
Por Liga Internacional de los Trabajadores – India
En las recientes elecciones indias, el partido gobernante, el BJP, esperaba ganar suficientes escaños para mantener su supermayoría en el Parlamento nacional. Si lo hubiera conseguido, el BJP habría podido imponer su programa de derecha hindutva. Sin embargo, los votantes negaron al BJP la victoria arrolladora que esperaba. Este artículo, reproducido de la página web de la Liga Internacional de los Trabajadores, explica las raíces, creencias y objetivos de la ideología hindutva, y cómo combatirla.
La política india actual se define por el ascenso de la ideología Hindutva. Las organizaciones del Hindutva no son recientes; sólo en los últimos 40 años de desarrollo neoliberal se ha dejado sentir su influencia en toda la nación. Y ello a pesar de las prohibiciones impuestas al RSS (Rashtriya Swayamsevak Sangh, la organización paramilitar nacionalista hindú de derechas) y de los intentos del Estado indio, dirigido por el partido del Congreso, de suprimirlo. En su larga historia, el RSS ha dejado un largo rastro de sangre, desde la brutal violencia de la partición hasta los pogromos masivos contra los musulmanes en Cachemira, el noreste y todo el norte y el oeste de la India. Hoy ya no son una “franja”; ya no se les puede ignorar.
Se nos ha planteado agudamente la cuestión de qué es el Hindutva y cómo combatirlo. La primera reacción instintiva entre la mayoría de las fuerzas de izquierda y progresistas de la India es identificarlo como una variante del fascismo y organizarse contra él en consecuencia.
El Hindutva se presenta como una ideología del mismo molde que el fascismo italiano o el nazismo alemán. Sin embargo, nuestra postura es que no es ni lo uno ni lo otro, sino una fuerza reaccionaria única que surge de las peculiares condiciones sociopolíticas del subcontinente. Para entenderlo debemos analizarlo en sus propios términos, en lugar de recurrir al concepto de “fascismo”.
Las raíces del Hindutva
La ideología del Hindutva se suele relacionar con el RSS y el BJP, pero el primero nació en 1925 y el segundo no se concreto hasta 1980. Eran organizaciones relativamente nuevas, las raíces de la reacción hindú, y el desarrollo de la ideología hindutva se remonta al siglo XIX y está relacionado en gran medida con el desarrollo del capitalismo en la India anterior a la independencia.
No debería sorprender que los mayores partidarios del BJP y del movimiento Hindutva pertenezcan a la casta superior de los hindúes y, lo que es más interesante, a la llamada casta empresarial o media de los baniyas y los comerciantes. La jerarquía de castas de la sociedad hindú no es inmune a los cambios políticos y sociales que han tenido lugar en el subcontinente. La caída de los mogoles, el ascenso de los marathas y, posteriormente, su caída y sustitución por la dominación británica acabaron dando lugar al ascenso de la llamada casta media de comerciantes y mercaderes. Éstos constituyeron la piedra angular de la moderna clase capitalista india, alimentada y apuntalada por los británicos como clase compradora. Su dinero acabó alimentando el auge de la reacción hindú.
Antes de la llegada del capitalismo británico a la India, se estaba produciendo un desarrollo capitalista en el subcontinente indio, con el surgimiento de una clase protocapitalista, principalmente en torno a banqueros y comerciantes basados en las comunidades comerciales de la India occidental. En el acontecimiento decisivo de la toma de Bengala por la Compañía de las Indias Orientales, los banqueros jainistas de Bengala habían desempeñado un papel decisivo para que la compañía derrocara al nawab de Bengala. La alianza de los Jagat Seths con la Compañía de las Indias Orientales selló también la alianza de la casta media y los comerciantes con la del colonialismo británico. Se beneficiarían del dominio británico mientras que todas las demás comunidades sufrían pérdidas, desde el campesino hasta el señor.
Paralelamente, se creó una clase de burócratas ilustrados y una comunidad anglicista de indios reclutados principalmente entre la casta de los intelectuales y los que ocupaban cargos burocráticos o administrativos en los imperios mogol y maratha, los brahmanes. Es una de las grandes ironías de la historia india que el liderazgo del movimiento independentista contra los británicos procediera de esta misma comunidad que los británicos habían intentado perfeccionar como su aliada.
Las raíces del capitalismo indio
Hay pruebas de un desarrollo capitalista primitivo en la India precolonial. Se produjo en forma de capital usurero a gran escala y de protoindustrialización en las fábricas textiles de Bengala y Gujarat. Este tipo de desarrollo protocapitalista también tuvo su impacto en la sociedad y la religión.
Gran parte del comercio en torno a los textiles y la usura estaba en manos de mercaderes hindúes y jainistas. La nueva riqueza les permitió reafirmar su poder cultural y económico. Esto, a su vez, les permitió afirmar su posición en la escala de castas. En lugar de ser oprimidos o mantenidos al margen del poder político, se labraron una posición en el centro del poder político indio, a lomos de su recién descubierto poder económico.
