
Por BRIAN CRAWFORD
El 3 de octubre, Robert Jones, operador profesional de asistencia en carretera de 54 años, se acercó a un coche parado en el carril de giro. En el coche iba Christopher Sweeney, detective de homicidios de Filadelfia fuera de servicio. Jones llevaba puesto su chaleco de alta visibilidad cuando se acercó, y no hay indicios de que le dijo nada uno al otro. Cuando Jones se acercó al vehículo, Sweeney disparo varias veces a través de la ventanilla del conductor, pegandole a Jones y matándolo.
Los primeros informes sobre el incidente lo describieron como un intento de «robo de coche», aunque Jones iba desarmado y tenía su propio coche estacionado cerca.
El Departamento de Policía de Filadelfia no ha despedido ni acusado a Sweeney. Actualmente está de baja administrativa a la espera de una investigación. Este hecho, así como la caracterización de Jones como ladrón de coches en las primeras noticias, enfurece a su familia. Exigen que Sweeny sea despedido y acusado de asesinato.
El 2 de noviembre, la familia de Jones y activistas protestaron ante el Ayuntamiento de Filadelfia y marcharon hasta el cuartel general de la policía. Un organizador de la protesta le dijo al publico «Fue ejecutado por el delito de ser negro. Sweeney anda libre. Este caso de asesinato policial, como el asesinato de Eddie Irizarry por Mark Dial [al que el agente Dial disparó mientras estaba en su coche en agosto de 2023], sirve para aterrorizar a las comunidades negras y marrones de Filadelfia, que no pueden esperar estar seguras en sus propios barrios. Este caso pone de manifiesto la clara necesidad de reavivar la lucha por el control comunitario de la policía en Filadelfia.»
Mientras tanto, como innumerables otras personas cuyos familiares o amigos son asesinados impunemente por la policía, la familia y los amigos de Jones exigen justicia. Su tía dijo en la marcha: «Pedimos que retiren al agente de la policía y de las calles, que pierda su trabajo y que lo encarcelen».
«Él [Sweeney] es un asesino», dijo Nicole High, amiga de Robert Jones. «No debería permitírsele nunca llevar un arma ni llamarse a sí mismo agente de policía, ni de servicio ni fuera de servicio. Mató a un hombre negro desarmado. Cada día cambia su narrativa. Di la verdad. Tú [Sweeney] tenías miedo de un negro. Di la verdad».
La Colaboración para la Salud Urbana de la Universidad de Drexel realizó un estudio según el cual, de las 39 personas asesinadas por la policía en Filadelfia en los años 2013-2020, 26 eran negras. De los homicidios cometidos por la policía, el 82% se produjeron en barrios de mayoría negros o latinos. En los casos de disparos no mortales, el 81% se produjeron en barrios negros o latinos. Los afroamericanos tenían nueve veces más probabilidades de morir a manos de la policía que los blancos.
«Quienes conocen la ciudad y su historia afirman que existe un historial bien documentado de discriminación racial y brutalidad policial contra los residentes negros», escribió Josiah Bates para la revista Time en 2020.
El problema no es nuevo. W.E.B Dubois, en su libro «El negro de Filadelfia», descubrió que a finales del siglo XIX, aunque los negros eran el 5% de la población de la ciudad, constituían un tercio de la población de las cárceles. En los años 1950-1960, el 90% de las personas asesinadas por la policía eran negras. Más tarde, en los años 60, Frank Rizzo se convirtió en jefe de policía y se dedicó a mantener a la población negra «en su sitio». Rizzo se convirtió en alcalde en los años 70, y al final de la década, el Departamento de Justicia denunció a Rizzo y al departamento de policía por emplear la brutalidad y las confesiones forzadas, y por «usar la fuerza letal cuando era innecesario».
Los habitantes de Filadelfia protestaron contra la brutalidad policial tras el asesinato de George Floyd en 2020, como hicieron millones de personas en ciudades de todo el país. Pero, como en otras ciudades, sus demandas de reasignar los fondos de la policia para las comunidades y de control del comportamiento policial quedaron sin respuesta. La actual alcaldesa de la ciudad, Cheryl Parker, insiste en que está comprometida con «la ley y el orden». El presupuesto de la policía de Filadelfia supera los 741.000 dólares.
Por supuesto, el legado brutal y asesino de la policía no es propiedad exclusiva de Filadelfia; lo comparten los departamentos de policía de todo Estados Unidos. El año pasado (2023), hubo más de 1100 personas asesinadas por la policía en todo el país. Los afroamericanos son abatidos por las fuerzas del orden en mayor proporción que cualquier otro grupo. Esto significa que la lucha contra la violencia racista del Estado debe ser masiva y de alcance nacional.
Simon Mincenich, de la Alianza contra la Represión Racista y Política de Filadelfia, uno de los grupos que organizaron el acto del 2 de noviembre para Robert Jones, subrayó que para ganar contra este sistema, «¡Tendremos que organizarnos y luchar!». Y concluyó: «Tenemos que organizarnos en una nueva forma de vida basada en el control comunitario, la democracia para las personas que realmente forman la sociedad.»
Foto: Manifestación del 2 de noviembre en Filadelfia. (John Kirkland / La Voz de los Trabajadores)
