Icono del sitio La Voz de los Trabajadores

India: El levantamiento de los trabajadores en Noida

Por MAZDOOR INQUILAB

Este artículo se publicó por primera vez aquí en New Wave. Ha sido ligeramente reeditado para su publicación en La Voz de los Trabajadores.

Acontecimientos del 10 al 13 de abril

Apenas unos meses antes, los trabajadores subcontratados de Indian Oil Company (La Compañía de Petroleo de India) se habían rebelado con una huelga espontánea. Protestaban por las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados. El levantamiento inspiró a los trabajadores petroquímicos de Surat, donde se repitieron las mismas condiciones.

Ahora, el fuego se extiende desde Panipat, en Haryana, hasta las calles de Noida, en Uttar Pradesh. Noida es la llamada «ciudad del milenio» de la India, un ejemplo paradigmático del crecimiento neoliberal. Las protestas militantes de los trabajadores han dejado en evidencia esta ilusión del desarrollo capitalista neoliberal.

Los trabajadores de Noida protestaban pacíficamente contra la estructura salarial básica en Uttar Pradesh, donde los salarios medios oscilan entre 11 000 y 13 000 rupias y la mayoría de los trabajadores ganan alrededor de 13 000 rupias, mientras que gastan 5000 en alquiler. La reivindicación de los trabajadores es un salario mínimo de al menos 20 000 rupias. Se trata del mínimo indispensable que un trabajador necesitaría para sobrevivir en un contexto de aumento de los costes, especialmente del combustible y el alquiler.

Los trabajadores vieron cómo se producían aumentos salariales en Haryana, poco después del levantamiento de los trabajadores petroleros y los trabajadores subcontratados que se extendió por el norte y el oeste de la India. Esto inspiró a los trabajadores de Noida a emprender el camino de la lucha. Al principio, las protestas por el aumento salarial fueron pacíficas, pero una vez que la policía comenzó a reprimir a los trabajadores, las protestas tomaron un giro violento, y se alega que algunos trabajadores atacaron e incendiaron coches, irrumpieron en oficinas y agredieron a periodistas. Cuarenta mil trabajadores de todo el cinturón industrial se movilizaron para esta huelga.

El Estado desplegó toda su fuerza represiva para contener la agitación, deteniendo arbitrariamente al menos a 50 trabajadores e hiriendo a varios más. A pesar de esta represión, las protestas continúan. El Estado intentó apaciguar a los trabajadores con concesiones. El ministro principal de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, es una de las figuras más reaccionarias de la India actual; poco después de que la protesta tomara un giro violento, salió a condenar las protestas alegando que, de alguna manera, estaban patrocinadas por agentes pakistaníes. Al mismo tiempo, anunció aumentos salariales para los trabajadores.

La verdad es que los líderes reaccionarios que intentan demostrar que son los únicos que se preocupan por el país solo se preocupan realmente por el dominio del capital. Las empresas extranjeras pueden explotar y pagar mal a los trabajadores, incluso matarlos, y eso no es antinacional, pero ¿los trabajadores que exigen un salario digno para llevar una vida digna se convierten en «naxalitas» y «agentes de Pakistán»?

Los trabajadores no habrían recurrido a la violencia si el Estado hubiera escuchado sus quejas y hubiera hecho al menos algún esfuerzo sincero por aumentar los salarios. En cambio, el Estado recurrió a la represión como respuesta a las demandas de los trabajadores. El resultado fue que los trabajadores se defendieron.

La huelga

Las protestas que estallaron en Noida comenzaron en realidad diez días antes en Manesar, en la empresa Motocicletas Suzuki, donde los trabajadores empezaron a protestar para exigir salarios más altos. Esto tuvo eco entre los trabajadores del cinturón industrial de Noida, en los sectores 62 y 84. Haryana tiene un salario mínimo de hasta 19 000 rupias, muy superior al salario más alto disponible en Noida, Uttar Pradesh. El 6 de abril comenzó en Manesar una huelga por salarios más altos que continuó de forma pacífica, extendiéndose rápidamente por todo el cinturón industrial hasta llegar finalmente a Noida.