Con el declive del comercio de especias y el auge del comercio de textiles indios, las compañías comerciales europeas se apresuraron a intentar hacerse con una parte del pastel. Las grandes fábricas de Bengala se convirtieron en la base de una protoindustrialización, mientras que los banqueros y prestamistas jainistas se enriquecieron financiando al Imperio mogol, y luego a sus vástagos nawabs en Bengala y otros lugares.
El caso de los Jagat Seths, que para entonces se habían convertido en los banqueros más ricos del mundo, es bastante ilustrativo de esta transformación. En Europa, el crecimiento capitalista desplazó económicamente al poder feudal, antes de que éste pudiera ser derrotado decisivamente en términos políticos. Inglaterra había logrado su ruptura con el feudalismo en la guerra civil inglesa; los holandeses lograron su independencia de la hegemonía feudal española en el transcurso de su guerra de independencia en 1580. Los estadounidenses lograrían su revolución burguesa en 1776, y los franceses expulsarían a la monarquía feudal en 1789 en una sangrienta revolución.
En la India no existía el feudalismo, al menos no en el sentido europeo. La tierra seguía considerándose propiedad de la corona, y los supuestos “feudatarios” sólo tenían derecho a recaudar impuestos y mantener ejércitos. La idea de propiedad privada no existía en la jurisprudencia india, aunque sí la de propiedad personal. No fue hasta que la Compañía de las Indias Orientales inició la Ley de Asentamientos Permanentes e introdujo la forma colonial más reconocible del zamindari, y con ello un género de propiedad privada en el paisaje indio. Sin embargo, a pesar de este prepotente modo de producción asiático, se produjo un desarrollo capitalista en la periferia. Esto ocurrió en el ámbito de la banca y la usura, y en el del comercio. El comercio y la banca crearon una clase capitalista primitiva en la India, cuya posición no hizo sino crecer a medida que se fragmentaba el centralizador Imperio Mogol.
El periodo que vio surgir el Imperio Maratha también fue testigo del debilitamiento del antiguo orden político asiático. Siguió un periodo de fragmentación política que propició la migración de los mercaderes jainistas y marwari, que difundieron sus creencias religiosas al tiempo que su relativo poder social y político crecía en todo el subcontinente. En el momento en que la Compañía de las Indias Orientales puso pie en la India, el subcontinente ya contaba con una clase protocapitalista numerosa e influyente, pero sin ninguna comprensión política ni base teórica para llevar a cabo una lucha revolucionaria como la europea.
La ruptura política necesaria que permitió el avance de esta clase se produjo a través de la Compañía de las Indias Orientales, y Bengala se convertiría en un laboratorio de las innovaciones capitalistas en la India. La antigua clase protocapitalista podía ahora expandirse y crecer, aunque bajo las limitaciones impuestas por el señor colonial. La caracterización de la Compañía de las Indias Orientales como propulsora de la destrucción creativa procede de este extraño doble papel en la historia. Por un lado, fueron principalmente un instrumento de explotación colonial de los indios. Por otro lado, también fueron el instrumento histórico para hacer añicos los antiguos regímenes asiáticos. Ninguna otra entidad burguesa había hecho tanto daño al antiguo sistema asiático como la Compañía Británica de las Indias Orientales.
La opción política de los Jagat Seth era fruto de las limitaciones de una clase capitalista cuyo desarrollo se había visto frenado por factores sociales e históricos. Renunciar a la independencia política para derrocar el poder de los despóticos nawabs tenía un precio. Los británicos frenarían el desarrollo del capitalismo indio en aras de sus propios objetivos.
India debía ser preparada para la acumulación capitalista primitiva, en beneficio del comercio británico y, finalmente, de la industria británica. El beneficio de los indios, incluso de la clase capitalista colaboradora, no era una prioridad. Cualquier expresión religiosa y política que adquiriera esta clase burguesa estaría condicionada por estos factores.
La casta desempeñaba un papel casi decisivo a este respecto, ya que los británicos no habían destruido los fundamentos sociales del antiguo sistema, sino que lo habían incorporado con fines de explotación capitalista. La administración de la India requería colaboradores nativos y, en particular, conocedores de la antigua burocracia. El sistema indio de propiedad de la tierra, las prácticas administrativas y la infraestructura burocrática se incorporaron al sistema colonial británico, y todo quedó sometido a la autoridad y los intereses del capitalismo británico.
Se creó una clase capitalista agraria en la forma de los zamindars de Bengala, los comerciantes indios encontraron nuevas oportunidades para acumular mediante el comercio de opio con China, y los banqueros y prestamistas indios llegarían a dominar la economía del Raj, más allá de la India. Sin embargo, la financiación británica, el poderío militar británico, la industria británica, aseguraron que el mercado indio sería su única reserva, y la clase capitalista india sólo podría desempeñar un papel de compradora.
Los británicos habían destruido el prestigio y el poder de la casta guerrera y sumido en una crisis a la casta brahmánica, que había sido administradora de los marathas y los mogoles. Ambas castas se incorporaron como subordinadas a la Compañía de las Indias Orientales, como oficinistas, oficiales y burócratas de rango inferior, o como soldados en el ejército en constante expansión de la compañía. Así, la casta superior siguió dominando sobre las castas inferiores, habiéndose labrado un lugar en el entorno capitalista. El mayor cambio aquí fue el ascenso de la casta media de comerciantes, baniyas y vaishyas, que pudieron adquirir un poder y un prestigio inimaginables en el pasado.
