Por ERWIN FREED
Se dice que tres mil agentes federales encargados de aterrorizar a Minneapolis están retirandose de la región. Al mismo tiempo, Wired y otros medios informan de que el ICE está comprando o ampliando nuevos espacios de oficinas burocráticas y también su red de campos de concentración «a una velocidad vertiginosa». El espectáculo de la ocupación de Minneapolis por parte de la policía federal oscurece las operaciones de control de la inmigración en todo el país, y también aclara cuestiones básicas para que la clase trabajadora y las comunidades oprimidas comprendan el terreno en cual luchamos. En particular, las acciones de la policía y del Partido Demócrata, desde arriba hasta abajo, están iluminando exactamente para quién trabajan estas organizaciones.
Kieran Frazier Knutson, presidente de CWA 7250 en Minneapolis, lo expresó claramente en una publicación de Facebook: «El alcalde, el gobernador y otros funcionarios describieron al ICE como una “ocupación” que, según ellos, debería “largarse”, pero en realidad comenzaron a trabajar con el ICE en un “nivel de cooperación sin precedentes”, que incluía específicamente la protección de los agentes del ICE y del edificio federal Whipple frente a la resistencia.
«Vi con mis propios ojos cómo la policía de Minneapolis y los alguaciles del condado de Hennepin protegían el flanco de ICE mientras que ellos disparaban cientos de rondas de gas lacrimógeno, balas de goma y granadas aturdidoras contra la resistencia inmediatamente después de la ejecución de Alex Pretti. La policía de Minneapolis y el Departamento del Sheriff abrieron más tarde un corredor (ellos mismos utilizando sus mazas, el gas lacrimógeno y la munición «menos letal») para que los asesinos del ICE pudieran escaparse. »
Estos casos de colaboración entre los funcionarios del Partido Demócrata, la policía local y estatal, y los federales no son ninguna coincidencia. El Partido Demócrata está completamente integrado en el aparato represivo de la clase dominante. La policía local es, en realidad, la tropa más fuerte y activa de los grandes capitalistas. De los más de 1300 asesinatos cometidos por los policías que se denuncian cada año, la mayoría no son cometidos por los federales.
La fusión de inteligencia y una infinidad de policías
El aparato policial moderno de Estados Unidos se basa en los principios de la «fusión de inteligencia» y la «policía basada en la inteligencia» («intelligence-led policing»). Sencillamente, significa que todas las distintas agencias policiales se comunican y se organizan entre sí utilizando métodos de vigilancia masiva, redes de informantes y participación comunitaria para hacer cumplir el orden social capitalista. Las formas en que se organiza esta comunicación y organización son concretas y fáciles de identificar, pero en gran medida no son discutidas por los políticos y la prensa burguesa. También son más amplias que la policía, o incluso que el Estado, ya que incluyen en sus redes a grandes empresas y otras formas de vigilancia privada, así como a ejecutivos y otras élites.
Los medios básicos de «la fusión de inteligencia» incluyen grupos de trabajo policiales y centros de fusión. Los grupos de trabajo federales incluyen los Grupos de Trabajo Conjuntos contra el Terrorismo (Joint Terrorism Task Forces, JTTF) del FBI, las Áreas de Alta Intensidad de Tráfico de Drogas (High Intensity Drug Trafficking Areas, HIDTA) de la DEA/DHS (Drug Enforcement Administration/Department of Homeland Security, Administración de la Aplicación de Drogas/Departamento de la Seguridad de la Patria), varios programas de la oficina de Alcól, Tabaco, y Armas (Alcohol, Tobacco and Firearms, ATF), los Grupos de Trabajo contra Fugitivos de los Alguaciles de los Estados Unidos (U.S. Marshal’s Fugitive Task Forces) y muchos otros organismos similares. Para dar un ejemplo del alcance de los grupos de trabajo federales, hay más de 200 JTTF, con oficinas locales en todo el país. Los centros de fusión son muy similares a los grupos de trabajo, pero en teoría se supone que deben coordinarse entre sí, así como organizar el intercambio de información y la coordinación operativa entre la policía local y federal y la «comunidad de inteligencia». La «comunidad de inteligencia» es una forma elegante de referirse a la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), la Agencia de Seguridad Nacional (National Security Agency, NSA) y otras agencias de espionaje que llevan a cabo las tareas sucias del imperialismo estadounidense.