La ira y la frustración empezaban a desbordarse, agravadas por el aumento del coste de la vida debido a la escasez de GLP y gas, provocada por la guerra en Irán. Años de salarios estancados, aumento de las horas de trabajo y pagos irregulares acabaron desbordándose en agitación. Las protestas pacíficas comenzaron el día 10, y tomaron un giro violento el 13 de abril. Uno de los focos de protesta fue la fábrica de la empresa Motherson, donde los salarios llevaban años estancados.

El carácter desorganizado y espontáneo de la movilización creó las condiciones para que se produjeran naturalmente algunos actos de violencia. La ira de los trabajadores se dirigió una vez más contra los medios de comunicación «Godi» (perros falderos) del Gobierno, acusados de parcialidad. Por su parte, los medios pasaron de ofrecer inicialmente una cobertura más o menos comprensiva hacia los trabajadores, a centrarse únicamente en la violencia cometida por unos pocos, para acabar repitiendo como loros la propaganda del Gobierno de que el estallido era una conspiración contra el Gobierno del BJP, destinada a «reavivar el naxalismo».

La respuesta inmediata del Estado fue desplegar a miles de agentes de policía para contener la agitación. Dispararon granadas de gas lacrimógeno y utilizaron cañones de agua. Se denunciaron casos de cargas con lathis [cargas policiales con palos largos], en las que resultaron heridas decenas de trabajadores. A la represión le siguió rápidamente la propaganda y, a continuación, los esfuerzos de pacificación por parte del Gobierno de Uttar Pradesh. Se anunciaron aumentos salariales, que, sin embargo, no alcanzaron a satisfacer las demandas de los trabajadores.

Tras las detenciones, las protestas se calmaron en cierta medida. Ningún partido importante de la oposición estuvo presente durante los días de las protestas. El CITU [Centro de Sindicatos de la India] y el CPIM [Partido Comunista de la India (Marxista)] sí se manifestaron en apoyo de los trabajadores, pero días después de las protestas. Los partidos burgueses de la oposición no solo no apoyaron la huelga, sino que algunos, como el Partido Samajwadi (SP), el mayor partido burgués de la oposición de Uttar Pradesh, condenaron la protesta de los trabajadores. Para Akhilesh Yadav, líder del SP, este fue simplemente otro pretexto que pudo utilizar para atacar al ministro principal del estado.

Desde el levantamiento del día 13, la represión no ha hecho más que endurecerse. En el momento de redactar este artículo, se ha detenido a cerca de 1000 trabajadores y se han cancelado 43 licencias de contratistas, lo que ha supuesto la pérdida de empleo para miles de personas. Las protestas continúan, aunque de forma más moderada. Los actos de violencia y el bloqueo de autopistas clave atrajeron la atención de los medios de comunicación hacia la lucha de los trabajadores; ahora que se han levantado los bloqueos, los medios de comunicación han vuelto a ignorar las protestas y las cuestiones que planteaban.

Los antecedentes

La India es hoy una de las mayores economías del mundo, pero al mismo tiempo su población se encuentra entre las más pobres del mundo. La mayor parte del crecimiento económico de la India se alimenta de la sangría sistemática de mano de obra y recursos de su vasto campo. El capitalismo indio se beneficia principalmente del proceso de proletarización. Esto significa la destrucción constante y sistemática de los pequeños empresarios propietarios, los agricultores y los artesanos rurales, que quedan reducidos a esclavos asalariados. Los millones de jóvenes que tienen que vender su mano de obra para ganarse la vida inundan las ciudades de la India en busca de empleo en las fábricas, a menudo como trabajadores contratados mal pagados y con exceso de horas, lo que alimenta el «auge» de la India. Este «auge» se limita al 1 % más rico de la población, los multimillonarios y los millonarios con un elevado patrimonio neto.

