de California, Gavin Newsom, defendió una sentencia del Tribunal Supremo que criminaliza la falta de vivienda, un tremendo problema social en un estado con el tercer índice de coste de la vida más alto del país. En el condado de Los Ángeles, 75 000 personas duermen en la calle cada noche.

    La alcaldesa demócrata de Los Ángeles, Karen Bass, mientras culpaba retóricamente a la administración Trump por el caos de las redadas, pidió públicamente a la comunidad que se uniera para limpiar las calles, alimentando esencialmente la falsa narrativa de que los manifestantes, en su mayoría pacíficos, han causado destrucción en el centro de Los Ángeles. Cuando se le preguntó por qué la policía de Los Ángeles y los sheriffs del condado de Los Ángeles habían incumplido la política local de santuario al facilitar las redadas del ICE, Bass mintió abiertamente y afirmó que la policía solo se había ocupado de asuntos municipales, como la gestión del tráfico en las zonas afectadas. Con el fin de aplastar el movimiento, tras cuatro días de protestas, la alcaldesa decretó el toque de queda en el centro de Los Ángeles y, durante la primera noche, 225 personas fueron detenidas antes del atardecer. En las noches siguientes, decenas de personas fueron detenidas antes incluso de que entrara en vigor el toque de queda.

    La prioridad de Bass nunca ha sido detener los ataques contra la comunidad inmigrante ni proteger la dignidad humana, y mucho menos la economía y el funcionamiento básico de la ciudad. En un momento en el que muchos funcionarios públicos han sido maltratados y detenidos públicamente por cuestionar a los matones del ICE, la alcaldesa Bass es muy consciente de los actos atroces que se están cometiendo en las calles que ella pretende proteger.

    ¡Organicemos a la clase trabajadora!

    La represión de los levantamientos en las calles lleva mucho tiempo en marcha y, con cada día que pasa, el movimiento se transforma y se renueva. Al mismo tiempo, el Gobierno está recopilando información sobre individuos y grupos a través de su aparato de vigilancia masiva. Los republicanos han enviado cartas de investigación a varias organizaciones del movimiento acusándolas de pagar a los manifestantes, una acusación ridícula que nos recuerda la época de McCarthy y del movimiento por los derechos civiles, cuando el Estado encarcelaba y asesinaba sin piedad a los líderes del movimiento.

    Para luchar y defender a nuestra clase, tenemos que organizarnos mejor que el Estado capitalista y sus fuerzas represivas. La brutalidad de la policía tiene como objetivo disuadir a la clase trabajadora de participar; tiene como objetivo mantenernos en casa y atemorizados. La rica historia de lucha contra las dictaduras en Chile y Brasil, y las luchas por la liberación negra y chicana en Estados Unidos, nos muestran que las organizaciones con miembros que han aprendido su lecciones tienen un importante papel protector que desempeñar en la planificación y dirección de las movilizaciones, proporcionando todo tipo de ayuda a quienes están en las calles y en la dirección estratégica del movimiento.

    Ahora es el momento de que los revolucionarios, los sindicatos y las organizaciones comunitarias se unan en coaliciones de frente único con un funcionamiento verdaderamente democrático. Nuestras organizaciones revolucionarias también deben cultivar la conciencia de clase a través de nuestra propia educación y mantener la moral del movimiento mediante el cuidado colectivo y los eventos sociales politizados. Estas importantes características cualitativas también son necesarias para prevenir la infiltración, la desorganización y la destrucción, como la guerra librada contra el Partido Pantera Negra y otros grupos a través del programa COINTELPRO del FBI en los años sesenta y setenta.

    A través de la organización continua para ampliar el movimiento, el desarrollo del liderazgo político en nuestras organizaciones, el cuidado colectivo y la permanencia en las calles, Los Ángeles mostrará a los trabajadores cómo es la resistencia al autoritarismo.

  • Los estudiantes chinos se han convertido en moneda de cambio en la guerra comercial entre Estados Unidos y China

    Por LENA WANG

    El 28 de mayo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció que el Departamento de Estado «colaboraría con el Departamento de Seguridad Nacional para revocar de forma agresiva los visados de los estudiantes chinos, incluidos aquellos con vínculos con el Partido Comunista Chino (PCCh) o que estudian en campos críticos». Esta amenaza se produce tras el intento frustrado de la Administración Trump de revocar el estatus de varios miles de estudiantes internacionales en el Sistema de Información sobre Estudiantes y Visitantes de Intercambio (SEVIS), una medida adoptada con el objetivo de reprimir a los manifestantes pro palestinos.

    La declaración de Rubio revela una intención flagrante de seguir condicionando el estatus migratorio de los estudiantes internacionales en Estados Unidos en función de sus opiniones políticas y su nacionalidad. En particular, supone una continuación de la reciente hostilidad de Estados Unidos hacia los ciudadanos chinos en el ámbito académico y de su discriminación secular contra los inmigrantes chinos.

    De hecho, la diáspora china fue la primera en ser objeto de restricciones federales a la inmigración a Estados Unidos a través de la Ley Page de 1875. Fue seguida por la Ley de Exclusión China de 1882, más exhaustiva, que prohibió la entrada a Estados Unidos a la mayoría de los inmigrantes chinos hasta su derogación con la Ley Magnuson de 1943, que se aprobó en gran medida porque China se había convertido en aliada de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En medio de las tensiones de la Guerra Fría en la década de 1950, Estados Unidos volvió a limitar la inmigración china y asiática mediante la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1952, que asignaba cuotas a la mayoría de los inmigrantes en función de su origen nacional, mientras que a los asiáticos se les asignaban cuotas basadas en la raza.

