
Por Christine Marie
En un tiempo increíblemente corto, la presidencia Trump-Musk ha cumplido su promesa de comenzar a desmantelar los elementos del Estado que consideran superfluos para el beneficio privado y la expansión imperialista. Esto ha resultado ser casi cualquier servicio gubernamental que los trabajadores han arrebatado a las élites para tratar de estabilizar su nivel de vida y su bienestar.
En poco tiempo, la nueva administración ha utilizado nombramientos de jefes de gabinete y agencias, órdenes ejecutivas ilegales, degradaciones y despidos racistas y sexistas, así como la engañosa operación DOGE, que está desatando hackers en los servidores del gobierno, para destruir el gasto y la actividad en apoyo de la salud, la educación, la protección del medioambiente, el cuidado de niños, el cuidado de ancianos, la justicia reproductiva, la investigación científica básica y la implementación de más de un siglo y medio de medidas de derechos civiles ganadas por las luchas.
Por el camino, están intentando romper contratos laborales, dispersar a las plantillas financiadas con dinero federal y aterrorizar a la ya vulnerable pueblo inmigrante con deportaciones dramáticas.
Como era de esperar, hay razones por creer que ni el Congreso ni los tribunales intenten erigir serios obstáculos a la creciente afirmación del poder ejecutivo de Trump. Y por si acaso lo hacen, el secretario de Defensa, James Mattis, ha eliminado del Pentágono a los generales que podrían oponerse al despliegue de tropas estadounidenses en tierras domesticas o para invadir a Groenlandia o Panamá.
La resistencia está creciendo
Ante esta terrible situación, el movimiento para obstruir el avance hacia el autoritarismo está creciendo. Decenas de miles de personas se han unido en protestas de un lado del país al otro, en ayuntamientos y en centros urbanos, frente a agencias federales, en las oficinas de los miembros del Congreso y en concesionarios de Tesla, dejando claro que están dispuestos a luchar. Sus pancartas se oponen a los ataques de Trump a los derechos democráticos, a los derechos LGBTQI y a los sindicatos. Se oponen al gobierno de los multimillonarios.
La mayoría de estas acciones han sido organizadas por formaciones liberales, como Indivisible, que llevan mucho tiempo operando dentro de un entorno más amplio del Partido Demócrata. Han conseguido un amplio alcance en un sector de la población que parece ansioso por manifestarse y expresar su disconformidad.
Al mismo tiempo, los más perjudicados se han organizado. Los trabajadores inmigrantes han demostrado su valentía en marchas callejeras y a través de redes de respuesta rápida que han impedido con éxito las redadas de la migra. También ha aumentado el número de acciones en defensa del derecho de las personas trans a la atención sanitaria y a la plena participación en la vida pública. Trabajadores federales de todo tipo han protestado frente a sus lugares de trabajo en Washington, DC, ondeando carteles sindicales y pancartas en defensa de su trabajo.
A medida que más y más trabajadores comprendan la realidad del plan presupuestario federal aprobado por Trump, un plan que seguramente incluirá unos 880 000 millones de dólares en recortes a Medicaid, el robo de fondos de la Seguridad Social, un aumento del gasto en guerras y recortes fiscales masivos para los ricos, existe la posibilidad de organizar manifestaciones en más zonas y de mayor tamaño.
Estas movilizaciones tienen la capacidad de ampliar significativamente el alcance de la población que se involucra, al tiempo que aumentan el número de trabajadores que se suman a la acción. Para lograrlo, los organizadores suelen reunirse en persona y planificar un seguimiento deliberado y propaganda consciente para el público. Hoy en día, esto podría incluir a militantes sindicales que quieren conseguir la participación de sus sindicatos locales, jóvenes formados en las tareas de solidaridad con Palestina, grupos religiosos arraigados en el activismo por la justicia social, activistas del medioambiente e indígenas, y organizaciones populares arraigadas en la comunidad negra.
Los esfuerzos para ampliar las protestas podrían consolidarse con reuniones abiertas, inclusivas y gestionadas democráticamente. Cada nueva reunión podría atraer a personas no organizadas anteriormente y proporcionar el espacio para que los recién radicalizados asuman funciones de liderazgo.
Este ritmo, que crea nuevos espacios abiertos y democráticos en lugar de utilizar formaciones ya existentes asociadas a la política electoral, es importante por otra razón: millones y millones de personas que querrán protestar han quedado profundamente decepcionadas tanto con el partido demócrata como con el republicano, y llevan mucho tiempo decepcionadas. Ellos no confían en las organizaciones porque tienen miedo de que sean descartados principalmente como un voto en las elecciones de mitad de mandato. Ellos quieren dar forma a la política del movimiento.
Es razonable esperar que los trabajadores que se sienten inspirados a actuar en respuesta al fiasco del presupuesto federal quieran que las futuras manifestaciones hablen claramente de sus necesidades más inmediatas de ingresos adecuados y viviendas asequibles, necesidades que a menudo se resumen en el eterno eslogan «dinero para las necesidades humanas, no para la guerra».
Este tipo de organización puede aumentar exponencialmente nuestra capacidad de contraatacar, avanzando hacia un momento en el que la oposición al impulso de Trump y Musk hacia el autoritarismo pueda ser reconocido como su propio movimiento por nuestros compañeros de trabajo y vecinos. Es lo que necesitaos para derrotar a los multimillonarios y preservar el espacio político en el que los trabajadores radicalizados pueden organizarse para un cambio social aún más fundamental.
La historia demuestra que para derrotar a la extrema derecha, hay que hacer mucho más que simplemente aumentar el tamaño del movimiento de protesta. También es necesario que el movimiento eche raíces profundas entre la clase trabajadora. Cuando los políticos de las grandes empresas ven protestas cuyos manifestantes y líderes trabajan todos los días para mantener las luces encendidas, los estantes de las tiendas llenos, los camiones y trenes en movimiento y el ejército marchando, se preocupan por su capacidad para mantener su dominio de clase. En la medida en que los trabajadores y sus sindicatos y organizaciones comunitarias asuman un papel importante en el movimiento, expresando su solidaridad con todos los oprimidos al tiempo que plantean sus propias reivindicaciones, el movimiento ganará influencia para forzar concesiones de la clase dominante.
Se puede construir un movimiento de masas para forzar la retirada de los políticos de extrema derecha, los jefes de empresas multimillonarias y otros miembros de la clase capitalista cuyas políticas nos están llevando a la catástrofe. Si te interesa estudiar la historia de nuestras victorias y derrotas pasadas en la batalla contra el autoritarismo y el capitalismo y trabajar para aplicarlas, únate ya a La Voz de los Trabajadores.