Desde la década de 1980, algunas ciudades se convirtieron en nuevos centros industriales y nuevos polos de atracción para los trabajadores recién proletarizados. A medida que los antiguos centros industriales de Bombay, Calcuta, Kanpur y otros comenzaron a declinar, surgieron los nuevos centros industriales; entre ellos destacaban Noida y Gurgaon, en la Región de la Capital Nacional de Delhi. Con la liberalización de la economía india, se incorporó capital extranjero a la mezcla. La proletarización se aceleró y la expansión industrial de la India se disparó; con ella, las ciudades en proceso de industrialización crecieron rápidamente.

La nueva ola de proletarización se produjo en un momento en el que se observaba un declive de la militancia laboral, el declive de los partidos de izquierda y el auge de la política reaccionaria del Hindutva. El nuevo orden político y económico de la India tenía ahora como objetivo permitir un crecimiento capitalista desenfrenado, y el coste lo acabó pagando, en última instancia, la clase trabajadora.

Un sindicalismo militante y fuerte garantizaba mejores condiciones laborales, actuando como barrera contra la descarada explotación por parte de los propietarios de las fábricas, y aseguraba que al menos algunos sectores organizados proporcionaran puestos de trabajo estables y permanentes. El debilitamiento del movimiento sindical, junto con la expansión de la privatización y la liberalización, permitió el auge del empleo por contrato. El sistema de trabajo por contrato crea un sistema de delegación en el que la responsabilidad del empleador se desvía hacia los contratistas, quienes a su vez pueden desviarla hacia los subcontratistas. El trabajador se ve a menudo obligado a ir de un lado a otro exigiendo el salario más básico, solo para que se le niegue con la excusa de que pagarle no es responsabilidad del contratista ni del empleador. El cinturón industrial de Delhi NCR se sitúa en el centro de este sistema opresivo.

La ola de militancia laboral en esta región no es nueva; las históricas huelgas en Manesar-Gurgaon, en Suzuki [2011-2012] y Honda [2019], marcaron el patrón de la lucha de clases en toda la región. Ambos casos involucraron a empresas extranjeras, concretamente al capital japonés, que fue pionero en las prácticas de explotación que sirvieron de modelo en la Región de la Capital Nacional de Delhi.

Muchas de las cuestiones planteadas en aquellas huelgas siguen resonando hoy en día, como la jornada laboral fija de ocho horas, unas condiciones de trabajo dignas y salarios dignos. También pusieron de relieve la militancia de la clase obrera industrial, particularmente en este nuevo cinturón industrial del norte de la India que se extiende desde el Punjab hasta el oeste de Uttar Pradesh. Es muy significativo que muchos de los trabajadores implicados se hubieran proletarizado recientemente, al proceder del campo o de pequeñas localidades de la India y haber sido empujados a los centros industriales para sobrevivir.

Las huelgas de Manesar no solo enfrentaron a los trabajadores contra la dirección concreta de Honda y Suzuki, sino que los enfrentaron contra todo un sistema de explotación. El enfrentamiento se saldó con la victoria del capital y el mantenimiento de los métodos de explotación. Sin embargo, las huelgas también demostraron el potencial de los trabajadores para plantar cara a los capitalistas más acérrimos. Demostraron cómo se libra una lucha militante y que es posible librarla. A pesar de la derrota, los trabajadores del principal cinturón industrial del norte de la India se impregnaron de una nueva confianza.

Las luchas que han estallado han tenido repercusión más allá del norte, con trabajadores subcontratados de la industria petrolera de Surat en huelga, inspirados por sus compañeros de la refinería de Indian Oil en Panipat. Una vez más, asistimos a la confrontación de los trabajadores subcontratados, que se rebelan contra el opresivo sistema del trabajo subcontratado.

Las fuerzas motrices: (la proletarización, la acumulación de capital, la crisis mundial, la inflación, la crisis agrícola)

Las protestas en Noida no fueron un hecho aislado, sino parte de una ola más amplia de luchas que están surgiendo en todos los cinturones industriales de la India. Desde las huelgas en Manesar en las fábricas de Suzuki y Honda, la región ha sido un semillero de lucha de clases, con los trabajadores industriales a la vanguardia. Históricamente, los sindicatos vinculados al CPIM u otros partidos socialistas estuvieron al frente de la agitación organizada. El vínculo directo entre la representación política, la ideología y la lucha de clases fue un rasgo definitorio de las luchas obreras indias a lo largo del período previo a la independencia, y siguió siéndolo durante las cuatro primeras décadas tras la independencia.