    Hoy en día, a medida que aumentan las tensiones entre Estados Unidos y la República Popular China, el Gobierno estadounidense vuelve a tomar medidas racistas y xenófobas contra los inmigrantes chinos. Los 300 000 estudiantes internacionales chinos en Estados Unidos, un sector esencial de la educación superior estadounidense, han sido un área clave de controversia en la rivalidad entre Estados Unidos y China desde el primer mandato de Trump.

    En noviembre de 2018, el Departamento de Justicia de Estados Unidos puso en marcha la Iniciativa China, un programa que pretendía investigar y enjuiciar a cientificos de universidades estadounidenses sospechosos de robo de propiedad intelectual en nombre del PCCh. Según la revista MIT Technology Review en 2021, la Iniciativa China fracasó en sus propios términos, ya que miles de investigaciones solo dieron lugar a 148 acusaciones, de las cuales menos de un tercio condujeron a una condena. Al lanzar acusaciones infundadas de espionaje contra académicos basándose únicamente en su origen étnico, la Iniciativa China destruyó la vida y la carrera de muchos académicos chinos, provocando que más de un centenar de cientificos perdieran sus puestos de trabajo y llevando al suicidio al menos a un científico.

    A fecha de 11 de junio, Trump ha renegado de su amenaza contra la matriculación de estudiantes internacionales chinos, anunciando que se les permitirá continuar sus estudios si China suministra imanes y minerales raros a empresas estadounidenses a cambio. Por supuesto, esto no significa que los estudiantes internacionales chinos estén a salvo, sino que se han convertido en una importante moneda de cambio en la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Mientras se intensifican las tensiones interimperialistas, los derechos de los estudiantes chinos penden de un hilo.

    A medida que el gobierno estadounidense lanza un ataque frontal contra los derechos de los inmigrantes, es imperativo que organicemos a los miembros afectados de la diáspora china y construyamos una coalición amplia y diversa en defensa de todos los inmigrantes y residentes nacidos en el extranjero, conectando las luchas de las comunidades china, latina y palestina, entre otras. Para contrarrestar con éxito los crecientes ataques contra los derechos de los inmigrantes, será necesario construir la solidaridad en toda la clase trabajadora, en nuestros sindicatos y barrios, para luchar contra las ilusiones xenófobas y exigir protecciones para los ciudadanos internacionales chinos y todos los no ciudadanos.

  • Trump y la migra depliegan el terror contra los inmigrantes

    Por N. IRAZÚ

    El movimiento inmigrante se encuentra ahora en el centro de la lucha dentro de Estados Unidos. Es la punta de lanza de las políticas racistas y antiobreras de Donald Trump. En su cargo de presidente —y jugando con la idea de mantenerse así indefinidamente— decidió utilizar a la población inmigrante de Los Ángeles como laboratorio para su campaña de deportaciones masivas. Agentes del FBI y del ICE detuvieron a miles de inmigrantes en sus lugares de trabajo, tiendas, iglesias y escuelas.

    Los manifestantes de Los Ángeles no se quedaron callados. Enfrentó a la migra (como se conoce coloquialmente al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, por sus siglas en inglés) y sus tácticas de Gestapo (la policía secreta del régimen nazi, conocida por sus métodos de persecución, tortura y represión brutal). A mediados de junio, la administración Trump utilizó esta resistencia como pretexto para poner a Los Ángeles bajo ocupación militar de facto, movilizando a la Guardia Nacional de California y desplegando a los marines contra el pueblo de Los Ángeles.

    La crueldad de las redadas de inmigración en Los Ángeles y otros lugares provocó enormes protestas en todo el país y fue uno de los temas principales de las marchas masivas No Kings del 14 de junio. No se puede minimizar la respuesta de las masas a esta campaña de terror, ni se puede negar que se trata de una campaña de terror.

    La lucha de los inmigrantes en este país no es nada nuevo; el peso del proletariado inmigrante en la lucha de clases en Estados Unidos siempre se ha dejado sentir. Se trata de un proletariado sometido a un régimen de excepción, que vive entre la deportación y la legalidad, superexplotado por los propietarios de la industria y el comercio de este país.

    Los mártires de Chicago, inmigrantes cuya sangre dio origen al Primero de Mayo, protagonizaron la revuelta de Haymarket, que tuvo lugar el 4 de mayo de 1886 en Haymarket Square, Chicago. La Gran Huelga de Inmigrantes de 2006, bajo la administración republicana de George W. Bush, en la que millones de trabajadores inmigrantes y sus aliados se negaron a aceptar las medidas antiinmigrantes, demostró el poder de este sector de la clase obrera en nuestra época. Trajeron aquí las tradiciones de lucha de sus tierras natales, reforzando la historia viva de la lucha de los trabajadores estadounidenses.

    Mientras Trump busca someter y aterrorizar al proletariado inmigrante en todo el país, y al mismo tiempo que miles de personas se levantan en repudio a esta ofensiva, el Partido Demócrata no ofrece más que palabras bonitas y maniobras legales ante un asedio abiertamente ilegal por parte de la Guardia Nacional y los marines. Dejarse llevar por el canto de sirenas de los demócratas sería firmar la sentencia de muerte de la lucha contra este gobierno; sería renunciar a la única posibilidad de liberación: permanecer en las calles.

    Tenemos que organizarnos independientemente de los partidos de los ricos. Organizar nuestros barrios, nuestras universidades y nuestros lugares de trabajo será crucial para construir una respuesta colectiva, defendernos y resistir. Ninguna otra fuerza detendrá esta ofensiva.

