Por CARLOS SAPIR
Medio año despues de que Trump lanzará la guerra contra Irán, la República Islámica no solo ha sobrevivido, sino que ha encontrado una nueva ventaja económica y política en su control sobre el comercio marítimo, al tiempo que parece haber mantenido su capacidad militar para seguir defendiendose de los ataques.
El balance de Trump frente al consenso imperialista bipartidista
Los objetivos públicos de Trump en esta guerra han estado sujetos a cambios repetidos. Las amenazas de un cambio de régimen han quedado en el olvido, ya que Estados Unidos ahora lucha por recuperar la situación que existía antes de la guerra.
El fracaso de Trump en este sentido queda subrayado por los esfuerzos de su predecesor, Barack Obama, quien había logrado un pacto que intercambiaba una flexibilización de las sanciones contra Irán por compromisos para cerrar las vías hacia la producción de armas nucleares. Trump se retiró de este plan, ya de por sí coercitivo, durante su primer mandato. El fracaso del enfoque de Trump es evidente en el hecho de que se han propuesto borradores para un alto el fuego y una posible paz con Irán en los que Estados Unidos ofrecería prácticamente el mismo alivio de sanciones que había prometido Obama, a cambio no del acuerdo de Obama, sino de un retorno al statu quo anterior a la guerra de libre comercio a través del estrecho de Ormuz.
Existe una ironía adicional en que los ataques de Estados Unidos e Israel, lejos de garantizar un cambio de régimen, parecen haber consolidado al régimen. Ambos también lo salvaron de la mayor amenaza a su legitimidad en décadas (las protestas masivas de enero y febrero) y le permitieron eludir una crisis de sucesión relacionada con el fallecimiento del ayatolá Ali Jamenei.
Al amparo de los ataques aéreos imperialistas, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (CGRI) pudo consolidar rápidamente la sucesión de Mojtaba Jamenei, evitando las críticas públicas que probablemente habrían acompañado a tal nombramiento fuera de tiempos de guerra. Si bien Mojtaba Jamenei tiene un vínculo dinástico con su padre asesinado, sus lazos políticos personales se basan mucho más en el aparato militar-industrial del CGRI que en las instituciones religiosas que representaba su padre. La política emblemática de Ali Jamenei fue una fatwa (prohibición religiosa) contra el desarrollo de armas nucleares. Parece poco probable que Mojtaba Jamenei comparta la opinión de su padre sobre este asunto. En la medida en que Estados Unidos ha llevado a cabo un «cambio de régimen», parece que han sustituido el régimen por uno aún más comprometido con las ambiciones nucleares y la confrontación militar con Estados Unidos e Israel.
Trump se encuentra, por lo tanto, en una encrucijada. La guerra goza de una impopularidad sin precedentes entre el público en general, ya que solo un tercio de la población de Estados Unidos la apoya. Se espera que esta popularidad disminuya aún más si se produce cualquier tipo de escalada que resulte en un número significativo de bajas estadounidenses. Sin embargo, dentro del gobierno de EE. UU. y de la clase capitalista, el gobierno de Trump se encuentra ahora acorralado por los políticos que han hecho sus carreras de exigir guerra con Irán y los partidarios de Israel (no todos ellos del partido Republicano) que se niegan a aceptar la derrota militar que ha sufrido el gobierno de Trump.
Irán amenaza con reescribir las reglas del comercio internacional
Si bien Trump parece acorralado y desesperado por encontrar una solución, las señales públicas de Irán hasta el momento sugieren que se siente bastante seguro de su posición, a pesar del daño económico que ha sufrido. A lo largo de julio y principios de agosto, rechazaron ofertas imparciales de Omán para la administración conjunta del estrecho de Ormuz, y finalmente siguieron adelante con un acuerdo que parece ser un afianzamiento de la autoridad de Irán sobre el estrecho, con concesiones menores para Omán y otros Estados del Golfo que se muestran de acuerdo.
