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Una evaluación de las tácticas del movimiento inmigrante en Los Ángeles

Por MIKA, NATALIA y N. IRAZU

En junio de 2025, las masas de Los Ángeles se convirtieron en el centro de la lucha de clases en Estados Unidos. Cuando el Gobierno federal envió brigadas de agentes del ICE, similares a la Gestapo, a la ciudad y sus alrededores, y luego desplegó a la Guardia Nacional y a los marines, la comunidad inmigrante de Los Ángeles y sus aliados, ya organizados en cierta medida en torno a redes de respuesta rápida y grupos de solidaridad con los inmigrantes, salieron a enfrentar los agentes y las tropas que ocupaban su ciudad.

En barrios como Paramount, comunidades enteras lucharon para expulsar a la migra de sus calles. Lo que se desarrolló proporcionó a los activistas de todo el país un primer atisbo embrionario de lo que podría ser un movimiento de masas contra el ICE y Trump en la lucha por defender nuestros derechos democráticos y construir el poder de la clase trabajadora.

De la redada de Ambience a las protestas de Sin Reyes

El viernes 6 de junio comenzaron las redadas masivas en Los Ángeles. Se llevó a cabo una importante operación contra los trabajadores de la confección en la fábrica de ropa Ambience Apparel. Cuando llegó el ICE, la comunidad salió con sus organizaciones, como la Unión de Inquilinos de Los Ángeles (LATU), SEIU y la Coalición de Autodefensa Comunitaria. Hubo un enfrentamiento durante un par de horas y el presidente de SEIU, David Huerta, fue brutalmente detenido.

A medida que se desarrollaba la ocupación de Los Ángeles, el B-18, que es el sótano debajo del Edificio Federal, se convirtió en un punto focal para parte del movimiento. Dado que es el único centro de detención masiva de la ciudad, algunos concibieron la idea de cerrarlo. La movilización cerró las instalaciones, pero solo temporalmente. Trump utilizó los conflictos en el edificio federal como pretexto para enviar a la Guardia Nacional a «proteger la propiedad federal», junto con la afirmación de que las tropas acabarían con la supuesta «violencia» en toda la ciudad. Aún no se había alcanzado el nivel de organización necesario para expulsar al ICE de Los Ángeles.

Cuando se llamó a la Guardia Nacional el 8 de junio, esta cumplió un doble propósito: «proteger» el Edificio Federal de los manifestantes, y ayudar a arrestar a los organizadores. En general, no colaboraron en las redadas, con una importante excepción: las redadas de Paramount.

En Paramount, cientos de personas se presentaron para frustrar la operación del ICE. Con gente arrancando piedras del suelo y empujando físicamente los vehículos del ICE fuera de sus calles, se convirtió en un enfrentamiento total entre la comunidad y el ICE. Y la comunidad ganó. Este tipo de acción espontánea se repetiría principalmente a lo largo de junio y julio. La comunidad que se presentó contra el ICE tenía un carácter cualitativamente diferente al de las patrullas de respuesta rápida. A los pequeños grupos de dos o tres personas les resulta muy difícil detener una redada, mientras que este tipo de manifestaciones comunitarias hicieron que las operaciones del ICE fueran mucho más costosas de llevar a cabo.

El 9 de junio, los trabajadores de los hoteles Marriott y Westin llamaron a la Coalición de Autodefensa para informarles de que el ICE se alojaba en los hoteles. La gente de la ciudad comenzó a organizarse para no dejar descansar a los agentes. Multitudes se presentaban por la noche y hacían un cacerolazo, golpeando ollas y sartenes, y realizaban manifestaciones durante toda la noche. Para no agotarse, la gente lo hacía divertido, poniendo música a alto volumen.

El 10 de junio, la alcaldesa demócrata, Karen Bass, decretó un toque de queda. Esto dio luz verde a los policías para brutalizar a los manifestantes. De repente, las personas con familias, niños y ancianos no quisieron participar debido al aumento del peligro, y el carácter masivo de las protestas se redujo. La fuerza organizada del movimiento aún no había alcanzado el nivel necesario para hacer frente a tal agresión por parte del Estado.

Pero, aun así, cuando llegó el 14 de junio, hubo una participación masiva con más de 200 000 personas en las calles. El 14 de junio se centró en la inmigración, la salida de la Guardia Nacional de Los Ángeles y el fin de los secuestros del ICE. Al igual que la respuesta espontánea de la comunidad en Paramount, demostró que hay un número incalculable de personas dispuestas a manifestarse contra la opresión de sus comunidades; solo hay que organizarlas.