    La lucha ya ha establecido vínculos con los sindicatos, en parte como respuesta a la represión del propio gobierno, que sigue arremetiendo contra el proletariado organizado. Líderes sindicales como David Huerta, del SEIU (Sindicato Internacional de Empleados de Servicios), han sido detenidos. Kilmar Armando Ábrego García, miembro del SMART (Sindicato Internacional de Trabajadores del Metal, Aire, Ferrocarril y Transporte), fue deportado a un campo de concentración para inmigrantes en El Salvador. Estudiantes trabajadores como Mahmoud Khalil (Universidad de Columbia) y Rümeysa Öztürk (Universidad de Tufts), afiliados al UAW (Sindicato de Trabajadores del Automóvil), han sido perseguidos por su apoyo público a la causa de la libertad del pueblo palestino, sometido a la ocupación y al genocidio por parte de Israel, con el respaldo tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata.

    Debemos pedir a los sindicatos que denuncien estos ataques y que se levanten en una lucha incesante contra la campaña de terror del gobierno. Los activistas deben ayudar a concienciar a las bases sindicales sobre la necesidad de la solidaridad en esta lucha y sobre el poder que tienen los trabajadores. A medida que los ataques que estamos sufriendo siguen aumentando, solo la clase trabajadora puede responderles de forma decisiva.

    Tenemos que plantear la necesidad de la acción de la clase trabajadora (piquetes, huelgas, ralentizaciones, etc.) para contrarrestar estas políticas, así como organizar la autodefensa de los trabajadores para proteger a toda nuestra clase, tanto a los ciudadanos como a los inmigrantes. Porque, como bien sabemos en el movimiento obrero, «un golpe contra uno es un golpe contra todos».

    Concretamente, necesitamos construir un frente único de lucha, organizando a los sectores más amplios de la población que están indignados con este gobierno, uniendo a los sindicatos, las organizaciones que luchan por las causas más diversas y a los activistas independientes en un gran movimiento capaz de derrotar a este gobierno que amenaza las libertades civiles de toda la clase trabajadora.

    La libertad de circulación es un derecho humano básico. Las restricciones a la inmigración no ayudan a los trabajadores y no nos protegen. Hacen más precaria la vida de los trabajadores y devalúan la vida humana a un nivel fundamental, dificultando la denuncia y la organización contra la injusticia en el trabajo y en general. En lugar de ceder terreno a la extrema derecha, que convierte a los inmigrantes en chivos expiatorios de los problemas del capitalismo, debemos mantenernos firmes y luchar por la regularización de todos.

    Aun así, la única manera de garantizar que los ataques contra los inmigrantes y todos los trabajadores lleguen a su fin es que la clase trabajadora en su conjunto tome el mando político, creando un Estado obrero verdaderamente democrático e internacionalista que busque desmantelar el brutal sistema capitalista y todas sus barbaridades. Esto requerirá una revolución socialista.

    ¡Alto a las deportaciones!

    ¡Fuera el ICE de nuestras comunidades!

    ¡Sigamos en las calles!

    ¡Papeles para todos!

    ¡La lucha de los inmigrantes es la lucha de la clase trabajadora!

    Foto: Los Angeles Times

  • ¡Un golpe contra uno es un golpe contra todos!

    Por CHRISTINE MARIE

    En el Día sin Reyes, más de cinco millones de personas salieron a las calles para rechazar el impulso hacia el autoritarismo y su figura emblemática, Donald Trump. Las acciones del 14 de junio se produjeron tras manifestaciones igualmente poderosas en abril y mayo.

    Sin embargo, a pesar de estas crecientes movilizaciones, seguimos con un montón de casos pendientes en cuales los estudiantes palestinos y otros estudiantes internacionales, así como los trabajadores inmigrantes y los organizadores sindicales, siguen encarcelados o a la espera de juicios con penales muy duras. Los jóvenes trans y las personas con discapacidad siguen despertando cada día con el temor de perder la asistencia médica y, por necesidad, emprenden mil luchas individuas para proteger sus derechos en las escuelas, el sistema médico, los deportes y la vivienda. Los maestros y los trabajadores de los servicios sociales y sanitarios deben estar preparados cada día para proteger a los estudiantes, los pacientes y las personas desfavorecidas de ser detenidos por la migra o ser privados de servicios.

    Recientemente, el líder de extrema derecha del Comité del Senado de los Estados Unidos sobre el Crimen y el Terrorismo, Josh Hawley, inició una dramática y pública investigación al estilo  macartista contra organizaciones políticas y proveedores de servicios para los inmigrantes en Los Ángeles, acusándolos de «financiar la violencia». Entre estas organizaciones se encuentran el Union del Barrio, CHIRLA y el Partido por la Liberación y el Socialismo. Las audiencias federales de su comité podrían dar lugar a graves acusaciones que podrían utilizarse para amenazar a todos los que organizan movilizaciones. Del mismo modo, el mantenimiento de los cargos por delitos graves contra el presidente del SEIU de California, David Huerta, tenía como objetivo meterle el miedo en los corazones de los líderes sindicales que quieren defender a sus miembros.

    Debemos estar atentos a esta lista de víctimas de la persecución política y comprender que ganar cada caso individual es un componente clave de una estrategia de resistencia nacional exitosa. Si estos casos se subordinan a cualquiera de las muchas otras luchas políticas y económicas que estamos llevando a cabo, será a costa del movimiento obrero.