Tras la liberalización, la clase capitalista se envalentonó, empoderada por los partidos reaccionarios al mando, el debilitamiento del movimiento socialista tras el colapso de la Unión Soviética y la mayor degeneración de los sindicatos establecidos y los partidos estalinistas que los dirigían. Esta combinación tóxica creó las condiciones que permitirían a las nuevas industrias explotar a los trabajadores de forma más descarada, con poca o ninguna rendición de cuentas.

El capital indio dependía en gran medida del sector público, [con un] régimen de aranceles elevados y licencias que garantizaba el mantenimiento del monopolio de las principales casas capitalistas. Si bien esto ralentizó la economía, también proporcionó una vía para la creación de empleo estable en un amplio sector público. A lo largo de las décadas, el sector público se ha visto debilitado, primero por la mala gestión burocrática y la corrupción, y luego por una privatización constante y sistemática. Las condiciones de trabajo en el sector público apenas son mejores que en el sector privado, y se está produciendo una generalizada subcontratación del trabajo.

La apertura de la economía india aceleró la caída del sector público de la India. El debilitamiento de la normativa laboral permitió a los empleadores trasladar más trabajo a la subcontratación, lo que añadió otro obstáculo a la organización de los trabajadores. Los antiguos sindicatos, que ya sufrían una degeneración política, no estaban preparados para hacer frente a este desafío. El nuevo modelo capitalista, más explotador, ha impuesto peores condiciones de trabajo, como única vía de escape viable de una situación cada vez más grave en el campo. Aquí vemos en acción la maquinaria básica del Estado capitalista indio: la maquinaria de la proletarización.

La destrucción de la agricultura, la pequeña producción y el trabajo artesanal empuja a cada vez más jóvenes a abandonar las pequeñas ciudades y aldeas hacia nuevas y emergentes ciudades industriales como Noida, donde se les ofrece el único trabajo que les da un sueldo. La afluencia de nuevos trabajadores jóvenes, cuyo número crece en decenas de miles cada año, proporciona una abundante mano de obra barata que deprime el nivel salarial en toda la industria. El proceso ha cobrado impulso bajo el gobierno del BJP, que ha demostrado ser un enemigo implacable tanto de los trabajadores como de los agricultores. Desde que llegó al poder, el Gobierno ha aplicado políticas que benefician descaradamente a sus propios compinches; ha impuesto los Códigos Laborales y ha desmantelado las protecciones para los agricultores y las poblaciones tribales, facilitando el desplazamiento y la explotación del campo. Por mucho que Modi lo deseara, no pudo imponer las leyes agrícolas, gracias exclusivamente a la enérgica resistencia de los agricultores de todo el país.

El aumento del coste de la vida, especialmente en combustible y electricidad, el estancamiento de los salarios y la creciente precariedad se han sumado a las frustraciones de los jóvenes trabajadores. Las empresas se han vuelto más audaces a la hora de contratar y despedir, mientras que las oportunidades de conseguir buenos empleos fijos disminuyen o se estancan. Una de las trabajadoras en huelga, Babita Singh, lo expresó muy bien: «Mi salario oscila entre 11 000 y 13 000 rupias por un turno de 10 o 12 horas en una fábrica textil. No me han dado ningún aumento en los últimos dos años. Es difícil sobrevivir y ayudar a la familia con este salario. Estamos mal pagadas y explotadas. Muchas veces, nuestro salario se retrasa dos meses» (fuente: Tras la pandemia, hemos sido testigos de un aumento de la militancia. Los salarios se estancaron o cayeron, se perdieron muchos meses de trabajo e ingresos, pero el coste de la vida siguió aumentando. Apenas se había asentado el polvo de la pandemia y los confinamientos, cuando el mundo se vio sumido en otra crisis, tras la guerra entre Rusia y Ucrania. Ahora, no solo subieron los costes del combustible, sino también los de los alimentos, ya que se cortó de hecho una fuente vital de exportación agrícola.