La organización comunitaria

Una parte importante de la organización contra el ICE corrió a cargo de la Coalición de Autodefensa Comunitaria (Community Self-Defense Coalition, CSDC). A principios de 2025, se creó la CSDC en previsión de las redadas que se avecinaban. Más de 70 organizaciones de base y civiles se unieron por iniciativa de Unión del Barrio, una organización «internacionalista de la raza» y socialista. Uno de sus principales proyectos fue formar a activistas para llevar a cabo patrullas que documentaran y perturbaran al ICE, dificultando así la realización de sus redadas. A principios de junio, estas patrullas demostraron que era posible enfrentarse al ICE, con cientos de vídeos de los patrulleros circulando por Internet. Al identificar previamente a los agentes antes de que comenzaran las redadas e informar a la comunidad a través de las redes sociales y los chats de Signal, la CSDC pudo evitar redadas y deportaciones a menor escala, una actividad de enorme importancia.

Con el tiempo, las redes establecidas por el CSDC comenzaron a llegar a los residentes y las pequeñas empresas, a colocar carteles y números de teléfono a los que llamar si se veía al ICE, y a proporcionar un paso seguro a los trabajadores indocumentados si el ICE estaba en la zona. También se han organizado talleres comunitarios sobre cómo organizar las patrullas. Se organizaron distribuciones de alimentos para las personas que no pueden trabajar debido a la presencia de la migra.

LATU también ha participado en la tarea de organización. Se ha puesto en contacto con jornaleros  y callejeros para mantenerse informado de los movimientos de la migra. También se ha involucrado en la construcción de la comunidad a través de distribuir alimentos y poner películas políticas. Ha logrado vincular la lucha en los Home Depots con las luchas por la vivienda, formando en el proceso a más organizadores para la lucha más amplia por la justicia social.

En la universidad de Cal State LA, los organizadores comenzaron a organizarse de forma preventiva por si el ICE pensaba entrar en el campus. No quieren esperar a que se lleven a cabo redadas para organizarse, quieren enfrentarse a ellas con una organización de masas ya consolidada. Los profesores se organizaron y los estudiantes activistas se propusieron organizar a los más de 22 000 estudiantes que asisten a la universidad. Comenzaron a impartir formación sobre patrullas a pie, talleres sobre cómo identificar al ICE e invitaron a todo el campus, además de establecer protocolos sobre qué hacer si el ICE aparece.

Los profesores de las escuelas primarias y segundarias también se convirtieron en un componente importante del movimiento. En algunas escuelas, los profesores han establecido patrullas perimetrales que llevan a cabo todos los días. Algunas de estas escuelas ya están en contacto entre sí, para que si la migra aparece en una, se notifica a las demás y estas también pueden cerrar. La importancia de esto radica no solo en la seguridad que proporciona a los estudiantes indocumentados, sino también en que los propios profesores se arraigan orgánicamente en el lugar de trabajo y en la comunidad. Es un ejemplo de un proyecto más amplio de organización de los trabajadores en sus lugares de trabajo. La organización que reune a los trabajadores de las escuelas, Home Depot, los sindicatos de inquilinos y trabajadores, el CDSC, los vendedores ambulantes y las organizaciones comunitarias sería una fuerza formidable.

El papel de los sindicatos

Un elemento que ha estado casi ausente del movimiento en Los Ángeles ha sido los sindicatos organizados. La brutal detención del presidente del SEIU USWW, David Huerta, durante la redada del ICE en Ambiance Apparel el 6 de junio, planteó la perspectiva de que los sindicatos pasaran a la vanguardia de un movimiento militante contra el ICE. Pero, aunque hubo algunas iniciativas, no se concretaron. No hubo un esfuerzo concentrado para movilizar a los 800 000 miembros de sindicatos del condado de Los Ángeles. Como mucho, varios cientos pudieron haber estado presentes en algunas de las marchas más grandes como un contingente sindical visible.

Hubo dos iniciativas de cierta importancia. La primera se denominó «Verano de resistencia», un esfuerzo de United Teachers of Los Angeles (UTLA) y SEIU para crear un espacio cultural con talleres en Placita Olvera, en el centro de Los Ángeles, con el centro de detención a solo unas cuadras de distancia.

A pesar de ello, no se intentó vincular esta iniciativa con movilizaciones masivas de los sindicatos. Lo más parecido fue un llamamiento de Unite Here, SEIU y UTLA a un boicot y un paro laboral el 12 de agosto. Hubo una marcha en McArthur Park y en el centro, pero no se produjo ningún paro laboral.

Por otro lado, UTLA, en gran parte por la iniciativa de los miembros educadores del CSDC, ha animado y prestado apoyo a los profesores para crear equipos y patrullas de santuario en las escuelas. Estos equipos luchan por unas políticas de santuario escolar más estrictas, que incluyan cierres efectivos y protectores, algo sobre lo que el distrito ha dado orientaciones muy tímidas. Y las patrullas escolares se han convertido en importantes formas de actividad autónoma de los trabajadores que tienen el potencial de construir las luchas locales mencionadas anteriormente.

