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La ganadora del Oscar «No Other Land» muestra la verdadera cara de la violencia israelí en Cisjordania

Por JAMES MARKIN

La ganadora al mejor documental en los Premios Oscars del pasado fin de semana es una película que la mayoría de los estadounidenses no pueden ver fácilmente: «No Other Land» (Ninguna otra tierra). El documental palestino-israelí no consiguió encontrar un distribuidor estadounidense antes de la prestigiosa ceremonia de los Oscars a pesar de ser el favorito para ganar un premio. Esto no se debe a una falta de demanda; de hecho, No Other Land superó a todos sus rivales al Mejor Documental en taquilla a través de distribuidores independientes. En cambio, la falta de un distribuidor es un ejemplo más de cómo las empresas estadounidenses han trabajado para silenciar las narrativas palestinas en el discurso público, incluso cuando el gobierno de EE. UU. canaliza miles de millones de dólares hacia el genocidio israelí en Gaza.

Mezcla de periodismo documental con activismo

«No Other Land» es una película única, un documental de cámara oculta que cuenta la historia de la lucha de los palestinos para salvar de la destrucción de las FDI a la comunidad rural de Masafer Yatta, en Cisjordania. Desde la década de 1980, Israel ha intentado despoblar la zona, alegando que es necesaria para una zona de entrenamiento de las FDI.

Este proyecto fue respaldado por el Tribunal Supremo de Israel después de que las familias palestinas trajeron la cuestion a la corte en la década de 1990. Sin embargo, documentos filtrados del gobierno israelí de la década de 1980 revelaron que, desde el principio, la zona de entrenamiento de las FDI siempre fue una excusa utilizada para justificar el verdadero objetivo de Israel de despoblar la región como parte de un plan más amplio para acelerar el asentamiento israelí en la zona. Como parte de este esfuerzo, se envían regularmente excavadoras israelíes a zonas remotas de Masafer Yatta para demoler casas, parques infantiles, escuelas y negocios de palestinos, ya que las FDI esperan que esto les obligue a abandonar sus hogares y granjas.

El codirector de la película, el joven activista palestino Basel Adra, está inextricablemente vinculado a la lucha por defender Masafer Yatta. Las imágenes antiguas muestran al padre de Basel, Nasser, liderando la lucha contra las demoliciones israelíes en los años 80 y 90. Ahora el propio Basel ha tenido que asumir un serio grado de liderazgo en la lucha. A pesar de haber estudiado para ser abogado, no hay suficiente trabajo legal en Cisjordania para que Basel se mantenga trabajando de abogado. Así que, en su lugar, Basel divide su tiempo entre ayudar en la gasolinera rural de su padre y documentar y liderar protestas contra las demoliciones israelíes de casas y negocios en Masafer Yatta.

El documental muestra claramente cómo su dedicación a la lucha ha pasado factura a Basel Adra, que intenta aliviar el estrés de luchar por la vida de su comunidad fumando mucho y utilizando su teléfono de forma casi compulsiva. Esto contrasta con el codirector israelí de la película, Yuval Abraham, un israelí cuya vida cambió cuando aprendió árabe y se dio cuenta de que el trato que su país da a los palestinos es indefensible. En la película, Yuval a menudo es utilizado como un contrapunto más ingenuo, enérgico e impaciente al serio y cansado Basel. Algunas secciones de la película están dedicadas a grabar conversaciones entre los dos hombres, en bares de narguile, coches y alrededor de la casa de Basel, donde a menudo pasan las noches tumbados uno al lado del otro en sacos de dormir en el suelo desnudo.

Si bien no se cuestiona la dedicación de Yuval para detener la destrucción israelí de Masafer Yatta, algunas de las partes más interesantes de la película cuestionan su papel y presencia en la comunidad palestina. Mientras que Basel vive en la zona rural de Cisjordania y no puede irse, ni siquiera conducir por carreteras construidas para los colonos israelíes, Yuval ha optado por pasar gran parte de su tiempo allí produciendo el documental y escribiendo sobre la situación a la que se enfrenta la comunidad de Basel. Aun así, a menudo puede volver a casa con su familia, casi en otra realidad dentro de Israel.

Durante un momento particularmente impactante del documental, mientras Yuval ayuda a transportar equipo pesado en Masafer Yatta, se enfrenta a un residente que le pregunta cómo puede Abraham esperar estar cerca de los palestinos en Cisjordania cuando «las personas que están demoliendo nuestras casas podrían ser sus primos». Su polémica conversación es interrumpida por otro residente, que les llama para que ayuden en otro lugar, declarando que habrá tiempo para debatir cuando el trabajo esté cumplido.