Lo que emerge en la India del siglo XVIII y principios del XIX es una imagen de la decadencia y degeneración del antiguo sistema asiático en la India, y de la repentina y violenta entrada del capitalismo a manos de los británicos, que quizá aceleró en muchas décadas un desarrollo capitalista autóctono más caótico y desigual. Fue un tipo de revolución capitalista extremadamente distorsionada, provocada por una fuerza externa. Estas distorsiones moldearon la política de la casta hindú baniya y sentaron las bases de lo que acabaría convirtiéndose en el movimiento Hindutva.
En un principio adoptaría la forma del Hindu Mahasabha en 1915, y después, de forma más infame, la del RSS en 1925.
Las raíces del movimiento Hindutva
Las fuerzas del Hindutva no surgieron ayer; llevaban trabajando desde antes de la independencia de la India, hace décadas. El programa de un Rashtra hindú era la expresión política más clara de la élite terrateniente hindú, el sector reaccionario de la élite intelectual de las castas superiores y la burguesía hindú en ascenso.
La dinámica de la lucha de clases de un campesinado oprimido y de los trabajadores agrarios contra los zamindars terratenientes se solapó con la lucha comunal entre hindúes y musulmanes. El zamindari hindú encontró su aliado en la pequeña burguesía rural y los lumpens de la ciudad, así como en miembros de la intelectualidad y la burguesía. Mientras que el Mahasabha estaba arraigado en la élite terrateniente y se basaba en su patrocinio, otra organización, el RSS, encontró apoyo entre los hindúes de las castas superiores de Maharashtra. Al defender una agenda “hindú”, no sólo pretendían reprimir la creciente asertividad de los musulmanes indios, sino también la de los dalits bajo el liderazgo de Ambedkar.
Como los británicos lograron contener en gran medida el movimiento comunista revolucionario en la India, fueron los reaccionarios, tanto hindúes como musulmanes, quienes encontraron vía libre para organizarse y agitar en torno a sus reivindicaciones. Pudieron poner de su parte a amplios sectores del campesinado y la pequeña burguesía y crear las condiciones para la partición.
La exigencia de un Estado separado de Pakistán respondía a los intereses de la intelectualidad y la burguesía musulmanas, que deseaban competir con sus homólogos hindúes en lugar de mejorar la situación del campesinado y la clase obrera. Este hecho quedó ampliamente patente en el transcurso de la lucha por la independencia de Bangladesh.
Reflejando esta agenda estaba el RSS con su plan para un Rashtra hindú. La partición fue tanto un legado del RSS y del Hindu Mahasabha como de la Liga Musulmana. La Liga Musulmana consiguió crear una prisión de pueblos utilizando la bandera del Islam para justificarse. El RSS, sin embargo, fracasó en su intento de construir un Rashtra hindú, pero nunca dejó de intentarlo.
El RSS y el Hindu Mahasabha decayeron precipitadamente tras la independencia, la carnicería de los disturbios de la partición dejó a la mayoría de los indios, tanto hindúes como musulmanes, sin ganas de más derramamiento de sangre. El Partido del Congreso contaba con el apoyo de la burguesía india y su programa de un Estado laico que, al menos sobre el papel, fuera tolerante y aceptara todas las religiones. Las ideas altisonantes cubrían el cinismo de la burguesía. Necesitaban ser laicos para evitar otra partición, necesitaban consolidar su dominio sobre tres cuartas partes del territorio del Raj británico, y esto no podía hacerse con una población musulmana que se sintiera alienada. Con el tiempo, Pakistán y lo que se convertiría en Bangladesh podrían anexionarse a India, o al menos quedar bajo la hegemonía económica de este país.
Estos cálculos dictaron las estrategias de la burguesía india, ya fuera la adopción de un sistema capitalista de Estado proteccionista o la adopción y el compromiso con el laicismo. Por supuesto, se demostraría que el “laicismo” indio era una farsa. El informe de la Comisión Mandal puso de manifiesto la desigualdad existente en la sociedad india y, de forma bastante flagrante, la desigualdad entre la mayoría hindú y la minoría musulmana. Ya sea en el ámbito de los puestos de trabajo, la representación, las oportunidades de empleo, la vivienda o el acceso a la atención sanitaria, la población musulmana de la India sale peor parada que su mayoría hindú. Los periódicos pogromos y disturbios son como la guinda de este horrible pastel, un recordatorio frecuente de que, aunque no sea en la ley, en la práctica, los musulmanes indios son ciudadanos de segunda clase en la “India hindú”.