La forma en que están estructurados tanto los centros de fusión como los grupos de trabajo federales es que cuentan con la participación de agentes de los departamentos de policía federales y locales, así como con acuerdos de trabajo para el intercambio de datos e información. Se puede suponer que cualquier información recibida por un grupo de trabajo está disponible no solo para todo el sistema policial, sino también para el ejército. Muchos grupos de trabajo y centros de fusión incluyen en sus filas a agentes de la Guardia Nacional y del NORTHCOM (las fuerzas armadas estadounidenses activas en América del Norte).
La relación general entre la policía local y la federal no es nueva. Un ejemplo es lo que podría considerarse la primera «base de datos biométrica». Fue organizada por la Oficina Nacional de Identificación Criminal (National Bureau of Criminal Identification, NBCI), una agencia privada creada por la Unión Nacional de Jefes de Policía (ahora conocida como Asociación Internacional de Jefes de Policía, National Police Chiefs Union) en 1896. La NBCI recopiló una amplia gama de fotografías de sospechosos de delitos, incluidas huellas dactilares. Cuando se creó la Oficina de Investigaciones (precursora del FBI) en 1907, la NBCI y sus registros se integraron en la nueva agencia. Por lo tanto, no fueron las acciones del gobierno federal, sino más bien la acción colectiva de los jefes de policía locales lo que creó la base burocrática para la vigilancia masiva por parte del gobierno federal.
Hoy en día, organizaciones privadas como la Asociación Internacional de Jefes de Policía, fundaciones policiales y grupos de interés empresarial colaboran con los Departamentos de Justicia y Seguridad Nacional para estructurar y establecer políticas en torno a la vigilancia masiva y la estrategia policial. No hay nada particularmente excepcional en todo esto, y el hecho de que haya organizaciones específicas que proponen políticas y estrategias no significa que están separadas del Estado capitalista – forman parte del aparato completo.
Son simplemente los grupos asignados por la clase dominante para organizar la represión y la vigilancia en nombre de toda la clase dominante. Estas redes de vigilancia de alta tecnología adoptan la forma de asociaciones público-privadas entre grandes empresas, organizaciones comunitarias, la policía local y las agencias federales. El caso más destacado es el de las cameras de placas automáticas Flock, que son utilizados no solo por las agencias policiales locales y estatales, sino también por organizaciones «privadas» como las asociaciones de propietarios.
Todos las cameras privadas, así como la videovigilancia y otros sistemas de vigilancia electrónica, están vinculados a programas policiales locales y federales que reúnen enormes cantidades de datos.
La Operación Escudo de la Fundación de la Policía de Atlanta, por ejemplo, es una «red de más de 20 000 cámaras del sector público y privado, [que] vigila los barrios, los centros de negocios, los principales espacios públicos y las vías públicas de Atlanta. Las cámaras están integradas en el Centro de Videovigilancia [del Departamento de Policía de Atlanta], que proporciona vigilancia en tiempo real y envía a la policía a los puntos conflictivos. Alrededor del 80 % del costo lo asume el sector privado». En todo el país se llevan a cabo programas similares, a menudo con el nombre de Connect [Ciudad].
La gestión de crisis y el orden burgues
Los centros de fusión y los grupos de trabajo federales se han desarrolladoa través de largos períodos de tiempo e incluyen en su génesis las experiencias del genocidio indígena, las bandas terroristas antinegras, la represión violenta contra huelgas laborales y la ocupación colonial. Se basan en una estrategia de larga data que se en los círculos burgueses se ha llamado «la contrainsurgencia». La idea básica es identificar, aislar y «neutralizar» a los posibles líderes de movimientos sociales que puedan organizar a los trabajadores y a los oprimidos.
Como declaró el director de la CIA, Allen Dulles, en un discurso pronunciado en 1955 en una reunión de la Asociación Internacional de Jefes de Policía en Filadelfia, en opinión de la CIA, las fuerzas del orden «deben ser, en general, la primera línea de defensa… para descubrir a los agentes de la subversión… y mantener la paz interna… sin… recurrir a las fuerzas militares para hacer frente a una revuelta abierta». Continuó diciendo que «cuando necesito ayuda […] [a nivel nacional] recurro al [FBI] y, a nivel local, a muchos de ustedes para que me presten ayuda y asistencia».