Los trabajadores industriales no fueron inmunes al impacto de estos acontecimientos. De hecho, se vieron profundamente afectados. La huelga en la fábrica de Samsung en Sriperambudoor se debió en gran parte a las condiciones creadas por la pandemia y al aumento de los costes provocado por la guerra. En los cinco años transcurridos desde que terminaron los confinamientos, las condiciones de la clase trabajadora no han mejorado ni siquiera ligeramente. El Gobierno indio ha redoblado sus políticas antiobreras. Lo vemos en la insistencia con la que el Gobierno aprobó los Códigos Laborales y, ahora, en su disposición a reprimir a los trabajadores en Noida.

La necesidad de la solidaridad: (el apoyo internacional)

El actual Gobierno indio ha encontrado un nuevo hombre del saco en los llamados «naxalitas urbanos», y una nueva excusa para coartar los derechos de los trabajadores. El crecimiento económico se santifica; cualquier crítica a Modi y al BJP convierte automáticamente a quien la formula en un «agente pakistaní». La maquinaria propagandística del Gobierno se puso en marcha a toda máquina; desplegaron a sus medios de comunicación serviles para amplificar sus tonterías, ¡tachando a los trabajadores que luchaban por un aumento salarial de agentes de un país hostil!

Miles de trabajadores se movilizaron en el levantamiento de Noida, miles se declararon en huelga en Manesar, en la vecina Gurgaon. Sin embargo, no hubo ningún esfuerzo organizado o consciente por vincular estos dos movimientos. Se han librado luchas por aumentos salariales y por poner fin al abuso de los trabajadores contratados en todo el norte y el oeste de la India, en todo el sur de la India y en su cinturón industrial.

Los trabajadores del sector público y de los programas sociales también han hecho huelga para protestar contra los abusos y los salarios miserables que los gobiernos les han pagado por los servicios más esenciales. Si observamos con atención las tácticas de represión, veremos que el gobierno se encontraba a la defensiva mientras los trabajadores avanzaban. A pesar del carácter espontáneo de la huelga, a pesar de la aparente ausencia de liderazgo durante las movilizaciones, los trabajadores plantaron cara e interrumpieron el funcionamiento normal del sistema capitalista en la región de Delhi NCR.

La acción militante bastó para asustar al archirreaccionario gobierno del BJP en Uttar Pradesh, bajo el mando de Yogi Adityanath, y obligarlo a conceder concesiones a los trabajadores. Por escasas que fueran estas concesiones, supusieron una derrota para el gobierno de Yogi Adityanath. Estos esfuerzos de pacificación pueden traer una paz momentánea a la región, pueden permitir al gobierno intensificar la represión, pero no traerán ningún tipo de paz duradera. Mientras los trabajadores sigan siendo explotados, mal pagados y sobrecargados de trabajo, habrá motivos de sobra para rebelarse.

Hoy, los trabajadores de Noida necesitan nuestra solidaridad, no solo dentro del país, sino en todo el mundo. La lucha no se limita a los lugares de trabajo del norte, sino que se dirige contra un sistema diseñado para exprimir la vida de los trabajadores y enriquecer a un puñado de élites adineradas. ¡Una victoria aquí puede inspirar luchas en todas partes!

¡APOYO TOTAL A LOS TRABAJADORES DE NOIDA! ¡POR UN SALARIO DIGNO! ¡UNA ESCALA SALARIAL PROGRESIVA! ¡FIN A LA SUBCONTRATACIÓN! ¡FIN A LA REPRESIÓN!

https://www.indiatoday.in/india/story/noida-faridabad-workers-protest-live-updates-salary-hike-traffic-jam-violent-labour-protests-2895315-2026-04-13

https://www.thehindu.com/news/national/uttar-pradesh/noida-workers-protest-violent-updates-delhi-border-april-13-2026/article70856363.ece

Salir de la versión móvil