    Utilizar nuestras herramientas más poderosas para ganar de manera decisiva estos casos emblemáticos es una tarea fundamental que debe ser asumida por todos los polos de organización, especialmente por los sindicatos. En Connecticut, los activistas laborales han demostrado recientemente lo posible que es avanzar en esta perspectiva dentro de los sindicatos claves. El 8 de junio, el Comité de Defensa de las Libertades Civiles de Connecticut (https://www.ctcivillibertiesdefense.org) organizó una manifestación respaldada por la Asociación de Educación de Connecticut, las Federaciones de Docentes de Hartford y Nuevo Haven, el Congreso de Colegios Comunitarios de Connecticut SEIU 1973, varias secciones de la AAUP, Unite-Here Local 217, GEU UA Local 6950, Unidad Latina en Acción, Hartford Deportation Defense y otras organizaciones de la clase trabajadora. Cada una de estas organizaciones que respaldaron la manifestación adoptó una lista de demandas que incluía «Liberen a Mahmoud Khalil, retiren todos los cargos contra Rumeysa Ozturk, devuelvan a Kilmar Abrego García y a todos los presos del CECOT, detengan las deportaciones, detengan los ataques contra las personas LGBTQ+», junto con consignas que abogaban por la protección y la financiación de nuestras escuelas, universidades, atención médica y servicios sociales.

    Los apoyos se construyeron a partir de debates dentro de estos sindicatos, incluido uno en la convención estatal de la CEA que reafirmó la solidaridad sindical con Mahmoud Khalil. Los oradores de la CEA y otros sindicatos de la educación que participaron en la plataforma el 8 de junio dejaron claro que creían que los sindicatos deben tomar la iniciativa, no solo en las luchas económicas, sino también en la defensa de nuestros derechos a protestar y en la defensa de los inmigrantes y otros miembros oprimidos de la comunidad. Este avance está en consonancia con el lanzamiento de Labor for Democracy, una formación que incluye al menos 14 sindicatos nacionales que se alinean con estos claves casos de defensa. El Comité de Defensa de las Libertades Civiles de Connecticut tiene previsto profundizar en la defensa de estas víctimas con una conferencia estatal sobre la educación y la organización en septiembre. Esta experiencia y este modelo local deben enriquecerse con el trabajo de los militantes sindicales de todo el país. ¡Una ataque contra uno es un ataque contra todos!

    Foto superior: Manifestación «Ningun Rey» en Hartford, Connecticut, el 14 de junio. (Mark Mirko / Conn. Public) Abajo: Manifestación del 9 de junio en Los Ángeles para pedir la liberación del líder del SEIU David Huerta. (Mario Tama / Getty Images)

  • Millones se manifiestan contra la represión de Trump en acciones nacionales bajo el lema «No a los reyes»

    Por MICHAEL SCHREIBER

    El 14 de junio fue un día de contrastes. Bajo un cielo gris en Washington D. C., Donald Trump celebró su cumpleaños con un desfile militar al que asistieron muy pocos espectadores. Mientras tanto, en ciudades y pueblos de todo el país, millones de personas salieron a las calles bajo el lema «¡Ningun Rey!». La avalancha de manifestantes, liderados por una coalición de activistas por la democracia, organizaciones sindicales y grupos de derechos civiles, fue de proporciones históricas. Fue una magnífica muestra de valentía, resistencia y determinación.

    El presidente, que se ha autodenominado «rey» sin quedar claro si lo consideraba un chiste, esperaba sin duda poder ofrecer un espectáculo a la altura de otros «grandes líderes» autoritarios y egocéntricos de la historia. Sin embargo, las gradas a lo largo del recorrido del desfile estaban prácticamente vacías. El presidente y sus invitados permanecieron impasibles tras cristales antibalas y luchaban visiblemente por mantenerse despiertos mientras pasaban interminables columnas de tanques y camiones. La parte más animada del espectáculo de 45 millones de dólares fue cuando un par de perros roboticos se cruzaron ante la tribuna de honor.

    Por supuesto, el elogio de Trump al ejército estaba estrechamente relacionado con su declaración de guerra a los inmigrantes, señalada por la movilización de la Guardia Nacional y unidades de la Marina contra los manifestantes en Los Ángeles la semana anterior. Y coincidió con el ataque no provocado de Israel contra Irán, que ha contado con la ayuda del ejército estadounidense. Se han enviado buques de la Armada de los Estados Unidos al Golfo Pérsico, mientras Trump considera involucrarse más directamente en la guerra contra Irán. Tal medida amenazaría con desencadenar una guerra mucho más amplia en Oriente Medio.

    Trump proclamó que no se permitirían actos de disidencia en Washington D. C. el 14 de junio y que las protestas contra su desfile militar serían respondidas con «mucha fuerza». Motivó sus amenazas describiendo a los manifestantes como «gente que odia a nuestro país». Del mismo modo, cuando la prensa le preguntó por las protestas contra las redadas de inmigración en Los Ángeles, exclamó: «¡Son insurrectos pagados!». Pero, en lugar de asustar a la mayoría de la gente, los intentos de intimidación de Trump parecieron persuadir a muchos más a unirse a las protestas.

    «El presidente Trump quiere tanques en las calles y una demostración de dominio para la televisión en su cumpleaños», declaró el movimiento de protesta Ningun Rey en su página web. «Pero el poder real no esta en Washington. Se levanta en todas partes. Ningun Rey es un día de desafío a nivel nacional».

    La gente respondió al llamamiento a la acción y salió a las calles como nunca antes. Carteles coloridos y cánticos rechazaban rotundamente las políticas cada vez más autoritarias de Trump. Los manifestantes señalaron las brutales redadas de deportación contra los inmigrantes y plantearon demandas como «¡Fuera la Guardia Nacional de Los Ángeles!». Otras demandas se referían a los recortes inminentes a Medicaid y otros programas sociales, los ataques a la DEI y a las personas trans, el desmantelamiento de las medidas contra el cambio climático y para la protección del medio ambiente, y mucho más.