La ampliación de los poderes policiales siempre tiene como objetivo fundamental atacar a la organización de los negros, los otros pueblos oprimidos y los trabajadores en su conjunto. A menudo esto se justifica mediante el pánico moral capitalista en torno al «crimen» y/o el «terrorismo». Las Fuerzas Conjuntas contra el Terrorismo del FBI se crearon en parte debido al fracaso de J. Edgar Hoover para capturar a Weather Underground y al creciente deseo de la clase dominante estadounidense de ampliar las actividades de vigilancia y «contrainteligencia» en las comunidades musulmanas. También formaban parte de un proyecto más amplio para crear las condiciones del «conocimiento total de la información» en nombre de la policía secreta. La clase dominante estaba planeando cómo subvertir las restricciones nominales impuestas a las agencias de espionaje nacionales tras los escándalos COINTELPRO, Watergate y MKULTRA, al tiempo que utilizaba las nuevas tecnologías informáticas para reprimir a las comunidades negras y migrantes, así como a los activistas antiimperialistas.
Los centros de fusión tienen una larga trayectoria. El primer centro de fusión oficial es el Centro de Inteligencia de El Paso (El Paso Intelligence Center, EPIC). Creado por agentes de la CIA bajo la cobertura de la recién formada DEA, el EPIC creó una vasta base de datos informatizada para las fuerzas del orden de todo el país. Justificado bajo el pretexto de la «guerra contra las drogas», el EPIC era también, de forma explícita y consciente, una herramienta para la vigilancia fronteriza. En realidad, el EPIC fue la importación de un modelo y las técnicas de «contrainsurgencia» desarrolladas a lo largo de siglos de guerras y ocupaciones coloniales y formalizadas plenamente por el Programa Phoenix en Vietnam. Esto también incluía tecnologías probadas por primera vez en Vietnam, como un programa integrado de vigilancia fronteriza aérea con sensores y radares conocido como IGLOO WHITE.
Cabe destacar que uno de los principales organizadores tanto del Programa Phoenix como del programa de formación policial de la Oficina de Seguridad Pública fue el agente de la CIA Robert «Blowtorch» Komer. Komer estaba a cargo de las Operaciones Civiles y el Apoyo al Desarrollo Revolucionario (Civil Operations and Revolutionary Development Support, CORDS), que era básicamente un escuadrón de asesinato que, se dice, mató al menos a 20 000 vietnamitas, al tiempo que organizaba a jefes de policía de Estados Unidos para entrenar a policías de todo el mundo en los métodos de brutalidad perfeccionados contra las comunidades negras y de clase trabajadora de Estados Unidos.
Más importante que cualquier tecnología concreta fue la construcción de un sistema policial a nivel nacional, primero de forma ad hoc a través de la Fuerza Conjunta contra el Terrorismo y otros grupos de trabajo como las HIDTA, y luego de forma sistemática con la creación del DHS. Los ataques del 11 de septiembre se utilizaron para justificar la reconstrucción de todo el sistema policial federal según el modelo de las ocupaciones nacionales. El modelo más directo para ello fue, una vez más, el Programa Phoenix, pero el propio Programa Phoenix se desarrolló a partir de una serie de conversaciones organizadas por la Rand Corporation en 1962, que reunieron a oficiales británicos, franceses, australianos, estadounidenses y de otros países con experiencia directa en ocupaciones coloniales y «contrainsurgencia», especialmente en Malasia y Argelia.
La estructura básica de ese modelo consiste en una jerarquía geográfica de intercambio de información, que parte de lo local y asciende a lo nacional, cada uno con su propia CIA o supervisor similar. En Estados Unidos, esto se traduce en centros de delincuencia en tiempo real y/o centros de fusión municipales (distritales/locales) y centros de fusión respaldados por el DHS (estatales/provinciales), todos ellos combinados en diversas redes, en particular la división de Inteligencia y Análisis del DHS.
Estas entidades policiales tienen el objetivo oficial de luchar contra la delincuencia y el terrorismo, pero en realidad se dedican casi exclusivamente a vigilar a las comunidades oprimidas y a los activistas políticos, al tiempo que crean propaganda falsa que aviva el pánico moral y que se transmite a todos los departamentos de policía de un estado concreto. Un ejemplo de esto último fue un boletín de mayo de 2024 enviado por el Centro de Inteligencia de Connecticut en el que se afirmaba que el 14 de mayo, el día antes del Día de la Nakba, estaba siendo promovido por «cuentas de redes sociales» como un «Día de la Quema» antiisraelí. Esto era completamente falso, pero sirvió para dar una razón plausible por la que la policía local debía estar alerta ante posibles «extremistas violentos nacionales» el Día de la Nakba.
Informantes confidenciales
Se supone que cada agencia tiene sus propios programas de «inteligencia humana», que es una forma bonita para referirse a los informantes. El FBI cuenta con más de 15 000 informantes confidenciales oficiales, y se espera que por cada informante remunerado «oficial», haya dos o tres veces más «extraoficiales». El ICE también tiene sus propios informantes, a pesar de que, según una auditoría del Congreso, básicamente no cuenta con mecanismos para supervisar sus informantes, ni tiene ninguna política coherente para mantenerlos.