Hindutva en la India independiente
Poco después de la independencia, Gandhi fue asesinado. El asesino, Nathuram Godse, es ahora un héroe de la derecha, un icono del hindutva. Sin embargo, en aquella época era una figura denostada. El RSS se vio presurado por la popularidad de Gandhi y se apresuró a repudiar a Godse. Sin embargo, las pruebas que vinculaban a ambos eran demasiado grandes para negarlas. El RSS fue prohibido justo después de la independencia, y estallaron disturbios contra los brahmanes en Pune, en los que murieron cuatro personas. El RSS y el movimiento hindutva en su conjunto decayeron en las dos primeras décadas tras la independencia.
La ideología secular y la posición de India como líder del incipiente movimiento de descolonización hicieron imposible que el RSS se adaptara y creciera.
Sin embargo, aunque el RSS fue prohibido como organización, no se pudo prohibir su ideología. La prensa Gita, uno de los principales instrumentos de propaganda hindutva de los primeros tiempos, se mantuvo y siguió floreciendo. La ideología del RSS, especialmente en el ámbito de las castas y las actitudes hacia los musulmanes, siguió siendo fuerte. Seguía habiendo mucho rencor entre hindúes y musulmanes, y especialmente entre quienes tuvieron que huir de sus hogares en Pakistán para venir a la India. Estas comunidades se convirtieron en el blanco de la propaganda del RSS.
Tras la independencia, el Mahasabha sufrió un gran declive, al verse privado de su principal patrocinador, los zamindars hindúes de Bengala. Las reformas agrarias tanto en Bengala Occidental como en Pakistán Oriental acabaron con su poder socioeconómico. El RSS asumió el liderazgo del movimiento hindutva, y la organización paraguas del Vishwa Hindu Parishad se convirtió en un frente unido de estos movimientos reaccionarios.
La agenda hindutva para construir un Estado supremacista hindú en la India tenía que adaptarse ahora a las nuevas circunstancias. No podían contar con el apoyo británico, sólo podían confiar en su propia organización y en el apoyo de la población hindú de la India, especialmente de las castas superiores. Había nuevas dinámicas sociales en juego y el RSS tenía que adaptarse.
El RSS creció con el tiempo, pero se mantuvo al margen, hasta que llegó el periodo de crisis de mediados de la década de 1960, cuando la crisis económica y política sumió a la India en una situación prerrevolucionaria. La primera gran derrota del Congreso se produjo en Bengala Occidental, donde un gobierno de Frente Unido con el Partido Comunista derrocó al gobierno en funciones del Partido del Congreso.
Los años sesenta vieron el auge de la militancia obrera en India, que culminó en la gran huelga ferroviaria de 1974. Para contrarrestarlo, el partido del Congreso, que seguía gobernando el país, invirtió en un movimiento reaccionario en el Shiv Sena. Paralelamente, el Congreso había asumido tácticas autoritarias para reprimir a los movimientos de izquierda.
La crisis ofrecía una oportunidad única al RSS, que podía posicionarse como movimiento de oposición de derechas. No sólo para desviar a las masas de los comunistas, sino también para desacreditar el laicismo y el socialismo.
Cuando Indira Gandhi puso en marcha la emergencia nacional de 1975, el RSS surgió como uno de sus principales opositores. Esto dio credibilidad a la organización. Ram Manohar Lohia, gandhiano de toda la vida y opositor al ahora autocrático partido del Congreso, brindó su apoyo incondicional al RSS. El panorama político de la India cambió tras el levantamiento del estado de emergencia en 1978 y la celebración de elecciones ese mismo año. El partido del Congreso perdió el poder a nivel nacional tras gobernar India ininterrumpidamente durante 30 años. El nuevo gobierno de frente unido no pudo terminar un mandato completo y se derrumbó a los dos años de su formación, pero había consolidado al RSS como fuerza política en la India independiente.
El BJP haría su aparición en esta época como el ala electoral del RSS. Este partido reunía las características del RSS, arraigado en el hindutva, y del ala derecha liberal del Congreso, que se separó del partido principal y se unió al Jana Sangh.
Nadie podía imaginar en 1980 cómo el partido que sólo había obtenido dos escaños en las elecciones de ese año llegaría a gobernar India de forma tan absoluta en poco menos de cuatro décadas.
A medida que India se orientaba hacia la liberalización de su economía, las fuerzas del Hindutva encontraron un terreno fértil para crecer. La televisión se convirtió en un medio de comunicación de masas desde finales de la década de 1980; los productores de cine de derechas y los actores de derechas encontraron expresión en los programas de la televisión india. Mientras tanto, el partido del Congreso empezó a inclinarse hacia los reaccionarios hindúes para hacer frente a los reaccionarios sijs, a los que había apoyado, para contrarrestar la influencia del Partido Comunista en el Punjab. La combinación tóxica de esta política de divide y vencerás culminó con el ascenso de Bindranwale y el nacimiento de la militancia sij. Los acontecimientos de 1984 eran bien conocidos por la mayoría de los indios. Se produjeron violentos pogromos contra los sijs; al mismo tiempo, se produjeron violentos pogromos contra los musulmanes en Bihar, Assam y Uttar Pradesh.