    Anu Joshi, directora nacional de la campaña de inmigración de la Unión Americana de Libertades Civiles, una de las principales organizadoras de las manifestaciones, dijo que la gente parecía mobilizada por la «crueldad» que han presenciado en las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). «Estamos viendo el increíble abuso de poder que está ejerciendo esta administración, y la gente ya no puede quedarse al margen», declaró a la prensa. «Creo que cuando ves a niños atados con bridas por agentes que llevan mascarillas y arrancados de sus padres porque van a acudir a su cita en el tribunal, la gente se conmueve y no quiere vivir en un país donde esa es la ley».

    ¿La mayor movilización de protesta de la historia?

    Los principales patrocinadores de la movilización nacional, entre los que se encuentran Indivisible, ACLU, 50501, Move On!, etc., coincidieron en que más de 5 millones de personas participaron en los actos de No Kings en al menos 2100 pueblos y ciudades de todo el país. Posiblemente fue la mayor manifestación política de un solo día en la historia de Estados Unidos, superando incluso a los más de 4 millones de personas que se manifestaron en todo el país en la Marcha de las Mujeres que tuvo lugar poco después de que Trump llegara al poder en 2017.

    El número de manifestantes en un solo lugar también fue extraordinario. La mayor acción tuvo lugar en Boston, donde el evento Ningun Rey coincidió con el desfile anual del Orgullo LGBTQ, ya previsto. Indivisible y 50501 se asociaron con Boston Pride for the People como principales patrocinadores del evento combinado. Alrededor de un millón de personas llenaron el Boston Common y se alinearon en las calles. Las pancartas decían: «Resistir con orgullo» y «¡Ningun Rey pero dale Reinita!».

    Alrededor de 200 000 personas se manifestaron en la marcha Ningun Rey en Los Ángeles, epicentro de las redadas antiinmigrantes de Trump durante las últimas semanas. Entre la multitud había muchas personas de origen mexicano o centroamericano. Mientras marchaban, pasaron junto a tropas de la Guardia Nacional y marines que estaban apostados fuera de los edificios gubernamentales. Lamentablemente, hacia el final del evento, la policía, con caballos y vehículos blindados, atacó a varios manifestantes. Utilizaron balas de goma, granadas aturdidoras y gas lacrimógeno contra los manifestantes, hiriendo a varias personas.

    En una declaración a FOX News, Hunter Dunn, portavoz nacional de 50501, dijo: «Hoy, más de 200 000 personas se han reunido pacíficamente en el centro de Los Ángeles para protestar contra la atroz extralimitación de esta administración. Aunque el evento oficial de Ningun Rey concluyó a primera hora del día, muchos permanecieron en las calles para continuar con su protesta pacífica. La escalada de violencia provino de las fuerzas del orden, no de los manifestantes, que respondieron con gases lacrimógenos y una violenta represión de la multitud. Uno de los organizadores recibió un disparo directo con una bala de goma mientras repartía suministros. Condenamos rotundamente este uso innecesario y agresivo de la fuerza, y apoyamos a todas las personas que optaron por la paz ante la provocación».

    Filadelfia, que había sido señalada como la «ciudad insignia» de las protestas de Ningun Rey, vio cómo 100 000 personas marchaban por la Benjamin Franklin Parkway a pesar de la lluvia ligera y de las previsiones de un aguacero más intenso (la policía dio la cifra de 80 000 manifestantes). La multitud, enorme y densamente apiñada, gritaba: «¿De quién son las calles? ¡Nuestras calles!». Parecían más jóvenes y más diversa que en muchas de las marchas anteriores contra Trump, con una gama más amplia de temas y reivindicaciones reflejados en sus pancartas. Un animado contingente de solidaridad con Palestina también participó en la marcha con pancartas y banderas.

    Muchos profesores marcharon en Filadelfia detrás de una gran pancarta de la Federación Americana de Profesores (AFT), al igual que hicieron en otras ciudades, y el presidente de la AFT, Randi Weingarten, se dirigió a los manifestantes. Sin embargo, en su mayoría, los sindicatos no lograron organizar a sus miembros para que participaran en la acción como contingentes organizados. Del mismo modo, a nivel nacional, el movimiento sindical, que es clave para organizar una respuesta contundente contra los recortes y la represión del Gobierno, ha sido en general lento a la hora de involucrarse en las protestas.

    Los organizadores informaron de que unas 100 000 personas marcharon en la ciudad de Nueva York, desafiando una lluvia ligera pero constante y filas de policías intimidantes con equipo antidisturbios. Cerca de 100 000 personas marcharon en San Francisco, 75 000 en Chicago, al menos 70 000 en Seattle y 60 000 en San Diego. Otras ciudades también vieron cómo decenas de miles de personas respondían a la convocatoria de protestas del 14 de junio. Según los medios de comunicación, en Dallas se produjo una protesta de unas 11 000 personas a pesar de que el gobernador de Texas, Greg Abbott, pidió a la Guardia Nacional que contrarrestara las protestas en todo el estado.