La policía local tiene sus propias operaciones encubiertas y de informantes, aunque seguramente haya solape entre las agencias. Juntas son el «corazón» de la policía moderna y la parte más obviamente corrupta. No hay investigaciones sin informantes y agentes encubiertos, y las investigaciones con informantes y agentes encubiertos implican necesariamente la participación de la policía en actividades criminales. En New Brunswick, Massachusetts, por ejemplo, una importante investigación del Boston Globe («Spotlight: Snitch City») reveló que el exjefe de policía Paul Oliveira no solo hizo carrera cultivando relaciones con traficantes de drogas, sino que el FBI ayudó a encubrirlo.
Los informantes pueden ser utilizados para «recabar información». Sin embargo, también se utilizan para acosar y tender trampas a personas de color y activistas. El trabajo de los informantes contribuye en gran medida a crear el mito de las «amenazas terroristas», en nombre de la «lucha contra el terrorismo». Un informe de 2012 del Proyecto Salam estima que al menos el 93 % de los casos de «terrorismo» son completamente inventados y que muchos de ellos son «el FBI frustrando sus propias tramas de trampa, a menudo después de haber seleccionado a acusados con enfermedades mentales». Muchas de las llamadas «operaciones antiterroristas» se deben a la extrema penetración de las redes de informantes de las unidades «antiterroristas» del FBI y de la policía local en las comunidades musulmanas y negras. La Liga de Justicia Musulmana descubrió, a través de una encuesta de base, que uno de cada diez musulmanes de Boston había recibido o conocía a alguien de la comunidad a quien el FBI había visitado.
Todo el sistema policial de Estados Unidos está diseñado para crear y mantener grandes redes de informantes. Por eso, por ejemplo, la gran mayoría de las «condenas» en todos los niveles, en algunos lugares prácticamente el 100 %, se deben a acuerdos con la fiscalía. El objetivo es hacer que las personas se sientan tan incómodas e inseguras que acepten un acuerdo y se conviertan potencialmente en informantes, incluso si son inocentes.
La coacción para que las personas se convirtieran en informantes se hizo pública en Minneapolis, donde ciudadanos estadounidenses detenidos sin cargos denunciaron que los llevaban a salas de interrogación y les daban la opción de trabajar para el ICE a cambio de protección. Esto debe considerarse en línea con las prácticas policiales en todas partes. Eso incluye Minneapolis, donde la policía del condado y la estatal llevaron a cabo un extraño programa durante el movimiento Occupy, en el que les dieron drogas a los activistas, según informa, principalmente marihuana, en un almacén junto al aeropuerto e intentaron convertirlos en informantes.
¡Conectar los puntos y movilizar contra el aparato policial nacional!
Estados Unidos es un país cuya historia incluye una limpieza étnica antiindígena en curso, un autoritarismo fronterizo creciente y la mayor población encarcelada del mundo. Muchas de las peores atrocidades de los últimos 100 años fueron cometidas por las fuerzas estadounidenses o por grupos armados entrenados y dirigidos por ellas. La policía estadounidense a menudo está en primera línea de estas atrocidades.
Las «reformas» del sistema policial no solo son ineficaces, sino que, en general, aumentan el poder de la policía. Las camaras automáticas de placas y las cámaras corporales son dos ejemplos de este fenómeno. Del mismo modo, los intentos de ocultar los numerosos mecanismos de cooperación entre la policía local y federal sin abordar los hechos básicos del aparato policial estadounidense tienden a crear ilusiones en la policía local, que en la realidad no es ningún amigo de los trabajadores y los pueblos oprimidos.
En lugar de seguir el camino trazado por los políticos capitalistas de los partidos Demócrata y Republicano, que apoyan a la policía hasta la última instancia, los millones de personas que luchan en las calles contra el terror del ICE y el FBI deben reconocer lo que la comunidad migrante siempre ha dicho en español: «¡La policía, la migra, la misma porquería!».
Eso significa responder políticamente a cada acto de violencia policial y a cada intento de incriminar a los miembros de nuestra comunidad y a nuestros hermanos y hermanas en la lucha. Construir un movimiento capaz de derrotar la agenda de MAGA y el terrorismo interno llevado a cabo por la policía federal implica tener clara la inseparabilidad entre todos los brazos violentos del Estado capitalista.
Foto: The Columbus Dispatch