¿Qué hacer?

A pesar de los incansables esfuerzos de los organizadores y las masas en Los Ángeles, el ICE sigue secuestrando a nuestros vecinos. A pesar del rechazo generalizado al régimen de deportaciones, Trump sigue en el poder. La cruda realidad es que el movimiento aún no es lo suficientemente fuerte como para expulsar eficazmente al ICE de sus ciudades e imponer su voluntad a la administración. Un movimiento capaz de hacerlo no puede surgir de la nada, necesita organizarse.

Al comienzo de las redadas del ICE en junio, que provocaron una profunda conmoción e indignación en toda la ciudad, hubo una oportunidad para movilizar rápidamente e involucrar a decenas de miles de personas en Los Ángeles. Los sindicatos tendrían que desempeñar un papel central. La idea de una huelga general en la ciudad era algo plausible, aunque fuera una posibilidad lejana. Incluso hubo algún debate al respecto entre los líderes sindicales. Pero se hizo poco, casi nada, para alcanzar este objetivo.

Aunque muchos sindicatos, como UTLA, SEIU, UNITE HERE y los sindicatos de enfermeras, han intensificado su militancia en los últimos años, incluyendo huelgas por sus contratos, cuando se trata de acción política, nuestros sindicatos se limitan, lamentablemente, a ejercer presión, elegir a demócratas locales y participar en planes como la Propuesta 50, una medida electoral iniciada por el Partido Demócrata para rediseñar los distritos electorales. Los sindicatos, la fuerza más poderosa que podría oponerse a las redadas, estuvieron ausentes de la mera acción.

La idea de que tenemos el poder de cambiar la sociedad no es ajena a los sindicatos, pero existe una gran brecha entre esta idea y la práctica política. Los sindicatos, organizaciones creadas con la sangre, el sudor y las lágrimas de la clase trabajadora para defender sus reivindicaciones más sentidas, deberían estar al frente, defendiendo a su clase contra estos matones del nuevo gestapo yanqui. Su falta de hacerlo se debe a una historia de sindicalismo empresarial, a décadas de acercamiento al Partido Demócrata y a que la privilegiada burocracia sindical se ha sentido incómoda con la idea de una base altamente politizada y movilizada que amenaza con trastocar la jerarquía establecida.

Lo increíble de la lucha en Los Ángeles fue la autoorganización de la clase, el intenso deseo de luchar demostrado por decenas de miles de personas en las calles. Esta energía, bien utilizada, puede cambiar el mundo. A través de coaliciones de base organizadas democráticamente y con base popular, se puede movilizar la voluntad de millones de personas para golpear como un solo puño. Para lograrlo, debemos animar a sindicatos como el SEIU, que representa a muchos trabajadores indocumentados y ha mostrado cierta disposición a entrar en la lucha, a involucrarse aún más, al tiempo que denunciamos el comportamiento traidor de aquellos líderes sindicales que se acercan a la misma administración Trump que ataca al movimiento sindical.

Debemos transformar radicalmente nuestras culturas sindicales para estimular una mayor actividad de los trabajadores de base en el sitio de trabajo y en todo el sindicato, y desarrollar una acción política independiente de la clase, de modo que los trabajadores confíen en sí mismos y en su solidaridad para cambiar el rumbo del país y desafiar las cadenas legales y culturales que han mantenido a nuestros sindicatos débiles y a la defensiva.

Necesitamos imaginación y audacia en nuestra lucha. Una de las formas más seguras de derrotar las redadas del ICE sería una huelga general, para paralizar la ciudad y acabar con los beneficios de los capitalistas que apoyan a Trump. Una huelga activa podría además tomar el control de las principales arterias de transporte de la ciudad e impedir la libre circulación de quienes aterrorizan a nuestras comunidades.

Nuestros esfuerzos deben traducirse en movilizaciones masivas capaces de derrotar todo el régimen capitalista. Los trabajadores, codo con codo con las coaliciones de base, pueden liderar el camino, organizando huelgas parciales y generales contra las redadas y las deportaciones. Estas acciones, vinculadas en todo el país, pueden crear una verdadera crisis de gobernanza y legitimidad para Trump, poner fin al régimen de deportaciones y conseguir derechos civiles y políticos permanentes para todos los inmigrantes.

¡Papeles para todos!

Foto: Manifestantes se reúnen en Los Ángeles el 8 de junio de 2025 para exigir el fin de las redadas del ICE en los lugares de trabajo. (Tayfun Coskun / Anadolu)

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