    Lamentablemente, los intentos de Trump de crear una atmósfera de caos y miedo incitaron a un puñado de personas de extrema derecha a intentar perturbar algunos actos de protesta con violencia. Una persona arrolló con su carro a varios manifestantes en Riverside, California, causando heridos, mientras que un incidente similar tuvo lugar en Virginia; se produjo un tiroteo mortal en Utah; y los fascistas Proud Boys hicieron acto de presencia en una manifestación en Georgia. Mientras tanto, unas 10 000 personas se manifestaron en Minnesota, a pesar de la petición del gobernador Tim Walz de cancelar todas las protestas tras el asesinato de la diputada estatal Melissa Hortman y su marido a manos de un vigilante de extrema derecha en la mañana del 14 de junio.

    ¿Hacia dónde vamos ahora?

    En conjunto, las acciones de Ningun Rey, que se produjeron apenas cinco meses después de la llegada al poder de Trump, fueron una excelente plataforma de lanzamiento para construir un movimiento de resistencia sostenido. La movilización del 14 de junio cobró fuerza no solo gracias a la coalición de grandes organizaciones que patrocinaron los principales eventos, sino también al intenso trabajo de los activistas de base, a menudo miembros de las secciones locales de Indivisible, 50501 y otros grupos. Ahora bien, ¿qué se necesita para avanzar de manera decisiva?

    «¡No Kings!» estaba bien como lema defensivo general para unir a la gente contra el auge del autoritarismo. Pero en lugar de limitarnos a protestar por el restablecimiento de lo que la administración Trump ha eliminado o amenaza con abolir, debemos exigir medidas de largo alcance que permitan alcanzar una verdadera justicia económica y social para todas las personas. Para ello, debemos presentar demandas claras y concretas al gobierno, a todo el gobierno, no solo a Trump ni a los republicanos.

    Estas demandas esenciales, así como la estrategia y las tácticas para alcanzarlas, pueden decidirse y ponerse en práctica mejor mediante asambleas democráticas masivas y coaliciones unificadas, centradas en expresar las profundas necesidades y preocupaciones de los trabajadores y las comunidades oprimidas.

    Dichas demandas podrían incluir, por ejemplo, cuestiones relacionadas con el presupuesto federal. Podrían señalar que el dinero que ahora se va a destinar a la maquinaria bélica imperialista (al menos 895 000 millones de dólares), a la construcción de un muro en la frontera con México (50 000 millones de dólares), reforzar la redada contra los inmigrantes (entre 34 000 y 160 000 millones de dólares, según las estimaciones), las subvenciones directas a la perforación petrolera (las estimaciones actuales oscilan entre 14 000 y 52 000 millones de dólares al año) y las generosas ventajas para los superricos, podrían redirigirse a cosas que la gente realmente necesita, como viviendas asequibles y de calidad, asistencia sanitaria gratuita para todos y protecciones estrictas contra la contaminación medioambiental.

    Es esencial que los sindicatos se impliquen plenamente; de hecho, deberían tomar la iniciativa en la organización de los trabajadores y sus aliados en una lucha concertada contra el Gobierno y los empresarios para conseguir los beneficios económicos y sociales que necesitan los trabajadores.

    En los últimos meses, la AFL-CIO y algunos sindicatos como la AFT y los trabajadores del gobierno en la SEIU, AFGE, UFCW, etc. han copatrocinado manifestaciones contra Trump aquí y allá. Hay indicios de que la participación sindical podría estar aumentando. Según Carl Rosen, presidente de United Electrical, Radio and Machine Workers of America, una nueva formación llamada Labor for Democracy ayudó a reunir a 15 sindicatos nacionales y cientos de organismos locales y regionales para respaldar las protestas del Dia de Ningun Rey. Afirmó que reconocen que «el movimiento sindical tiene un papel especial que desempeñar en la defensa de la democracia en nuestro país». (La página web https://laborfordemocracy.org/ se lanzará próximamente).

    En última instancia, los «pesos pesados» que organizan a los trabajadores de la industria, el transporte y los muelles deben hacer sentir su presencia en el movimiento. Estos trabajadores tienen un poder inigualable para luchar por el cambio; sus tácticas van más allá de las manifestaciones callejeras y incluyen acciones en el lugar de trabajo —piquetes, ralentizaciones, huelgas y ocupaciones de fábricas— que pueden tener un impacto económico devastador.

    Las preocupaciones de los sindicatos van más allá del ámbito laboral; también incluyen la esfera política. Si Trump decide bombardear Irán, por ejemplo, la conflagración afectaría a los trabajadores de este país y de todo el mundo. Como mínimo, los precios del petróleo subirían en este país y se intensificaría la represión interna, mientras que la vida de los trabajadores estadounidenses en las fuerzas armadas se vería amenazada. ¿Cómo podría responder el movimiento contra la guerra? Supongamos que los trabajadores portuarios, los trabajadores de los almacenes y los trabajadores ferroviarios organizan una protesta contra la guerra sentándose en sus puestos de trabajo para que nada se mueva. Eso sí que sería un «mensaje» eficaz para los belicistas.

    Por desgracia, es poco probable que se produzcan huelgas políticas y sentadas en un futuro próximo. Los sindicatos se han visto paralizados por el apoyo casi unánime de sus dirigentes burocratizados al Partido Demócrata, mientras que unos pocos se han pasado recientemente al Partido Republicano. A menos que se rompa esta colaboración con uno de los partidos de los patrones, podemos prever que la mayoría de los líderes sindicales concentrarán sus esfuerzos —y los fondos derivados de las cuotas de los afiliados— en apoyar a los candidatos de los principales partidos en las elecciones al Congreso de 2026. Las luchas necesarias de los trabajadores quedarán en segundo plano, detrás de esas campañas electorales.

    En 2017, tras la gran Marcha de las Mujeres, liderada principalmente por organizaciones vinculadas al Partido Demócrata, vimos cómo el movimiento se derrumbaba de repente y se convertía en una campaña para elegir a políticos. Eso no debe volver a suceder.

