
Es necesario organizar la autodefensa de la clase trabajadora ante los ataques armados de Bolsonaro a los activistas y la amenaza de un autogolpe
Por el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado de Brasíl (PSTU-B)
En la noche del sábado 9, el líder del PT en Foz do Iguaçu (PR), Marcelo de Arruda, fue asesinado a tiros por un militante bolsonarista. Marcelo, excandidato a la vicealcaldía por el partido en 2020, celebraba su 50 cumpleaños cuando el policía criminal, José da Rocha Guaranho, invadió la fiesta, disparando a los presentes, al grito de “aquí está Bolsonaro” y que “mataría a todos los petistas”.
Marcelo, un guardia municipal, devolvió el fuego y, en un acto de defensa propia, llegó a dispararle. En el momento de escribir esta nota, el policía de Bolsonaro estaba hospitalizado. Por desgracia, Marcelo de Arruda no pudo resistir los tres disparos que le alcanzaron y acabó muriendo.
Al contrario de lo que acabó informando parte de la prensa, no se trató de un “tiroteo” entre un “petista” y un “bolsonarista”, sino de un evidente ataque armado con motivaciones políticas. Un ataque que, lejos de ser un acto puramente individual, sigue el discurso extremista inculcado por Bolsonaro contra cualquier opositor político, y a las libertades democráticas.
El PSTU se solidariza con la familia y amigos de Marcelo, y con la militancia del PT, y exige un castigo ejemplar para el provocador asesino de Bolsonaro.
Autodefensa ante los ataques de la ultraderecha e intento de autogolpe
El asesinato de Marcelo es un reflejo del intento de Bolsonaro y la ultraderecha de instalar un clima de intimidación ante la proximidad de las elecciones. Sigue a la ola de violencia y ataques políticos como el ataque con drones contra un acto con Lula en Uberlândia, y la bomba casera lanzada contra los petistas el día 7 de este mes en una manifestación en Cinelândia, en el centro de Río de Janeiro. Otros acontecimientos siguen el mismo guión: el juez que ordenó la detención del ex ministro de Educación, Milton Ribeiro, vio destruido su coche, y el edificio de Folha de S. Paulo fue tiroteado.
Presionado y desgastado, viéndose cada vez más cerca de la posibilidad de una derrota electoral, Bolsonaro está inspirando a su militancia en ataques como el que hemos visto en los últimos días. Bolsonaro viene provocando a su base miliciana, estimulando y armando la formación de milicias propias en su base más radicalizada, al mismo tiempo que, a través de su ministro de Defensa, el general Paulo Sérgio Nogueira, y otros sectores de la cúpula militar, hace declaraciones explícitas amenazando con no reconocer el resultado de las elecciones. “Ustedes saben cómo deben prepararse, no para un nuevo Capitolio, nadie quiere invadir nada, sabemos lo que tenemos que hacer antes de las elecciones”, ordenó Bolsonaro en uno de sus lives.
Por mucho que diga que no quiere un “Capitolio”, cada vez está más claro que eso es exactamente lo que quiere Bolsonaro. Al igual que Trump, alienta la conflagración para instalar una confusión general y, junto con la cumbre militar más cercana, tratar de imponer una especie de autogolpe.
Bolsonaro se siente cada vez más cómodo para intensificar sus amenazas a las libertades democráticas ante las respuestas insuficientes, tímidas y vergonzosas de las propias instituciones que ataca, como el Supremo Tribunal Federal (STF), el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y el propio Congreso Nacional.
No podemos aceptar más ataques a activistas y amenazas de autogolpe. Tampoco podemos confiar en las instituciones de este régimen burgués para salvaguardar las libertades democráticas frente a la ofensiva de la ultraderecha.
Es necesario avanzar en la movilización, organización y autodefensa de la clase obrera. Tanto para defender a los activistas de los milicianos de Bolsonaro y de los ataques de la ultraderecha, como de la amenaza de un autogolpe.
Este articulo fue originalmente publicado aquí en portugues por el PSTU-B
