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La decisión del CIJ defiende el orden internacional liberal, no a los palestinos

Por CARLOS SAPIR

El 26 de enero, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió su decisión preliminar sobre el caso presentado por Sudáfrica relativo a la invasión israelí de Gaza. El tribunal ordenó a Israel que “adopte todas las medidas a su alcance para impedir la comisión de todos los actos comprendidos en el ámbito” del genocidio, que investigue y castigue a las personas que cometan tales actos y que presente a la ONU un informe que demuestre su cumplimiento en un mes.

Sin llegar a ordenar el fin de la invasión israelí ni el desmantelamiento de su régimen de apartheid en todo su territorio, la decisión está perfectamente calculada para proteger la legitimidad de la ONU y sus tribunales, mientras que no hace prácticamente nada para proteger realmente a los palestinos que se enfrentan a la ocupación israelí. En consecuencia, ha recibido elogios queditos por parte de Estados Unidos y sus aliados europeos.

Las reacciones de las organizaciones palestinas a la sentencia han sido variadas. Hamás tanto como varios grupos de solidaridad con Palestina la recibieron como un paso adelante que afirma la validez de acusar a Israel de genocidio. La Yihad Islámica Palestina denunció la sentencia como insuficiente, mientras que el Frente Popular para la Liberación de Palestina ofreció una mezcla de elogios y críticas.

Resulta extremadamente absurdo ordenar con calma a un gobierno que “tome todas las medidas a su alcance” para evitar la muerte de palestinos, cuando es activa y voluntariamente la principal causa de muerte de palestinos. La sentencia respalda implícitamente la línea constante de la propaganda israelí: la idea de que el ejército israelí es una organización que, en general, respeta el derecho internacional.

Al dar tiempo a Israel para demostrar su cumplimiento mediante un informe escrito, la sentencia preliminar sugiere que todas las muertes ocurridas hasta ahora han sido excusables. Esto no es subtexto; es la esencia de la posición de la administración Biden en esta coyuntura, que ha acogido con satisfacción la sentencia al tiempo que insiste en que no se está produciendo ningún genocidio y que Israel tiene derecho en general a desatar la violencia punitiva contra los palestinos. La sentencia oculta además, al menos por un mes más, el hecho de que la CIJ y la ONU en general son en realidad impotentes para intervenir a menos que cuenten con el respaldo de Estados Unidos y otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

Como escribimos a principios de año: “Con el respaldo de Estados Unidos, Israel es muy consciente de que puede ignorar cualquier resolución de las Naciones Unidas… la situación de Palestina, tanto en 1948 como en 2024, revela la mentira de que existe una ‘comunidad internacional’ de naciones dedicadas a la paz y a la prosperidad humana. La realidad es que, por el contrario, la ONU representa un club de gobiernos capitalistas dominados por una pequeña camarilla de grandes potencias imperialistas: Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Francia y Rusia. El veto de cualquiera de estos miembros permanentes del Consejo de Seguridad es suficiente para bloquear cualquier iniciativa. Esto garantiza que los grandes estados imperialistas del mundo tengan vía libre para llevar a cabo cualquier tipo de violencia grotesca que deseen sin interferencia de las Naciones Unidas. Como Israel es un cliente del imperialismo yanqui en el Mediterráneo oriental, tiene luz verde para llevar a cabo genocidios siempre que cuente con el apoyo de Washington.

“Por eso el final definitivo de la larga guerra contra Palestina no vendrá de las cámaras de la ONU en Nueva York. La única fuerza que tiene tanto el poder como el deseo de poner fin al genocidio de los palestinos es la clase obrera palestina, respaldada por las masas trabajadoras de Oriente Medio.”

A pesar de todo esto, el gobierno israelí ha reaccionado a la decisión preliminar con indignación. Es probable que esto tenga menos que ver con las perspectivas a largo plazo de las operaciones militares israelíes que con las perspectivas a corto plazo de la carrera política de Benjamin Netanyahu. Aunque no para la violencia cotidiana de las operaciones militares y las leyes de apartheid de Israel, la decisión de la CIJ amenaza con complicar la sanguinaria retórica de la venganza que ha sido la propaganda interna principal de la coalición de derechas de Netanyahu en Israel durante los últimos meses. En cierto sentido, la sentencia de la CIJ puede verse como una insistencia en que Israel vuelva a la retórica del sionismo liberal, a derramar lágrimas de cocodrilo por los muertos y a hablar solemnemente de paz mientras prosigue fríamente su ocupación con el mismo puño de hierro.

Aun así, la decisión ha sido celebrada por algunos grupos de solidaridad con Palestina (aunque los palestinos de Gaza y Cisjordania son bastante menos entusiastas) por suponer una confirmación de que la violencia desatada por Israel es inaceptable. Pero aunque este reflejo es comprensible, el deseo de que la “comunidad internacional de Estados” intervenga para rescatar a los palestinos es un callejón sin salida político que nunca se hará realidad. Mientras tanto, el gobierno sudafricano y otros cofirmantes de la solicitud de intervención de la CIJ han logrado sus objetivos diplomáticos y se contentan con sentarse y esperar mientras el tribunal pasa años deliberando (incluso mientras reciben con entusiasmo al líder militar sudanés Hemedti, igualmente criminal, en un viaje diplomático).

Es importante recordar que el marco de “las leyes internacionales” es el que dio luz verde a la colonización israelí en primer lugar, en forma de la Resolución 181 de la ONU de 1947, con la que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial votaron la partición de Palestina en contra de los deseos de toda la población árabe. Este marco también sigue exigiendo una solución de dos Estados, ignorando tanto que esto está muy lejos de reparar los crímenes cometidos contra los palestinos como que el propio Israel ha socavado cualquier posibilidad de cumplir siquiera esta concesión fundamentalmente inadecuada.

Lejos de defender a los palestinos, la decisión preliminar de la CIJ es una invitación a Israel a montar un desfile de escusas para que La Haya reflexione durante una década, todo ello mientras los cadáveres de palestinos quedan tirados por las calles. Cualquier esperanza de que este fallo ayude a “desenmascarar” la posición del régimen israelí tendrá que enfrentarse a la certeza de que Israel y Estados Unidos trabajarán en todo momento para frustrar, retrasar y, en general, impedir que cualquier proceso internacional declare a Israel culpable de los crímenes que comete. En lugar de declarar los hechos del día, que Israel ha actuado repetidamente con la clara intención de destruir a los palestinos en todos los sentidos de la palabra, la CIJ se esconde tras el procedimiento y las formalidades mientras continúan los bombardeos, con 174 palestinos muertos el mismo día en que se pronunció la misma decisión.

Es sólo el poder de los millones de personas en las calles de todo el mundo lo que lleva a la CIJ a considerar este caso en primer lugar. Y del mismo modo, sólo la persistencia de estas movilizaciones, junto con la heroica resistencia armada y desarmada de los palestinos que viven bajo la ocupación israelí, garantizará una Palestina libre y democrática de río a mar.

Foto: Una familia de Gaza huye de los bombardeos israelíes. (Abdelkarim Hana / Al Jazeera)

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