Las intervenciones directas de Irán contra el comercio marítimo, tanto en el estrecho de Ormuz como en zonas más alejadas —con fuerzas aliadas que amenazan también a los buques vinculados a Arabia Saudita, Israel y Estados Unidos que atraviesan el mar Rojo—, trastocan las normas del libre comercio internacional que constituyeron el mayor logro del orden capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial. La afirmación de la autoridad de Irán sobre el estrecho de Ormuz podría llevar a otros Estados, como Indonesia (donde se encuentra el vital estrecho de Malaca), a reconsiderar su propia influencia geopolítica, lo que socavaría aún más la economía capitalista mundial.
Trump ha logrado evitar algunas de las peores repercusiones económicas derivadas de las interrupciones comerciales al recurrir masivamente a la reserva estratégica de petróleo que Estados Unidos ha acumulado a lo largo de décadas y exportar parte de ella, lo cual ha preservado una vía vital de acceso al petróleo para la economía mundial. Sin embargo, esto sigue siendo una solución provisional: cuanto más reduzcan Estados Unidos y otros pilares económicos sus reservas de combustible, menos flexibilidad tendrán para reaccionar ante futuras crisis de suministro. Reducir las reservas da más tiempo antes de que se agote el suministro, pero esto tiene poco significado a largo plazo si Estados Unidos no logra restablecer el tráfico a través del estrecho de Ormuz.
El agotamiento militar de EE. UU. y las nuevas guerras del siglo XXI
Si bien los primeros días de la guerra estuvieron marcados por repetidos anuncios del gobierno de Trump de que las municiones iraníes habían sido completamente destruidas, la realidad parece ser casi lo opuesto. Informes de principios de agosto sugieren que EE. UU. ha agotado casi por completo su suministro tanto de misiles interceptores defensivos como de misiles de ataque de largo alcance. En otras palabras, Estados Unidos ha agotado casi por completo su capacidad militar global contra Irán y no tiene nada que mostrar a cambio. Irán, por su parte, parece dispuesto a seguir lanzando misiles a través del Golfo.
Estados Unidos ha demostrado que, a pesar de toda su tecnología e infraestructura militar, ya no es capaz de proyectar su poder de manera decisiva en el Medio Oriente, ni siquiera contra un Estado con un respaldo militar mínimo por parte de las potencias imperialistas. El cálculo geopolítico internacional que daba por sentada la superioridad militar de Estados Unidos en todo el mundo se ha desmoronado, y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se verán desbordadas a la hora de responder a los desafíos futuros, mientras intentan superar la falta de municiones que ellas mismas acaban de generar.
Esta evolución en Irán refleja una situación similar en Ucrania: el cálculo militar de finales del siglo XX, que favorecía a aviones a reacción de élite y de última generación, así como a columnas de tanques, ha sido derrotado por la producción masiva de drones relativamente económicos. Las doctrinas militares de superioridad aérea en torno a las cuales se estructuraron las potencias de Estados Unidos, Israel y Rusia ahora están obsoletas. Los drones de fibra óptica que utiliza Ucrania para eludir los sistemas de radar rusos ahora también son empleados por Hezbolá para sobrevolar las defensas israelíes, mientras que Rusia despliega drones Shahed de estilo iraní contra los sistemas de defensa antimisiles de diseño estadounidense de Ucrania, aunque ya no ha podido conquistar más territorio ucraniano. La guerra ha cambiado y amenaza el supuesto poder y la autoridad de cualquier Estado que aún no se haya adaptado.
El final de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán aún está por escribirse. Pero pase lo que pase a continuación, el imperialismo estadounidense ya ha sufrido golpes a su prestigio, autoridad y credibilidad de los que tal vez nunca se recupere. En este momento de debilidad, es vital continuar organizando manifestaciones y movimientos contra la guerra en Estados Unidos, elevar los costos políticos del rearme y consolidar a las masas populares que están indignadas por los crímenes violentos del imperialismo y que están tomando medidas contra la economía capitalista que lo alimenta.
Foto: Estados Unidos bombardea Teherán al inicio de la guerra, el 1 de marzo de 2026. (Mahsa / Middle East Images / AFP vía Getty Images)