La década de los ochenta terminó con el capitalismo indio en crisis, junto con el partido del Congreso en terreno inestable, perdiendo el poder por segunda vez frente a un frente unido, que volvió a hundirse por falta de efectivos. A finales de la década, la India asistió al ascenso del hindutva como fuerza política, tras años de propaganda y condicionamiento a través de los medios de comunicación, la literatura y el partido. Finalmente, la popularidad del BJP explotó con el movimiento a favor del Templo Ram en Ayodhya.
Este acontecimiento marca una ruptura decisiva con el statu quo del socialismo y el laicismo en la India. El hindutva era el movimiento político en alza, en un momento en que la reacción islámica ganaba terreno en Pakistán y Bangladesh. Una vez más, las fuerzas reaccionarias estaban en marcha, y las fuerzas progresistas iniciaron un lento y largo retroceso.
Al llegar a 2014, cuando el BJP se aseguró el poder al ganar la mayoría absoluta, la ideología hindutva estaba muy extendida, aprovechando las oportunidades que brindaba la apertura del espacio televisivo indio a los canales privados. Los canales de televisión dedicados a la religión sirvieron como sutil maquinaria de propaganda hindutva, mientras que Internet y las redes sociales proporcionaron un espacio nuevo y tóxico para que la propaganda de derechas se perpetuara. Décadas de esfuerzo organizativo concentrado colocaron al RSS y al BJP en la posición adecuada para aprovechar al máximo estas nuevas oportunidades.
La retirada de las fuerzas progresistas y revolucionarias del campo de la política abrió a la derecha la posibilidad de aprovecharse de los agravios de la clase obrera y los campesinos. En lugar de expresar su ira a través del odio de clase, los trabajadores hindúes de la India estaban siendo incitados a expresar sus frustraciones a través de la ira comunal. Con el aumento del desempleo, los ataques a la asistencia social y a las empresas públicas, crecía la frustración en la sociedad. El BJP acudió para canalizar toda la ira presente en la sociedad india contra el partido del Congreso. En 2014, tras una década de presidir un Estado neoliberal que gobernaba mediante la corrupción institucionalizada, perseguía un crecimiento neoliberal sin empleo y llevaba a cabo una guerra abierta contra las tribus del interior en beneficio de las empresas mineras, los indios estaban hartos.
El BJP se posicionó como la alternativa correcta al partido del Congreso y vendió una visión de la India libre de corrupción. En lugar de eso, conseguimos un gobierno aún más corrupto, aún más cruel y un Estado agresivamente neoliberal. El Hindutva era la píldora que adormecería a las masas, mientras que el BJP servía a los intereses de sus multimillonarios amos a sueldo.
Casta e Hindutva
En el fondo, el movimiento para establecer un Estado supremacista hindú en un Rashtra (nación) hindú, es una ambición de las castas superiores. La actitud del movimiento Hindutva hacia las castas coincide con la ambición de la casta dominante de establecer una hegemonía duradera sobre la sociedad hindú. El atractivo del Hindutva trasciende la línea de clases, entre burgueses, pequeños burgueses, trabajadores, agricultores y aristócratas obreros, pero tiene un atractivo constante entre las castas dominantes.
La base intelectual del Hindutva procede en su totalidad de los intelectuales brahmanes, y el núcleo intelectual del RSS constituye el pilar del movimiento. Hegdewar y Savarkar eran brahmanes de Maharashtra, y no es casualidad que la sede del RSS esté en Nagpur.
En apariencia, el RSS afirma estar “por encima” del sistema de castas. La creencia popular es que quienes se unen al RSS “pierden su sentido de casta”. Esto es cierto sólo de palabra, no en la práctica. En la práctica, el Hindutva es inseparable de la hegemonía de las castas superiores, lo estamos viendo de primera mano en los últimos 10 años de gobierno del BJP, más descaradamente en el tratamiento del caso de violación de Hathras.
La indignidad con la que se trató a la víctima de violación y asesinato de Hathras no sólo demostró el sesgo institucional hacia los dalits en el estado, sino también la audacia con la que se muestra este sesgo bajo un gobierno abiertamente hindutva que gobierna actualmente Uttar Pradesh.
Entender el movimiento hindutva como un movimiento de las castas superiores también ayuda a explicar porque se dirija contra la minoría musulmana. Históricamente, gran parte de los musulmanes del sur de Asia se convirtieron a partir de dalits o budistas que deseaban escapar de la hegemonía de las castas superiores. Tanto el islam como el cristianismo son religiones semíticas que, al menos nominalmente, desafían el sistema de castas. La conversión a cualquiera de las dos religiones representa un debilitamiento del poder y la hegemonía de las castas superiores.
A pesar de que el sistema de castas está muy extendido en las comunidades cristianas y musulmanas del sur de Asia, el Hindutva ve en ambas religiones una amenaza para su visión nacional y mundial. Proviene de una percepción de enemistad y de una amenaza percibida al modo de vida hindú.
El objetivo último de formar un Estado hindú es perpetuar y afianzar la jerarquía de castas y, al mismo tiempo, dar cabida a las castas baniya/comerciantes, que han adquirido una nueva posición como castas dominantes bajo el capitalismo. El núcleo de la ideología hindutva queda claro cuando se ve cómo ha enturbiado y anulado el uso de políticas de discriminación positiva como la reserva en educación.