    Pero apoyar a políticos demócratas u otros políticos de los grandes partidos presenta más peligros que ser simplemente una distracción en época de elecciones. Ese apoyo también establece límites a lo lejos que puede llegar una lucha con sus reivindicaciones y estrategias. El Partido Demócrata, que al igual que el Republicano depende principalmente del apoyo de donantes capitalistas, está interesado sobre todo en mantener el statu quo. No va a permitir que los líderes sindicales, los líderes de los movimientos de protesta —ni nadie más a quien crea que puede cooptar con éxito— luchen por conseguir reivindicaciones que alteren el funcionamiento habitual del capitalismo estadounidense, a menos, por supuesto, que se vea obligado a hacer concesiones.

    Tal y como están las cosas, mientras el establishment del Partido Demócrata sienta que tiene en el bolsillo a los sindicatos, las ONG y otras organizaciones sociales, los políticos seguirán induciendo a los trabajadores a aceptar migajas para que no se coman todo el pastel.

    Además, el hecho de no emprender luchas de la clase trabajadora para alinearse mejor con los demócratas aleja aún más a los trabajadores de la política sindical y los empuja hacia la extrema derecha. Que algunos líderes sindicales, como Sean O’Brien, de los Teamsters, hayan utilizado esa tendencia como justificación para dar un giro y apoyar a los republicanos es aún más miope, dado que las políticas del gobierno socavan activamente la capacidad de los sindicatos para organizarse y crecer. Es como llenar tu tanque de gasolina con agua de azucar porque el indicador marca que falta gasolina; el indicador puede ahora marcar que está lleno, pero has destruido el motor. El motor de una política sindical fuerte solo puede alimentarse de una defensa comprometida de las necesidades de los trabajadores.

    Solo por estas razones, un movimiento exitoso de la clase trabajadora por un cambio radical debe ser totalmente independiente del Partido Demócrata. En última instancia, el movimiento sindical y sus aliados deben establecer su propio partido, que pueda organizar de manera coherente y militante la lucha por las necesidades de los trabajadores y los oprimidos.

    Foto: Manifestantes de No Kings llenan Market St. en San Francisco el 14 de junio. (Jason Winshell / SF Public Press)

  • ¡Manos fuera de Iran!

     

    Por CARLOS SAPIR

    Desde el 13 de junio, Israel lleva a cabo una descarada ofensiva militar, atacando sitios civiles y militares en todo Irán. Ante esta agresión de un Estado que cuenta con el respaldo militar total del imperialista Estados Unidos, Irán tiene tanto el derecho como la obligación de defenderse. Al hacerlo, abre un nuevo frente en la guerra contra la ocupación sionista y el genocidio que se está llevando a cabo contra los palestinos.

    Hasta ahora, Irán e Israel han intercambiado múltiples ataques aéreos diarios, con aviones F-35 hechos por EEUU sobrevolando el espacio aéreo iraní y Irán respondiendo con salvas de misiles que atraviesan las defensas aéreas israelíes y causan víctimas. El alcance exacto de los daños en Israel no está claro por el momento, debido a la censura militar que obstaculiza la información y a la falta de presencia aérea iraní sostenida sobre Israel que pudiera identificar y confirmar los ataques. No obstante, la información parcial obtenida a través de las redes sociales sugiere que se trata del bombardeo más destructivo que ha sufrido el Estado sionista, un hecho que muchos israelíes probablemente consideraban imposible gracias a la propaganda israelí sobre sus sistemas de defensa aérea.

    Queda por ver si el ejército israelí podrá utilizar este ataque para consolidar su posición, o si la presión de los ataques con misiles iraníes quebrará la voluntad de la población israelí de apoyar las interminables y futiles guerras de su Gobierno. No obstante, está bastante claro que las descaradas acciones de Israel se llevan a cabo con la complicidad total del Gobierno estadounidense, lo que subraya la urgente necesidad de romper el apoyo de Estados Unidos a Israel de una vez por todas.

    La hegemonía nuclear de la OTAN

    Inmediatamente después de los primeros ataques de Israel contra Irán, la agresión israelí fue respondida con declaraciones diplomáticas de países como Francia, que defendieron las acciones de Israel, comprometiéndose incluso a dedicar sus fuerzas armadas a defender el territorio de Israel en caso de un contraataque iraní más amplio. El 16 de junio, el Grupo de los Siete países imperialistas, reunido en Canadá, emitió una declaración en la que expresaba su pleno apoyo a Israel en el conflicto y calificaba a Irán como «la principal» fuente de inestabilidad y terrorismo en Oriente Medio. Esto a pesar de que, una semana antes, esos mismos países habían amenazado a Israel con sanciones por su genocidio en Gaza, un crimen contra la humanidad que Israel sigue cometiendo sin cesar. ¿Cómo es posible?

    Las reacciones internacionales al ataque sorpresa de Israel y la respuesta iraní siguen en gran medida sus posiciones con respecto a la protección de la hegemonía nuclear de los Estados de la OTAN. Los países favorables al dominio imperialista continuado de los arsenales nucleares de los Estados de la OTAN apoyan a Israel, mientras que los países opuestos a esta hegemonía reconocen la agresión de Israel como una amenaza. La propia Francia es uno de los principales beneficiarios de esta situacion, ya que controla el cuarto arsenal nuclear más grande del mundo, por lo que apoya la ofensiva militar israelí, ya que protege su propia ventaja imperialista. Esto es una prioridad mayor para los imperialistas que el genocidio en Gaza.

