
MUNDO
Escrito por Aldo Sauda
Miércoles 12 de Marzo de 2014 02:51
Revoluciones son momentos particulares. Ellas traen mucha alegría, pero también una inmensa cantidad de dolor.
Tal vez porque la violencia de la contrarrevolución muchas veces lleva a los mejores camaradas de nuestras filas. Los más dedicados, llenos de coraje y comprometidos. Son ellos, y no los cobardes, que caen en el frente. En el día de ayer, la revolución mundial perdió a uno de sus más dedicados paladines; el camarada Ali Mustafa se fue.
Conocí Ali a mediados de 2011, filmando para la prensa canadiense, su país de origen, una manifestación en las calle de El Cairo. Era un eximio fotógrafo-periodista pero para él esto poco importaba. El trabajo de freelancer era apenas una forma de sobrevivir y militar en la revolución.
Ali era, más allá de todo, un gran internacionalista. Cuando supo que yo era brasileño, rápidamente me preguntó si conocía algunos de sus amigos del PSTU. En 2008 llegó al Brasil a perfeccionar su portugués, lengua nativa de su madre, que nació en Portugal. Apenas llegó a San Pablo, entró en contacto con el Frente de Solidaridad al Pueblo Palestino. Participó de reuniones del Movimiento Palestina Para Todos (MOPAT), frecuentó charlas del movimiento estudiantil en la Universidad de San Pablo (USP), se divirtió en las fiestas juninas [tradicionales fiestas en el mes de junio] de la FFLCH [Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas]. En dichas fiestas hasta saltó sobre la enorme fogarata de San Juan. Él era así, un revolucionario feliz con la vida.
En el Brasil, al lado del MOPAT, tuvo una discusión con diversos sectores del movimiento pro Palestina que se oponían a la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel. En 2008, pocos apoyaban el boicot al estado sionista. Ali era uno de ellos.
Rápidamente nos tornamos grandes amigos. Su amor por el Brasil y su pasión por Cartola [cantor considerado uno de los mayores sambistas de la historia de la música brasileña] facilitaban la amistad. Era la única persona con quien yo conversaba en portugués en El Cairo. Cuando me quedé sin tener donde dormir, durante el ápice de los embates en las calles en Egipto, Ali me recibió de brazos abiertos en su departamento. Era un cuarto y sala en la calle Mohamed Mahmoud, localizado entre el Ministerio del Interior y la Plaza Tahrir, epicentro de la revolución. Aquel pequeño departamento, sin embargo, poseía un gran problema. Su ventana, que daba a la calle principal de los combates con el ejército, era constantemente bombardeada con gas lacrimógeno. No fueron pocas las noches en que despertamos en medio de los ataques de gas. Cuando el susto pasaba, éramos ganados por la risa.
Me arriesgo a decir que Ali estuvo en todas las principales barricadas de la revolución egipcia. Combinaba de forma magistral el periodismo con la militancia, participando de forma entusiasta de las pequeñas conferencias de prensa que surgían en el movimiento.
Así como todos los que militaban en El Cairo, Ali también se radicalizó por las masacres que se daban en Siria. Cuando la revolución siria ganó contornos de una guerra civil abierta, decidió ir para Alepo. No nos veíamos desde hace poco más de un año.
En el norte de Siria, además de fotografiar la revolución, Ali se juntó a la defensa civil del comité local de Hadariyeh, barrio de Alepo controlado por los revolucionarios. Allí, participaba de las operaciones de rescate de los heridos por los bombardeos de Assad.
Ali murió con otros nueve revolucionarios cuando participaba de una operación de rescate. La dictadura Siria lanzó dos barriles de TNT, desde un helicóptero, sobre el equipo de la ambulancia. Su muerte dispensa comentarios. También dispensa comentarios la brutalidad asesina de la dictadura que lo mató y los sectores de la izquierda mundial que con un grado de imbecilidad que asusta, siguen apoyando a Bashar al Assad.
Para todos ellos tenemos apenas dos palabras: ¡No pasarán!
La memoria, la lucha y la historia de nuestro compañero no pasarán en blanco. Su lucha no fue en vano. Viva la revolución siria, viva el internacionalismo, viva la lucha de la juventud y de los trabajadores árabes; Ali Mustafa, ¡PRESENTE!
Soraya Mishle y Luis Gustavo, dos camaradas del PSTU que conocieron Ali en el Brasil, contribuyeron con este homenaje:
Conocimos a Ali en el Brasil, en 2008. Participaba de las reuniones del entonces Comité de Solidaridad a los Pueblos Árabes. En aquella época, pocas personas hablaban del BDS en el Brasil –y él traía documentos e informaciones sobre la campaña–. Quería traer la Semana Contra el Apartheid Israelí para el Brasil.
Una partecita del e-mail que nos envió al volver para Toronto, después, desgraciadamente, no nos vimos más: “Me estoy yendo hoy, pero quería decirles que siento mucho placer por haberlos conocido, y la lucha continuará en este lugar del mundo, allá en Canadá y en el mundo entero”.
Ali, ¡cuando uno de nosotros cae, otros diez se suman! ¡Esa es la marca de nuestra lucha!