Desde que el BJP llegó al poder, las becas a los dalits han descendido precipitadamente. Al mismo tiempo, han aumentado los incidentes de crímenes de odio y abusos contra estudiantes dalit. El gobierno del BJP ha impulsado un modelo educativo que favorece enormemente a los que tienen acceso, que en su inmensa mayoría son de casta superior. Mientras que los que no tienen medios para acceder a la educación se quedarán con las ganas.
Las reservas en educación y empleo también se han ampliado a una nueva categoría de castas, las OBC (distintas de las castas atrasadas). La categoría OBC incluye a los jats, los patels y los marathas, ninguno de los cuales está atrasado, y de hecho forman parte de la casta dominante de los kshhatriya. Mientras tanto, el BJP y el RSS siguen atacando la idea misma de reservar puestos de trabajo y educación a los dalit. La reciente propuesta de vincular las reservas a la situación económica diluye aún más la representación de las castas inferiores.
El aparente apaciguamiento por parte del BJP de la llamada “política de reservas” no es más que una gran campaña de engaño y forma parte de la estrategia más amplia del Hindutva. Como dijo Ambedkar, “la sociedad hindú sólo encuentra la unidad en una revuelta antimusulmana”. Fue una estrategia que también se vio en la política de la partición, para enfrentar a los comerciantes, trabajadores y agricultores de casta inferior entre los hindúes contra los campesinos musulmanes que habían sido movilizados por la dirección reaccionaria de los pakistaníes.
Para mantener la hegemonía de la casta superior, hay que vender la agenda hindutva a la mayoría de los hindúes, pero la mayoría de los hindúes son de casta inferior. Lo verdaderamente pernicioso de la agenda hindutva es que a los dalit se les vende su propia subyugación mediante engaños y falsas promesas. La islamofobia del movimiento Hindutva es clave para pastorear a la gran mayoría hacia su agenda reaccionaria.
Este engaño choca inevitablemente con la incómoda realidad de que el Hindutva surge de la sociedad hindú, en la que aún se mantiene la jerarquía de castas. Que el Hindutva es la ideología de la casta superior para perpetuar su dominio, ha quedado claro en los últimos 10 años de gobierno del BJP.
El Rashtra hindú con el que sueñan no será más que una gran prisión para los dalits, donde las instituciones estarán cerradas a las multitudes de las castas y tribus desfavorecidas y a las minorías, todo ello en nombre del “mérito”.
El capitalismo indio tiene un lugar para las castas, ya que éstas refuerzan la pobreza y la marginación. El sistema de castas garantiza un flujo constante de mano de obra barata para la clase capitalista india, un ejército de reserva masivo de desempleados. Los dalits están sobrerrepresentados en las cárceles y en la categoría más baja del empleo.
La casta media de comerciantes baniya ha conseguido hacerse un hueco en el orden capitalista. Su apoyo al BJP demuestra una causa común para imponer esta posición recién ganada en el capitalismo, tendrían todos los incentivos y razones para mantener marginada y oprimida a la casta inferior de los dalit. La casta no siempre se impone mediante la violencia física, sino mediante la violencia estructural. Los dalit de los barrios marginales están casi siempre en peor situación, se les impide acceder a la vivienda, a empleos mejor remunerados en el sector privado, se les priva de la igualdad de acceso a la educación. Sólo mediante movilizaciones y protestas masivas pueden obtener concesiones del Estado. Incluso estas concesiones, como las reservas en los empleos públicos y la educación, se enfrentan a la oposición.
Durante la dominación británica, las castas superiores, sobre todo los brahmanes, consiguieron monopolizar los puestos clericales y la educación. Se trata de un poderoso monopolio que desean mantener e imponer en la actualidad.
El Hindutva: ¿Fascismo o no?
Cuando hablamos de Hindutva, nos referimos principalmente a dos organizaciones; éstas son las organizaciones Hindutva más importantes. Cuentan con decenas de millones de miembros y tienen una enorme influencia ideológica y política en la India actual. Sus acciones y sus posiciones ideológicas nos muestran el carácter del Hindutva actual. Para responder a la pregunta de si el Hindutva es una “versión india del fascismo” o no, debemos entender qué es el fascismo y compararlo con lo que son el BJP y el RSS.
El fascismo surgió en Europa en un periodo de gran crisis, en el que la clase obrera, ahora inspirada y fortalecida por la revolución rusa, suponía una grave amenaza para el sistema capitalista. La burguesía, tan amenazada por el poder de la clase obrera, encontró en el fascismo una herramienta política que podía contrarrestar la creciente marea revolucionaria con una aguda violencia.
El primer movimiento fascista organizado del mundo surgió en Italia y Alemania, naciones que sufrieron enormemente durante la Primera Guerra Mundial y fueron testigos de movilizaciones revolucionarias. En el caso de Alemania, esta movilización se convirtió en una auténtica revolución en 1918, que obligó al Kaiser a abdicar y convirtió a Alemania en una República Democrática, pero no logró avanzar hacia el socialismo. En Italia, el potencial revolucionario fue cortado de raíz por la violencia organizada de los camisas pardas fascistas.