    Si bien la transformación de la noche a la mañana del presidente francés Macron, que pasó de ser un crítico de Israel a un defensor acérrimo del territorio israelí, ilustra cómo Israel ha utilizado, contra toda lógica, una mayor agresión para ganar un respiro diplomático, es, por supuesto, Estados Unidos el Estado imperialista más directamente cómplice de estos ataques. Además del apoyo militar y logístico que Estados Unidos proporciona a Israel, sin el cual este no tendría una fuerza aérea operativa, Estados Unidos ha utilizado su influencia diplomática para maniobrar a Irán y que exponga sus activos militares como parte de las supuestas negociaciones de desarme nuclear.

    Mientras advertía hipócritamente a Irán de que cualquier ataque contra activos estadounidenses sería respondido con una feroz represalia, Trump se apresuró a atribuirse el mérito del ataque de Israel, diciendo que «lo sabíamos todo». Tras abandonar rápidamente la reunión del G-7, Trump adoptó un tono aún más duro, afirmando que ya no estaba «muy dispuesto a negociar» con Irán. En publicaciones en las redes sociales el 17 de junio, Trump exigió la «rendición incondicional» de Irán y afirmó que Estados Unidos sabe dónde se encuentra el líder supremo de Irán, pero que no lo matará, «al menos por ahora».

    El papel contradictorio de Irán

    Aunque la agresión israelí ha obligado a Irán a defenderse de las fuerzas del imperialismo, la República Islámica de Irán no es un aliado por principios de la liberación política en general, ni siquiera de Palestina en particular. Aunque los líderes religiosos iraníes han ofrecido constantemente su apoyo retórico a la liberación palestina, han apoyado al régimen de Assad en Siria, que reprimió brutalmente a los palestinos en el exilio, toleró en silencio la ocupación sionista del Golán y colaboró con el imperialismo estadounidense en su «guerra contra el terrorismo», facilitando las «entregas extraordinarias» (detención prolongada y tortura) en su territorio. En Irak, han coordinado y colaborado directamente con Estados Unidos para bombardear el país hasta someterlo y reforzar la división sectaria. En Ucrania han apoyado al imperialismo ruso, proporcionando armamento al arsenal ruso. Y en el ámbito interno han masacrado a los izquierdistas y reprimido ferozmente a las mujeres y las minorías étnicas.

    Sin embargo, a pesar de todos estos crímenes históricos, es todo Irán el que está siendo atacado por el imperialismo, y la República Islámica está luchando correctamente para defenderse a sí misma y a su pueblo. Un cambio de régimen bajo la égida de los bombardeos israelíes y la presión imperialista solo puede dar lugar a una mayor subordinación del pueblo iraní, y debe ser combatido. El sueño original de la revolución de 1979 —un Irán socialista, democrático y liberado— solo puede hacerse realidad mediante la actividad autónoma de las masas iraníes, no mediante una campaña de bombardeos imperialistas destinada a paralizar la capacidad militar del país. Para Irán y para toda la región, solo la derrota y la disolución de la constante amenaza militar que supone Israel, así como la retirada del imperialismo de la región, abrirán el camino hacia la liberación.

    Ahora más que nunca: ¡Acabemos con la ayuda estadounidense a Israel!

    Poner fin a la ayuda estadounidense a Israel ya era una demanda vital en el contexto de la ocupación israelí de Palestina y el genocidio que está cometiendo. Ahora que Israel está extendiendo la guerra a otros lugares y depende aún más en el apoyo logístico y diplomático de Estados Unidos para hacerlo, esta demanda se ha vuelto aún más urgente. Ante la posibilidad de una intervención militar directa de Estados Unidos, es vital que los socialistas, los activistas contra la guerra y todos los demás que apoyan la liberación de Palestina movilicen manifestaciones para denunciar el apoyo continuo de Estados Unidos a la guerra israelí.

    Estas movilizaciones comenzarán a presionar al gobierno estadounidense para que reconsidere su postura, pero, lo que es más importante, ayudarán a educar al público en general, a los trabajadores, sobre la naturaleza de los ataques israelíes y el respaldo del imperialismo estadounidense, y a organizar al público en una fuerza que pueda actuar por sí misma para detener la producción bélica destinada a Israel, independientemente de las opiniones de los políticos imperialistas. Esta no es una lucha limitada a Estados Unidos, sino internacional, en la que activistas de todo el mundo pueden ejercer presión pública contra el belicismo de Israel, aislar al Estado apartheid israelí y construir un movimiento global consciente en su contra.

    Ya se han organizado movilizaciones masivas, con más de 100 000 personas reuniéndose en La Haya, Países Bajos, durante el fin de semana. Estas se suman a otros esfuerzos para llamar la atención sobre los crímenes que Israel está cometiendo en Gaza y Cisjordania. Para liberar Palestina, hay que detener la maquinaria bélica israelí.

    ¡Manos fuera de Irán!

    ¡Manos fuera de Palestina!

    ¡Fin de la ayuda estadounidense a Israel ya!

    Foto: Un bombero trabaja en un edificio residencial en Teherán destruido por los bombardeos israelíes el 13 de junio. (Morteza Nikoubazi / NurPhoto / Reuters)

  • Videos desde la Marcha Global por Gaza

    Fabio Bosco, miembro del PSTU-Brasil, esta participando en la Marcha Global por Gaza y comparte noticias de su progreso para llamar la atención al genocidio que Israel esta llevando a cabo contra el pueblo palestino.

    0. Prólogo

    1. Fabio llega a Egipto

    2. ¿Podrá llegar Fabio a Gaza?

    3. Expulsado por el gobierno egipcico

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