Demoliciones de viviendas: desesperación marcada por una violencia despiadada

De hecho, el documental demuestra que el tiempo es algo que les falta a los residentes de Masafer Yatta, y gran parte de la película está dedicada a imágenes grabadas con teléfonos móviles por Basel y Yuval que documentan las continuas demoliciones israelíes en la comunidad rural. En un momento de la película, vemos un soldado de las FDI disparar a muy corta distancia a uno de los hombres que antes ayudaba y debatía con Yuval, Harun Abu Aram, durante la demolicion de una casa. El disparo deja a Harun paralizado del cuello para abajo. Enel resto de la película, vemos a la madre de Harun, obligada a cuidar de su hijo ahora paralítico mientras vive en una cueva porque su casa fue demolida. Harun Abu Aram murió en 2023 debido a las úlceras de decúbito y las infecciones causadas por estar tumbado en el suelo de una cueva, sin poder moverse.

Esto es una de las cosas más impactantes de «No Other Land»: la forma en que transmite el horror cotidiano de la vida bajo una brutal ocupación militar. Un día, un hombre está en la flor de la vida, mantiene a su familia y es un pilar de su comunidad, y al día siguiente está tirado en el suelo de una cueva, muriendo lentamente mientras su madre cuida de él y de su familia. «No Other Land» nos muestra toda la historia con sus detalles más brutales.

También se nos muestra cómo la lucha de décadas ha afectado a Basel y a su familia, transformando su vida cotidiana de tal manera que el extraordinario acoso de las FDI les resulta mundano. En un momento , su madre le dice a Basel que ha lavado su ropa para que esté lista si lo arrestan. Cuando los soldados vienen a por él y su padre, Basel consigue evitar el arresto gracias a su familia, que demuestra que ya sabe como enfrentar los escuadrones de arresto de las FDI debido a demasiada experiencia, y ha aprendido metodos para evadirlos. El padre de Basel, sin embargo, no puede escapar, y Basel se ve obligado a renunciar a gran parte de su trabajo activista para ocuparse del negocio familiar.

Esto conduce a una sección de la película en la que, mientras Nasser Adra está en prisión y Basel se ocupa de la gasolinera, es Yuval quien asume la tarea de enfrentarse a las demoliciones de viviendas por parte de las FDI y documentarlas. A través de la lente de la cámara de su teléfono, vemos cómo las fuerzas de las FDI lo reciben de manera diferente por ser un manifestante judío. En un momento, un judío enfadado vestido de civil se le pone delante y le promete vengarse de su familia por ser un traidor.

De hecho, hacia el final de la película, los colonos judíos se convierten en una amenaza cada vez mayor para la comunidad de Masafer Yatta. A menudo se presentan a los enfrentamientos armados y preparados para causar estragos en la comunidad palestina. A través de las imágenes de Basel y Yuval vemos cómo los ataques de los colonos son vigilados por las tropas de las FDI, que no hacen nada para evitarlos, ya que están allí simplemente para disuadir las represalias. La película termina con una escena especialmente espeluznante en la que colonos judíos, armados con rifles, atacan el mismo grupo de casas donde vive la familia Adra.

Esta falta de conclusión al final de la película es un poderoso llamamiento a la acción para quienes la ven. A lo largo de la película, los dos directores discuten y debaten hasta qué punto la documentación y el periodismo pueden ayudar a poner fin al tipo de violencia despiadada de los militares y los colonos a la que se enfrenta Masafer Yatta. Aunque la forma exacta en que los directores responderían en última instancia a esta pregunta no está clara al final de la película, desde una perspectiva activista parece evidente que una película como «No Other Land» en sí misma puede hacer muy poco para cambiar la realidad sobre el terreno. Depende de nosotros, los espectadores, que estamos entre las clases trabajadoras de países como Estados Unidos, detener el apoyo de nuestro gobierno imperialista a lo que está haciendo Israel.

En un punto de la pelicula, Basel incluso alude directamente a la posibilidad de que una retirada potencial del apoyo estadounidense sea un punto de inflexión en la lucha de Masafer Yatta. Por eso, aunque los activistas deberían ir a ver «No Other Land» en cualquier cine independiente que la esté proyectando cerca de ellos, lo más importante es construir un movimiento de solidaridad con Palestina amplio y militante que sea capaz de ayudar materialmente a la gente de Masafer Yatta.

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