El fascismo utilizó el nacionalismo para movilizar a la mayor parte de la pequeña burguesía y el lumpen-proletariado en una violencia focalizada y organizada contra la clase obrera. Los burgueses apoyaron y alentaron los movimientos fascistas en Alemania e Italia para salvar sus propiedades y su poder.
Así, el fascismo, tal como lo hemos visto y entendido, surgió de la unidad de estas dos fuerzas: la burguesía apoyando y financiando un partido que moviliza a la pequeña burguesía y al lumpen-proletariado. Un movimiento fascista es en el fondo una reacción a la crisis capitalista, donde existe una amenaza aguda de la clase obrera.
La burguesía nunca decidiera apoyar el fascismo en condiciones normales de “tiempos de paz”, donde confía en su seguridad política, donde la conciencia de clase de la clase obrera puede mantenerse baja, ya sea a través del soborno material (concesiones asistencialistas, o sindicalismo abiertamente corrupto), o a través de la considerable maquinaria propagandística del Estado y las fuerzas armadas de la policía y el ejército. Una combinación de miedo y concesiones suele bastar para sofocar cualquier militancia.
En periodos de crisis, cuando la burguesía se siente obligada a transferir la carga de la crisis a los hombros de la clase obrera, las concesiones se revierten y a las direcciones sindicales traidoras les resulta más difícil vender a sus trabajadores. Los medios habituales para oprimir a la clase obrera bajo el dominio burgués se hacen más difíciles, o incluso imposibles. En estas condiciones se desata el fascismo.
El fascismo no sólo puede desafiar a la clase obrera en número, sino también influir en la clase obrera con una retórica anticapitalista. Por supuesto, esa retórica enmascara el verdadero objetivo de un movimiento fascista, estabilizar y asegurar el dominio de la burguesía.
Aunque el fascismo y el Hindutva surgieron en torno al mismo periodo de la década de 1920, las condiciones en las que surgieron fueron diferentes. El fascismo surgió en el núcleo del imperialismo europeo, en un periodo de crisis de posguerra. Creció con el apoyo de la burguesía, alarmada por el ascenso del proletariado revolucionario. La India, sin embargo, era una colonia de Gran Bretaña, y sufrió la crisis que siguió a la Primera Guerra Mundial de forma muy diferente a la de Europa.
En esencia, Gran Bretaña trasladó parte de la carga de la guerra a los hombros de los indios. India proporcionó enormes cantidades de yute, algodón, materias primas y productos manufacturados, como material ferroviario y armamento, para armar al Imperio Británico en su guerra por Europa y África. La contribución más importante fue la de mano de obra: más de un millón de indios se alistaron en el ejército británico para luchar contra las Potencias Centrales.
La partida de tan ingente mano de obra tuvo su efecto en la India occidental, de donde procedía la mayoría de los reclutas. La administración británica respondió con la típica mala gestión colonial, racismo y mano dura. La chapucera respuesta a la pandemia causó más de 10 millones de muertes en India, una décima parte del número de víctimas mortales en todo el mundo.
Las masas respondieron a la crisis del imperialismo británico con su apoyo al movimiento independentista. Lucharon con renovado vigor, manifestándose finalmente en la primera movilización de masas a gran escala en el movimiento de no cooperación en 1920. Junto al movimiento de no cooperación, surgió el movimiento Khilafat, que se oponía a la destitución del sultán otomano, entonces califa del Islam.
El movimiento Khilafat introdujo la religión en la política dominante y alarmó a muchos que creían en la supremacía hindú. La década de 1920 fue una época en la que la política de identidad musulmana, junto con la burguesía musulmana, se alzaba como fuerza contendiente de la entonces dominante intelligentsia hindú de casta superior y de la hasta entonces dominante clase mercantil y empresarial hindú. Estos dos intereses burgueses chocarían inevitablemente. Fue en este contexto en el que se formó el RSS. También fue en este contexto en el que creció la Mahasabha hindú. Los dos pilares del movimiento hindutva en el periodo anterior a la independencia tenían como objetivo a los musulmanes y los intereses de la casta superior hindú.
La motivación y las raíces ideológicas del Hindutva lo diferencian del fascismo, a pesar de que sus dirigentes habían admirado abiertamente tanto a Mussolini como a Hitler. Consideraban la “solución final” nazi como un modelo a utilizar para los musulmanes y cristianos de la India. La oposición al comunismo no era tan fundamental para la causa del RSS como lo era para los fascistas europeos.
Esto no quiere decir que no haya similitudes entre las dos fuerzas. El militarismo, el nacionalismo y la organización política fascistas proporcionaron al RSS una plantilla organizativa que utilizar.
Las organizaciones hindutva como el RSS utilizan libremente a los lúmpenes como tropas de choque para ejercer la violencia. El principal pilar de apoyo del RSS y el BJP es la pequeña burguesía, la mayoría de la cual procede de las castas comerciales, y algunos miembros de la casta superior. Esto se refleja igualmente en la principal base de apoyo político del BJP, que procede de la pequeña burguesía urbana y rural.
