La lucha por los derechos trans necesita que acelerarse bajo Trump

Por RUSS O’SHEA

Durante los últimos años, las personas trans han sido puestos en el punto de mira de una forma bastante grotesca. Las elecciones de noviembre enseñaron cómo la comunidad trans era el chivo expiatorio de prácticamente cualquier problema social al servicio del juego político. El Partido Republicano atacó con saña a la comunidad trans y el presidente electo Donald Trump ha prometido repetidamente destruir las vidas trans. Sin suavecer ninguna palabra, Trump presentó un plan para, desde el primer día, prohibir el acceso de las personas trans al ejército, las escuelas, los baños y los deportes, así como prohibir los cuidados de reafirmación de género que salvan vidas. Esto sigue a iteraciones anteriores del plan, que también incluían atacar a maestros, padres y proveedores médicos de personas trans.

Las implicaciones de estos ataques son muy graves, y lógicamente se deduce que las llamadas a las redes de ayuda al suicidio por parte de personas trans se aumentaron un 700% tras las elecciones. Se espera que el segundo mandato de Trump se haga eco de la ofensiva antitrans de su primer mandato, con una brutalidad aún desconocida, apoyada por una red de fuerzas antitrans más desarrollada que la que existía entonces.

Al mismo tiempo que los Republicanos lanzan amenazas funestas, los demócratas demostraron su total falta de voluntad por defender los derechos trans durante las elecciones, y algunos candidatos hasta adoptaronn las tácticas del Partido Republicano y adoptaron mensajes antitrans como parte de sus campañas. Algunas personas del Partido Democrata afirmaron que su fracaso en las urnas apunta a la necesidad de «moverse a la derecha» en cuestiones trans, y otras indicaron que las personas trans y otras minorías como los árabes y los latinos son los culpables de la derrota. La perspectiva de dejar atrás a las personas trans se vio en acción cuando el partido se negó a luchar contra las disposiciones del presupuesto militar (NDAA) que prohibirían a su seguro médico proporcionar atención de afirmación de género a los hijos de los miembros del servicio. La aprobación de este presupuesto es sin duda una buena noticia para Trump y su ambición de expulsar a los miembros trans del servicio militar, continuando con la luz verde de Biden para que el mayor empleador del país discrimine a las personas trans.

La concesión sobre este presupuesto es el último capítulo del legado de los demócratas de no hacer nada para desafiar de forma significativa los miles de ataques contra los derechos trans de los últimos años. Sin embargo, a las personas trans se les sigue diciendo una y otra vez que los Demócratas son su única opción: «Ser aplastado lentamente bajo un dedo cada vez más apretado es mejor que ser aplastado inmediatamente» es el mensaje.

La contradicción entre el mensaje «progresista» de los demócratas y su aparente desprecio por las personas trans se complica aún más por los legisladores trans que se presentan bajo su bandera. Una de ellas, Sarah McBride, se ganó el título de ser la primera senadora estatal abiertamente trans elegida para un cargo, en representación de Delaware. Pero la tensión se hizo patente cuando McBride, al igual que sus colegas del Partido Demócrata, cedió a las afirmaciones de la derecha de que las personas trans no deben tener derecho a utilizar el baño que se ajuste a su identidad de género, lo que en la práctica significa que las personas trans no tienen derecho a utilizar el baño en absoluto. Esta conciliación simplemente envalentonará a la derecha para seguir atacando el acceso a los baños, como las prohibiciones de Ohio y Florida, y perseguir el uso de recompensas contra las personas trans, como se ha visto en Odessa, Texas.

Sin un partido político interesado en defender las vidas trans, ¿qué opciones hay para detener la ofensiva que la administración entrante promete acelerar? La única opción es lo que las personas trans siempre han tenido que hacer: tomar la lucha por la vida en sus propias manos. Lo que se necesita ahora es la construcción de un movimiento de masas que demuestre que estos ataques van contra la voluntad de la inmensa mayoría de la gente. Este movimiento podría fortalecerse significativamente si se uniera a otros movimientos y encontrara aliados en ellos, como los movimientos por los derechos de los inmigrantes, los negros y las mujeres, así como los movimientos por el clima y Palestina. En 2020, la solidaridad entre los movimientos por las vidas negras y las vidas trans fue lo bastante poderosa como para presionar a un Tribunal Supremo conservador para que declarara ilegal despedir a trabajadores por motivos de identidad de género o sexualidad.

Se podría lograr una oposición firme a la ofensiva con la ayuda de un movimiento sindical organizado democráticamente, dirigido por sus bases y con energía para luchar por los derechos de los trans en el lugar de trabajo, en los contratos y en las calles. Algunos sindicatos locales ya están reconociendo la importancia de defender a las personas trans. El año pasado, el sindicato local 2325 de la UAW consiguió que se incluyera en su contrato la atención a las personas trans. Conseguir logros como éste no sólo mejora inmediatamente las condiciones de vida de las personas trans, sino que crea un espacio para avanzar conversaciones sobre cómo las agresiones legales son ataques a todos los trabajadores. A medida que la guerra cultural siga haciendo estragos, educar a los trabajadores en cuestiones como los derechos de las personas trans será cada vez más importante para establecer la solidaridad y defender a toda la clase trabajadora de las tácticas de divide y vencerás que facilitan la destrucción de sus salarios y condiciones de vida. De hecho, se ataca a las personas trans porque permite a los poderes fácticos hacer precisamente esto.

En el gran esquema de las cosas, combatir estos ataques requerirá mucho más que votar al candidato «correcto» o evitar al «errado». Requerirá una transformación social que se aleje del sistema actual, que se creó para ayudar a los políticos a apoyar a sus amos corporativos. Los cimientos de dicha transformación pueden sentarse construyendo un movimiento que esté dispuesto a luchar por los derechos trans y por todos los derechos del pueblo y que tenga la perspectiva de ampliarse a todas las capas sociales a las que pueda llegar.

Foto: Andrew Caballero-Reynolds / AFP / Getty Images

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