Sin embargo, el mero hecho de ser una organización pequeñoburguesa no la convierte en fascista, ni siquiera en poseedora de una ideología reaccionaria. En el panorama político indio, el uso de lúmpenes para cometer actos violentos contra rivales políticos no es algo único, casi todos los partidos burgueses lo hacen en un grado u otro. Esto tampoco puede ser un rasgo distintivo del RSS como partido fascista.
En lugar de ver el Hindutva como un movimiento fascista, es más correcto verlo como un movimiento reaccionario único enraizado en las castas y surgido en las condiciones específicas de la India de los años veinte.
Cómo luchar contra el Hindutva
Los partidarios del Hindutva nunca lo admitirán, pero el movimiento Hindutva es un movimiento basado en las castas. Es un movimiento para perpetuar la hegemonía de las castas superiores hindúes, y en eso sirve al dominio del capitalismo de dos maneras. En primer lugar, crea un muro artificial de odio que divide a la clase obrera en función de la religión y, en segundo lugar, divide a la clase obrera en función de la casta.
El hindutva tiene un efecto tóxico en la mente del obrero, al darle una falsa conciencia reaccionaria en lugar de una conciencia de clase. La propaganda hindutva le enseña a ver a sus compañeros y a sí mismo en términos de religión y casta. Se le dice al trabajador que vea a un correligionario burgués como un aliado, ¡incluso cuando está siendo despellejado por ellos!
El poder del movimiento Hindutva radica en su capacidad para canalizar la frustración hacia el odio comunal. Para dar una sensación de falsa fuerza con la falsa solidaridad en términos de religión, para dividir a las clases. El Hindutva ayuda a perpetuar la dominación de la clase capitalista, incluso mientras libra una guerra comunal contra musulmanes, cristianos, dalits y tribus indígenas.
Para combatirlo, debemos responder al odio reaccionario con solidaridad revolucionaria. La protesta campesina demostró que, incluso con todo el poder institucional en manos de las organizaciones hindutva, éstas no podían jugar con una estrategia de divide y vencerás. A pesar de todos los esfuerzos por pintar el movimiento campesino como un movimiento reaccionario de “Khalistan”, respaldado por supuestas fuerzas “antinacionales”.
La solidaridad de clase triunfó sobre el comunalismo reaccionario. Esta es una lección importante que debemos aprender. Igualmente importante es comprender que la victoria de los campesinos no requería depender de las instituciones democráticas burguesas de las elecciones, ni de ningún partido político burgués. El hecho es que el Hindutva ha influido en uno u otro grado en todos los partidos burgueses dominantes y en su régimen.
Merece la pena recordar que el Hindu Mahasabha trabajó inicialmente dentro del partido del Congreso. Seis décadas de dominio del Congreso en la India fueron testigo de numerosos pogromos antimusulmanes y de la marginación sostenida de musulmanes y dalits. La breve prohibición del RSS y los ataques oportunistas ad hoc contra el Hindutva no han dado ninguna solución permanente a la amenaza del Hindutva. Si el Congreso y sus aliados burgueses ganan las próximas elecciones nacionales, el movimiento Hindutva no acabará, ni tampoco su influencia.
La conclusión ineludible a la que hay que llegar es que los partidos burgueses de la India, ya sean los partidos burgueses regionales o las diversas ramificaciones del partido del Congreso, no pueden hacer retroceder al movimiento Hindutva. Los obreros y campesinos de la India deben confiar en sí mismos para luchar contra el Hindutva.
Para luchar contra el Hindutva debemos comprenderlo, así como tener una estrategia. El núcleo del Hindutva es la casta, y en la lucha de los dalits debemos encontrar su contrapartida. La alianza central que hay que construir es la de las fuerzas unidas de la clase obrera, el campesinado y los dalits.
Construir esta solidaridad es la parte clave de cualquier estrategia revolucionaria para contrarrestar el Hindutva. Esto debe incluir una fuerza armada capaz de defenderse de los ataques abiertos de los matones del Hindutva, así como un esfuerzo sostenido de propaganda dirigido a combatir la propaganda del Hindutva. En última instancia, la lucha es la mejor educadora para el trabajador. A través de la lucha contra el sistema capitalista, pueden ver las mentiras del movimiento Hindutva. Pueden ver a través de la propaganda del BJP cuando los templos no les dan para vivir, cuando sus vidas son destrozadas por oligarcas multimillonarios mientras los líderes del Hindutva tratan de incitarles contra los musulmanes.
Las falsas promesas del BJP y el RSS quedan al descubierto fácilmente ante los dalit, cuando ven que están al lado de sus opresores, mientras sus parientes son torturados y atormentados.
Es nuestra tarea guiarles en la lucha y construir la solidaridad que pueda destruir el movimiento Hindutva. Vencer a este movimiento reaccionario ha sido una de las tareas históricas clave de la revolución india, y hoy se nos presenta con toda su fuerza con un gobierno del BJP en el poder. La tarea ha adquirido un carácter más urgente que nunca.
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